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Blog de Tendencias21 sobre el Antiguo Egipto

Artículos y comunicaciones

Jueves, 25 de Diciembre 2008 - 11:50

La invención de un sistema de escritura siempre se ha considerado como la evidencia del nacimiento de una cultura. La Historia, con mayúscula, para poder tomar cuerpo, requirió que las tradiciones orales de las comunidades fueran recogidas en soportes materiales que garantizasen su pervivencia a través de los siglos, codificando el acervo de la experiencia colectiva para su entrega a los descendientes, en una rueda de cesiones sucesivas para las que normalmente no se concebía un término final.


Recipientes egipcios para tinta. Museo del Louvre. Foto IEAE
Recipientes egipcios para tinta. Museo del Louvre. Foto IEAE
Por estas razones, entre otras muchas, los pueblos que ‘inventaron’ los primeros sistemas de escritura de la humanidad siempre tuvieron, a los ojos de la posteridad, un alto prestigio, sensación que todavía nos alcanza cuando nos acercamos al estudio de las lenguas escritas antiguas.

Los egipcios crearon su sistema de escritura en un momento muy temprano, si consideramos su contexto sincrónico con otras culturas del Próximo Oriente. Esta circunstancia se puede ubicar a partir de la segunda mitad del cuarto milenio antes de Cristo. De hecho, todo indica que la escritura egipcia, junto con la sumeria, pudiera haber sido la más antigua del mundo.

La invención de la escritura nació aparentemente al amparo de las necesidades administrativas de las sociedades primitivas en su construcción de lo que podríamos llamar las ‘paleoestructuras estatales’. En concreto, la práctica de establecer marcas y elaborar registros e inventarios.

Los primeros rastros del egipcio escrito y del sumerio escrito pueden datarse hacia el 3.300-3.250 antes de Cristo y consisten en marcas de ceramistas sobre jarras, inscripciones en placas de marfil o hueso que recogen nombres reales, o anotaciones hechas sobre pequeñas tabletas de arcilla que se sujetaban, utilizadas como etiquetas, a los objetos a los que designaban.

Para obtener una referencia fácilmente entendible de lo que, dentro del proceso civilizador universal, pudo suponer la creación de la escritura egipcia, basta pensar que, por ejemplo, la escritura china tomó cuerpo alrededor de algo más de un milenio y medio después que la egipcia, hacia el 1.500 antes de Cristo.

Lo más curioso del fenómeno creador de la escritura jeroglífica egipcia es que surgió de una manera completamente formada y definida, tal como permanecería durante los tres mil años siguientes de un modo prácticamente inalterable. Durante este largo lapso de tiempo el sistema de la escritura jeroglífica, y su expresión cursiva, la escritura hierática, estuvieron presentes sobre todo tipo de monumentos y objetos. La escritura en Egipto configuró de manera decisiva, si cabe más que en otras civilizaciones antiguas, la estructura de la sociedad.

Desde la época tinita (hacia el 3.300 a C.) esa sociedad se organizó en una suerte de pirámide en cuya cima se encontraba el rey. Bajo el soberano, sus hijos, hermanos y familiares, más o menos cercanos, engrosaron las filas de la organización administrativa del país del Nilo en todos sus aspectos: el religioso, el político y el militar.

La supervivencia de este sistema requería la existencia de un verdadero ejército de gentes letradas, de escribas dedicados a colaborar con el cumplimiento del ‘benéfico mandato del Horus sobre la tierra’ (el rey), para que la obra creadora de los dioses cosmogónicos se mantuviera intacta.

De este modo, todo cuanto ordenase el rey debía ser recogido por escrito y ser cumplido. Era preciso mantener en buenas condiciones los diques de los canales para administrar adecuadamente la crecida del río Nilo. Lo era también controlar las superficies de los terrenos cultivables por medio de la agrimensura, para poder fijar de antemano la cantidad de grano que se produciría y, en consecuencia, las cantidades que habrían de ser entregadas al tesoro de la corona, o a los templos.

Era necesario conocer el número de hombres que debían ser reclutados para acometer las obras de construcción a favor del rey, o de los dioses y, consecuentemente, saber cuantas raciones de alimentos y de bebida serían necesarias para sostener tales equipos de trabajadores.

Había que dar culto a los dioses para estar seguros de que su presencia sobre la tierra de Egipto estuviera garantizada y, a tal fin, era preciso recoger sobre papiro, o sobre los muros de los templos las fórmulas del culto y las compilaciones teológicas que describían los distintos sistemas de creación del mundo.

