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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos (31-1-19) (1041)
Escribe Antonio Piñero
 
 
El título de esta postal es el de un libro cuya primera redacción, básica, fue escrita por mí hace mucho tiempo. Fue mi memoria a cátedra de Filología del Nuevo Testamento la Universidad Complutense de Madrid, en la que una de las obligaciones era presentar un ensayo / libro sobre “Concepto, método y fuentes” de la asignatura en cuestión, en esta caso de filología neotestamentaria. Como la cátedra era nueva, no podía inspirarme en ningún caso precedente. Así que tuve que ingeniármelas para montar ese ensayo sobre el tal concepto / método y fuente, y escribirlo. Había que tener en cuenta que se trataba de filología, de historia antigua, de historia de las ideas y no de teología.
 
 
Si no me equivoco, la oposición a esa cátedra complutense se convocó en agosto de 1983 y se celebró en el primer semestre de 1984. Éramos cuatro opositores, y al final quedé yo solo. Explico por qué. Creo que la razón no fue que tuviera yo más méritos personales que los otros tres candidatos, sino la dureza de los ejercicios prácticos. En aquel entonces las oposiciones eran todas en Madrid y constaban de seis ejercicios… todo larguísimo. Con un solo opositor podía durar la prueba una semana o más y todos los ejercicios eran públicos (luz y taquígrafos). El quinto ejercicio eran los “prácticos”, que podían prolongarse lo que quisiera el tribunal. Las pruebas consistían en traducción y comentario de textos, con o sin diccionario, de la lengua o lenguas que eran la materia de la cátedra.
 
 
En el caso de la Filología Neotestamentaria la lengua básica era el griego antiguo, naturalmente, ya que todo el Nuevo Testamento se compuso en esta lengua (¡no en arameo, como cree la gente sobre todo de los evangelios!). No todos los autores del Nuevo Testamento eran nativos, es decir, no tenían como lengua madre el griego, pero sí utilizan con cierta desenvoltura el griego como medio común de expresión, incluso literaria. En el Mediterráneo del Imperio Romano del siglo I de nuestra era el griego era la lengua común, por encima del latín, incluso, reservado a la administración.
 
 
Ahora bien, no se puede estudiar a fondo el Nuevo Testamento sin conocer también otras lenguas antiguas. Obligatorias son otras tres: latín, hebreo (como base del 99,80% aproximadamente de la Biblia hebrea) y el arameo, como lengua madre de Jesús.  Y para el estudio de la expansión y concreción del texto del Nuevo Testamento son también muy interesantes, diría que casi obligatorias, el siríaco (arameo occidental) y el copto. Pues bien, los ejercicios prácticos eran de esas lenguas. Los ejercicios o pruebas de latín, griego, hebreo y arameo eran obligados, inexcusables. Y siríaco y copto a elegir por el tribunal.
 
 
Yo pedí al tribunal concreto que me toco en suerte –ya que en aquella época yo estaba inmerso en la edición española de los Apócrifos del Antiguo Testamento (Editorial Cristiandad. Madrid. Publicados seis volúmenes. Falta el séptimo con los índices)– que también hubiera exámenes de traducción de un par de lenguas más, pero solo de textos del Nuevo Testamento, a saber de eslavo antiguo y etíope clásico. Estas son lenguas importantes en la edición de esos apócrifos veterotestamentarios (sobre todo para “Jubileos”, “Ciclo de Henoc” y “Ascensión de Isaías”), y yo me había empeñado en introducirme en lo básico de esas lenguas para poder “corregir” o editar esos textos con solvencia. Mejor escribir “revisar”. “Corregir” es demasiado tratándose de obras en etíope, antiguo búlgaro o eslavo eclesiástico, traducidas y comentadas por esa serie por gente de la talla inmensa de Aurelio de Santos Otero y Federico Corriente, ante los que yo era literalmente un enano),
 
 
Y así fue. Exámenes públicos de ocho lenguas antiguas. Los otros tres opositores, cuando les anunció el tribunal que los ejercicios prácticos de traducción y comentario podían ser de tales lenguas antiguas, renunciaron. Finalmente, en ese terrible quinto ejercicio de traducción y breve comentario, me examiné de latín griego, hebreo y arameo, y de las otras cuatro hubo un sorteo… El tribunal estaba aburrido al ser el opositor uno solo, así que decidió abreviar ese último caso. En el sorteo salió el copto.
 
 
Pasaron todos los trances, saqué la cátedra y surgió la pregunta: ¿qué hacer con el material acumulado en la memoria de cátedra? Fue entonces cuando intervino el Dr. Jesús Peláez. Ya era él “Profesor titular de Filología Griega”, en la Universidad de Córdoba, y se preveía que una cátedra de Filología Griega, con perfil de “Filología Neotestamentaria” se dotaría tarde o temprano en esa misma Universidad. Todo esto ocurría entre 1990 y 1994. J. Peláez utilizó como base lo que yo había escrito, pero hubo de reescribir gran parte de la susodicha memoria; rehízo el capítulo de lengua griega de la época helenística, Koiné, la lengua del Nuevo Testamento; compuso casi ex novo los capítulos de lexicografía y sintaxis, y algunas cosas más, como temas de traducción y bibliografía actualizada.
 
 
Total, que el Dr. Peláez sacó también su cátedra en 1993, si no me equivoco, y como él era también director de la editorial El Almendro, de Córdoba decidió conmigo publicar en forma de libro una actualización de lo que fue la susodicha memoria “Concepto método y fuetes” de dos cátedras de Filología Neotestamentaria. Y así nació este libro, que es el que ahora presento en su tercera edición (no cuento reimpresiones, si es que las hubo; 1996 – 2003, edición en inglés de Deo Publishing, Leiden-N. York; 2019: Herder, Barcelona).
 
Hch aquí la ficha:
 
Editorial: Herder Editorial
ISBN: 9788425442407
Publicación: 01/2019
Formato: Rústica con solapas
Idioma: Español
Número de páginas: 570
Tamaño: 14.10 x 21.60
Precio: 35 €.
 
 
Esta obra no es una introducción al uso del Nuevo Testamento, sino propiamente algo previo: cómo se debe y puede estudiar el primer corpus de escritos cristiano. Se trata, entre otras cosas, de una exposición de la historia de la investigación del Nuevo Testamento, y de una visión de conjunto de los temas principales que debe abordar su estudio: canon o lista sagrada de las obras neotestamentarias; crítica textual; estudio del sustrato del Nuevo Testamento (influjos de diversas religiones) y personajes; Métodos y aproximación al estudio sincrónico y diacrónico del Nuevo Testamento. La traducción del texto bíblico neotestamentario. En otro momento especificaré el contenido.
 
