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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
"El Trono maldito" de José Luis Corral y Antonio Piñero en Planeta (535)
Hoy escribe Antonio Piñero

Han pasado ya unos días desde que Planeta publicó la novela (histórica) que hemos escrito conjuntamente José Luis Corral, catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza y yo. Y creo que es el momento de anunciarlo oficialmente aquí, aunque hace tiempo que se filtró la foto de la cubierta del libro.

Yo hice, hace como mínimo 13 años, una suerte de continuación de mi novela “La Puerta de Damasco”, que en su tercera edición a cargo de la Editorial Esquilo, pasó a llamarse “Herodes el Grande”. Esta segunda parte constaba de casi 400 folios. Pero estaban redactados a prisa y yo quedé descontento de mi propio trabajo. Consideré que era un buen relato, pero no una novela, que es algo más serio y también distinto. Por falta de tiempo físico y psicológico, y por consciencia plena de mis limitaciones como escritor de novela (es buena cosa ser consciente de los propios límites)…, y lo guardé en un cajón ¡durante 13 años! Hasta que encontré a J. L. Corral. Con el tiempo nos hicimos amigos, le envié el manuscrito y le pregunté (dada su inmensa experiencia, talento y técnica: lleva escritas 19 novelas contando esta) si podía hacer algo con mi texto. Al cabo de uno 20 días me contestó y me dijo: “Hay materia para un gran novelón!” (sic).

Él la propuso a Planeta, y con nuestras dos firmas y el título, más la explicación de la trama, Planeta nos envió el contrato y un adelanto monetario, lo cual suponía que ellos, con su experiencia también, creían en la idea. Luego durante casi dos años, J. L. Corral reescribió, o corrigió mi texto, y me lo iba enviando por capítulos. Yo a mi vez, lo releía y proponía en rojo más correcciones o ideas nuevas. Y así, en idas y vueltas, dimos como mínimo cinco repasos a mi texto, de modo que quedó en un manuscrito de unos 800 folios, que luego ha quedado reducido a 560 pp. de un formato y letra agradables y no demasiado grande.

Y como me es violento hacer la apología de mi propio trabajo he pensado que les voy a transcribir parte del “dossier” que en la misma Editorial han confeccionado como resumen para la prensa. Creo que está bien hecho, y que ofrece una excelente idea de lo que es y pretende esa novela. Eliminaré algunas partes y añadiré algunas ideas

EL CONTEXTO HISTÓRICO DE LA NOVELA

EL TRONO MALDITO arranca en el año 4 a. C., a la muerte de Herodes I El Grande, rey de Israel, y acaba poco después de la muerte del emperador Calígula, en el reinado de su sucesor Claudio, mediado el siglo I. En ese momento empieza a consolidarse el cristianismo, la nueva religión fundada por los seguidores de Jesús de Nazaret.

Durante ese medio siglo, el Imperio romano alcanza sus “fronteras naturales” (establecidas en los ríos Rin, Danubio y Éufrates y el desierto del Sáhara). Para ello, conquista y pacifica diversos territorios, entre los que figura Israel, uno de los más conflictivos ya que su relación con Roma atraviesa, en ese periodo, momentos muy complicados: los judíos sostienen continuas acciones de guerrilla contra Roma y llevan a cabo diversos alzamientos contra su poderío, que terminan en atroces baños de sangre.

Además, entre los años 4 a. C. y 45 d. C., a los movimientos políticos independentistas de los judíos se suman varios pronunciamientos religiosos que proclaman la venida del reino de Dios. Diversos profetas, algunos calificados como Mesías, predican por tierras palestinas. Uno de esos predicadores es Juan el Bautista, a quien, tras su muerte a manos de Antipas, sucede su discípulo Jesús, un judío natural de la aldea de Nazaret. La vida de Jesús transcurre durante el reinado de los emperadores Augusto y Tiberio, quienes sostienen una compleja y complicada relación política con los sucesores de Herodes el Grande, un linaje de príncipes que luchan entre ellos por hacerse con el poder sobre todo Israel.

LA NOVELA

En este apasionante momento histórico, clave para la humanidad, transcurre la acción de EL TRONO MALDITO, novela fiel a la realidad de ese momento, que muestra la complejidad de una situación política y social un tanto singular. Al abrirla, el lector se encuentra con una trama apasionante, repleta de intrigas, traiciones, venganzas, amores imposibles y bajas pasiones, en un relato de gran intensidad que muestra, más allá de la pura anécdota, cómo era la sociedad de la época. Así, en sus páginas se asiste a la construcción de nuevas ciudades (Tiberiades), se celebran fiestas religiosas (la Pascua) o se degustan los más exóticos y deliciosos manjares en los fastuosos banquetes servidos en los palacios de los aspirantes al trono de Israel.

