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ECONOMÍA: Joaquín Guzmán

Bitácora


El modelo chino establece la compatibilidad entre un régimen comunista y una economía de mercado altamente competitiva y dinámica. La reflexión neoliberal en general considera que las libertades políticas son inseparables de la libertad económica, y en la primera parte del artículo se analiza la viabilidad a largo plazo del comunismo chino. En una segunda parte se establece desde un punto de vista prospectivo el posible efecto de la expansión económica china sobre las relaciones políticas y económicas internacionales especialmente en Asia y el Pacífico. Las conclusiones contemplan las consecuencias estratégicas para Europa de estas consideraciones de prospectiva china: China apenas tiene interés por la Unión Europea, que no dispone ni de energía, ni de materias primas, y cuya tecnología, puntualmente muy válida, es menos relevante que la de Japón y Estados Unidos. Por Emilio Fontela y Maribel Pérez.



En pocos años, la economía china está adquiriendo rango de gran potencia mundial. Las tasas de crecimiento del PIB se mantienen en torno al 10% anual (9,9% en 2005), lo que implica un extraordinario esfuerzo inversor.

El fenómeno ha sido objeto de numerosos estudios (véase en particular Cano Martínez, 2005) que indican específicamente:

• El poder motor que ejercen la exportación y el excedente comercial, o sea la aplicación de un modelo de desarrollo con multiplicadores de renta tirados por la demanda externa (multiplicadores de Mach-lup).
• La existencia de una oferta de trabajo con salarios de subsistencia, cuya abundancia ralentiza una posible espiral precios-salarios estimulada por la presión de la demanda.
• Una poderosa dinámica empresarial estimulada por un liberalismo económico que deja un amplio margen para el funcionamiento de los mercados de bienes y servicios.

Esta transformación de la economía china ha modificado profundamente las relaciones económicas internacionales:

• Por una parte, ha creado una escasez de energía y de materias primas a nivel mundial, con consecuencias alcistas y de inestabilidad de precios (entre 2002 y 2006 el precio del petróleo se ha triplicado, pero también lo han hecho los precios del cobre y del zinc) que afec-tan el equilibrio económico de los países industriales más avanza-dos, y las condiciones de vida en los países más pobres del planeta.
• Por otra parte, ha incitado importantes movimientos de inversiones extranjeras directas en China, en general para aprovechar el dinamismo de la demanda interior, pero también para reorganizar la estructura productiva de empresas globales que se han deslocalizado en dirección a China para aprovechar el bajo coste del trabajo.
• Finalmente, con sus exportaciones a bajo precio de productos manufacturados tradicionales (confección textil, calzado, juguetería, etc.). China ha inducido reestructuraciones productivas importantes en los países industriales (y en los países en vías de desarrollo que intenta-ban desarrollar estrategias exportadoras similares).

Efectos positivos

Sin duda los efectos netos de esta creación de riqueza en China son positivos para la economía mundial que está creciendo a tasas cercanas al 5% anual, tasas que eran poco frecuentes durante las últimas décadas en las que la ralentización de la OCDE había llevado a tasas de crecimiento del PIB mundial inferiores al 3% anual.

Este estímulo no está afectando a to-dos los países por igual, y algunos están viéndose obligados a absorber efectos macroeconómicos negativos para sus economías, mientras que otros están aprovechando el efecto expansivo de la economía china.

Entre los beneficiados, están indudablemente los países del entorno in-mediato de China en Asia, en función de una integración comercial que ha hecho que el comercio entre el sureste asiático (ASEAN), Corea, Japón y China haya pasado del 2,2% del comercio mundial en 1985 al 6,5% actual.

Es así como la situación económica de Japón, después de un largo período de estancamiento, está resurgiendo en gran medida a partir de sus exportaciones de productos tecnológicamente avanzados a China. El crecimiento de las inversiones productivas en el territorio chino aumenta las necesidades de importaciones de bienes de equipo y de tecnología que encuentran en Japón los mejores suministros y servicios de apoyo.

