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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
¿Jesús manso y humilde corazón? Jesús y la violencia
 
La resistencia antirromana y Jesús (XXII)
 
Escribe Antonio Piñero
 
 
Notemos que no estamos hablando ya de una actitud interior de resistencia al Imperio Romano, que podría manifestarse por fuera en una simple apariencia tranquila (al estilo del ghandiano “No colaboración; no violencia), sino si hay en los datos recibidos por la tradición una relación expresa de Jesús y sus discípulos con la violencia.
 
Yo creo que sí la hay. Los indicios son los siguientes:
 
Es cosa sabida que la imagen que se transmite generalmente de Jesús entre los cristianos es la de un personaje dulce, manso y humilde de corazón (Mt 11,29 y Lc 9,55), que aborrece en absoluto cualquier acto de violencia. Esa imagen que se ha extendido por el mundo católico encarnada en la devoción al “Sagrado corazón de Jesús”. Por tanto, otra prueba que ha de pasar el patrón de recurrencia “Jesús como sedicioso desde el punto de vista del Imperio” es si en el conjunto de datos que hemos reunido hay suficientes indicios que relacionen a Jesús y a sus discípulos con la violencia en sí.
 
1. Los discípulos iban armados:
 
 Lc 22,38: “Ellos dijeron: «Señor, aquí hay dos espadas.» El les dijo: «Basta»”
 
Lc 22,49-50: “Viendo los que estaban con él lo que iba a suceder, dijeron: «Señor, ¿herimos a espada?» y uno de ellos hirió al siervo del Sumo Sacerdote y le llevó la oreja derecha”.
 
Mc 14,47: “Uno de los presentes, sacando la espada, hirió al siervo del Sumo Sacerdote, y le llevó la oreja”.
 
Lc 22,36: «Pues ahora, el que tenga bolsa que la tome y lo mismo alforja, y el que no tenga que venda su manto y compre una espada;
 
Lc 22,37 es sugerente: “Os digo que es necesario que se cumpla en mí esto que está escrito: “Ha sido contado entre los impíos / malhechores”.  Porque lo mío toca a su fin”.
 
Ya sabemos que “malhechor” en Lucas recubre el griego lestés, (bandido) que era la palabra despectiva utilizada por los romanos para significar lo que indicaríamos como “facciosos” o “terrorista” (siempre desde el punto de vista del que manda. Véase cómo Lucas sustituye este palabra de Mc 15,27 por el simple “malhechor” (griego kakourgós), lo que significa rebajar o eliminar el tono político sediciosos de la palabra recogida por la tradición de Marcos.
 
2. Jesús mismo aconseja portar espadas:
 
Si Jesús mismo fue el que aconsejó a los discípulos que llevaran espadas (véase el texto citado Lc 22,36), todos estos textos apuntan claramente a una relación de Jesús con la violencia. Naturalmente se puede decir que “todo el mundo llevaba armas en el Israel de ese tiempo cuando iba de camino para defenderse de los malhechores”. Pero esta afirmación tiene una respuesta: No es verdad en un país con “ley y orden” generalmente garantizada por el Imperio. Y una cosa es llevar una daga defensiva…, y otra muy distinta es portar espadas pesadas (máchaira), término empleado por los cuatro evangelistas unánimemente en Mc 14,47; Mt 26,51; Lc 22,49 y Jn 18,10.  Además, de estos cuatro evangelistas hay tres de ellos que identifican al agresor como discípulo de Jesús (es precisamente Mc 14,47, quien escribe “uno de los presentes”).
 
Otro intento de “quitar hierro” a esta invitación de Jesús a comprar espadas es considerarla en sentido figurado o metafórico, o bien negar su autenticidad histórica. Opino que son intentos desesperados de eliminar un testimonio evangélico en nada dudoso (por los criterios de dificultad; múltiple atestiguación y plausibilidad histórica) para defender un Jesús totalmente pacífico, idea que no puede sostenerse dada la convergencia de textos y circunstancias: por ejemplo, explica el carácter fuertemente armado de la partida romano-judía para prender a Jesús. Cortar la oreja al siervo del sumo sacerdote no es un acto sin importancia. Significa que Pedro (según Jn 18,10) hirió a Malco, el siervo del sumo sacerdote, con intención de matarlo.
 
Por lo demás, he señalado muchas veces, y estoy de acuerdo con F. Bermejo también en este punto, que hay otros indicios menores (¿?) de que el clima entre los discípulos de Jesús podía ser muy violento. Primero: indicamos que sin el apoyo de los discípulos (muy probablemente armados, Jesús no pudo expulsar del Templo a los cambistas y vendedores de animales para los sacrificios.
 
