Recomendar este blog Notificar al moderador
CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Escribe Antonio Piñero


Pregunta:

Hoy me entró la curiosidad y comencé a ver el vídeo que menciono en el asunto de este correo. He dudado desde el comienzo en que existan tantas similitudes entre Jesús y dioses como Horus, Attis, Krishna, Dionisio, etc. Se que si hay similitudes con otras religiones, pero dudo que tantas y tan similares como el argumento del documental nos hace creer. Que opinión le merece lo anterior?


RESPUESTA:

No haga mucho caso de esos paralelos. La mayoría son traídos por los pelos, exagerados, copiados de otros libros, no procedentes de ningún análisis comparativo de los textos. Además algunos de esos son sencillamente falsos, por ejemplo el famoso parecido con Mitra: ni Jesús nació el 25 de diciembre, ni lo hizo en una cueva, ni Jesús era considerado entonces el sol, ni hay ni un solo texto antiguo que diga de Mitra que nació el 25 de diciembre y en una cueva en la roca. Y se repite una y otra vez sin control alguno.
<!--more-->
Además, he dicho y escrito repetidas veces que los modos de pensar la relación de los humanos con la divinidad son limitados. Por tanto, surgen espontáneamente y sin necesidad de copiar paralelos. Al igual que surgen en los cuentos para niño estructuras parecidas… : el bueno, el adversario malvado, el dragón, el peligro de la princesa, el héroe salvador, el viaje peligroso, el naufragio, la salvación maravillosa. No hay que copiar nada, porque no hay muchas estructuras narrativas posibles


Pregunta:


Buenas noches tengo una pregunta que necesito hacerle, Cual fue el nombre original de Jesús? y porque no se uso el nombre original hebreo o Arameo? que significa Jesus y de dónde provino ese nombre? gracias por su ayuda


RESPUESTA:

Jehoshúa, en hebreo, que significa “Dios = Yahvé me salva”. En castellano, a través del griego da Jesús y Josué. En cuanto a lo demás he respondido ya a esta pregunta en mi Blog y en Facebook = Jesús, significado del nombre (“Compartir” 29-30 agosto 2014). Le ruego que utilice el buscador y lo lea.


Pregunta:


Me gustaría me pudiese recomendar a que(cuales) libro(s) puedo referirme para conocer las diferencias y puntos en común de las religiones.


RESPUESTA:


Creo que lo mejor que puede hacer es ir a una buena Biblioteca y buscar el apartado "Religión", a ver si encuentra una historia de las religiones como la de Mircea Eliade, o bien de James George Frazer, "La rama dorada". Un buena introducción puede ser la de
Robert A. Segal (éd.), The Blackwell Companion to the Study of Religion, Malden, 2006, y sobre todo Francisco Díez de Velasco, La Historia de las Religiones: Métodos y perspectivas, Madrid, Akal, 2005.


PREGUNTA:


Estimado profesor, de nuevo me permito abusar de su cercanía, esta vez para solicitarle bibliografia de calidad sobre el famoso P-52.


RESPUESTA:

Yo no he estudiado directa y especialmente ese papiro, porque es muy pequeño, sino que me he contentado con lo que aparece en los tratados de Papirología del Nuevo Testamento:

• El de José O’ Callaghan (tiene uno suyo publicado, creo, porque no tengo aquí el libro en el Almendro de Córdoba; este libro es bastante elemental), y otro que es una traducción del italiano de A. Calderini.

• El clásico de Bruce A. Metzger, The Text of the New Testament. Its Transmission, Corruption and Restoration, con varias reediciones, Clarendon Press, Oxford (tengo la de 1976),

• Y otro clásico que está en alemán (sé que hay versión inglesa pero no la he manejado nunca), de Kurt y Barbara Aland, Der Text des Neuen Testament, Einführung in die wissenschaftliche Ausgaben und in die Theorie und Praxis der modernen Textkritik, Deutsche Bibelgesellschaft, Stuttgart, 1989, con modernas reediciones.

Pregunta:

En varios pasajes como Marcos 7: 33; Juan 9: 1-5. Se nos presenta a Jesús usando saliva para sanar. ¿ Por qué los evangelistas dan a conocer ese método para sanar? Unos pastores protestantes me dijeron que eso era porque en esos momentos, se decía que la saliva del César tenia poder.

RESPUESTA:

Es una pregunta difícil de responder y los exegetas lo explican de diverso modo: unos piensan que eran ritos mágicos o semimágicos populares y que Jesús creía en ellos, y otros opinan que –según la noticia de Flavio Josefo apropósito de las dotes proféticas y milagrosas del emperador Vespasiano—ciertamente los antiguos creían que la saliva tenía poderes curadores potenciados por el poder taumatúrgico del carismático en este caso con la ayuda de Dios como pensaba Jesús. Así que en honor Dios la verdad no lo podemos saber con seguridad porque la información de los Evangelios es muy escasa.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com
Lunes, 14 de Diciembre 2015
Escribe Antonio Piñero



Transcribo hoy mi breve intervención en el Ateneo de Madrid 18-11-2015 en una mesa redonda organizada por el Aula de Psiquiatría. El título era el de esta postal.


Como no deseo expandirme en mi exposición más de lo conveniente, de los dos aspectos que tiene el título de esta mesa redonda voy a concentrarme en el primer aspecto, la Palabra, instrumento de la divinidad. La bella expresión de Martin Heidegger, “La palabra es la casa del ser”, es ciertamente muy certera, pero está necesitada de precisión, sobre todo del segundo término: el ser. Aquí me referiré a lo que el común de los mortales entiende por el ser divino que se comunica con el ser humano.

“En el principio era la Palabra”. Este es el inicio de una de las obras que más han influido en el mundo occidental, el Evangelio de Juan, 1,1. No se trata de un sublime poema inspirado por la grandeza de Jesús, sino de un midrás judeocristiano (un comentario a un texto bíblico a base de variaciones interpretativas sugeridas por ese pasaje, comentario compuesto, o aceptado, por el redactor definitivo de ese evangelio) a Génesis 1,1: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Quiere decir el texto johánico que en verdad ya existía la Palabra de Dios antes de la creación o conformación del universo a partir de un caos primordial. No existía el mundo, pero sí la Palabra que será la ayudante de la creación.

Pero otro texto bíblico, del libro de la Sabiduría (18,14-16), afirma que la Palabra divina es también implacable destructora: “Cuando un sosegado silencio todo lo envolvía y la noche se encontraba en la mitad de su carrera, tu Palabra omnipotente, cual implacable guerrero, saltó del cielo, desde el trono real, en medio de una tierra condenada al exterminio. Empuñando como afilada espada tu decreto irrevocable, se detuvo y sembró la muerte por doquier; y tocaba el cielo mientras pisaba la tierra”.

Esta concepción de la Palabra, que en el judaísmo helenístico (desde el 323 e.c., muerte de Alejandro Magno, hasta aproximadamente el siglo i a.e.c.) se concibe como la mano derecha de Dios la Sabiduría, la Acción, la Presencia divina en la tierra, que sustituye en el uso diario al sacrosanto nombre de Yahvé, impronunciable, solo es concebible en una cosmovisión que –cuando se compone el Evangelio de Juan– tenía ya unos dos mil quinientos años de antigüedad. la concepción del mundo acadio-asirio-babilónica que heredará la biblia hebrea.

