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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Hoy escribe Antonio Piñero

Seguimos comentando los pasajes recogidos en la nota anterior (2-19) respecto a la afirmación de ciertos pasajes evangélicos en los que Jesús aparece denominado como “hijo de Dios”.

5. Respecto a las afirmaciones de otras personas sobre la filiación divina de Jesús (número 5: A. La pregunta de Caifás de Mc 14,61 y Mt 26,62-64 junto con la escena paralela en Lc 22,70. B. :Los que pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo: «Tú que destruyes el Santuario y en tres días lo levantas, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!» (Mt 27,39-40). Algo similar en Mc 15,39: “Al ver el centurión, que estaba frente a él, que había expirado de esa manera, dijo: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.»

Respecto a que el mesías fuera “hijo de Dios” debemos afirmar lo dicho ya en la nota anterior: tal expresión no quería decir en el judaísmo del momento, y menos en boca de Caifás, el sumo sacerdote, que el mesías fuera hijo real, físico, óntico de Dios, sino que al igual que el rey de Israel, o cualquier profeta ungido Dios tenía con él una especial relación de afecto y cuidado.

Ninguno de estos textos aparece en los tratados modernos de cristología o de exégesis como palabras auténticas de Jesús expresando su divinidad.


La conciencia de filiación divina por parte de Jesús

Se argumenta continuamente que la divinidad real de Jesús –aunque no se afirme directamente en los Evangelios- sí se deja “traslucir” indirectamente que Jesús tenía respecto a Dios una conciencia tan clara y tan distinta de su filiación, que denomina a Dios Abbá, padre (Mc 14,36, ocurrencia única en todos los Evangelios, pero uso de Jesús confirmado indirectamente por Pablo de Tarso en Rom 8,15; Gál 4,6).

Con otras palabras: se afirma que Jesús distingue claramente entre "su Dios" y el "Dios de los discípulos". De ello se argumenta que debe deducirse al menos la indicación implícita de que Jesús se consideraba “hijo” de Dios de modo especial, con una conciencia tal de la diferencia de su filiación respecto a la de los demás mortales…, que es lícito ver en ello un indicio de su divinidad real.

El argumento no me parece convincente: esa conciencia especial de “filiación divina” la tenían en el judaísmo de época de Jesús los rabinos carismáticos, sanadores, exorcistas y taumaturgos, dentro de los cuales debe encuadrarse a Jesús.

Ciertamente se han conservado pocos ejemplos para el siglo I de nuestra era: el rabí Haniná ben Dosa, que vivió una generación después de Jesús en Galilea; el rabí Honí el trazador de círculos, que murió en el año 65 d.C.; el jornalero y taumaturgo Abba Hilkya). Todos ellos tenían una conciencia especialísima de ser “hijos de Dios” de un modo diferente a la gente “normal”,; todos ellos consideraban “su Padre” a Dios de un modo particular. Era muy natural que un taumaturgo se sintiera más cerca de Dios que los demás hombres, pero eso no significaba que se considerara Dios. En el judaísmo de la época es imposible.

He aquí unos textos significativos:

Se cuenta en el Talmud que una voz celestial dijo de Hanina ben Dosa:

« El mundo entero será alimentado gracias a mi hijo Hanina; (es un hombre austero) con un puñado de algarrobas tiene bastante mi hijo Hanina para una semana (Talmud Taanit 24b) »

El mismo tratado Taanit (23a) dice de Honí que, al saberse que era afecto a Dios y que había realizado otros prodigios (en concreto curaciones milagrosas, como Jesús), unos colegas fariseos le pidieron a intercediera ante la divinidad para que ésta otorgara la lluvia, muy necesaria en un tiempo de feroz sequía. Entonces Honí trazó un círculo en torno a sí y juró no salir de allí hasta que Dios no le concediera su petición, y dijo:

« Señor del mundo: tus hijos se han dirigido a mí, porque soy en tu presencia como un familiar de tu casa. Juro por tu Gran Nombre que no me moveré de aquí hasta que te apiades de tus hijos. »

A otro fariseo, Simeón ben Satá, le pareció que la postura de Honí era muy irrespetuosa y arrogante para con Dios, de modo que aunque vino milagrosamente la lluvia, reprendió a Honí:

« Si no fueses Honí, te excomulgaría. Pero ¿qué puedo yo hacer contigo? Pues tú sabes conquistar a Dios para que te conceda lo que quieres, como un hijo conquista a su padre y éste concede lo que desea su hijo. Cuando le dice: ‘Padre (abbá, como Jesús), báñame en agua caliente, o échame agua fría, dame nueces, almendras… él se lo otorga. »

Es evidente por estos pasajes de la época de Jesús que a un taumaturgo se le llamaba “hijo de Dios” con especial énfasis sin que ello significara ninguna divinización por parte de los que los llamaban, ni menos por parte de quien era así denominado. De este modo debemos entender los pasajes evangélicos. E insistimos en que debemos tener en cuenta que una cosa es la transmisión de la noticia (en este caso, que se denominaba a Jesús hijo de Dios), y otra el modo cómo la cuentan los evangelistas -de treinta a cincuenta años más tarde de la muerte de Jesús- junto con la intención implícita como la transmiten. El historiador debe rescatar la noticia llevándola hacia su contexto originario, ditstinguiéndolo del contexto posterior (el "evangelio", es decir un libro que hace propaganda explícita d una fe) dentro del cual se transmite.


Seguiremos. Saludos cordiales de Antonio Piñero

Martes, 9 de Diciembre 2008

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Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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