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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Hoy escribe Antonio Piñero

Teniendo en cuenta que algunos pasajes del Nuevo Testamento, aunque sean muy pocos, proclaman a las claras que Jesús es verdadero Dios, ¿podemos afirmar con certeza que el Jesús histórico se consideró a sí mismo hijo físico, real, óntico, de Dios, tal como lo enseña hoy el credo?

Son sólo 7 los textos del Nuevo Testamento que afirman clara o muy probablemente que Jesús es Dios. Son éstos:

Jn 1,1: En el principio era el Verbo, y el Verbo esaba con Dios y el Verbo era Dios;

Jn 1,18: A Dios nadie lo vio jamás, el Hijo Unigénito que está en el seno del Padre, él lo ha dado a conocer;

Jn 20,28: Entonces Tomás respondió y dijo: ¡Señor mío y Dios mío!;

Romanos 9,5 (De los judíos) de quienes son los patriarcas y de quien vino Cristo, que es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos;

Tito 2,13: Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y salvador Jesucristo;

Hebreos 1,8: Mas del Hijo dice: “Tu trono, oh Dios, por los siglos de los siglos; cetro de equidad es el cetro de tu trono

2 Pedro 1,1: Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado la justicia de nuestro Dios y salvador Jesucristo…

En estos pasajes no hay ninguno en el que Jesús hable de sí mismo y de su naturaleza. Son otros personajes los que hacen afirmaciones sobre ella. Y de esto no se discute, pues es claro que pronto los cristianos consideraron Dios a Jesús.

Por tanto me parece claro que, puesto que no conservamos ninguna palabra del Jesús histórico en la que se proclame a sí mismo hijo óntico de Dios, es muy probable que no se creyese de tal naturaleza. Dado que sus discípulos, a la hora de componer los Evangelios estaban ya convencidos de que Jesús “estaba sentado a la derecha del Padre”, que era Dios, es muy improbable que hayan dejado de transmitir alguna sentencia de Jesús que afirmase esto claramente de haber existido.

A ello se añade la consideración global de los elementos de la religión de Jesús que hemos ido desgranando en notas anteriores. La pintura que se desprende de Jesús al leer los Evangelios es totalmente la de un rabino judío, un ser humano enamorado de su religión, dentro de la cual el sentirse de algún modo Dios habría sido una blasfemia.

Para todo aquel que desee mirar con ojos críticos por un lado, y procurando evitar todo tipo de prejuicios por otro, se debe confesar como conclusión de lo expuesto que si los evangelistas pretendieron presentar a un Jesús que rompía con el judaísmo, que transgredía los límites de la religión judía hicieron bastante mal su trabajo, pues en sus obras, los Evangelios canónicos quedan mil restos que prueban hasta la saciedad que la religión de Jesús no se diferenciaba en nada de lo sustancial (sí naturalmente en muchos detalles y en el especial énfasis o hincapié en algunos aspectos de la religiosidad; de lo contrario habría pasado desapercibido) de la de un rabino, piadoso, profético, taumaturgo y de tendencias escatológico-apocalípticas del Israel del siglo I de nuestra era.

Me parece que la religión de Jesús es total y auténticamente judía, y que sus raíces se hallan en una fe de un ser humano hacia Dios que mueve montañas y en una decidida y muy judía "imitación de Dios", es decir ser buenos a carta cabal, con la justificación que Dios es bueno y hace salir el sol y la lluvia tanto para los buenos como para los malos.

La esencia de la religión de Jesús, el judío, es resumida así por G. Vermes en su libro sobre La Religión de Jesús que nos ha servido de base para esta serie:

« Poderoso sanador de los física y mentalmente enfermos, amigo de pecadores, Jesús fue un predicador magnético de lo que constituye el corazón de la ley de Moisés, incondicionalmente entregado a predicar la llegada del Reino de Dios y a preparar para ello no a comunidades, sino a personas desvalidas. Siempre tuvo conciencia de la inminencia del final de los tiempos y de la intervención inmediata de Dios en un momento sólo conocido por Él, el Padre que está en los cielos, que ha de revelarse pronto, el sobrecogedor y justo juez, Señor de todos los mundos(pp. 244-245). »

Aunque la exposición de la religión de Jesús no pueda considerarse como una prueba metafísica en estricto sentido, ¿es lógico pensar que quién se comportaba como un estricto creyente y practicante de la Ley fuera tan totalmente antijudío como para considerarse a sí mismo hijo físico, real, óntico de Dios? Como afirmamos, tal afirmación es una blasfemia dentro del judaísmo por lo que en el marco de una crítica histórica de los textos antiguos que se refieren a su persona y su religión es muy poco verosímil atribuírsela a Jesús.

En síntesis: podemos responder claramente a la primera cuestión planteada: es altamente probable que Jesús no se considerara a sí mismo hijo de Dios en pleno sentido, pues no lo afirmó nunca.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.


Miércoles, 3 de Diciembre 2008


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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