La supervivencia en el más allá, después de la muerte, también formó parte de las preocupaciones básicas de los antiguos egipcios y, en consecuencia, se sintió la necesidad de plasmar por escrito recopilaciones de fórmulas religiosas que habían sido transmitidas por vía oral desde tiempos inmemoriales.

De este modo, la organización de la corte de los primeros soberanos egipcios, especialmente a partir del momento en que se produjo la mítica unificación de las Dos Tierras, el Alto y el Bajo Egipto, implicó el uso de todo un sofisticado sistema de escritura sobre el que descansarían todos y cada uno de los aspectos de esta civilización que tanto nos admira.

Pero, desde otro punto de vista, la escritura sirvió para dividir y separar a la sociedad egipcia, desde sus orígenes, en dos partes netas y bien diferenciadas: las gentes letradas y las gentes iletradas.

Las primeras, conocedoras de un complejo sistema de escritura, podían leer y escribir. Constituían el tejido-sostén de todas las manifestaciones culturales de la sociedad. Eran los escribas que controlaban el país en nombre del faraón y de los dioses.

Esta casta social de gentes letradas era, verdaderamente, la administradora de Egipto. Por sus manos pasaban todas las actividades económicas, religiosas, políticas, y militares. Desde la casa del rey, hasta los almacenes y las obras públicas, todo estaba bajo el control y la organización de la clase dirigente por excelencia de la sociedad egipcia antigua: los escribas.

Las gentes iletradas, por el contrario, formaban parte de la base social dedicada a desarrollar el trabajo físico y, en su conjunto, eran los encargados de ejecutar lo previsto y ordenado por las gentes letradas. Ya fuese en las labores agrícolas y ganaderas, o en el desarrollo de las obras públicas, ellos eran la mano de obra del faraón, controlada por los escribas.

El hombre egipcio fue sensible desde muy pronto a esta división social necesaria, pero no igualmente deseada por todos los que formaban parte de ella.

La primera referencia que conocemos acerca de tal sentimiento es la composición literaria de sabiduría moral y crítica social llamada ‘La instrucción de Dua-Jety’, también conocida como ‘Sátira de los oficios’.

Se trata de un ejemplo del género de las instrucciones o principios de sabiduría (Sebayt) que fue compuesto durante el Imperio Medio (hacia el 1994-1797 a. C.). En ella se pondera la superioridad de la carrera o profesión de escriba, sobre cualquier otra de las existentes en la sociedad egipcia. El mejor y más completo ejemplar de esta obra que se conserva, está recogido en el papiro B.M. 10.182, también llamado ‘Papiro Sallier II’. En realidad se trata de una copia de la obra original, realizada durante la dinastía XIX, más de setecientos años después de la redacción del original.

Que este tipo de instrucciones estuviera permanentemente presente en la mente de los egipcios a lo largo de toda su historia, indica claramente la importancia que, para ellos, tenía el conocimiento de la escritura y de la lectura.

La enseñanza comienza de una manera muy interesante, explicando lo que realmente pensaban los egipcios acerca del asunto:

Un padre viaja con su hijo desde el nordeste del Delta, hacia la Residencia Real, probablemente en la ciudad de Menfis, la capital del norte de Egipto, para hacer ingresar al muchacho en la ‘Escuela Oficial de Escribas’ formados en el palacio real. Durante la navegación , Dua-Jety, ilustrará a su hijo, Pepy, haciéndole comprender las razones existentes para considerar que ser escriba en Egipto, es lo mejor que podía sucederle.

Dice el padre al hijo: ‘…Lee hasta el final del Libro de Kemet; hallarás que dice esto: ‘El escriba, sea cual fuere su oficio en la Residencia (real), no carecerá de nada’. El que ejecuta los deseos de otro no podrá salir satisfecho. Yo no veo otra profesión comparable a la del escriba de la que pueda ser dicha esta máxima. Voy a hacerte amar los libros más de lo que tu puedas amar a tu madre, y a mostrarte sus magnificiencias. Es la más grande de las profesiones. Nada en la tierra es comparable con ella. Apenas el escriba comienza a ser experto, ya se le saluda, aunque sea un niño. Lo envían a ejecutar una tarea y ¡ya no volverá a ponerse el delantal (del trabajador manual)!...’.

Para confirmar aún más la idea según la cual, el egipcio iletrado no podía esperar a lo largo de su vida más que miseria y malos tratos, el padre dice al hijo: ‘…He visto a muchos que han sido golpeados. ¡Pon tu corazón en los libros!. He observado a los que han sido reclutados para el trabajo forzado:¡Mira, nada es superior a los libros: son como un barco sobre el agua!...’.

