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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Escribe Antonio Piñero

En Lucas encontramos dificultades parecidas: hay 75 nombres además de Dios y Jesús. La genealogía está a la inversa y el propósito teológico no parece resaltar el davidismo de Jesús, sino que el mesías se una a Adán y este con Dios, por tanto que el mesías es universal, no solo para los judíos (esta idea es muy paulina).

De Abrahán hasta Adán los nombres están tomados de la Biblia griega. Y lo sabemos porque en Lucas parece Cainán, en 3,36, que no se encuentra en el texto hebreo. Esta parte de la genealogía coincide con la de Mateo. Naturalmente, para los judíos de nacimiento en Israel (para muchos judíos de la Diáspora la versión de los LXX estaba también inspirado por Dios) una genealogía formada con elementos de la Biblia griega carecía de valor.

Desde David abajo (aquí, como sabemos, en orden inverso) la genealogía no parte de su hijo Salomón, como en Mateo, sino de otro hijo llamado Natán (3,36). Como es lógico, esta diferencia es insalvable. A partir de aquí la lista en nada se parece a la Mateo, salvo en Salatiel y Zorobabel.

Desde Jesús hasta Abrahán Lucas tiene 56 generaciones, mientras que Mateo presenta 40, como vimos.

En síntesis: genealogías de Mateo y Lucas inconciliables entre sí. La genealogía de Lucas ha nacido en suelo totalmente griego y la de Mateo en suelo judeocristiano: ¿israelita? O quizás más bien en suelo sirio (de lengua igualmente aramea) en opinión de muchos estudiosos.

Otras dificultades de las genealogías:

1. La diferencia de generaciones entre Lucas y Mateo por el aumento de nombres por parte de Lucas supone una diferencia de unos 400 años.

2. Las dos generaciones suponen que el padre de Jesús es José. Pero el abuelo es distinto: en Mateo es Jacob (1,15-16); pero en Lucas es Helí (3,23).

Los estudiosos aferrados a la verdad de la Escritura defienden la veracidad básica de estas genealogías con argumentos de dudoso valor. Los principales son en síntesis los siguientes.

• Las diferencias se deben a que las genealogías tiene en cuenta la ley del levirato (véase Deuteronomio 25, 5-10 y la denominada trampa saducea en Mc 18,27. Pero la respuesta es clara: las genealogías podrían tener en cuenta esa ley (y deberían mencionarla y no lo hacen). Pero es extraño e inverosímil que entre David y José siempre hubo casos de levirato menos en dos ocasiones (los nombrados Salatiel y Zorobabel) en las que los nombres coinciden con padres naturales según la Biblia hebrea.

• Las genealogías proceden de recuerdos de los parientes de Jesús… aunque se acepta que no procede de archivos estrictos. La respuesta es clara: siguen siendo muy diferentes. Y no se puede prestar atención histórica a semejantes divergencias.

• La genealogía de Mateo es la de José; la de Lucas es la María. La respuesta es clara: No parece cierto este argumento porque también Lucas, como Mateo ponen su interés en el padre de Jesús no en la madre? Las dos hablan del José como padre de Jesús de algún modo. Incluso la de Lucas lo afirma 3,23: “Tenía Jesús, al comenzar, unos treinta años, y era según se creía hijo de José, hijo de Helí”; las genealogía judías de la época se fijan todas en los padres y no en las madres, que interesan menos. Y lo mismo en 1,16- 27:

“Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27 a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.”

Y 2,4: “Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David”.

La tradición posterior de los copistas cayó en la cuenta de estos problemas de credibilidad y sometió el texto de Mateo y Lucas a diversos retoques. Solo un par de ejemplos citados ya desde Ch. Guignebert en 1933: el texto mismo de Mateo en la actualidad es probablemente un retoque. Epifanio de Salamina afirma en el siglo IV que había herejes, Cerinto o Carpócrates, que se apoyaban en una genealogía de Mateo que afirmaba que el padre de Jesús era José (“era hijo de José y de María). Sin embargo, en el texto actual leemos en 1,16: “Y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo”. Es un arreglo clarísimo. Y en el Evangelio de Lucas en 3,23 el texto que leemos parece exactamente un arreglo de este tipo “Tenía Jesús, al comenzar, unos treinta años, y era según se creía hijo de José, hijo de Helí”.

