Recomendar este blog Notificar al moderador
CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Escribe Antonio Piñero


Pregunta:

Comparo los versos 32 y 33 del capítulo 2 de Hechos con Romanos 1:4 y no veo diferencias entre la cristología de Pedro y la de Pablo. ¿La diferencia que usted ve es que Pedro no menciona al Cristo celeste (preexistente) y Pablo si? ¿o cuál? Porque en todo caso el Pedro de Lucas podría estar simplemente omitiendo detalles. Usted me corrige.

A propósito... ¿De dónde saca Pablo el concepto del hijo óntico de Dios? Si para él es un hijo natural, el Cristo también sería un dios.


RESPUESTA:

Tiene Usted respondidas, creo que bastante bien esas preguntas en mi libro “Guía para entender a Pablo. Una interpretación del pensamiento paulino”, Edit. Trotta, Madrid 2015. Y hay versión electrónica (consulte página web de la Editorial) y puede Usted adquirirla.

Pero a modo de avance le transcribo:

A la primera pregunta:

El conjunto de estas consideraciones pueden dar cuenta, aunque no del todo, del ambiguo pensamiento de Pablo, tal como hemos presentado en los textos más arriba. Después de la muerte del Apóstol, el proceso de considerar divino a Jesús se aceleró de manera notable entre sus sucesores y discípulos, hasta llegar a los casos en los que explícitamente se nombra Dios a Jesús como en Jn 20,28; Tito 2,23; Heb 1,8 y 2 Pe 1,1 (aparte del Prólogo de Juan). La claridad con la que los últimos estratos del Nuevo Testamento afirman que Jesús es Dios no se halla en el Apóstol.

Curiosamente, pero correspondiendo quizás con la realidad, podemos atisbar cuál fue el mínimo esencial del pensamiento de Pablo en el discurso lucano puesto en boca de Pedro (Hch 2,22-36), quien al menos en el incidente de Antioquía (Gál 2,11-14) chocó intelectualmente con Pablo. Señalo sólo lo que viene al caso subrayando en cursiva los términos claves:

22 Jesús Nazareno, hombre acreditado por Dios ante vosotros con acciones poderosas, prodigios y señales, que Dios realizó por medio de él entre vosotros… 23 a ese… le disteis muerte de cruz. 24 Pero Dios lo resucitó… 29 El patriarca David… como era profeta, sabía que Dios le había asegurado con juramento que uno nacido de su descendencia se sentaría sobre su trono (1 Sam 7; Sal 132,11)… 32 A este Jesús Dios lo resucitó, de lo que todos nosotros somos testigos. 33 Exaltado, pues, a la diestra de Dios… 36 En consecuencia, sepa con seguridad toda la casa de Israel que a este Jesús que vosotros crucificasteis Dios lo ha hecho Señor y Mesías.

En esta cristología de primera hora de lo que sería el futuro cristianismo hay un nítido señalamiento de Jesús como mero hombre y una clara apoteosis-exaltación de Jesús. A la vez, el hecho de ser declarado Señor y Mesías, por tanto divino entiéndase como se entienda, nos sitúa en el mismo ambiente del Libro de las Parábolas de Henoc, es decir, dentro de un binitarismo judío.

En síntesis: Pablo es sólo el comienzo de un rápido tránsito que avanza a toda velocidad desde una exaltación/apoteosis/binitarismo, rudimentario si se compara con Nicea, de base judía, hasta una nítida declaración de la divinidad total de Jesús manifestada por los pasajes del Nuevo Testamento que proclaman expresamente Dios a Jesús, sin matices. Entre la muerte de Pablo y algunos de estos textos (Evangelio de Juan, Tito, Hebreos, 2 Pedro) no habían pasado ni cuarenta años. Y es muy posible también que este acelerado proceso no se diera solo entre los judeocristianos sino especialmente entre los gentiles conversos.

Podemos concluir también que entre los grupos apocalíptico-visionarios judíos, como los autores del Testamento de Job, IV Esdras, y los henóquicos, etc., se dio una suerte de competición teológica en el último tercio del siglo I d.C. por mostrar que el verdadero mesías humano era el señalado y venerado por su grupo y no el de los adversarios, también judíos. Para los judeocristianos era Jesús el único y verdadero mesías, hijo de Dios divino después de su muerte; para los henóquicos, el mesías, descrito como asistente divinizado junto al trono del Altísimo en el Gran Juicio, era Henoc; para el autor de IV Esdras, era el hombre celeste que sale del mar; para los qumránicos, quizás Melquisedec y algún otro más; y para otros era Elías o incluso Moisés divinizado.

Se va abriendo así hacia el final del siglo I el círculo que comenzó ciertamente antes de la composición del libro de Daniel (hacia el 160 a.C.), quien recoge la visión, cronológicamente anterior, de un “como hijo de hombre” celeste que recibe poderes de Dios y se sitúa a su lado. Es el momento en el que los seguidores de Jesús están ya inmersos en un ambiente grecorromano. Para algunos paganos del entorno, tendentes hacia el monoteísmo, no existirían muchas dificultades para considerar dios a Jesús, un ser humano exaltado al empíreo, porque cumplía totalmente los requisitos exigidos por sus coetáneos para adorar a la divinidad: además de las maravillas que de él se decían, era ante todo un benefactor, que había traído la paz y la tranquilidad sobre sus seguidores, favorecía en suma la vida humana y su adoración garantizaba la bienandanza futura. Jesús, como hombre, fue algo muy superior a Hércules o Augusto divinizados.

A la segunda:

Para Pablo –y lo digo claramente en esa misma obra– el “Hijo” no es óntico (es imposible en una mentalidad judía), sino hijo adoptado. Léalo, por favor.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com
Jueves, 17 de Marzo 2016
Escribe Antonio Piñero

Como de buen nacidos es ser agradecidos, quiero agradecer por este medio la excelente respuesta a mi anuncio de la aparición del libro “Ciudadano Jesús” en una nueva edición impresa, no electrónica, por Adaliz Ediciones (www.ciudadanojesus.com) sin costes de envío si va por correo ordinario. Son muchos los que lo han adquirido y quiero darles las gracias, cosa que no puede hacerse en otro tipo de librería.

