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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Escribe Gonzalo Fontana Elboj

Universidad de Zaragoza


Desengañémonos: la más elemental de las reflexiones sobre la verdad del mundo nos pone ante una realidad tan incuestionable como poco alentadora para las gentes de la academia: durante muchos siglos, los únicos conocimientos precisos que la mayoría de la población europea tuvo sobre la Roma pagana se reducían a dos muy escuetas noticias relativas, respectivamente, a Augusto y a Poncio Pilato. Y ello sólo porque ambos conformaban los jalones del drama de Jesús de Nazaret, nacido en Belén por un decreto imperial y ajusticiado en Jerusalén por la arbitraria actuación de un pusilánime jerarca romano. De no ser por eso, aquella masa iletrada jamás habría tenido ninguna noción más concreta de su glorioso, pero fenecido, pasado romano.

De hecho, resulta irónico que un oscuro prefecto provincial, que, en otras circunstancias, sólo habría merecido el interés de algún epigrafista puntilloso Poncio Pilato (véase Annales Epigrapahiques 1963, 104; Cesarea Maritima), haya alcanzado un renombre que muchos de sus coetáneos habrían considerado ciertamente inmerecido. Con todo, la reiterada fórmula del Credo dominical —“padeció so el poder de Poncio Pilato”— instruía eficazmente a la feligresía. Muchos más eran, claro está, los méritos del príncipe para perdurar en el recuerdo de los hombres; y, sin embargo, sin el vínculo circunstancial con Jesús, y en un mundo en el que Roma era patrimonio de las gentes de letras, también su nombre habría arrumbado en el olvido de los más. No menospreciemos el poder del Leteo.

Una pequeña inquisición callejera hoy día sobre el origen y el nombre de la ciudad de Zaragoza sería reveladora y edificante. Con todo, y por más que no se tratara de un genuino recuerdo histórico, la liturgia navideña mantuvo vivo el nombre de Augusto César: a poco latín que entendieran, durante 15 siglos los fieles supieron del nacimiento de Jesús en su reinado: “Factum est autem in diebus illis, exiit edictum a Caesare Augusto ut describeretur universus orbis...” = En aquellos días salió un edicto de César... Hoy, empero, 50 años de liturgia postconciliar, así como los estragos de varios planes educativos, nos aconsejan verter al cotidiano romance la sonora y arrinconada Vulgata:


Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito... (Lc 2, 1-7)


Una lectura superficial de las breves frases con las que el autor del tercer evangelio da comienzo a su narración podría inducirnos a suponer que éstas constituyen una relación aséptica de las circunstancias del nacimiento de Jesús, acaecido en Belén con motivo de un censo romano: el empleo de la fórmula “siendo gobernador de Siria Cirino” —con ese genitivo absoluto tan familiar para quien cursó su bachillerato de letras— sería, sin más, un recurso estereotipado para datar el acontecimiento en el marco de una prosa historizante. Ahora bien, no podemos despachar la cuestión de forma tan sencilla. Y es que la mención no es, en ningún caso, una simple indicación temporal: el evangelista tenía muy poderosas razones para imbricar su relato en un marco histórico tan preciso; y es que necesitaba conciliar dos hechos: de un lado, que Jesús procedía de la norteña Galilea, lo mismo que su familia, residente habitual en aquella región (Mc 6, 1-3); de otro, que el Mesías tenía, indefectiblemente, que nacer en Belén de Judá, patria del rey David, tal como habían predicho los profetas (Miqueas 5, 1, 3; Mateo 2, 5-6).

Nos hallaríamos, pues, ante un relato de esos que los especialistas llaman “narraciones haggádicas” (narraciones expansivas a propósito de la Biblia propia de rabinos) y que están destinados a dar cumplimiento a los vaticinios veterotestamentarios: como el Mesías que tenía que nacer en Belén, el evangelista habría creado un relato en el que Jesús nacía en Belén. Mas, ¿cómo pudo ser así, si su familia residía en Galilea? Porque los padres de Jesús habían tenido que salir de Nazaret para ir a empadronarse en Belén, lugar al que José se sentiría vinculado por ser descendiente de David. O de otra manera, el autor lucano habría buscado una situación histórica concreta como marco narrativo verosímil para el nacimiento de Jesús, operación que, de paso, le permitía establecer una solapada distancia con el sistema ideológico augusteo:


