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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Principio básico en el que se sustenta toda la ética del Jesús histórico (3-07-2018) (1009)
Hoy escribe Antonio Piñero
 
Escribí el día pasado:
 
1. Según el conocido John P.  Meier (“Un judío marginal…”), no hay un principio claro –o él no lo encuentra– que sustente la ética de Jesús de Nazaret.
 
2. Según R. Armengol, “La moral, el mal y la conciencia. El poder de las ideologías en la formación de la conciencia moral”. Ediciones Carena 2018, que interpreta a Meier, en las pp. 358-359), afirma que este último en el fondo está afirmando que el origen y el fundamento de la propuesta ética de Jesús “procede de su autoridad carismática como profeta”.
 
3. Y en opinión propia, Armengol sostiene que eliminar o dulcificar “el dolor de los congéneres es el principio o centro organizador de la ética de Jesús”. Como buen judío, Jesús hace hincapié los preceptos bíblicos sobre el amor, pero los modifica con suma autoridad y a diferencia de otros profetas de Israel establece el dolor de los semejantes como guía o centro de su mensaje. «Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber […] estaba enfermo y me visitasteis, en la cárcel y acudisteis a mí» (Mt 25, 35-36).
 
Mi opinión al respecto es la siguiente:
A. Respecto a John P. Meier, sostendría que
 
1. Que el principio básico de la ética de Jesús ha de encontrarse en la teología de este acerca de la voluntad de Dios respecto al hombre manifestada en la la ley otorgado al pueblo judío por medio de Moisés.
 
2. Y que dentro del ámbito de la Ley, creo que sí, que puede hallarse en Jesús un “metaprincipio”, un principio básico, fundamental y único del que emanara toda le teología de Jesús respecto a la Ley, y por tanto de su ética o moral.  Sostendría modestamente, en verdad con entera seguridad, que la posible existencia de ese “metaprincipio” se deduce de las líneas siguientes del pensamiento judío:
 
A. Dios ha creado el mundo y en él al ser humano.
 
B. Entre los hombres ha creado especialmente a Israel, con el que ha hecho un pacto.
 
C. La voluntad de Dios es cognoscible y está expresada en la Ley: cualquiera que tenga buena voluntad y apertura hacia Dios, conocerá su voluntad.
 
D. El hombre es capaz por naturaleza de “hacer” / “cumplir”, la voluntad de Dios.
 
Reducidos estos cuatro principios a dos, y más breves, apuntaría modestamente: el metaprincipio de Jesús respecto a la Ley (y su ética) podría ser: “La voluntad de Dios es cognoscible; y el hombre puede y debe cumplirla”.
 
Y como consecuencia básica puedo admitir con Armengol que, respecto al prójimo, el deber básico que emana de la Ley (Levítico 19,18: “No te vengarás ni guardarás rencor contra los hijos de tu pueblo. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo, Yahvé”) es tratar al prójimo de tal manera que se elimine de su vida todo dolor, aflicción o molestia posible…, que se encuentre bien en suma. Eso explica ciertamente que en le Juicio Final, según Mateo 25, 31-40, la vara de medir sea la siguiente:
 
«Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria.  Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme.” Entonces los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber?  ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos?  ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?”. Y el Rey les dirá: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis”».
 
En mi libro, “El Jesús que yo conozco” de Adaliz, Sevilla, sostengo que la ética de Jesús –en contraste con la del fariseísmo del momento y la de los esenios –sectas con cuyo ideario Jesús mostraba muchos contactos– se separa, sobre todo de la de estos últimos, de un modo radical: “El mandamiento del amor (Mt 5,43-48), en el que el Jesús del Sermón del Monte hace tanto hincapié7, se separa radicalmente de la ética que imperaba en Qumrán. El contraste entre el amor a los enemigos del Nazareno y lo que leemos en la Regla de la comunidad es tremendo”. Tanto fariseos (parábola del buen samaritano, Lc 10,25-37: obsérvese cómo esta parábola surge de una pregunta de un escriba acerca de cómo interpretar la ley de Moisés) como esenios no tenían en absoluto como fin de su moral eliminar el dolor del prójimo. Y Jesús, sí.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html 

Martes, 3 de Julio 2018


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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