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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Tercera objeción: el método empleado está caduco.   Jesús y la resistencia antirromana (LV)
Escribe Antonio Piñero
 
Para responder a esta tercera objeción –que es muy seria y debe tomarse igualmente en serio– debo aclarar en primer lugar qué entiendo por “método”. Emplearé algún tiempo en exponer qué método uso al analizar los textos de los Evangelios y se podrá comprobar si está caduco, o no; si es insano, o no; y si es estúpido o razonable. Utilizo ante todo material mío, sin citar, pero también algo de Fernando Bermejo, citándolo.
 
Aclaro en primer lugar que la recogida de hechos, dichos de Jesús e indicios en torno a cualquier tema es absolutamente inocua y casi mecánica en sí misma en cualquier tema. Puedo hacer un patrón de recurrencia tanto sobre “Jesús pacifista” como sobre “Jesús, manso y humilde de corazón” o bien “Jesús como hijo de Dios”, “Jesús como profeta”, Jesús revolucionario social” o Jesús como sanador”, etc.
 
Una vez recogidos los hechos, dichos o indicios pertinentes se debe hacer una primera valoración sobre la calidad de los elementos. Se aplican entonces los criterios de historicidad usuales y se dictamina el grado de probabilidad. Los criterios e aplican férreamente; y se está de acuerdo que algunos dichos y hechos son admitidos como más o menos ciertos por el perfil medio de la investigación; pero otros son más dudosos; estos no se rechazan, sin embargo, aunque no pueda probarse su autenticidad, porque son coherentes con el resto del “patrón”. Y con una salvedad: el investigador no parte absolutamente de cero, ya que es hijo de la investigación precedente. Hay hechos u observaciones sobre el carácter de nuestras fuentes a la hora de reconstruir al Jesús histórico que  no pueden negarse razonablemente. Por ejemplo: el comentario de Günther Bornkamm en su obra Jesús de Nazaret (51996, Sígueme, Salamanca):
 
 
«No poseemos ni una sola “sentencia” ni un solo relato sobre Jesús –aunque sean indiscutiblemente auténticos—, que no contenga al mismo tiempo la confesión de fe de la comunidad creyente, o que al menos no la implique. Esto hace difícil… la búsqueda de los hechos brutos de la historia» (p. 15).
 
 
En segundo lugar: parece evidente también que no se puede considerar a los evangelistas testigos visuales de los hechos. Los evangelios está compuestos por autores de segunda o tercera generación respecto a los compañero íntimos de Jesús, los denominados apóstoles. La razón es porque incluso Marcos, el primer evangelista emplea fuentes escritas. Así, es  admitido comúnmente que Marcos utilizó
 
 
A. Un ciclo de milagros que presentaba a Jesús lleno de poder y en contacto especial con Dios = 1,21-34 y los capítulos 5 y 7.
 
B. Un ciclo de «diálogos polémicos» con sus adversarios dialécticos, en especial los escribas y fariseos = 2,1-3,6.
 
C. Una colección de parábolas = capítulo 4 (en especial tres parábolas sobre la siembra).
 
D. Un discurso apocalíptico de Jesús = capítulo 13.
 
E. Una breve narración sobre la «Última Cena» y la Eucaristía = 10,42-45, tradición que probablemente proceda en parte de Pablo: 1 Cor 11,23-26.
 
F. Una historia de la pasión, ya suficientemente organizada = 14,13-16,8.
 
Y respecto a Mateo y Lucas sabemos que relativa certeza que utilizaron tanto el Evangelio de Marcos como una Fuente escrita anterior y común a ellos, denominada “Fuente Q”.
 
En tercer  lugar, sabemos con casi toda certeza por los estudios realizados desde Karl Ludwig Schmidt que un detenido análisis de los datos topográficos y cronológicos extraídos de Marcos y de los otros sinópticos descubre más allá de las dos fuentes de Mateo y Lucas (Marcos y La Fuente de los Dichos) había narraciones sueltas, transmitidas oralmente, que los evan­gelistas unieron en un «marco» por motivos pragmáticos o de contenido sin un exacto conocimiento de cuál fue su contexto histórico originario. Es claro que la tradición más antigua acerca de Jesús estaba formada por perí­copas o relatos sueltos, sin conexión entre sí. Se concluye que el marco geográfico e histórico de las historias originales se perdió, pero se fue reconstruyendo o formando artificialmente después: en los evangelios canónicos este marco es claramente artifi­cioso; es obra de los redactores o evangelistas.
 
 
 
Cuarto: se sabe también con casi toda certeza que diversas palabras de los profetas cristianos primitivos, pronunciadas en nombre de Jesús resucitado que los inspira, se introducen dentro de la tradición del Jesús terreno sin ninguna marca distintiva especial, con lo que se confunden con éstas. El trasfondo explicativo de este proceso es: Jesús vive en la comunidad; los profetas inspirados participan de su mismo espíritu. Lo que diga un profeta inspirado es lo mismo que si lo dijera Jesús.
 
 
El resultado actual del proceso complejo de formación a partir de materiales previos, de tradición oral o escrita, son nuestras fuentes canónicas (evangelios, principalmente, y otros textos). Los evangelios en concreto son el fruto de un largo proceso de tradición y redacción, junto con una historización posterior, es decir, la ordenación del material en forma de biografía de Jesús es un estadio muy tardío de la tradición.
 
