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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Lucas y la predicación de Jesús en Nazaret. Una imagen muy discutible y al menos dudosa.   Jesús y la resistencia antirromana (LVII)
 
Foto: Gonzalo Puente Ojea fue el primero, en 1974, que en España discutió los fundamentos de la interpretación tradicional de Jesús. Se basó sobre todo en la “Historia de las Formas”  de R. Bultmann y seguidores. Todo el mundo criticó a R. Bultmann y su método, y todo el mundo, hasta hoy, sigue utilizándolo y citándolo.
 
Escribe Antonio Piñero
 
En nuestro discurrir sobre el método empleado al analizar un material aparentemente difícil, porque va contra intelecciones de siglos y contra una imagen arraigada de Jesús, hemos llegado a la idea de que los evangelios difieren entre sí bastante.  Hemos observado hasta el momento pequeñas divergencias, pero que indican una manera diferente de entender a Jesús y a su situación. Si ahondáramos en esas pequeñas divergencias, observaríamos que los evangelios posteriores corrigen más de lo que parece a los anteriores, que reelaboran las tradiciones a su manera, en suma que ellos mismos no aceptan lo que han dicho su o sus predecesores.
 
Si examinamos a fondo, por ejemplo, la primera predicación de Jesús en Nazaret, Mc 6,1-6, y la comparamos con la reelaboración de Lc 4,16-30, veremos que Lucas está mezclando y reelaborando diversas tradiciones. El v. 22 (“Y todos daban testimonio de él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca”) es muy lucano, pero el v. 23 (“Él les dijo: «Seguramente me vais a decir el refrán: Médico, cúrate a ti mismo. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria”) nada tiene que ver con su modelo, Marcos, pues en este nada aparece de ese proverbio; es más bien una deducción dramática de Lucas. Los vv. 25-27 (“Os digo de verdad: Muchas viudas había en Israel en los días de Elías…”) es otra “tradición” de la que ignoramos su procedencia: ¿de dónde ha salido? ¿Por qué interpreta Lucas a Jesús utilizando el modelo de Elías? Ciertamente, esta interpretación lucana no goza ya de atestiguación múltiple; por tanto ignoramos todo acerca de su historicidad.
 
El rechazo de Jesús es también original de Lucas (v. 28: “Levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarlo”). Bien examinado concluimos que  es un invento de Lucas, y un invento absoluto, porque en Nazaret no hay montaña ni barranco por donde echarlo abajo.
 
Es claro que Lucas ha compuesto el episodio dramático  de 4,16-30 como le ha parecido bien, probablemente apoyándose en la Fuente Q, también en Mc 1,14-15 y 6,1-6, pero  añadiéndole gran imaginación y buenas dosis de reinterpretación. Es posible que basándose en un elemento de la Fuente Q (“Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva” = Lc 7,23 y Mt 11,4-6) y leyendo a Isaías 61,1-2 haya rehehco el relato según sus ideas. He aquí el texto de Isaías:
 
“El espíritu del Señor Yahvé está sobre mí, por cuanto que me ha ungido Yahvé. A anunciar la buena nueva a los pobres me ha enviado, a vendar los corazones rotos; a pregonar a los cautivos la liberación, y a los reclusos la libertad; El espíritu del Señor Yahvé está sobre mí, por cuanto que me ha ungido Yahvé. A anunciar la buena nueva a los pobres me ha enviado, a vendar los corazones rotos; a pregonar a los cautivos la liberación, y a los reclusos la libertad; a pregonar año de gracia de Yahvé, día de venganza de nuestro Dios; para consolar a todos los que lloran”,
 
Obsérvese que Lucas ha eliminado de Isaías la parte negativa que podría molestar la imagen de Jesús como predicador del amor y de la gracia, omitiendo la parte de juicio y castigo (“día de venganza de nuestro Dios”), y cómo ha rehecho todo la acción con el trasfondo de que Jesús, como profeta, tiene que tener un final trágico, y además en Jerusalén, pues así está predicho en las Escrituras.
 