 
Seguiré en otras ocasiones explicando más pormenorizadamente el índice de este libro y su posible interés para los aficionados al estudio de los orígenes del cristianismo y sus primeros escritos.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html
 
Jueves, 31 de Enero 2019
La reconstrucción crítica del Jesús de la historia (27-1-19) (1040)
Escribe Antonio Piñero
 
 
Foto: Karl Kautsky
 
 
Después de más de 100 páginas de prenotandos metodológicos –para mí muy interesantes, pero que suele interesar poco al lector medio más allá de las líneas generales–, el libro de F. Bermejo, que estoy comentando sin prisas, “La invención de Jesús de Nazaret. Historia, ficción, historiografía” (Siglo XXI 2018), comienza la reconstrucción de Jesús no por su infancia, su enseñanza o por cualquier otro motivo, por ejemplo, por su relación con Juan Bautista –que para mí ofrece el marco ideológico del personaje también con cierta nitidez–, sino por su muerte en cruz.
 
 
Esto es muy original, pero lo creo acertado. Y se inicia con una frase del historiador marxista Karl Kautsky, que sirve de “leitmotiv”, motivo o “línea guiadora” de esta parte de su libro (de Bermejo): “Esta es (en sentido general, pero sobretodo referida a la Pasión) una historia muy rara, llena de contradicciones, que originalmente debe de haber rezado de un modo muy distinto”. Pero nuestro autor no se lanza “in medias res”, es decir, inmediatamente al abordaje de las cuestiones de los últimos días de Jesús, sino que hace anteceder páginas sucintas de visiones históricas y sociológicas generales, que sirven al lector para situarse correctamente en el ambiente histórico que afecta al sentido de la vida y muerte de Jesús, y que ayudan al lector a comprenderlas.
 
 
Estos prenotandos tratan del “Contexto histórico: Galilea y Judea en los siglos I antes y I después de nuestra era”: el marco político; las circunstancias socioeconómicas del momento; la matriz religiosa: un judaísmo nada simple, sino de ideario religioso muy complejo; y el escenario lingüístico y cultural (pp. 119-140).
 
 
Me detendré lo más brevemente posible en estos prolegómenos.
 
 
Respecto al contexto histórico de Judea y Galilea, Bermejo insiste en la absoluta necesidad de contextualizar a Jesús. Es importante esta idea, porque –si se asiste hoy día a un oficio religioso, y se oye en un sermón u homilía, las palabras de Jesús repetidas y explicadas por un sacerdote–, se observará que se sacan casi siempre de su contexto, y se aplican sin más a las circunstancias del siglo XXI. Ello supone con casi total seguridad que el sentido que le da el predicador a una sentencia de Jesús (por ejemplo, “Mi reino no es de es mundo”: Jn 18,36) o bien no lo dijo el Jesús histórico –en opinión de la mayoría de los intérprete incluso católicos–, o bien no se explican tal como las entendería un lector del Evangelio en el siglo I, o como quiso el autor que se entendieran.
 
 
Bermejo huye de lo que califica “mitos de corte sobrenatural” y de la pintura de un “Jesús como un hombre singular y único en la historia”. Insiste en que las aspiraciones del Galileo se encuadran en marco del rechazo popular de la monarquía de los asmoneos/macabeos (es lo mismo; H/Asmón es el ascendiente más notable del padre de Judas Macabeo, el sacerdote Matatías), que se había corrompido, y sobre todo en de la notable censura, igualmente popular, de la monarquía de Herodes el Grande, que según el pueblo y con razón, había usurpado el trono legítimo, y se había entregado en manos de los invasores romanos.
 
 
Este ambiente condujo al pueblo al deseo de tener un monarca como Dios mandaba, es decir, un rey davídico ideal de acuerdo con la profecía de Natán de 2 Samuel 7,14-16: “Yo seré para él padre y él será para mí hijo. Si hace mal, le castigaré con vara de hombres y con golpes de hombres, pero no apartaré de él mi amor… Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante mí; tu trono estará firme, eternamente”.
 
 
La gente sabía (¿?) que ya no existían los davídidas históricos, pues el último descendiente, Zorobabel, había muerto de una manera misteriosa (y nunca aclarada del todo) hacia siglos, en la época del retorno del exilio de Babilonia y tras la reconstrucción del templo de Salomón, hacia el 515 a. C.  A pesar de ello el pueblo judío siguió esperando en el retorno al trono de un retoño de David, sea como fuere (quizás la gente pensaba que algún descendiente habría sobrevivido; o bien que Dios suscitaría milagrosamente un davídida; o bien que el futuro rey fuera espiritualmente hijo de David. El apócrifo Salmo de Salomón 17,21 (“21 Mira a tu pueblo, Señor, y suscítale un rey, un hijo de David, en el momento que tú elijas, oh Dios, para que reine en Israel tu siervo”) da testimonio de estas esperanzas. Del mismo modo, las genealogías de Jesús de Mt 1 y Lc 3 muestran que el pueblo esperaba a un “hijo de David”. Igualmente lo testimonia el resto de los evangelios sinópticos. Por ejemplo, cómo aclamaba el ciego Bartimeo a Jesús como “Hijo de David” (Mc 10,47), o cómo discutía Jesús si el mesías habría de ser, o no, hijo directo de David (Mc 12,35-37).
 
 
Y, por último, los textos mesiánicos básicos de la Biblia hebrea se leían en la sinagoga los sábados y estaban en la memoria de las gentes. Así los salmos 72,2-16 (los reyes de la tierra se postrarán ante el hijo de David); 89,20-38 (la lealtad y el amor de Yahvé irán con él); 110,1-4: (“Siéntate a mi diestra, hasta que yo haga de tus enemigos el estrado de tus pies”). Y sobre todo textos muy recordados de Números 24,7-19 (Balaán ve en su profecía la estrella y el cetro de David) e Isaías 11,1-10 (“Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará. Reposará sobre él el espíritu de Yahvé). El rey futuro estaba totalmente idealizado en las mentes populares, y se esperaba con gran convicción que su reinado marcaría el fin de los calamitosos momentos presentes de un mundo corrompido por la injusticia, y que habría de brillar para siempre la paz y prosperidad del reino de Dios.
 