Y ayer me llegó por correo electrónico el “trailer” del libro. Es como el avance de una película –que está colgado en You Tube—y que explica el posible interés del libro y su contenido. He aquí su enlace.


https://www.youtube.com/watch?v=jb6IVQw92Yo&authuser=0


Gracias de nuevo. Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com
Miércoles, 16 de Marzo 2016
Escribe Antonio Piñero

Pregunta:



En relación con su respuesta afirmativa sobre la muerte de Jesucristo, me gustaría por último preguntarle acerca de mi otra duda profunda: Si Jesucristo efectivamente murió en la cruz, como creemos los cristianos, ¿qué debemos pensar los cristianos del corán, que niega lo que se dice en los Evangelios? ¿Es, simplemente, un invento de Mahoma? ¿Fue Mahoma engañado -como dicen los evangélicos- por un ángel diabólico para crear una nueva religión que sembrase la discordia en La Tierra? En definitiva, ¿como entiende ud. el corán, que
contradice tantas cosas de las Escrituras, e incluso se contradice en mil y una ocasiones a sí mismo?


RESPUESTA:


Para responder a su pregunta habría que hacer una historia de la investigación actual del Corán. Sepa, en síntesis que el texto actual se remonta al 800, en Bagdad y no responde a lo que pudo existir en tiempos de Mahoma.

Segundo: que no sabemos en cuánto la figura histórica del profeta responde a la realidad histórica (por ejemplo, si fueron tres profetas y luego se amalgamó en uno Mahoma, que era el menos importante de los cuatro).

Tercero: que el profeta coránico generó un texto “coránico” muy primitivo que se parecía mucho a un judaísmo apócrifo y sobre todo a un cristianismo apócrifo-herético-marginal, probablemente nestoriano el que existía en la Araba Felix durante el siglo VII.

Cuarto: que ese cristianismo bebía de los Evangelios apócrifos y otros doctrinas marginales y del judaísmo.

Quinto: que el texto del Corán que ahora tenemos empezó a formarse unos 70 años después de la muerte de Mahoma, y que el texto definitivo, el de ahora, es de entorno al 800 d.C. y tomó forma no en Arabia, La Meca, o en Medina, sino en Bagdad.

Sobre esto escribirá en este Blog el Dr. Carlos A. Segovia en su momento.

Quinto: que ya desde finales del siglo II tanto el heresiarca Basílides como otros gnósticos y los Hechos Apócrifos de Juan (Vea, si le es posible mi edición con G. del Cerro en la Editorial “Biblioteca de Autores Cristianos” = B.A.C., desde 2005 en adelante) que defendieron que era imposible la encarnación, ya que lo mortal no puede unirse de ningún modo con lo mortal. Por tanto el cuerpo de Cristo era una mera apariencia, no real (vea en mi obra “Cristianismos Derrotados” de EDAF 2009, el “docetismo” de los dos primeros siglos); que quien fue crucificado en la cruz fue Simón de Cirene u otro, o bien que Jesús no murió en la cruz, sino la apariencia de su cuerpo. El peso del gnóstico Basílides fue el que dio cuerpo a esa doctrina herética.

Por tanto, y en consecuencia: no hay que hacer caso a especulaciones cristianas primitivas, fantasiosas, de corte gnóstico, de las que bebe ese presunto Mahoma, que tenía a su disposición evangelios apócrifos cristianos. Son meras especulaciones y su fundamento histórico es nulo.


Pregunta:


En los relatos sobre la concepción de la embarazada María por medio del “Espíritu Santo”, en una forma crítica, usted cree que José hubiera permitido ese embarazo, ya que él era judío, y los judíos, respetaban mucho la ley de Moisés. En los relatos apócrifos dice: que José se disgustó, no comió ni bebió en todo aquel día. El evangelio de Mateo nos dice que no la conoció hasta que dio luz. Posiblemente José era un judío piadoso, o tal vez, vivo se parado de María hasta el embarazo. ¿Cómo un judío pudo haber a aceptado tal hecho si ellos respetaban mucho la ley de Moisés y un adulterio era una falta grave en esos tiempos?



RESPUESTA:


Usted hace preguntas que obligan a meterse en la piel de personajes de los que apenas sabemos nada, y de los que la única fuente que tenemos para responder, los textos transmitidos, callan casi siempre. Entonces la respuesta es casi siempre negativa: “No sabemos” o una mera hipótesis. Y las hipótesis no son certezas.

Pero esta vez sí que hay una pista Mt 1,19 “Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto”. Y hubo de venir nada menos que un ángel para convencerlo = Mt 1,20 (léalo).

Y, pienso, y le ruego que no se enfade, si Usted hubiera reflexionado sobre este texto de los Evangelios, estoy seguro de que usted mismo se habría respondido a su pregunta. No haga preguntas que Usted mismo puede responder.


Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com
Martes, 15 de Marzo 2016
Escribe Antonio Piñero


Pregunta:



Me gustaría hacerle una pregunta sobre la Resurrección de Jesús. Según su opinión las mujeres seguidoras de Jesús sienten su presencia viva y posteriormente consiguen convencer a los discípulos varones. Los relatos evangélicos contradictorios entre si en este punto no superan los criterios de historicidad. Sin embargo, dada la situación de la mujer en ese contexto, me resulta difícil creer que fueran capaces de convencer a los asustados discípulos y de hacerles cambiar hasta el punto de dar sus vidas por el mensaje de su maestro. No estaría mal un libro al respecto, ya que el tema es importante. Reciba de nuevo mi agradecimiento por su enorme aportación al estudio de ese momento histórico.


