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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Hoy escribe Antonio Piñero

Seguimos con la discusión del sentido de ciertas frases paulinas, conforme a lo que dijimos –y transcribimos- en la nota del día anterior. Según M. Hengel, en el siglo I un judío piadoso sólo se podía formar como fariseo estrictamente en Jerusalén, no en la Diáspora.

Primer argumento:

Según este investigador, la descripción de Gálatas 1,14

« "Cómo sobrepasaba en el Judaísmo a muchos de mis compatriotas contemporáneos, superándoles en el celo por las tradiciones de mis padres", »

Es decir, Pablo:

• Hacía progresos en el judaísmo
• Sobrepasaba en estos progresos a sus contemporáneos judíos
• Era celoso en las tradiciones de sus padres
• Era un farise impecable (a partir del texto de Flp 3,4b-6. Especialmente el v. 6: “En cuanto a la justicia de la Ley, intachable”),

(Repito: según M. Hengel, en el siglo I un judío piadoso sólo se podía formar como fariseo estrictamente en Jerusalén, no en la Diáspora), o dicho de otro modo: apenas es concebible antes del año 70, cuando fue destruido el Templo, sere fariseo fuera del ámbito de Jerusalén: “Antes de tal destrucción el único lugar para que un fariseo estricto pudiera estudiar la ley de Moisés fuera de la capital de Judea” (Hengel, p. 222 de la edición alemana, que estamos comentando).

Respuesta:

Opino que este argumento tiene cierta fuerza, pero que no es definitivo. Pienso, por ejemplo, en los estrictísimos judíos de Alejandría, en donde había incluso un grupo parecido a los esenios (los denominados “terapeutas”, descrito por Filón de Alejandría en su obra “Sobre la vida contemplativa), una ciudad donde se había producido el fenómeno del surgimiento de las obras de ese mismo Filón, el cual era superjudío y fidelísimo a su fe y a las “tradiciones de sus padres” sin necesidad de salir de Alejandría y sin ni siquiera saber apenas hebreo los judíos; y pienso en los judíos que dieron su vida por su fe en los diferentes pogromes antijudíos de los que nos habla el mismo Filón en su “Contra Flaco” y “Embajada a Gayo (Calígula)”.

Y pienso también en los judíos de la Cirenaica (la actual Libia que promovieron a principios del siglo II una gran revuelta judía contra el Imperio Romano) y en los de Chipre, que habían producido judíos tan estrictos como Bernabé (Hch 4,36), compañero de Pablo durante mucho tiempo (Hch 14,12), etc., para quedar convencido de que se podía ser judío estricto, “intachable según la Ley”, fuera de Judea.

Segundo argumento:

El problema respecto a ser “estricto fariseo” fuera de Judea es, como señala M. Hengel en p. 225, que no tenemos ni un solo texto que nos indique que “fuera de Judea” hubiera fariseos estrictos…, o ¡ni siquiera fariseos!

Se apunta a que un pasaje de ese estilo podría ser Mt 23,15:

“«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros!”

Que podría indicar un cierto espíritu misionero fuera de Judea por parte de los fariseos anteriores al año 70. Pero en general, se suele opinar que tal pasaje de Mateo se refiere no a un fariseísmo constituido como tal en la Diáspora, sino sólo a casos aislados.

Respuesta:

Opino, sin embargo, que aunque el pasaje de Mateo no valga ciertamente para sostener rotundamente que existían fariseos en la Diáspora, no deja de ser un puntal seguro para afirmar que podían darse casos aislados de fariseísmo en familias piadosas fuera de Judea. El caso de Pablo podría ser uno de ellos. No puede excluirse.

Tercer argumento

Opina Hengel que e no vale para argumentar la existencia de fariseos en la Diáspora el pasaje de Flavio Josefo, Antigüedades 20,34-38, que habla de la conversión al judaísmo del rey Izates de Adiabene, puesto que también es un hecho aislado y en el pasaje en cuestión no se habla de fariseos, sino de conversión al judaísmo en general.

Respuesta:

Estoy de acuerdo

Cuarto argumento

Lo que caracterizaba a los fariseos estrictos era su deseo de transportar a la vida diaria la pureza cultual que todo judío piadoso vivía, sobre todo los sacerdotes, cuando se ponía en contacto con el Templo de Jerusalén. Por ello, un fariseo estricto es difícil que pudiera vivir en tierras no judías, rodeados por doquier de paganos, que –por ejemplo por el contacto con los muertos y por sus prácticas sexuales- estaban en continuo estado de impureza ritual y contaminaban de esa impureza a los judíos observantes que vivían a su lado.

Respuesta

Puede ser verdad; pero también es verdad que los fariseos de la diáspora vivían en guetos totales, en ocasiones, como en Alejandría. Dentro del guetto estaban como en otro estado: podíasn er tan puros ritualmente como qusieran.

Quinto argumento

En las fuentes llegadas hasta nosotros no hay pruebas de fuera de Israel hubiera –antes del año 70- escuelas de fariseos, en cuyo entorno se pudiera aprender las maneras de interpretar y vivir la Ley y la tradición al modo fariseo.

Respuesta:

También es cierto que lo que hemos afirmado de Alejandría podría extenderse por inducción, aunque no haya pruebas estrictas a otras ciudades de la Diáspora con fuertes colonias de judíos observantes, como Antioquía o incluso Roma.



Por último, aunque ya hemos dedicado alguna nota anterior a la posibilidad de que Pablo pudiera haber recibido una cierta formación en griego, tanto acerca de la Biblia, como de la interpretación de ella, en la misma Jerusalén, tengo la impresión de que el dominio del griego en Pablo –a pesar de su estilo un tanto raro para los gustos de los puristas de entonces- es de tal calibre, y su utilización preferente de la Biblia de los LXX, es decir, en su versión alejandrina, es tan sobresaliente y constante –se la sabia seguro de memoria- que es difícil pensar que todo ello lo aprendió en la capital de Judea.

En síntesis, opino que no es en absoluto inverosímil que Pablo pudiera ser “en cuanto a la justicia de la Ley, intachable” (Flp 3,6) sin haber tenido que estudiar en Jerusalén y sin haber tenido que vivir allí, ni haber estado mucho tiempo “a los pies de Gamaliel” como argumenta Hch 22,3…, ya que todos esos argumentos -a los que además he respondido- ceden el paso a una comprensión sencilla de Gálatas 1,22, que es un pasaje absolutamente clave:

“Personalmente no me conocían las Iglesias de Judea que están en Cristo”.

Lo veremos el próximo día.


Saludos cordiales de Antonio Piñero.

www.antoniopinero.com

Viernes, 6 de Febrero 2009


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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