 
Quinto: al tener la suerte de tener cuatro evangelios y poderlos comparar minuciosamente entre sí, llegamos a la conclusión de que se corrigen unos a otros y que varían el tenor de sus fuentes inmediatas conformes a sus intereses. Con otras palabras que no son transmisores inocuos, sino interesados.
 
Pongamos un ejemplo de análisis (he puesto lo más evidente y fácil eliminado tecnicismos excesivos:
 
Ejemplo Mt 9,9-13 / Mc 2,23-17 / Lc 5,27-32
 
Empezamos comparando Mateo con Marcos
 
COINCIDENCIAS
 
Mt 9,9 / Mc 2,13-14
 
· Variantes textuales de importancia en los manuscritos de cada evangelista no hay en verdad
 
· Hay grandes semejanzas en cuanto a la perícopa en sí.
 
· No hay semejanza en Mc 2,13. Pero ya se sabe que los empalmes y las localizaciones temporales y geográficas son añadidos de cada evangelista). Curiosamente el texto más breve es normalmente el original. Pero en la relación Mc y Mt / y Lc a veces pasa al revés: los otros dos abrevian para dejar espacio en un rollo al material que tienen además del de Mc, por ejemplo, de la Fuente Q.
 
· Bastan las coincidencias para concluir que los dos tienen delante una tradición común (y el prioritario es Marcos: es más fácil explicar así las coincidencias / divergencias que al revés: y Mt y Lc sólo coinciden en el orden de los acontecimientos que cuentan si a su vez coinciden con Marcos. Así se explica por ejemplo, que no coincidan en nada en Evangelios de la infancia
           
· Pero se duda: por qué Mateo llama al discípulo “Mateo” y Marcos lo llama “Leví”? La solución podría ser que aunque Mateo dependa de Marcos sin embargo, tiene piezas delante de sus ojos de otra tradición (¡vaya tradición sobre los Doce que no se ponen de acuerdo ni siquiera en los nombres; y nada sabemos de la mayoría de los Doce). Sin embargo, mantenemos la dependencia literaria de Mt respecto a Marcos porque el orden de las piezas de la tradición es el mismo.
 
 
Mt 9,10 /Mc 2,15
 
· Tanto Mt como Mc dejan en el aire la concreción respecto a la casa y respecto al anfitrión. Si coinciden en el uso de oikía y no de oikos. Y Mc precisa que es la casa de él (Mt abrevia demasiado)
 
· Coinciden en  poner juntos telones y pecadores y en el resto del v. Pero Mateo añade un semitismo “Y he aquí”.
 
 
Mt 9,11/ Mc 2,16
 
Coinciden en “Y le dice”. Lc va por su lado.
 
Mt 9,12 / Mc 2,17
 
Perfecta coincidencia. La manera de decir “sanos” hoy ischýontes e muy rara en el Nuevo Testamento. Lc pone “los que están sanos” hoy hugiaínontes
 
 
DISCREPANCIAS
 
 
            · Falta Mc 2,13
            · Mt 9,9/Mc 2,14: en el texto griego hay 5 discrepancias leves… menos el nombre de Leví
            · Mt 9,10/Mc 2,15: tres pequeñas discrepancias
            · Mt 9,11 / Mc 2,16: 4 pequeñas discrepancias
            · Mt 9,12 / Mc 2,17ª: 2 pequeñas discrepancias
            · Mt 9,13  falta en Mc
 
Pregunta previa ¿Permiten las discrepancias reconocer quién es que presta y quién recibe? Quién es el prestamista / quién es el prestatario. La respuesta es sí, con alta probabilidad de certeza.
 
I. Análisis más pormenorizado de la comparación entre Mateo y Marcos
 
 
Mt 9,9 / Mc 2,(13)14
 
Teniendo el texto griego delante se ve que Mt hace tres ampliaciones
 
            · Jesús
            · allí, que le sirve de enlace de esta perícopa con la precedente: curación del paralítico. Además Mt utiliza este “allí” en muchos sitios en los que Mc no lo usa, por ejemplo, 4,21 y 9,27, etc.
            · Cambio de Leví en Mateo. No es fácil encontrar la causa por qué Mc cambió el nombre; sin embargo, sí es fácil encontrarla en Mt: porque en su catálogo de nombres de los Doce aparecía Mateo en 10,3.  Además a Mt le gusta añadir “un hombre” y “llamado” porque lo hace en otros lugares (9,27/ 2,23).
 
 
Mt 9,10 /Mc 2,15
 
            ·Si se tuviera el texto griego delante se vería que es mejor griego estilísticamente Mt que el de Mc.
            · Y añade el semitismo “Y he aquí”.
            · Mt omite Mc 2,15b porque es una frase no clara, ya que parece interrumpir el contrase del relato.
 
 
Mt 9,11/ Mc 2,16
 
            · Mt suprime: “y los escribas de”
            · Mt suprime: “Que comían con los pecadores y publicanos, “porque lo que le interesa es la pregunta de los fariseos”
            · Mt precisa “vuestro maestro”.
 
