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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Escribe Antonio Piñero

Establecidos los prenotandos, que hemos señalado en las postales anteriores, vamos a intentar dibujar ordenada y sintéticamente lo que podría ser la imagen del doble mundo futuro según Jesús. Su concepción sería la siguiente:

1. Primera fase o primer reino futuro

Éste será el Reino de Dios sobre la tierra, el reino mesiánico. Será una suerte de etapa “milenarista”, en la cual los justos gozarán en esta tierra de una constitución social y religiosa perfecta y feliz, con inmensa abundancia de bienes… etc., como hemos ya indicado.

En este primer mundo futuro existirá quizá la institución del matrimonio o la vida de hombres y mujeres, emparejados o no –como estuvieran antes-, que han sido justos y han ingresado en el Reino. Pero tarde o temprano esta situación tendrá su fin natural. El conjunto será algo así como lo que dibuja el Apocalipsis cuando habla del “reinado de los mil años” de los fieles al Cordero/Jesús, el mesías celeste. Citamos el texto completo:

Luego vi unos tronos, y se sentaron en ellos, y se les dio el poder de juzgar; vi también las almas de los que fueron decapitados por el testimonio de Jesús y la Palabra de Dios, y a todos los que no adoraron a la Bestia ni a su imagen, y no aceptaron la marca en su frente o en su mano; revivieron y reinaron con Cristo mil años. Los demás muertos no revivieron hasta que se acabaron los mil años. Es la primera resurrección. Dichoso y santo el que participa en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene poder sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con él mil años. Cuando se terminen los mil años, será Satanás soltado de su prisión (Ap 20,4-6).


Obsérvese que en este reino resucitan ciertos difuntos, los justos, para participar en él. En el reino mesiánico, aun en esta tierra, hay una primera resurrección…, según la opinión al menos de una línea del judaísmo y del pensamiento del cristianismo primitivo. Quizás Jesús se refiera a esta primera resurrección cuando en la Última Cena, de despedida, afirma, tras tomar en su mano una copa de vino: “Tomad esto y repartidlo entre vosotros. Porque os digo que a partir de este momento no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios” (Lc 22,17). Jesús era muy consciente de que su vida corría peligro por su oposición a las autoridades judías, e indirectamente a las romanas, por sus concepciones sobre el Reino de Dios. Pensaba muy probablemente que si moría –como un profeta que era-, volvería a resucitar por obra de Dios para tomar parte en el inminente reino divino. Un comentarista señero y clásico del Apocalipsis, R. H. Charles, señala:

Los primeros comentaristas del Apocalipsis como Justino Mártir, Tertuliano, Ireneo de Lyón, Hipólito de Roma y Victorino de Petau interpretan con toda justeza estas palabras en un sentido absolutamente literal. Es un reino de Cristo realmente existente, sobre la tierra junto con los mártires glorificados. Por el contrario, el método espiritualizante de Alejandría puso punto final a esta exégesis fidedigna del Apocalipsis .

Un ejemplo excelente de cómo se concebía esta vida material, dichosa y feliz en ese mundo previo al definitivo se halla en la llamada “Historia de los recabitas”, un documento judío de los siglos III o IV d.C., conservado en griego y en otras lenguas antiguas, que contiene ideas que debían circular mucho antes, justo por la época del nacimiento del cristianismo . El texto nos dice en la ficción cuál es la suerte futura de los justos en un Reino de Dios sobre la tierra. Comienza así:

Había una vez cierto hombre admirable y virtuoso que habitó durante cuarenta años en el desierto, durante los cuales no comió pan (comida en general) ni bebió vino ni vio el rostro de mortal alguno. Su nombre era Zósimo y pedía a Dios con insistencia día y noche que le mostrara el lugar al que había trasladado a los bienaventurados, los hijos de Jonadab, a los que se había llevado de esta vida mortal en tiempos de Jeremías, el profeta ,y rogaba que Dios le indicara dónde vivían.