3. Jesús dijo “Mt. 10,34 “«No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada.”
 
4. Santiago y Juan, discípulos predilectos de Jesús eran llamados “hijos del trueno” (Mc 3,17) no porque eran mansos y humildes de corazón a imitación del Maestro. Recuérdese que he aducido muchas veces el texto en el que estos hermanos piden a Jesús que caiga fuego del cielo sobra la ciudad de samaritanos que se negó a darles albergue cuando iban de camino a Jerusalén (Lc 9,54)
 
5. F. Bermejo añade otros datos que algunos considerarán también menores pero que ayudan a la formación de la imagen de un Jesús que de vez en cuando parece que está rodeado de cierta violencia. Así,
 
 “Las invectivas virulentas contra algunos oponentes religiosos, el lenguaje duro utilizado en contra de Antipas, la predicación amenazante del juicio escatológico, no pueden conciliarse con una especie de pacifismo absoluto de Jesús. Y esto significa que, a pesar de la afirmación general de que tales textos como Mt 5,38-48 (“Habéis oído que se dijo:  Ojo por ojo y diente por diente…”) y Mt 26,52-53 (“Le dijo entonces Jesús: «Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que empuñen espada, a espada perecerán. ¿O piensas que no puedo yo rogar a mi Padre, que pondría al punto) dibujó a un Jesús más allá de los antagonismos de su época y lo hacen políticamente inofensivo. Esto es totalmente injustificado. El mensaje de Jesús no parece haber sido incompatible en absoluto con la violencia”.
 
Y finalmente Bermejo concluye así esta sección:
 
“A su vez, esto implica que las reconstrucciones actuales de amortiguación / eliminación de las connotaciones violentas de las pruebas son casi generalizadas pero implausibles. El intento de minimizar o suprimir los aspectos violentos de Palabras y los hechos de Jesús con el fin de presentar una imagen pacífica de él sólo es posible… si se ignoran otros pasajes de los Evangelios que contradicen tal ‘espíritu’ de pura bondad. El 'espíritu' de Jesús –si podemos hablar de tal cosa en absoluto– es bastante menos parecido al pacifismo que la mayoría de los estudiosos les gusta pensar. Esto es construir una figura de Jesús artificial que es mucho más agradable al gusto de las gentes. Esta intervención es insostenible en la investigación crítica”.
 
“Es cierto que algunos estudiosos han sido acusados de ir más allá de los testimonios disponibles al considerar a Jesús como el líder guerrero de un ejército. Pero la inmensa mayoría de los estudiosos que defienden a Jesús totalmente pacífico puede –y debe– ser justamente acusado de haber minimizado, e incluso de haber negado los testimonios que apuntan al hecho de que el grupo de apoyo Jesús era –al menos en el último período de su vida– un grupo que portaba armas. Los intentos de disociar a Jesús de los temas embarazosos de armas y violencia muestran claramente un deseo previo de interpetr los textos embarazosos de otra manera”.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
www.ciudadanojesus.com
 
 ¿Jesús manso y humilde corazón? Jesús y la violencia
 
La resistencia antirromana y Jesús (XXII)
 
Escribe Antonio Piñero
 
 
Notemos que no estamos hablando ya de una actitud interior de resistencia al Imperio Romano, que podría manifestarse por fuera en una simple apariencia tranquila (al estilo del ghandiano “No colaboración; no violencia), sino si hay en los datos recibidos por la tradición una relación expresa de Jesús y sus discípulos con la violencia.
 
Yo creo que sí la hay. Los indicios son los siguientes:
 
Es cosa sabida que la imagen que se transmite generalmente de Jesús entre los cristianos es la de un personaje dulce, manso y humilde de corazón (Mt 11,29 y Lc 9,55), que aborrece en absoluto cualquier acto de violencia. Esa imagen que se ha extendido por el mundo católico encarnada en la devoción al “Sagrado corazón de Jesús”. Por tanto, otra prueba que ha de pasar el patrón de recurrencia “Jesús como sedicioso desde el punto de vista del Imperio” es si en el conjunto de datos que hemos reunido hay suficientes indicios que relacionen a Jesús y a sus discípulos con la violencia en sí.
 
1. Los discípulos iban armados:
 
 Lc 22,38: “Ellos dijeron: «Señor, aquí hay dos espadas.» El les dijo: «Basta»”
 
Lc 22,49-50: “Viendo los que estaban con él lo que iba a suceder, dijeron: «Señor, ¿herimos a espada?» y uno de ellos hirió al siervo del Sumo Sacerdote y le llevó la oreja derecha”.
 
Mc 14,47: “Uno de los presentes, sacando la espada, hirió al siervo del Sumo Sacerdote, y le llevó la oreja”.
 
Lc 22,36: «Pues ahora, el que tenga bolsa que la tome y lo mismo alforja, y el que no tenga que venda su manto y compre una espada;
 
Lc 22,37 es sugerente: “Os digo que es necesario que se cumpla en mí esto que está escrito: “Ha sido contado entre los impíos / malhechores”.  Porque lo mío toca a su fin”.
 
Ya sabemos que “malhechor” en Lucas recubre el griego lestés, (bandido) que era la palabra despectiva utilizada por los romanos para significar lo que indicaríamos como “facciosos” o “terrorista” (siempre desde el punto de vista del que manda. Véase cómo Lucas sustituye este palabra de Mc 15,27 por el simple “malhechor” (griego kakourgós), lo que significa rebajar o eliminar el tono político sediciosos de la palabra recogida por la tradición de Marcos.
 