Resulta, pues, evidente que la organización social egipcia requería y estimaba el desempeño de las funciones del escriba, tanto o más que el trabajo material de los canteros, o el de los labradores, aunque es muy cierto que sin el esforzado sacrificio de los segundos, los primeros nunca habrían tenido la posibilidad de escribir demasiadas cosas…

Sin embargo, lo definitivo es que los escribas fueron los rectores del universo egipcio.


Francisco J. Martín Valentín
Egiptólogo
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

El pasado 14 de noviembre de 2008 se firmó en Luxor (Egipto) un Convenio de colaboración de la Fundación Gaselec de Melilla con el Instituto de Estudios del Antiguo Egipto para cooperar en los trabajos que este último viene desarrollando en la ejecución del proyecto Sen-en-Mut (TT 353), en Deir El Bahari.


Convenio de colaboración entre el Instituto de Estudios del Antiguo Egipto y la Fundación Gaselec de Melilla
La Fundación Gaselec de Melilla, representada por su Vice-Presidente y el Instituto de Estudios del Antiguo Egipto, representado por su Director, han alcanzado un acuerdo de colaboración mutua para el desarrollo de la egiptología en Melilla. A tales efectos se ha firmado el pasado 14 de noviembre de 2008 en la sede de la Misión arqueológica española del IEAE en Luxor occidental, un Convenio para dar apoyo al Proyecto Sen-en-Mut (TT 353).
En un sencillo acto institucional, D. Gustavo Cabanillas y D. Francisco Martín Valentín, representantes de ambas instituciones han formulado votos por la futura colaboración del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto con la Fundación Gaselec, lo que servirá para reforzar la presencia egiptológica de la ciudad de Melilla en el panorama nacional.
La Fundación Gaselec colaborará, a partir del 1 de enero del 2009, en el Proyecto Sen-en-Mut (TT 353), en Deir El Bahari, por medio de apoyo económico y logístico, lo que convierte a esta institución en un modelo pionero y un ejemplo que debería ser imitado por otras instituciones privadas del ámbito de la cultura en nuestro país.

Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Bitácora

Domingo, 23 de Noviembre 2008 - 08:46

La investigación y el conocimiento de los fundamentos de la llamada ‘civilización’, o si se quiere, ‘cultura’ faraónica, aportan una enorme riqueza al estudioso que se ve ampliamente recompensado como consecuencia de dicha actividad intelectual. Quiero decir que, profundizar en el mundo de lo egipcio, ofrece una panoplia de lecciones éticas que serían de enorme utilidad a esta sociedad en la que vivimos y que, muchas veces, parece haber perdido su norte.


El antiguo Egipto y el éxito en la vida


Ante esa desorientación que produce la evidencia de la permanente ausencia de valores de referencia en nuestra convivencia diaria, resulta muy satisfactorio regresar al mundo del ‘pensamiento egipcio’, bucear en sus contenidos y extraer alguna conclusión. Creo firmemente que una gran parte de la irresistible atracción que ejerce sobre nuestra mente lo faraónico, lo egipcio antiguo, tiene su más sensible fundamento en la impresión de ‘armonía’ que se desprende de sus elaboraciones éticas y religiosas.

Las biografías más célebres de personajes de alto nivel en la sociedad egipcia que han llegado hasta nosotros tratan de fundamentarse en lo que la egiptología ha llamado ‘las enseñanzas’ o ‘la sabiduría’ egipcia. Es decir, una serie de principios morales con fundamento en el respeto a la máxima ley por el orden universal que parece regir todo y que ellos denominaban como ‘la Maat’. Esta gran abstracción parece haber sido el basamento cimentador de su civilización.

Y lo cierto es que no existe parcela de la vida humana que no haya sido considerada a la luz de tal reflexión universal.

Un supuesto de evidencia de lo que decimos se ve reflejado en el concepto de lo que para los egipcios suponía alcanzar el éxito en la vida.

Las elites egipcias nos comunican la idea de que el hombre y su trayectoria vital podían torcerse por multiplicidad de errores, uno de los cuales era la ignorancia. El desconocimiento de los principios elementales de comportamiento social era una aberración insoportable a los ojos de los sabios egipcios.

Estos principios se enseñaban recomendando leer las instrucciones que los padres daban a sus hijos. La experiencia vital acumulada por las generaciones que habían vivido antes era un caudal inagotable de sabiduría. Por tanto, aprender, instruirse, era la primera obligación del egipcio que quería tener éxito en la sociedad egipcia.