Al afirmar que la salvación tiene lugar en la historia, toma un color político: la teología política de Augusto, reforzada especialmente en Oriente por la veneración religiosa del monarca, queda aquí desenmascarada y absorbida por la afirmación cristológica. (F. Bovon El Evangelio según san Lucas I (Lc 1, 1-9, 50), Salamanca, Sígueme, pp. 171-175. 2005, p. 172)


Ahora bien, semejante ambientación, si bien muy exitosa desde el punto de vista teológico, resultaba de lo más problemática como relato histórico: así lo manifiesta J. A. Fitzmyer (El evangelio según San Lucas, Madrid, Cristiandad, 1987, vol. II, pp. 207-220.), el más prestigioso de los comentaristas del Evangelio de san Lucas: “... quedará bien claro que la cuestión del censo es un recurso puramente literario para relacionar a José y María, residentes en Nazaret, con Belén”. En efecto, no es fácil aceptar que el galileo José tratara de censarse en la aldea en la que había nacido un ilustre antepasado mil años antes. ¿O acaso resulta verosímil que tuviera posesiones en Belén? Es de suponer que el poder romano, interesado en la recaudación fiscal, desease censar a sus súbditos en su residencia y no en lugares con los que no tenían nada que ver desde el punto de vista tributario. Así, por ejemplo, lo demuestra el edicto de un prefecto de Egipto en 104 d. C., en donde se explicita que el censo se ha de realizar en el domicilio, y no en el lugar de origen:


Gayo Vibio Máximo, procurador de Egipto, declara: ‘Habiéndose iniciado el censo por casas, es preciso que se anuncie a todos aquellos que, por cualquier causa estén ausentes de sus nomos, que regresen a sus hogares, no sólo para que cumplan el acostumbrado menester del censo, sino para que se dediquen a los cultivos que les conciernan’. (Papiro de Londres III 904). [trad. G. Fontana]


Más todavía se puede decir de los demás problemas que suscita el texto: como subraya el padre Fitzmyer, los censos romanos eran de alcance provincial y no universal, tal como quiere dar a entender el autor evangélico; por no hablar del grave error cronológico de datar el censo en vida de Herodes el Grande (muerto el a. 4 a. C.), siendo que este empadronamiento, según consigna Flavio Josefo (Antigüedades de los Judíos XVIII 2), aconteció en el año 6 d. C. Así pues, el objetivo de esta pequeña nota es el de determinar, sin excesivos tecnicismos, si los yerros del pasaje se deben a simples deslices de un autor más fajado en la exégesis escriturística que en el arte de la precisión histórica, o si son, más bien, resultado de una operación deliberada. O de otra manera, nuestro pequeño homenaje a Augusto consistirá en tratar de explicar por qué razones el autor del tercer evangelio decidió incluirlo en su relato.


No obstante, y antes de proseguir con nuestra argumentación, hemos de aclarar que la solución a este problema ya ha sido ampliamente trabajada por muchas generaciones de historiadores y pasa, necesariamente, por el examen de ciertas cuestiones que aquí resultan inabordables: de un lado, habría que averiguar si Quirino organizó, en realidad, dos censos, hipótesis que exigiría que hubiera sido dos veces gobernador de Siria, lo cual es muy poco verosímil y además nos arrastraría a una discusión epigráfica muy compleja. En efecto, es posible reconstruir en parte su carrera política a partir de varias inscripciones fragmentarias y de difícil interpretación gramatical. En rigor, y según las interpretemos, nos hallaremos ante una u otra solución. Y es que, como señala F. Bovon, “se ha escrito todo lo posible para armonizar a Lucas y a Flavio Josefo”, y para ello se ha releído el material epigráfico de las formas más interesadas y retorcidas. Así, el muy acreditado Theodor Mommsen no tuvo ningún empacho en atribuir a nuestro gobernador de Siria una inscripción muy dañada (Corpus Inscriptionum Latinarum XIV 3613), en la que, de hecho, no había atisbo de su nombre. Sin embargo, una vez aceptado que él era el titular del epígrafe —tal era la autoridad del sabio germano—, ya estaba claro que había sido gobernador de Siria en dos ocasiones y, por tanto, no había discrepancia entre la nota de Lucas y la información historiográfica de Josefo, textos que estaban aludiendo, pues, a distintas realidades históricas.