En síntesis, si contrastamos las dos genealogías arribamos a la conclusión ya anunciada: nada tienen que ver con la historia. Lo que importa no es la cuestión histórica, sino apoyar la condición mesiánica de Jesús que en las dos genealogías pasa por David. Y esta noción procede de la creencia de que Jesús era el mesías y que se debía convencer de ello también a los judíos. Las genealogías en sí aniquilan el propósito de la concepción y nacimiento virginales. Hay que confesar que es difícil creer que los evangelistas no cayeran en la cuenta, y quizás tuvieran en mente una respuesta teológica análoga, no igual, a la de Pablo que une nacimiento de Jesús por vía normal con entidad divina de Jesús después de la resurrección (o en el bautismo como presupone Marcos). Pero si así fuere, nosotros no lo sabemos ni ninguno de los evangelistas, mateo y Lucas lo indica.

En tiempos de Pablo la tendencia a creer que Jesús es descendiente carnal de David es ya firme (Rom 1,4; pero a Pablo no le importa porque no cree, sino que no le conviene por sus ideas judías, el nacimiento virginal; en Pablo la divinización de Jesús es por adopción y apoteosis).

En el resto del Evangelio de Lucas en lo que se refiere a la parentela de Jesús no hay la menor indicación de que creyeran en la ascendencia davídica de Jesús.

Hemos sostenido ya que el nacimiento virginal es incluso posterior y de otra mano en el capítulo 1 de Mateo (dudoso en Lucas). Luego la concepción virginal por parte de María es una creencia muy tardía de la “tradición evangélica”.

Evangelio de Juan:

En cuanto al Cuarto Evangelio, “Juan” conoce que la gente cree que Jesús es hijo de David Jn 7,40-42, pero lo niega ¿? (y se supone que también la comunidad que está detrás del Evangelio):

“Esto lo decía refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él. Porque aún no había Espíritu, pues todavía Jesús no había sido glorificado. 40 Muchos entre la gente, que le habían oído estas palabras, decían: «Este es verdaderamente el profeta.» 41 Otros decían: «Este es el Cristo.» Pero otros replicaban: «¿Acaso va a venir de Galilea el Cristo? 42 ¿No dice la Escritura que el Cristo vendrá de la descendencia de David y de Belén, el pueblo de donde era David?». 43 Se originó, pues, una disensión entre la gente por causa de él.”

La opinión de Juan se ve muy bien en la discusión de Jesús con los fariseos de Jn 8,12:

“Jesús les habló otra vez diciendo: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.» 13 Los fariseos le dijeron: «Tú das testimonio de ti mismo: tu testimonio no vale.» 14 Jesús les respondió: «Aunque yo dé testimonio de mí mismo, mi testimonio vale, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo ni a dónde voy”.

El Jesús johánico tenía aquí la excelente oportunidad de manifestar: “Yo soy el hijo de David”. Pero no lo hace.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com

Lunes, 5 de Septiembre 2016

Notas

3votos
Queridos lectores:

El archivo con las preguntas de los lectores ya respondidas por mí y que no han visto aún la luz es muy voluminoso y da para muchas entregas de la sección “Compartir. Preguntas y Respuestas”. Os ruego que, por favor, NO ME ENVIÉIS MÁS PREGUNTAS HASTA NUEVO AVISO. Esta pausa me vendrá muy bien para dedicarme plenamente a las tareas de edición del Nuevo Testamento con introducciones y notas histórico-críticas, de la Biblia de San Millán. Muchas gracias.