He explicado en otro lugar (“Guía para entender a Pablo. Una interpretación del pensamiento paulino”, Trotta, Madrid 2015) que esa concepción era la siguiente: la tierra es plana, de forma circular normalmente, pero con cuatro puntos cardinales bien diferenciados, los “cuatro confines” de la tierra. El centro de esta era Akad, Asur o Babilonia respectivamente. La zona seca y elevada de la tierra está rodeada por todas partes por el océano, limitado por un muro de contención. Encima de la superficie plana, o rugosa –montañas-, y acuosa están las esferas celestes, en número de tres. En la cúspide de estas esferas se halla el trono de los dioses que formaba como una corte celestial en la que hay una divinidad dominante. En una de esas esferas, supra lunar, se hallan el sol y los planetas y, más arriba, las estrellas fijas que giran como un bloque sobre la tierra, que el hombre concibe como el centro natural de todo.


En la parte inferior de la superficie de las aguas y de la tierra plana o rugosa se halla el reino de los muertos, que cumple además la función de base o sustento de aguas y tierra. El ámbito de este reino está igualmente dividido por esferas subterráneas, más pequeñas que las celestes. En una de ellas tiene su palacio el guardián de los muertos, divinidad también, aunque inferior. En la zona exterior a todo este conjunto hay una suerte de océano de aguas finísimas, que es el aire.

La antigua concepción hebrea del mundo se basa fundamentalmente en esta imagen, a la que se añaden algunas pequeñas precisiones, que intentan formar un sistema más unitario. A partir de un caos originario e informe, que se corresponde con las aguas subterráneas, es Dios quien ha creado el cielo, la tierra y los abismos: las tres entidades forman el “todo”, el universo, concebido generalmente con las mismas tres partes: el cielo arriba; la tierra abajo, y por debajo de ella el mundo subterráneo, constituido en parte por esas aguas caóticas primordiales y por el reino de los muertos. Los israelitas acrecentaron el número de esferas celestes hasta siete, número que indica la perfección. El cielo, en su esfera superior, la séptima, es la morada del Dios único y de su corte celestial, ángeles. Estos espíritus sustituyen a los dioses secundarios de los acadios y babilonios. Los astros entre el cielo y la tierra están gobernados por delegados de Dios, ángeles también o arcontes celestes. Unos astros eran buenos y otros perversos, según el gobierno de sus ángeles que hacían variar sus órbitas. La tierra se concibe unas veces como un cuadrado, y otras como una especie de rodaja redonda cuyos límites coincidían con el fin de los cielos en su parte inferior. Según los hebreos, las esferas celestes están sustentadas por unas enormes columnas, alejadas entre sí, pensadas como montañas grandes y estilizadas; el mundo subterráneo tenía también sus columnas sustentantes proyectadas hacia abajo.

Con el paso del tiempo, el judaísmo helenizado subordinó esta cosmovisión:

a) A una fe monoteísta en un Dios único. Los dioses secundarios se transforman en ángeles y demonios, siendo los primeros los cortesanos del Rey único. Como gema preciosa de la creación este Dios único había plasmado el ser humano;

b) A una concepción apocalíptica: fuera de Dios todo está sujeto a una ley divina: el tiempo inexorable es el que conforma la historia del universo y del ser humano, historia diseñada desde siempre por la divinidad. La historia avanza en línea recta desde los orígenes (creación y el paraíso para el ser humano) hasta la consumación final con peripecias diversas. El universo era al principio bueno y perfecto, pero luego resultó tremendamente desordenado por los pecados y la mala inclinación del hombre. Finalmente Dios volverá a poner orden en su creación, y volverá a generarse un nuevo todo, un mundo futuro, similar al del principio, probablemente unos cielos nuevos, o renovados, y una tierra nueva, o renovada, en donde los seres humanos justos (israelitas o convertidos) vivirán felices por siempre jamás.

Este universo semita coincide en parte con la del otro mundo al que pertenece el cristianismo primitivo, el helenismo. Aunque para los griegos el cielo y la tierra existen desde siempre –la materia es eterna–, el primero es como la mitad de una esfera, sólida. Este “cuenco” celeste cubre una tierra que es plana. La parte del espacio entre la tierra y el cielo hasta las nubes contiene aire o éter. Bajo la tierra, y hacia abajo, hay un espacio amplio, en cuyo final hunde sus raíces el Tártaro. La tierra está circundada por un río inmenso, el Océano.

Las tres religiones abrahámicas, judaísmo, cristianismo e islam, son dependientes de esta concepción del mundo. Y de estas tres religiones trataremos brevemente, ciñéndonos al tema de su noción de la palabra divina. En las tres, esta cosmovisión acadia-babilónica tiene una noción de la divinidad que afecta a la idea nuclear de su Palabra. Es la siguiente: Dios, por muy alejado que se lo presente y a pesar de la distancia entre el cielo y la tierra, está relativamente cerca. El universo es en sí muy pequeño; la divinidad es una entidad muy próxima, y se concibe además antropomórficamente. Sus rasgos básicos son como los humanos, aunque su pensamiento sea siempre muy superior. La tierra es el centro preferente de la creación divina, y hacia ella dirige siempre sus ojos el Dios único, pues en ella ha creado, a su imagen y semejanza, al ser humano. Ángeles y demonios, además de cortesanos, tienen la función de emisarios buenos, los ángeles, ya de sus contrapartidas perversas, los demonios, cuya misión es a veces poco explicable. Pero ambas clases rellenan el hueco entre el cielo y la tierra, actuando constantemente en la esfera de los hombres y salvando así la distancia entre Dios y el hombre. Dios dirige, consiente o permite todo, arriba y abajo, aunque con designios misteriosos.

En este universo con una divinidad tan “accesible” es fácil de comprender la posibilidad de la revelación. La divinidad se comunica constantemente con los hombres por sí misma o por intermediarios, y algunos seres humanos pueden también llegar a comunicarse casi directamente con la divinidad.

La accesibilidad de Dios explica la elección de un pueblo, por medio de su Palabra/ Promesa a Abrahán, que esté dispuesto a obedecer a Dios y a llevar adelante sus designios, a pesar de los fracasos del resto de los humanos.

A. En el judaísmo, la Palabra de Dios es ante todo la acción divina (por eso en el Fausto de Goethe, el inicio del Evangelio de Juan se traduce como “En el principio era la Acción”): “Dijo y fue hecho” (Sal 33,6), y tras la acción creativa actúa también la Palabra como directora y conservadora de todo lo creado: los astros del universo [“Alzad a lo alto los ojos y ved: ¿quién ha hecho esto? El que hace salir por orden al ejército celeste, y a cada estrella por su nombre llama. Gracias a su esfuerzo y al vigor de su energía, no falta ni una”: Isaías 40,26], el abismo inferior [Isaías 44,27: “Yo digo al abismo: «¡Sécate! Yo desecaré tus ríos.»”] y la naturaleza entera.

El orden de la creación lleva a los judíos de la Biblia hebrea, antes de Tomás de Aquino, a postular no solo una divinidad creadora, sino ordenadora e inteligente: por ello en la mentalidad hebrea la Palabra se concibe también como Sabiduría, hokmáh en hebreo y sophía en la Biblia griega.