Sin embargo, a día de hoy, la crítica contemporánea ya ha desistido de buscar ese fantasmal primer censo de Quirino: existe un consenso universal en que sólo hubo un único censo, el del año 6 d.C. Otro problema del que tampoco nos podremos ocupar aquí pasa por desentrañar el sentido de la expresión “haúte he apographè próte”, la que el traductor de la Biblia de Jerusalén ha despachado con su “Este primer empadronamiento...”. En efecto, como enfatiza el padre Fitzmayer, “la construcción es bastante áspera en griego y crea problemas para interpretar la frase...”, es evidente que un examen de esta cuestión sólo nos llevaría a una extemporánea discusión sobre sintaxis griega, impropia de este ámbito.

Mañana concluimos

Saludos cordiales de Gonzalo Fontana
Miércoles, 6 de Enero 2016
Escribe Antonio Piñero

Pregunta:

Usted se ha manifestado defendiendo lo obvio, y es que el Mesías Yahshua Hamashiaj o Jesús, fue un hombre estrictamente Judío, y que él no fue el fundador del Cristianismo, pero si el fundamento. El Mesías en muchas ocasiones habla del padre en tercera persona, y él es, supuestamente, quien acuña al famoso Padre Nuestro (Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre etc, etc). Si nos ceñimos a un pasaje de la toráh Devarim-Deutoronomio 6:4 nos dice así: Shema Yisrael, Yahweh Eloheinu, Yahweh ejad= Escucha Israel, Yahweh nuestro Elohim (Dios), Yahweh uno es. Si entendemos que en cuanto al siglo uno debemos hablar de cristianismos y hasta Judaísmos en plural, a pesar de eso, el concepto de Dios que quiere mostrar el Mesías, es el concepto monoteísta, pero, obviamente no trinitario. Las trinidades son una herencia pagana del cristianismo; ya que la Roma pagana ya conocía y celebraba a varias trinidades, como la Egipcia o la suya propia (Isis= Virgen María). Yo creo que el Padre nuestro es una afirmación muy clara de un hombre que le dice abiertamente a sus seguidores, que oren al Dios unitario, al todo; pero no en esa versión griega, de hacer a sus dioses a su imagen y semejanza (el panteón griego está formado por hombres y mujeres representados en divinidades). Y obviamente, las traducciones greco-latinas del nuevo testamento, están influenciadas en eso.

Lo que yo creo, es que el Adón Yahshua Hamashiaj (el Mesías) cuando se pronunció sobre esto, todo el mundo a su alrededor lo entendía, como que Hashem (el nombre) o Dios, es a quien había que orarle. En ningún momento creo que debiéramos entender que el Mesías dijera \"oren por mí, porque yo soy el mismo Yahweh\". Porque el cristianismo sostiene que la trinidad es una sola unidad divida en tres partes, cosa que es absurdo; porque al margen de la credibilidad que puedan tener los escritos del nuevo testamento, aunque se mezcle historia, tradición o mitología, el trinitarismo es absurdo donde los haya, y dificulta aún más la comprensión en cuanto a la búsqueda de la verdad. Por otro lado, usted Don Antonio Piñero, sabrá perfectamente que Mashiaj o Mesías han habido varios, entre ellos el rey Persa Ciro el Grande o Simeón Bar Kojba (tercera revuelta Judía, contando la de Kitos).
Y si nos tenemos que guiar estrictamente por lo que realmente supone ser un Mesías, más o menos tendríamos que ajustarnos a este criterio: Mashiaj o Mesías: 1. Persona humana, con un potencial de liderazgo, que recibe un mensaje divino o una voz divina, que le dice que tiene una misión que cumplir, como puede ser en el caso de Moisés. 2. El Mashiaj o Mesías, es un término del Judaísmo, de anunciar a un salvador humano, alguien profetizado, y un rey en todos los casos (Mashiaj Ben Yosef, Mashiaj Ben David). 3. En el Judaísmo en ningún momento el concepto de Mashiaj o Mesías, sirve para señalar a alguien que resucite o sea el mismo Dios. Como usted bien ha señalado muchas veces, digamos, el Judaísmo primitivo, no creía en la resurrección, la propia biblia nos habla de ello en Hechos 23:8 sobre los Saduceos. 4. El Mahsiaj o Mesías, es alguien, humano, carnal, sin divinidad, que va a liberar a su pueblo, y también que va a vengar a sus enemigos que esclavizan al pueblo de Yahweh. Yo lo que creo, que la mentalidad griega, ya lo decía Jenófanes \"...Si los caballos tuvieran manos y supieran dibujar, dibujarían a sus dioses como caballos\" es un obstáculo muy grande, para llegar a entender realmente quien era el Mesías. Y después de dicho todo esto, esta es mi pregunta o duda que tengo, que quizás usted pudiera aclararme: Si nos ajustamos estrictamente al termino de Mashiaj o Mesías, en ningún momento podemos contemplar que este individuo resucite.