También se intensifica la demanda china de bienes intermedios realizados con tecnologías avanzadas que vienen de Japón, o de algunos productores de Corea del Sur, Singapur y hasta de los nuevos polos de Filipinas, Malasia y Tailandia, que habían iniciado antes su industrialización basándose en el bajo coste de la mano de obra, y han transformado su base productiva a medida que aumentaban los salarios y el nivel de cualificación de los trabajadores.

Las grandes empresas de Japón y del Sureste asiático son las que han iniciado el movimiento de deslocalización productiva hacía China, una evolución que han seguido Estados Unidos y posteriormente, la Unión Europea.

Diferentes razones

A título de ejemplo del atractivo que ofrece China para sus vecinos, en enero del 2004 el Fortune China Monthly taiwanés señalaba que, a pesar de la tensión política permanente entre China y Taiwán, 68.000 empresas taiwanesas estaban ya implantadas en China continental, con frecuencia en colaboración con empresas japonesas. Entre los beneficiados por la expansión de China también se encuentran los Estados Unidos, por diferentes razones:

• La reestructuración productiva americana con el abandono progresivo de las manufacturas tradicionales, ya se había producido en gran medida, y la irrupción de los productos chinos en el mercado americano, apoyada por el poderoso sector de la distribución, se hace en buena parte en detrimento de otros suministradores externos, como es el caso de México.
• Los excedentes de las balanzas de transacciones corrientes de China y de Japón se invierten en bonos del tesoro que financian conjunta-mente el déficit público y el déficit externo americano, y facilitan el rápido crecimiento de la inversión y del consumo en Estados Unidos.
• Como Japón, Estados Unidos encuentra un excelente mercado en China para sus productos tecnológicamente más avanzados de sectores estratégicos como la aeronáutica o las centrales nucleares.

Desplazamiento económico

En conjunto, a principios del siglo XXI, se está confirmando un desplazamiento del centro económico del Atlántico al Pacífico, centro situado en la órbita del dólar con el que el yuan chino mantiene una estrecha vinculación.

A pesar de la introducción reciente de medidas de flexibilización, el yuan mantiene un cambio prácticamente fijo con el dólar; el nivel no corresponde a la paridad del poder de compra, hasta el punto que con 100 $ se pueden comprar entre un 30% y un 40% más de bienes y servicios en China que en EE.UU.

Esto hace que los salarios reales sean muy superiores a los nominales y que, en general, la competitividad-precio de la producción china sea inmejorable; algo similar pasaba en Japón en los años cincuenta, cuando las exportaciones y las rentas también crecían a ritmos anuales del 10%.

Para evitar tensiones intolerables sobre el yuan, el Gobierno chino compra dóla-res masivamente, lo que contribuye a mantener el valor del dólar a pesar del déficit en transacciones corrientes de EE. UU.; al mismo tiempo se practica un riguroso control de cambios que impide la entrada de capitales especulativos (el yuan es convertible únicamente para transacciones comerciales).

Bretón Woods II del Pacífico

El sistema (algunos hablan de un Bretton Woods II del Pacífico) permite mantener la demanda americana, las exportaciones chinas, y el creci-miento productivo. Desde un punto de vista microeconómico, lo que hacen las autoridades monetarias chinas, o sea, invertir en dólares con baja rentabilidad financiera y con un importante riesgo cambiario, no tiene mucho sentido, pero desde un punto de vista macroeconómico la operación es un éxito; en un país comunista como China, la macroeconomía es como una gran empresa nacional, y su funcionamiento real es más importante que su funcionamiento financiero.

Los intereses conjuntos de China y de Japón por el mantenimiento del valor del dólar, moneda en la que han depositado sus reservas con toda confianza, hacen que la preservación de la estabilidad monetaria se imponga en la región. En la economía real, como en la economía monetaria y financiera, los intereses de los países del Pacífico apoyan unos mecanismos de crecimiento y de estabilidad que en cierta medida marginan al resto del mundo, reducido a la dimensión principal de suministrador de materias primas y de mercado para los productos manufacturados, lo que constituye una versión moderna del modelo económico de la colonización.

