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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Los manuscritos del Mar Muerto y el Evangelio de Juan. Algunas preguntas y respuestas (VII) (912) (22-9-17)

 
Hoy escribe Antonio Piñero  
 
Por problemas técnicos no pude “colgar” esta postal el día 22; la pongo hoy en  primer lugar; pero aparecerá naturalmente en la página después de la hoy, día 24.
 
El descubrimiento de los manuscritos del Mar Muerto también ha supuesto una ayuda muy notable para comprender la teología específica del cuarto evangelio y de las cartas johánicas. Como es conocido, el evangelio de Juan muestra unas características teológicas muy particulares que lo diferencian claramente de los otros tres evangelios canónicos. En este último evangelio predomina una concepción fuertemente dualista de la existencia y de la misión de Jesús. Jesús es la luz que se opone radical­mente a las tinieblas (Jn 1,5; cf. 1 Jn 1,5‑7). Su mensaje, que se enfrenta ferozmente a la mentira (Jn 3,20‑21; 1 Jn), es la verdad que salva a la humanidad. La oposición del bien y del mal en el cosmos se personifica en la historia de la salvación en un enfrentamiento radical entre Jesús y Satanás (cf. Jn 12,31ss; 17,18). Según el evangelio de Juan, los seres humanos se hallan divididos también en dos grandes campos antagónicos, los que siguen a la luz y los que van tras las tinieblas (Jn 12,36).        
 
Hasta el momento del descubrimiento de los textos qumránicos era una verdadera dificultad encontrar analogías para estas con­cepciones teológicas, tan bien definidas en este escrito evangé­lico pero notablemente ausentes del Antiguo Testamento y en gene­ral de la literatura teológica judía anterior a nuestra era. Sin duda podían encontrarse en ella ciertos ecos y precedentes --so­bre todo en la literatura sapiencial (Salmos, Proverbios) del Antiguo Testamento, y en las especulacio­nes del judaísmo helenístico en torno a la Sabiduría/Logos perso­nificados--, pero jamás formulados con la nitidez y rotundidad del Evangelio de Juan. En Qumrán, sin embargo, hemos hallado justamente el paralelo que nos había faltado hasta el momento:
Escribe Antonio González Lamadrid:
 "La concepción dualista del hombre, de la historia y del cosmos son una de las notas más características y específicas" de la teología qumranita. "A lo largo de la sección doctrinal de la Regla (1QS 3,13‑4,26) se barajan constantemente cinco parejas antitéticas que llevan las tesis dualistas hasta unos límites desconocidos hasta entonces en la tradición judía. Estas parejas son 'luz‑tinieblas', 'verdad‑perversión' ‑que vienen a ser como los medios ambientes en los que viven sumergidos los hombres y a través de los cuales actúan los protagonistas de la lucha, que constituyen las tres parejas restantes: 'hijos de la luz‑hijos de las tinieblas', 'ángel de la verdad‑ángel de la mentira', 'espíritu de la verdad‑espíritu de perversión'".
 
También se han señalado los paralelos que algunas ideas del prólogo del IV Evangelio presentan con textos qumránicos, en especial la sentencia "Todo se hizo por medio de Él (la Palabra) y sin él no se hizo nada de lo que se ha hecho" (Jn 1,3). El pasaje se halla en la mejor tradición sapiencial judía de la cooperación de Sabiduría a la obra creativa de Dios, idea que encuentra ecos en 1QS 11,11 ("Por su conocimiento existirá todo..."), o en 1QHa 9,7‑8. 9,19‑20 ("En tu sabiduría estableciste..." ; "Y en la sabiduría de tu conocimiento has establecido su trayectoria...". Igualmente en la Regla de la Comunidad: 1QS3,15‑19.
 
Parece evidente que con los manuscritos del Mar Muerto halla­mos por fin dentro del judaísmo más o menos contemporáneo del evangelista material comparativo con el que aclarar el mundo teológico dualista del cuarto evangelio y su puesto dentro de la historia de las ideas religiosas Véanse, entre otros textos: 1QS 3,18‑25:
 
 "Del manantial de la luz provienen las generaciones de la verdad, y de la fuente de tinieblas las generaciones de falsedad. En mano del Príncipe de las luces está el dominio sobre todos los hijos de la justicia; ellos marchan por caminos de luz. Y en mano del ángel de tinieblas está todo el dominio sobre los hijos de la falsedad, ellos marchan por caminos de tinieblas..." (Textos similares en 1QS 4,20‑23; 1QM 13,10; CD 5,18).
 