Por otro lado, obligatoriamente debe ser hombre, ya que no hay Mesías femeninos en la biblia, ya que tiene que ser rey y líder. Don Antonio Piñero, usted que opina ¿El Mesías que se nos cuenta en los relatos bíblicos, era simplemente un hombre? Esta era realmente mi pregunta o mi duda. Ya sé que usted, después de haberle escuchado y seguido en varios lugares, creo saber cual es su postura ante el personaje. Pero yo, solo quiero preguntarle en cuanto a lo que nos dice las escrituras, porque creo, que mucha gente, falla en lo básico; y es que comienzan a reflexionar sobre el personaje, con la herencia que hemos recibido de una de las cunas de nuestra civilización, la griega. Le quiero compatir algo.

Yo cuando era muy pequeño y apenas tenía uso de razón, mi concepto de Dios era un señor mayor con melena blanca y grande barba del mismo color, que vivía encima de una nube. He llegado a la conclusión, de lo que me ha pasado a mí como a mucha otra gente, es fruto de la visión que hemos recibido a través del arte, de los medios de comunicación, la visión cristiana etc, etc..; que casi de manera inconsciente, nos hace pensar sin ni siquiera reflexionar, que Dios es alguien semejante a Zeus. Bueno, Papá Noél también ayudó a eso, pero este tiene su procedencia en otro santo varón de la iglesia. Si, así es. Deus palabra latina que de ahí derivó Dios, si mucho no me equivoco, tiene su procedencia en Zeus; ya no solo en la etimología de la palabra, sino en la visión de como es esta deidad, como es físicamente. El concepto griego que la sociedad tiene adoptada casi de manera inconsciente en su mente, es representar a Dios de una manera física. Por lo tanto, yo creo, que las escrituras no se pueden interpretar de una manera correcta con la mentalidad de los griegos, que en definitiva, han hecho a Dios a su imagen y semejanza. Hemos matado en nombre de Dios, en nombre de Dios afirmamos cual es el verdadero mensaje de éste, y hasta nos atrevemos a dar lecciones de moral a los demás, con la palabra de Dios en la mano.

Yo soy Judeo Mesiánico, creo que Yahshua Ha Mashiaj y Yahweh son el mismo. No obstante, también creía en los reyes magos cuando era pequeño, y soy consciente, que con mis capacidades limitadas como ser humano, mi fe o Emunah, la puedo depositar de manera errónea. Y de hecho, he tenido muchos cambios a lo largo de mi vida en cuanto a dogmas o interpretaciones bíblicas. Pero lo que tengo claro, es que el Mesías era un hombre, que puede ser que sea el verbo hecho carne, por el infinito amor que nos tiene el creador y por eso cumplió con toda la toráh (sacrifico pascual o peasj, Yom Kippur) y se sacrificó por nosotros. Pero léame bien Don Antonio Piñero, hay una infinidad de personas y comunidades religiosas en el mundo, en muchas de las cuales he estado yo, que ninguno de esos seres humanos que he conocido en aquellos lugares, cumple con el sermón del monte. Mateo- MatittYah capítulos 5, 6 y 7 ¡lo más revelador de la palabra! Tan simple, pero a la vez, casi imposible de poner el práctica. Don Antonio Piñero, está claro que hay una base humanista en el sermón del Monte, pero que quizás, esa base humanista es una reflexión a la que ha llegado la humanidad, porque así nos creó el Eterno. Pero de una manera o de la otra, si los siete mil millones de personas que habitamos el mundo, o los que seamos, si cumpliéramos con el sermón del monte; el mundo, sería un lugar \"irreconocible\" para los seres humanos. Mucho religioso, pero muy pocos o ninguno, pueden cumplir con la base que nos fue dada en el sermón del monte.