RESPUESTA:



En honor a la verdad debo decirle que lo que yo he expresado acerca del papel de las mujeres en la expansión de la creencia en la resurrección de Jesús es una mera hipótesis, y las hipótesis no son certezas. Y he formulado la hipótesis para dar razón de su preeminencia en los textos como primeras testigos al menos del anuncio de la resurrección (no de la primera aparición, porque ahí hay diversas tradiciones: a Pedro (Pablo de Tarso), a Santiago, su hermano (1-2 Apocalipsis de Santiago de Nag Hammadi) y a María Magdalena: Evangelio de Jua , y dando. Pero hay otros estudiosos que no aceptan tal propuesta y tienen todo por una mera fabulación.


Respecto al posible libro sobre la resurrección: ya hay muchos (vea Gerd Lüdemann; creo que traducido al español por Verbo Divino o Torres Queiruga; los dos con amplia bibliografía). Y yo, como filólogo e historiador no me pienso meter en un campo que pertenece a la fe y no a la historia.



Pregunta:


Sobre la tradición historiográfica del Jesús histórico se ha hablado de que es un debate donde predomina la opinión protestante; sin embargo me gustaría saber si desde el ámbito católico ha habido aportes a la investigación? Sólo tengo referencia de José Antonio Pagola, John P. Meier y Joseph Aloisius Ratzinger.



RESPUESTA:


Lo que Usted dice es verdad. Desde un punto de vista técnico, puede Usted prescindir de Pagola y de Ratzinger, porque, aunque se pretendan estudios históricos, tienen mucho más de teología pura que de historia. Sin embargo, Meier es una gran excepción. Es muy honesto, abierto, concienzudo, enciclopédico. La investigación independiente puede, y de hecho lo hace, disentir de él en algunos puntos. Pero las notas que acompañan a cada uno de sus capítulos de su libro básico, “Jesús. Un judío marginal…”, son excelentes para enterarse del estado de la investigación. Tiene Meier una buena capacidad analítica, claridad de exposición y sentido común.





Pregunta:


¿Murió Jesús realmente en la cruz?


RESPUESTA:


Deben descartarse, como carentes de base, las hipótesis fantasiosas sobre la no muerte de Jesús: que le dieron láudano o cualquier otro producto…, que de hecho no murió…, que fue bajado inconsciente sólo de la cruz…, que escapó de la tumba –¡todos estaban de acuerdo para fingir su muerte!, y que huyó a la India…, etc., teorías todas que me parecen innecesarias y descabelladas por carecer de base textual.


En mi opinión sólo puede formular estas hipótesis quien desconozca la atmósfera y el ambiente del siglo I en Judea y cómo se las gastaban los romanos con aquellos que les suponían el menor impedimento. Tales teorías son impensables, pues, en aquellas circunstancias.


El argumento principal para sostener que Jesús murió en la cruz es la imposibilidad absoluta de que lo hubieran inventado los cristianos. Unido a la crucifixión en sí, este suceso fue el que más “dolores de cabeza” dio a los cristianos primitivos –porque era un hecho público no se podía negar— a la hora de hacer proselitismo de su Maestro como verdadero mesías…, ya que su final, en apariencia al menos, fue todo un desastre… ¡imposible para un mesías verdadero!
Insisto en que la teología cristiana primitiva se volcó en la defensa y justificación del hecho, aclarándolo con explicaciones a través de nuevas interpretaciones de las Escrituras. Puede decirse incluso que la aclaración de este hecho vergonzoso en sí es el inicio y fundamento de toda la teología de Pablo de Tarso. Pero, como ocurre otras veces, esto no significa que todo lo que los evangelistas afirman sobre la muerte de Jesús pase el filtro de los criterios para probar la historicidad.


Otro argumento puede ser la inverosimilitud de que los romanos, expertos en el arte de quitar de en medio a sus enemigos hubieran permitido que cualquiera de los tres sediciosos contra el Imperio no hubiera muerto realmente en la cruz. Er costumbre común asegurarse totalmente de su muerte, o de lo contrario, darle el “golpe” de gracia. Por tanto, y en síntesis, postular que Jesús no murió en la cruz es absolutamente inverosímil.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com
Lunes, 14 de Marzo 2016

Escribe Antonio Piñero

Pregunta:

Escribo pensando que me podría aclarar una duda. He leído y escuchado algunas cosas sobre los cultos mistéricos que me han hecho pensar. He sabido que, al parecer, existen muchas coincidencias entre la historia de Jesús y la de Dionisos, entre ellas, que Dionisos es Dios hecho carne, nació de una Virgen fecundada por un Dios, nace en una cueva o establo muy humilde ante la presencia de algunos pastores, permite que sus seguidores vuelvan a nacer gracias al rito del bautismo, convierte el agua en vino mientras estaba en una boda, entra triunfalmente a una ciudad montado en un pollino mientras la población agita palmas para recibirlo, muere entregándose en sacrificio por los pecados del mundo, desciende al infierno y al tercer día resucita, ascendiendo a los cielos, sus seguidores creen que va a regresar a juzgarnos al final de los tiempos, y esta muerte y resurrección se conmemoran en una comida ritual de pan y vino que serían su cuerpo y su sangre…


Quería preguntarle, primero, si todas esas “coincidencias” son verdad, o sobra alguna o algunas…
También la he escuchado a la Sra. Ana María Vásquez Hoys, en algún programa de radio, decir que todo lo que conocemos de los cultos mistéricos se lo debemos a la novela “El Asno de Oro” de Apuleyo. De todas formas, debido a las asombrosas “coincidencias” entre Jesús y Dionisos, quería preguntarle en segundo lugar, si sabemos de la doctrina que enseñó Dionisos cuando se encarnó en este mundo; si existe algún texto en el que, a semejanza del Dios cristiano, Dionisos enseñe esa doctrina; si se cuentan historias en las que participa Dionisos… en fin, el asunto es poder comparar a los dos no sólo en esos hechos que cité más arriba, si no como Dioses en general, y pensé que podía venir a sentarme al teclado y preguntarle…
Desde ya, muchas gracias por su tiempo,



RESPUESTA:



Es la primera vez en mi vida que oigo hablar de tales coincidencias, tan exactas y tan seguidas. Quien habla de ello debe de ser un mentiroso audaz o un fabulador. Por favor, consulte cualquier Diccionario de Mitología Clásica, o bien lea algo sobre Dióniso = el Baco latino y se convencerá de que la historia de este dios es muy otra.


