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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
¿Es Dios quien endurece los corazones según la Biblia? “Compartir” (249) de  8 de mayo de 2018. Preguntas y respuestas.
Hoy escribe Antonio Piñero
 
 
Pregunta:
 
 
Quería consultarle algo que me causa gran inquietud. El pasaje de Pablo en Romanos 11,7 cuando hablando de Israel algunos traducen:  FUERON ENDURECIDOS, como si Dios los hubiera endurecido. Pero otros traducen : SE ENDURECIERON (por decisión propia). Querido amigo, cual cree que es la traducción más correcta del griego, o en su caso el sentido más correcto.
 
 
Respuesta:
 
 
El texto de Romanos 11,7-12 es el siguiente:

Entonces, ¿qué? Que Israel no consiguió lo que buscaba; mientras lo consiguieron los elegidos. Los demás se endurecieron, 8 como dice la Escritura:  Dióles Dios un espíritu de embotamiento: ojos para no ver y oídos para no oír, hasta el día de hoy. 9 David también dice: Conviértase su mesa en trampa  y lazo,  en piedra de tropiezo y justo pago,  10  oscurézcanse sus ojos para no ver; agobia sus espaldas sin cesar.  11 Y pregunto yo: ¿Es que han tropezado para quedar caídos? ¡De ningún modo! Sino que su caída ha traído la salvación a los gentiles, para llenarlos de celos. 12 Y, si su caída ha sido una riqueza para el mundo, y su mengua, riqueza para los gentiles ¡qué no será su plenitud! 
 
 
En Rom 11,7 el sentido de eporóthesan es ambiguo. Es ciertamente voz pasiva («fueron endurecidos [por Dios]»), pero hay algunos estudiosos que a veces esta pasiva puede tener sentido intransitivo, parecido al de la voz media de participación activa en la acción. Este problema es, por lo visto solo para nuestra mentalidad, pero no para la de los antiguos, que no veían inconveniente alguno en que Dios endureciera (pero sin que se pierda la libertad humana) los corazones de la gente, a las que luego condena, como se ve desde el éxodo: Dios endurece el corazón del faraón (“Pero Yahveh endureció el corazón de Faraón, que nos les escuchó, según Yahveh había dicho a Moisés”). Del mismo modo en Isaías es Dios quien endurece los ojos y los oídos del pueblo para que no se salven (Dt 29,3; Is 29,10; 6,9-10; Sal 68,23LXX; Sal 35,8); véase Mc 4,12 que cita Is 6,9-10).
 
 
En mi libro de Pablo (“Guía para entender a Pablo de Tarso”, Trotta, Madrid 2015 trato este tema en la Aclaración III:  Elección, llamada, predeterminación pp. 111-118, que ruego consulte, si es posible.
 
 
Cito unos párrafos:
 
 
El sentido de la elección de Dios es misterioso; nadie puede discutirlo, pero parece ser arbitrario, pues no depende de acción alguna humana previa. El ejemplo de Esaú es claro: concebidos de la misma unión de Rebeca con un solo hombre, Isaac, Jacob es elegido y Esaú rechazado. Por tanto, nadie se extrañe de que este proceso continúe: no todos los que se dicen israelitas actuales son israelitas de verdad, sino los elegidos. Igualmente con los gentiles. Y la continuación del texto que acabamos de transcribir proclama: no hay injusticia en Dios, pues su libertad es omnímoda; la predestinación divina es una realidad y el ser humano no puede criticarla; Dios endurece, es decir, destina a la condenación a quien quiere; por ejemplo al Faraón; pero nosotros, a los que llamó no sólo de entre los judíos sino también de entre los gentiles –escribe Pablo-- hemos sido predestinados para la salvación:
 