Además, el lector participa de momentos míticos como el famoso baile de Salomé que costó la cabeza a Juan el Bautista, la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, la expulsión de los mercaderes del Templo o la muerte de Tiberio y la proclamación de Calígula como emperador. Gracias a un extraordinario y preciso manejo del lenguaje, José Luis Corral y Antonio Piñero convierten la historia con mayúscula en un relato vivo que atrapa desde la primera frase. Es más, los autores consiguen que el lector sienta que está viviendo in situ cada una de las escenas que se cuentan, porque esta es una novela muy visual, gracias a sus certeras descripciones de paisajes y personajes.
Los hechos que se narran están apoyados en una exhaustiva investigación, durante la cual Corral y Piñero han consultado obras de referencia escritas en la época, como Guerra de los judíos, de Favio Josefo; Historia romana, de Dión Casio; Cartas, de Plinio el Joven; Vidas de los doce césares, de Suetonio; Historia de Roma desde su fundación, de Tito Livio, y, por supuesto, los Evangelios y el Nuevo Testamento. Además, para ayudar al lector a situarse en el entorno histórico, el libro cuenta con mapas, árboles genealógicos de sus principales protagonistas y un apéndice cronológico con los hechos más destacados de ese medio siglo.

Si los hechos que narra EL TRONO MALDITO son apasionantes, mucho más lo son los personajes que transitan por sus páginas. Desde el difunto Herodes El Grande, cuya presencia está latente en toda la novela, hasta sus hijos Arquelao, Antipas y Filipo; desde los emperadores Augusto, Tiberio y Calígula, hasta los sacerdotes Anás y Caifás; desde Salomé y Livia, mujeres influyentes en la política de su tiempo, hasta Glafira, Herodías o Rut, féminas que hacen perder la cabeza a los poderosos; desde los espías de Hipódamo, a los muchos agitadores y revolucionarios que luchaban por ver a Israel libre del dominio romano; desde procuradores y legados romanos hambrientos de dinero, como Sabino o Poncio Pilato, a profetas como Juan el Bautista y Jesús de Nazaret; desde personajes corruptos y egoístas como Julio Agripa a prudentes consejeros como Nicolás de Damasco. Todos, en mayor o menor medida, protagonizan las diversas tramas que conforman el hilo conductor de esta novela.

LA TRAMA

EL TRONO MALDITO es una novela de grandes momentos y apasionantes protagonistas. Pero también de tramas que atrapan desde el comienzo la atención del lector. Por debajo de la historia principal, que es la lucha enconada por el trono vacante de Israel que mantienen los hijos del difunto Herodes, subyacen otras muchas: las bajas pasiones desatadas del etnarca Arquelao; el amor imposible entre el griego Hipódamo y la judía Rut; las frágiles relaciones entre el Imperio Romano y sus vecinos orientales, como los nabateos; la desesperación de Antipas y su mujer Herodías por conseguir el ansiado trono de los judíos… Todas funcionan como las teselas de un mosaico. Y como trasfondo, un pueblo que en muy diversos momentos se levanta contra sus dirigentes en quienes personifican el poder de Roma. Y hay otros momentos en los que se enfrentan directamente a los romanos con no demasiada fortuna.

A la muerte de Herodes, su hermana Salomé es la depositaria de la última voluntad del rey de los judíos, que ha decidido que su sucesor en el trono de Judea sea su hijo Arquelao. Esta decisión, que tiene que ser ratificada por el emperador Augusto, no complace a Salomé, que prefiere que sea Antipas, hermano menor del designado, el que ocupe el trono vacante. Y aquí tenemos ya el primer gran choque que da origen a múltiples peripecias.

Sin embargo, más que renunciar al control de una parte de sus dominios, lo que realmente desea Augusto es convertir a Israel en una provincia más, sin ningún tipo de privilegio que acarree comparaciones que sirvan de excusa para romper la unidad del Imperio y la aplicación del Derecho Romano. Sabe que eso traería consigo la desestabilización de una zona conflictiva.

Más adelante, y ante la tensión que se genera entre Arquelao y Antipas, Augusto vuelve a convocar a los judíos para transmitirles su decisión Dios no nombrar rey de todo Israel a ninguno de los dos. Con esta decisión, Augusto deja claro que no confía en los hijos de su antiguo amigo. El trono real queda vacante, lo que parece confirmar la suposición de que está maldito. Además, acrecienta el odio que Arquelao siente hacia su hermano, pero no puede hacer nada contra él, salvo dejar pasar el tiempo y vigilar las posibles conspiraciones que hagan peligrar su puesto. Para esta misión, contará con la ayuda de Hipódamo, un joven de origen griego, al que nombra jefe de la Policía.

