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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Escribe Antonio Piñero


Pregunta:

Hoy vuelve a la palestra la traducción de Evangelio de Juan 1,1, que normalmente se traduce como


“Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios”.


Un atento lector pone en cuestión esta versión y ofrece una lista de autoridades académicas que apoyan otra traducción alternativa. Como la liste es larga, pero muy interesante, dividiré este tema en dos mitades, que publicaré en dos días consecutivos, hoy la pregunta-comentario del lector; mañana, mi respuesta.


Me atrevo a enviarle este correo con la intención de llamar su atención a cierta información académica en relación a la traducción de Juan 1:1. Creo que puede ser útil para la traducción que está preparando del Nuevo Testamento de la “Biblia de San Millán”. Creo que puede ser útil para este trabajo


La obra de Daniel B. Wallace y Daniel S. Steffen titulada Gramática griega: sintaxis del Nuevo Testamento. Segunda edición con apéndice (Editorial Vida, Miami, 2015), concretamente su capítulo tercero, bajo el subtítulo "IV. La regla de Colwell" indica lo siguiente sobre el predicado nominal theos en Juan 1:1c :



La obra El griego del Nuevo Testamento, por Max Zerwick (Editorial Verbo Divino, Estella, 2006), en su pág. 83 explica lo siguiente (cursivas de la obra):


Porque el predicado suele ser el género al que el sujeto pertenece, la naturaleza o cualidad que se predica del sujeto; v. g. καὶ θεὸς ἦν ὁ λόγος (Jn 1,1), donde se atribuye al Verbo la naturaleza divina


Este mismo autor ha producido otro libro, junto a Mary Grosvenor, titulado Análisis Gramatical del Griego del NuevoTestamento (Editorial Verbo Divino, Estella, 2008). En su pág. 339 ofrece la siguiente traducción y nota a la última frase de Juan 1:1:


«La Palabra era divina», predicado. sin art., insiste sobre la naturaleza de la Palabra.


La obra Comentario al evangelio de Juan, por el sacerdote católico, misionero y profesor de Nuevo Testamento Sjef van Tilborg (Editorial Verbo Divino, Estella, 2005), ofrece la siguiente traducción a Juan 1:1, 2 :


1. En el principio era la palabra
y la palabra estaba junto a Dios,
y un Dios era la palabra.

2. Estaba en el principio junto a Dios.

Y en sus páginas 17 y 18, hace el siguiente comentario a Juan 1:1:

Aún persiste un problema con la traducción de la frase final: ¿hay que traducir «y un Dios era la palabra» o «y Dios era la palabra»? Esta última traducción es la aceptada generalmente. La gran ventaja que posee es que encaja muy bien dentro del pensamiento monoteísta: hay, pues, un solo Dios. La frase sería una suerte de preparación a la Teología trinitaria posterior: un Dios en tres personas.


Pero hay dos objeciones a esta interpretación:

1. En el cambio súbito de las expresiones se produce una gran contradicción lógica entre 1a-b y 1c. En 1a-b, «en el origen era la palabra y la palabra estaba junto a Dios», la palabra se subordina a Dios. Si 1c dijese «y Dios era la palabra», entonces habría desaparecido la subordinación y se estaría hablando de una (total) equiparación. Respecto de 1a-c como un todo, habría pues que decir: la relación entre la palabra de Dios y Dios es de subordinación (1a-b) y de igualdad (1c); una contradicción lógica, que luego se modifica nuevamente en 1,2 «estaba en el origen junto a Dios».

El texto de Juan, ya en sus primeras líneas, poseería un carácter paradójico.

2. La segunda objeción es, en suma, más sutil. En los versículos 1,1-2 se emplea, en griego, junto al término Dios, dos veces el artículo, a saber, en las frases: «y la palabra estaba junto a (el) Dios» y: «ésta estaba en el origen junto a (el) Dios».