Saludos cordiales de Antonio Piñero
Sábado, 3 de Septiembre 2016
Escribe Antonio Piñero

Sabemos ya, por lo visto hasta ahora, que el pueblo judío del siglo I admitía sin más por lo general la ascendencia davídica del mesías, que pertenecía al mito general de la teología de la “restauración de Israel”. Este mito suponía los siguientes conceptos: pueblo elegido, Israel; arreglo final por parte de Dios del caos del mundo; lucha de Israel contra la naciones politeístas; victoria de Israel gracias a la ayuda divina (doce legiones de ángeles por ejemplo), y dominio universal de Israel tras la destrucción de las naciones adversas; sojuzgamiento pacífico a Yahvé del resto de las naciones: el monte Sión y su Templo como centro del mundo.

Para el pueblo de Israel la fundamentación de esta teología era la “verdad profética”, sobre todo los profetas del exilio, en especial Isaías y Malaquías. Los evangelistas, a pesar de la concepción virginal –de cuyo trasfondo y origen hablaremos oportunamente– se atienen a esta “verdad” de la restauración de Israel al final de los tiempos, los mesiánicos. Y como creen que Jesús es el mesías de Israel, que ya ha llegado al mundo, buscan las pruebas de su ascendencia davídica.

Esas pruebas son las genealogías evangélicas. Tenemos dos: la de Mateo y la de Lucas. No sabemos si hubo otras. Probablemente sí, pero no se han conservado. Tampoco sabemos si las genealogías que se hallan en estos dos evangelios son de, o fueron compuestas por, los autores mismos, o están tomadas de un material exterior. La de Lucas (situada en el capítulo 3) tiene visos de ser asumida plenamente por Lucas (aunque la base puede que no sea suya y se apoye por tanto en una tradición previa. De la de Mateo, que va al principio del evangelio y que forma como un cuerpo con las tradiciones legendarias del primer capítulo segundo de su Evangelio, se sospecha que sea tradicional. Al estar colocada como inicio del relato cerrado de los comienzos de Jesús quizás no sea procedente estrictamente de la mano de Mateo en cuanto al “material” básico, los nombres, pero por lo que veremos, ha sido muy arreglada por él… o por el autor de estos dos capítulos. De cualquier modo en cuanto se estudian un poco a fondo las dos genealogías se percibe su carácter artificial. Por tanto es difícil que un historiador las tenga en cuenta. No son bases para una historia razonablemente fundada.

Examinemos primero la genealogía de Mateo. Su carácter artificial se percibe sobre todo en 1,17:

“Así que el total de las generaciones son: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones”.

A priori el historiador puede sospechar, sobre todo conociendo otras genealogías de la Biblia que aparecen sobre todo en el Libro Primero de las Crónicas, que esa exactitud de las generaciones no es posible. Hay una selección artificiosa, y se percibe en ello la intención del autor: toda la ascendencia de Jesús está movida desde los inicios de la historia por un designio divino. Como los antiguos eran muy aficionados a la numerología podemos ver en esta división de tres grupos de catorce un caso de “gematría”, es decir, del “método” exegético que consiste en transformar las consonantes hebreas en su valor numérico y jugar con el sentido simbólico de los números obtenidos, ya sea por sí mismos o comparando con otros vocablos. Este sistema de indicar los números por medio de letras era igualmente el usual, como sabemos muy bien, entre los romanos antes de que fuera adoptado el sistema arábigo de signos especiales para los números del 0 al 9.

Téngase en cuenta para entender bien la “gematría” hebra que en la transcripción por escrito de las sentencias de esta lengua las vocales (son muchas más que en español, largas y breves) no se escriben, menos dos, la wau que corresponde a los fonemas /a/ y /o/, largas normalmente, y la yod, que corresponde a los fonemas /i/ y e/, largas o breves. El sistema vocálico completo de la Biblia hebrea, tal como se imprime hoy, solo se trasladó a los manuscritos hacia el siglo VII, y corrió a cargo de unos escribas especializados, denominados “masoretas”. Estos recogían y trasladaban a la escritura la tradición ya fija de la pronunciación de toda la Biblia hebrea tal como se leía desde hacía siglos y siglos en las sinagogas. Lo que importa en la gematría es la raíz de un vocablo (sea sustantivo o verbo), expresada por las consonantes. Esta raíz es trilítera (a veces si hay consonantes dobles, es decir, iguales, lo se que denomina “geminadas”– las dos se abrevian en una; por ejemplo, el verbo rmm, que significa “exaltar”, “levantar” = Mariam; yirmi-yahu = Jeremías: “Dios me exalta o exaltará”, puede aparecer simplemente como rm.