Otro un papel fundamentalísimo que desempeña la Palabra divina en el Antiguo Testamento en la revelación profética/oracular. Los Diez mandamientos son las diez Palabras de Yahvé en el Sinaí; y decenas y decenas de veces se lee la “Palabra de Dios vino / cayó sobre tal o cual profeta (sobre todo en Jeremías y Ezequiel). La Palabra arrebata la personalidad profética, enloquece de algún modo al hombre y lo transforma en un canal de lo divino. Salvo en el caso único de Moisés, con el que Dios se comunicaba “como con un amigo”, cara a cara (Éxodo 33,11), la Palabra adquiere las dimensiones del ensueño o la visión, y en otros casos se presenta como una suerte de iluminación de la mente que es la inspiración.

En el siglo I, en el que se ponen los fundamentos del cristianismo, el arameo Memrá, la Palabra sin más, sustituye a cualquier otro término hebreo, incluso en las traducciones de la Biblia y los comentarios más o menos eruditos a ella. Dios se aleja un poco más del mundo de los hombres (influencia, sin duda del espíritu del helenismo, cuya filosofía tiende hacia un dios único, menos accesible que los dioses), por lo que se piensa que fue ella, la Palabra –no la divinidad en sí misma–, la que se apareció a Abrahán (Gn 12ss) e hizo con él, y luego con Jacob, una alianza. Fue la Palabra/Memrá la que se apareció en el Sinaí; la que iba delante del pueblo en el desierto, la que le proporcionaba agua y comida, y la que se convertía en fuego para castigar a los rebeldes. Y hoy todavía en el judaísmo, la Palabra, concentrada en el libro sagrado, es el centro absoluto de la piedad judía.

B. En el primer judeocristianismo, mucho antes de que se compusiera el Evangelio de Juan, en el ámbito de Pablo de Tarso, la Palabra era el resumen del evangelio, la buena nueva que Jesús, el Mesías, había traído al mundo en los tiempos finales antes del Gran Juicio. En el epistolario auténtico de Pablo, la Palabra es el resumen de la proclamación sobre Jesús. En 1 Tesalonicenses 1,6-8, la primera obra, cronológicamente hablando del Nuevo Testamento, compuesta en al año 51, quizás menos de 20 años tras la muerte de Jesús, afirma Pablo: “6 Vosotros (los tesalonicenses) os hicisteis imitadores nuestros y del Señor, recibiendo la Palabra… con alegría del Espíritu Santo, 7 de modo que os habéis convertido en modelo para todos los creyentes... 8 Pues partiendo de vosotros ha resonado la Palabra… no sólo en Macedonia y en Acaya, sino que vuestra fe en Dios ha llegado a todas partes”. Y en 2,13 da gracia a Dios porque “al recibir de nosotros en vuestros oídos la palabra de Dios, la recibisteis no como palabra de hombres, sino cual es en verdad, como palabra de Dios que permanece operante en vosotros, los creyentes”. Y un poco más tarde, quizás hacia el 54, exhorta a los Gálatas (6,6): “Que el catecúmeno haga partícipe al que lo catequiza en la Palabra en toda suerte de bienes”.

En Romanos 10 hay una bella reflexión de Pablo sobre la Palabra en la que tiende un puente entre la biblia hebrea y el “vivir en Cristo”, que es el cristianismo primitivo: “6 La justicia que viene de la fe dice así: No digas en tu corazón ¿quién subirá al cielo?, es decir: para hacer bajar a Cristo; 7 o bien: ¿Quién bajará al abismo? (Dt 30,12), es decir: para hacer subir a Cristo de entre los muertos. 8 Entonces, ¿qué dice? Cerca de ti está la Palabra: en tu boca y en tu corazón (Dt 30,14), es decir, la palabra de la fe que proclamamos. 9 Porque, si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo. 10 Pues con el corazón se cree para conseguir la justicia, y con la boca se confiesa para la salvación. La fe salvadora depende de la palabra de modo que Pablo dice la “escucha de la fe” (Gálatas 3,2.5). La palabra oída y aceptada lleva a la salvación.

Y por supuesto, la Palabra, desempeña un papel cardinal en el Evangelio de Juan, al que ya hemos aludido. El Verbo o Palabra es Dios. Como afirma J. M. Casciaro, un teólogo muy profundamente católico, “Cristo en cuanto hombre es la expresión humana máxima de la Palabra divina. Su humanidad es, pues, Palabra, Acción, Revelación máxima de Dios. Otra expresión de la Palabra de Dios, procede como de su plenitud del Verbo encarnado, ya sea el evangelio, la palabra de la Biblia hebrea, la palabra de la Iglesia a través de los siglos. Todas esas palabras pueden llamarse Palabra de Dios analógicamente en cuanto participan de esa realidad misteriosa Verbo encanado@

Una de las ramas del cristianismo paulino, el triunfante, es el cristiano gnóstico, el profesado por cristianos ya en el siglo II que se sentían receptores de una revelación particular de la divinidad, por la cual eran muy superiores a los cristianos vulgares. En él desempeña una función muy interesante la Palabra, el Logos. El Dios absoluto, súper trascendente, denominado Prepadre y Gran Espíritu Invisible, permaneció larguísimos siglos en magna paz y soledad antes de que fuera creado el universo. Pero nunca estuvo solo, sino siempre acompañado por su Pensamiento / Mente (en griego Énnoia, que es femenino) que es su “consorte”. Forman así una suerte de binidad masculina / femenina. Unida en sacro y misterioso conyugio producen el Logos, la Palabra. De esa suerte tenemos una suerte de Trinidad, de Padre, Madre e Hijo.

El Logos es en principio una Palabra interna, no proferida. Pero en cuanto se hace Palabra externa, proferida hacia fuera, dará lugar, por un complicado proceso, al universo. En el mundo de los gnósticos el Logos es distinto de la Sabiduría. En efecto, cuando el Prepadre y su Énnoia, Pensamiento/Mente se proyectan hacia fuera forman la plenitud de la divinidad. Esa plenitud, técnicamente denominada en griego Pléroma, consta –en unos sistemas gnósticos– de infinidad de eones, o entidades divinas, y en otros, como en el sistema valentiniano, de solo treinta. Estos eones son divinos porque son constituidos por el Prepadre como tales, como divinos, no solo en su sustancia, sino en su conocimiento. A saber, no son entidades divinas plenas hasta que el Prepadre les comunique el conocimiento de sí mismo, por medio de su Logos/Palabra. Puede decirse que el Pleroma, formado de eones o entidades divinas, no es más que la expansión máxima del Logos/Palabra, mientras que el Prepadre con su Énnoia, quedan como apartados de todo en su ultra trascendencia. El Logos es el puente de esa Trascendencia hacia fuera.

