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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Un excelente Diccionario de la Biblia (538)
Hoy escribe Antonio Piñero

Hace tiempo colaboré en algunos lemas/voces/artículos (el feo anglicismo “entradas” lo dejamos para el teatro, cine o deportes) en el impresionante “Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia”, de la Editorial CLIE (c/ Ferrocarril 8, 08232 Viladecavalls (Barcelona, España), que recibí hace tiempo en casa. Estoy, pues en deuda ante el comité editorial dirigido por Alfonso Romero Berzosa y ante el revisor general, Juan María Tellería Larrañaga. Hoy cumplo con mi deuda de hacer algunos comentarios sobre esta obra, pidiendo disculpas por la tardanza ya que me he dedicado a usarlo.

De entrada diré que es imponente por su volumen: son 2673 pp., en papel biblia, a dos columnas, de tamaño folio, con un caudal de información enorme. Es, a pesar de su tamaño, muy manejable porque no es demasiado grueso y su encuadernación es magnífica, de esas en las que el lector abre el libro sobre una mesa y éste se queda en esa posición, sin cerrarse. Los autores de los diferentes artículos son cerca de 160, y son conocidos por haber escrito algo importante sobre lo que escriben. Los autores son de variadas orientaciones. Desde luego, como la dirección es protestante/evangélica, abundan más los concordes con esta línea, pero puedo decir que –después de haber utilizado este diccionario leyendo muchos artículos-- no he experimentado el menor sesgo sectario. Ni tampoco en los autores católicos, que los hay, o independientes. Se trata de verter en cada concepto lo que dice la filología, la historia, la crítica literaria y la teología, señalando bien claro los campos.

Una enciclopedia, si es buena y fiable, como ésta, es utilísima, ya que es imposible abarcar con solvencia ni el cinco por ciento de lo que debería saber un investigador de cualquier disciplina. Y más hoy, cuando la bibliografía es abundantísima. Estoy de acuerdo con los editores que una enciclopedia es “un medio único, rápido y sistemático, de adquirir conocimientos, ya que sus páginas desvelan la vastedad del saber y se ofrecen para orientar al lector en el arduo camino de su aprehensión” (p. V). Creo que cualquiera estaría tentado de abandonar las lecturas más recientes y dedicar cada día un buen tiempo a leer pausadamente todos los artículos de una buena enciclopedia como ésta. Creo haber leído en alguna parte que eso fue lo que hizo Aldous Huxley (muerto en 1963), novelista, poeta y ensayista, quien tuvo tiempo para leer todos los artículos de cada uno de los tomos de la Enciclopedia Británica. En el caso del presente Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia” merece la pena hacerlo.
Los diferentes artículos no eluden presentar al lector las diferencias existentes en la exégesis o en la interpretación histórica, así como los debates actuales entre los especialistas en cada tema, si los hay. Pero cada autor expresa su propia interpretación: no hay línea directriz obligatoria alguna impuesta por los editores.
El contenido del Gran Diccionario es el usual, es decir, lemas/voces/artículos dedicados a todos los libros de la Biblia, incluidos deuterocanónicos (el uso de este vocablo es un buena muestra del respeto por los lectores católicos de esta obra) y apócrifos o pseudepígrafos a todos los topónimos, personajes, flora y fauna, objetos de la vida diaria o mencionados expresamente en los libros bíblicos, geografía, historia de ciudades, reyes, dinastías, etc., instituciones políticas; temas teológicos y religiosos en general, aspectos interesantes de los métodos exegéticos judíos y cristianos , traducciones antiguas de la Biblia, etc.

Este Diccionario presenta también las voces hebreas/arameas y griegas (y su correspondiente latino en la Vulgata) con una transliteración clara, inteligible, no necesariamente fonético-científica, que es muy complicada, con definiciones breves de cada término. Cada uno de ellos lleva un número que corresponde a la Concordancia de Strong muy usada en lectores de la Biblia en lengua inglesa, y también en castellano, ya que hay traducción en nuestra lengua. La versión bíblica generalmente utilizada en las citas es la de Reina-Valera, pero en su edición revisada, pero hay artículos en los que cada autor presenta su propia, u otra traducción, señalándola convenientemente.

Y con esto termino. Creo que la mejor alabanza de esta obra la he dicho ya. Merecería –si la vida no nos impusiera a veces la especialización-- la pena dedicarse a leer lentamente todos sus artículos. La idea general que se obtendría de la ciencia bíblica actual sería muy buena, segura y no sesgada. Ante la obra surge de inmediato la natural exclamación admirativa: “¡Cuánto tiempo empleado en este colosal Diccionario!”. Pero ha merecido la pena, sin duda alguna.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com

Viernes, 7 de Noviembre 2014


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.








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