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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
La iglesia de finales del siglo I y el primado de Pedro (23-10-2018) (y II) (1023)
Escribe Eduardo Prado, desde México (y Antonio Piñero)
  
 
Termino hoy esta contribución de nuestro amigo mexicano, que he reordenado:
 
 
 
IV. Algunos ejemplos más: Barbara E. Bowe, A Church in Crisis, (Minneapolois: Fortress Press, 1988):
 
 
“Sin embargo, no hay indicación a partir del texto de 1 Clemente, de que tenía lugar en Roma un episcopado monárquico, o de que Clemente fuese el obispo. Por el contrario, el hecho de que la carta de Ignacio a los Romanos (la única entre todas sus cartas) no mencione a un obispo, junto con el hecho de que Hermas (Vis. 2.4.2) hable de ancianos (episkopoi) que están a cargo (proisthmi) de la iglesia de Roma, es un fuerte indicador de que la estructura monárquica era desconocida en Roma antes de mediados del siglo segundo. Como voy a argumentar en este estudio, por lo tanto, 1 Clemente es una carta escrita de iglesia a iglesia y no lleva consigo ninguna demanda [claim] especial de superioridad eclesiástica” (p. 2)
 
 
V. Raymond E. Brown, Antioch & Rome, (London: Geoffrey Chapman, 1983); Francis A. Sullivan, From Apostles to Bishops (New York: The Newman Press, 2001).
 
 
“Una generación anterior de eruditos católico romanos suponían que la práctica del obispo único ya existía en Roma en los años 90 [del primer siglo d.C.] o antes; y ellos opinaban que, como cuarto papa (tercero desde Pedro), Clemente ejercía la primacía del obispo de Roma al dar instrucciones a la iglesia de Corinto. El hecho de que Clemente no use su propio nombre o que hable de manera personal debió haber puesto en duda esa teoría desde el principio, de no haber habido ninguna otra evidencia en contra de ésta. Como lo afirmó el libro ecuménico Pedro en el Nuevo Testamento (elaborado por católicos y protestantes conjuntamente), la conexión entre la función Petrina en el siglo primero y una primacía romana totalmente desarrollada, requirió varios siglos de desarrollo” (pp. 162-163)
 
 
Otra cita del mismo libro:
 
 
“¿Significa esto [el hecho de que haya otros testimonios tempranos de que la Iglesia de Roma escribía cartas a otras iglesias] una primacía de la iglesia romana aun si ésta no estaba conferida [invested] en un solo obispo? Cualquier comunidad cristiana (especialmente una comunidad preeminente con una herencia apostólica) pudo haber tenido el derecho en Cristo de corregir a otra comunidad, pero de hecho Roma parece haber ejercido este derecho con mayor frecuencia que cualquier otra iglesia del periodo y parece que sentía que tal ejercicio era algo esperado. Esto ha llevado a algunos a hablar de una primacía de facto, no de iure; pero ni “de facto” ni “primacía” puede ser la palabra que haga justicia a esta situación” (p. 165).
 
 
 
Hay otros autores que abundan en esta misma opinión. Los siguientes:
 
 
 
VI.  Horacio Lona (Introducción a la historia de la literatura cristiana en los tres primeros siglos (Buenos Aires: Claretiana, 2012) y, claro está, su comentario en alemán a 1 Clemente:
 
 
Cualquier intento de hacer de Clemente un obispo, fracasa frente al hecho de que en el siglo primero no hay en Roma ningún tipo de obispado monárquico. Clemente no pudo haber ocupado un cargo que aún no existía. La denominación del remitente de la carta […] es significativa: la que escribe es la comunidad romana. La autoridad que se adjudica al intervenir en un problema de otra comunidad, no se deriva del autor de la carta, sino del hecho de que la comunidad está en Roma, la capital del imperio. (pp. 14-15) […] En orden a evitar proyecciones en el pasado de concepciones eclesiológicas posteriores, conviene considera la intervención de la comunidad de Roma en el conflicto de Corinto no como expresión de un primado jurídico-disciplinar, sino de la corresponsabilidad fraterna que supera los límites de la iglesia local” (p. 17).
 
 
VII. Enrico Norelli, Historia de la literatura cristiana antigua griega y latina Vol I, (Madrid: BAC, 2016):
 
 
“La carta no prueba todavía que Roma se atribuya la autoridad de inmiscuirse en los asuntos de otras iglesias, más bien al contrario el lenguaje y la amplitud de los temas tratados demuestran precisamente que Roma no podía reclamar ningún derecho; pero el texto es sin duda alguna un documento de la voluntad de la comunidad romana de intervenir en las otras iglesias para conservar en ellas condiciones correspondientes a sus propios intereses” (p. 120).
 
 
 
VIII. Francis A. Sullivan, From Apostles to Bishops The Development of the Episcopacy in the Early Church (New York: The Newman Press, 2001):
 
 
“La iglesia de Roma escribió esta carta [1 Clemente] para exhortar a los corintios a que terminaran con los conflictos y restauraran la armonía que habían perdido. En el pasado, los escritores católicos interpretaron esta intervención como un ejercicio temprano de la primacía de Roma, pero ahora por lo general se reconoce como la clase de exhortación que una iglesia le dirigiría a otra [iglesia] sin ninguna pretensión de [tener] autoridad sobre ésta” (p. 91).
 
 
“Por lo que se refiere al autor de la carta, como se ha dicho, Clemente no es mencionado en ella; aparee como obra de la comunidad romana (¿de parte de las comunidades cristianas de Roma?), aun cuando el estilo y la unidad de pensamiento presuponen la personalidad de un autor, que podría haber sido un Clemente, miembro de la prestigiosa iglesia: en todo caso no “papa”, ya que en Roma en este período, no hay episcopado monárquico, sino dirección colegial de presbíteros/obispos (las listas de sucesión episcopal conocidas por Hegesipo e Ireneo son una creación del siglo II)” (p. 121).
 
 
Pero otros estudiosos son ambiguos y no entran al problema de fondo como el Cardenal John W. O’Malley (Historia de los papas Desde Pedro hasta hoy[Santander: Sal Terrae, 2011]).
 
 
 
Johannes Quasten en su Patrología vol 1, es un caso bastante excepcional. Pero otros, la aplastante mayoría, diría yo, son claros en que 1 Clemente no puede fundamentar la tradicional interpretación de que Clemente estaba interviniendo como un Papa en los asuntos de Corinto, pues para empezar ni siquiera era un obispo monárquico.
 
 
 
En otras palabras, ya no se interpreta “en general” que 1 Clemente muestre que la Iglesia de Roma “tenía ya el primado”. Sólo un cierto perfil de teólogos católicos contemporáneos siguen afirmando tal cosa y son minoría, académicamente hablando. Curiosamente son personas relacionadas con agrupaciones como el Opus Dei, por poner un ejemplo, José Orlandis (El Pontificado Romano en la Historia, [Madrid: Palabra, 2003]).
 
 
 
Espero que estas citas ilustren algunas de las razones, hay más, por las que ya no se puede sostener la vieja interpretación de 1 Clemente».
 
 
Saludos cordiales de Enrique Prado desde México (y de Antonio Piñero).
 
 
 
 

Martes, 23 de Octubre 2018


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





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