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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Literatura Pseudo Clementina. Las Homilías griegas.
Hoy escribe Gonzalo Del Cerro

Homilía IX

Zoroastro

En este contexto cuenta el autor la aparición de Zoroastro, oriundo de la familia de Cam y del grupo de pueblos egipcios, babilonios y persas. Fue educado en la magia, que ejerció profusamente. Es el denominado en la Biblia Nebrod, pero los griegos le dieron el nombre de Zoroastro. Un nombre que etimológicamente viene a significar “flujo viviente de la estrella”. Nebrod o Zoroastro, en virtud de sus artes mágicas consiguió el reino que tanto apetecía. Pues obligó a la estrella que en aquel momento regía el mundo a darle el reino que entonces poseía el malvado.

Origen del culto de los héroes

Fue entonces cuando el malvado, como era príncipe y tenía la potestad sobre el que lo había obligado, derramó con ira el fuego del reino. El Pseudo Clemente narra los detalles de su origen estelar y del principio del culto a los héroes. Éste es su relato: “Por aquel rayo que cayó del cielo a la tierra, destruido el mago Nebrod, fue denominado Zoroastro por el suceso que ocurrió, el flujo viviente de la estrella que cayó sobre él” (Hom IX 5,1). La necedad de los hombres de aquella época interpretó los hechos como si su alma hubiera sido reclamada por un rayo a causa de su profunda amistad con Dios. Tomaron su cuerpo, le dieron honorable sepultura y le edificaron un templo en el lugar donde había caído el fuego. Por ese motivo veneraron a Zoroastro como a un dios.

Así empezó en Persia el culto de los héroes. Pues todo aquel que moría herido por un rayo era considerado como amigo de Dios, que lo había señalado como digno de veneración. En consecuencia, recibía honores divinos, se le edificaba un sepulcro y se le erigían estatuas con sus rasgos humanos. Esta costumbre se extendió con la concesión de los mismos honores a otros que no habían muerto por rayos, pero que recibían tales honores en razón de su amistad con hombres importantes. Pasado largo tiempo, la figura de aquellos héroes se transformó hasta el punto de que fueron considerados como dioses y como tales venerados.

Culto al fuego

“Los persas fueron los primeros que, tomando ascuas del rayo caído del cielo, las guardaron para su comida doméstica. Y apreciando el fuego del cielo como a un dios, al ser los primeros que lo adoraron, fueron los primeros honrados con el reino por el mismo fuego” (Hom IX 6,1). El flujo de la estrella que dio origen a Zoroastro (Nebrod) tuvo una transcendencia en la cultura de los persas y otros pueblos afines.

Es el caso de los babilonios, que robaron en Persia ascuas de fuego, las guardaron para su uso y las adoraron. Por la lógica de su cultura, reinaron también ellos. Otro tanto sucedió con los egipcios, que realizaron las mismas prácticas y denominaron al fuego con el nombre de Fthae, que fue interpretado como Hefesto, con cuyo nombre fue designado el primero de sus reyes. Tras el nombre de Hefesto hay en el códice O un espacio vacío de ocho letras, que suele ser interpretado o rellenado con el nombre de Osiris.

Cultos orgiásticos

En todos estos pueblos se desarrollaron cultos orgiásticos alrededor de las estatuas según los criterios de los magos, que buscaban razones para mantener sometidos a los devotos. En efecto, construían templos con ceremonias mágicas, se fijaron fiestas a base de sacrificios, libaciones, música de flautas y aplausos. Se trataba de orgías sagradas fomentadas por intereses materiales. El Pseudo Clemente concluye su descripción con unas palabras deletéreas. Esas prácticas llegaron hasta una reacción maximalista, como para “preferir el error, por su aspecto complaciente, a la verdad”. Los buenos cristianos conocían los caminos de la verdad que los conducirían a la salvación. Pero la magia sembraba entre ellos la confusión y el error. Las músicas, los gritos de júbilo motivados por la embriaguez de los descarriados, se sobreponían a la sencillez de la verdad. El alma, como desde la profundidad de los sueños, proclamaba el futuro castigo por tales prácticas aberrantes.

La verdadera religión como solución al error

Después de presentar los variados ejemplos de perversas conductas humanas, el autor recurre al modelo de la religión, que es la riqueza del pueblo hebreo y la herencia de los antepasados. Aunque son muchas las formas de religión, “aquí estamos como buenos comerciantes para presentaros la forma que nos han transmitido y conservado nuestros padres” (Hom IX 8,1). Frente a ella, hay dos opciones, el aceptarla para ahuyentar a los demonios y las enfermedades que provocan, o rechazarla y perderse en los laberintos del error y las tinieblas. Pero viviendo según sus criterios, disfrutaréis para siempre de los bienes futuros.

Saludos cordiales. Gonzalo Del Cerro



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Lunes, 27 de Octubre 2014


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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