Teniendo en cuenta estas breves explicaciones, el número 14 corresponde al valor en hebreo de las consonantes que componen el nombre de “David”. Da = 4 + Wi = 6 + D = 4. Si se suman estos valores dan, pues 14: /D(a)v(i)d = 14. Probablemente Mateo compuso artificialmente su genealogía en la forma de tres grupos de antepasados en número de catorce precisamente para indicar lo que para él era física y teológicamente Jesús: descendiente de David, el mesías con todo derecho genealógico..

Pero hay una dificultad: si contamos bien en el texto de Mateo (aquí es necesario tener delante el Nuevo Testamento), en el primer bloque de nombres aparecen 14 nombres = hasta v. 1,6, pero sólo 13 generaciones (= treces veces el vocablo “engendró = griego egénnesen; pero 14 nombres). En la segunda sección, que empieza en segunda mitad del 1,6, aparecen 14 generaciones, pero quince nombres (David repetido). Y en la tercera aparecen trece generaciones pero 14 nombres. Es ésta una dificultad aritmética de la genealogía de Mateo que parece irresoluble.

Da la impresión como si a Mateo, en esas secciones, le interesara más el número de nombres ilustres que el de generaciones propiamente tal (que son 13 + 14 + 13 = 40); en realidad, pues, Mateo presenta 4). De todos modos, cuadre o no, el esquema subyacente del evangelista,, pretendido por él expresamente es el de 3 x 14. Algunos estudiosos ven en él el sistema 3 x (7+7), que está compuesto por dos números perfectos (el 3 será finalmente el número de la Trinidad). Otros consideran que el sistema oculto es 6 x 7, también con la presencia del número 7 (es posible, según el Apocalipsis al menos, que el 6 sea la perfección en el universo, abajo, y el 7 la perfección el universo total, que incluye el “arriba”). Es bien sabido que ya desde los babilonios el número 7 tenía un significado importante astronómico, religioso y hasta cierto punto mágico; era un número relacionado con la divinidad. Para los judíos tenía un significado especial asociado con la creación: al séptimo día Dios contempló la perfección de su obra creadora y descansó en ese día. Igualmente Israel guarda el sagrado descanso el día del sábado que es el séptimo día.

Otra posibilidad de interpretar esta serie de 3 x 14 podría ser: “Mateo relacionó quizás las catorce generaciones desde Abrahán hasta David con el período progresivo hasta la luna llena; catorce desde David hasta el exilio con el período de mengua y luna nueva, y 14 hasta Jesús con el nuevo creciente hasta la luna llena de nuevo” (U. Luz, Comentaeio Mateo, Sígueme, Salamanca, 2ª edición de 2001, I 131). Sería, pues, el tránsito de un plenilunio de camino hacia la oscuridad (luna nueva) para terminar en otro plenilunio… Cada lector que escoja.

Otra dificultad es que el cuadro que dibuja esta genealogía mateana no está corroborado por lo que aparece en la Biblia. Así, por ejemplo, cuando se llega al 1,18 “David engendró a Salomón”, que es una genealogía referida a los reyes de Judá, observamos que el autor se ha saltado cuatro reyes, pues en 1,8, “Jorán engendró a Ozías”, habría que leer “Jorán engendró a Acazías; Acazías engendró a Joás; Joás engendró a Amasías; Amasías engendró a Ozías” según las listas que aparecen 1 Crónicas 1,34; 2,1-5; 3,17.19.

En la tercera serie hay dos nombres de reyes conocidos: Salatiel y Zorobabel, pero el resto son desconocidos a partir de la Biblia.

Por último, para no cansar demasiado al lector, en 1,11 se lee “Josías engendró a Jeconías y sus hermanos den el exilio de Babilonia”. Pero en esos momentos babilónicos Josías había muerto hacía 20 años. Por tanto, tenemos un descuido notable del genealogista, lo que invalida la genealogía o bien una remodelación de la sucesión historia de reyes para hacer 14 generaciones artificiales. De cualquier modo aquí importa menos la historia y más la teología. Un historiador no puede utilizar estas listas genealógicas, pues son legendarias.