Lo que sí es cierto es que entre los denominados “misterios” de Dióniso, existe uno en el que una vez al año se reunían sus adoradoras, todas mujeres, dejaban libre en un monte un cabrito, luego lo perseguían y lo descuartizaban vivo e ingerían sus carnes. Se creía que el cabrito representaba simbólicamente al dios y que ingiriendo su carne se unían místicamente a esa divinidad. Y al unirse a ella –ya que Dióniso había muerto y luego había sido vuelto a la vida (vea el mito en Internet o en el Diccionario)– en su peripecia vital de muerte y resurrección se aseguraban la inmortalidad, que por otra parte poseían innatamente ya que el alma de por sí es inmortal.


Y también es cierto que tanto Justino Mártir, como Tertuliano, cayeron en la cuenta de algunas semejanzas entre el misterio cristiano y los misterios paganos. Y atribuyeron esa semejanza al Diablo, quien había coopiado del cristianismo e intentaba por medio de este engaño extraviar a los fieles.


He escrito en varios lugares que:


“La semejanza entre las religiones mistéricas y el cristianismo es un tema recurrente desde el siglo XIX a partir de los estudios comparativos de la “Escuela de la historia de las Religiones”, en la que se afirmaba, como norma general, que la religiosidad cristiana copiaba directamente de las religiones paganas contenidos e interpretaciones de ritos, y nociones tan importantes como la eucaristía, el bautismo o el cuerpo místico del Mesías. Hoy día se ha llegado a una posición más matizada: no es necesario postular una copia o influjo consciente y positivo, sino más bien un enfrentamiento directo entre dos religiosidades, en una atmósfera religiosa común, con la utilización de un mismo vocabulario elemental que estaba en el ambiente y con esquema mentales comunes. No es, pues, necesaria copia alguna, sino llegar a ver que se vivía una época con intereses religiosos comunes”



“La idea paulina del cuerpo místico del Mesías podría encajar más o menos bien en el judaísmo del Segundo Templo dentro de la noción de “personalidad corporativa de Israel”, concepto en el que el individuo se pierde un tanto en pro del sentimiento de grupo. Pero el sentido de una cena, con estas características de unión/participación con una entidad ya divina como Resucitado y Exaltado, y una comunión con el Espíritu del Mesías (indirectamente en 2 Corintios 13,13 y Filipenses 2,1) es ajeno a la mentalidad judía del Segundo Templo: ingerir místicamente el cuerpo del Mesías para hacerse uno con él es anómalo, sumamente extraño en el judaísmo.


“En verdad, el significado de la Cena del Señor, según Pablo, solo encuentra una analogía efectiva dentro del Mediterráneo oriental del siglo I, en las comidas sagradas presididas por un dios, por ejemplo Anubis (“las comidas de Anubis”), en las que el comensal se unía místicamente al dios, o bien en la ingestión del cabrito troceado vivo, sangrante, en la bacanales dionisíacas que significaba una cierta unión de la bacante/ménade con el dios Dióniso/Baco, o quizás también en la ingestión del ciceón –bebida a base agua, harina de cebada y poleo—en los misterios de Deméter y Perséfone, que suponía cuanto menos una cercanía extrema a la divinidad. Como esta ingestión era anterior al día de la iniciación propiamente tal, es posible que la bebida no contuviera tanto la idea de unión con la divinidad –que sí la tenía de todos modos––, cuanto de preparación y manifestación del paso del ámbito normal de la vida del creyente al de la diosa, generadora de los cereales, y de la participación en su peripecia vital de “muerte y resurrección” sui generis.


“No parece una casualidad que la explicación de la Última Cena se encuentre en la Primera carta a los corintios, habitantes de una ciudad en la que la religiosidad de los cultos de misterios, el contacto espiritual con la divinidad y una cierta atmósfera que podríamos denominar “protognóstica”, podría ser moneda corriente entre aquellos inclinados a tal tipo de espiritualidad. Pero de ningún modo esta afirmación significa que propongamos que la interpretación de la “Cena del Señor” ofrecida por Pablo a sus lectores de Corinto esté influida por, ni mucho menos conscientemente copiada de la “misteriosofía” de los cultos de misterio; nada nos permite afirmar que Pablo calcaba con todo propósito el sistema de tales cultos. Esta formulación estaría totalmente alejada de lo que en verdad sostenemos, y de lo que opinamos que era el pensamiento genuino de Pablo.



“Lo que afirmamos es que Pablo –consciente de la necesidad de atraerse conversos en los “caladeros” más fáciles, a saber de gentes con mentalidad afín a lo que él predicaba–– defendía como base de la espiritualidad de su unión con el Mesías, es decir, de su noción del cuerpo místico de Cristo (Aclaración 14ª, p. *), una participación en sus sufrimientos, una religiosidad que en puntos concretos era similar a la espiritualidad mistérica en general, a saber, que el ser humano debía participar de la peripecia vital del dios salvador para garantizarse la salvación. Y esto es lo que denominamos “misteriosofía”, o espiritualidad misteriosófica, que se respiraba por aquel tiempo como una “atmósfera” general entre gentes ansiosas de asegurarse la salvación. Y Pablo lo sabía como ciudadano de Tarso.


