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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
La cuestión del valor de los criterios de autenticidad para descubrir al Jesús histórico. “Los patrones de recurrencia” (II)
 
Escribe Antonio Piñero
 
Hoy voy a retomar el hilo de una cuestión, la valoración de los criterios de autenticidad para la reconstrucción de Jesús histórico, que quedó cortada cuando finalmente me decidí a comentar el libro-homenaje “In Mari Via Tua” de la Universidad de Córdoba, y su consecuencia que fueron los artículos de la Dra. Carmen Padilla acerca de mis publicaciones de los últimos diez años. Esa incursión ha acabado ya, y vuelvo a la cuestión  que nos estaba ocupando anteriormente: los criterios de autenticidad, su puesta en duda en cuanto a su efectividad por muchos estudiosos, y el nuevo sistema que podía ser su sustituto, o al menos su complemento, que es la utilización de los “patrones de recurrencia”.
 
A este propósito publiqué el viernes 9 de diciembre de este año, 2016, en este Blog,  una postal que llevaba el título «Los límites de los criterios de autenticidad y los “patrones de recurrencia”»  (I). Hoy sigo, pues, con el tema. Recuerdo que estoy comentando un artículo del Prof. Fernando Bermejo –con el título “La figura histórica de Jesús y los patrones de recurrencia por qué los límites de los criterios de autenticidad no abocan al escepticismo”– que nuestro colega y amigo publicó en la revista “Estudios Bíblicos” 70,3 (2012) 371-401. Sus conclusiones son muy interesantes y merecen consideración
 
Comenta el Prof. Bermejo que  el uso de los “criterios de autenticidad” no sirven a menudo para construir una imagen del Jesús histórico partiendo desde cero, es decir, como si el investigador –cuando empieza a estudiar a Jesús– hubiera borrado de su mente todas las ideas que tenía sobre este personaje y comenzara a formar una imagen histórica de Jesús a base de ir estudiando una por una las perícopas evangélicas pertinentes, analizándolas por medio de los “criterios de autenticidad”. Pero resulta –afirma– que nunca es así: el investigador/estudioso no puede hacer una tabla rasa de las ideas que tenía previamente sobre Jesús, sino que busca confirmarlas, o moldearlas, a veces cambiarlas, volviendo a ver con ojos de crítico las perícopas pertinentes. Pero previamente tiene una idea de cómo era Jesús. Por tanto: los criterios de autenticidad valen para ver con ojos críticos las nociones previas que tenemos sobre Jesús, pero no para encontrar ideas o imágenes nuevas…, realmente nuevas. Por consiguiente: esos criterios no sirven como herramientas “heurísticas” (vocablo derivado del verbo griego heurísko, “inventar”, de donde viene la exclamación Eureka) para descubrir cosas nuevas, sino para confirmar o desechar las ya existentes.
 
Bermejo se une entusiásticamente a la propuesta de Dale C. Allison, investigador norteamericano, actualmente catedrático de Nuevo Testamento y cristiano primitivo en la Universidad de Princeton, que fue el gran impulsor a nivel internacional de los “patrones de recurrencia”. Bermejo sustenta el uso de esta herramienta afirmando que ciertamente la utilización sola de los “criterios” no es suficiente. Escribe: “Es de temer que (el uso de) los criterios (de autenticidad) no sea tanto una garantía de objetividad cuanto un medio de prestar apariencias de objetividad, y un medio de canalizar la subjetividad de cada estudioso. Lo cierto es que las numerosas inconsistencias en el uso de los criterios parece buena prueba de ello”.
 
El siguiente paso para confirmar esta idea (el primer paso era el de la “subjetividad en el uso de los criterios”; el segundo, una variante: “no valen como herramienta “heurística”) es la afirmación. “No siempre se puede llegar a una conclusión segura –entre los dichos y hechos de Jesús– acerca de su autenticidad. En muchos momentos la duda persiste sin poderse resolver”.
 
Pero el Prof. Bermejo pone un caveat antes de fundamentar la existencia de dudas razonables sobre la autenticidad del material acerca de Jesús: lo anteriormente argumentado no significa que siempre estemos en duda acerca de la historicidad de todos los dichos y hechos de Jesús (es decir, no cabe el escepticismo absoluto), y pone los siguientes ejemplos:
 
1. Los pronunciamientos muy favorables de Jesús sobre Juan Bautista muestran grandes posibilidades de remontarse al Jesús histórico, pues “contradicen de modo flagrante la tendencia de la comunidad cristiana a subordinar a Juan y minimizar su importancia con respecto a Jesús”.
 
2. La crucifixión de Jesús es un hecho histórico, pues contradice paladinamente lo que los discípulos podrían pensar acerca del final de su amado maestro.
 
Y a la inversa: hay material que con toda seguridad no se remonta a Jesús. Así:
 
1. El diálogo de Jesús y Juan en Mt 3,14-15, cuando el Bautista se niega al principio a bautizarlo:
 
 
“Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?». Jesús le respondió: «Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia.» Entonces le dejó”.
 
 
Es evidente
a) que las palabras de Juan Bautista son redaccionales, es decir, provienen de la pluma de Mateo y contienen vocablos y pensamientos mateanos;
b) el contenido no es plausible dada la situación de Juan Bautista, el desconocimiento que este tiene de quién es Jesús (confirmado por Mt 11,3 «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?»);
c) la tendencia apologética: el deseo claro –debido a la teología cristiana primitiva– de presentar a Jesús aun nivel más elevado que el de Juan: Jesús es el mesías y Juan Bautista, el precursor.
 
2. El pasaje de Mt 28,16-20:
 
Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. 17 Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. 18 Jesús se acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. 19 Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20 y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».
 
Parece muy claro que estamos ante un caso de teología cristiana postpascual. La tradición de todo lo que conocemos de Jesús (su innegable nacionalismo y su rechazo a proclamar el evangelio  a los gentiles: solo ha venido a predicar a las ovejas de Israel: Mt 15,24) hace imposible esta escena. Y no digamos  la rotunda teología cristiana postpascual que supone la sentencia “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra”. Parece, pues, imposible que estas palabras provengan del Jesús histórico.
 
3. Otros pasajes que presuponen el cerco y la destrucción de Jerusalén en la Guerra Judía del 66-70 d. C. pertenecen sin duda alguna a una fecha posterior a la muerte de Jesús. Por ejemplo, Lc 21,20: “Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que se acerca su desolación”, o bien la parábola de los viñadores homicidas de Mc 121-11 tal como se ha transmitido,
 
Continuaremos con un solo caso de una perícopa, cuya autenticidad es discutidísima y seguiremos profundizando en el tema de los “patrones de recurrencia”.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com  

Martes, 27 de Diciembre 2016


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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