Ahora bien, en los sistemas gnósticos, la Sabiduría divina, que es uno de los eones del Pleroma, comete el error de querer conocer al Prepadre antes de tiempo, antes de que Él haya expresado su voluntad de ser conocido. Y ese error, el lapso de la Sabiduría, hace que sea expulsada del Pleroma. Como dicen metafóricamente los valentinianos, una vez expulsada, llora y se arrepiente. De sus lágrimas brotará la materia inteligible, y de su arrepentimiento surgirá una como hijo suyo, de Sabiduría, que se llama Demiurgo. Este tomará la materia inteligible y construirá el universo ayudado por las formas que contempla indirectamente en el Prepadre. La Sabiduría arrepentida será trasladada de nuevo al Pleroma por medio de una entidad divina, un eón nuevo, que se llama Redentor, y que es en el fondo una concreción del Logos o Palabra. Así que el Logos, o Palabra, es en último término quien salva a la Sabiduría y reconstruye el Pleroma completo. En último término, pues, la Palabra fue el “constructor” del Pleroma y su “reconstructor”, porque recoge a la Sabiduría lapsa, pero arrepentida.

Difícil, pero bello.

C. En el islam, finalmente –y seré breve– la Palabra divina es la mediadora entre Dios y el mundo. Como es sabido, el islam es una religión con un núcleo de ideas muy sencillo, claro, y sin misterio alguno: Dios omnipotente, Alá (’El en hebreo; ’Elaha en arameo; ’Allah en árabe, Dios simplemente) ha creado el universo. El ser humano es lo mejor de la creación. Como criatura, debe obediencia absoluta al Creador. Y este comunica su voluntad a su criatura por la revelación, mediada por los profetas. El último, definitivo y sublime, de una cadena de profetas es Mahoma. Dios comunica su palabra/revelación por medio de un ángel, un espíritu intermedio entre Dios y la criatura humana, en concreto Gabriel.

La Palabra de Dios es inmutable y solo pudo ser dictada al profeta Mahoma, sílaba a sílaba, por ese arcángel. Por ello, su texto es la Palabra sagrada de Dios –dictada en la lengua de su elección, el árabe–, y por tanto absolutamente inmutable e infalible. La Palabra de Dios no es de hecho traducible, y aquel que se convierta al islam debe aprender el árabe para gustar plenamente de esa Palabra. La Palabra contiene todo lo que el hombre debe saber de Dios y no necesita complemento alguno. Una vez conocida esa palabra, no puede el ser humano abjurar de ella. Y si lo hace es reo de muerte. Todo insulto o menosprecio al Corán como palabra divina es también una blasfemia, castigada en principio igualmente con la muerte.

Con el islam y con el judaísmo fundamentalmente alcanza la Palabra divina un valor fijo, inmutable, sagrado. El cristianismo tiene también su propia doctrina de la Palabra inmutable en la creencia en la inspiración verbal de las Escrituras y en su infalibilidad. Pero queda reducida también a los fundamentalistas extremos. Las tres religiones abrahámicas llevan, pues a la Palabra divina, a su máxima excelencia en detrimento absoluto de la palabra humana.

En torno, pues, a la Palabra se juega gran parte de la moderna civilización de Occidente. La Ilustración acaba radicalmente con el concepto de revelación tal como lo entienden tradicionalmente las tres religiones abrahámicas, y establece la autonomía absoluta de la palabra humana frente a una pretendida Palabra divina, en la que no se cree.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com
Viernes, 11 de Diciembre 2015
Escribe Antonio Piñero


Pregunta:

Le cuento hoy fui a misa y cuando el sacerdote estaba con el cáliz dijo está es la alianza nueva y eterna. Y me quede pensando ¿cual es la alianza de Jesus con los hombres? y san Pablo habla de eso

RESPUESTA

Mi respuesta globalizante es: se trata de la misma alianza, judía, de Dios con Abrahán como padre del pueblo judío, como se entiende a partir de Jeremías 31,31. Pero una alianza renovada por el mesías en la época mesiánica y vista con sus ojos.
Y para ampliar esta respuesta, tomo ideas de mi obra “Guía para entender a Pablo”. Una interpretación del pensamiento paulino” de Edit. Trotta, Madrid 2015, que si puede y le interesa puede consultar más a fondo.

En general el apóstol Pablo insiste en la comparación entre creyentes y no creyentes en el Mesías. Los primeros están en una “nueva” alianza, celeste, definitiva hasta el final de los tiempos, la del Mesías; los segundos, no creyentes, se mantienen en la “alianza antigua” en un sentido intrajudío, por ejemplo el de Jr 31,31: hasta el momento no han aceptado la restauración y renovación del corazón, y se mantienen en la “letra” de la Ley, no en la ley de la fe, del espíritu y del amor, que trae el Mesías.

Le transcribo el texto de Jeremías

31 He aquí que vienen días --oráculo de Yahvé-- en los que yo pactaré con la
casa de Israel (y con la casa de Judá) una nueva alianza; 32 no como la alianza que pacté con sus padres, cuando les tomé de la mano para sacarles de Egipto; que ellos rompieron mi alianza… 33 Sino que esta será la alianza que yo pacte con la casa de Israel, después de aquellos días --oráculo de Yahvé--: pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.

Pablo manifiesta la idea de la nueva perspectiva, entrar en la alianza mesiánica, cuando en 2 Cor 3,7-8, distingue entre el ministerio de la muerte, grabado con letras en tablas de piedra y el ministerio del espíritu. Es muy probable que el Apóstol, al dictar estas frases, se estuviera acordando del pasaje de Jeremías 31,31-33, que le he transcrito y que contrasta el “corazón de piedra” con el “corazón de carne”, en el que está grabada la Ley de tal modo que forma una “nueva alianza”. Es posible que este pasaje profético se complementara en la mente de Pablo con otros dos de Ezequiel,

• Yo les daré (a los israelitas) un solo corazón y pondré en ellos un espíritu nuevo: quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne (11, 9).

• Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. 27 Infundiré mi espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos y observéis y practiquéis mis normas (36,26-27),

donde se observa que el “corazón de carne” y no de “piedra”, en la que está grabada la Ley, es igual a “poseer un espíritu nuevo”. Y, según Jeremías, eso supone una “nueva alianza”. Si estos textos se hallan detrás del pensamiento de Pablo, parece claro que cuando él habla de una nueva alianza no está formulando un pensamiento parecido al que tienen los cristianos de hoy, que contraponen “antigua y nueva alianza” de modo rotundo y antitético, sino de una expansión y renovación de la alianza de Dios con Abrahán, que va unida a la Promesa, alianza que no puede perecer porque los designios de Dios son irrevocables (Rom 11,29). A este conjunto profético parece referirse Pablo cuando habla de “alianzas”, en plural, en Rom 9,4: Los israelitas, de los cuales es la filiación, la gloria, las alianzas, la legislación, el culto, las promesas.

En Gálatas se encuentra también el concepto de “dos alianzas” en 4,21-31:

Pues está escrito que Abrahán tuvo dos hijos: uno de la esclava y otro de la libre. 23 Pero el de la esclava nació según la carne; el de la libre, en virtud de la Promesa. 24 Pero eso es una alegoría: estas mujeres son dos alianzas; la primera, la del monte Sinaí, engendra para la esclavitud, es Agar 25 … y corresponde a la Jerusalén actual, pues es esclava lo mismo que sus hijos. 26 Pero la Jerusalén de arriba es libre; ésa es nuestra madre… 28 Y vosotros, hermanos, a la manera de Isaac, sois hijos de la Promesa… 31 Así que, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la libre (Gn 21,9 LXX).

