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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Hoy escribe Gonzalo Del Cerro

HOMILÍAS IV-VI

Debate entre Clemente y su amigo pagano Apión

Recordamos que nos encontramos dentro del conjunto de tres Homilías exclusivas de la obra griega, consideradas por los especialistas como una parte especialmente cuidada desde el punto de vista literario y dialéctico. El debate habitual en estas Homilías entre Pedro y Simón cede su espacio a un debate nuevo, en el que los contendientes son Clemente, el autor presunto de toda la obra, y un pagano, de nombre Apión, antiguo amigo de Clemente,. Es un personaje conocido por la historia y calificado en el texto como “gramático de profesión”.

Con él vienen hasta treinta colegas, entre los que destacan el “astrólogo Anubión el diospolitano y Atenodoro de Atenas, aficionado a la doctrina de Epicuro” (Hom IV 6,2). Con ellos tendrá que competir Clemente, presentado así, como vimos, por su amigo y contrincante Apión. Hablaba Apión de él como de un noble romano de la familia del César Tiberio. Su categoría social da ya a entender que se trata de un personaje ilustre, del que afirma de forma contundente que era “experto en todos los aspectos de la educación griega”. Entre otros, en el aspecto que va a ser el eje del debate.

Monoteísmo o politeísmo

Las posturas intelectuales de ambos contendientes son diametralmente opuestas. Clemente, convertido a la fe cristiana y colaborador de Pedro, cree en la existencia de un solo Dios, todopoderoso y Creador de los cielos, de la tierra y de todo lo que contienen. Apión, como pagano, lleva en su sangre la cultura griega, en la que el panteón está formado por multitud de dioses. Esa cultura es milenaria y forma parte de la esencia del paganismo. Se enfrentan, pues, dos esencias doctrinales sobre la divinidad, el monoteísmo de Clemente y el politeísmo de Apión.

Funesta ejemplaridad de los supuestos dioses

Es el primer punto de disensión y debate. Pero de esa visión se derivan serias divergencias y consecuencias en la forma moral de vivir en sociedad. La escasa ejemplaridad de los dioses griegos, reflejada en su literatura y defendida y alabada por poetas, literatos y hasta filósofos, representa una barrera infranqueable para las mentalidades cristianas. Clemente acusa a su amigo de falsedad en la doctrina sobre unos supuestos dioses, venerados más bien como excusa para justificar conductas reprobables.

Influjo de la costumbre en las creencias

Los dos amigos discuten sobre la eventual ignorancia que hunde a los paganos en la mentira. Porque una cosa es la realidad y otra la costumbre. Los griegos están mentalizados en el politeísmo, que es ya una especie de segunda naturaleza. Una forma de ser es difícil de cambiar, sobre todo, si tiene a personajes ilustres como defensores y hasta como maestros. La realidad podría cambiarse sin problema, pero la costumbre es tan difícil de cambiar como lo es la naturaleza. El dios de Delfos proclamó a Sócrates como el hombre más sabio, cuando su conducta dejaba mucho que desear. Clemente se refiere a Sócrates como al “maestro de Grecia”, cuando su conducta teórica y práctica era claramente mejorable (cf. Hom IV 18,1).

Los adulterios de Zeus

Clemente refiere una serie de ejemplos de adulterios de Zeus con toda clase de mujeres de todos los estados y hasta con hombres. Presenta esa conducta del “padre de los dioses y de los hombres” como aun auténtico elogio del adulterio, que el autor de las Pseudo Clementinas compara con el homicidio (Hom IV 10). También hacen los filósofos el elogio práctico de la lascivia (cf. Hom IV 18).

Muchos griegos, dice Clemente, “han introducido muchos dioses, y por cierto malos y sometidos a toda clase de pasiones. Y ello con la intención de que el que quiera practicar cosas similares ni siquiera sienta vergüenza, pues tiene como modelo de los dioses míticos sus vidas malvadas y deshonestas” (Hom V 12,2). Pero “no es fácil desprenderse de los hábitos patrios, aunque se demuestre que son necios y ridículos”. Eso es lo que son los mitos de los griegos. Cuando Clemente habla de la vida de su padre, afirma que no se trataba de mala vida sino de mala opinión. La razón es que “creía en los mitos falsos de los griegos” (Hom V 8,6).

La Providencia o el nacimiento

Desde su punto de vista, Clemente considera un error más el hecho de que otros filósofos griegos “introdujeron el destino, llamado “génesis”, al margen del cual nadie puede ni sufrir ni hacer cosa alguna. “Génesis” significa etimológicamente “nacimiento” y hace referencia a la situación del cielo o a la constelación en que nacen los hombres, y que marcaría en cierto sentido su destino. Su investigación no es otra cosa que el horóscopo. Era una postura opuesta radicalmente a las tesis cristianas, que defienden el influjo de la Providencia divina en la marcha y en la organización del mundo. El nacimiento como marca del destino es en la realidad la negación del libre albedrío tan importante en la doctrina cristiana.

Saludos cordiales. Gonzalo Del Cerro







Domingo, 27 de Abril 2014


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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