2. Jesús mismo aconseja portar espadas:
 
Si Jesús mismo fue el que aconsejó a los discípulos que llevaran espadas (véase el texto citado Lc 22,36), todos estos textos apuntan claramente a una relación de Jesús con la violencia. Naturalmente se puede decir que “todo el mundo llevaba armas en el Israel de ese tiempo cuando iba de camino para defenderse de los malhechores”. Pero esta afirmación tiene una respuesta: No es verdad en un país con “ley y orden” generalmente garantizada por el Imperio. Y una cosa es llevar una daga defensiva…, y otra muy distinta es portar espadas pesadas (máchaira), término empleado por los cuatro evangelistas unánimemente en Mc 14,47; Mt 26,51; Lc 22,49 y Jn 18,10.  Además, de estos cuatro evangelistas hay tres de ellos que identifican al agresor como discípulo de Jesús (es precisamente Mc 14,47, quien escribe “uno de los presentes”).
 
Otro intento de “quitar hierro” a esta invitación de Jesús a comprar espadas es considerarla en sentido figurado o metafórico, o bien negar su autenticidad histórica. Opino que son intentos desesperados de eliminar un testimonio evangélico en nada dudoso (por los criterios de dificultad; múltiple atestiguación y plausibilidad histórica) para defender un Jesús totalmente pacífico, idea que no puede sostenerse dada la convergencia de textos y circunstancias: por ejemplo, explica el carácter fuertemente armado de la partida romano-judía para prender a Jesús. Cortar la oreja al siervo del sumo sacerdote no es un acto sin importancia. Significa que Pedro (según Jn 18,10) hirió a Malco, el siervo del sumo sacerdote, con intención de matarlo.
 
Por lo demás, he señalado muchas veces, y estoy de acuerdo con F. Bermejo también en este punto, que hay otros indicios menores (¿?) de que el clima entre los discípulos de Jesús podía ser muy violento. Primero: indicamos que sin el apoyo de los discípulos (muy probablemente armados, Jesús no pudo expulsar del Templo a los cambistas y vendedores de animales para los sacrificios.
 
3. Jesús dijo “Mt. 10,34 “«No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada.”
 
4. Santiago y Juan, discípulos predilectos de Jesús eran llamados “hijos del trueno” (Mc 3,17) no porque eran mansos y humildes de corazón a imitación del Maestro. Recuérdese que he aducido muchas veces el texto en el que estos hermanos piden a Jesús que caiga fuego del cielo sobra la ciudad de samaritanos que se negó a darles albergue cuando iban de camino a Jerusalén (Lc 9,54)
 
5. F. Bermejo añade otros datos que algunos considerarán también menores pero que ayudan a la formación de la imagen de un Jesús que de vez en cuando parece que está rodeado de cierta violencia. Así,
 
 “Las invectivas virulentas contra algunos oponentes religiosos, el lenguaje duro utilizado en contra de Antipas, la predicación amenazante del juicio escatológico, no pueden conciliarse con una especie de pacifismo absoluto de Jesús. Y esto significa que, a pesar de la afirmación general de que tales textos como Mt 5,38-48 (“Habéis oído que se dijo:  Ojo por ojo y diente por diente…”) y Mt 26,52-53 (“Le dijo entonces Jesús: «Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que empuñen espada, a espada perecerán. ¿O piensas que no puedo yo rogar a mi Padre, que pondría al punto) dibujó a un Jesús más allá de los antagonismos de su época y lo hacen políticamente inofensivo. Esto es totalmente injustificado. El mensaje de Jesús no parece haber sido incompatible en absoluto con la violencia”.
 
Y finalmente Bermejo concluye así esta sección:
 
“A su vez, esto implica que las reconstrucciones actuales de amortiguación / eliminación de las connotaciones violentas de las pruebas son casi generalizadas pero implausibles. El intento de minimizar o suprimir los aspectos violentos de Palabras y los hechos de Jesús con el fin de presentar una imagen pacífica de él sólo es posible… si se ignoran otros pasajes de los Evangelios que contradicen tal ‘espíritu’ de pura bondad. El 'espíritu' de Jesús –si podemos hablar de tal cosa en absoluto– es bastante menos parecido al pacifismo que la mayoría de los estudiosos les gusta pensar. Esto es construir una figura de Jesús artificial que es mucho más agradable al gusto de las gentes. Esta intervención es insostenible en la investigación crítica”.
 
“Es cierto que algunos estudiosos han sido acusados de ir más allá de los testimonios disponibles al considerar a Jesús como el líder guerrero de un ejército. Pero la inmensa mayoría de los estudiosos que defienden a Jesús totalmente pacífico puede –y debe– ser justamente acusado de haber minimizado, e incluso de haber negado los testimonios que apuntan al hecho de que el grupo de apoyo Jesús era –al menos en el último período de su vida– un grupo que portaba armas. Los intentos de disociar a Jesús de los temas embarazosos de armas y violencia muestran claramente un deseo previo de interpetr los textos embarazosos de otra manera”.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
www.ciudadanojesus.com
 
 

Domingo, 29 de Enero 2017


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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