Mt 9,12 / Mc 2,17ª
 
            · Mateo evita el estilo paratáctico de Marcos (texto griego)
            · Mateo sustituye el “y dice” de Mc por “y dijo” (lo hace muchas veces: listas en los comentarios)
            · El resto de pequeñas variaciones no tiene importancia.
 
Mt 9,13 / Mc 17b
 
            · La cita de Mt que se repite en 12,7 es an ambos casos una añadidura ya que interrumpe el hilo del discurso de Marcos.
 
Valoración de las variantes de Mt sobre Mc
 
Se confirma en general que la mejor solución es que Marcos es el evangelio del que copia Mateo y no al revés
 
1. Hay mejoras estilísticas (se ven el texto griego mejor; hay por lo menos cuatro).
2. Hay mejoras impuestas para logra mejor as transiciones (“allí”, de 9,9)
3. Mejoras para logra concisión en 9,10 respecto a  Mc 2,155 y 9,11 / Mc 2,16
4. Mejora teológica: cita de Oseas: ya estaba en las Escrituras la misión de Jesús de salvar a los pecadores
 
 
Seguiremos, ya que hay mucho que responder
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com 
Jueves, 9 de Marzo 2017
Segunda objeción: un pensamiento viciado, un pensamiento que razona en círculo. Jesús y la resistencia antirromana (LIV)
Escribe Antonio Piñero
 
La segunda objeción sobre el método de avance de la reflexión sobre el patrón de recurrencia “Jesús sedicioso” afirma que el proceso de reconstrucción del pasado está viciado, ya que es un pensamiento  circular; es un “círculo vicioso”.
 
Confieso que esta objeción me sorprende ya que toda la historia, la antigua en especial, se construye sobre un pensamiento absolutamente circular. Siempre. Es más, el pensamiento circular es la esencia de la reconstrucción de un pasado que nos ha dejado muy pocos elementos para entenderlo, y el único método posible.
 
He intentado aclarar múltiples veces que reconstruir una escena del pasado, con sus actores, sus palabras y su contexto es muy parecido a resolver un rompecabezas, que es como un mural. Esa escena que se debe reconstruir consta, supongamos, de mil piezas y si fuera un rompecabezas actual se proporcionaría al que intenta poner en orden todas las piezas, mil en este caso, un dibujo exacto de cómo debe ser el resultado final. Sin embargo, al historiador del pasado se le entregan, por ejemplo, 200 o 300 piezas, y además no se le pone en la mano dibujo final ninguno –o uno muy borroso– que dé pistas sobre cómo hay que colocar las escasas piezas entregadas. Pero debe insistirse que en historia, y sobre todo en la antigua nunca se dan todas las teselas del mosaico a reconstruir… ¡ni mucho menos! Nunca están todas las piezas y no hay dibujo. Para empezar hay que dar vueltas y vueltas observando antes de que las piezas entregadas corresponden a este presunto dibujo o bien están simplemente equivocadas de lugar.
 
Resulta además, que las piezas –los elementos de la reconstrucción de la escena– con sus personajes no la posee una sola persona ni mucho menos. Tales piezas están a disposición del público en general. Respecto a la historia evangélica, hay una sección de historiadores que afirma que con las piezas se les ha proporcionado también un dibujo de lo que tiene que ser la escena. Pero otros colegas dudan de que ese dibujo sea auténtico… y que las piezas correspondan  a él.
 
El primer bloque de estudiosos, más o menos satisfecho, sostiene que ciertamente las piezas son pocas, pero que son suficientes; que en principio no las han entregado totalmente desordenadas, sino con cierto orden, que todas pertenecen a la escena final a reconstruir, y que en el pasado han existido otros grupos que siguiendo unas líneas de reconstrucción usuales  han resuelto el rompecabezas de modo que el dibujo resultante es suficientemente satisfactorio. Todos están convencidos que esa pintura proporcionada del resultado final no contiene errores graves, es auténtica y aprovechable porque la ha entregado la tradición. Naturalmente, al tener ya el dibujo o resultado, esos historiadores avanzan muy deprisa. Reconstruyen el mural con relativos procos problemas a pesar de que –al igual que los estudiosos del segundo bloque– son conscientes de que solo tienen unas doscientas piezas de las mil del conjunto. A veces confiesan que les ha costado un poco reconstruir la escena, ya que algunas de las piezas no les encajaban del todo bien. Dando vueltas, considerando desde el principio y formando algunas hipótesis, siempre de acuerdo con una línea tradicional ya consolidada, volviendo al principio y con mayor reflexión –ciertamente con un pensamiento sin duda circular– logran encajar algunas piezas de las restantes... ¡Pero nunca todas las que están a su disposición!
 
Y hay un segundo grupo que observa la escena reconstruida por el grupo de historiadores del primer bloque… pero no le convence. Opinan que no encajan bien las piezas; algunas están claramente descolocadas –ni siquiera pertenecen a la escena– y no hay explicación convincente de por qué las han situado ahí. Los de este segundo grupo afirman en ocasiones que es casi imposible la reconstrucción del mural, porque dado lo amplio que es, hay ciertamente pocas piezas y muy desordenadas. Hay que trabajar mucho en la reconstrucción del dibujo; no basta con lo entregado por la tradición.
 
