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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Hoy escribe Fernando Bermejo

Tras mi última postal, en la que mostraba que una de las objeciones a la reconstrucción de un Jesús que contempla su implicación antirromana –la objeción según la cual en ese caso es el prefecto romano quien habría arrestado a Jesús– está mal planteada porque no se debería presuponer alegremente que Pilato no arrestó a Jesús aunque los evangelios digan lo contrario, un amable lector me llamaba a capítulo afirmando que cómo es posible poner en cuestión los relatos evangélicos cuando ni más ni menos que el propio Flavio Josefo corrobora su credibilidad. En efecto, basta abrir una edición de las Antigüedades Judías por el Testimonium Flavianum (libro XVIII 63-64) para leer la frase: “Pilato lo condenó a morir en la cruz por instigación de las autoridades de nuestro pueblo”. Pues está claro, ¿no? Iosepho locuto, causa finita.

Vuelta a empezar, pues. En efecto, si hace algunas semanas un amable lector planteaba mal su pregunta, ahora otro amable lector vuelve a la carga con una objeción que, lamentablemente, está mal planteada. Mal planteada porque presupone 1) que Josefo escribió esa frase, y 2) que esa frase es un testimonio independiente. A continuación veremos que esto es mucho presuponer.

Antes de continuar, tengo que decir, ante todo, que no me extraña que nuestro amable lector presuponga todo eso, por la sencilla razón de que esto es lo que presuponen legiones de exegetas y teólogos, y lo que todavía hoy repiten muchos sedicentes historiadores. Si lo hacen los historiadores, ¿cómo no lo harán también los legos? Bienaventurados los que están seguros en asuntos dudosos, porque de ellos es el reino de los cielos.

Resulta, no obstante, que tenemos un doble problema con el texto de Josefo. El primero es que casi todos estamos de acuerdo en que el texto ha sido interpolado por manos cristianas (por una serie de razones que a estas alturas deberían estar claras, aunque si alguno quiere poner esto en cuestión, adelante y que nos ilustre). Ahora bien, si varias frases del Testimonium Flavianum (“Este era el Cristo”, y otras por el estilo) parecen provenir a todas luces de escribas cristianos, entonces se abre la posibilidad de que también la frase citada sea cosa de algún piadoso copista.

Y ahora quizás algún sabio lector me dirá: “¡Ah, Fernando, pero está usted haciendo trampa, porque cuando John P. Meier, Gerd Theissen y otros muchos estudiosos ilustres reconstruyen el texto original de Josefo, incluyen esa frase en el texto original!”

Y yo le responderé: “A mí, querido amigo, lo que digan Meier y Theissen y todas las legiones de sedicentes especialistas que se limitan a repetir al dedillo lo que dicen los otros me es del todo indiferente, porque como he demostrado detalladamente en un artículo ya publicado, los análisis de Meier y sus adláteres no son fiables” (el artículo puede leerse gratis en mi página de academia.edu).

Y entonces el amable lector probablemente me dirá: “Ah, Fernando, tiene Vd. un parti pris y se le ve el plumero, porque usted presupone que esa frase no la escribió Josefo, y así cualquiera”.

Y yo le responderé: “Pues no, querido amigo, yo no presupongo nada, porque, a diferencia de Vd. y de los Meier y Theissen, yo reconozco abiertamente que no tengo ni la más remota idea de si Josefo escribió o no la frase. Y de hecho, en otro artículo, este en inglés, sobre el Testimonium Flavianum (también este puede leerse gratis en la citada página) digo que dejo abierta esta cuestión”.

(Entre paréntesis: dos estudiosos tan diferentes entre sí como el piadoso André-Marie Dubarle y el escéptico Ken Olson afirmaron que esa frase “por instigación de las autoridades de nuestro pueblo” no la pudo escribir Josefo. Pero esto, por supuesto, no es un argumento, solo una aclaración).

Ahora bien, la cuestión no es solo que yo no tenga la más remota idea de si Josefo escribió o no la frase de marras. La cuestión es que, a diferencia de lo que parece, nadie tiene la más remota idea. Ya sé que John P. Meier puede decir misa –y de hecho la dice, porque es un sacerdote católico–, y que Gerd Theissen puede alzar la voz ante su comunidad evangélica, pero aunque ellos –y cientos que repiten lo que estos dicen– digan que esa frase la escribió Josefo, esto no hay manera de demostrarlo. Ellos la dejan en su reconstrucción del texto porque les viene bien, y les viene bien porque refrenda la versión de los evangelios que para ellos son Palabra de Dios. Pero no tienen ni un solo argumento convincente que lo demuestre. Ni uno solo, que yo sepa (si hay alguno, por favor infórmenme).

Lo repetiré una vez más, porque aunque muchos de nuestros lectores son muy inteligentes, otros tienen oídos para no oír: yo no digo que Josefo no escribió esa frase. Lo que digo es que no tenemos manera de saber si lo hizo o no. Y podría añadirse que, dado que el texto fue con práctica seguridad manipulado por cristianos y que la frase casa esencialmente tan bien con la versión evangélica, hay ciertos motivos para sospechar que quizás no la escribió. Ahora bien, si no estamos seguros –y no lo estamos– de que la escribió, no es legítimo construir un argumento sobre el supuesto de que Josefo
la escribió (que es lo que hace nuestro amable lector).

Pero hay algo más. No solo el Testimonium Flavianum fue retocado a todas luces por piadosos escribas –por lo que cabe la posibilidad de que la frase citada sea una creación cristiana–, sino que su texto original fue, como el resto de las Antiquitates Judaicae de Josefo, escrito a finales del s. I en Roma. Y esto significa que podría estar reflejando ideas cristianas, que a su vez reflejaran la versión evangélica de los hechos. Así lo han afirmado sensatamente algunos autores, como v. gr. E. Eve, “Meier, Miracle and Multiple Attestation”, Journal for the Study of the Historical Jesus 3 (2005) 23-45: 42. En otras palabras: incluso si Josefo hubiera escrito la frase él mismo, esta podría no constituir un testimonio independiente.

Espero que esto muestre por qué, en este caso, la objeción “Pero es que Josefo dice que…” está, de nuevo, mal planteada.

Saludos cordiales de Fernando Bermejo

P.D. 1: Últimamente varios amables lectores están acribillándome gentilmente con preguntas. Las iré respondiendo paulatinamente.

P.D. 2: En el indecente mundo en que vivimos, se celebra hoy el Día de los Derechos Humanos. Una de las campañas de Amnistía Internacional es la siguiente, por si a alguien le interesa: camphttps://web.es.amnesty.org/cambiaunavida/?pk_campaign=mailint&pk_kwd=20141127_General10D

Miércoles, 10 de Diciembre 2014


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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