Habrá una segunda parte, Lucas y Juan

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com
Viernes, 2 de Septiembre 2016

Escribe Antonio Piñero

Textos para una historia del pensamiento judío a propósito del mesianismo:

Yahvé me creó (la Sabiduría), primicia de su camino, antes que sus obras más antiguas. 23 Desde la eternidad fui fundada, desde el principio, antes que la tierra […] 27 Cuando asentó los cielos, allí estaba yo…, cuando asentó los cimientos de la tierra, 30 yo estaba allí, como arquitecto… y mis delicias están con los hijos de los hombres (Pr 8,22-31).

• En la asamblea del Altísimo abre su boca... 3 «Yo (la Sabiduría) salí de la boca del Altísimo, y cubrí como niebla la tierra. 4 Yo levanté mi tienda en las alturas… 7 Entre todas estas cosas buscaba reposo... 8 Entonces me dio orden el creador del universo … y me dijo: "Pon tu tienda en Jacob, entra en la heredad de Israel" (Eclo 24,2-8).

• La Sabiduría es un espíritu que ama al hombre, pero no deja sin castigo los labios del blasfemo; que Dios es… observador veraz de su corazón y oye cuanto dice su lengua (Sb 1,6).

• Pues hay en ella (la Sabiduría) un espíritu inteligente, santo, único… bienhechor, amigo del hombre… 25 Es un hálito del poder de Dios, una emanación pura de la gloria del Omnipotente… 26 Es un reflejo de la luz eterna… una imagen de su bondad (Sb 7,22-26).

• He aquí que en las nubes del cielo venía un como hijo de hombre. Se dirigió hacia el Anciano y fue llevado a su presencia. 14 A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno (Dn 7,13-14).

• Allí vi al que posee el «Principio de días»… y con él vi a otro cuyo rostro es como de apariencia humana, mas lleno de gracia, como uno de los santos ángeles. 2 Pregunté a uno de los santos ángeles… acerca de aquel hijo de hombre, quién era, de dónde venía y por qué iba con el «Principio de días». 3 Me respondió así: Este es ese hijo de hombre, de quien era la justicia y la justicia moraba con él. El revelará todos los tesoros de lo oculto, pues el Señor de los espíritus lo ha elegido, y es aquel cuya suerte es superior a todos eternamente por su rectitud ante el Señor de los espíritus (46,1-3). En ese lugar vi la fuente de justicia: es inagotable y en torno a ella hay muchas fuentes de sabiduría… 2 En aquel momento fue nombrado aquel Hijo del hombre ante el Señor de los espíritus, y su nombre ante el «Principio de días». 3 Antes de que se creara el sol y las constelaciones, antes de que se hicieran los astros del cielo, su nombre fue evocado ante el Señor de los espíritus. 4 El servirá de báculo a los justos para que en él se apoyen y no caigan; él es la luz de los pueblos, y él será esperanza de los que sufren en sus corazones. 5 Caerán y se prosternarán ante él todos los que moran sobre la tierra y bendecirán, alabarán y cantarán el nombre del Señor de los espíritus. 6 Por esto fue elegido y escogido junto a él antes de crearse el mundo y por la eternidad” (1 Henoc 48, 1-6)..

• Y ocurrió después de esto que, estando aún en vida, fue asunta su persona (Henoc) ante ese hijo de hombre y ante el Señor de los espíritus, lejos de los que moran sobre la tierra. 2 Pues ascendió en el carro del Espíritu y salió su persona de entre ellos. 3 Desde aquel día no fui contado (Henoc) entre ellos, y (el Señor) me puso entre dos puntos cardinales, norte y occidente, donde tomaban las medidas los ángeles para medirme el lugar de los elegidos y los justos (1 Henoc 70,1-3)

• Llegó a mí aquel ángel, me saludó y me dijo: Tú eres ese Hijo de hombre que naciste para la justicia; ella ha morado en ti… 15 Y añadió: Él invoca para ti la paz en nombre del siglo venidero, pues de ahí ha salido la paz desde la creación del mundo, y así será contigo por los siglos de los siglos. 16 Todos marcharán por tu camino, no dejándote la justicia nunca… 17 Habrá así largura de días (en la época) de ese Hijo de hombre, y tendrán los justos paz e irán por el camino recto en nombre del Señor de los espíritus eternamente (1 Henoc 71,14-17).


