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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Escribe Antonio Piñero

Seguimos con una visión crítica, por ahora general, de los “Evangelios de la Infancia” de Mateo y Lucas

La teología de los dos evangelistas es concordante en cuanto a la concepción extraordinaria de Jesús, que es lo único que importa para ellos, de modo que el héroe de la narración esté a la misma altura que las concepciones con intervención especial divina de personajes muy importantes del pasado, como el héroe luego divinizado Hércules, y entre los mortales más “corrientes”, Platón, Demócrito, Alejandro Magno e incluso Augusto.

En lo demás, desde el punto de vista teológico y narrativo apenas si muestran contactos Mateo y Lucas. Sí concuerdan en el nacimiento en Belén, en los tiempos de Herodes el Grande, y casi poco más. La gran teología veterotestamentaria de Lucas acerca del Mesías contenida en los cantos de Zacarías (el Benedictus) y de María (Magnificat) está ausente en Mateo. La teología lucana es puramente judía, una teología de un mesías que trae la salvación, sí, pero para Israel solo, y que contiene también las ideas usuales de los profetas postexílicos de la dominación universal de este sobre los demás pueblos, teología que, por otra parte no concuerda con las ideas mesiánicas del resto del Evangelio lucano: un mesías sufriente (aunque sin insistir demasiado en la cruz y sí, mucho, en la gloria dela resurrección).

La figura de Juan Bautista y su madre Isabel, presentes en Lucas, es desconocida por Mateo. Nada sabe este de la relación de Juan y la infancia de Jesús a través de María y su parentesco con Isabel; por tanto y su parentesco también con el Bautista. El ambiente terrible de la persecución de Jesús por Herodes, la matanza de los inocentes, la huida a Egipto, la ida a Nazaret según Mateo tras la vuelta del exilio no aparecen en absoluto en Lucas, en donde reina una atmósfera más bien idílica y gozosa con la presentación angélica del Mesías a los pastores, el coro celestial y la visita de adoración al Mesías por parte de los pastores, en la que participa de algún modo todas las gentes de la comarca de Belén. Según Lucas, la familia se había trasladado eventualmente desde Nazaret a Belén a causa del censo de Quirino Según Mateo, por el contrario, la familia residía en Belén desde siempre y solo se aposenta en Nazaret, tras el exilio voluntario en Egipto, huyendo de la crueldad de Arquelao.

Pero lo que me parece más importante desde el punto de vista de la historia –y la historicidad de lo narrado– es que en ambos evangelistas, el personaje de María y el pueblo de Jerusalén desconocen en el resto del evangelio absolutamente todo lo que le ha ocurrido a María: la maravillosa concepción de su hijo; las profecías de Simeón en el tiempo de la circuncisión del niño, el portento de un Jesús ya muy sabio cuando discute con los doctores en el Templo a la edad de doce años, etc. Todo está ausente del resto del Evangelio de Lucas y eso que María guardaba todo en su corazón (Lc 2,19 y 51).

Lo mismo puede decirse en líneas generales de Mateo. María y la familia de Jesús en el cuerpo general del Evangelio desconocen en absoluto toda la historia de la concepción virginal y las maravillas que la rodearon.

La conclusión que se obtiene, casi irremisiblemente, de estos hechos es que los capítulos 1 y 2 de Mateo y de Lucas no pertenecen al original de los evangelios, y que es en extremo dudoso que fueran añadidos posteriormente por los autores mismos de sus respectivas obras al sentir la necesidad de completar la “biografía” marcana de Jesús.

Me parece, y esto es ya hipótesis, que esos capítulos 1-2 fueron añadidos por otra persona con autoridad dentro del grupo que albergó el nacimiento de esos dos evangelios, mucho más tarde. Quizás durante la revisión que se hicieron –me parece que es indudable– de los evangelios en el siglo II antes del momento en el que se decidió su entrada en un canon naciente (no sabemos ni dónde, ni cómo ni cuándo)…, pero no sabemos tampoco quién fue el glosador. Lo capítulos 1-2 de Mateo y Lucas son un cuerpo extraño al resto de los respectivos. Me parece extraño que Marcos, que escribe hacia el 72-75, no experimentara la necesidad de contar la infancia del Salvador, o no supiera nada de ella, y que unos cinco o diez años más tarde, el autor de Mateo sintiera ya que había que añadir esa parte de la infancia del héroe Jesús a la “biografía” compuesta por su antecesor Marcos. Pienso que –viendo lo poco que casan esos añadidos con el resto de sus evangelios respectivos– que esos capítulos son glosa posterior, y obra de otra mano, extraña a los evangelistas. Pero el añadido debió de ser muy temprano, porque lo traen ya todos los manuscritos in duda alguna. Por tanto antes del 150.

Seguiremos el próximo día describiendo las tres hipótesis interpretativas generales de estos capítulos iniciales de los Evangelios de Mateo y Lucas, que dominan la investigación actual.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com


Miércoles, 20 de Julio 2016

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Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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