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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Hay otros patrones de recurrencia totalmente opuestos al que se propone. “Jesús y la resistencia antirromana” (LXIII)
Foto: Josep Montserrat llevó al extremo la interpretación de este patrón de recurrencia en su obra “El Galileo armado”, ensayo muy discutible.
 
 
Escribe Antonio Piñero
 
 
Seguimos intentando responder a las dificultades planteadas por los lectores o por otros a la hipótesis de un “Jesús sedicioso” y sus consecuencias. Otras de las dificultades formuladas contra esta serie es que “Igualmente se pueden construir otros patrones de recurrencia. Y algunos otros presentan resultados totalmente diferentes respecto a la valoración de Jesús a los formulados en esta serie”.
 
 
Mi respuesta ha sido dada ya, pero la repito: Preséntense esos patrones y se discutirán con la mayor objetividad posible. En segundo lugar, el patrón actual que discutimos recoge ciertamente textos de todo el conjunto y partes de los Evangelios, pero especialmente de la historia de la Pasión. Es precisamente en esta sección donde se encuentran reunidos el mayor número de inconsistencias e improbabilidades de todo el Evangelio en su conjunto. Aceptamos que algunos de los puntos recogidos son discutibles; hay gran controversia entre los estudiosos; pero  el número de textos e indicios, treinta y cinco o treinta seis, es tan grande que este patrón no puede rechazarse sin más.
 
Es cierto que muchos de los puntos están esparcidos por los Evangelios y pueden pasar desapercibidos, pero la “unión hace la fuerza”. El que niegue la evidencia, por sí misma, de este patrón tiene que presentar otro en contra y con la misma solidez. Y piense que los puntos de este patrón pertenecen a todos los géneros literarios (dichos de Jesús; sumarios de los evangelistas; exorcismos; manifestaciones de Jesús mismo o sus seguidores o de los adversarios, etc.). Por tanto, este patrón goza de “atestiguación múltiple”.
 
 
Por último: el examen a fondo de este patrón es absolutamente necesario porque presenta una mayor solidez que otros. Por ejemplo, “Jesús es un enemigo a muerte de los fariseos”. Este patrón está contradicho por otros datos:
 
 
a) Jesús come con los fariseos, es invitado por ellos expresamente a participar de su mesa. El que conozca un poco las fratría de los fariseos y su interés por una mesa común en la que Nazaret admitían a nadie digno no llega a caer en la cuenta de cuán importante es este indicio;
 
 
b) El que los fariseos se dignen de discutir con él largo y tendido y en multitud de ocasiones muestra que es alguien afín a ellos, pues de lo contrario ni se dignarían entablar una discusión con él, ni los Evangelios nos los mostrarían reunidos para oír su predicaciones;
 
 
c) Los fariseos intentan salvar la vida de Jesús: le avisan de que huya porque Herodes Antipas quieren matarlo; en el relato estricto de la pasión ni aparecen los fariseos como acusadores de Jesús: los enemigos de este en aquellos momentos son los saduceos, los escribas y los ancianos el pueblo. 
 
 
d) Un último dato: los evangelistas exageran claramente la enemistad entre Jesús y los fariseos: hay unos 25 pasajes entre los cuatro evangelios en los que alguno de ellos presenta a un adversario o enemigo dialéctico de  Jesús de una forma general, o innominada (“uno le dijo”; “alguien le preguntó” y fórmulas parecidas. Y en esos casos siempre hay un evangelista o dos que rellenan el hueco (es decir, la indeterminación) señalando que el adversario era un “fariseo” o un “escriba”. Es tan llamativo este hecho en la tradición sinóptica que se ha formulado la siguiente regla: “Siempre que la tradición oral presentaba a un enemigo de Jesús de una clase indeterminada, alguno delos evangelistas aprovechaba para especificar que ese tal enemigo innominado era un fariseo (la mayoría de las veces) o un escriba de la Ley. Por tanto, los Evangelistas están presentando a los fariseos forzadamente como enemigos a muerte de Jesús, cosa que no era verdad.
 
 
Otro patrón de recurrencia sería: “Jesús es un personaje único; ni siquiera Juan Bautista se le parecía; Juan Bautista era el precursor de Jesús”. Pues bien aquí ha presentado Fernando Bermejo una larguísima serie de paralelos (en torno a 29) entre Juan Bautista y Jesús, que apuntan a dos hechos casi incontrovertibles: a) Jesús no es un únicum, sino que tiene muchísimos parecidos con el Bautista; b) lo más probable es que la relación verdadera entre los dos personajes fuera Juan Bautista era el maestro y Jesús el discípulo; Juan Bautista se consideraba precursor de la acción directa de Dios y ni siquiera sabía si Jesús era el profeta/agente mesiánico al que se esperaba o era otro el que había de venir (Lc ,18-23/ Mt 11,2-6)
 
 
Sin embargo, no encuentro que sea posible hacer lo mismo contra el patrón de recurrencia “Jesús sedicioso contra el Imperio Romano”. Por tanto, propondría que si no se toma en serio este patrón y se le discute punto por punto, si se cree que se debe a un apriorismo craso de ciertos investigadores, se está cometiendo un error grave de método y se está uno autoexcluyendo del  tránsito por una vía que aclara mucho la personalidad compleja de Jesús.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com 

Lunes, 27 de Marzo 2017

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Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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