Zósimo recibe la revelación divina que le instruye acerca de cómo unos fieles israelitas, descendientes de Recab, son perseguidos por el rey Joacaz (609 a.C.) a causa de haberse mantenido fieles a la alianza con Dios y a sus preceptos. Por ello son arrojados a una prisión, pero los ángeles de Dios los rescatan y los transportan a las “Islas de los bienaventurados”, donde viven una vida casi eterna y feliz. Aunque sus habitantes son de hecho todavía mortales (11,2), viven un pregusto en la tierra de lo que luego será la vida bienaventurada en el cielo. Esta vida dichosa en la Isla consiste -desde luego- en abundantes plegarias y alabanzas a Dios, pero también en una existencia apacible en una naturaleza prodigiosa, entre maravillosos árboles de espléndidos frutos, de los que subsisten aquellos justos sin ningún esfuerzo. La tierra producía de por sí suficiente alimento, y no eran necesarios el laboreo, ni la ganadería. Tampoco era preciso el oro o la plata, ni era menester trabajar el hierro. Lucía en aquella isla una luz perpetua, no había noche ni tiempo lluvioso o malo. Todo era apacible, venturoso y pacífico. Uno de los bienaventurados dice a Zósimo:

Dios ha dado la orden y esta tierra produce para nosotros árboles amenos y espléndidos, llenos de abundantes y maravillosos frutos. A los pies de estos árboles (hay fuentes) de las que fluye un agua dulce y deliciosa. Nos alimentamos de estos frutos y bebemos de esta agua. En nuestras tierras hay viñas, cereales, madera, hierro, casas y grandes edificios, oro y plata. El tiempo en nosotros no tiene tormentas ni lluvia, tampoco nieve o hielo. El sol no brilla amenazante sobre nosotros, porque una nube –que lo rodea como un baluarte- lo impide. Nuestra tierra está llena de una luz maravillosa, de modo que no hay en ella noche ni obscuridad. Nuestro rostro brilla y vivimos rodeados de luz (11,3-5).

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com

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AVISO PARA RESIDENTES EN MADRID Y ALREDEDORES

Hoy miércoles día 11 de noviembre 2015, a las 20.00 horas

en la Gran Logia de España, c/ Juan Ramón Jiménez 6, bajo, de Madrid, presentaré mi libro:

"Guía para entender a Pablo. Una interpretación del pensamiento paulino". Consecuencias de una nueva interpretación de Pablo, de Editorial Trotta. Madrid 2001, que tiene como lema una hipérbole: “Si se hubiere entendido bien a Pablo de Tarso, no se habría producido el Holocausto”.

Os invito cordialmente a los que podáis y os interese el tema
La entrada es libre, hasta completar el aforo.

Saludos,
Antonio Piñero

NOTA IMPORTANTE:

La hipérbole debe entenderse del modo siguiente: Pablo muere pronto. También pronto comienza a formarse un corpus de sus cartas. Estas se editan y se pierden algunas. Muy pronto los discípulos de Pablo escriben cartas, como Colosenses, Efesios, tratando de precisar el pensamiento de Pablo. Este ha utilizado de modo impreciso el concepto de Ley y en apariencia tiene textos inconciliables sobre el valor de la Ley. A la vez tampoco es claro sobre la naturaleza del Mesías.

Simultáneamente se añaden glosas al corpus paulino. Las más nefastas son 1 Tesalonicenses 2,14-16 y 1 Corintios 14,34-35. Y si se hubiera interpretado, desde muy pronto, como lema para entender lo que Pablo comprende por “la Ley” y su aplicación a los tres grupos a los que se dirige directa o indirectamente en sus cartas, judíos, judeocristianos y paganocristianos, a la luz de 1 Corintios 7,17-20, jamás se habría escrito el grito del pueblo en el Evangelio de Mateo 27,25 (judíos como pueblo deicida; cuando la verdad histórica no fue así) y el sesgo del Evangelio de Juan (con su descripción tan negativa, contumaz y persistente de los “judíos” como adversarios estúpidos y malvados de Jesús), no habría habido a partir del siglo IV pogromos tan intensos antijudíos por parte de los cristianos y jamás se habría llegado al sesgo antijudío de un Martín Lutero, y todo lo que vino después.

Por tanto, entender el lema “Si se hubiere entendido bien a Pablo de Tarso, no se habría producido el Holocausto” solo como referido al nazismo y no a toda la historia cristiana desde la muerte de Pablo, me parece poco correcto y casi diría que falto de perspectiva global.

Miércoles, 11 de Noviembre 2015

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Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





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