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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Dioniso- Baco y Cristo. Intercambios entre mitos paganos y dogma cristiano (5-10-18) (I)  (991)
Escribe Antonio Piñero
 
Foto: Cubierta del libro
 
Quiero presentarles a partir de hoy, y en unas cuantas entregas, un libro fascinante de un colega mío, muy apreciado de la UNED, David Hernández de la Fuente, al que quizás algunos de los lectores conozcan por sus intervenciones en la radio y por algunos artículos periodísticos. El título, El despertar del alma. Dioniso y Ariadna, mito y misterio. Editorial Ariel, Barcelona 2107, 16 x 24 cms., 453 pp. Con muchas ilustraciones (69, indexadas al final) en blanco y negro y color. Notas breves y densas al final del libro, por capítulos. Amplia bibliografía sobre estas dos divinidades, mito griego en general y mitografía. Índice nombres.
 
A propósito de este libro escriben dos autores  de notable prestigio en la banda que rodea la cubierta: “David Hernández de la Fuente es el mayor conocedor de los mitos dionisiacos en el mundo hispánico. Su domino de los textos, su atención constante a la perspectiva histórico-religiosa, pagana y cristiana, y la agilidad de le escritura lo recomiendan para cualquiera que desee e iniciado en el complejo y multiforme universo dionisíaco (Enrico Livrea. Universidad de Florencia). Y Luis Alberto de Cuenca, filólogo, ilustre poeta, afirma que “Este nuevo libro llena un hueco en la bibliografía existente al combinar un apasionante estudio sobre la tradición antiguo con una excelente visión panorámica de la recepción del mito en la literatura y el pensamiento de la posteridad”.
 
Esta introducción al libro puede parecer que este supera el marco al que está destinado este Blog, o comunicación de Facebook. Pero no es así, porque en el centro del volumen, capítulo cuarto, titulado “Resurrección”, hay un buen monto de páginas destinadas a exponer la cuestión del éxito del dios Dioniso en la antigüedad en la que el cristianismo pasa a constituirse una religión autónoma –de los siglos. II al VI– respecto al tronco del judaísmo de la época del Segundo Templo (hacia 480 a. C. – 70 d. C.) en el que habían nacido. Se trata, pues, de la interacción entre dionisismo y cristianismo.
 
Hubo una corriente espiritual en el paganismo tardío que luchó desesperadamente por no verse tragado por el pensamiento cristiano;  y a la inversa: los cristianos aprovechan para incorporar a la figura de Cristo lo bueno que tiene el dionisismo. Esta perspectiva será para muchos sorprendente e  interesantísima, porque en ella se observa cómo el cristianismo trata de superar al paganismo aceptando y adoptando mitos, figuras, iconos e imágenes dentro de lo que se llamó el “misterio cristiano”, y cómo la teología cristiana va adoptando su forma definitiva en cuanto  a la naturaleza del salvador desde el Concilio de Nicea (325) al de Calcedonia (451). Hay mucha gente que opina que el cristianismo se muestra a menudo como un “copión” que toma ideas de fuera y las transforma en suyas. Pues aquí, en este libro, hay materia interesante  para todos aquellos que gustan de comparar la religión cristiana con otras, por ejemplo, el mitraísmo y el cristianismo. Pero hay muchísimos más elementos de comparación –afirma el autor del presente libro– cuando se sitúan frente a frente las figuras de Dioniso y Jesucristo que cuando se compara el mito de Mitra y Jesús o el de Heracles/Hércules con Cristo.
 
Hernández de la fuente explica primero qué era y cómo se formó la imagen mítica de Dioniso en la Grecia arcaica y clásica; cómo era el relato de los mitos más antiguos y sus variantes, tanto de Dioniso/Baco como de su mujer Ariadna. Luego cómo se perfilaron estos mitos en los filósofos, Platón sobre todo, y el literatura, en especial en la tragedia  Las Bacantes de Eurípides. Luego aborda el tema de Dioniso en los cultos de misterio.
 