RESPUESTA:

Su pregunta vale para que mucha gente se entere de que existen judíos mesiánicos que creen en Jesús como mesías. He escrito repetidamente sobre cómo debemos entender el concepto mesías en el judaísmo y cómo este es un mero ser humano, aunque adoptado por Dios como “hijo” para cumplir misiones especiales; también cómo dudamos si Jesús se aplicó a sí mismo el título de mesías, y si es posible o probable que Jesús aceptara es título al menos al final de sus días; también he explicado la evolución desde el judaísmo de Jesús, de su figura y misión totalmente judías, se va pasando a una religión cristiana en un proceso de siglos.


Todo ello lo tiene Usted, por ejemplo, en mis libros siguientes: “Fuentes del Cristianismo” / “Guía para entender el Nuevo Testamento “/ “Guía para entender a Pablo. Una interpretación del pensamiento paulino”, que podría consultar quizás. De ellos existe, creo, versión electrónica accesible y puede ver también el índice y algunos fragmentos en mi página web.


Consulte también las postele sobre el mesianismo de Jesús en el Blog. En fin, que no debo repetirme aquí: mesianismo (PyR, 11 mayo 2014, FB); Mesías, concepto y figura del (C, 14 mayo 2015, Blog/FB); (PyR, 28 mayo 2014, FB); Jesús mesías rey (PyR, 3 agosto 2014, FB



Pregunta:


Estimado Sr. Piñero: Vi ayer en una librería una edición de la biblia de la editorial SM, si mal no recuerdo, llamada \"La Biblia Didáctica\". La anduve hojeando y me pareció que por las partes explicativas y de contextualización y por los apéndices con mapas y demás que tiene puede ser una edición interesante de tener, pero, claro, no soy experto en este campo como sí lo es usted y por ello le agradecería su opinión al respecto.


RESPUESTA:

No conozco en detalle esta edición por lo que no puedo formular un juicio preciso. Lo siento. Pero, en principio, todo lo que sea esclarecer con mapas y diversas ayudas un texto escrito como mínimo, en el Nuevo Testamento, hace 2.000 años es digno de alabanza.

Piense, sin embargo, que el texto de la Biblia hebrea o el Nuevo Testamento griego está ya más o menos fijo y que las traducciones en sí varían relativamente poco. Lo que sí varía, y enormemente, son las introducciones a los diversos libros y las notas explicativas. Ahí la confesionalidad de cada intérprete se nota muchísimo en la exégesis. SM es una editorial católica y toda su orientación será netamente católica. Y no digo que eso esté mal, ni mucho menos –la fe es cuestión de cada uno–, pero algunos protestantes no querrán usarla.


Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com

Martes, 5 de Enero 2016
Escribe Antonio Piñero

Pregunta:

En su libro “Ciudadano Jesús” usted escribe “Sin duda el pueblo de Jerusalén, no galileo, debió intervenir en la condena”. A que llama usted el pueblo de Jerusalem no galileo (en términos cuantitativos) y cuando fue convocado, teniendo en cuenta que Jesús es arrestado de noche y a la madrugada del día siguiente juzgado por Pilato? No existe una posibilidad que la intervención masiva de judíos (Pedido por Barrabás, indulto habitual por festividad, etc) sea un invento de los evangelistas con miras a culpar a los judíos en general, con intención propagandística, ya sea para diseminar su religión entre paganos por sobre el rechazo judío a Jesús o bien para justificar la tragedia judía del año 70?