La Unión Europea, cuna de la primera globalización colonial, sólo interviene de manera puntual en esta globalización centrada en el Pacífico y dictada por el modelo chino y por su conexión con Japón y Estados Unidos. Desprovista de energía y de materias primas, Europa es un mercado para China, y aunque pueden existir (y de hecho existen) relaciones de suministro de bienes y servicios de tecnología, los vínculos que se han establecido en este plano son por el momento menos intensos que con Japón y Estados Unidos.

La evolución del comunismo chino

El aspecto más sorprendente del milagro chino radica ciertamente en el aspecto híbrido de su sistema económico que amalgama un régimen colectivista comunista con una economía liberal de mercado. El éxito de este sis-tema contradice la idea generalmente compartida por los economistas occidentales de que una economía de mercado lleva consigo un régimen político democrático; una contradicción similar desde esta sabiduría convencional de la economía, se verificó en Chile bajo la dictadura de Pino-chet, y se observa en la actualidad en Vietnam, otro país comunista que adoptó en 1986 la economía de mercado.

La experiencia china, iniciada en 1978 tras la muerte de Mao ha adquirido solidez con el paso de los años, pero a pesar de ello cabe preguntarse si la asociación comunismo-libertad de mercado es o no verdaderamente contradictoria y si China no tendrá que atravesar un periodo de democratización de carácter rupturista o evolutivo durante los próximos años.

La primera observación que se puede hacer es que el régimen comunista chino está bien consolidado, y ejerce una autoridad sobre la población que es considerada legítima, y que sin duda se ha visto reforzada por la progresión de las libertadas económicas y de las rentas. El modelo de crecimiento, aunque genera grandes transformaciones de la distribución de la renta, no parece crear tensiones sociales opuestas al régimen comunista.

Es probable que esta aceptación del orden mayoritario tenga en el fon-do raíces culturales difícilmente interpretables en la civilización judeo-cristiana: el taoísmo, el budismo y el confucianismo dictan una moral pragmática; en el mundo oriental la visión del mundo se apoya en la búsqueda de la armonía entre la realización personal y el interés común, y se fundamenta en el consenso como factor de paz y de prosperidad.

La influencia del pensamiento de Confucio es especialmente relevante en el comunismo chino desarrollado en el Libro Rojo de Mao. El confucianismo es una doctrina moral política fundada en la idea de que el príncipe tiene por misión moralizar al pueblo por medio de los ritos. La ética confuciana pone como primero de los deberes ciudadanos la fidelidad a la tradición, y esta tradición encuentra su justificación en sí misma, no en las especulaciones religiosas ni metafísicas.

Talón de Aquiles

En Oriente, el poder adquiere su legitimidad mediante su capacidad de creación de consenso, y esto sin duda favorece el desarrollo de sistemas políticos muy cohesionados y que requieren una adhesión profunda de sus integrantes. El partido único, si no comete errores en forma de injusticias manifiestas que rompan el consenso social, puede favorecer el proceso de adhesión, y recibir el respeto legitimador de la población.

Los dirigentes chinos actuales deben saber que su principal talón de Aquiles se sitúa en el ámbito de la corrupción, del abuso de poder y de la injusticia, y tiene por tanto aspectos de rechazo social masivo que suelen implicar actitudes revolucionarias; una transición evolutiva hacia fórmulas democráticas pluripartidistas que rompan la armonía del consenso para crear corrientes de oposición parece poco probable en el contexto general chino, mientras siguen teniendo mayor probabilidad las revoluciones culturales que marquen eventuales crisis de confianza en el funcionamiento del partido comunista.

Siguiendo la línea del consenso, el partido comunista chino ha sabido integrar a las empresas, especialmente a partir del XVI Congreso de noviembre 2002, abriendo así el partido a los agentes económicos y reduciendo el peso relativo del elitismo ideológico leninista más tradicional a favor de un elitismo más pragmático.

