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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Los inicios de la teología cristiana explicados por Lucas, el evangelista (6-05-2018) (1000)
Hoy escribe Antonio Piñero
 
Foto: cuadro de John Linnell, hacia 1850, que representa Jesús con sus dos discípulos camino de Emaús.
 
Presento primero el texto de Lucas 24,13-35, en traducción de  Gonzalo del Cerro, con leves cambios por mi parte:
 
Aparición a dos discípulos en el camino hacia Emaús (Mc 16,12-13)
 
            13 Resulta que en el mismo día iban dos de ellos de camino a una aldea llamada Emaús, distante sesenta estadios de Jerusalén, 14 y conversaban entre sí sobre todo lo sucedido. 15 Y ocurrió que, mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se les aproximó y caminaba con ellos, 16 pero sus ojos estaban retenidos para que no pudieran reconocerlo. 17 Y les dijo:
            –¿De qué vais hablando por el camino?
            Entristecidos, se detuvieron. 18 Y le respondió uno, llamado Cleofás, y le dijo:
            –¿Eres el único de paso en Jerusalén que no sabe lo ocurrido allí estos días?
            19 Y les dijo:
            –¿Qué cosas?
            Ellos le dijeron:
            –Lo relativo a Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y todo el pueblo, 20 y cómo los jefes de los sacerdotes y nuestros dirigentes lo entregaron para que fuese condenado a muerte, y lo crucificaron. 21 Pero nosotros esperábamos que él fuera el que iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, este es ya el tercer día desde que estas cosas ocurrieron. 22 Ciertamente, algunas mujeres de las nuestras nos sobresaltaron; tras haber ido de madrugada al sepulcro 23 y no haber encontrado su cuerpo, vinieron diciendo incluso que habían visto una aparición de ángeles que decían que estaba vivo. 24 Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro, y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no lo vieron.
            25 Y él les dijo:
            –¡Oh, insensatos y lentos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! 26 ¿Acaso no era necesario que el mesías padeciera estas cosas y entrase en su gloria?
            27 Y empezando por Moisés y por todos los profetas, les fue interpretando lo que había sobre él en todas las Escrituras.
            28 Y se acercaron a la aldea a la que se dirigían, y entonces hizo él ademán de proseguir camino. 29 Mas ellos le apremiaron, diciendo:
            –Quédate con nosotros, pues atardece y el día ya está declinando.
            Y entró para quedarse con ellos. 30 Y sucedió que, al recostarse con ellos y tomando el pan, dijo la bendición y, tras partirlo, se lo dio. 31 Y se les abrieron los ojos y lo reconocieron, mas él desapareció de entre ellos. 32 Y se dijeron uno a otro:
            –¿Acaso no ardía nuestro corazón en nosotros mientras nos hablaba en el camino, cuando nos abría el sentido de las Escrituras?
            33 Y levantándose enseguida, volvieron a Jerusalén y hallaron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, 34 que decían:
            –En verdad el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón.
            35 Y ellos contaron lo sucedido en el camino y cómo le reconocieron en la fracción del pan.
 
La idea general del texto, en mi opinión, es la siguiente: Lucas construye en este capítulo una bella historia, ideal, basándose en leyendas de apariciones del Maestro que circulaban en su entorno, o quizás apoyándose en su material propio. Su interés es triple. Primero, ofrecer una aclaración de cómo hay que entender la figura y misión de Jesús, después de su muerte y resurrección, como mesías sufriente, concepto novedoso en el judaísmo. Esta interpretación se basa en una nueva lectura de las Escrituras, avalada por el espíritu de Jesús; este muestra el camino, explicando él mismo el novísimo modo de entenderlas en todos los pasajes que se refieren al mesías.
 