“Pero admitido esto, afirmaba que Pablo postulaba enérgicamente que la comunión mística del creyente con el Mesías era diferente e infinitamente superior a cualquier otro tipo de espiritualidad pagana. O mejor, que tal espiritualidad, tan ampliamente extendida, nada valía en comparación con la que él ofrecía. Era como el valor del sucedáneo respecto a lo auténtico. La única efectiva era la participación en la peripecia vital y la comunión con el Mesías redentor y salvador del mundo, no sólo de los judíos sino también de los gentiles, pues la otra, la ofrecida por los predicadores de Dióniso, Isis, o de Deméter en Eleusis, por ejemplo, no era más que la sombra inane de la verdadera iniciación y comunión con el Mesías. El creyente lograba entrar en unión mística, pero verdadera, con el Cristo gracias a la ingestión del pan y del vino que representaban simbólicamente –esto es lo máximo en lo que podía pensar un judío como Pablo–– el cuerpo celestial del agente divino ya exaltado junto a Dios. Este tipo de espiritualidad “en y con Cristo” podría satisfacer sin duda más a los aficionados a los cultos de misterio que a los temerosos de Dios, aunque a ellos tampoco les desagradaría.


Tomado de mi obra, “Guía para entender a Pablo. Una interpretación del pensamiento paulino”, Edit. Trotta, Madrid, 2015, pp. 305-306.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com
Viernes, 11 de Marzo 2016
Escribe Antonio Piñero


Pregunta:

A ver si me puede ayudar. Le formularé una pregunta, si ¿Apolonio de Tiana tiene alguna estrecha relación con Jesús? ya que Apolonio nació en el año 1 de la era cristiana, se le conocía como hacedor de milagros y poseedor de dones sobrenaturales, vivió casi que en paralelo con Jesús

RESPUESTA:

Son personajes contemporáneos, pero no estrictamente. Jesús vivió su ministerio público durante el reinado de Tiberio (14-37 d.C.) y Apolonio, en Asia Menor e Italia durante el reinado de Nerón (54-68 d.C.). Probabilísimamente por tanto ni se encontraron ni supieron nada el uno del otro, aunque de los dos se narren sanaciones semejantes, incluidas resurrecciones. Pero Filóstrato compuso su “Vida de Apolonio” hacia el 200 d.C. con un lapso o intervalo de tiempo mucho mayor que entre la muerte de Jesús, hacia el 30 o 33 d.C., y los años 72-75 en los que se compuso el Evangelio de Marcos. Quiero decir con eso que Filóstrato pudo incluso tratar de emular los milagros espectaculares de loe evangelios para hacer que su héroe, Apolonio, fuera incluso superior a Jesús. Es posible, al menos.

Pregunta:



Me gustaría hacerle una pregunta sobre la Resurrección de Jesús. Según su opinión las mujeres seguidoras de Jesús sienten su presencia viva y posteriormente consiguen convencer a los discípulos varones. Los relatos evangélicos contradictorios entre si en este punto no superan los criterios de historicidad. Sin embargo, dada la situación de la mujer en ese contexto, me resulta difícil creer que fueran capaces de convencer a los asustados discípulos y de hacerles cambiar hasta el punto de dar sus vidas por el mensaje de su maestro. No estaría mal un libro al respecto, ya que el tema es importante. Reciba de nuevo mi agradecimiento por su enorme aportación al estudio de ese momento histórico.


RESPUESTA:


En honor a la verdad debo decirle que lo que yo he expresado acerca del papel de las mujeres (a saber: el origen de la creencia en la resurrección de Jesús nace en el círculo de mujeres seguidoras, y luego se difunde entre los varones) en la expansión de la creencia en la resurrección de Jesús es una mera hipótesis, y las hipótesis no son certezas. Y he formulado esta hipótesis para dar razón de su preeminencia en los textos como primeras testigos al menos del anuncio de la resurrección (no de la primera aparición, porque ahí hay diversas tradiciones: a Pedro (Pablo de Tarso), a Santiago, su hermano (1-2 Apocalipsis de Santiago de Nag Hammadi) y a María Magdalena: Evangelio de Juan.

Pero hay otros estudiosos que no aceptan tal propuesta y tienen todo por una mera fabulación.


Respecto al posible libro sobre la resurrección: ya hay muchos (vea Gerd Lüdemann; creo que traducido al español por Verbo Divino o Torres Queiruga; los dos con amplia bibliografía. Busque en Google y encontrará sus libros). Y yo, como filólogo e historiador, no me pienso meter en un campo que pertenece a la fe y no a la historia.


Hoy, además, un recordatorio:

Daré una conferencia sobre el difícil pensamiento de san Pablo y comentaré aspectos de mi libro reciente:

“Guía para entender a Pablo de Tarso” hoy

Jueves 10 de marzo a las 19.00 hrs.

Lugar:

“Espacio Ronda Madrid”, c/ Ronda de Segovia 50. Madrid.

Metro “Puerta de Toledo”

Autobuses 3, 23, 35, 41, 148, C1 y C2


Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com
Jueves, 10 de Marzo 2016
Hoy escribe Fernando Bermejo

Uno de los textos más memorables del Nuevo Testamento es ese pasaje, transmitido en el evangelio de Juan (7,53 – 8,11) aunque originalmente no perteneció a él, conocido con las típicas esdrújulas de los términos técnicos de la exégesis como la “Perícopa de la Adúltera”.

La perícopa presenta en Jn 8,6.8 a Jesús como capaz de escribir. En respuesta a las preguntas de sus interlocutores, el galileo se inclina dos veces y se pone a escribir. El narrador describir sus acciones con el verbo katagrápho en 8,6 y grápho en 8,8.

Katagrápho –usado en la Septuaginta una docena de veces– es un hápax legómenon en el Nuevo Testamento, que suele usarse para referirse a la escritura alfabética. Esto podría ser significativo, pues incluso entre la exigua minoría de quienes en la Antigüedad estaban alfabetizados, eran aún menos los que podían escribir que los que podían leer.

Se ha propuesto que estas referencias a la escritura de Jesús pueden contribuir a explicar la inserción de la Perícopa de la Adúltera en el evangelio de Juan precisamente en el lugar en el que se ha transmitido. El interpolador habría usado esta imagen de un Jesús capaz de escribir para responder a aquellos interlocutores que cuestionaban su formación en Jn 7,15.