 
Señala también Bermejo, con razón, cómo en tiempos de Jesús estaba muy viva la “filosofía/teología” militarista, que se había expandido después de que Roma hubiera impuesto un censo, para cobrar impuestos, en Judea, el año 6 d. C. La revuelta consiguiente de Judas el Galileo, cuyo recuerdo estaba vivo entre el pueblo, marcaría –se supone– la mentalidad de Jesús el galileo. Durante el primer tercio del siglo I, abunda nuestro autor, se vivieron momentos, más de lo que parece, de notable resistencia popular contra la bota de los romanos que pisaba impíamente el terreno de Israel, tierra solo de Dios y de su pueblo elegido.
 
 
La violencia antirromana (a pesar de la famosa definición de Tácito: Historias V 9,2: “Bajo el reinado de Tiberio hubo tranquilidad en Israel/Palestina”) fue más visible de lo que dan a entender los Evangelios. Ciertamente en la época de los “prefectos” romanos (6-41 d. C.) hubo menos violencia antirromana que en la época de los “procuradores” (44-66), pero también la hubo, y el ambiente, latente, era de oposición total a los romanos por parte del pueblo, aunque menos entre ciertos fariseos conformistas y, naturalmente, entre los dirigentes colaboracionistas.
 
 
Para comprender bien a Jesús de Nazaret y su aventura final, que lo condujo a la muerte en cruz, hay que tener en cuenta que el pueblo sentía que Israel habría de ser “una nación judía independiente” y que al fin y al cabo este “había sido el ideal de todos los profetas de antaño y de los visionarios judíos de la época llamada del Segundo Templo (desde el retorno del exilio babilónico –siglo V a. C.– hasta el 70 d. C.)” (p. 124).
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero

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Domingo, 27 de Enero 2019
El misterio de Melquisedec en el cristianismo antiguo y la divinización de Jesús (21-01-2019) (1039)
Escribe Antonio Piñero
 
 
Foto: Bandue X de 2017.
 
 
 
El título de esta postal reproduce parte del encabezamiento del artículo de Adolfo Roitman publicado en el número X de la revista “Bandue”, órgano de la Sociedad Española de Ciencia de las Religiones. Todo el número es en verdad interesante. Pero, para mi ámbito de trabajo, el cristianismo antiguo y la figura de Jesús especialmente el artículo de Roitman reviste un interés muy notable (pp. 199-232).
 
 
Adolfo es el “curator”, podemos decir “director” de la sección de manuscritos antiguos, especialmente de los encontrados en Qumrán, del Museo de Israel en Jerusalén (The Shrine of the Book). De Roitman he publicado una reseña a su libro “Del Tabernáculo al Templo” (Edit. Verbo Divino 2016) en este medio el 28-6-2016.
 
 
El interés de su artículo radica, en mi opinión, en que la figura de Melquisedec, según F. García Martínez, de Roitman y mía propia (ya desde “Biblia y Helenismo”, del 2006, republicado por Herder, Barcelona 2017, en donde cito a 11Q Melquisedec, o al personaje mismo por lo menos siete veces) es interesantísima e importante para el desarrollo de la cristología cristiana.  Y lo es porque representa cómo los gérmenes que se encontraban en el seno del judaísmo mismo, y que evolucionaron por una necesidad interior llevaron a la concepción de agentes divinos (“mano derecha” de Dios para actuar en el mundo) que son humanos y al mismo tiempo participan de la divinidad.
 
 
Roitman, en su artículo traza una breve historia de cómo un personaje mencionado dos veces en la Biblia hebrea (Gn 14,18-20; Salmo 110,4) y una vez en todo el Nuevo Testamento (capítulo 7 de Hebreos) sirve de antecedente del sacerdocio eterno de Jesús (según el autor de Hebreos) que sustituye a los sacrificios del templo de Jerusalén con un sacrificio único que es su cuerpo. El autor de Hebreos, en 7,3 (donde afirma que es un ser humano “Sin padre, ni madre, ni genealogía, sin comienzo de días, ni fin de vida, asemejado al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre”) lo hace prácticamente un ser preexistente y eterno… y un antecedente de Jesús como Cristo celestial, sacerdote al modo de Melquisedec.
 
 
La tesis de Roitman es que a partir de Hebreos 7 la figura de Melquisedec desempeña un papel significativo en las especulaciones heterodoxas de algunas sectas cristianas (por ejemplo, la herejía de los melquisedequianos, que lo consideraron un poder celestial superior a Cristo mismo; o la de Orígenes (que fue un ángel), o incluso el Espíritu Santo (así identificado por Hieracas de Leontópolis, un monje egipcio del siglo III, que defendió, entre otras ideas, la preexistencia de las almas y que la resurrección del cuerpo transformaría a este como espiritual, al estilo de Pablo de Tarso en 1 Corintios 15). En la literatura gnóstica –confirma Roitman– Melquisedec fue una figura soteriológica, es decir, de salvación, y fue considerado como una suerte de ángel.
 
 
Sostiene también Roitman que para entender este paso de un rey terrenal, que recibe el diezmo de Abrahán en el libro del Génesis, a un ser sobrenatural es necesario volver los ojos al texto de Qumrán 11QMelquisedec = 11Q 13, que aclara la mutación del personaje, convertido desde un ser humano en una entidad celeste o sobrenatural.
 
 
Sin duda es sí. Hay que estudiar a fondo este texto qumránico, y Roitman lo aclara maravillosamente presentando un análisis del texto hebreo, muy fragmentario (con su correspondiente versión española, muy literal), con las más interesantes reconstrucciones, con una bibliografía totalmente actual.
 
 
Escribe Roitman en la p. 225 de la revista que el estudio completo de 11QMelquisedec posibilita “resolver el ‘misterio’ de este personaje” a saber cómo dentro del judaísmo, y sin poner en duda en absoluto el monoteísmo estricto del judaísmo de la época, nos ofrece uno de los eslabones perdidos para observar que no había problema alguno en la época de Jesús y dentro de ese judaísmo mismo en ver cómo un hombre– que la Biblia hebrea presenta como rey-sacerdote de Salem en Gn 14– con un carácter humano, real e histórico, se convierte en un ser angelical-celestial, incluso salvador y guerrero, en ciertos círculos del cristianismo antiguo de los siglos I-IV.
 
