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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Escribe Antonio Piñero
 
Escribíamos ayer, entre otras cosas que el período de gobernanza de Pilato fue más bien turbulento y problemático lo que apunta a que el ambiente en Judea (y en Galilea) fue bastante menos pacífico que lo que parece suponer la famosa frase de Tácito “Sub Tiberio quies”. Así que, al menos desde esta consideración general de la época, de ningún modo puede considerarse absurdo que un predicador religioso como Jesús estuviera a la vez interesado en cuestiones sociales que conllevaban necesariamente un cambio político. Y eso para los romanos era un intento de sedición contra la majestad de Tiberio y el poder del Imperio.
 
A este respecto concluye F. Bermejo, tras examinar la plausibilidad histórica del patrón “Jesús como sedicioso respecto al Imperio”, que:
 
“La combinación de un patrón convergente, junto con la aplicabilidad de los criterios de dificultad y de la verosimilitud histórica, nos permite inferir que el patrón tiene una probabilidad muy alta de historicidad. De hecho, es dudoso el que exista mucho material en los Evangelios que se pueda comparar con este en su alto grado probabilidad de que se retrotraiga al predicador galileo”.
 
“Es revelador que la hipótesis de un Jesús sedicioso se enfrenta a dos objeciones mutuamente excluyentes con respecto a la naturaleza de las pruebas a nuestra disposición.  En primer lugar, se ha formulado la objeción siguiente: si los textos eran realmente embarazosos para el cristianismo primitivo, habrían sido sencillamente eliminados; de acuerdo con esta objeción, tendríamos demasiados textos-prueba. Por otro lado, sin embargo, a menudo se afirma que, si Jesús hubiera sido un sedicioso antirromano, tendríamos más textos explícitos de apoyo a la hipótesis”.
 
Pero todo lo recogido hasta ahora es posible responder con claridad a las dos objeciones.
 
A la primera: hemos indicado ya que no tenemos “demasiados textos”, ya que son solo indicios, aunque numerosos; que son pequeñas frases o detalles; que están esparcidos por todo el material evangélico entre otros pasajes que contrarrestan la impresión del Jesús sedicioso porque la lectura rápida de los lectores hace que se obtenga una impresión diferente; que esos textos o detalles han sido transmitidos porque la tradición era demasiado evidente para poderlos suprimir, etc.
 
Respeto a la segunda objeción puede replicarse:
 
· Muchas veces no se tienen cuenta la existencia de este patrón; simplemente se niega.
 
· El patrón nos lleva a formular una hipótesis explicativa, no una certeza.
 
· Es sabido, por otros análisis que el relato de la Pasión está construido expresamente por el primitivo autor (desconocido) y luego seguido por Marcos y los demás evangelistas precisamente para ocultar este hecho. Por todos los medios los evangelistas procuran presentar la muerte de Jesús como un acto claro de extrema injusticia por parte de los romanos y de los judíos. Se declara una y otra vez que Jesús solo tenía pretensiones ultraterrenas, no mundanas (el reino de Dios ya había comenzado y era un reinado fundamentalmente interior, en los corazones, nada de en la tierra de Israel); que Jesús era un justo injustamente perseguido y condenado sin que hubiera hecho absolutamente nada en contra del Imperio…., hasta llegar al absurdo de que cuando los judíos lo acusan de sedición es el mismo prefecto romano, Pilato –conocidísimo a base de otras fuentes por su dureza  y crueldad– es el que se encarga de defenderlo.
 
Por último afirma F. Bermejo:
 
“Si los Evangelios explícita y consistente hubieran presentado al grupo de Jesús como una peligrosa banda de sediciosos, la hipótesis sería en verdad totalmente superflua, y los estudiosos que han propuesto esta hipótesis desde el siglo XVIII podrían haberse ahorrado esos esfuerzos. Por otra parte, la objeción no tiene en cuenta que en los pueblos dominados en gran medida se lleva a cabo el arte del disfraz político, y que este modelo puede y debe ser aplicado al caso de  Jesús”.
 
“En consecuencia, la afirmación de que la falta de testimonios más claros respecto a la dominación romana en las enseñanzas de Jesús tal como han llegado a nosotros significa que él no estaba interesado en cuestiones políticas o que adoptó una concepción del Reino más bien de otro mundo está equivocada totalmente.  Del mismo modo, la falta de una 'llamada clara a las armas' en los Evangelios nada demuestra, precisamente porque (aunque Lc 22,36 se asemeja a una llamada de este tipo:
 
 
“Y les dijo: «Cuando os envié sin bolsa, sin alforja y sin sandalias, ¿os faltó algo?» Ellos dijeron: «Nada.» Les dijo: «Pues ahora, el que tenga bolsa que la tome y lo mismo alforja, y el que no tenga que venda su manto y compre una espada”) 
 
 
dado el proceso de edición de oscurecimiento de los hechos y el hecho de que las formas de resistencia se expresan con mucha frecuencia encubierta y de una manera indirecta. Por consiguiente  su ausencia es de esperar. Lo importante no es que no tengamos más material que apunta a un Jesús sedicioso, sino que hayamos conservado tanto”.
 
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
 

Viernes, 27 de Enero 2017


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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