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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Hoy escribe Gonzalo Del Cerro

Homilía XI

Los idólatras bajo el poder de los demonios

En su prolijo discurso acerca de la idolatría, se detiene Pedro en aportar detalles que la definen y ponen a los idólatras en el blanco de la ira de Dios. Y siendo este hecho una tragedia humana, otro hecho la aumenta y multiplica. Porque los idólatras se encuentran bajo el poder de los demonios con las consecuencias penosas de la posesión diabólica. Una posesión que “os destruye astutamente sin que os enteréis, para que no os deis cuenta de la conjura que os amenaza. Con la excusa de cierta ofensa, o necesidad, amor, ira o tristeza los demonios os ahogan con un lazo o con agua, os arrojan de un precipicio y os quitan la vida mediante suicidio, apoplejía o cualquiera otra dolencia” (Hom XI 15,7-8). Todo medio es apto para perpetrar la perdición definitiva de los idólatras.

Las promesas de la religión

De forma insistente, reitera el apóstol el convencimiento de que en el camino de la humanidad plantó Dios la Ley con todas sus ventajas y como solución al desvarío de los ingratos. El cumplimiento de los preceptos de la Ley es la forma que Dios exige de la piedad. Una de las promesas más importantes de la religión es la seguridad de que “para todos hay una recompensa”. No se pierde un detalle de la conducta de los hombres que luchan por conseguir en buena lid los bienes de la salvación eterna. Sin embargo, es un riesgo lamentable que los pasos del hombre tropiezan con harta frecuencia con la amenaza de los placeres. Por eso nosotros, dice Pedro, intentamos demostraros lo que os conviene, para que bien informados sobre las promesas de la religión, podáis por las buenas obras heredar con nosotros el mundo bienaventurado.

La herencia prometida

No se trata de señuelos sin contenido ni sustancia. Más allá de la vida espera un mundo bienaventurado, con el esencial perfil de eterno. Los apóstoles aseguran que sus promesas tienen el carisma de la verdad. No hablan de supuestos, sino de la palabra del Profeta Verdadero, fuente y garantía de verdad. “No os enfadéis con nosotros, como si os mintiéramos acerca de los bienes que os deseamos. Pues las cosas que consideramos verdaderas y buenas, no hemos tenido reparo en ofrecéroslas, sino al contrario, nos hemos apresurado en haceros coherederos de los bienes que nosotros estimamos como tales. Pues así es preciso hablar a los incrédulos. Pero que realmente decimos la verdad sobre lo que hablamos, no de otro modo podréis conocerlo si antes no escucháis con deseo de conocer la verdad” (Hom XI 17,3-4). Una forma de definir la actitud necesaria se oculta tras “el deseo de conocer la verdad”, que anula las tinieblas de la ignorancia.

Encantar a la serpiente

La serpiente, que se oculta en el interior del hombre, quiere tender miles de lazos y provocar malos razonamientos y dificultades. Por todo ello, con mayor razón deben los hombres oponerse a ella y escuchar asiduamente a los predicadores de la verdad. “Cuando hablo de encantar quiero decir oponerse a sus malos consejos con vuestro razonamiento, recordando que en el principio introdujo la muerte en el mundo con la promesa de conocimiento”. Adán y Eva serían como dioses conocedores del bien y del mal. El mensaje apostólico podría reducirse a ese deseo original, la verdad como opuesto a la ignorancia, fuente y raíz de todos los males.

Escuchar al Profeta de la Verdad

La situación de la humanidad condujo al Profeta de la Verdad a buscar una solución radical y definitiva. Pues sabía que el mundo andaba muy equivocado, y viendo que estaba conforme con la maldad, no quiso la paz con él, puesto que su conduta nacía del error. Por eso hasta el final mantiene su ira contra todos los que están de acuerdo con la maldad, consciente de que el conocimiento destruye la ignorancia.

Saludos cordiales. Gonzalo Del Cerro




Domingo, 19 de Abril 2015


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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