 
El paralelismo con la divinización de Jesús es claro. En mi libro sobre Pablo (“Guía para entender a Pablo” (Trotta, 2ª edición de 2018) insisto una y otra vez en que el Apóstol jamás tuvo problemas con sus colegas judíos “normales” (no creyentes en la mesianidad de Jesús) en considerar a Jesús de Nazaret, después de su muerte y resurrección por Dios (esto es importante: Rm 1,3-4) como un ser celestial, sentado en un trono (pequeñito, naturalmente), pero a la diestra de Dios.
 
 
Cito mi Guía: “No es descabellado deducir que, dentro de la historia de las religiones, el pensamiento de Pablo sobre el Mesías se enmarca en un judaísmo que no alberga duda alguna de que el agente divino para la ejecución de la redención mesiánica es humano y divino a la vez, lo que se muestra especialmente, cuando transcurrido su ciclo vital en la tierra, se halla en la cercanía de Dios en el cielo en un trono, sentado cerca de él”.
 
 
“Un primer corolario es que el Apóstol no fue un prestidigitador que sacó de su chistera la noción de la humanidad-divinidad del Mesías sabiendo que era un mero truco, ni necesitó inventar fantasiosamente nada acerca de ese Cristo celeste cuando repensó y reinterpretó la vida del Jesús de la historia, centrándose en su muerte, resurrección y exaltación /adopción y, en especial, en su función como agente divino, cuyo asiento está a la diestra de Dios. No debe, pues, pensarse que todo ello es el fruto de una desbordada fantasía de carácter único”.
 
 
“En rigor, Pablo no necesitó tampoco inspirarse directamente en las apoteosis de los héroes o varones grecorromanos, contados entre los dioses ya en vida o normalmente después de su muerte. El proceso es ciertamente el mismo, pero la exaltación/apoteosis de un ser humano considerado excepcional estaba ya asimilada dentro de una tradición muy típica del judaísmo de su época, el arrebatamiento al cielo, adscrito ya a Elías y otros personajes como ha señalado J. Marcus. Pablo, pues, no hace otra cosa que asignar a Jesús lo que otros judíos anteriores o coetáneos habían aplicado a diversos personajes, “un como hijo de hombre” de Daniel, Moisés, Elías, Melquisedec, Henoc o Job” (p. 420).
 
 
Añado que este pensamiento ya judío no habría sido posible en el judaísmo sin el influjo global del pensamiento griego y del platonismo vulgarizado en particular. Pero en el siglo I había sido ya totalmente asimilado y judaizado.
 
 
Creo que coincido plenamente con Adolfo Roitman en su argumentación. El artículo de Bandue X, repito, es magnífico y recomiendo su lectura vivamente, porque aclara mucho.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero

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Jueves, 24 de Enero 2019
Crítica a los criterios de historicidad en la búsqueda del Jesús histórico (20-1-19) (1038)
Escribe Antonio Piñero
 
 
Foto: Cubierta del libro colectivo “¿Existió Jesús realmente? El Jesús de la historia a debate”.
 
 
 
Sigo con mi propósito de comentar lo que me parece más interesante en el libro “La invención de Jesús de Nazaret de Fernando Bermejo de la editorial Siglo XXI, Madrid, 2018.
 
 
En cuanto a los criterios de historicidad en la búsqueda del Jesús histórico, lo más importante es el descenso de calificación efectuado por Bermejo de los llamados “criterios” de historicidad. Ya no los denomina así (terminología contundente), sino que os designa como simples “indicios”. Este es el modo práctico de insistir en que no podemos alcanzar una verdad absoluta en historia antigua.
 
 
La crítica a los criterios de historicidad tuvo sus inicios, si no me equivoco, por lo menos hace veinte años. Bermejo las introduce en España por vez primera en el libro comunal “¿Existió Jesús realmente. El Jesús de la historia a debate” (Raíces, Madrid, 2009) que he citado varias veces. Y la he recogido, muy resumida, en “Aproximación al Jesús histórico”.
 
 
Desde luego se suma Bermejo a la crítica unánime al indicio de “desemejanza” o de “discontinuidad”, al que eran muy aficionados los bultmanntianos. Insiste en que aquella idea de “hallar suelo firme” en la investigación sobre Jesús con ese criterio que afirma “que es típico, y seguramente histórico y propio de Jesús solo lo que carece de paralelo en el judaísmo contemporáneo y en el cristianismo primitivo” (p. 95 del libro presente) es una exageración de tal calibre que reduciría a Jesús a un tipo único e idiosincrásico que sería más bien un sujeto casi imposible.
 
 
La crítica es contundente: este método de aceptar solo como histórico en Jesús lo desemejante “deshistoriza a Jesús y elimina de este los múltiples aspectos en los que concordaba con su religión” (p. 96). Además presupone a priori que Jesús en un sujeto único y especialísimo. “Este indicio implica asunciones contradictorias, pues para ser aceptable como genuino, un dicho de alguien que es un predicador judío debería diferir del judaísmo contemporáneo, pero al mismo tiempo usar sus categoría y encajar en él… En realidad este ‘criterio de doble desemejanza’ no es sino una dogmática enmascarada, cuyo uso en solitario puede producir resultados faltos de credibilidad histórica” (p. 96). Ni que decir tiene que estoy totalmente de acuerdo con este juicio.
 
 
Tampoco queda bien parado el indicio/criterio de “atestiguación múltiple”, a pesar que parece obvio que cuanto mejor esté testimoniado, en variadas fuentes o géneros literarios un dicho o hecho de Jesús más visos tiene de historicidad. Para dudar de él, Bermejo propone el siguiente razonamiento:
 
 
“La presencia de muchos testigos textuales en las fuentes cristianas podría deberse no tanto al carácter de genuinos de un dicho transmitido, sino al interés que suscitó en los individuos o grupos cristianos que lo transmitieron. Y este interés pudieron suscitarlo también dichos atribuidos tempranamente a Jesús” (pero no auténticos; por ejemplo, pronunciados por un profeta cristiano primitivo; añado).
 