En el libro El evangelio de Juan: análisis lingüístico y comentario exegético, por Juan Mateos y Juan Barreto (Ediciones Cristiandad, Madrid, 1992, págs. 41, 42) se ofrece la siguiente nota lingüística a la última frase de Juan 1:1 (corchete de la obra):


[un] Dios, gr. theos, sin artíc., a diferencia de 1,1b.2: ton theon, articulado. No siempre existe en el texto esta o semejante oposición. Precedido de preposición, theos omite a menudo el artículo (1,6.13). También en frases como «hijo de Dios» (1,12), que señalan la cualidad participada que se recibe y se adquiere (cf. 11,52: los hijos de Dios, con artículo)


Estos mismos autores, en otro trabajo titulado Juan. Texto y Comentario (Ediciones El Almendro, Córdoba, 2002) explican lo siguiente sobre Juan 1:1, 2 (cursivas de la obra):


De los tres casos en que aparece en estos vv. el término "Dios", la primera y la tercera lleva artículo determinado (el Dios); la segunda, no lo lleva (un Dios, un ser divino)


El Doctor Senén Vidal, en su obra Los escritos originales de la comunidad del discípulo “amigo” de Jesús (Editorial Sígueme, Salamanca, 1997) vertió así Juan 1:1:


En el principio ya existía la Palabra, la Palabra estaba con Dios, la Palabra era divina


E incluyó al pie la siguiente nota (corchetes de la obra):


«Divina»: theos (sin artículo) es predicado; no se identifica al logos con ho theos («Dios»), sino que se afirma su «divinidad» (así también, p. e., en Filón, que llama al logos theos [‘divino’], pero no ho theos [‘Dios’])


Es muy interesante mencionar aquí otra obra de Senén Vidal. Se trata de Las cartas originales de Pablo (Editorial Trotta, Madrid, 1996, pág. 301). En esta obra Vidal tradujo así Filipenses 2:6:


“Él, teniendo un modo de existencia divino, no quiso aprovecharse de esa su condición divina”



E incluyó la siguiente nota a pie de página (cursivas del autor, las negritas son mías):


“Teniendo un modo de existencia divino”: ʻexistiendo (hyparchon) en el modo de existencia (en morphe) de un dios (theou sin artículo: divino)ʼ


Por último, mencionaré al conocido teólogo católico Dr. Francis J. Moloney quien en su obra El evangelio de Juan (Editorial Verbo Divino, Estella, 2005), vierte así la última frase de Juan 1:1:


“Lo que Dios era también lo era la Palabra”.



Y hace estos comentarios:


Este versículo concluye con una descripción de las consecuencias de la intensa intimidad entre La Palabra y Dios. Aunque tradicionalmente se ha traducido como «y la Palabra era Dios», hay un peligro de que el lector contemporáneo pliegue en una sola entidad la Palabra y Dios: ambos son Dios. El autor se ha tomado la gran molestia de indicar que debe evitarse una identificación entre la Palabra y Dios. La frase griega (kai teso [sic] ēn ho logos) coloca el complemento (theos: Dios) antes del verbo «ser» sin ponerle un artículo. Es extremadamente difícil captar este matiz en español, pero el autor evita decir que la Palabra y Dios eran una y la misma cosa. La traducción «lo que Dios era también lo era la Palabra» indica que la Palabra y Dios mantienen su singularidad, no obstante la unidad que fluye de su intimidad. […]


Lo que Dios era también lo era la Palabra. Desde el punto de vista sintáctico, la frase kai theos ēn ho logos, al colocar el complemento sin artículo antes del verbo «ser» y seguir con el sujeto con artículo, mantiene la distinción entre ho logos y ho theos en el v 1b, pero indica que su intimidad hace a uno lo que es el otro. Como Dios es divino también la Palabra es divina, pero la Palabra no se identifica con Dios.


Podría seguir incluyendo obras académicas que indican que la traducción tradicional de Juan 1:1 (La Palabra era Dios) no es la que trasvasa con exactitud al español lo que el autor del evangelio de Juan quería enseñar en ese pasaje. Si se ha conservado esta traducción, obviamente es por tradición religiosa. Pero deseo robarle más tiempo. Si le interesasen esas otras referencias, con gusto se las haré llegar si me las solicita.

Muchas gracias por su apertura a sus lectores y su amable interés.

Hoy hay ya materia de reflexión. Mañana publico mi respuesta, como indiqué al principio.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com


Jueves, 30 de Junio 2016

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Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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