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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero

 
Escribe Antonio Piñero
 
Argumenta F. Bermejo, en el artículo que comentamos (“Jesus and the Anti-Roman Resistance”), que es posible también explicar parte de la oscura cuestión denominada “secreto mesiánico” en el Evangelio de Marcos, si se acepta la hipótesis del Jesús sedicioso contra el Imperio. Amplío esta afirmación que no se desarrolla en su artículo.
 
El secreto mesiánico se refiere a la orden de Jesús de mantener oculta su condición de mesías hasta el momento de su resurrección. Por ello, casi cada vez que hace un milagro, normalmente de sanación, ordena Jesús al beneficiario que “No se lo diga a nadie”, que lo mantenga en secreto. Un ejemplo típico es Mc 1,40-44… y de su incumplimiento inmediato por el beneficiario:
 
“Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme.» 41 Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio.» 42 Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. 43 Le despidió al instante prohibiéndole severamente: 44 «Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio.» 45 Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia”
 
Es cosa sabida en la investigación del Nuevo Testamento que este “secreto” es algo en sí raro e imposible, ya que las curaciones, u otros milagros, eran por lo general públicos y la fama de sanador que ello producía no se podía contener entre el pueblo. Era, pues, una orden incomprensible. La explicación de este secreto fue el tema principal de un libro básico en la historia de la investigación del Nuevo Testamento, el de Wilhem Wrede en 1901 (con el título Das Messiasgeheimnis in den Evangelien. Zugleich ein Beitrag zum Verständnis des Markusevangeliums, Gotinga 1901 (“El secreto mesiánico en los evangelios. Aportación a la comprensión del Evangelio  de Marcos”). El argumento principal de este libro es, en síntesis, el siguiente:
 
Como los cristianos primitivos no podían explicarse muy bien la poca proyección práctica –-sobre todo en los primeros pasos de la vida pública de Jesús– de la conciencia me­siánica del Nazareno y su rotundo fracaso al final de su vida, pensaron que la solución radicaba en la positiva vo­luntad de Jesús de mantener oculto que él era el mesías. Si se proclamó mesías e hizo tantos milagros pero Jesús tuvo tan poco éxito es porque Jesús hizo algo para que esto sucediera así. Entonces el evangelista Marcos tuvo la idea de cómo explicar este hecho: el secreto mesiánico como orden dada por Jesús mismo
 
Pero desde el punto de vista de la investigación moderna, el hiato entre la tradición anterior a Marcos, que presentaba a Jesús como maestro y taumaturgo, y la concep­ción mesiánica de Jesús que era sostenida por la comunidad de sus seguidores obligaron al evangelista a crear este lazo de unión entre ambos elementos por medio del “secreto”. Pero tal conexión era puramente ideológica y no correspondía a la situación histórica, es decir, en realidad Jesús nunca se creyó mesías y, por tanto, nunca hubo tal prohibición.
 
Con otras palabras: el secreto mesiánico fue una “tradición” creada artificialmente, en realidad un invento imaginado por la primitiva comunidad cristiana y retomado por Marcos, que compuso su evangelio no como un historiador objetivo, sino como un teólogo que escribe desde el punto de vista de la fe.  Aceptando la idea de que Jesús fue el origen del secreto, Marcos solucionaba el problema: el poco éxito de Jesús –aunque en verdad él se creía el mesías– se explicaba solamente porque fue el mismo Jesús  el que prohibió que su mesianidad se divulgara. Pero la interpretación moderna descubre el truco literario: como es evidente que tal orden es absurda (¿cómo va a ser Jesús el mesías por designio divino y a la vez considerar sensato que él mismo prohibiera  que se supiera este hecho?), la solución es que  el “secreto mesiánico” es un mero artificio literario de la comunidad primitiva a la que el evangelista Marcos dio forma literaria para explicar la dignidad real de Jesús como mesías y a la vez su fracaso en la práctica.
 
La explicación que se propone en una breve nota del artículo que comentamos es que hubo algo de real en la vida de Jesús que llevó al invento del “secreto mesiánico”. Es decir, se  parte del supuesto de que las propuestas de los evangelistas al interpretar teológicamente a Jesús hubieron de tener en muchos casos una base en su vida que sirvió como de trampolín para la interpretación teológica idealizada del Maestro. Ocurrió algo real que hizo Jesús y que luego Marcos lo interpretó de otro modo (naturalmente partiendo de la fe en Jesús como el mesías divino, resucitado y exaltado al cielo). Ese algo real que ocurrió es que Jesús  sabía muy bien las consecuencias políticas terribles y el peligro que corría su vida si se proclama mesías… Su idea de su propio mesianismo no se diferenciaba de la común entre los judíos. Por ello hasta que no estuvo seguro de que Dios iba a intervenir para implantar su reinado y que él como mesías tendría en ese Reino una función importante, ordenó que se mantuviera en secreto su condición mesiánica. Jesús era consciente de que afirmar que él era el mesías-rey era peligroso que lo podían matar al instante como habían hecho con otros; que los romanos caerían enseguida en la cuenta de que proclamarse rey y mantenerse dentro de la ley del Imperio era imposible. Por ello ordenó mantener oculta  su pretensión mesiánico-real hasta estar seguro del éxito.
 
Consecuentemente, Pedro –que era un tipo impetuoso y sincero– se apresuró a decir la verdad en el diálogo de Cesarea de Filipo (Jesús preguntó qué opinaban las gentes quién era él: Mc 8,27): Jesús era el Mesías… tal como lo pensaba la gente. Pero el Maestro reaccionó acusándolo de temeridad y de estar inspirado por Satanás (es decir, al revelar el secreto se podía perturbar el ritmo de su proclamación paulatina que pretendía). Marcos aprovechó también esta reacción de Jesús para poner en boca de este la “profecía” (ex eventu; “a toro pasado”) de que su mesianismo no era político, sino puramente religioso: era un sacrificio querido por Dios por toda la humanidad (Mc 830-31 y 10,45). Nadie lo comprendería hasta su resurrección (momento en el que se abrirían los ojos de la fe)…, con lo que los judíos y los romanos acabarían matándolo.
 
Piense el lector lo que parezca. Pero creo que esta presunción es razonable en los siguientes puntos:
 
1. El secreto mesiánico es una orden absurda y un artificio literario del Evangelista Marcos.
2. Normalmente nada se inventa teológicamente si no hay una base en la vida de Jesús que da pie a la interpretación idealizada posterior.
3. Jesús se creyó en verdad el mesías de Israel, pero el principio consideró muy peligroso divulgarlo, hasta que todo estuviera claro y tuviera apoyos. Sabía que su vida y la de sus seguidores corría mucho peligro: tanto Antipas como los romanos lo considerarían un sedicioso contra el orden constituido y procurarían quitarlo de en medio. Así que fue prudente.
 
Seguiremos explicando otros aspectos de la vida de Jesús que pueden aclararse si se defiende la hipótesis de que Jesús actuó o dijo ciertas palabras dada su condición mesiánica, lo que implicaba ipso facto, que el Imperio lo declarara sedicioso.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com 

Jueves, 16 de Febrero 2017


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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