 
“De hecho cabe sospechar que cuanto más afín resultó un dicho (o una historia) a los primeros cristianos, menos probabilidades existe de que Jesús lo creara. Por otra parte, resulta fácil de comprender por qué muchos dichos posiblemente genuinos no gozan de atestiguación múltiple: porque eran susceptibles
 
 
1. De crear problemas teológicos u ofender sensibilidades (por ejemplo, Lc 9,59-60: «A otro dijo: «Sígueme.» El respondió: «Déjame ir primero a enterrar a mi padre.» Le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios»);
 
 
2. O porque su sentido dejó de entenderse (por ejemplo, Lc 16,16: «La Ley y los profetas llegan hasta Juan; desde ahí comienza a anunciarse la Buena Nueva del Reino de Dios, y todos se esfuerzan con violencia por entrar en él»),
 
 
3. O porque no resultaban relevantes en contextos diferentes (por ejemplo, las  polémicas con fariseos de Lc  11,39-52: «purificáis por fuera la copa y el plato; pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios; Ay de vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido… etc.)”.
 
 
“En este sentido podría incluso decirse que en algunos caso no será la atestiguación múltiple, sino la atestiguación única la que apunta la historicidad. La conservación múltiple de una tradición no confirma en rigor su fiabilidad, sino solo la fuerza con la que se asentó en la tradición; y esa fuerza puede aplicarse en virtud de varios factores, algunos de los cuales –como el interés ideológico– nada tienen que ver con la historicidad” (p. 97).
 
 
 Estoy de acuerdo en que esta perspectiva restringe, por un lado el entusiasmo de los buscadores de la autenticidad de dichos y hechos de Jesús, pero lo aumenta por otro.
 
 
Seguiremos.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
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Domingo, 20 de Enero 2019
¿Cómo se entiende el concepto ‘mito’ en los Evangelios según la historia de las formas? “Compartir” (280) de  17 de enero de 2019
Hoy escribe Antonio Piñero
 
Foto: Rudolf Bultmann
 
PREGUNTA:
 
¿Qué entiende exactamente Rudolf Bultmann por mito? No pude leer ningún libro de este autor, sólo pude revisar comentarios hechos por personas que lo han leído. Y creo que pude elaborar dos conceptos, que solo uno de ellos es el correcto, y me gustaría saber su postura, permítame exponerlos.
 
Opción 1: Bultmann sí cree en los milagros narrados en los evangelios, pero para explicar estos acontecimientos, los evangelistas hacen uso de mitos de aquella época para elaborar una narración comprensible para estos acontecimientos puedan ser entendidos. Por ejemplo, para explicar algo tan profundo como la encarnación de Jesús, el evangelista hace uso del mito gnóstico y lo aplica a Jesús para que los lectores puedan entender estos acontecimientos.
 
Opción 2: Para Bultmann, los mitos son narraciones fraudulentas y mentirosas sobre hechos que jamás ocurrieron, pero que dicha narración es utilizada solamente para transmitir una enseñanza religiosa. Por ejemplo: Lázaro jamás resucitó, esa narración es utilizada solo para explicar que la vida verdadera comienza cuando recibimos a Jesús como salvador. (Este ejemplo sobre Lázaro fue usado por usted en su obra Guía para entender el Nuevo Testamento).
 
Aunque a los ojos de la historia, estos hechos pudieron no tener lugar, la respuesta a esta pregunta que le planteo es importante para que un creyente decida cómo dirigirse a los textos del Nuevo Testamento en el que se narran milagros.
 
RESPUESTA:
Sin duda, la opción uno. Por otro lado debo decir que el concepto “mito” es complejo y anfibológico, es decir, se presta múltiples interpretaciones y hay mucho escrito sobre ello. Lo que digo a continuación es simplificador
 
De la segunda hay alguna parte aceptable, desde luego no el que se pretendiera engañar voluntariamente. No creo eso posible en el cristianismo primitivo ya que estaban dispuestos a dar su vida por lo que proclamaban Los evangelistas utilizaron leyendas, por ejemplo lo de Lázaro, que corrían por sus comunidades y las repitieron creyendo que todo había sucedió así.
 
En otras ocasiones cuentan los evangelistas las cosas como creen que sucedieron, no exactamente como ocurrieron. Pero así obraban a menudo los historiadores, todos, de la antigüedad. Desde nuestro punto de vista se inventaban los hechos y los dichos, pero estaban convencidos de que reconstruían una realidad exacta según los datos de los que disponían. Modernamente diríamos que eran ingenuos y acríticos. Pero no se les puede juzgar en este aspecto con criterios del siglo XXI.
 
 
La crítica evangélica trata de volvernos a la realidad, observando y analizando el punto de vista, a la vez que se afirma que en muchísimas ocasiones, por ejemplo, en la historia de la pasión de Jesús, están distorsionando aquello que pudo ocurrir históricamente y que la crítica es capaz de reconstruir con cierta verosimilitud, sí verosimilitud, nunca certeza, aquello que sucedió. Continuando con el ejemplo de la Pasión, los hechos ocurridos están remodelados
 
1. Comprimiendo en una semana lo que duró meses.
 
 
2. Juntando en Jerusalén lo que ocurrió en la ciudad y fuera de ella.
 
 
3. Narrando los hechos acomodándolos a las “predicciones” de los profetas de su Biblia tal como ellos las interpretaban como proyecciones previas del Mesías.
 
 
4. Utilizando técnicas narrativas de su ambiente literario (un ejemplo: se ha defendido que la escena de los peregrinos de Emaús está descrita con los mismos mimbres literarios con los que Homero describe en la Odisea el reconocimiento de Ulises por sus familiares. Esas técnicas o modos de contar estaban en la “atmósfera” de las ciudades donde vivían los evangelistas. Toda persona un poco culta las conocía sobre todo por haber oído las recitaciones públicas de obras, épicas por ejemplo, por el teatro, o bien por la atmósfera cultural.
 
Resultado:
 
Los evangelios proporcionan sin duda material histórico, pero no directamente en muchos casos. Hay que extraerlo detectivescamente a base de crítica. Ese material es a veces mítico, y otras veces legendario, magnificante o exaltante respecto al héroe de la narración, Jesús, el cual se presenta al lector modificado o reinterpretado. Pero la empresa de “desmodificación” no es desesperada. Puede hacerse y con buenos resultados, aunque escasos.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html
 
 
Una noticia para los del área de Vigo (Pontevedra, España).
 
