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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
El compromiso silenciado de G. Puente Ojea (II) (958)
Escribe Antonio Piñero
 
 
Sigo con la exposición de las ideas de Puente Ojea, a cuya difusión dedicó gran energía y pasión. Puente sostuvo siempre que el Jesús de los Evangelios –libritos que la gente lee, si es que los lee,  sin reflexión alguna– es en realidad el Cristo divino que propuso Pablo. Ese Jesús está desjudaizado, desescatologizado (que ha perdido un tanto la urgencia del fin del mundo) y despolitizado. Si hoy levantara la cabeza, no se reconocería en los Evangelios. Geza Vermes sostuvo alguna vez que Jesús de Nazaret sólo firmaría hoy las tres primeras proposiciones del credo recitado en las misas de la Iglesia católica (el símbolo niceno-constantinopolitano del 451 d. C.).
 
 
Para Puente, el Jesús de Pablo fue realmente el producto de una mentalidad judía apocalíptica, que sustituyó al Jesús de la historia…, quien al final de su vida se declaró mesías de Israel, un mesías davídico ciertamente, no un mesías cristiano, como se proclamaría después siguiendo el pensamiento del Tarsiota. Pablo fue el que cambió un mesías judío, humano, interesado solo en la salvación e Israel, en un hijo de Dios, real, óntico, y casi preexistente, que derrotó parcialmente a Satanás ya en vida, y de una manera total con su muerte en cruz en pro de la salvación de todos los humanos.
 
 
La realidad fue, según Puente Ojea, que esta muerte –producto de una pena romana, la cruz, que castigaba a los sediciosos contra el Imperio– se mudó por obra de la exégesis paulina en un sacrifico voluntariamente aceptado según un eterno designio divino para redimir el pecado de toda la humanidad. A esta concepción se añadió la idea de que Dios consumó su designio salvador vindicando a Jesús por medio de su resurrección, y elevándolo a los cielos, en donde habita a su diestra. Al final de los tiempos volverá Jesús como mesías triunfante a este mundo para el Juicio final y para establecer el reinado divino. Toda la obra de Puente es un intento de corregir esta imagen puramente teológica, ahistórica, imaginativa, que sigue líneas judías del pensamiento helenístico, y de sustituirla por lo que realmente fue: la figura de un Jesús, mesías judío, que fracasó en su empresa de instaurar el reino de Dios en la tierra de Israel. Naturalmente esta perspectiva es un cambio tan monumental en la mentalidad del hombre corriente que es rechazada por la inmensa mayoría. Pero, decía Gonzalo, la semilla ya está echada, y la verdad histórica se irá imponiendo por su evidencia intrínseca, aunque sea poco a poco. En su opinión, la Iglesia aferrada a los dogmas, a esta visión de Pablo, tan poco comprensible para el mundo de hoy, se irá desmoronando por la misma fuerza del desarrollo de la razón general
 
Y al hilo de esta idea, Puente afirmaba que debe aceptarse que la crítica seria al fenómeno religioso en España es escasa. Él intentó rellenar este vacío. Y lo consiguió en parte, puesl conjunto de sus libros al respecto –Elogio del ateísmo; Ateísmo y religiosidad; El mito del alma; Animismo. El umbral de la religiosidad, y La religión ¡vaya timo!– forman un bloque de una gran entidad. Solo este hecho es ya una notable prueba del impulso que la crítica del fenómeno religioso recibió por parte de nuestro autor. Es fundamental, dentro del elenco de ideas axiales que generan la lectura de estos libros es el aliento al debate y la crítica en torno a la existencia del alma/espíritu, el cerebro/mente y el yo, el nacimiento de la religiosidad y el origen de la religión. Como pivote sobre el que descansan y giran todos ellos, el mito del alma es básico. Siempre defendió Puente que el alma, o el yo, está en el cerebro y que –aunque no lo podamos explicar aún del todo– sus funciones son puramente materiales, una mezcla de física, química e impulsos eléctricos. A este propósito en sus libros dialogó críticamente con las ideas de Richard Dawkins
 
 
Para el estudio del nacimiento de la religión y del fenómeno religioso en general es básica la atención que Puente Ojea invitó a conceder a la teoría del animismo como origen de la religión. El animismo fue defendido ante todo por Edward B. Tylor (en su obra Primitive culture.  Researches into the development of mythology, philosophy, religion, language, art, and custom, de 1871, traducida parcialmente al español como Cultura primitiva II. La religión en la cultura primitiva. Madrid, Editorial Ayuso, 1981), y Puente Ojea se une decididamente a esta corriente interpretativa, que recibe un fuerte impulso en las obras Ateísmo y religiosidad y El mito del alma.
 
A estas obras dedicó Puente Ojea mucho tiempo y energía, aunque quizás tuvieron menos difusión de lo que él mismo supo. Seguiré el próximo día con la exposición, a modo de vista de pájaro, de las ideas directrices del pensamiento de Puente.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html
 
 

Martes, 16 de Enero 2018

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Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





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