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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
“Perspectivas sobre la posibilidad de un discurso histórico acerca de Jesús de Nazaret” (30-12-2018) 1035
Foto: Tiberio. Durante su reinado se desarrolló oda la vida pública de Jesús de Nazaret
 
 
Escribe Antonio Piñero
 
 
Sigo hoy con mi propósito de ir comentando pausadamente lo que creo más interesante del libro de F. Bermejo, “La invención del Jesús histórico”, de la editorial Siglo XXI, Madrid 2018, salvo que lleguen críticas razonables argumentando que la gente se aburre…. El título de esta postal es el encabezamiento del capítulo II de la parte primera que comienza con un breve análisis de la posición de los “mitistas”, es decir, de aquellos que consideran que Jesús de Nazaret nunca existió y que es un absoluto producto de la actividad literaria de uno o varios autores, siempre un pequeño grupo, que creo casi de la nada la figura de Jesús.
 
 
Esta sección es relativamente breve y no voy a detenerme demasiado en ella, aunque es un buen resumen del estado de la cuestión. Bermejo resume así los argumentos de esta posición negativa, y en mi opinión insostenible desde el sentido común de la crítica de las obras de la Antigüedad (como creo haber mostrado –no demostrado, ya que en historia antigua casi nada se puede demostrar estrictamente– en mi libro “Aproximación al Jesús histórico”. Nuestro autor enumera las tesis siguientes (p. 66):
 
 
1. Si Jesús hubiese sido una figura histórica relevante habría habido más testimonios sobre él en las fuentes independientes. En concreto, se encontrarían algunos datos sobre Jesús en la literatura antigua de la época de Augusto y de Tiberio, tiempo en el que presuntamente –dicen– vivió.
 
 
2. Pablo de Tarso nada o casi nada sabe de Jesús
 
 
3. Todo lo que dicen los evangelio de Jesús no es de fiar, pues es explicable como un midrás (una composición literaria que por medio de ejemplos y breves comentarios explica y aplica al momento presente los textos dela Biblia hebrea)
 
 
4. No es posible establecer procedimientos críticos para diferenciar lo que es puro material inventado sobre Jesús y lo que puede ser un recuerdo histórico.
 
 
5. Los relatos sobre Jesús presentan paralelos muy estrechos, y a veces correspondencia exacta, con mitos y leyendas de héroes y dioses de la antigüedad grecorromana o de otras religiones. Lo más probable es que los textos evangélicos sean una mera copia de estas leyendas anteriores.
 
 
A esto responde Bermejo sintéticamente (a lo que yo añado alguna idea):
 
 
1. Hay muchas figuras históricas de esa época de las que se sabe –muy poco– o mera mención, por fuentes de la época de Augusto y Tiberio. Tendríamos que borrar o eliminar (nuestro autor diría aquí “cancelar” que es un anglicismo) a mucha gente de la historia de cuya existencia no dudamos en absoluto.
 
 
2. Respecto a Pablo: es totalmente erróneo que Pablo nada sabe de Jesús, salvo los datos míticos (resurrección, exaltación a los cielos, etc.). Habla muy tranquilamente de Santiago, como hermano de Jesús; antes de su resurrección ve en Jesús a un mero ser humano (Rm 5,15), nacido de mujer (Gal 4,4) e históricamente del linaje de David (sea o no erróneo el dato, es igual en este caso: Rm 1,3-4); Pablo dirige sus cartas a creyentes que ya saben de Jesús y solo insiste en los aspectos principales de su acto de salvación de los gentiles como es su muerte en cruz (y resurrección/exaltación) porque quiere fundar teológica y apologéticamente esa salvación.
 
 
Además, y esto es muy importante, autores muy posteriores a Pablo en el Nuevo Testamento, que conocen muchos datos sobre Jesús, simplemente porque han leído los evangelios o literatura similar, nada dicen de la vida de Jesús. En Hechos solo se cita una sentencia de Jesús (que además no está en los Evangelios: 20,35: “Mayor felicidad hay en dar que en recibir”). Y añado: si tuviéramos que escribir una “vida” de Jesús a base del Nuevo Testamento excluidos los Evangelios, sería prácticamente imposible porque nada dicen… ¡y nadie puede argumentar que no sabían nada de él porque era un simple mito literario! Un caso análogo: el autor de la Primera Carta de Juan no cita para nada al Cuarto Evangelio…y eso que sus autores están íntimamente relacionados teológicamente.
 
 
3. Es una pura exageración carente de base aducir que todo el material evangélico se explica como un comentario de la Biblia hebrea. El argumento no merece casi ni ser discutido.
 
 
4. Quien afirme que no es posible establecer procedimientos críticos para discernir entre lo que es material legendario de los meros datos históricos a partir de los Evangelios no tiene ni la menor idea de la metodología diseñada durante más de doscientos años de investigación independiente, mucha de ella relacionada con gente increyente, escéptica del todo, agnóstica o incluso atea.
 
 
5. Hay muchas tradiciones sobre Jesús “transmitidas con carácter mnemónico” (es decir aplicando técnicas memorísticas para recordar bien), lo cual quiere decir que los dichos transmitidos fueron pronunciados en realidad, no meramente inventados y que el que los transmite intenta hacer un esfuerzo para que el lector u oyente los recuerde bien, fielmente. Además, si todo lo de Jesús hubiese sido inventado en lengua griega no se explica por qué los autores añadieron palabras, o frases en arameo, que ningún lector helenístico entendía y que debían ser aclaradas en el texto mismo (Mc 5,41 (Talitha kumi: “Muchacha levántate”), o Mc 15,34 (Eloi, Eloi lama sabachtani: “Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado”).
 
 
6. Afirmar que todo lo que se dice en los Evangelios es absolutamente un constructo literario obliga a construir hipótesis enrevesadísimas, algunas casi imposibles de creer, para explicar que todo es un mero constructo. Por ejemplo,  que se está utilizando ideas de mitos solares o leyendas de múltiples culturas antiguas que explican gran parte, o todo, lo que parece en los Evangelios.
 
 
Se podría seguir, pero ya es bastante. Bermejo apunta con claridad que la explicación más sencilla del material claramente legendario de los Evangelio se explica con rotundidad, claridad y sencillez si se parte de una figura histórica, perfectamente encajable/situable en el Israel del siglo I, y parangonable con otras figuras dela época, que luego fue magnificada, idealizada e incluso divinizada.
 
 
En mi opinión todas estas respuestas son correctas. Hace falta ser muy imaginativo y, diría, que carente del sentido de la realidad, y de lo que es la historia antigua, para creer que Jesús de Nazaret se explica –todo él– por una mera construcción literaria. A todo esto, he añadido en el libro arriba citado, “Aproximación al Jesús histórico”, que los Evangelios tal como están son infalsificables. Pero ojo esta afirmación no quiere decir que todo lo que en ellos se contiene sea histórica, sino que parece imposible imaginar una situación en la que una persona o grupo de personas se haya puesto a escribir los Evangelios tal como están, que son un verdadero cajón de sastre…
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html
 

Domingo, 30 de Diciembre 2018


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





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