 
Hoy, jueves, 17 de enero de 2019:
 
 
Presentación de mi libro “Aproximación al Jesús histórico” (Trotta, Madrid, 2ª edición 2018),
 
 
en VIGO (Pontevedra), en La Casa del Libro (c/ Rúa Velázquez Moreno, 27), a las 19.00 hs., a cargo de D. Jesús Bahíllo, ex parlamentario y ex Presidente del Club Financiero y la Asociación de Empresarios de Vigo, y el autor. Entrada Libre.
 
 
 
 
Jueves, 17 de Enero 2019
¿Dice Pablo de Tarso en Romanos 9,5 que Jesús es Dios?”, “Compartir” (279) de 12 de enero de 2019. Y un par de noticias

Foto: Pablo de Tarso

Pregunta:
 
¡Saludos! Me gustaría saber si Romanos 9,5 es una (evidencia) prueba de la Escritura que da a entender que Pablo entendía que Jesús no solo fue divino, sino, Dios.
 
Respuesta:
 
Esta pregunta ha sido ya respondida. Pero como es importante la repito en parte:
El texto completo en su contexto es el siguiente:
 
1 Digo la verdad en Cristo, no miento, mi conciencia lo atestigua en el Espíritu Santo: 2 tengo una gran tristeza y un dolor incesante en el corazón. 3 Pues desearía ser yo mismo anatema, separado de Cristo, por mis hermanos, los de mi raza según la carne, 4 los israelitas, de los cuales es la filiación, la gloria, las alianzas, la legislación, el culto, las promesas, 5 de donde vienen los patriarcas, de los cuales también procede el Mesías según la carne. El cual está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén.
 
La realidad de la nueva vida en Jesús lleva a Pablo a plantearse en este momento de su carta un problema candente para él, y que en el fondo es el núcleo central de su escrito, pues afecta a la incorporación y salvación de los gentiles que se injertan el Israel: ¿qué ocurre ahora con un Israel, cuya relación con el Mesías no es como él, Pablo, desearía que fuera? ¿Cuál debe ser la relación de Israel con los gentiles que se convierten al Mesías?
 
Obsérvese en esta sección: a) El notable amor de Pablo por Israel –está dispuesto a morir por él e incluso, como Moisés, a ser condenado por Dios a causa de Israel--, lo que hace más que improbable la tesis de que el Apóstol pretendía romper con el judaísmo (Aclaración 9ª, p. *); b) La frase El cual está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén, que aparece en todos los manuscritos inmediatamente unido a “Cristo según la carne” y que a primera vista parece declarar que Cristo es el Dios bendito por los siglos. Sin embargo, la mayoría de los comentaristas se inclina a pensar que Pablo refiere aquí con esta fórmula a Dios Padre, y no al Mesías Jesús. El sentido sería, pues: …de ellos procede el Cristo en cuanto a su origen natural (pausa en el dictado). // ¡Dios es el dueño de todo! ¡Bendito sea por los siglos! ¡Amén! Por tanto, Pablo no llama Dios, sin matiz alguno además, al Jesús resucitado. Una interpretación diferente a esta sería contradictoria con los múltiples textos en los que Pablo afirma la subordinación del hijo al Padre (Aclaración 16ª, p. *).
 
Y otro lector había ya comentado lo siguiente:
 
En su excelente “Guía para entender a Pablo”, usted se inclina por interpretar Romanos 9, 5 como una doxología dirigida a Dios Padre, en lugar de a Jesús. Me parece que esto encaja con la época temprana en la que fue escrita la carta, y con el pensamiento general de Pablo (a diferencia de otros versículos del Nuevo Testamento que son de una época posterior, con una cristología más desarrollada y elevada). Sin embargo, hay algunos cabos que no termino de atar en cuanto a dicho versículo, y que requieren de una conocimiento del griego bíblico que pocos tienen como usted. Se trata de unos argumentacios de Bruce M. Metzger.
 
Si la doxología se dirige al Padre, ¿por qué Pablo yuxtapone “ho cristos to kata sarka” y “ho ôn”? Metzger considera antinatural el cambio de sujeto, y afirma que la partícula “ôn” resultaría en ese caso superflua.
 
Por otro lado, las doxologías paulinas no son nunca asindéticas sino que siempre se adhieren a lo que precede, según indica Metzger, que añade que además en las doxologías asindéticas del Antiguo Testamento el verbo o el adjetivo verbal preceden al nombre Dios (“Bendito sea…”), nunca lo siguen.
 
Si la doxología es a Dios Padre -aceptando que por la época de escritura, y por el pensamiento de Pablo en su conjunto, sería probable-, esa construcción gramatical un tanto extraña, ¿podría explicarse por el estilo de Pablo, o por su práctica de dictar a un escriba? ¿O habría alguna otra respuesta a los argumentos de Metzger? Muchas gracias
 
Ulterior respuesta:
 
Los argumentos de B. M. Metzger son muy serios, son estadísticos y son difíciles de rebatir. El griego es así normalmente. Tanto que muchos exegetas consideran que Pablo llama Dios a Jesús Cristo efectivamente. Mi idea es que si esta frase estuviera sola y aislada no habría duda de que Pablo piensa en el Cristo como Dios sin más. Pero no es posible por el conjunto de sus cartas y por otras frases en que demuestra que el único Dios es el Padre (consúltese la citada “Guía”).   
 
Entonces, pienso que la única solución es la conjetura de Schlichting que figura en el aparato crítico y que supone un pequeño lapsus del escriba o del editor del siglo II, que no fue corregido porque en esos momentos ya se podía pensar en una cristología mucho más elevada que la de Pablo de cien años antes.   
 
El texto griego dice: katà sárka ‘o ’on epì pánton theós eulogetós   “según la carne que es sobre todas las cosas Dios bendito”    
El texto griego debe decir: katà sárka ‘ôn ‘o epì pánton theós eulogetóss   “Según la carne de los cuales el Dios sobre todas las cosas sea bendito”.    El cambio es mínimo; cambiar una posición de ’on y mudar el espíritu de suave a aspirado: ‘ôn ‘o.    Este mínimo cambio (= mínimo error del escriba) lo soluciona todo.
Una par de noticias:
 
En la Facultad de Filología. Universidad Complutense de Madrid
Aula A 12 Horario: 10.30-13.30
14 Enero 2019, lunes: conferencias
 
10.30:
–Antonio Piñero (Cat. Filol. Neotestamentaria, UCM):
 
Desde el Jesús de la historia al Cristo celestial de Pablo de Tarso.
 
