Recomendar este blog Notificar al moderador
CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Escribe Antonio Piñero


Pregunta:


He leído últimamente dos trabajos cruciales referidos a la figura de Jesús de Nazaret que ya conoces. Han supuesto treinta años de trabajo del convincente erudito padre Josep Rius-Camps y podrían hacer tambalear alguno de los pilares de la doctrina oficial de la Iglesia. Son, en concreto, “Demostración a Teófilo, evangelio y hechos de los apóstoles según el códice Beza” y “El evangelio secreto de Marcos autenticado por el códice Beza”.


De ambos estudios se pueden extraer pequeñas y grandes conclusiones. Por ejemplo, la verdadera identidad del joven discípulo que escapó desnudo del prendimiento o la del misterioso Teófilo, que no es el noble Teófilo de la versión oficial sino el excelentísimo Teófilo, tercer hijo de Anás, cuñado de Caifás, nombrado Sumo Sacerdote por el gobernador romano Vitelio, cargo que ejerció entre el 37 y el 41 d.C. Otra sorpresa: el evangelio estaría construido en tres fases, por la misma persona, si bien en la segunda fase se repetirían secuencias.


Me he permitido la temeridad de dejar aquí constancia de una teoría bastante absurda, lo reconozco. Partiendo de la base de que la vinculación entre el joven rico que no sigue el camino de Jesús, el que Jesús resucita y el que huye desnudo que establece Rius-Camps es inapelable pues se deriva del tenor literal del texto (“es que era rico”; “envuelto en una sábana sobre su desnudez”) yo iría más lejos (o sea, diría una barbaridad), yo diría que el joven es además el “discípulo amado/predilecto” y le pondría nombre: Lázaro.


Me baso en tres puntos: 1.El pasaje del evangelio secreto de Marcos, situado en Jericó, donde habla de “la hermana del joven a quien amaba Jesús” (lo que sirve para identificarlo), 2. Juan 12, v9-11 donde se decide prender no solo a Jesús sino también a Lázaro y 3. Marcos 14, v43-52 donde se prende finalmente a Jesús y se intenta prender al joven que escapa desnudo, consecuencia de la anterior confabulación que recoge Juan (se alude al “envuelto en una sábana sobre su desnudez”, o sea, al joven rico de Betania, o sea, a Lázaro). Diría más. El primer testigo de la resurrección es Lázaro, es el que elige Jesús como primer receptor de la noticia más importante de la historia. Y aquí entra en juego un detalle que ha pasado desapercibido (¿?): Marcos 16, 5 habla de que está sentado “a la derecha”. ¿Para qué esta precisión? Tendría sentido si rememoramos el ataque de vanidad que tienen los apóstoles y su discusión bizantina en torno a quién se sentará a su derecha. Seguro que a los doce no les hacía gracia la existencia de un discípulo amado. Y resulta que Lázaro es el gran personaje de la etapa final de Jesús, el que aparecerá “a la derecha” de su sepulcro y es informado de la resurrección. Tal vez fuera su delfín. Solo queda un cabo suelto en esta explicación (bueno, para ser sincero, seguro que son más de uno) y es la insistencia de Marcos en el miedo que se apoderó de las mujeres tras conversar con el joven sentado a la derecha del sepulcro (utiliza las expresiones “temor”, “espanto” y “miedo” en una misma frase).


Probablemente, vieron un “aparecido”, a Lázaro (Mateo 27, v52-53) ¿Y si Lázaro murió finalmente y resucitó también con Jesús, situándose “a su derecha”? Así tendría sentido el “espanto” y la huida de las mujeres. Sin embargo, ninguno de los 11 apóstoles, recelosos desde el principio de Lázaro, recogen su historia en la base tradicional común de los sinópticos (solo el tardío Juan lo hace, creo recordar, ya libre de otras consideraciones). ¿Y si a la derecha de Jesús no crucificaron a un ladrón sino a Lázaro, tal como querían los sacerdotes? De hecho, los ladrones no eran condenados a la cruz. María, la madre de Jesús, y la hermana de Lázaro habrían observado la crucifixión desde lejos. “Hoy estarás conmigo en el paraíso”, dijo Jesús. Así fue.



RESPUESTA:


He leído los dos trabajos de Rius, a quien admiro y respeto. De hecho he escrito reseñas en mi Blog (busque por Rius Camps; consulte el índice de Preguntas y respuestas”, también publicado


Siento, sin embargo, no estar de acuerdo, con Rius. No considero que los argumentos sean constriñentes respecto a lo de Teófilo.

Segundo: estoy convencido de que el Evangelio secreto de Marcos es un falso (también he escrito sobre lo largamente en “Jesús y la mujeres” (Trotta, 2014, 2ª edic.)

Por tanto, todo lo demás me parecen interesantes y curiosas especulaciones, pero hipótesis y especulaciones no son certezas.

Además, es muy posible que el personaje Lázaro sea ideal y simbólico, no existente en la realidad, en el Cuarto Evangelio. Lo defiende el Prof. Fontana Elboj sólidamente, en su libro sobre el origen del Evangelio de Juan que también he reseñado en el Blog. Utilice de nuevo el buscador.

Y si es simbólico, todas esas especulaciones caen por su base.

Siento mucho desmoralizarle, pero no creo en nada de eso; mi posición es muy escéptica. Supone un gran trabajo y un gran esfuerzo de imaginación, pero no me parece que llege a resultados aceptables.


Pregunta:



Mi duda salta por una lectura de un descubrimiento de 1968 sobre un hombre, Jehohanan, que se comprueba que fue crucificado pero que sus restos se descubrieron contenidos en una urna con idenficacion en una tuma familiar. ¿no es este hayasgo contrario a su hipotesis de que a los condenados a crusifixion eran arrojados a una tumba comun, como afirma usted que paso en el caso especifico de Jesus? de antemano muchas gracias nota: el articulo sobre el hallasgo puede hallarse en la Wikipedia.


RESPUESTA:


Sí lo es en apariencia. La diferencia radica probablemente en lo siguiente. Ese Jehohanán pertenecía probablemente a una familia adinerada y probablemente también de Jerusalén, mientras que Jesús era un pobre y además galileo. En realidad, lo que yo digo únicamente es que hay dos versiones del enterramiento de Jesús; y que la de los Hechos de los apóstoles 13,27-29 no se entiende bien si no se complementa con la idea de que se enterraban en fosas comunes (había dos terrenos al parecer; uno para los piadosos peregrinos que morían durante las fiestas; y otro para los criminales). Lo de “fosa común” se entiende también no como un fosa abierta donde se echaban todos de modo rebujado, como un enterramiento vulgar sin mausoleo ni nada especial; pero como no se crucificaba a la gente todos los días era posible, en el caso de Jejohanán, un posible acuerdo/soborno posterior para lograr el cadáver de las autoridades romanas.


Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com

Lunes, 22 de Febrero 2016

Nuevo comentario:



Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







RSS ATOM RSS comment PODCAST Mobile