Acaso habría necesidad de ofrecerlo como posible candidato a indultar si el veredicto de Pilato hubiese sido que no tenía culpa alguna? No habría ese veredicto significado su liberación? Acaso Pilato interrumpía sus juicios por el clamor externo de la muchedumbre que, según Marcos, solo pide el indulto para Barrabás? Y que harían los judíos en el exterior del Pretorio el día que se supone estarían en el templo? Es creíble que Pilato altere su agenda tan ajetreada el día de posibles revueltas a último momento por la irrupción de judíos a los que no esperaba y peor encima, (citando solo a Juan) se quede esperando que lo lleven a Herodes, que éste lo juzgue y que lo vuelvan a traer? No existen suficientes inconsistencias en los canónicos y elementos ilógicos en general que al menos ameriten una duda respecto de la participación masiva de judíos en la muerte de Jesús? Desde ya, muchas gracias.


RESPUESTA:

1. “El pueblo de Jerusalén no galileo”: quiero decir con esto que la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén debió de ser acompañada ante todo por su seguidores de Galilea, que le habían seguido en su decisión de ir a Jerusalén, una vez que el Maestro sintió que su proclamación del reino de Dios en Galilea no había tenido el éxito esperado.

2. Respecto a la participación masiva de judíos contra Jesús en el proceso contra Jesús: estoy de acuerdo con Usted en que probablemente los evangelistas exageren (al final de la pasión) la actividad de los judíos contra el Nazareno. Es inverosímil, sin duda, de que los judíos, de sentimientos antirromanos por lo general, hayan pedido la muerte de un nacionalista judío, profeta y taumaturgo, etc., como Jesús ante la autoridad romana. En todo caso la actuación se debió a la súper estructura del pueblo, sumos sacerdotes y altos saduceos, más herodianos que estaban interesados en mantener el status quo con los romanos porque salían muy beneficiados económicamente.

Se ha escrito muchos sobre esto: vea la obra de P. Winter, The Trial of Jesus, , 2ª edición ampliada, Brill, Leiden 1974; mi obra “La verdadera historia de la pasión”, de EDAF, Madrid, 2011, y la de Josep Montserrat, “¿Quién mató a Jesús? La patraña del pueblo deicida”, DStoria Ediciones, de Sabadell; tiene 251 pp., y su ISBN es 978-84-941455-2-0, con mi comentario en el Blog de 26 de marzo de 2015.


Pregunta:

Estimado Don Antonio, ¿donde puedo comprar sus libros?

RESPUESTA:

La lista de mis libros está en mí Pagina Web, en la sección "Curriculum". De la mayoría hay versión electrónica en la editorial que los ha editado; otros se pueden comprar de segunda mano por Amazon. Otros están pirateados en la Red.

En general son conseguibles de uno u otro modo, por ejemplo, venta por correo, por vía de la editorial que se indica en cada lema de mi curriculum, donde están todos los datos. La empresa “Casa del Libro”, de Madrid, tiene una excelente página web y en ella puede encontrar cosas mías. Pero antes, tómese su tiempo y consulte mi Página Web. Hay muchísima información.


Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
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Lunes, 4 de Enero 2016
Escribe Antonio Piñero


Pregunta:


Algo que me ha llamado la atención en lo referente a temas bíblicos es lo relacionado a las "profecías", por ejemplo, las supuestamente realizadas o cumplidas en la vida de Jesús.
¿ como se explica por ejemplo las profecías del A:T sobre un hecho puntual de Jesus?
La profecía entra en el terreno fantástico o de la invención humana?



RESPUESTA:


Su pregunta es demasiado general para contestar en pocas palabras, ya que se han escrito innumerables libros sobre la profecía hebrea y la mántica-profecía pagana y sus posibles continuaciones en el Nuevo Testamento y el cristianismo primitivo en general.


La profecía entra dentro del terreno de lo fantástico para aquel que, tras madura reflexión, haya llegado a la conclusión de que la religión tradicional y en concreto la judeo-cristiana no es aceptable racional e históricamente. Pero si el punto de vista es el de la fe, la cosa cambia radicalmente, y la profecía es entonces la voz de Dios transmitida por los humanos por medios humanos. Escoja Usted su propia posición, u otra si hay intermedia.