Si esta interpretación es plausible, se comprendería mejor que los letrados, los verdaderos profesionales de la escritura en el judaísmo del Segundo Templo, aparezcan junto a los fariseos en la misma perícopa en que se retrata a Jesús escribiendo (y de hecho no aparecen en ningún otro lugar en el Cuarto Evangelio).

Saludos cordiales de Fernando Bermejo
Miércoles, 9 de Marzo 2016
Escribe Antonio Piñero

Pregunta:



Quería saber acerca de los escritos del nuevo testamento, so es cierto que se escribieron en Hebreo, ya que los judíos mesiánicos dicen ellos y desdeñan las versiones en griego aludiendo que son falsificaciones.


RESPUESTA:


Pienso que hay un pequeño error en su pregunta, porque conozco a judíos mesiánicos y son gente lista, o normal, y científicos e historiadores, técnicos, etc. Y más de uno teólogo-filólogo de excelsa talla. Me parece imposible que digan que el Nuevo Testamento original se escribió en hebreo y lo demás, lo que conservamos, el texto griego es una falsificación. Esta afirmación es absolutamente imposible técnicamente. Todo el Nuevo Testamento, demostrado al cien por cien, se escribió en griego. ¿No se referirán al Antiguo Testamento? Porque este sí se escribió en hebreo, pero las traducciones al griego comenzaron hacia el 270 a.C. y todos los judíos aborrecen ese texto porque fue el usado por los cristianos.

Pregunta:


Sobre la parábola del buen samaritano, Lucas 10:33.
¿Se puede traducir “εσπλαγχνισθη” como “se conmovió hasta la profundidad de sus entrañas”?


RESPUESTA:

Depende del contexto. En Mc 1,41 y 6,34 sería simplemente posible. En Lucas 10,33, sin embargo, creo que sería una traducción forzada. Opino que sería un sencillo “se compadeció”. De hecho esta es la traducción que presenta el Dr. Fernando Bermejo en este pasaje en su Traducc. Intr. y Notas de la futura “Biblia de San Millán”, Vol. I. “Los libros del Nuevo Testamento”. La Biblia de Jerusalén traduce “tuvo compasión”. Y en general es así.


Pregunta:


Soy estudiante de Teología y deseo salir de cierta incertidumbre si no es mucha molestia. Escuché en un documental donde la Profa. Elaine Paigels (experta en textos bíblicos) afirma que ciertos ideales del Cristianismo como: La idea del pecado original, la muerte de Jesús como expiación de los pecados, entre otras es producto en gran parte de la influencia de San Agustín en el siglo IV, es cierto?, además Prof. he escuchado en varias ocasiones que expertos Bíblicos dicen: "Ese pasaje es una adaptación posterior" refiriéndose a textos bíblicos, mi pregunta es, ¿como saben eso?, ¿donde se estudian los textos bíblicos "originales" (si la palabra aplica) y sus inserciones posteriores? (mayormente refiriéndome al nuevo testamento)

Disculpe mi ignorancia en cuanto al tema, pero cuando uno estudia en un Instituto Teológico regido por una Iglesia la información Historia, antropológica y Filológica es inexistente y más que un estudio parece la re-afirmación de la fe. Por lo cual aprovecho a despejar muchas dudas cuando puedo contactar a expertos como usted. Gracias por su tiempo.


RESPUESTA:


La idea del pecado original como tal no existe en el judaísmo ni tampoco estrictamente en Pablo, aunque sí incoada en Romanos 5. Algo parecido a esa ida existe también en dos apócrifos del Antiguo Testamento, 2 Baruc o Baruc siríaco y IV Esdras (puede leerlos en “Apócrifos del Antiguo Testamento”, Edit. Cristiandad, Madrid, 2011, vol. VI, (está en cualquier biblioteca de un buen Seminario o Facultad de Teología). Lo que el judaísmo enseña es que después del pecado de Adán, de un modo genético ciertamente, la “mala inclinación” del corazón humano superó a la buena porque el corazón quedó maleado por el pecado. Y eso es todo, aunque sí se sostiene que esa mala inclinación es ya genética. En el siglo IV, san Agustín y el monje Pelagio disputaron si esa mala inclinación corrompía de tal modo la naturaleza humana, genéticamente, de modo que casi se perdía la libertad humana. Vea por favor, y si le es posible, mi obra “Cristianismos derrotados”, Edit. EDAF, Madrid, 2009, “La disputa pelagiana”. Venció san Agustín, que precisó la doctrina paulina y estableció la interpretación por así decirlo canónica: existe, después el lapso de Adán un pecado original en todo ser humano…(doctrina muy difícilmente comprensible por la razón humana) y desde entonces se hizo doctrina de la Iglesia en general.


Respecto a la muerte de Jesús “como expiación de los pecados” puede decirse que es también una doctrina que se halla en Pablo de Tarso, pero no absolutamente clara; sí en los Evangelios de Marcos y Mateo, que en esto son muy paulinos. Pero san Agustín y otros Padres contribuyeron a despejar cualquier duda. Pero nada más. Por tanto, puede decirse que las dos doctrinas son paulinas, pero no formuladas con la precisión teológica que se hubiera deseado. Lo mismo pasa, por ejemplo, con la naturaleza del mesías, que en Pablo está muy oscura, y hasta los concilios de Nicea, 325, Éfeso, 380, y Calcedonia, 451, no queda precisada.


Su frase "Ese pasaje es una adaptación posterior" refiriéndose a textos bíblicos necesita de una mayor precisión para que yo pueda explicársela a total satisfacción. Pero puede referirse, por ejemplo, a pasajes del Antiguo Testamento que se aclaran y se ven como referencias al mesías Jesús en los autores del Nuevo Testamento, o bien a pasajes del Pablo auténtico que luego son aclarados por otros escritos de discípulos de Pablo como los autores de Colosenses y Efesios, o algo por el estilo. Pero no hay textos bíblicos del Nuevo Testamento “más originales” que otros, sino que el Nuevo Testamento es un conjunto de libros (27 en total), cada uno de un autor, más o menos, o de una “escuela” y cada uno con su teología. La iglesia a lo largo de los siglos procuró armonizarlos en sus doctrinas divergentes. Y cuando no se podía, se “olvidó” de unos pasajes y prestó atención a otros.