Hubo un momento en el que, un primer historiador del grupo segundo –tras reflexionar mucho sobre lo que tiene a su disposición, y no contento del resultado del dibujo ya presentado por los del primer grupo– empezó a reconstruir la escena que debía dibujar a partir de informaciones colaterales de cómo podría ser el ambiente, los personajes, el diálogo, etc., dentro del cual había que colocar el conjunto del rompecabezas o mural. Tenía, pues, información previa de un cierto marco general en donde se encuadraba la escena a reconstruir. Solo entonces comenzó a colocar las piezas. Aclaremos que tales piezas están formadas por textos fehacientes de la época y, con ayuda de la arqueología y de la numismática –si es posible–, por otro conjunto de más piezas, también desordenadas. Así pues, ese primer historiador del segundo grupo comienza por construir un marco general (recordemos que no tiene dibujo alguno final) y solo entonces procede a ensamblar las piezas. Sale de su esfuerzo reflexivo un primer dibujo reconstruido. Mientras lo observa no del todo confirme con él, viene un colega que está intentando resolver el mismo rompecabezas y siguiere que las piezas deben colocarse de otra manera…
 
Reflexiona y vuelve a reflexionar el primer historiador del segundo bloque; recoloca parte de las piezas según indicaciones del colega, y observa que el dibujo adquiere mayor consistencia: se forma una imagen menos borrosa. La acepta. Vuelve atrás con la idea de esa nueva imagen y recoloca otras piezas que faltan… Pero no encajan algunas… Aparece entonces otro colega, historiador también, que sugiere una colocación para las piezas que falta. Acepta de nuevo El historiador primero la nueva idea y coloca esas piezas según le sugieren. Observa el nuevo cuadro y reflexiona una vez más sobre él: efectivamente han encajado más piezas y de un modo más convincente… Pero la imagen sigue teniendo muchas aristas…, se diría que el conjunto aún rechina. Con gran paciencia, el historiador primero vuelve al principio… y repiensa y reflexiona por enésima vez si con las sugerencias de los colegas la escena es más nítida y clara.
 
Piensa ciertamente que ha vuelto al principio, pero que ha logrado algo, aunque no acabe de estar satisfecho. Sigue reflexionando. En medio de sus pensamientos aparece un tercer colega, el cual observa que una de las piezas está formada en  realidad por dos: ¡son dos piezas y no una! Hay que buscar una nueva colocación. Y vienen un cuarto y un quinto colega, y al observar todos la imagen que se está formando sostienen que algunas de las piezas han sido mal colocadas por sus colegas anteriores... ¡desde el principio! Sugieren un nuevo cambio… Efectivamente, tenían razón; ahora la imagen –con el nuevo orden– es más  nítida y convincente.
 
El historiador primero vuelve al principio y comienza a reflexionar de nuevo… Sin duda, está razonando hacia adelante  y hacia atrás. Se diría que a veces no avanza mucho, porque se mueve en círculo ya que sus pensamientos le llevan al inicio, al punto de partida y de ahí a estados intermedio o al final. Pero cuando vuelve la vista atrás, al presunto principio, observa que tampoco está en el punto de partida ya que cinco, seis o siete colegas le han ayudado en la colocación de las piezas… Sí, ha avanzado. En esta vuelta al supuesto inicio no está exactamente en el punto de partida inicial, porque algunas de esas piezas casi han adquirido una  posición fija; prácticamente  no han cambiado desde el principio… hay al menos un rinconcito del gigantesco rompecabezas que empieza a tener sentido. Y a partir de ese rinconcito va encajando el resto de las piezas de modo que se forma un conjunto más grande que se procura que chirríe lo menos posible.
 
Ya tiene, pues, un cierto conjunto ya fijo, formado con el primer rinconcito de la imagen que parece ya debidamente estable junto a lo que se ha añadido y que encaja bien. Sin duda, el proceso ha sido hipotético, de ensayo, error/acierto: se ha empezado desde el principio; se ha avanzado; se ha vuelto de nuevo al principio; se ha vuelto a avanzar; se ha re-vuelto al principio y se ha re-vuelto a avanzar… Desde fuera alguien vuelve a observar que parece que apenas se progresa y que todos los historiadores no hacen sino moverse en círculo… ¡Pero no es verdad totalmente! Son círculos que van avanzando en una dirección. ¡El resultado es mejor que al inicio! Con el añadido de nuevos conjuntos formados con el mismo sistema de trabajo (hipótesis; ensayo; acierto/error; nueva imagen en la que se integran cada vez más piezas), se tiene ya una imagen relativamente consolidada ¡que al principio no se tenía! Y, ciertamente, esta imagen resulta diferente, pero más satisfactoria que la conseguida por los historiadores del primer bloque que habían avanzado siguiendo una imagen previamente dada del mural a reconstruir ofrecida por una tradición no debidamente revisada.
 
Entonces comienza una cierta pelea entre ambos grupos que discuten sobre el resultado final de la escena con sus personajes. Las gentes del primer grupo,  los provistos de dibujo previo del mural, está contento porque sus resultados encajan bien con la imagen de ese rompecabezas formada por la tradición de siglos
 
Los del segundo grupo, los que no tenían dibujo previo,  y que comenzaron a operar solo con el marco general que le dio el conocimiento de la época en la que se sitúa la escena que se les ha encomendado reconstruir, observa su reconstrucción, producto de muchas vueltas y revueltas desde el principio. Les convence más que la del primer bloque, ya que explica mejor los datos según los condicionantes previos de la época en la que se sitúa la escena; han rechazado algunas piezas equivocadas –tras mucha reflexión– porque no son auténticas, y no encajan con el marco general… Y en conjunto están contentos porque han logrado ensamblar más piezas que resultaban muy difíciles para la tradición que poseía ya la imagen global.
 