· Vi que se levantaba un viento del mar de manera que agitaba todas sus olas. (Y miré y vi que este viento hacía que una figura como de hombre saliera del corazón del mar). 3 Y vi cómo volaba ese mismo Hombre sobre las nubes del cielo y hacia donde se dirigía su mirada, temblaban todas las cosas que estaban bajo su vista, 4 y hacia donde salía la voz de su boca, se encendían todos los que oían su voz, como se derrite la cera cuando siente el fuego. 5 Y tras esto vi cómo se congregaba una muchedumbre de hombres innumerable de los cuatro vientos de la tierra, para luchar contra el Hombre que había salido del mar…8 Y tras esto vi cómo todos los que se habían congregado contra él temían grandemente, y con todo se atrevían a luchar. 9 Y he aquí que cuando (el Hombre) vio el ímpetu de la muchedumbre que venía hacia él, no levantó su mano, ni tomó la espada ni cualquiera de los instrumentos de guerra; solamente vi 10 cómo hizo salir de su boca como una ola de fuego… 11 que cayó sobre el ímpetu de la muchedumbre que estaba preparada para luchar y los incendió a todos de manera que nada se viese de la muchedumbre innumerable, sino solamente el polvo de la ceniza (y) el olor del humo… 12 Y tras esto, vi al mismo Hombre que bajaba del monte y llamaba hacia sí a otra muchedumbre pacífica. 13 Y venían hacia él rostros de muchos hombres, unos gozosos, otros tristes, unos atados, otros trayendo ofrendas (IV Esdras 13,1-13).

• Dijo R. Yismael : En aquel momento pregunté a Metatrón (Henoc), el ángel, el príncipe de la presencia: ¿Cómo te llamas? 2 Me respondió: Tengo setenta nombres… y todos ellos están basados en el nombre de mi rey, el Santo, bendito sea, pero mi rey me llama «joven» (Libro hebreo de Henoc = 3º Henoc 3,1-2).

• Dijo R. Yismael: Pregunté a Metatrón: ¿Por qué eres llamado con el nombre de tu creador, (por qué) con setenta nombres? Y siendo tú el más grande de todos los príncipes… ¿por qué te llaman «joven» en los altos cielos? 2 Respondió diciéndome: Porque soy Henoc ben Yared. 3 Cuando la generación del diluvio pecó… el Santo, bendito sea, me sacó de entre ellos para que sirviera de testigo contra ellos ante todos los habitantes del mundo… 5 Por esta razón el Santo, bendito sea, me hizo ascender a los altos cielos mientras ellos aún vivían (3º Henoc 4,1-5).

• Dijo R. Yismael: Me dijo Metatrón, el ángel, el príncipe de la presencia…: Al principio yo me sentaba sobre un gran trono a la puerta del séptimo palacio y juzgaba a todos los seres celestiales… Repartía yo grandeza, realeza, dignidad, gobierno, honor y alabanza… por la autoridad del Santo, bendito sea. 2 Pero cuando Ajer (un rabino) llegó para contemplar la visión de la Merkabah, fijó sus ojos en mí y temió y tembló a causa mía. Su espíritu estaba asustado… por el terror, horror y pavor que yo inspiraba al verme sentado en un trono como un rey con todos los ángeles servidores en pie junto a mí… y todos los príncipes de los reinos, ceñidos de coronas, rodeándome. 3 Entonces abrió su boca y dijo: «En verdad hay dos poderes divinos en el cielo». 4 Inmediatamente surgió una voz divina desde el cielo, de delante de la Shekinah, diciendo: «Volved, hijos apóstatas (Jr 3,22), excepto Ajer». 5 En ese instante llegó Anafiel, el príncipe… en comisión del Santo, bendito sea, y me dio sesenta golpes con látigos de fuego y me hizo permanecer de pie (3º Henoc 16,1-5).