La nueva élite económica y financiera privada se incorpora así, formalmente al proceso de consenso evitando la formación de estructuras paralelas de poder económico que podían haberse separado del orden comunista. De esta manera las directrices del partido consiguen una influencia directa sobre las empresas privadas, ya que los empresarios se sienten estimulados para aunar beneficios y resultados sociales que les permitan progresar en la estructura política.

Cuando estos empresarios privados invierten en zonas atrasadas de Mongolia, sus decisiones reciben el apoyo del reconocimiento político de su esfuerzo por el reequilibrio económico del territorio chino (política adoptada para compensar la creciente concentración de riqueza en el litoral y ralentizar los movimientos migratorios hacia el este), (Delalande, 2005).

Debate ideológico

La integración de los «empresarios capitalistas» en el «comunismo popular» ha implicado un debate ideológico en el que acabó imponiendo su autoridad el secretario general de partido Jiang Zemin en el XVI Congreso del partido en noviembre de 2002.

Jiang había promovido a partir de 2000, la revisión profunda del comunismo marxista de la lucha de clases con su principio de «Las Tres Representaciones» necesarias en el partido comunista para modernizar la nación:

• La representación de las demandas de las fuerzas sociales productivas avanzadas.
• La dirección de la cultura avanzada.
• El interés fundamental de la mayoría popular.

Con las Tres Representaciones el interés común incluía la dinámica in-novadora (producción y cultura avanzada), y Jiang abanderaba esta fuerza del cambio afirmando en 2001 que «en términos de teoría, el marxismo se desarrolla en el tiempo» y que las Tres Representaciones eran el resultado de la evolución natural del marxismo-leninismo, del Pensamiento de Mao y de la Teoría de Deng Xiaoping.

Tres representaciones

La incorporación de los empresarios a la élite del partido podía sin embargo romper el consenso por el posible rechazo por parte de los trabajado-res con salarios de subsistencia, y pronto surgió un movimiento crítico en el que Internet ha empezado a jugar un importante papel (Holbig, 2006).

Por ello la reinterpretación que hace ahora Hu Jintao de las Tres Representaciones es de corte populista, y aporta contenidos sociales nuevos en for-ma de preocupación por el desarrollo sostenible y el equilibrio territorial. Así en febrero de 2005, Hu definió la «sociedad armónica socialista» como finalidad de un partido comunista que ha aprendido a controlar su evolución en función de las nuevas realidades de la economía «socialista» de mercado, y que ha querido olvidar el conflicto y la lucha de clases a favor del consenso y la dinámica competitiva.

En su evolución natural a partir de Deng Xiaoping el partido comunista chino ha dejado de ser comunista, aunque sigue siendo un partido único con poderes dictatoriales elitistas, cuya viabilidad depende de la capacidad que tengan las élites de interpretar el consenso popular. Éste es el mensaje de las Tres Representaciones y su futuro depende del comportamiento moral de las nuevas élites capitalistas integradas en el partido: si lo corrompen introduciendo en el partido la lógica del interés individual que practican diariamente en el mercado competitivo y transforman al partido en un nuevo instrumento para obtener riqueza, el consenso se puede romper en cualquier momento.

Por eso, el futuro del «comunismo» chino depende esencialmente del debate entre el interés común y el interés individual en el seno del partido, y en este debate ejercerá un papel primordial la fuerza de la ideología socialista de sus principales dirigentes. Hu lo ha comprendido así, y de ahí la importancia de su apuesta por la armonía y la sostenibilidad (con sus tres patas económica, social y ambiental): el capitalismo «sostenible» es un componente del socialismo «armónico».

Sin duda el sistema político chino rechaza el pluralismo ideológico característico de los sistemas democráticos occidentales, pero todo parece indicar que por el momento ha encontrado en la economía de mercado una vía de conciliación entre interés común e interés individual, y que el parti-do político que la apoya está profundamente enraizado en una tradición cultural milenaria. La probabilidad de un cambio político radical en China es baja, y esencialmente va a depender del talante moral de sus dirigentes.

