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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Respecto a las sentencias de Jesús y su posible recuperación de un modo fidedigno. El crítico no está en una situación desesperada (956)
Escribe Antonio Piñero
 
 
Transcribía en la postal anterior un breve comentario de Charles Guignebert de 1933, pero que sigue estando de actualidad a propósito de la tentación de los estudios críticos sobre los Evangelios de caer en una postura de un radical escepticismo: es imposible saber qué enseñó exactamente Jesús. Pero, a continuación el mismo Guignebert ofrece razones para lo contrario: el crítico no está en una situación desesperada. Las transcribo a continuación:
 
 
1. Lo que dijo Jesús no fue mucho. Todo lo que dijo Jesús –si eliminamos el discurso escatológico de Mc 13 y sus paralelos– se puede decir en una hora más o menos.
 
 
2. Los temas sobre los que hablaba Jesús eran todos comunes en la doctrina judía y eran bien conocidos por los oyentes. Eran, por tanto, fáciles de memorizar. Apenas hay doctrina original en los Evangelios. Las sentencias morales de Jesús tienen todas paralelos en  la moral rabínica posterior, recogida hacia el año 200. Y no puede decirse que los rabinos copiaran de Jesús  dado el ambiente de hostilidad entre los judeocristianos y el judaísmo normativo. Lo prueba el Evangelio de Mateo y su dibujo de la hostilidad entre Jesús y los fariseos; lo prueba igualmente el mal ánimo contra los judíos de la que está repleto el Evangelio de Juan.
 
 
3. Además serían ideas elementales las ideas propias que repetiría Jesús: su autoconciencia como profeta, la institución del reino de Dios y su pronta venida.
 
 
4. No hay razones para pensar que las comunidades primitivas, la de Jerusalén y de Galilea, tuvieran necesidad de modificar la doctrina de Jesús, puesto que su pensamiento era profundamente judío. Sabemos de sobra que al principio no se diferenciabas de otros grupos de piadosos más que en su firme creencia de que el Mesías había venido ya. Los posibles cambios en las sentencias jesuánicas tiene lugar posteriormente, por influencia del ambiente y las necesidades (catequéticas, litúrgicas…) en el que viven de los judeocristianos helenistas y los paganocristianos que se incorporaron a ella , y que eran de lengua griega
 
 
6. El pueblo judío estaba acostumbrado a aprender de memoria. Algún evangelista, como el que denominamos Mateo, eran escribas: parte de su oficio era memorizar.
 
 
 
7. La firme creencia en un fin del mundo inmediato no era óbice para que pronto se escribieran al menos “hojas volantes” con sentencias de Jesús, parábolas, o listas de milagros, necesarios para la predicación en general. Tenemos el ejemplo de las gentes que habitaron el asentamiento de Qumrán: estaban firmemente convencidos del fin del mundo inminente, pero a la vez recogían palabras del “Maestro Justo”, quizás el ignoto fundador de la subsecta esenia (por ejemplo, himnos), e interpretaciones de la Escritura y sentencias entorno a la interpretación de la Ley.
 
 
8. Las sentencias y parábolas de Jesús eran fáciles de retener por su colorido, metáforas, viveza, y ritmo semipoético, junto quizás juegos de palabras en arameo
 
 
9. Se han transmitido tantos dichos de Jesús, por ejemplo, los logia reunidos en la “Fuente Q” que es imposible que hubieran sobrevivido, si no se hubieran compuesto hojas volantes, o pequeños librillos muy al principio. O si no hubiera habido una catequización esforzada, preparación para el bautismo que hubiera obligado a los nuevos cristianos a memorizar palabras de Jesús.
 
 
10. Los evangelios no son tan largos como para que tratándose la obra de toda una vida (como se supone que ocurre  con cada uno de los evangelistas canónicos) no se hubiera dedicado a la investigación seria de la tradición oral de los primeros oyentes, ya viejos, que hubieran visto o aprendido de cosas de Jesús de sus primerísimos seguidores. Es de suponer que esos evangelistas tenían cierto discernimiento.
 
 
11. Cuando se piensa en la Fuente Q y se observa como está compuesta de dichos aislados, de historietas, anécdotas inconexas que se parecen a bastante a las que se cuentan de los rabinos de épocas posteriores, se puede observar que en ellas está ausente la cristología de la iglesia posterior, el mejoramiento y la sublimación de la figura de Jesús. Por ello es de suponer que se han recogido simplemente porque tenían detrás la fama de proceder del Maestro. Es difícil creer que sean puramente inventadas.
 
 
Guignebert añade dos notas que sustentan esta suposición:
 
 
A. En los logia de Q cada vez que el crítico tiene la impresión de que un dicho ha conservado su primitivo marco, ese dicho está situado en Galilea. Si su origen estuviera en la segunda generación de cristiano es posible que tal dicho estuviera situado en Jerusalén o en Judea. Esta tendencia se nota en el Evangelio de Juan que aumenta la presencia de Judea y Jerusalén muchos sobre los Sinópticos).
 
 
B. Las indicaciones o mandatos de Jesús van dirigidos inmediatamente a sus discípulos sin que pueda percibirse que van orientados a una organización o iglesia posterior.
 
 
12. Los argumentos expuestos  se refieren en muchos casos a lo sustancial. En los detalles, los críticos tiene suficientes herramientas intelectuales para caer en la cuenta –por la comparación de las fuentes entre sí– que hay modificaciones del evangelista o de su tradición. Esto se nota en los añadidos interpretativos o en las observaciones –que se perciben que están intercaladas– que vienen bien a las circunstancias de las comunidades posteriores, cuya teología se conoce. Se puede pues, suponer, que hay una tradición primitiva que recoge, quizás con solo pequeños retoques lo que Jesús repetía, lo que Jesús consideraba más importante y llamaba la atención a sus discípulos.
 
 
 
Conclusión: la crítica no está en una situación desesperada pues en todo caso tiene el conocimiento suficiente como para eliminar lo posterior de lo que parece el pensamiento genuino de Jesús.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html 

Viernes, 12 de Enero 2018

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Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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