• Me pareció que en lo alto del monte Sinaí había un gran trono que llegaba hasta los pliegues del cielo, 70 en el que se sentaba un varón de noble linaje con una corona y un gran cetro en su mano izquierda, mientras que con la derecha me hacía señales a mí y yo me puse delante del trono. Me entregó el cetro y me dijo que me 75 sentara en el gran trono. Me entregó la real corona y él se retiró del trono… Y a continuación, lleno de temor me levanté del sueño”. Y su suegro interpreta el sueño así: “Dios te ha enviado esta señal como algo bueno para ti… pues verás lo presente, lo pasado y lo futuro” (Pseudo Ezequiel siglo II a.C.) Moisés. Habla este con su suegro: Exagoge, 68-89.



• Cuando se apagó el griterío, les dije: Guardad silencio, que voy a mostraros mi trono y su gloria esplendorosa, que se halla entre los santos. 3 Mi trono se halla en el reino supraterrestre, y su gloria y su esplendor están a la derecha del Padre de los cielos. Mi trono es eterno; el mundo entero pasará y su gloria perecerá; y los que de él se preocupan le acompañarán en su ruina. Pero mi trono se halla en la tierra santa, y su gloria en el mundo inmutable (Testamento de Job 33,2-3).


• Y ellos son la heredad de Melquisedec, que los hará retornar... Él proclamará para ellos la liberación para librarlos [de la deuda] de todas sus iniquidades… Melquisedec ejecutará la venganza de los juicios de Dios [en ese día, y ellos serán liberados de las manos] de Belial y de las manos de todos los espíritus de su lote]. En su ayuda (vendrán) todos los ‘dioses de la [justicia’ = ángeles; él] es qu[ien prevalecerá ese día sobre] todos los hijos de Dios, y pre[sidirá la asamblea] ésta. Este es el día de [la paz del que] habló [Dios de antiguo por las palabras de Is]aías profeta, que dijo: ‘Qué bellos son sobre los montes los pies del pregonero que anuncia la paz… diciendo a Sión ‘tu Dios [reina’]. Su interpretación: Los montes son los profe[tas...]. Y el pregonero es [el un]gido del Espíritu del que habló Daniel… y el pregonero del] bien que anuncia la salva[ción es aquél del que está escrito que él se lo enviará… ‘para conso[lar a los afligidos’… Melquisedec, que los librará de la mano de Belial (11QMelquisedec col. II, 1 25; versión de F. García Martínez, Textos de Qumrán, Madrid, Trotta, 21993, 186-187).

• Se nos ha enseñado: las siguientes siete cosas fueron creadas antes que el mundo: la Torá, Arrepentimiento, El jardín del Edén (Paraíso), Gehenna (Gehinom), el Trono de gloria, el Templo y el Nombre del mesías” ( bTalmud Nedarim 39 b ; Pesachim 54a).


• [… para] siempre un trono poderoso en el consejo angélico. Ningún rey del pasado se sentó en él, ni tampoco los nobles.[…¿Quién puede compararse][conmigo?] Nadie puede compararse con mi gloria, y nadie ha sido exaltado como yo, y nadie puede acompañarme. Tengo mi asiento […] en los cielos, y nadie […] ¿Quién ha sido estimado más despreciable que yo? Sin embargo, ¿quién se asemeja a mí en gloria? ¿Quién es […] ¿Quién como yo ha soportado [todas] las aflicciones? ¿Quién puede comparárseme en resistir las adversidades? Nadie es como yo, y no hay doctrina comparable [a la] mía. ¿Quién podría contar mi[s palabras]? Y ¿quién podría medir el flujo de mi discurso? ¿Quién puede equipararse conmigo y comparar así (sus juicios) con los míos? […pu]es soy contado entre los ángeles y mi gloria con los hijos del rey… (4Q491 frag. 11, col. Lectura de Israel Knohl).