La estrategia exterior de china

El gobierno de la República Popular de China está desarrollando una estrategia internacional acorde con su creciente poder económico. Aunque a tasa de cambio de mercado la economía china produce el 4% del PIB mundial, cuando la comparación se establece en términos de paridades de poder de compra (una comparación más realista en un país de moneda fuertemente subvalorada), este porcentaje ya se acerca al 12%, y aumenta rápidamente.

En este sentido, también se debe tener en cuenta que aunque se prevé una desaceleración en su crecimiento económico a un 4,16% en el periodo 2020-2030; se espera que la economía China para 2030 represente el 16% del PIB mundial, siete puntos más que en 2000 (Kousnetzoff, 2001).

Por el momento los intereses económicos condicionan la aceptación por parte de China de la hegemonía americana, pero existen tendencias que apuntan hacia un posicionamiento más independiente en un mundo multi-polar. En este sentido, en el Washington Post del 13 de junio de 2005, Henry Kissinger afirmaba que «la subida de China y de Asia provocará una restructuración profunda del sistema internacional en el curso de las próximas décadas».

Las tres principales tendencias relevantes para el escenario chino de la multipolarización son: la vinculación con Rusia (Perelman, 2005), el acercamiento con el sur y el este de Asia (Lamballe, 2005) y el posicionamiento en relación con los países suministradores de energía y de materias primas.

El nuevo eje asiático entre China y Rusia

La visita de Hu Jintao a Moscú hace ahora un año tuvo más contenido del que se le atribuyó en su momento. La declaración de que Rusia apoyaría el desarrollo económico del oeste de China, y de que, por su parte, China contribuiría a la explotación de Siberia y la parte más oriental de Rusia, se está plasmando día a día en una realidad. La electricidad siberiana ya está llegando a China y se ha iniciado la construcción de una línea de alta ten-sión de 2.600 Km desde Irkutz.

El ferrocarril transporta este año 15 millo-nes de toneladas de petróleo al corazón de China, en espera de que se construya el oleoducto siberiano de Angarsk. El suministro de gas natural también forma parte de los acuerdos entre Gazprom y la compañía de petróleos de China. El acercamiento económico entre Rusia y China también tiene otros aspectos militares y estratégicos. Rusia es el principal suministrador de armamentos para la República popular de China: misiles y avio-nes, submarinos y navíos rusos, contribuyen a la potencia militar China.

Las maniobras conjuntas que tuvieron lugar en el noreste de China en agosto de 2005 confirmaron la estrecha colaboración que existe entre ambos ejércitos y su disposición a actuar juntos contra «el extremismo el terrorismo y el separatismo». Las maniobras incluyen operaciones aire-mar y tierra que en algunos casos simulaban un posible desembarco (¿Taiwán?) o una ocupación rápida (¿Corea del Norte?). Sin ser amenazadoras las maniobras han dejado bien claro que los dos países comparten objetivos de estabilidad territorial y se quieren presentar como una alternativa a la hegemonía americana en el ámbito de la seguridad en Asia.

Putin y Hu declararon conjuntamente al término de la reunión de Mos-cú que «la tarea más importante que tenemos en el siglo XXI es el mantenimiento de la paz, la estabilidad y la seguridad para todos» reclamando para ello un orden internacional multipolar. La estrategia de Putin es bastante explícita desde su llegada al poder; quiere que Rusia actúe como una potencia euroasiática. La estrategia de Hu es esencialmente pragmática; quiere que China aproveche los recursos naturales y tecnológicos de su mayor vecino.

La estrategia del collar de perlas

Algunos estudios del Pentágono se refieren a la estrategia del collar de perlas al referirse a la creciente y diversificada presencia china en el sur de Asia, con bases militares y centros económicos bien distribuidos por el li-toral asiático. Las primeras «perlas» se sitúan en Birmania, país con el que China mantiene una estrecha relación militar que le permite disponer de bases navales en el golfo de Bengala, y de importantes instalaciones logís-ticas, como el oleoducto Sittwe-Kunming (Perelman, 2005).