No parece que pueda dudarse de que Pablo se refiera a una doble alianza intrajudía, al estilo de Jeremías y Ezequiel. Por tanto, el Apóstol no está quebrando el marco judío, ni superando el judaísmo con nuevas ideas. Pero, según él, los gentiles conversos son perseguidos indebidamente por los judíos para que cumplan la Ley entera, es decir, según el espíritu de la antigua alianza. Ocurre ahora, para Pablo, como sucedía entonces: El nacido según la carne perseguía al nacido según el espíritu, así también ahora (4,20). De nuevo, sin el Mesías hay una clara oposición entre “carne”, no aceptación del Mesías, y “espíritu”, los que viven en el Mesías. Y se sobreentiende aquí que si se cambian las circunstancias, e Israel cree en el agente divino y lo acepta, se mudará igualmente esta situación, de acuerdo con 2 Cor 3,16-17: Cuando se convierta al Señor, se levantará el velo. 17 Porque el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, hay libertad.

Según el conjunto del pensamiento de Pablo, se sobreentiende también que entonces los judíos aceptarán que, al final de los tiempos, los gentiles se incorporarán a Israel en cuanto gentiles. Y se injertan en Israel con un corazón nuevo, en el espíritu del Señor, y en la libertad de no tener que someterse a una parte de la Ley que no les afecta, pues ellos no son judíos. Por tanto, puede sostenerse con toda propiedad que, para Pablo, esta fusión en una nueva familia de creyentes en el Mesías, judíos en cuanto judíos, y gentiles en cuanto gentiles, están viviendo en una “nueva” alianza, que no elimina la primera, sino que la expande y complementa.

Otro pasaje importantísimo en el que Pablo habla de dos alianzas es 1 Cor 11,23-26 (“Esta copa es la nueva alianza en mi sangre”). Si hasta ahora la “nueva alianza” no es estrictamente nueva, sino expansión de la antigua, no hay motivos para pensar que Pablo se desautorice a sí mismo en este pasaje cambiando de idea sin señalarlo. Concluyo, pues, que la nueva alianza es también en este pasaje la de siempre, dentro del judaísmo, solo que ha llegado el momento, con el Mesías, de la incorporación de los gentiles a Israel y consiguientemente el momento de que estos se unan simbólica y místicamente al Mesías. Y para esa unión mística no hace falta convertirse en judío.

El último pasaje que voy a citarle afecta al concepto de alianza se refiere a Israel (Rom 11,25-29):

Pues no quiero que ignoréis, hermanos, este misterio, no sea que os creáis sabios vosotros mismos: el endurecimiento parcial que sobrevino a Israel durará hasta que entre la plenitud de los gentiles, 26 y así, todo Israel se salvará… 28 En cuanto al evangelio, son enemigos para vuestro bien; pero en cuanto a la elección son amados en atención a los padres. 29 Pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables.


El libertador que viene de Sión es el Mesías; el que borra los pecados es Dios, pero solo si se acepta a su Mesías, al que Israel reconocerá cuando entre la plenitud de los gentiles determinada por Él en la nueva familia divina. El sentido del presente texto está de acuerdo con las afirmaciones de Rom 10 sobre que Israel debe creer en Jesús Mesías.

De nuevo, ya que Pablo repite una y otra vez las ideas clave, la lógica interna paulina de las dos alianzas es que la antigua se hace nueva por el Mesías y su Espíritu. Estos realizan aquello que la Ley no pudo lograr al estar debilitada por la carne y el Pecado (Rom 8,3 y 9,31). Y como contrapartida, si los judíos quitan el velo que cubre su intelección de la Ley aceptando al Mesías, la Ley misma cambiará de sentido: su cumplimiento en la fe y en el Espíritu hará que sea “ley de la fe” y que Dios compute su observancia como justicia, puesto que la Ley queda libre de la opresión del Pecado que le impedía ejercitar las funciones para las que en principio estaba destinada.

Como puede ver, me confirmo en lo que le decía al principio: El cristianismo luego hará de esas palabras una nueva alianza en la que el pueblo judío y su Ley ya no desempeñan papel alguno. Pero ese no es el pensamiento de Jesús (si es que dijo esas palabras; muy probablemente no). Y tampoco el de Pablo de Tarso, que era puramente judío.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com
Miércoles, 9 de Diciembre 2015
Queridos amigos:


Llevo más de veinte años participando en programas de radio y TV --que son casi siempre entrevistas-- en muchísimas de las cuales soy el único que participa.


Mil veces me han escrito amigos "acusándome" de una cierta desidia por no haberme preocupada de reunir los vínculos de aquello en lo que participaba. Incluso algún amigo, o desconocidos, se ha ocupado espontáneamente de recogerlos... Tarea hercúlea, porque creo que no exagero en absoluto si cifro en unas quinientas las intervenciones esa más de veintena de años.

Así que arrepentido, y comido por los remordimientos me he decidido finalmente a pedir los vínculos a los organizadores y, creo, que esta es la primera vez que hago participante a los lectores de ello en un mes determinado.


Por si a alguien le interesa aquí van:



1.- http://capitalradio.es/audios/2015/11/07_AGORA.MP3 sobre Pablo de Tarso / Libro

"Capital radio"


2.- play.cadenaser.com/audio/001RD010000003891029/ de 1/11/2015 sobre Pablo de Tarso / Libro "Cadena Ser


3. Programa Radio: Ágora de Venezuela
https://www.youtube.com/watch?v=tkb04dd5LVs


4. Sitio Web: Los divulgadores del Misterio:
https://www.youtube.com/watch?v=RCGGUZuJgDA

http://www.divulgadoresdelmisterio.net/2015/11/guia-para-entender-a-pablo-de-tarso-por-antonio-pinero/


5. Actualidad Radio de Miami
http://www.ivoox.com/clase-magistral-del-dr-antonio-pinero-11-15-15_rf_9392232_1.html


6. Religiondigital 10/112015 sobre Pablo de Tarso / Libro

http://www.periodistadigital.com/religion/libros/2015/11/23/antonio-pinero-si-se-hubiera-entendido-bien-a-pablo-nunca-se-hubiera-producido-el-holocausto-religion-iglesia-libros-trotta.shtml

https://www.youtube.com/watch?v=vuRu9F6JYP8

Transcripción de la entrevista:
http://www.periodistadigital.com/religion/libros/2015/11/23/antonio-pinero-si-se-hubiera-entendido-bien-a-pablo-nunca-se-hubiera-producido-el-holocausto-religion-iglesia-libros-trotta.shtml


7. Programa "Los misterios nos miran"

http://losmisteriosnosmiran.com/guia-para-entender-a-pablo-de-tarso-con-antonio-pinero/


Saludos cordiales de

Antonio Piñero
Martes, 8 de Diciembre 2015
Escribe Antonio Piñero



Pregunta:



Estoy leyendo su libro sobre el año I. Israel y su mundo cuando nació Jesús. ¿ se hablaba más griego que latín en aquella época en el imperio romano ?


RESPUESTA:


Para responder apropiadamente haría falta que tuviéramos datos y estadísticas que normalmente no se hacían en el mundo (sí a veces por cuestiones de impuestos, como los censos).

De todos modos, se cree que la parte oriental del Imperio (el Mediterráneo oriental) estaba más habitada que la occidental. De donde se deduce que probablemente se hablaba más griego que latín. Y en líneas generales los hombres cultos de lengua latina procuraban también aprender griego, porque era la lengua común.

