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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero

Escribe Antonio Piñero
 
Creo que es una buena labor por parte de F. Bermejo, y también mía en menor grado ciertamente, el haber puesto de relieve este patrón de recurrencia. Son muchos puntos indicando una interpretación posible. Pero, como ocurre en la investigación del Nuevo Testamento, no hay ni un solo punto de esos más o menos treinta y cinco indicios que no haya sido cuestionado en cuanto a su autenticidad por algún autor de cierto peso. En general solo se acepta como rigurosamente histórico el que Jesús murió en la cruz. Todo lo demás se  discute, y la gente piensa sobre  uno o de otro punto de los enumerados en días anteriores que ha sido creado por la Iglesia primitiva por diversos motivos.
 
Así es la historia antigua, siempre en todo dubitante, y en lo que respecta a Jesús hasta lo que parece evidente es discutido. Pero lo que tratamos aquí es: ¿se puede uno formar una idea correcta y generalizante de un aspecto de la personalidad de Jesús que sirva para encuadrarlo en general en el espacio religioso de su tiempo? Se trata de obtener marcos, insisto, generales de interpretación. Y una vez asegurado uno, por el criterio de coherencia podemos ir formándonos una idea sobre cómo era Jesús, aspecto por aspecto estudiando otros patrones de recurrencia. 
 
A partir de los pequeños detalles se pueden formar cuadros o imágenes o conceptos generales de comprensión. Naturalmente este, o estos marcos, solo puede formarse si se tienen en cuenta también los conjuntos generales de información acerca del Israel del siglo I: religión, política, sociología… datos arqueológicos, todo lo que pueda ayudar a comprender en suma ese siglo en ese lugar del mediterráneo oriental. Con otras palabras: no basta con crear un marco de comprensión de un aspecto de Jesús, sino que este debe encajar plausiblemente con lo que sabemos del Israel del siglo I.
 
Insistí anteriormente que lo importante de estos patrones de recurrencia es que aparecen, como indicios, por todas partes en los evangelios y en todas las formas literarias de ellos. Eso, a priori, no puede ser casual, sino que se debe a la memoria en general sobre el personaje, en este caso Jesús, que se ha transmitido por una gran diversidad de canales. Pero aquí unos estudiosos argumentan que no se puede uno fiar de la memoria de los pueblos, mientras que otros sostienen que las impresiones generales sobre un personaje, que se han ido mantenido en un par o tres de generaciones, son fiables. Naturalmente alguien puede objetar: también se ha mantenido la idea de que Jesús es “manso y humilde de corazón” y que “no tuvo arte ni parte en la política de su tiempo”.
 
Pero este argumento no vale: se nota en ese caso la mano, o las manos redaccionales de los evangelistas (se han hecho innumerables estudios sobre el sesgo de cada autor evangélico), y se ve claramente que son ideas que se pretenden imponer al lector, mientras que los patrones de recurrencia –en este caso “Jesús y la resistencia antirromana”– son indicios sueltos aquí y allá, recogidos a veces sin pretenderlo, que chocan contra lo que es claramente una construcción teológica, y unos indicios se ven favorecidos por el criterio de dificultad: no es posible que tantos cabos sueltos se hayan conservado cuando la teología cristiana del siglo II apuntaba a lo  contrario, un Jesús que o bien no le interesaban los problemas que afectaban al Imperio Romano, o que era todo un colaboracionista ya que –se dice– afirmó que había que pagar el tributo al César y que era manso y humilde de corazón.
 
Y aquí está el quid de la cuestión: ¿cómo iban a matar los romanos–y los judíos colaboracionistas de la Jerusalén de esos momentos–  a un judío también colaboracionista, que ordenaba pagar el tributo al César, que era manso y humilde de corazón, y al que no le interesa ni lo mínimo la política de su tiempo? No parece posible. Hay que buscar por otro lado.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com
 

Miércoles, 18 de Enero 2017

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Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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