–Javier Alonso (Inst. Empresa, Filol. Hebrea):
 
El dress-code de Jesús de Nazaret.
 
–Eugenio Gómez Segura (Dr. Filol. Griega, UCM):
 
La narración de la Pasión de Jesús y sus modelos literarios.
Entrada libre
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Entrevista de Jesús Bastante a Antonio Piñero en Religión Digital:
 
https://www.periodistadigital.com/religion/libros/2019/01/10/religion-iglesia-libros-evangelio-biblia-aproximacion-al-jesus-historico-trotta-antonio-pinero-jesus-existio-tuvo-cuatro-hermanos.shtml
 
 
Domingo, 13 de Enero 2019
Cómo se evita la investigación sobre el Jesús histórico (10-01-2019) (1037)
Escribe Antonio Piñero
 
 Foto: Luke Timothy Johnson


Trato hoy el tema que prometí en mi postal anterior, que va enunciado en el título de esta postal. En los amplios prolegómenos de su obra, “La invención de Jesús de Nazaret”, F. Bermejo aborda este tema resumiendo lo que él previamente había escrito en el libro colectivo “¿Existió Jesús realmente? El Jesús de la historia a debate, que como participante y editor se publicó en 2009 en ¡la editorial Raíces de Madrid.
 
 
En el capítulo 9 de ese libro comentaba F. Bermejo lo que él denominaba un fenómeno curioso y, que en el fondo no le cabía mucho en la cabeza, la tesis confesional de la irrelevancia de la investigación sobre la vida de Jesús, y exponía la argumentación al respecto desde Martin Kähler hasta Luke Timothy Johnson, que era el autor más relevante en esos años.
 
 
En el libro actual resume breve y densamente esos mismos argumentos y responde a ellos con contundencia. Lo mejor, en este caso, es que yo –a mi vez– intente abreviar aún más los temas. Así pues, las razones en contra de la conveniencia de una investigación histórica acerca de Jesús son (p. 73) y sus contrarrazones son las siguientes:
 
 
1. “Diseñar una imagen de Jesús es una tarea irremediablemente subjetiva, pues las fuentes disponibles son testimonios de fe, literatura de propaganda religiosa”, por tanto, no interesadas en la historia. No tienen deseos de ofrecer datos históricos.
 
 
2. “Los Evangelios en sí aportan muy pocos datos” sobre Jesús.
 
 
3. “La historia es una actividad interpretativa que solo permite reconstrucciones con mayor o menor grado de probabilidad, de tal modo que no es posible un acceso al Jesús real”.
 
 
4. “Una investigación imparcial no es posible dada la gran relevancia simbólica y cultural de Jesús”.
 
 
5. “La multiplicidad de imágenes sobre el Jesús histórico en la investigación moderna es una prueba palmaria de su carácter arbitrario”.
 
 
6. “El llamado «Jesús histórico» es del todo irrelevante para la fe cristiana, la cual no halla su legitimidad en la investigación histórica”.
 
 
7. “El estudio del Jesús histórico es contraproducente (para la fe) pues solo sirve para desviar la atención del Cristo presentado por los Evangelios canónicos”.
 
 
A estas razones responde Bermejo:
 
 
1.1 No todas las fuentes sobre Jesús son testimonios de fe. Por ejemplo, el estudio atento del “Testimonio flaviano” (Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos XVIII 63-64) señala que, aun eliminadas las glosas cristianas al texto, este no es neutro ni inofensivo respecto al Jesús, pues el vocabulario empleado al redactar ese pasaje corresponde totalmente en Josefo al usado para describir revoluciones y problemas serios para el pueblo judío en el siglo I. Y, en segundo lugar, Jesús aparece en Flavio Josefo en una lista de personajes que hicieron mucho daño al pueblo judío al proclamar un Reino de Dios o un mesianismo que iba contra los intereses del Imperio. Y ya estos datos sirven, por ejemplo, para situar en una corriente judía de gente religiosa, pero totalmente contraria al Imperio.
 
 
1.2 El que una fuente (por ejemplo, evangélica) tenga sus condicionantes ideológicos no impide en absoluto que pueda contener datos históricos. La tal fuente no queda invalidada toda ella, sino que la investigación, con la debida crítica, es capaz de detectar datos históricos en ella, en especial aquellos que son transmitidos o bien involuntariamente, o bien a pesar de las tendencias teológicas del autor.
 
 
2. Tenemos datos suficientes sobre Jesús de Nazaret, los suficientes como para “formarnos una imagen suficiente de la fisionomía del personaje”.
 
 
3. Toda historia, y en especial la historia antigua no es más que reconstrucción a partir de muchos menos datos que los que desearíamos tener. De cualquier personaje de la época de Jesús, pongamos Octaviano Augusto, necesitamos la labor de reconstrucción, ya que también los datos son escasos y, a veces, igualmente sesgados. Pero no por eso afirmamos que la reconstrucción de la vida, hechos y dichos de Augusto sea inútil o imposible. Y que lo reconstruido acerca de un personaje no signifique que lo tenemos todo entero, o que no es la totalidad de lo que fue ese personaje en la vida real, es algo evidente y digamos que hasta una verdad trivial que para nada vale.
 
 
4. Negar la posibilidad de un acercamiento imparcial a Jesús nace de un apriorismo inaceptable: o bien solo es posible tener simpatía o antipatía por ese personaje; o bien Jesús era un individuo tan maravilloso y singular que no se puede adoptar ante él una postura imparcial. Pero esa singularidad es precisamente lo que hay que probar históricamente.
 
 
5. Es cierto que hay muchas imágenes de Jesús. Pero, en primer lugar, la investigación en bloque, tanto confesional como independiente, rechaza muchas de ellas por inverosímiles o imposibles, o ignorantes respecto a la realidad histórica del Mediterráneo oriental del siglo I, que nos es conocida por numerosísimos estudios.
 
Segundo: La impresión de la multiplicidad de interpretaciones sobre Jesús es un totum revolutum inservible es totalmente engañosa: hay hoy día un cierto consenso entre los historiadores, insisto tanto confesionales como independientes, por ejemplo, en que Jesús fue un “profeta escatológico”; en que murió en la cruz, que fue a la vez un maestro espiritual, que el núcleo de su predicación era la venida del reino de Dios, etc.
 