El tiempo va pasando. Arquelao endurece su forma de gobernar y provoca la indignación de su pueblo por su lujuria, su lascivia y sus constantes escándalos. Cada vez son más las voces en contra de Arquealo que piden en Roma que acaben con él. Augusto decide actuar contra ese pernicioso gobierno, convoca a Roma a Arquelao y le comunica que queda confinado “en una aldea cerca de la ciudad de Viena de las Galias (…) todos tus bienes son confiscados y pasan a formar parte de la Hacienda imperial… A partir de este mismo momento, las regiones de Judea, Samaria e Idumea pasan a ser una provincia bajo administración directa del Imperio. Augusto muere sin resolver el problema del trono de Israel. Al frente del Imperio le sucede Tiberio, amigo personal de Antipas

Antipas continúa esperando que lo nombren rey, pero las cosas no son fáciles. Es este momento cuando aparece en escena Juan Bautista y se enfrenta a Antipas… con el resultado que es conocido. Tras la muerte de El Bautista a manos de Antipas, Jesús se queda como única cabeza del movimiento que proclama la inminente llegada del reino de los cielos. El número de sus seguidores no para de crecer. Allá donde va, la gente se reúne para escuchar sus palabras, lo que inquieta a Antipas. No quieren tomar una decisión sobre ese hombre y dejarán que sea Poncio Pilato, el gobernador romano de Judea y Samaria nombrado por Tiberio, quien tome la decisión de atajar los disturbios y conflictos ocasionados por Jesús y sus seguidores. Para ello, contará con la ayuda de Caifás, el sumo sacerdote del Templo de Jerusalén, y su suegro, el poderoso Anás.

Jesús no es el protagonista de esta novela –lo son otros y entre ellos algunas mujeres que tienen un papel muy destacado— pero sus momentos finales son interesantes para el propósito de la novela. Aquí los autores relatan escenas de su prendimiento, juico y muerte, que han sido tratados muchas veces en las novelas y el cine, por lo que estos episodios son tratados con cuidado, y creemos con mucha habilidad.

Aunque la muerte de Jesús causa alegría a Antipas, este siente que tiene otro problema frente a él: la actitud de su cuñado Julio Agripa, cuyas andanzas en Roma preocupan al tetrarca de Galilea y Perea. Ocioso, despreocupado, con ganas de vivir, Agripa se entrega a una vida de lujo y dilapidación. Gran derrochador, se verá obligado a huir de Roma a causa de sus deudas. Herodías acoge a su hermano y su esposa, pero también tendrá que marcharse de Tiberiades por su mala relación con Antipas.

Tras varios engaños y huidas desesperadas, Agripa vuelve a Roma y retoma sus antiguas relaciones con Calígula, hijo de Germánico, que sucederá a Tiberio al frente del Imperio.
Una de las primeras decisiones que tendrá que tomar Calígula será la resolución del trono de Israel, todavía vacante como si pesara sobre él una maldición. Como ser divino, Calígula querrá sorprender a todos. Así, escribe una carta al Senado proponiendo que el ilustre y noble Julio Agripa reciba la tetrarquía de las regiones orientales de Batanea y Gaulanítide, para que las gobierne con el título de rey, ¡Julio Agripa, rey de los judíos con el nombre de Herodes Agripa I!

En Israel, esta decisión es bien acogida y creen que la llegada del rey Herodes Agripa a las regiones vecinas va a traer una época de próspera felicidad, pero nada más lejos de la realidad. Antipas, el eterno aspirante al trono de Israel, desea vivir sus últimos años en paz, mientras que Herodías, envidiosa de la suerte de su hermano, insta a su marido a luchar por sus derechos a la corona.

Finalmente, en un desenlace que creemos apasionante, la trama muestra cómo todos los que habían participado en los asesinatos de Juan Bautista y Jesús van recibiendo su propio merecido. De entre todos los protagonistas, primarios y secundarios, se salva una bella mujer, cuyo destino final emocionará sin duda a los lectores. Después de tantos sucesos, aventuras, tantas perfidias, traiciones y peripecias, el final de la novela introduce un estado de calma y de serenidad con una perspectiva gozosa para los seguidores de Jesús, el gran perseguido de la trama.


El próximo día añadiré algunas claves que la novela “El Trono maldito” ofrece para entender la complicada vida de algunos israelitas en el siglo I, y algunas respuestas a preguntas que nos han formulado en diversas entrevistas.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
w ww.antoniopinero.com

Viernes, 24 de Octubre 2014


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.








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