Otro capítulo toca el tema de Ariadna: sus orígenes, tanto en Grecia como quizás en el mundo semítico; Ariadna en la literatura popular; su abandono por parte de Teseo, su encuentro con Dioniso en la isla de Naxos; la unión con el dios y el amor redentor; el culto a Ariadna, bodas y funerales; la apoteosis o divinización de Ariadna; la figura de la ya convertida en diosa y los cultos
 
El capítulo siguiente es el que más interesa  para nuestro tema de cristianismo e historia. Aquí es donde  el autor trata los importantes temas bosquejados arriba: el Dioniso neoplatónico y su influjo en el cristianismo; la formación de la figura de Dioniso/Cristo; el mito de la búsqueda del alma perdida y rescatada por la divinidad…, y finalmente transportada al cielo. Es también sumamente interesante las secciones de este mismo capítulo dedicadas a la riquísima iconografía de Dioniso-Cristo, su influencia  en la poesía de esta figura doble. Tema principal de esta parte es  el análisis del mito de Ariadna y su unión con la ideología cristiana en la poesía de Nono de Panópolis.
 
Los dos capítulos finales se salen del marco del cristianismo primitivo, pero no por ello dejan de ser menos interesantes para el lector curioso: la recepción del mito de Dioniso-Ariadna en época posterior incluidas la ópera, cine y literatura contemporánea, junto con la interpretación filosófica y artística del doble mito desde la época de Nietzsche hasta el presente tanto en la literatura como en el ensayo y la investigación filosófica y sociológica.
 
Para entender bien la historia desarrollada a lo largo del libro, los tres primeros capítulos explican el mito de los dos personajes y su expansión en la Antigüedad. Dioniso es hijo de Zeus y de la mortal Sémele. A la verdad esta no se creía que había concebido nada menos que del dios supremo.  Por ello, se lo preguntó a Zeus, pero este se negó a revelarle su identidad. La razón era que si se aparecía a ella con toda su gloria, manifestada en los potentísimos rayos, Sémele quedaría abrasada. Hera, la esposa de Zeus, envidiosa de Sémele, aprovecho la curiosidad de esta para excitarla a preguntar insistentemente por la naturaleza verdadera de su amante. Así lo hizo Sémele, y Zeus finalmente accedió. Se apareció con su gloria y el fugo intensísimo de sus rayos abrasó en efecto a Sémele, que murió. Zeus que estaba entusiasmado con su nuevo hijo, logró extraer del seno de la muerta al feto, Dioniso, aun no terminado de formar, y lo insertó en su muslo, como si este fuera una matriz. Dioniso sobrevivió y se convirtió en un joven dios, el encanto de su padre. Para Zeus, este era su hijo por antonomasia, que estaba destinado a sucederle en el poder celeste. Así pues, Dioniso nació dos veces. En realidad, tres como veremos.
 
Los Titanes, sin embargo, hijos de Crono, (a quien Zeus había desposeído de su realeza)  se llenaron de temor ya que la dinastía se consolidaba y ellos terminarían mal, totalmente expulsados del empíreo. Así que, movidos de nuevo por la celosa Hera,  sedujeron al niño Dioniso con maravillosos juguetes, y lo asesinaron. Luego Dioniso niño fue descuartizado y devorado, y finalmente quemaron los restos de su cuerpo; pero curiosamente se olvidaron de su corazón que quedó intacto. Naturalmente Zeus montó en cólera, luchó contra los Titanes, lo venció con sus rayos, y los redujo casi a la nada. Tomó luego las cenizas de Dioniso y de ellas creó al género humano, cuyo ser es mitad malo (procedente de los Titanes) y mitad bueno y maravilloso (procedente de Dioniso).
 
Pero, como el corazón de Dioniso no había sido devorado por los Titanes por un providente olvido, Zeus –que para eso era el dios supremo– logró resucitar a Dioniso a partir de su órgano principal.  El niño dios creció y se transformó en una deidad ambivalente. Por una lado, era castigador de las faltas de los mortales con la muerte. Mas , por otro y ante todo, quedó constituido como el dios vivificador y salvador, pues otorgó a los mortales el fruto de la vid, y con ello el vino, que alivia las penas y transporta a los humanos fuera de sí mismos. Su efecto se fortalece cuando el dulce fruto de la vid se ve acompañado de la música de la flauta, tocada por un dios que iba en el cortejo de Dioniso, llamado Pan. Gracias al vino, Dioniso podía transformar a los mortales que lo ingerían en una suerte de poseídos por su espíritu, locos en apariencia, pero en verdad más cerca que nunca de la divinidad, porque en realidad estaban poseídos por el dios.
 