Desgraciadamente las ediciones comentadas de Pablo de Tarso y de la Biblia son todas confesionales y necesariamente procuran “arrimar el ascua a su sardina” dogmática. Una vez más permítame que haga una referencia a otra obra mía: “Guía para entender a Pablo de Tarso. Una interpretación del pensamiento paulino”, Edit. Trotta, 29015, donde encontrará expuestas diversas teorías interpretativas de pasaje paulinos difíciles, tomando partido por aquellos en los que puede haber un cierto consenso.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com


AVISO PARA RESIDENTES EN MADRID Y ALREDEDORES

El jueves 10 de marzo a las 19.00 hrs.
Conferencia-Presentación del libro

“Guía para entender a Pablo de Tarso”

a cargo del autor,
Antonio PIÑERO


Entrada libre en:

Espacio Ronda Madrid, c/ Ronda de Segovia 50. MADRID
Metro “Puerta de Toledo”
Autobuses 3, 23, 35, 41, 148, C1 y C2
Martes, 8 de Marzo 2016
"Ciudadano Jesús" en un edición  nueva (620)
Escribe Antonio Piñero


Ha salido, en libro normal, en papel, una nueva edición, es la tercera en realidad, de “Ciudadano Jesús. Preguntas y respuestas”. El libro está editado por Editorial “Adaliz” de Sevilla y en principio no se distribuye en librerías, sino que se envía por correo, a gran velocidad, en un día o dos, el número de ejemplares que se desee. Se reúne así la comodidad de pedir el libro por Internet y recibirlo en casa, en papel, y en tiempo record, al menos dentro de España. Al libro hay que pedirlo a la siguiente página web:

www.ciudadanojesus.com

Gastos de envío: si va por correo ordinario: gratis. Si va por "Mensajería" de Correos, que llega enseguida: 1 euro.


Tomo algunos datos de la nota de prensa que me han enviado

El autor:


Antonio Piñero es una figura de prestigio internacional en los estudios sobre el cristianismo primitivo. Es licenciado en Filología Clásica, en Filosofía Pura y Filología Bíblica Trilingüe. Doctor en Filología Clásica. Ha editado Apócrifos del Antiguo Testamento (6 vols.); Apócrifos del Nuevo Testamento. Hechos apócrifos de los apóstoles (3 vols.); Biblioteca copto-gnóstica de Nag Hammadi (3 vols.). Es autor de numerosos artículos en revistas nacionales y extranjeras, así como de más de cincuenta capítulos en libros editados por otros, y 16 traducciones de obras científicas del alemán, inglés, francés e italiano.

Entre sus publicaciones destacan: El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos; (1995/2003); Biblia y Helenismo (2006); Año Uno. Israel y su mundo cuando nació Jesús (2007); Los cristianismos derrotados (2009/2014); Jesús de Nazaret, el hombre de las cien caras (2012); Guía para entender el Nuevo Testamento (2006/2011); Jesús y las mujeres (2014); El otro Jesús. La vida (oculta) de Jesús a la luz de los evangelios (canónicos) y apócrifos (2014) y Guía para entender a Pablo. Una interpretación del pensamiento paulino (2015).

Ficha Técnica:


Título: Ciudadano Jesús. Preguntas y respuestas
Autor: Antonio Piñero
Dimensiones: 15 x 21 cm
Páginas: 316
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-945173-1-0
Precio: 15,95€
Edita: adaliz ediciones
www.adaliz-ediciones.com
Facebook Page: www.facebook.com/ciudadanojesus
Web de Prensa: www.ciudadanojesus.com/prensa


Para más información a la prensa y entrevistas con el autor o el editor:
info@adaliz-ediciones.com
www.adaliz-ediciones.com
Teléfono: 955 300 393

El contacto de la editorial es:

www.adaliz-ediciones.com y el correo es: info@adaliz-ediciones.com

Sinopsis del libro:

Jesús de Nazaret no dejó nada escrito, lo que contribuye a formar el halo de misterio que rodea su figura. El libro formula y responde a 329 preguntas, formuladas al autor a lo largo de su vida de publicista y conferenciante: ¿Existió Jesús realmente? ¿Podemos fiarnos de los evangelios respecto a la verdadera figura y misión de Jesús? ¿En qué fecha y dónde nació? ¿Fue bautizado realmente por Juan Bautista? ¿Es cierto que rompió con el judaísmo? ¿Se creyó Jesús a sí mismo el mesías o solo un profeta? ¿Cuánto duró su vida pública? ¿Cómo fue realmente la Pasión? ¿Fue Jesús un sedicioso contra el Imperio Romano o un agitador político? ¿Cómo entendía realmente el reino de Dios? ¿Instituyó la eucaristía en su última cena? ¿Murió realmente en la cruz? ¿Puede un historiador hablar de la resurrección y las apariciones?

He aquí un resumen del Prólogo:

¿Fue Jesús un enigma? Muchos opinan que sí Pero, creo, que es esta una pregunta a la que sólo se podrá responder convenientemente examinando la vida de Jesús, transmitida por textos ciertamente partidistas. Históricamente Jesús no fue en verdad un enigma, sino que otros, los evangelistas, lo presentaron como tal, quizás sin querer. A no ser que se piense que Jesús fue un “enigma” como todos los hombres grandes. Y Jesús lo fue, y tuvo, como los demás grandes, múltiples facetas. De cualquier modo, para la historia el enigma es relativamente resoluble.

