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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Héroes y dioses. Historia breve de la política religiosa del dios-hombre (y IV) (937)
Foto: Ariadne y Teseo, un hombre, un héroe divinizado.
 
 
Escribe Antonio Piñero
 
 
Concluimos hoy la breve historia de la divinización de seres humanos en el mundo griego, tema que afecta directísimamente a la intelección del sintagma “hijo de Dios” aplicado a Jesús por los primeros cristianos con un sentido muy diferente al judío.
 
 
Un ejemplo de culto a héroes contemporáneos es el de Teseo (recordemos: hijo de Poseidón, Teseo, fue un rey mítico de Atenas, famoso por haber sido encerrado en el laberinto de Minos, en Creta, pero por haber podido salir gracias a que Ariadna, hija de Minos, que enamorada de él, le dio un ovillo). Cuenta Plutarco (Teseo 35,5-36,3):
 
 
“En tiempos posteriores (época de la guerra contra los medos y persas: ‘las Guerras médicas’) hubo muchas razones que movieron a los atenienses a honrar a Teseo como un héroe, el cual, hasta el momento, era un ‘héroe’ mítico sí, pero sin la categoría de semidiós, como Ulises o Ayante, de la Ilíada). Especialmente importante fue el que  algunos que habían luchado en la batalla de Maratón afirmaran que habían visto a Teseo con armadura completa arremeter contra los persas”.
 
 
Compárese con lo que el pueblo llamaba, políticamente incorrecto, “san Miguel Matamoros” y otras figuras; y la batalla de Clavijo, cerca de Logroño, mítica del todo: Ramiro I, rey de León, se enfrentó a los musulmanes en el 844, y fue ayudado por Miguel, que cabalgaba en un corcel blanco; Miguel es un ángel, no un héroe, con lo que la comparación no es del todo adecuada; pero vale para considerar que la mentalidad es la misma.
 
 
Cuando después de la guerra (476/475 a.C.) los atenienses preguntaran al oráculo de Delfos, la Pitia les respondió que debían recoger los restos de Teseo, muerto y mal enterrado, y volverlos a enterrar de modo más digno. Así lo hicieron y cuando recobraron los huesos de Teseo (no dice cómo) los atenienses los recibieron con procesiones y ofrendas como si el personaje fuera a volver vivo a la ciudad. Entonces lo enterraron en el gimnasio y ese lugar se hizo sagrado y se convirtió en lugar de asilo para esclavos y otros desgraciados perseguidos por los poderosos, puesto que Teseo había sido un hombre que había dado protección y ayuda a los oprimidos y había hecho caso de sus súplicas. La fiesta principal de Teseo se celebra en el día 8 del mes Pyanepsión”.
 
 
Aparte de fundadores de ciudades, aspirantes a semidioses eran también los legisladores, los tiranicidas y colectivamente los caídos en la guerra. Aunque no siempre las fronteras son nítidas, el culto a los héroes conserva rasgos del culto a los difuntos, ya que la “divinización” después de la muerte es bastante más fácil que la de los vivos: la tumba de Teseo fue el lugar principal del culto; el animal sacrificado solía ser de piel negra y se sacrificaba sobre una hendidura, de modo que su sangre fluyera el interior de la tierra como alimento de los difuntos. Los restos no los toman los humanos, sino que los quema el fuego. A pesar de las diferencias entre heroización (post mortem y divinización en vida, es claro que esta acción de heroizar sirve como de otra posibilidad para ensanchar el horizonte de la recepción de ideas de divinización de humanos.
 
 
Quinto y último motivo de la divinización de seres humanos: el culto a los benefactores. Esto se une con lo dicho de la divinización de reyes por especiales beneficencias. Aquí, en las honras a los benefactores, aparecen continuamente vocablos que se utilizan respecto a los dioses: en griego sotér/sotería/euergétes (“salvador; salvación; benefactor”). Un punto de partida para la divinización es la atmósfera de veneración que se desprende de las disquisiciones de Aristóteles respecto a los benefactores. Dice en la Retórica (I 5,9):
 
 
“La mayoría de las veces, y con razón, reciben honras los que han procurado notables beneficios. Esa beneficencia trae o bien la salvación (sotería: lo mismo que trae Jesús), o bien la conservación de seres o haciendas u otros bienes, cuya adquisición no es fácil, ni antes ni ahora. A muchos benefactores por acciones no demasiado grandes se les otorgan honras como ofrendas, recuerdos literarios en prosa y verso, un cargo honorífico, una parcela de tierra, lugares de honor en el teatro, o a modo de los bárbaros la proskínesis  (es decir, adoración puestos de rodillas), o muestras estrepitosas de júbilo (ekstáseis)”
 
 
Y con esto hemos terminado esta breve historia de la divinización de seres humanos. Doy las gracias de nuevo a Hans-Josef Klauck ­­–que es sacerdote católico-- en la obra citada (Potal 935: Die religiöse Umwelt des Urchristentums. Bd. I y II (“El entorno religioso del cristianismo primitivo): Stadt- und Hausreligion, Mysterienkulte, Volksglaube (Studienbücher Theologie IX/1), Stuttgart: Kohlhammer, 1995 /1996), a quien conozco personalmente, por haber hecho esta recopilación de textos del mundo grecorromano, que me ha servido muchísimo.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
www.ciudadanojesus.com
 
 
 
 
 
 


Viernes, 17 de Noviembre 2017


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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