En cuanto a cómo se aplican las profecías del Antiguo Testamento a Jesús: ahí toca Usted el punto decisivo para comprender la generación de toda la teología del Nuevo Testamento. Esta comienza por aclarar cuál fue la verdadera figura y misión de Jesús una vez pasada toda su vida y muerte, y –sobre todo—una vez que a través de las apariciones (cada uno que las explique como pueda; pero los primeros cristianos creían que eran auténticas, sin duda) llegaron al convencimiento de que Dios había resuictado a Jesús. Entonces se pusieron a releer toda la biblia hebrea buscando textos que pudieran parecerse a pasos de la vida y pasión de Jesús para confirmar su creencia de que la vindicación de Jesús tras su muerte, se había realizado por medio de su resurrección y exaltación al cielo: Dios Padre, había constituido a Jesús como “Señor y Mesías”.


Entonces hubo que encontrar la confirmación de estas convicciones en la Biblia, la palabra de Dios que tenían en sus manos. Y comenzó una relectura de toda la Biblia para encontrar pasajes que confirmasen la susodicha interpretación de la figura, misión y vindicación divina de la muerte de Jesús mesías en la cruz, es decir –repito e insisto en este punto capital— que Dios lo había hecho Señor y mesías tras su resurrección


Este proceso reinterpretativo no fue puramente fantasioso. Cada uno de los pasos y avances de la teología del Nuevo Testamento, que se plasma en los libros que ahora editamos, debió de basarse de algún modo en algo que dijo o hizo Jesús, sólo que ese algo fue visto o considerado desde una óptica distinta. Tal visión surgió a partir de la creencia en su resurrección, probada según sus discípulos por diversas apariciones. Tal creencia, y sobre todo la idea nuclear que tras su elevación al cielo Dios «lo había constituido Señor y Mesías» (Hechos 2,36), modificó radicalmente la percepción y el recuerdo de lo que fue Jesús en su vida sobre la tierra.

La reinterpretación de su figura no se hizo de modo puramente personal, sino a base del escrutinio de textos de la Escritura –considerada palabra de Dios-- que pudieran entenderse como referidos previamente a Jesús, en especial todos aquellos que parecieran servir de esclarecimiento al fracaso de la muerte en cruz del Mesías. Así –y esto es importante para la formación del Nuevo Testamento que son los textos que dan testimonio de este proceso--, un hecho o dicho de la vida de Jesús adquirió nueva luz precisamente por lo que se deducía del texto escriturístico a través del cual tal hecho se contemplaba. Se trató, pues, de un proceso circular. Por ello, el desarrollo de la ideología cristiana manifestada en los libros del Nuevo Testamento puede definirse como un «fenómeno exegético» o de interpretación de textos sagrados aplicados a la figura de un Jesús recordado por sus seguidores tras su muerte. Lo peculiar, dentro del judaísmo del siglo I, que nos manifiestan los libros del Nuevo Testamento nace de una reinterpretación de la figura del que sus autores consideraban el Mesías a partir de las Escrituras antiguas vistas con ojos nuevos.


Pregunta:


Que libros fueron descanonizados, es decir un grupo los acepto, pero al final no quedaron entre los canónicos. Por ejemplo la Didache El pastor de Hermas


RESPUESTA:


No fueron admitidos como canónicos el libro de la Sabiduría (sí dentro del canon ampliado del Antiguo Testamento, pero no en el del Nuevo Testamento, como curiosamente pretendía el desconocido autor del “Canon de Muratori”, hacia el 200 y en Roma [todo “probablemente]). Tampoco fueron admitidos el Evangelio de Pedro, el Apocalipsis de Pedro, la Epístola de Bernabé, Primera Clemente, Tercera Carta de Pablo a los corintios… no sé si alguno más. Por supuesto tampoco el Evangelio de Tomás gnóstico, del que tenemos fragmentos griegos del siglo II en los Papiros de Oxirrinco.


Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
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Domingo, 3 de Enero 2016
Escribe Antonio Piñero



Pregunta:

Estimado Profesor, Al hilo de San Juan 1:1, me gustaría conocer cuál es su interpretación de la palabra \"Logos\", en función de su etimología. En las más de 200 biblias que he podido consultar se suele traducir casi exclusivamente por \"Verbo\" o \"Palabra\" pero me gustaría saber si cabría también alguna traducción diferente, como por ejemplo: \"relación\", \"proporción\" o \"razón\".



RESPUESTA:


En razón de la etimología podría caber lo que Usted propone. Pero sería en el ámbito de la filosofía griega y tras un estudio de los léxica/diccionarios, tanto generales como filosóficos, o mejor, tras un estudio de todos los pasajes por medio de programas en lo que están todos los textos de la literatura griega como «Diogenes» y “Mousaios”. Además, si consulta Usted un buen comentario al Evangelio de Juan, como el Raymond E. Brown, verá abundante bibliografía sobre el tema. Otra fuente indispensable es el Theologisches Wörterbuch zum Neuen Testament, del que hay versión italiana e inglesa, pero no española.

Pero, en el caso concreto del Evangelio de Juan y el Prólogo, hay que rastrear el uso de Logos en la literatura judía del Segundo Templo (desde a destrucción del denominado Templo de Salomón en el 587 hasta la destrucción del templo de Herodes en el 70 d.C. Y ahí Logos es igual a Sabiduría o Palabra (Memrá en arameo y Hoqmáh en hebreo) de Yahvé. Por tanto hay que traducirlo como “Palabra” y no cabe lo que Usted propone. En castellano tiene Usted bibliografía en las obras de Domingo Muñoz León y del Agua Pérez (vea Usted Google).

El Logos en el Evangelio de Juan es una derivación midrásica (a modo de comentario) de la Sabiduría divina de Génesis 1,1. Esa Sabiduría/Palabra divina, como mano derecha de Dios era concebida unas veces como algo real, otras como un mero modo de Dios (es decir, el mismo Dios actuando hacia fuera como Sabiduría o Palabra. Algunos rabinos posteriores pensaron que el Logos/Sabiduría era algo así una de las entidades que fueron creadas por Dios antes de la creación. Son en concreto siete: “La Ley/Torá, el arrepentimiento, el paraíso, la gehena o infierno, el Trono de Gloria, el templo celestial y el nombre (o esencia) del mesías” (Fuentes: Talmud de Babilonia Pesahim 54a; Nedrim 39b y Midrás Tehillim 8,72 y 90,2-3)


Lo que hace Pablo es pensar, como el autor de 1 Henoc 48 que el “nombre” del mesías es preexistente y que luego se nombre/concepto (ya sea como “mano derecha de Dios o sabiduría de Dios) toma cuerpo en un hombre concreto, Jesús de Nazaret/ o el Nazoreo. Eso explica que en las cartas de Pablo el mesías, el Cristo, aparezca como preexistente (por ejemplo, 1 Corintios 10,4), pero a la vez sea un hombre (Romanos 1,3-5) y a la vez, después de la resurrección sea una entidad divina subordinada al Padre (como en 1 Cor 15,28), doctrina esta, el subordinacionismo que luego será condenada por la Iglesia. En el Evangelio de Jesús se da un proceso mental análogo. Pero hay una pequeña diferencia, al menos la impresión que da todo el Evangelio: el autor del Prólogo piensa que ese Logos preexistente existe junto a Dios Padre como entidad “consistente”, se encarna, toma carne en un hombre concreto Jesús, y ese Jesús queda como divinizado, hijo de Dios ya en su vida durante la tierra. Actúa como la Palabra divina encarnada y es divino aquí abajo, antes de la resurrección. De este modo se va abriendo la vía para los Concilios de Nicea y Calcedonia.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
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P. S. Ayer, 1 de enero de 2016 fue un día pleno de “jaleo” y no pude felicitar a mis amigos lectores. Lo hago hoy, con un poquillo de retraso, deseando a todos algo para mí muy deseable y que repito con frecuencia: “Salud y Paciencia”. Si este año que ha comenzado nos concede ambas cosas, opino que casi todas las demás se nos darán por añadidura. Saludos muy cordiales de nuevo a todos.
Sábado, 2 de Enero 2016
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Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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