• El Padre de todas las cosas ha otorgado a su Verbo, que es también su principal mensajero y el más elevado de todos en edad y en rango, la prerrogativa de ocupar una posición limítrofe entre las criaturas y el Creador. Inmortal, intercede suplicante por los afligidos mortales al tiempo que actúa como el embajador de un soberano ante sus súbditos. Se gloría de esa especial prerrogativa que le ha sido concedida y la describe orgullosamente diciendo: “Yo estaba entre el Señor y vosotros” (Dt 5:5), o sea, no soy ni increado como Dios ni creado como vosotros, sino que me encuentro a medio camino entre ambos extremos, como garantía para ambos ( Filón de Alejandría Quis rerum divinarum heres sit, 205-206).

Textos sobre “dos poderes en el cielo”:

• Leemos: “Su trono llameaba” [Dn 7:9], y en otro [tramo del mismo] leemos: “Hasta que fueron puestos tronos y un anciano de días tomó asiento” [Dn 7:9]. Pero no hay ninguna dificultad aquí: uno [de los tronos] era para él y el otro para David. Como nos enseña una baraíta: Uno era para él y el otro para David es lo que R. Aqiba dijo. Rabbi Yose el Galileo le dijo a su vez: ¡Aqiba! ¡¿Cuándo dejarás de profanar la Šechiná?! Habría que decir más bien: Uno [de los tronos] era para su Justicia y el otro para su Misericordia. ¿Aceptó él esta explicación? ¡Venid y oíd! Uno era para su Justicia y el otro para su Misericordia; esas fueron también las palabras de Rabbi Aqiba (Talmud de Babilonia, Hagiga, 14a).

• Nuestros rabinos enseñan que quienes visitaron el Pardés (paraíso) fueron cuatro. ¿Quiénes fueron? Ben Azzai y Ben Zoma, Aher y R. Aqiba… A Aher se refiere el versículo que dice: “No consientas que tu boca te haga culpable” [Eclo 5,5]. ¿Qué significa esto? [Aher] vio que Metatrón tenía permiso para sentarse [a la derecha de Dios] y [para] poner por escrito las buenas obras de Israel. Dijo: ¡Pero se nos ha enseñado que nadie tomará asiento en lo alto y que no habrá allí lugar para la competencia… ni para la fatiga! ¡O es que hay en el cielo, Dios no lo quiera, dos poderes!: Talmud de Babilonia, Hagiga, 15a).

• A quien afirme que hay dos poderes celestes, se le refutará diciéndosele lo que está escrito: “No hay más Dios que Yo” [Dt 32,39] (Sifre al Deuteronomio, 329).

• “Seis cosas precedieron a la creación del mundo. Algunas fueron creadas y otras surgieron en el pensamiento (de Dios) para ser creadas (en su momento): la Ley y el Trono de gloria fueron creadas antes del mundo. Los Patriarcas, Israel, el Templo y el nombre del Mesías (Bereishit Rabba 1, 4).

Flp 2,6-11:

5 Tened entre vosotros los mismos pensamientos que en Cristo Jesús:
6 El cual, existiendo en forma de Dios,
no consideró rapiña
ser igual a Dios.
7 Sino que se anonadó a sí mismo
tomando forma de esclavo,
llegando a ser en semejanza de hombres
y fue hallado en condición de hombre;
8 y se humilló a sí mismo,
hecho obediente hasta la muerte
y muerte de cruz.
9 Por ello Dios lo exaltó
y le concedió graciosamente el nombre
que está sobre todo nombre.
10 Para que en el nombre de Jesús
toda rodilla se doble
en los cielos, sobre la tierra y en los abismos,
11 y toda lengua confiese que
Señor es Jesús Cristo
para gloria de Dios Padre.

Y con estos textos (y otros más de Pablo que ya he citado) he armado la hipótesis interpettiva que aparece en las dos primeras entregas de esta miniserie “Jesús como “Hijo de David” según Pablo de Tarso”, que van desde los números 659-664, y que han sido publicados por vez primera desde el 25-08-2016 hasta 10-09-2019.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com
Jueves, 1 de Septiembre 2016
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Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





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