Pregunta:

Al hilo de lo sucedido con la matanza de los cristianos Coptos, me han preguntado sobre quienes son los cristianos más antiguos: Etíopes o Coptos. Por tanto, le traslado la cuestión como experto en cristianismo primitivo. He pedido a mi alumnado de Bachillerato, que consultaría la cuestión a la personalidad más docta en la materia. Reciba un cordial saludo. Angel Fernández

RESPUESTA

Sin duda los coptos: la tradición dice que muy pronto, después del 70, unos comerciantes judeocristianos llevaron el cristianismo a Alejandría, y que fundaron un grupo cerca del Serapaeum, que por eso la cristiandad alejandrina es muy espiritualista y mística un poco más tarde, san Marcos, el evangelista, fue el primer obispo de esa ciudad. Véase Fernández Sangrador, El origen de la comunidad cristiana de Alejandría, Col. “Plenitudo Temporis”, Prensas de la Univ. Pontifica de Salamanca, hacia 1985.
El cristianismo etíope es el siglo VI como poco. De ahí proceden las noticias del legendario Preste Juan que fue su predicador.

Pregunta
Me permito hacerle las siguientes preguntas:

1) ¿Creen los Judíos ortodoxos actuales en el infierno, con sus tormentos físicos? ¿O al menos en algún castigo para los malvados? Y si es así, cuando piensan ellos que ocurre ese castigo?

2a) Según entiendo, Maimonides explica en su Mishne Tora, corríjame si me equivoco, que durante la era mesiánica ya no se aceptaran conversos al judaísmo, que durante la era mesiánica solo se aceptaran ben Noaj (aunque con una salvación de segunda clase). De modo que para tener una salvación completa y disfrutar enteramente del reino futuro debemos o ser judíos o hacernos judíos, ya que después solo podremos ser ben Noaj y disfrutar de una salvación de segunda clase o ser gentiles fuera del reino.

2b) Ahora bien si lo anterior fuera verdad, la Postura de Santiago en el concilio de jerusalen estaría en línea con lo dicho anteriormente, i.e, la era mesiánica ha llegado y un gentil NO debe hacerse judío pero SI un ben Noaj para entrar en el reino.

2c) En esta misma línea estaría parcialmente Pablo de Tarso, i,e, la era mesiánica ha llegado y un gentil NO debe hacerse judío, pero TAMPOCO un ben Noaj, SOLO ha de realizar un acto de fe en Jesús como el Mesías.


RESPUESTA

Permítame que le responda muy brevemente, pues compromisos editoriales me impiden durante un cierto tiempo responder con amplitud.

A las preguntas 1) y 2): No lo sé. No me siento competente en judaísmo actual y Maimónides
3) Sí. Tiene Usted razón.
4) Pablo solo muy parcialmente, en el sentido en el que como judío estaría de acuerdo (solo indirectamente lo dice en la disputa sobre la ingestión de carnes inmoladas a los ídolos, sobre todo en 1 Cor) con los preceptos noáquicos. Pero jamás aceptaría una salvación de segunda clase. Los gentiles son hijos adoptivos de Abrahán y no puede olvidarse que la adopción grecorromana, que utiliza Pablo, implica una iguald de derechos absoluto con el hijo natural. Luego, salvación de primera clase.

Pregunta:

Tengo una pregunta que necesito hacerle, Cual fue el nombre original de Jesús? y porque no se uso el nombre original hebreo o Arameo? que significa Jesus y de dónde provino ese
nombre? gracias por su ayuda

RESPUESTA.

Si tiene Usted oportunidad, por ejemplo, en una Biblioteca, en un Seminario, lea un buen diccionario bíblico y encontrará las respuestas.
Pero le diré brevemente: Jesús corresponde, a través del griego y del latín, al hebreo Yeshúa o Yeshoshúa, que significa “Yahvé es salvación”. En la Biblia hebrea aparece el nombre como Josué, el lugarteniente de Moisés.
Se supone que en Israel/Palestina se utilizó el nombre tal cual. Las derivaciones a otras lenguas vienen naturalmente después.

Pregunta:
1: por qué ?casi toda la historia biblica esta relacionada con el pueblo judio, pueblo elegido. Y el resto de la humanidad ? Es decir comienza desde el antiguo testamento y es hasta nuestros dias la historia q conocemos.
Y 2: si tiene una respuesta: justamente el salvador nacido en el pueblo judio? Que significado tiene ya q viene a rescatar a los judios de q ?? Como vera son 2 enigmas que me gustaria tener una respuesta calificada despues de tantos años en la historia del cristianismo . Vale un abrazo y hasta pronto

RESPUESTA:

Sus preguntas no tienen una respuesta lógica. La situación de un Dios universal pero un pueblo elegido repugna a la razón. Por tanto, tiene Usted razón en considerarlo un enigma indisoluble. Obtenga Usted mismo las consecuencias sobre este tipo de religión y revelación.
2. La segunda está unida a la primera, y tampoco tiene respuesta lógica. De ahí que la teología se haya esforzado por responderlas sin éxito ninguno. Como filólogo, historiador positivista, escéptico y racionalista, sus preguntas son igualmente las mías…, y, como le digo, no son respondibles lógicamente.

PREGUNTA:

Puedo preguntarle la razón o las razones que inducen a pensar que la mayoría de las cartas paulinas son apócrifas?

RESPUESTA

Por su estilo, muy diferente, su teología y la atmósfera de la iglesia que dejan traslucir que es mucho más organizado y tardío.

Lea, por favor, si le es posible mi libro "Guía para entender el Nuevo Testamento", Edit. Trotta, Madrid, 4ª edic. 2011.


Pregunta:
¿cree que el título de Salvador recibido por Jesús podría hundir sus raíces en la tradición helenística de dar a los reyes ese mismo título? Hablo de Ptolomeo I y otros, que como usted sabe, compartían con Jesús el hecho de haber sido divinizados. Estoy pensando en la enorme influencia que la cultura griega ejerció en Oriente, incluso en la dinastía asmonea, que terminó adoptando hasta nombres plenamente griegos. ¿Existe alguna bibiografía al respecto o se trata de una mera coincidencia histórica?

RESPUESTA

Mi respuesta es sí. En el judaísmo no existe más salvador que Yahvé, pero es solo del pueblo judío. El salvador universal (del imperio o mundo conocido y que importa) es el monarca helenístico y luego el Emperador. O las divinidades salvadoras de los cultos de misterio.
Bibliografía: en español aunque un tanto arcaica, pero aún válida: Johannes Leipoldt-Walter Grundmann: “El mundo del Nuevo Testamento” de Edit. Cristiandad, Madrid, 1973; tres volúmenes; en alemán, Hans Josef Klauck, “Die Umwelt des Urchristentums” (muy bueno) en dos vol. Editorial Kohlhammer de Stuttgart, hacia el 2000.


Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com
b[
Lunes, 7 de Diciembre 2015

Notas

6votos

La primera traducción del Evangelio en lengua náhuatl


Queridos amigos:

Me ha llegado a través de una antigua alumna una interesante noticia acerca del primer evangeliario en lengua náhuatl, la lengua del Imperio azteca, descubierta gracias a una investigación (una tesis doctoral realizada por Heréndira Téllez) dirigida por un colega y amigo de la Universidad Complutense:

La nota es la siguiente:

Entre las paredes del Archivo Capitular de Toledo se conservaba una obra tan valiosa como desconocida: el Evangeliario, es decir, la primera traducción de los evangelios en náhuatl, la lengua del imperio azteca. Heréndira Téllez ha anunciado el hallazgo de este misterioso documento en su tesis, dirigida por José Miguel Baños, catedrático de Filología Latina de la Universidad Complutense de Madrid. Ambos explican su relevancia en esta entrevista http://bit.ly/1RShzLm.

Saludos cordiales,

Antonio Piñero
Sábado, 5 de Diciembre 2015
Conclusiones del libro “Los orígenes del cristianismo en Asia Menor. Textos e historia  (70-135 d.C.)”. (604)
Escribe Antonio Piñero

Prometí la semana pasada que continuaríamos con las conclusiones del libro del Prof. Fontana, ya que un análisis pormenorizado de cada uno de los capítulos sería demasiado largo y farragoso. Así que cumplo lo prometido.

Estoy de acuerdo con el autor en su idea del principio de su libro que hay que contextualizar el incipiente movimiento cristiano, que da origen a obras muy importantes dentro de la lista de libros sagrados del Nuevo Testamento (el canon) en el contexto histórico general del Asia Menor romana. Y para ello me parece estupendo que intente el Prof. Fontana ofrecer al lector un panorama de cómo era el Éfeso romano, cuna de grandes obras cristianas como diremos.


Y otra cosa importante, como desde el los inicios del siglo XX el movimiento de “historia de las formas” trataba de explicar el origen de las obras del Nuevo Testamento, y en especial las diferentes escenas, o perícopas (secciones) de los evangelios, como un producto de la predicación cristiana y de la obra moldeadora de la comunidad que estaba detrás, me parece estupendo que intente precisar qué tipo de comunidades, o grupos sociales había en Asia Menor, y que tipos de gentes diversas dieron lugar a obras diversas: Evangelio de Lucas / Hechos de los apóstoles, Evangelio de Juan y Apocalipsis.


Con todo, observa el autor que –debido a las características de estos textos todos ellos centrados en sus particulares problemas teológicos y disciplinares, y formalmente muy distantes del mundo circundante–, se hace muy difícil trazar vínculos tangibles entre la información que a base de mucho análisis se puede sacar de los textos cristianos y la realidad que reconstruyen los estudios históricos generales de la época y el lugar, es decir, en este caso el Asia Menor y en concreto Éfeso


Me ha parecido interesante –confieso que yo mismo me he ocupado menos de esta aspecto y más del ideológico– y que he quedado gratamente sorprendido al ver cómo el autor ha logrado, a base de estudiar la documentación epigráfica (las inscripciones recogidas y editadas de la zona), mostrar que era muy posible la difusión del cristianismo entre ciertas agrupaciones profesionales, y también la presencia de cristianos en la “familia del César”, es decir, entre los funcionarios que formaban el núcleo de la administración imperial.

Los cristianos no eran todo esclavos, como decía la historiografía marxista a finales del siglo XIX y principios del XX,, sino ante todo gente de clase media (y algunos de baja), normalmente libres. Solo los menos serían esclavos, salvo aquellos que al convertirse el padre de familia al cristianismo, se “convertían” igualmente con él. Estas relaciones sociales más elevadas de lo que se había pensado contribuyeron a explicar la rápida expansión del movimiento de seguidores de Jesús en el espacio romano de Asia Menor.


“Frente a la imagen que se desprende del idealizado relato de Hechos” –escribe el autor– en donde se presentaba al misionero cristiano”, aislado de su contexto social, “predicando ante un ignoto auditorio sin otro bagaje que el ardor de su fe, nuestra reconstrucción habla de unos individuos que se sirvieron de los recursos que les suministraba la sociedad en la que trataban de abrirse camino”. Coincido con estas observaciones, ya que he señalado a menudo que tanto Pablo como otros misioneros judeocristianos helenísticos, de lengua griega, no eran gente que iban predicando a la aventura, sino que utilizaban las redes sociales de la época –los amigos, parientes y conocidos– y las sinagogas y sus diversas ramificaciones, para ir extendiéndose.


Sin embargo, no estoy en absoluto de acuerdo con el autor cuando este sostiene que cuando el cristianismo de cuño helenista se abrió paso entre diversos grupos de temerosos de Dios (esto es, individuos que orbitaban en los alrededores del judaísmo; que iban todos los sábados a la sinagoga, que admiraban el monoteísmo, las virtudes sociales y el apoyo mutuo de los judíos entre sí), el cristianismo les “ofrecía” la posibilidad de ser plenamente ‘judíos’ sin tener que asumir las onerosas cargas de la Ley: bastaba solo con la proclamación de su fe en el Resucitado”. No creo que esto sea así, o por lo menos no me parece bien formulado. Teniendo en cuenta que los textos que se estudian en este libro (Lc/Hch EvJuan; Apoc) muestran que aceptan el marco mental paulino respecto a cómo entender la figura, la muerte y la resurrección de Jesús, hay que pensar que el evangelio no ofrecía a los temerosos de Dios el hacerse “judíos”. Lo que yo creo que predicaban estos cristianos helenistas de cuño paulino era que los temerosos de Dios –tras aceptar por un acto de fe que Jesús era el mesías, que Dios había rescatado a toda la humanidad por medio del sacrificio vicario de la cruz– debían, o podían, seguir siendo paganos. De ningún modo tenían que hacerse “judíos” ni siquiera metafóricamente.


Pablo lo había dicho muy claro a los corintios (1 Cor 7,17-20 escrita precisamente desde Éfeso, lugar donde estuvo casi tres años, más que en ningún otro sitio de os que visitó) que


“Cada uno siga como le asignó el Señor; cada cual viva del modo como le ha llamado Dios. Y así lo ordeno en todas las iglesias. 18 ¿Fue llamado uno siendo circunciso? No rehaga su prepucio. ¿Fue llamado uno siendo incircunciso? No se circuncide. 19 La circuncisión es nada, y nada la incircuncisión; lo que importa es el cumplimiento de los mandamientos de Dios. 20 Permanezca cada uno en la llamada en la que fue llamado por Dios”.


Es este un pasaje que considero muy importante y que muchas veces no se entiende bien o no se obtienen de él las consecuencias que Pablo hubiera querido. La línea de pensamiento de todo el párrafo es en principio clara y contundente: el que ha sido llamado por Dios a la fe en el Mesías siga viviendo y comportándose (respecto al cumplimiento de la Ley que afecta en concreto a la circuncisión) como era cuando le fue hecha la llamada para responder al evangelio (es decir, cuando respondió a la predicación del evangelio con un acto de fe en Jesús como el mesías.

La consecuencia es trascendental: el judío ha de creer ciertamente en el Mesías de Israel, Jesús, ha de aceptar la llamada a convertirse al evangelio, pero ha de seguir comportándose como judío y cumpliendo aquellas normas de la alianza del Sinaí que lo señalan como miembro de ella, especialmente –por su repercusión exterior-- el deber de la circuncisión y las leyes sobre la pureza cultual y los alimentos. Si no lo hace, sostiene Pablo, no sigue la norma que predica en todas las iglesias, a saber que el judío convertido no abandone el judaísmo.