El poderío naval chino se está reforzando con nuevas bases en Bangla-desh (Chittagong) y en Camboya (Sihanoukville), y China empieza a estar presente en el Mar de Omán con el desarrollo del puerto paquistaní de Gwadar, a penas a 400 Km del estrecho de Ormuz, el principal punto estra-tégico para el transporte marítimo de petróleo. Importantes capitales chi-nos están financiando en Gwadar la construcción de un gran puerto y de una autopista Gwadar-Saindak, zona con la que China ya mantiene una in-tensa actividad comercial.

La «perla» de Gwadar asegurará una presencia china naval y aérea en el corazón de la economía petrolera, y facilitará la llegada del petróleo a la región occidental del Xinjiang. Los acuerdos de transportes entre China y Pakistán se están multiplicando, y China está participando en la construcción del segundo tramo de la central nuclear de Chasma, y en varias explotaciones mineras.

Fuerza naval

Todo parece indicar que China está desarrollando una estrategia regional asiática apoyada en Birmania y Pakistán y basada en la fuerza naval, siguiendo la tradición de los grandes imperios. El tema estratégico central en el sur de Asia se refiere, sin embargo, a las relaciones de China con el otro gran poder emergente: la India.

Si China ha firmado con Pakistán un «tratado de amistad, cooperación y de buena vecindad», el más reciente tratado con la India se refiere a «una cooperación estratégica, por la paz y la prosperidad» y tiene mayor peso político. Los conflictos de fronteras en-tre los dos grandes países persisten, pero el acuerdo establece las bases pa-ra una solución definitiva basada en una transformación en frontera de jure de la frontera de facto (línea de control actual).

El punto de partida de la nueva cooperación entre China y la India es el desarrollo de los intercambios comerciales que han pasado de un total de menos de 700 millones de dólares en 2000 a más de 13.000 millones en 2004, y ya se está investigando la posibilidad de establecer un acuerdo de libre comercio (Lamballe, 2005); también se está iniciando una coopera-ción en el importante tema para la India de la gestión del agua fluvial (los grandes ríos del sur de Asia tienen su origen en el Tibet).

Finalmente es importante señalar el interés demostrado por China en participar en todos los foros económicos y militares que existen en el sur de Asia, incluyendo su demanda de adhesión a la Asociación para la Cooperación Regional en el Sur de Asia (SAARC). Si la cooperación entre China y la India se consolida institucionalmente, el siglo XXI se anuncia como el siglo de Asia.

China en la globalización

Más allá de su presencia en Asia, China (a veces con la colaboración de la India) ha iniciado un posicionamiento más amplio a escala mundial bus-cando fórmulas que aseguren sus futuros suministros de energía y recursos minerales, y ha buscado apoyos en algunos países en vías de desarrollo africanos (por ejemplo, en Angola para la extracción de petróleo) o latinoamericanos (las relaciones de China con Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia y Cuba son cada día más intensas en el campo del petróleo y de las grandes infraestructuras).

Los excedentes de la balanza de transacciones corrientes de la República Popular de China, que en su mayoría se colocan en Bonos del Tesoro americanos, mantienen una abundante liquidez para inversiones en activos reales en el mundo, y el Gobierno, junto con las grandes empresas del «capitalismo socialista», están aprovechando esta posibilidad para establecer vínculos más estrechos con países que, en cierto sentido, se han quedado aislados de una globalización centrada en los países industriales avanza-dos. Para Irán, Venezuela, Bolivia o Cuba la fuerza económica de China, su presencia permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, su apuesta por un mundo multipolar, son poderosamente atractivas.

La tendencia a un posicionamiento chino en países insatisfechos con el orden internacional actual y en particular con la hegemonía americana, es por el momento embrionaria, pero se inscribe de manera bastante lógica en la dinámica de la política exterior china.