Pero, los miembros de uno y otro grupo aunque difieran en los resultados, aunque unos y otros valoren de modo diverso las piezas, aceptan que su razonamiento –visto desde fuera y desde las puras ciencias matemáticas, por ejemplo– es en círculo, que va hacia delante y hacia atrás; que formula hipótesis, las comprueba, las acepta o las rechaza, pero que poco a poco, ese movimiento hacia adelante y vuelta atrás (que puede denominarse circular) es el único posible para avanzar y presentar una imagen de la escena a reconstruir que dé cuenta del mayor número posible de datos.
 
Y en concreto el historiador del segundo grupo está aún más contento porque la escena ha sido reconstruida con la mejor técnica posible, y sin constreñimiento previo alguno precisamente porque no tenía un dibujo anterior al que tenía que acomodarse necesariamente.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com 
Martes, 7 de Marzo 2017
Respuesta a objeciones. ¿Un patrón de recurrencia fantasmagórico? Jesús y la resistencia antirromana (LIII)
Escribe Antonio Piñero
 
Quedamos el día anterior que ha llegado el momento final de responder, en lo posible, a los argumentos en contra de la hipótesis propuesta, a saber un Jesús
 
· Implicado indirectamente al principio de su ministerio público con la política de su tiempo a causa de su proclamación de la venida inminente del reino de Dios,
 
· Que al final de su vida se proclama, quizás empujado fuertemente por sus partidarios, mesías-rey de Israel y
 
· Que se ve implicado en algunos actos violentos.
 
· Un Jesús del que no se conoce ningún rechazo explícito de la violencia, pero que no formó ejército alguno y que no apeló directamente a la lucha armada
 
· Un Jesús dejó en manos de Dios la instauración de un Reino divino en la tierra de Israel que implicaba la  liberación de este de todos sus enemigos y por tanto la expulsión de los romanos.
 
1ª Objeción: Esta hipótesis se basa en un “patrón de recurrencia” fantasmagórico, es decir, inane, mal formado, sesgado. Hay otros muchos patrones de recurrencia en los Evangelios que lo contradicen.
 
La primera respuesta es: preséntese con todo rigor un patrón de recurrencia que pueda aportar tantos datos e indicios y que sea contrario radicalmente a este. Me refiero a que no estamos tratando de otros patrones de recurrencia como “Jesús predicador de un  reino de Dios inminente, pero futuro” = “Jesús heraldo escatológico de Dios; “Jesús proclamador de la penitencia/conversión”; “Jesús proclamador de un próximo Juicio divino con premios y también castigos eternos”; “Jesús y el Dios de Israel”; “Jesús asceta”; “Jesús maestro de la ley de Moisés”; “Jesús y las Escrituras de Israel”; “Jesús como profeta”; “Jesús que enfatiza más los valores espirituales y morales que los rituales”; “Jesús predicador sólo de sus correligionarios, es decir, a Israel”, etc.
  
 
La segunda respuesta es: eliminemos del patrón de recurrencia aquellos elementos que puedan ser dudosos, y detengámonos solo en los elementos admitidos, al menos como base de discusión, por todos los estudiosos. Quedan los siguientes (empleo palabras mías y de F. Bermejo):
 
 
1) Jesús fue crucificado, es decir, ejecutado con el castigo romano habitual para los esclavos y los provinciales rebeldes, después de que el gobernador romano pronunció sentencia contra él.
 
2) Dos “bandidos” (lestaí en griego) fueron crucificados junto con Jesús, ya uno y otro lado de él. Es decir,  Jesús fue crucificado en medio de dos insurrectos.
 
3) El título de la cruz que dice Jesús era "Rey de los judíos". La presencia masiva de este título en los interrogatorios de Pilato indica que ocupó un lugar destacado como base de la acusación contra de Jesús, y el hecho de que Jesús no aparezca nunca negando esta acusación sugiere que él se consideraba como rey o el virrey de Dios.
 
4) La burla de Jesús por los soldados al servicio de Roma implica una parodia burlesca de una epifanía real, pues incluye ropa de púrpura, una corona de espinas, y arrodillarse ante él en un insultante homenaje. Según la opinión de los soldados, externos totalmente a su movimiento, Jesús afirmó ser un rey.
 
5) Una partida fuertemente armada fue enviada a prender a Jesús en secreto y por la noche.
 
6) De acuerdo con Lc. 22,36, en una ocasión crítica, Jesús se aseguró de que sus discípulos estuvieran armados, ordenándoles que compraran espadas.
 
7) Por lo menos algunos discípulos de Jesús, si no todos ellos, llevaban armas ocultas, como lo atestiguan Lc. 22.38.49 y Mc 14,47.
 
8) Los cuatro evangelios (Mc 14,47; Mt 26,51; Lc 22,38.49-50; Jn 18,10-11) constancia de que hubo resistencia armada (que implica espadas) en Getsemaní.
 