6. Asumir que la reconstrucción histórica de Jesús de Nazaret es del todo irrelevante para la fe cristiana supone adoptar una actitud que es totalmente ajena a la historia. Es aceptar que una perspectiva cristológica ha de ser determinante en la consideración de Jesús, lo cual en el campo de la historia es totalmente inadmisible.
 
 
7. Que el estudio del Jesús histórico es contraproducente para la fe cristiana no es tampoco argumento alguno válido cuando se está hablando de historia y no de teología.
 
 
Y concluye Bermejo con una frase lapidaria (p. 77): “La tesis de la irrelevancia del estudio histórico de la figura de Jesús es, en perspectiva estrictamente histórica, del todo irrelevante”.
 
 
Con lo cual estoy totalmente de acuerdo.
 
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html
 
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Un par de avisos:
 
 
1. Presentación de mi libro “Aproximación al Jesús histórico” (Trotta, Madrid, 2ª edición 2018), en VIGO, Pontevedra, La Casa del Libro (c/ Rúa Velázquez Moreno, 27), el jueves 17 de enero 2019, a las 19.00 hs., a cargo de D. Jesús Bahíllo, ex parlamentario y ex Presidente del Club Financiero y la Asociación de Empresarios de Vigo, y el autor. Entrada Libre.
 
 
2. Programa de radio: “¿Qué sabemos, históricamente, sobre la infancia de Jesús, sus padres y los Reyes Magos?”
 
 
https://www.ivoox.com/que-sabemos-historicamente-sobre-infancia-jesus-audios-mp3_rf_31235747_1.html
Jueves, 10 de Enero 2019
¿Puede obtenerse para la investigación histórica alguna idea interesante de los argumentos de los mitistas, los negadores de la existencia de Jesús de Nazaret?  (4-01-2019) (1036)
Escribe Antonio Piñero
 
 
Foto: Arthur Drews, el primero que a inicios del siglo XX dio cuerpo serio a la hipótesis de la no existencia histórica de Jesús, recogiendo y renovando argumentos anteriores.
 
 
 
Argumenta F. Bermejo en su libro sobre “La invención de Jesús de Nazaret” que no es totalmente negativa para la investigación la posición de los negacionistas de la historicidad de Jesús. Y aclara que pueden obtenerse de ellas las siguientes ventajas (p. 71):
 
 
1. El carácter forzado y rocambolesco de algunas de las argumentaciones mitistas y la enorme acumulación de hipótesis y conjeturas inverosímiles hacen que la explicación más sencilla de los datos que nos ofrecen los textos es que Jesús de Nazaret existió. O dicho con otras palabras: es más fácil dar cuenta de alguien como Jesús –por supuesto el ser histórico solo recuperable por una reconstrucción crítica de su figura a través de los datos– que los métodos y las razones de quienes se habrían dado a la tarea de crear desde la nada un mito literario absoluto, y tan exitoso que pronto conquistó a muchos judíos piadosos y luego a paganos, ansiosos por la salvación completa del alma.
 
 
2. El impulso negacionista nos hace ser cautos: no se debe defender nada en historia antigua como una certeza absoluta, sino como  estima, de alta, baja o a veces altísima probabilidad.
 
 
3. De nuevo el análisis de sus argumentos conduce a la idea de que a partir de unos datos históricos relativamente escasos,  el personaje Jesús sufrió una profunda transformación, pero no porque Jesús careciera de consistencia histórica, sino “por ser demasiado histórico en el sentido de que su fisonomía original lo circunscribía a unas circunstancias temporales, espaciales e ideológicas muy concretas”, demasiado judías, sobre todo después del fracaso de la Gran Revolución contra Roma, ideas que “muy pronto no casaron bien con la imagen que  sus seguidores necesitaron hacerse de él” (p. 72).
 
 
Estoy de acuerdo con estas perspectivas, que para algunos, al menos semiconscientemente, son tan claras que han conducido a la desestimación teológica, a veces el rechazo puro y duro de la investigación sobre el Jesús histórico. Lo veremos otro día. Y también se verá cómo es conveniente adoptar ante los Evangelios sobre todo una actitud minimalista de aceptación de sus datos, y no maximalista, es decir, la de admitir casi a priori que todo, o casi todo, o que aparece en ellos es histórico. Pero ya sabemos que no es así.
 
 
Y ahora un par de noticias:
 
 
La primera: antes de ayer entregué en Trotta los últimos archivos electrónicos de la tercera, última y exhaustiva revisión, llevada a cabo por Demetrio López Garrido, un profesor jubilado de Instituto de Segunda Enseñanza, especialista en lengua griega, y por Xoan Curráis, catedrático de filosofía de Instituto, especialista en filosofía griega, del próximo libro, el comentario al Nuevo Testamento, histórico crítico y literario (hecho por mí con la ayuda inestimable de Gonzalo Fontana y Josep Montserrat). Tiene casi dos mil folios. Creo que una vez impreso se reducirán a unas 1.700 páginas. En esta edición de los libros más antiguos del cristianismo, el Nuevo Testamento, todos ellos se han traducido de nuevo, teniendo en cuenta también traducciones anteriores, a partir de la edición 28 del texto griego  de Nestle-Aland, del 2012, que tiene más variantes de lo que parece sobre las dos ediciones anteriores.  En concreto en los Evangelios, aunque con sumo respeto, no se han ahorrado las discusiones sobre el valor histórico de las diversas secciones. En la mayoría de los casos se exponen diversos puntos de vista (católicos; protestantes; independientes) sobre la historicidad del dicho o hecho concreto de Jesús, de modo que el lector pueda escoger lo que crea más acertado… y todo con argumentos.
 
 
Me han preguntado muchas veces cuándo verá la luz este libro. Mi respuesta: a lo largo del 2019. La maquetación de esta obra es compleja, por los diversos tipos de letra, cursivas, sangrados, etc. Cuando la editorial Trotta lo estime conveniente saldrá al mercado. Y se hará todo el esfuerzo posible para que el libro no sea caro. Los autores hemos reducido ya nuestras regalías o “derechos de autor” con esa intención.
 
 
Y segunda noticia: en diciembre 2018 salió la segunda edición de mi último libro “Aproximación al Jesús histórico” (Madrid, Trotta sep. 2018) al cabo solo de tres meses. Hay una presentación de él, a modo de entrevista, en “Religión Digital”, sección de vídeos). A mí no me había ocurrido esto nunca antes. Y en la historia de la Editorial también es raro.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
 
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html
Viernes, 4 de Enero 2019


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





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