En síntesis: la aparición de Jesús en la sinagoga de su pueblo no es tanto una realidad que nosotros, los críticos, podamos imaginaros así, sino más bien un constructo lucano destinado a que se vea que todo ha ocurrido para que se cumplan las Escrituras. Es decir, estamos ante una narración de Jesús con la idea preconcebida de que es una entidad semidivina que es gobernado –y él lo acepta– por un designio también divino que procede desde siempre, desde todos los siglos.  La conclusión es clara –y la hago extensiva al conjunto del Evangelio de Lucas, pues el análisis de muchísimos más pasajes solo me llevaría a confirmar mi idea– nuestro evangelista no está describiendo solo historia, sino un relato muy cargado de teología.
 
 Y ese talante de narrador + teólogo nos lleva a la pregunta clave: ¿podemos aceptar sin más las interpretaciones de los hechos y dichos de Jesús –que sin duda podemos extraer de los evangelios– tal como lo presentan los evangelistas? ¿No hay que  ver en ellos además de relato de hechos o dichos un sesgo teológico? ¿No conviene captar ese sesgo y luego, si es posible, separarlo de los dichos y hechos más o menos desnudos que tenemos que contemplar a la luz de todo lo que sabemos del Israel del siglo I?
 
Con otras palabras: ¿podemos fiarnos de los evangelistas al cien por cien? Me parece que se va pergeñando la respuesta. No es posible. Hay que leerlos entre líneas, compararlos entre sí, ver su trasfondo de la Escritura  y las ideas que han sacado de ellas…; hay que examinarlos a fondo, y no centrarnos con una primera lectura, superficial, porque puede conducirnos a conclusiones erróneas sobre su presentación de Jesús.
 
En lo que seguirá quiero centrarme en dos ideas:
 
1. ¿Podemos fiarnos objetivamente de los Evangelios? ¿Aceptar tal cual todo lo que leemos?
2. ¿Es posible que los evangelios estén gobernados por alguna, o algunas, ideas rectoras en su reinterpretación de Jesús que proceda de alguna fuente discernible?
 
Y aquí propongo la vieja idea –pero estimo que imposible de rebatir– que la imagen que gobierna la reinterpretación de la vida de Jesús que ofrecen los evangelistas depende de las nociones generales que tiene sobre la imagen, figura y misión de Jesús el gran teólogo que les ha precedido y cuyo pensamiento conocen bien: Pablo de Tarso. Con otras palabras, es una sospecha casi rayana en la certeza que la imagen de un Jesús pacífico, alejado de la política y de los afanes del Israel de su tiempo, procede de la imagen paulina de Jesús que tenía que ser así necesariamente, que tenía que ofrecerse así en el ámbito religioso del Mediterráneo oriental  si quería cumplir con la misión que él creía que se le había encomendado: llevar al seno de Israel, de injertarlos en Israel, por medio de la fe en su Mesías, al número mayor posible de gentiles. Pablo no podía presentar un mesías judío sin más, sino que tenía que “retocarlo” para hacerlo aceptable
 
Y luego tendremos que examinar si la influencia de Pablo en la teología de Marcos es verdadera o no. Y posteriormente (tras aceptar como trasfondo que Marcos es el modelo admitido por Mateo y por Lucas) si la imagen marcana de Jesús es paulina y si esta es válida para los demás evangelistas.
 
Trataré de dar consistencia a la idea examinando en primer lugar las pruebas irrefutables sobre la respuesta a la pregunta “¿Podemos fiarnos sin más de los Evangelios?” Si la respuesta fuere positiva, no habría más que hablar. Todo estaría resuelto y la imagen tradicional de Jesús sería la válida. Pero si la respuesta fuere negativa, ¿por qué no podemos fiarnos?
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com
 

Lunes, 13 de Marzo 2017

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Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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