Pero como también existen entre ambos pensamientos dualistas sus diferencias (la escatología de Juan --ese "sí ahora, pero aún no--‑ es extraña a Qumrán; tampoco encontramos en el evangelista conceptos qumránicos específicos como la insistencia en el cum­plimiento de la Ley, o el amor por el ritualismo), es muy difícil demostrar científicamente que Juan dependa estrictamente de Qum­rán. Aunque también lo contrario: es imposible negar cualquier tipo de influjo del pensamiento sectario qumranita sobre el autor del cuarto evangelio y la 1ª Epístola johánica.
 
De cualquier modo, con la euforia del descubrimiento de los manuscritos del Mar Muerto se corre un peligro serio al pretender aclarar todo el pensamiento johánico dentro de, y exclusivamente en las coordenadas judías de los textos de Qumrán. En el marco de una dependencia general de Juan respecto a los manuscritos del Mar Muerto se vuelve a afirmar: "Por fin tenemos paralelos cier­tos dentro del mundo judío que nos evitan buscar fuera analogías explicativas de la peculiar teología johánica". De este modo, se ha pensado que puede olvidarse para siempre la hipótesis de una influencia de la gnosis sobre Juan, y en último término, del influjo ‑al menos indirecto‑ sobre su teología de la filosofía espiritualista griega e, indirectamente, de la mística y el dualismo de la religión irania, extendidos por todo el ámbito del Mediterráneo oriental antes de la era cristiana.  Véase el siguiente himno de Zoroastro, recogido en los Ghattas (s. VI a.C.?): "Al principio existen los dos Espíritus, el bueno y el malo. Por obra de esos dos los inteligentes escogen el bien, y los necios lo contrario. De entre esos dos Espíritus el Malo maquina realizar las peores cosas. Pero el muy santo Espíritu... está unido con la justicia, y así han obrado todos aquellos que por medio de las buenas acciones han complacido al Señor sabio...”.
 
Ahora bien, esta actitud significa cerrar a priori los ojos a la hipótesis, sumamente plausible, de la pertenencia conjunta de la teología del Evangelio de Juan y del dualismo de Qumrán a un judaísmo gnóstico o gnosticisante, anterior cronológicamente tanto al evangelio de Juan como a diversos estratos de la teo­logía qumranita, en cuya formación ‑no se puede negar‑ han inter­venido la más alta espiritualidad pagana helenística, cierta filosofía griega de corte platónico espiritualista y el dualismo ético y cosmológico de la religión irania.
 
 
Si no se admite esta influencia, tenemos que constatar sin más explicación que de repente, en el seno del judaísmo, surgen por generación espon­tánea unas concepciones teológicas dualistas, muy bien delinea­das, pero para las que no existe precedente alguno en el Antiguo Testamento. Parece en este caso también razonable seguir buscando igualmente fuera del judaísmo puntos de contacto que expliquen el nacimiento de esas ideas tan novedosas en el mundo de Israel: el dualismo de Qumrán y el de Juan tienen en la historia de las ideas religiosas modelos anteriores que no se encuentran preci­samente en el Antiguo Testamento ni en la literatura judía hele­nís­tica puramente palestinense. En cualquier caso, el pensamiento teológico del Evangelio de Juan se explica admirablemente también a partir de motivos gnósticos.
 
 
W. Schmittal en la introducción a su obra Neues Testament und Gnosis (“Nuevo Testamento y gnosis”. Colección Wege der Forschung 208), Darmstadt, 1984, siguiendo los pasos de Hans Jonas en su famosa obra Gnosis und Spätantiker Geist (“Gnosis y el espíritu de la Antigüedad tardía”) I y II. Gotinga 1964, afirma que la gnosis es ante todo una "disposición mental", una  determinada concepción de Dios, del ser humano y del mundo. La disposición interna del gnóstico es la sensación de encontrarse como exilado en un mundo extraño. La vida verdadera no pertenece a este mundo, sino a una esfera supramundana, celeste. Es necesario ser salvado de las redes de este mundo, y la salvación viene de arriba. Esta concepción gnóstica general se objetiviza en diferentes construcciones mitológicas. Los motivos más esenciales y recurrentes de estas objetivaciones son: un dualismo cósmico o ético; la caída de la sustancia celeste en poder del mundo material; la necesidad de redención; la gnosis o el conocimiento como el medio para esa salvación.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
www.ciudadanojesús.com
 

Domingo, 24 de Septiembre 2017


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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