 
¿Qué diremos, pues? ¿Hay acaso injusticia en Dios? ¡De ningún modo! 15 Pues dice a Moisés: “Seré misericordioso con quien lo sea: me apiadaré de quien me apiade” (Ex 33,19). 16 Ciertamente pues, no se trata de querer o de correr, sino de Dios que tiene misericordia […] 18 Así pues, ciertamente, tiene misericordia con quien quiere, y endurece a quien quiere. 19 Pero me dirás: Entonces ¿por qué, pues, recrimina (Dios)? Pues ¿quién puede resistir a su voluntad? 20 ¡Oh hombre! ¿Quién eres en verdad tú para replicar a Dios? ¿Acaso la pieza de barro dirá a quien la modeló: “Por qué me hiciste así”? (Is 29,26 LXX) […] 22 Pues bien, ¿Y qué si Dios, queriendo manifestar su ira y dar a conocer su poder, soportó con gran paciencia objetos de ira dispuestos para la perdición, 23 a fin de mostrar la riqueza de su gloria con los objetos de misericordia que de antemano había preparado para gloria… 24 con nosotros, a los que llamó no sólo de entre los judíos sino también de entre los gentiles? 25 Como dice también en Oseas: “Llamaré pueblo mío al que no es mi pueblo: y amada mía a la que no es mi amada […] 27 Isaías clama también en favor de Israel: “Aunque los hijos de Israel fueran numerosos como las arenas del mar, sólo el resto será salvo. 28 El Señor abreviará y consumará su palabra sobre la tierra” (Is 10,22) (Rom 9,14-28).
 
 
Igualmente en Rom 11,1-6: los israelitas y paganos que se van a salvar son solo los elegidos:
 
 
Digo, pues: ¿acaso ha rechazado Dios a su pueblo? ¡De ningún modo! [...] 4 Y ¿qué le responde el oráculo divino? “Me he reservado siete mil varones que no doblaron la rodilla ante Baal” (1 Re 19,10.14). 5 Pues bien, del mismo modo, también en el momento presente ha quedado un resto elegido por gracia. 6 Y, si es por gracia, no es por las obras; puesto que la gracia no es ya gracia.
 
 
2 Cor 2,14-16 apunta a una cierta predestinación de los que se salvan y de los que se pierden:
             
 
Gracias a Dios que por todas partes nos asocia en su triunfo en Cristo, y hace perceptible por nosotros el olor de su conocimiento. 15 Porque somos para Dios el buen olor de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden. 16 Para unos, olor de muerte hacia la muerte; para otros, olor de vida para la vida.
 
 
El olor de muerte hacia la muerte; para otros, olor de vida para la vida son frases que pueden entenderse bien como referidas a la libertad humana ante la proclamación del evangelio, o bien, para otros comentaristas, como un apunte de la teología paulina de la predestinación. En las famosas sentencias de Pablo acerca de la salvación final de Israel está también presente un cierto sentido de predestinación, Rom 11,25-35:
 
 
Pues no quiero que ignoréis, hermanos, este misterio, no sea que os creáis sabios vosotros mismos: el endurecimiento parcial que sobrevino a Israel durará hasta que entre la plenitud de los gentiles […] 33 ¡Oh abismo de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos! 34 Pues, ¿quién conoció la mente del Señor? O ¿quién fue su consejero? O ¿quién le dio primero para que tenga derecho a recompensa? 35 Porque de él, por él y para él son todas las cosas. ¡A él la gloria por los siglos! Amén.
 
 
El sentido de llamada y elección predestinacionista sigue en pie. En 1 Cor 1,18-25 el evangelio de la cruz
 
 
18 Es necedad para los que han de perecer; mas para los que han de salvarse, para nosotros, es fuerza de Dios […] 23 nosotros por el contrario predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos y necedad para los gentiles; 24 mas para los llamados, tanto judíos como griegos, proclamamos a Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios. 25 Porque la necedad de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres y la debilidad de Dios, más fuerte que los seres humanos.
 
 
En el v. 18 las frases los que han de perecer; mas para los que han de salvarse son la traducción de un participio pasivo cuyo sujeto agente es Dios. Por tanto, Pablo cree firmemente que desde toda la eternidad Dios ha elegido a aquellos que han de salvarse, por su gracia y elección, y sabe perfectamente quienes se condenarán al no recibir, o al no aceptar, la llamada del evangelio. De nuevo: solo los llamados se salvarán (v. 24). Confirmamos, pues, que hay en el pensamiento de Pablo una suerte de predestinación divina, insondable en sus designios, injusta a ojos humanos.
 
 
Así que, en síntesis, se puede pensar lo que quiera a tenor de los textos. Pero creo que es más bien una manera torpe –para nosotros– de decir que Dios prevé y respeta la libertad humana.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
 
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html 

Martes, 8 de Mayo 2018

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Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





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