En el pensamiento global de Pablo es absolutamente impensable que la venida del Mesías acabe con la Alianza de Dios con cada israelita y con la distinción de dos “pueblos” en el mundo, los judíos y los gentiles, diversidad querida por Dios. Y quizás es también muy importante, por sus consecuencias, caer en la cuenta de que Pablo hace afirmación indirecta de su judaísmo ante las preguntas de sus interlocutores gentiles, los de Corinto que le habían remitido una carta preguntándole sobre esto. Al sostener que el judío llamado a la fe en el Mesías no “rehaga su prepucio” (indica que no debe dejar de ser judío, pues había apóstatas del judaísmo que se hacían operar por famosos cirujanos de la época para ocultar su circuncisión). Y esto lo dice de sí mismo y de todos los judíos. Según la Promesa de Dios a Abrahán (Génesis 17,5), este será padre de los judíos y de numerosos pueblos. Pablo deduce las consecuencias: los gentiles no pueden convertirse en judíos…Si eso fuera así, ¡habría un solo pueblo!... y jamás Abrahán sería padre de numerosos pueblos.


Por consiguiente afirma Pablo respecto a los paganos que se hacen creyentes: ¿Fue llamado uno siendo incircunciso? No se circuncide. Por tanto, el que ha sido llamado como gentil/pagano a responder a la proclamación del Mesías, no necesita de modo alguno circuncidarse, hacerse judío de ninguna forma, ni observar las normas de la alianza del Sinaí (circuncisión; alimentos; pureza ritual), sencillamente porque no debe hacerse judío al convertirse al Mesías; es heredero de Abrahán, cierto, pero heredero adoptivo. Formará parte de esos pueblos que al convertirse a la fe en el Mesías tienen como padre al “Abrahán-padre-de-numerosos-pueblos-por-tanto-no-judíos”.


El pagano convertido es llamado a ser miembro del cuerpo místico del Mesías de Israel, es decir, miembro del Israel de los tiempos finales o mesiánicos, pero como gentil. Y todo ello a pesar de las opiniones de algunos adversarios de Pablo. Lo que importa –dice Pablo– es cumplir los mandamientos de Dios, observar las normas o preceptos que este ha dispuesto para la plenitud de los tiempos hasta el final de la historia. Pero las normas o mandamientos no son iguales para judíos y paganos, ambos creyentes en el Mesías, porque son dos pueblos distintos. La gran revelación concedida al Apóstol es que los dos pueblos se salvan por igual permaneciendo sin cambios: el judíos sigue siendo judío y el pagano siendo pagano tras aceptar la llamada de la fe.


Por eso dice Pablo que considerada en sí misma la circuncisión o la incircuncisión son nada¸ no tienen importancia por sí mismas. No puede entenderse de ningún modo (sería absurdo en el pensamiento de Pablo completo) que el Apóstol esté eliminando el valor de la ley de Moisés para los judíos convertidos a Cristo. Entiéndase bien la explicación en Gálatas (2,15-21 y 3,19-29). Esta fundamenta las diversas distinciones sobre la Ley: todos tienen que cumplir la parte de la Ley que es universal y eterna, como dice en Romanos 2; pero no todos tienen que cumplir la parte de la Ley “específica” de los judíos, es decir circuncisión, alimentos y pureza. Esas normas las seguirán cumpliendo los judíos creyentes en Jesús porque no dejan de ser judíos. Ni pueden ni deben, dice Pablo en el texto que comentamos.


Lo que importa para nuestro pasaje es que Pablo defiende dos posturas importantes en este texto de 1 Corintios: 1. De ningún modo quedan exentos los judíos creyentes en el Mesías de observar la ley mosaica completa. Esto comporta algunos pequeños inconvenientes, y Pablo lo sabe, pero la llamada a Israel como pueblo elegido tiene también otras grandes ventajas (Rom 9,4-5: filiación, la gloria, las alianzas, la legislación, el culto, las promesas). 2. De ningún modo estas leyes específicas para los judíos deben ser observadas por los gentiles convertidos.


Me gustaría saber si el autor del libro que comentamos está de acuerdo con mi argumentación, o bien yo no he entendido correctamente cuando él afirma que el cristianismo de los judíos de cuño helenistas ofrecían a los paganos hacerse “judíos” pero sin observar las leyes de la circuncisión, alimentos y pureza. Creo que debe matizarse, o corregirse esta afirmación.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com

Jueves, 3 de Diciembre 2015
Hoy escribe Fernando Bermejo

En mi última postal me permití remitir a los lectores interesados a uno de mis artículos más recientes, en el que señalo la escasa fiabilidad de los relatos evangélicos de la pasión como fuentes históricas, así como la penosa confusión de historia y ficción que la credulidad de muchos "estudiosos" todavía sigue produciendo hoy en día –y, es de temer, para siempre jamás–.

Allí señalé también –aunque en una mera nota– que la mencionada confusión en el campo académico no es resultado únicamente de la ignorancia, la credulidad o un déficit de sentido crítico, sino también, demasiado a menudo, de pequeñas o grandes cobardías, de mezquindades y de intereses personales por medrar en ciertos ámbitos en que la adopción de una neta posición crítica le cierra a uno el acceso a determinadas instituciones y foros, y por ende a determinadas prebendas y redes de influencia.

En ocasiones, quienes doran la píldora a las ficciones imperantes son personas valiosas –o al menos no directamente estúpidas–. Otras veces, sin embargo, son personajes mediocres –por no decir algo peor– quienes lo hacen. El cóctel de credulidad, ignorancia, deshonestidad, codicia y falta de escrúpulos que entonces se obtiene resulta ser un brebaje nauseabundo que solo los papanatas –pero, ay, stultorum infinitus est numerus– se pueden tragar.

El enésimo ejemplo de este cóctel en nuestro país ha sido denunciado recientemente por parte de un profesor de la Universidad de Huelva. Alejandro García Sanjuán ha escrito publicado en Revista de libros un comentario crítico sobre un subproducto infame, sí, pero no por ello menos arropado por las autoridades castellanoleonesas (con dinero público) y que ha generado ya prebendas a sus perpetradores. La reseña puede leerse en este enlace:

http://www.revistadelibros.com/resenas/el-grial-de-leon-entre-la-historia-y-la-fantasia

Para que los lectores más reflexivos no desesperen demasiado pronto, me permito recomendar a aquellos que lean fluidamente el italiano, y como contrapunto a los disparates denunciados en el escrito criticado por García Sanjuán, un libro de un historiador de Turín, Andrea Nicolotti, que hace unos meses publicó la magnífica monografía sobre la denominada “sábana santa”: Sindone. Storia e leggende di una reliquia controversa, Torino, Einaudi, 2015. En este interesante libro, con enorme erudición, sentido crítico y hasta sentido del humor Nicolotti explica las aventuras y desventuras de una de las reliquias más célebres de la historia del cristianismo y que es incluso objeto de una supuesta ciencia especial –la “sindonología”–, así como de su uso político e ideológico, y de todo el papanatismo creado a su alrededor.

Saludos cordiales de Fernando Bermejo
Miércoles, 2 de Diciembre 2015
1 2


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





Tendencias de las Religiones


RSS ATOM RSS comment PODCAST Mobile