El libro presente ofrece el fruto de las respuestas a preguntas en torno a este tema que han sido formuladas al autor en clase, cursos, seminarios y conferencias, a lo largo de muchos años de docencia universitaria y de extensión de esa docencia en actos y textos de divulgación como programas de TV, radio, entrevistas y respuestas a “postales” en blogs de Internet, en donde se expresan comentarios, réplicas y preguntas. Nace por tanto de la experiencia y de muchos años de estudio.

A propósito de esas preguntas reales, el autor mismo se he visto llevado a formularse otras, como si tuviera alguien enfrente dialogando con él, al igual que en el antiguo ejercicio escolar de la Antigüedad denominado “diatriba”: dialogar con un personaje de ficción, que formula múltiples interrogante u objeciones, o la técnica denominada “erotemática”, es decir, “aprendizaje por medio de preguntas (y respuestas)”. Pero no son preguntas puramente imaginativas, sino que pueden o podrían representar interrogantes reales de alguien que podría formulármelas en la vida real.

No todas las preguntas tienen, sin embargo, respuestas seguras. En la historia antigua hay muchos “enigmas” por falta de información y la vida de Jesús no se escapa, ni mucho menos, a este destino. Pero el libro intenta que se vea bien claro qué respuestas son prácticamente seguras y qué, hipótesis razonables. La mayoría de las respuestas van unidas a expresiones como “en mi opinión”, “es posible”, “probablemente”, “el sentir medio de la investigación o de los estudiosos” porque realmente es así: respecto a Jesús hay muchas preguntas y pocas respuestas absolutamente seguras.

El primer deber de un historiador es ser modesto y reconocer que si toda reconstrucción histórica del pasado es difícil, mucho más cuando el personaje, cuya figura se intenta reconstruir, vivió hace unos dos mil años.

Jesús no dejó nada escrito; sus “biografías” comenzaron a componerse muchos años tras de su muerte, quizás la primera, la de Marcos unos cuarenta años después. Sabemos que todo personaje grande ya fallecido sufre un proceso de idealización y engrandecimiento evidente, y que la tradición oral, sufre muchos avatares y distorsiones.

Por si fuera poco, la inmensísima mayoría de las fuentes sobre el personaje Jesús son claramente partidarias, a favor la mayoría; unas pocas, y en el siglo II, claramente en contra. ¿Cómo encontrar la verdad entre tanto partidismo a favor? A pesar de tantas dificultades para la reconstrucción del personaje histórico, el autor no pertenece, ni mucho menos, a la legión de los superpesimistas o superescépticos que defienden que el personaje nunca existió.., o que conocerlo es imposible.

El autor sostiene que, aparte de su real existencia, la crítica histórica tiene hoy día notables instrumentos para delinear al menos, y sin temor a equivocarse mucho, cómo fueron las líneas maestras del personaje Jesús. Además, la crítica histórica lleva desde 1768, dando vueltas y vueltas al tema “Jesús”, y a lo largo de este tiempo has sido muchos los hombres de talento excepcional los que se han ocupado de él. El libro pretende situarse modestamente en la línea de esta larga investigación para intentar ofrecer al lector el punto medio que suele darse en ella y que goza de un notable consenso. Se trata de acercarse a la figura y misión de Jesús, con los menores prejuicios posibles, y de ofrecer un acercamiento maduro, honesto y de acuerdo con la ciencia histórica a su persona y a su pensamiento.


Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com
Lunes, 7 de Marzo 2016

Notas

5votos
Una noticia hoy
Escribe Antonio Piñero

Queridos amigos: una noticia hoy para el 10 de marzo, jueves:


Conferencia-Presentación del libro “Guía para entender a Pablo de Tarso”. Una interpretación del pensamiento paulino

Jueves 10 de marzo, 19:00 hrs. Espacio Ronda, Madrid, c/ Ronda de Segovia, 50.


La invitación -escrita por Armando Lozano, director del Centro dice lo siguiente:


Conferencia pública del profesor Antonio Piñero sobre la reciente publicación de la Editorial Trotta, 'Guía para entender a Pablo de Tarso'.

No está todo dicho sobre Pablo de Tarso a pesar de que desde san Agustín, y principalmente desde Martín Lutero y la Reforma, se hayan escrito centenares de libros sobre él. Ni siquiera queda claro, como se afirma con rotundidad, que Pablo fuera el «segundo fundador del cristianismo» ni tampoco un fariseo estricto como él mismo sostiene en apariencia.

Desde 1970 ha surgido una potente y nueva corriente de interpretación de la teología de Pablo, a cuyo frente están sobre todo teólogos evangélicos independientes e historiadores judíos del pensamiento israelita, que pone en cuestión opiniones aparentemente asentadas durante siglos: ¿Puede sostenerse hoy que todo o parte de Pablo ha sido malentendido durante más de quince siglos? ¿Fue el pensamiento de Pablo exclusivamente judío a pesar del entorno de su nacimiento y formación escolar en un mundo griego? ¿Abandonó Pablo la ley judía? O bien ¿se comportó siempre, incluso externamente, como un judío practicante? ¿Es posible defender que paganos y judíos se salvan no por creer en Jesucristo, sino por imitar sus actos de fidelidad? ¿Rompía la posible divinización de Jesús por parte de Pablo el monoteísmo estricto de Israel?

Responder claramente a estas y otras cuestiones candentes es el núcleo de esta «Interpretación del pensamiento paulino», escrita en diálogo con el trabajo exegético y la discusión científica más viva y actual. Su método consiste en leer atentamente los textos, aportando una nueva versión de las cartas de Pablo, para entender lo que su autor quiso decir a sus primeros lectores.

Añado el contacto, tal como publican en su Web:

Espacio Ronda
C/Ronda Segovia 50. Madrid 28005
(M) “Puerta de Toledo”. Autobuses 3, 23, 35, 41, 148, C1 y C2
Tel.: 91 366 10 41 – 639 819 503
E-mail: info@espacioronda.com
Domingo, 6 de Marzo 2016
1 2 3


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





Tendencias de las Religiones


RSS ATOM RSS comment PODCAST Mobile