9) El episodio del Templo supone algún tipo de actividad violenta. No está claro lo que realmente ocurrió allí ni la escala de lo que pasó, pero se llevó a cabo a través de un comportamiento violento (Jn 2,15).
 
10) La entrada triunfal en Jerusalén. Hubo en esta acción reivindicaciones políticas claras tanto en palabras como en hechos, y Jesús aceptó sin reparos el tipo de bienvenida reservado para un aspirante al trono.
 
11) De acuerdo con Jn 11,47-50, la posibilidad de que Jesús permaneciera ejecutando sus actividades sin intervención alguna por parte de los judíos fue relacionada por el sumo sacerdote con una intervención armada prácticamente segura de los romanos, con consecuencias graves.
 
12) Jesús prometió a sus doce discípulos que se sentarían en tronos para juzgar y gobernar doce tribus de Israel restauradas, lo que implicaba la desaparición de los actuales gobernantes de Israel, tano romanos como judíos La dimensión material concreta y socio-política del reino de Dios esperado por Jesús y sus discípulos se demuestra además por las esperanzas de otorgar y recibir en este mundo recompensas materiales (Mc 10,28-30. 35-41; Lc 22,24.
 
13) De acuerdo con las propias declaraciones de los discípulos, el objetivo de Jesús era restaurar el reino de Israel. Tanto en Lc 24.21  como en Hechos 1,6, Jesús no rebate la concepción del reino de Dios de sus discípulos, sino sólo que su llegada no es inminente.
 
14) Varios dichos atribuidos a Jesús, (por ejemplo, las palabras despectivas dirigidas a la mujer siro-fenicia en Mc 7,26-27, y otros  pasajes reflejan una baja estima de  los paganos y podría decirse que incluso desprecio: Mt 10,5; 15,24; 18,17). La predicación de Jesús se circunscribía a Israel. Jesús era nacionalista.
 
15) Aunque la pertenencia de algunos de los discípulos de Jesús a los grupos organizados de la resistencia antirromana no está ni mucho menos probada (es más mantenemos lo contrario), la disposición violenta de al menos algunos de ellos está bien documentada en la tradición. El apelativo “Boanerges” de Santiago y Juan (Mc 3,17) sugiere una reputación ruda y de mal genio que se muestran de manera significativa en Mc 9,38, y con mayor dureza por su deseo de recurrir a la violencia en contra de un pueblo de samaritanos que  no les querían dar hospitalidad (Lc 9,51-56).
 
16) Jesús recalcó a sus seguidores que el discipulado es sinónimo no sólo de los conflictos, el sacrificio y el sufrimiento, sino también de peligro de muerte (Mt 10,34-39; Lc 12,4; 14, 25-27). 21) El dicho de "cargar con la cruz" (Mc 8.34 - 35 y el paralelo en Lc 9,23 y Mt 16,24) - y la mención de la cruz en Mc 10,38 / Lc 14,27  indican una aguda conciencia de la violencia y hostilidad entre Jesús y el Imperio.
 
17) Varias seguidores de Jesús –Pedro (Mc 14,29, 31 / Lc 22,31-33) y los hijos de Zebedeo (Mc 10,38-39)– expresan el compromiso de estar dispuestos a morir con él.
 
18) La opción más razonable de interpretación indica que Jesús se opuso al pago de un tributo a Roma.  De acuerdo con Lc 23,2.5.14, la acusación principal contra Jesús fue la de instigar la sedición y “subvertir nuestra nación”. Los judíos, que no tenían el ius gladii (derecho a imponer la pena de muerte) no podían ser tan tontos como presentar ante Pilato una afirmación/cargo fácilmente refutable. Por tanto no se niega la participación de los jefes de los judíos (de acuerdo con Flavio Josefo), sino que se la sitúa en un plano de comprensión razonable.
 
19) El Evangelio de Lucas 1–2 abunda fuertemente en anhelos nacionalistas que contemplan el sometimiento y la humillación de los gentiles (especialmente 1,32-33 y 1,51-55, donde la virgen María habla como los Macabeos, en un ambiente de guerra). Y no digamos nada del himno de Zacarías, en Lc 1,68-74 (véase también Lc 2,38). Estos himnos, que se refieren tanto a Jesús (el primero, de María) como a Juan Bautista (el segundo, pero como precursor de Jesús según el punto de vista de Lucas y de la teología cristiana posterior), representan el concepto más puro de un mesianismo tradicional judío que implica la expulsión de los romanos de Israel
 
20) La tradición demuestra que los discípulos tenían profundos temores de ser detenidos y presuntamente ejecutados (tanto en la huida narrada en el relato de la pasión, y en la historia de la traición/negación de Pedro).
 
21) Uno de los rabinos más prestigiosos del Israel de todos los tiempos, Gamaliel I, compara–viéndolo desde fuera– al movimiento de Jesús y de sus seguidores con el de Judas el Galileo y el Teudas (Hch 5,34).


Todos estos elementos se derivan de las fuentes canónicas (los Evangelio sinópticos, Juan, Hechos), y aparecen en diferentes tipos de formas literarias: dichos de Jesús, palabras asignadas a otros personajes (tanto seguidores como adversarios), resúmenes kerigmáticos, relatos de exorcismo,  relatos o apotegmas. Es decir, gozan de múltiple atestiguación y son perfectamente atendibles según el método habitual de interpretación del Nuevo Testamento.
     