La UE y China

El análisis anterior señala indirectamente el escaso interés de China por la Unión Europea, que no dispone ni de energía, ni de materias primas, y cuya tecnología, puntualmente muy válida, es menos relevante que la de Japón y Estados Unidos. La Unión Europea es un mercado para China y la presencia en la OMC es la mejor garantía para el acceso a este mercado.

Lo mismo podría decirse de la posición europea en relación con China, pero en estos momentos la dinámica exportadora e inversora internacional de la UE es muy inferior a la dinámica China. Europa debe tener presente que China se ha convertido en una plataforma de exportación para las empresas multinacionales (Gaulliers et al., 2006).

Es urgente adaptarse a esta nueva realidad, y prepararse para aprovechar las oportunidades que genera. Porque si China ya es en estos momentos el polo más dinámico del planeta, el contagio de este dinamismo a la Rusia asiática, puede despertar a la Rusia europea. Para la UE, la puerta de Asia empieza a abrirse por su frente oriental, lejos, muy lejos de la península Ibérica. Aunque nada es imposible para el espíritu de empresa.




BIBLIOGRAFÍA

CANO MARTÍNEZ, David, (2005). «Análisis económico de China y de su modelo de crecimiento ¿es sostenible?». Revista Valenciana de Estu-dios Autonómicos, pp. 113-198.

BUSTELO, Pablo, (2005). China 2006-2010 ¿hacia una nueva pauta de de-sarrollo?. Análisis del Real Instituto Elcano. Vol. 127, pp. 1-5.

(2005). «China en la economía mundial: fortalezas, debilidades y perspec-tivas». Cuadernos de Información Económica (FUNCAS), núm. 186, (mayo-junio), pp. 74-81.

DELALANDE, Philippe, (2005). «Communisme d’Asie et économie de marché». Futuribles. Vol. 311, pp. 57-66.

GAULLIERS, Guillaume, Françoise LEMOINE y Deniz ÜNAL-KESENCI, (2006). China’s Emergence and the Reorganization of Trade Flows in Asia, CEPII. Working Paper, núm. 05.
HOLBIG, Heike, (2006). Idelological Reform and political Legitimacy in China: Challenges in the Post-Jiang Era, IGA Working Papers (18, March 2006), Leibniz-Institut für Globale und Regionale Studien. Hamburg; http://www.giga-hamburg.de/workingpapers.

KOUSNETZOFF, Nina, (2001). Croissance économique mundiales: un scé-nario de référence à l’horizon 2030, CEPII. Working Paper, núm. 21.

LAMBALLE, Alain, (2006). «Offensives chinoises en Asie du Sud». Futuri-bles. Vol. 318, pp. 53-62.

PERELMAN, Remi, (2005). «Vers un monde multipolaire». Futuribles. Vol. 314, pp. 37-52.

Miércoles, 7 de Febrero 2007


Emilio Fontela | Comentarios

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Editado por
Ardiel Martinez
Catedrático de Economía Aplicada (Universidad de Sevilla), Joaquín Guzmán Cuevas es autor y/o coautor de 15 libros sobre Sistema Financiero, Pymes, Economía Andaluza, Economía Española, Economía Mundial y Economía-Etica, así como autor de más de 30 artículos científicos en revistas nacionales e internacionales. Ha impartido docencia en las universidades de Sevilla, Huelva, Jaén, Nebrija (Madrid), Complutense (Madrid), Florencia (Italia), Nottingham (Reino Unido), Atenas (Grecia), Brno (Rep. Checa), Aquisgrán (Alemania), además de en otros foros académicos-empresarial y universidades de verano. Secretario General de la Sociedad de Economía Mundial (SEM), es Miembro del Comité Editor de la Revista de Economía Mundial, de la Revista de Estudios Andaluces y de la Internacional Entrepreneurship and Management Journal (Springer). Joaquin Guzmán murió debido a una cruel enfermedad el 25 de agosto de 2012. Con nuestra gratitud y respeto.


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