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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Literatura Pseudo Clementina. Las Homilías griegas.
Hoy escribe Gonzalo Del Cerro

Homilía VII

Vuelve el debate que enfrenta a Pedro y a Simón

Pedro vuelve a su enfrentamiento con Simón Mago. El debate de Clemente con su amigo pagano Apión había interrumpido el debate nuclear de toda la obra, que es el de Pedro con su paradigmático enemigo Simón Mago. Terminado el fragmento exclusivo de las Homilías griegas IV-VI, la narración retoma el encuentro de los dos grandes protagonistas del aspecto doctrinal de la obra. A pesar de su ausencia real en el debate entre Clemente y Apión, la sombra de Pedro y Simón se cierne sobre la muchedumbre y sus obsesiones. El texto había dejado claro que Simón era algo así como el par negativo de Pedro. Todavía en Tiro, Pedro volvió a repetir que Simón era la potencia negativa de Dios. Y por su parte continuó predicando la importancia de la penitencia para la salvación (Hom VII 5,1).

Estancia de Pedro en Sidón y huida de Simón a Beirut

Llegaron a Sidón las noticias de la actividad de Pedro y su eficacia doctrinal, apoyada por sus numerosos prodigios generosos a favor de los necesitados. Hicieron lo posible para que Pedro atendiera a sus necesidades y debilidades, y procuraron que se desplazara de Tiro a Sidón. Simón, poco partidario de tener cerca a Pedro, cuando supo que su enemigo había llegado a Sidón, se trasladó a Beirut con su amigo Apión y sus demás compañeros.

La llegada de Pedro a Sidón tuvo como consecuencia un revuelo de interés en la población. Llevaban a muchos enfermos en camillas y los colocaban delante de él. Pedro reaccionó dando explicaciones sobre su labor taumatúrgica. Protestaba una vez más de que pensaran que todo era obra suya, de sus poderes personales. Él era un hombre mortal, sometido a multitud de deficiencias y defectos. Pero había sido discípulo, es decir, alumno del Profeta Verdadero, que le había enseñado el método para “conservar limpios los cuerpos y para encaminar las almas hacia la eterna salvación” (Hom VII 3).

Los dos caminos

De forma un tanto solemne, anuncia Pedro con claridad una de sus obsesiones recurrentes a lo largo de sus sermones: “Os anuncio que hay como dos caminos” (Hom VII 7,1). Explica luego como una obviedad. Los dos caminos son los que corresponden al príncipe del mal y al del bien. Por uno caminan los que perecen, por el otro caminan los que se salvan. Unos van guiados por el Maligno, los otros caminan bajo la guía de Dios. El relator continúa su presentación ofreciendo detalles de los caminos. “El camino de los que perecen, espacioso y llanísimo, causa la perdición sin esfuerzo, pero el camino de los que se salvan, estrecho y áspero, salva en definitiva a los que transitan por él penosamente” (Hom VII 7,2).

Uno de los caminos es el de la incredulidad, el otro es el de la fe. Por el de la incredulidad caminan los que prefieren los placeres y no se preocupan de lo que les conviene. Los caminos de Dios no son nuestros caminos. Muchos hay que buscan lo que es bueno, aunque luego se equivocan. Con ellos tiene Dios especial sentimientos de misericordia. Otra cosa hacen los que no buscan ni intentan buscar dónde está el bien y la justicia. Aunque practiquen otras obras buenas, si no siguen la religión de Dios, sufrirán castigos graves bajo la acusación de descuido.

La religión de Dios

A los que ignoran en qué consiste la religión de Dios o abrigan dudas sobre su sentido y extensión les ofrece una definición detallada diciendo: “La religión definida por Dios es ésta: Darle culto a él solo, creer solamente en el Profeta Verdadero, bautizarse para el perdón de los pecados; de este modo, mediante el baño purísimo renacer para Dios por el agua salvadora; no participar de la mesa de los demonios, quiero decir, de alimentos ofrecidos a los ídolos, muertos, ahogados, cazados por bestias salvajes, sangre; no vivir impuramente, lavarse después de una relación sexual con una mujer. Las mujeres deben observar las mismas normas de la purificación; que todos sean castos, obren bien, no cometan injusticias, esperen la vida eterna de parte de Dios que todo lo puede, que pidan con plegarias y oraciones continuas que se la conceda” (Hom VII 8,1-2).

Aparecen los datos expresados en muchos pasajes. La unidad de Dios es una de las bases de los debates de Pedro con Simón Mago. La fe en el Profeta Verdadero y en sus enseñanzas. El bautismo que es una forma de renacer para Dios en una nueva vida. Es fundamental apartarse de la mesa de los demonios y de los que los imitan. La pureza sexual, la misma para todos. Y finalmente, el elogio de la castidad, uno de los aspectos de la vida cristiana más alabados en las Pseudo Clementinas. El resto es obvio: practicar el bien, mantener viva la esperanza y confiar en el poder de la oración para que Dios conceda a los suyos la vida eterna.

Saludos cordiales. Gonzalo Del Cerro




Domingo, 17 de Agosto 2014


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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