 
Hay que formular una hipótesis que explique todos estos datos. No basta con denigrar o descalificar a los que los han reunido.   “Actiones humanas non ridere, non lugere, neque detestari, sed intelligere” (“(No hay que reírse de las acciones humanas, ni entristecerse por ellas, ni detestarlas, sino comprenderlas”: Baruc de Spinoza).
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com 
Domingo, 5 de Marzo 2017
¿Por qué dijo "dictadura del proletariado", cuando lo que realmente quiso decir era "Dios bendiga al zar”?   Jesús y la resistencia antirromana (LII)
Escribe Antonio Piñero
 
Concluíamos el día anterior que debe aceptarse la interpretación más sencilla, y a veces obvia del conjunto de los textos, sobre todo teniendo en cuenta que existe un “patrón de recurrencia” perfectamente formado que da cuerpo consistente a la hipótesis de un Jesús sedicioso. ¿Es lógico, por ejemplo, que un episodio como el prendimiento de Jesús en el huerto de Getsemaní, donde la tradición sinóptica presenta a un discípulo –luego identificado con el impulsivo y violento Pedro– “Señor, ¿herimos a espada?” (Lc 22,49), sea interpretado como que este acto es puramente simbólico? (G. W. Lampe; B. T. Viviano).
 
Incluso puede caerse en un cierto ridículo exegético si se afirma que el que comienza la trifulca donde se utilizan armas no fue Pedro (¡en contra expresamente de Jn 18,10 = criterio de dificultad!), sino que había –además de los discípulos de Jesús y los atacantes– un tercer grupo (desconocido por los evangelistas) que intervino para defender a Jesús (E. Schweizer; incluso R. E. Brown; M. E. Boring). O, ya quizás el colmo, cuando se llega a sostener que un miembro de la partida atacante se arrepiente de lo que está haciendo y se revuelve contra su propio grupo comenzando a herirlos a espada (L. Schenke; P. Lamarche).
 
No me parecen serias estas interpretaciones. Y no se crea que esto es una exageración, ya que un dicho tan oscuro como Mt 11,12: “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan”, que habla dos veces de la violencia, se interpreta como muestra de santa indignación e ira tranquila de un individuo esencialmente pacifista (O. Betz). Estoy de acuerdo con F. Bermejo –de quien he tomado estos ejemplos, como reitero siempre–en que tales exégesis son un claro intento de una mera y “contundente despolitización de la predicación y las actividades de Jesús”. Y como se efectúan con ideas previas, o puramente tradicionales y a veces un tanto irreflexivas, sobre el Nazareno sin haberlas sometido a crítica, la “fiabilidad de estas interpretaciones es altamente sospechosa, por no decir simplemente increíble”.
 
Y trae aquí F. Bermejo un apunte severo de Hyam Maccoby, en su conocida obra Revolution in Judaea. Jesus and the Jewish Resistance [London: Ocean Books, 1973] (p. 124) que opino que tiene una cierta “chispa”. Sostiene Maccoby que si los objetivos de Jesús no implicaban consecuencia política alguna, Jesús no fue lo suficientemente inteligente como para decirlo claramente, de tal modo que los discípulos –que llevaban con él a menos meses– lo entendieran sin ninguna duda… y luego  los evangelistas.. Y añade Maccoby: Si Jesús quería decir algo completamente diferente (es decir, proclamar un pacifismo absoluto y una colaboración con el Imperio, por ejemplo, pagando el tributo), ¿por qué utilizó expresiones con sabor a violencia? ¿Por qué dijo "dictadura del proletariado", cuando lo que realmente quiso decir era "Dios bendiga al zar”?
 
En conclusión –y a pesar de las críticas a la hipótesis que defiende F. Bermejo y que yo suscribo totalmente– pienso que es acertado el siguiente juicio:
 
“El problema radica en el hecho de que debemos hacer frente en todas partes a improbabilidades psicológicas e históricas en la interpretación de los textos. Esto es, sin embargo, es difícil de aceptar, especialmente cuando – como se ha argumentado– está a nuestra disposición una hipótesis clara que permite dar sentido a todo el material de la forma más sencilla y comprensible. Lo expuesto hasta el momento revela que no hay manera convincente de dar sentido a muchos textos de los Evangelios si se descarta la hipótesis de un Jesús sedicioso”… Y sí la hay, si se admite la hipótesis.
 
Ya estamos en la recta final. Falta ofrecer una respuesta (aunque se hayan discutido ya los pasajes pertinentes) a algunas objeciones generales, globales, contra la hipótesis de un Jesús sedicioso respecto al Imperio, que nunca contradijo expresamente el uso de la violencia y que en ocasiones muestra con ella una clara connivencia.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com 
Viernes, 3 de Marzo 2017
Escribe Antonio Piñero
 
Decíamos el otro día que los comentaristas que no aceptan la hipótesis de un Jesús sedicioso no saben qué hacer con pasajes como Lc 22,25-38 y similares:
 
“Y les dijo: «Cuando os envié sin bolsa, sin alforja y sin sandalias, ¿os faltó algo?» Ellos dijeron: «Nada». 36 Les dijo: «Pues ahora, el que tenga bolsa que la tome y lo mismo alforja, y el que no tenga que venda su manto y compre una espada; 37 porque os digo que es necesario que se cumpla en mí esto que está escrito: “Ha sido contado entre los malhechores.”  Porque lo mío toca a su fin». 38 Ellos dijeron: «Señor, aquí hay dos espadas.» Él les dijo: «Basta».


