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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Hoy escribe Gonzalo Del Cerro

Literatura Pseudo Clementina

Homilía XI

Prosigue el rechazo de la idolatría

Como es lógico, Pedro reitera con insistencia su vital rechazo de la idolatría como de una actitud absurda y llena de contradicciones. Responde a la objeción de quienes ponen como excusa de sus errores la ignorancia. En este aspecto Pedro no puede ser más claro y expresivo. La ignorancia, dice, no excusa al pecador. Pues a veces algunos prefieren no aprender para verse libres de culpa. Ahora bien, el que no quiere aprender para no ser reo de juicio, ya está juzgado como responsable.

“Pero si realmente uno termina la vida presente en la ignorancia, será acusado de que no conoció durante su vida quién fue el benefactor que le proporcionó sus alimentos. Además, como insensible, desagradecido y como siervo muy indigno, será apartado del reino de Dios” (Hom XI 13,3). La realidad es que Dios siempre ofrece los medios para conocer el destino y el camino para llegar hasta su consecución.

Errores del politeísmo

El politeísmo parte de errores radicales. Es esencial aceptar un solo Dios. Lo contrario es absurdo. “La terrible serpiente sugiere la idea de pensar esto y decir eso mismo que dicen muchos de los idólatras: “Nosotros también sabemos que existe un solo Dios, el Señor de todos, pero éstos también son dioses”. Y aportan el ejemplo, citado con frecuencia, de la existencia de un César supremo, que no supone que no existen otros jefes con diversos niveles de poder y autoridad.

Pues de la misma manera que hay un solo César, pero tiene bajo su poder administradores -cónsules, gobernadores, tribunos, centuriones, decuriones,- de la misma manera, siendo uno solo el gran Dios, como el César, hay también dioses según la razón de sus poderes inferiores, sometidos a él, pero que nos gobiernan a nosotros. Muchos han sido infectados (por la serpiente) con esta doctrina como con un terrible veneno, -me refiero a la perversa concepción de este ejemplo. Para el apóstol, se trata de un veneno terrible que aporta el error y la muerte espiritual a los que se esconden detrás de sus pretextos.

El politeísmo es ultraje del Dios único

En consecuencia, la actitud moral de estos personajes es llana y simplemente de ultraje básico contra la idea y la realidad dogmática de un Dios único. Desde las primeras páginas y los libros primeros de la Biblia, la enseñanza lo proclama sin la menor duda. Para los que aceptan el citado ejemplo del César, Pedro les recuerda que “como no es lícito dar a otro el nombre de César, -quiero decir a un cónsul, a un gobernador, a un tribuno o a otro cualquiera-, ya que el que lo diera no viviría, y el que lo tomara sería eliminado, así según el referido ejemplo, no es lícito dar a otro el nombre de Dios” (Hom XI 15,2). Y todo por una razón mayor, tanto cuanto Dios está por encima de cualquier autoridad humana.

Cultos abominables de los egipcios

Pedro recurre como en otras ocasiones a ejemplos paganos. Por ejemplo, a maestros egipcios, que se glorían de dominar ciertos aspectos de sabiduría humana, como la meteorología y prometen distinguir las naturalezas de las estrellas, por la mala opinión que se oculta en su interior, sometieron el nombre de Dios a toda clase de deshonor. Pues algunos de ellos enseñaron que se debía dar culto a un buey llamado Apis, otros a un macho cabrío, otros a un gato, otros a una serpiente, incluso a un pez, a cebollas, a flatulencias gástricas, a cloacas, a miembros de animales irracionales y a otros millares de abominaciones absurdas totalmente vergonzosas, cuya sola mención ofende nuestros oídos piadosos.

La explicación de Pedro provocó una risa generalizada entre su auditorio. Una risa lógica, reconoce Pedro. Pero advierte que también las posturas de sus oyentes producen hilaridad entre los egipcios. Más aún, los mismos egipcios están en abierta oposición unos contra otros, lo que es una prueba más de lo absurdo de su doctrina. Pues unos suponen que una cebolla es la divinidad, y los que dan culto a las flatulencias gástricas, les hacen la guerra. Así por el estilo, todos los que dais culto preferente a algo, reprobáis las cosas de los otros. Y con criterio diferente, uno venera uno de los miembros de un animal, y otro a otro. Por lo demás, aquellos de los egipcios que conservan un razonamiento correcto, avergonzados por el evidente absurdo, tratan de conducir el tema al ámbito de las alegorías, deseando por otra locura fortalecer lo mortal de su error.

Saludos cordiales. Gonzalo Del Cerro






Domingo, 5 de Abril 2015


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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