Segundo: ante las dudas que habían surgido sobre la resurrección de Jesús, tanto entre los propios como sobre todo entre los paganos del entorno, el evangelista afirma su veracidad histórica por medio de dos relatos de aparición. El segundo, en Jerusalén, insiste sobre todo en la resurrección del cuerpo de Jesús y en la diferencia entre este y los espíritus incorpóreos. Queda así vindicada la verdad de su resurrección y exaltación al cielo.
 
Tercero: poner de relieve el encargo final de Jesús de la misión cristiana a todas las gentes, iniciada por la tarea de los apóstoles. Se inaugura así el tiempo de la Iglesia, indeterminado en su duración, hasta la parusía. El relato es, pues, teológico, y no tiene viso alguno de historicidad estricta.
 
Respecto a este pasaje concreto: los estudiosos están divididos sobre el origen de esta posible leyenda. Unos sostienen que proceden del autor del material propio de Lucas, algunas de cuyas expresiones son reconocibles, y que contiene un borroso trasfondo histórico. Pertenecería a relatos como el del buen samaritano (10,30-36) o el hijo pródigo (15,4-32). Otros defienden que ha sido compuesta por Lucas, cuyo vocabulario y estilo es palpable, como relato ideal para ejemplificar la necesidad de volverse a las Escrituras para entender la profundidad de la figura y misión de Jesús. Aducen también que la estructura quiástica del relato, artificial –en la que la introducción corresponde a la conclusión; en la que hay dos cuadros para enmarcar el diálogo de los discípulos con Jesús, indica que es una construcción literaria.
 
Obsérvense algunas frases que me parecen importantes:
 
· Jesús fue un profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y todo el pueblo: es una buena definición de la autoconsciencia de Jesús (Mc 6,4) figura, tal como lo veían muchos de entre el pueblo: 9,19.
 
· Los jefes de los sacerdotes y nuestros dirigentes lo entregaron: Lucas procura implicar ante todo a los judíos en la condena a Jesús y escamotea que el peso del proceso y la pena capital impuesta a Jesús fue obra de los romanos. Excluye cualquier alusión a la conducta sediciosa de Jesús respecto al Imperio. Pilato obraba conforme al ordenamiento del Imperio.
 
· Nosotros esperábamos que él fuera el que iba a liberar a Israel: es muy claro que tras muchos meses de estancia coco con codo con el Maestro, la idea obtenida por los discípulos era que Jesús como mesías liberaría a Israel de todos sus enemigos los romanos. Y si esta exégesis parece exagerada, léase el mismo Evangelio de Lucas el cántico de María (Magnificat) 1,50-58 y el de Zacarías (1,68-75). Si Lucas no escribió esos himnos, y su origen está en una mano desconocida que los agregó después, quizás en la revisión general de los evangelios en el siglo II, lo cierto es que la tradición cristiana los considera obra del evangelista, y parte del mensaje evangélico.
 
· Para creer todo lo que dijeron los profetas: Lucas  emplea el esquema “promesa-cumplimiento”. Todo lo de Jesús está en las Escrituras, si se leen bien.
 
· ¿Acaso no era necesario que el mesías padeciera estas cosas y entrase en su gloria?: teología cristiana que justifica, después que todo ha pasado, la muerte de Jesús.· Y empezando por Moisés y por todos los profetas, les fue interpretando lo que había sobre él en todas las Escrituras: aquí está de nuevo explicado el inicio de la cristología y luego de la teología cristiana: un repensar a Jesús conforma a una nueva lectura de los pasajes escriturarios que ya los rabinos indicaban como mesiánicos, y la incorporación de otros nuevos, como los del siervo sufriente de Isaías 42-53, que los rabinos aplicaban a un rey de Israel o bien al pueblo en su conjunto y que los cristianos leyeron como una profecía de los sufrimientos de Jesús.

 
Es difícil encontrar otro texto (salvo los discursos de Pedro en Hechos 2 y 3, que explique mejor los inicios de la teología cristiana.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html  

Domingo, 6 de Mayo 2018


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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