El pasaje ha sido tan desconcertante que (cito a F. Bermejo) “desde los primeros tiempos de la Iglesia ha dado lugar a todo tipo de interpretaciones. Juan Crisóstomo sugirió que eran cuchillos de sacrificio tomadas de la mesa de la Última Cena donde habían sido utilizados para el cordero de la Pascua. Otros piensan que eran cuchillos de pescadores, destinados a ser utilizados cuando los discípulos regresaron a su pesca en Galilea. Otros, que los discípulos habían encontrado esas espadas en la casa de Pedro en Cafarnaún, y que eran meros sobrantes de las guerras pasadas, y que las llevaban para defender al grupo contra el ataque de Antipas” (así W. Western; H. Hemboldt).
 
Y los estudiosos comentan por lo general: estamos en una “ciénaga de perplejidad”; “notoriamente difícil” (G. W. Lampe); es un texto “enigmático”, “extraño” , “intratable” (P. S. Minear). He aquí los comentarios o explicaciones de algunos estudiosos (recogidos con gran paciencia por el Dr. Bermejo):
 
· El pasaje tiene un sentido espiritual o simbólico (F. Hahn; O. Cullmann); o una simple “firma de hablar”, por tanto sin interés, por lo que debe descartarse sin más (F. Bovon)
 
· Se trata de una orden circunstancial para que los discípulos se defiendan (O. Cullmann)
 
· Es una preparación para una lucha futura para sobrevivir en un ambiente hostil (G. W. Lampe: E. Voigt;)
 
· Se ha transmitido tan enigmáticamente simplemente porque los discípulos no entendían a Jesús (P. S. Minear)
 
· Así como los esenios hacían según Josefo, las espadas se llevaban exclusivamente con propósitos defensivos (M. Black; H. A. Fast).
 
· Es una reacción irónica por parte de Jesús a una observación estúpida de los discípulos de Jesús  (G. W. Lampe), o como una expresión de la tristeza de Jesús, o como una forma de terminar un diálogo inútil (O. Cullmann).
 
Hay otros, finalmente, que piensan que esta escena no es original de Jesús sino una composición propia de Lucas a la luz de una profecía (G. W. Lampe)
 
En general los pasajes que implican violencia o simplemente política:
 
· La mayoría de las veces se deja sin explicar; o se afirma que no se sabe por qué se han introducido en los Evangelios pasajes propios de los celotas que en realidad son ajenos al espíritu de estos escritos (F. W. Beare).
 
· En otros casos, se acepta la historicidad de los textos (no se pueden eliminar sin más sistemáticamente), pero se aíslan de todo el contexto (es decir, del patrón de recurrencia), y se los entiende de una manera simbólica o algo parecido, de modo que se les quita cualquier resonancia a una postura antirromana o se eliminan las connotaciones que apuntan a una cierta violencia. Los pasajes se quedan en nada. No se aclaran, pero de ningún modo se admite que puedan apuntar a algo que puede molestar a la imagen previa de Jesús (Bammel-Moule; G. Jossa).
 
· Otros casos de violencia en las que se implicado o sufre Jesús se explican igualmente de una manera desconcertante cuando se reflexiona un poco se aclaran del modo siguiente:
 
1.  La crucifixión se debió a un malentendido (O. Cullmann):
 
2.  El concepto del reino de Dios que Jesús predicaba era tan absolutamente original que la gente no llegó a entenderlo; nadie lo entendió bien. Jesús era tan original y único en la historia que las concepciones que él explicaban no podían comprenderse en el mundo judío de la época (W. Klassen; G. Schneider; G. Jossa);
 
3. Cuando Jesús aceptó que se había declarado “mesías/rey” (por ejemplo, Mc 15,2), ello significaba que lo decía en un sentido totalmente distinto al usual (G. Jossa).
 
4. En cuanto al dicho de " cargar con la cruz ", la mayoría de los estudiosos niega que el logion se entienda que se refiere literalmente a la crucifixión, y lo interpretan de una manera figurativa, por lo general como una metáfora para el martirio potencial, un camino difícil de la vida, ruptura de los lazos familiares, o autonegación radical (S. Boe; W. D. Davies).  El texto no pretendía necesariamente visualizar " la cruz ", sino hablar metafóricamente  ' la muerte, el dolor y la vergüenza de una manera no especificada " (G. Samuelsson). Según otros, el dicho se refiere a la cruz como una marca de pertenecer a un culto determinado; o debería ser comparado con " aceptar el yugo de Jesús ' (Mt 11,29); o se interpreta como una alusión a la “Akedah”, es decir, al sacrificio de Isaac, por parte de Abrahán (Gn 22,2). 
 
 
Y concluye lapidariamente F. Bermejo:
 
“Los estudiosos proponen todas las posibilidades con el fin de no aceptar el más simple (y vergonzoso) significado”.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid 
www.ciudadanojesus.com
Miércoles, 1 de Marzo 2017
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Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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