Quedaba así Dioniso en una posición contrapuesta a su hermano Apolo –dios entre otra cosas de la serenidad y de la poesía– como divinidad de la alegría y del éxtasis que aproxima a los dioses. Y por otro lado quedaba también constituido en divinidad salvadora, por ejemplo, como  Deméter y Perséfone divinidades titulares de los misterios de Eleusis. Él, Dioniso, había muerto y resucitado: si los mortales cumplían ciertas condiciones, sobre todo si ingerían su ser, simbolizado en el vino / sangre divina, podrían escapar de la rueda pésima del Hado, conseguir la participación de la divinidad y vivir para siempre en el Jardín del Elíseo, la pradera de los bienaventurados.
 
Importante en la peripecia de Dioniso es el encuentro de este con Ariadna, cuyo origen es contado en el mito diversamente. Unos relatos la hacen princesa cretense, hija del rey Minos y de Pasífae, su esposa, y otros la presentan como hija de Cadmo, rey de Tebas.  Ariadna se había enamorado perdidamente del héroe ateniense Teseo, que había matado al Minotauro, monstruo local cretense que exigía tributos anuales de vidas humanas a la por entonces Atenas, vencida y tributaria de Creta. Tanto quedó prendada Ariadna de Teseo, que por amor a este traicionó a su familia y a su patria, ayudándole –con el “hilo de Ariadna”– a escapar del Laberinto de Creta del que no podía salir, como castigo por haber liquidado al Minotauro. Después de un cierto tiempo de encendidos amores, huyeron ambos, Teseo y Ariadna, de Tebas y fueron a parar a la isla de Naxos. Entonces, cansada de su periplo, Ariadna quedó dormida sobre una roca. Pero como si a Teseo se le hubiera pasado súbitamente  el amoroso éxtasis, abandonó, aburrido de ella, a la Ariadna dormida. Cuando despertó la pobrecilla, se encontró totalmente sola. Su fugaz novio había desaparecido traicioneramente.
 
Hay aquí diversas variantes del mito. Mas la que nos interesa es que acertó a pasar por la isla Dioniso; encontró a la bella Ariadna dormida, le enamoró su figura, la despertó y la hizo su esposa.  Tras un cierto tiempo de vida juntos, con diversos hijos, murió Ariadna. Pero su alma rescatada del Hades por Dioniso (otras versiones, la corona que había lucido como desposada) fue transportada a los cielos y se convirtió en una constelación, la Corona Borealis. Su ascensión fue una auténtica apoteosis, la conversión en divino de un ser humano. Parte de su figura quedó caracterizada  en el mito por el importante rasgo de haber sido encontrada dormida por la divinidad, y por el despertar de la mano de Dioniso. Ariadna llega a conocer la luz del amor divino cuando estaba en las tinieblas del sueño. El dios del despertar y de la reconciliación de la luz y la oscuridad, Dioniso, era la afirmación de la vida, que es cíclica, y pasa de un estado a otro.
 
Esta es la historia mítica de Dioniso que he resumido brevemente. El lector debe caer en la cuenta de ciertos elementos que se parecen mucho a ciertos rasgos (así, de un modo un tanto oscuro, para que el lector los encuentre pos sí mismo) y que será el hilo de las similitudes entre el culto de Dioniso y el cristianismo  que iremos desarrollando de la mano del libro de David Hernández de la Fuente, cuyos datos encabezan esta postal.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html

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NOTAS: 


En "Historia National Geographic de marzo 2018, hay un artículo mío sobre Poncio Pilato. En "Desperta Ferro", nº 18 abril 2018, hay dos artículos míos sobre Existencia histórica de Jesús e infalsicabilidad de los Evangelios y sobre J. Bautista y Jesús  en relación con los esenios.
Acaba de salir la 5ª edición de la obra colectiva editada por mí"Textos Gnósticos. Bibliotecca de Nag Hammadi" Vol. I. Saludos

Jueves, 5 de Abril 2018

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Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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