Podría decirse que esto no es nada nuevo, ni ajeno a lo que nuestros propios valores han proclamado hasta hace poco tiempo.

Pero, sobre esta idea crucial de huir del ignorante, del hombre que no quiere aprender de las experiencias del pasado, primaba otra de carácter absolutamente subjetivo. Se trata del rechazo de las personas que poseen una naturaleza gobernada por las pasiones personales, lo que, a los ojos egipcios comportaba un gran peligro, no solo para quien actuaba bajo el imperio de sus pasiones, sino para quien cometía el error de relacionarse en cualquier forma con aquél.

Las enseñanzas egipcias distinguen dos clases de temperamentos: el hombre ‘apasionado’ y el hombre ‘autodisciplinado’, al cual denominan como ‘el hombre silencioso’. El hombre apasionado es gárrulo, pendenciero, avaro, arrogante, arbitrario. Por el contrario, el ‘hombre silencioso’ es paciente, modesto, calmado y, sobre todo, dueño de sí mismo en todas las circunstancias.

Las enseñanzas de Amen-em-Ope analizan las consecuencias que sufrirán cada una de estas dos clases de personas:

En cuanto al hombre apasionado en el templo, es como un árbol que crece al aire libre. De repente sobreviene la pérdida de follaje, y encuentra su fin en los astilleros, (o) es llevado fuera de su lugar, y el fuego es su vestidura mortuoria…Pero el hombre verdaderamente silencioso se mantiene aparte. Es como un árbol que crece en su jardín. Florece y duplica su fruto. (Se encuentra) delante de su señor. Sus frutos son dulces, su sombra es grata y llega a su final en el jardín’.

Pero, como bien señalaba Frankfort, es sencillo malinterpretar el ideal del ‘hombre silencioso’. Este concepto no implicaba la exaltación de la sumisión, la mansedumbre u otra actitud fundamentada en lo religioso, no era esa la cuestión.

Esta reflexión era la consecuencia del análisis de un comportamiento ético. Este ‘hombre silencioso’ era el que alcanzaba el éxito social, tal era el perfil con el que los altos funcionarios se orientaban para triunfar en la vida.

Los egipcios creían que la persona que era víctima de su incontinencia verbal y pasional ponía en riesgo su éxito por la violencia que generaba su actitud; con ello destruía su integración armónica en el orden existente que todo rige, el único principio a nivel de comportamiento social que, a la larga, resulta efectivo.

La verdadera sabiduría era para los egipcios el auténtico poder. Pero, para alcanzar aquella y este había que dominar los propios impulsos, siendo el silencio, no un signo de humildad o cobardía, sino de superioridad manifiesta.

El que se involucraba en situaciones en las que existía el riesgo de ser arrastrado por los propios sentimientos, especialmente si estos tenían su origen en la envidia, el despecho, el odio, o la venganza, correría la peor de las suertes…verse ridiculizado y, finalmente, apartado de la vía del éxito.

Por eso Amen-em-Ope aconseja: ‘…deja paso al que ataca, detente ante el intruso, duerme una noche antes de hablar, porque la tormenta estalla como una caña en llamas…apártate del hombre víctima de sus pasiones, retírate, abandónale a sus demonios, Dios sabrá como contestarle…pónte en manos de Dios y tu tranquilidad abatirá a tus enemigos. ¡Mira, el cocodrilo no emite ningún ruido, y por ello causa un gran temor!’.

Francisco J. Martín Valentín
Egiptólogo


Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Artículos y comunicaciones

Martes, 17 de Junio 2008 - 12:40

Los magos en Egipto tuvieron la consideración de ‘funcionarios de Estado’. Ellos eran los encargados de ejercer la magia como sacerdotes, en sustitución del propio faraón, el mago por excelencia de todo Egipto, pues él poseía las Dos Coronas que eran los más poderosos instrumentos mágicos. Estos profesionales de la magia, por así decirlo, ejercían sus funciones dentro de un marco oficial, como parte del sistema de orden y organización del cosmos y del mundo egipcio, y pertenecían a un estamento profesional formado en las Casas de la Vida de los templos.


Amen-Hotep III. Museo de Arte Egipcio de Luxor
Amen-Hotep III. Museo de Arte Egipcio de Luxor




Conforme al pensamiento egipcio la magia consistía en la facultad de poseer el ‘Heka’, o poder mágico.

El ‘Heka’ era un atributo de los dioses y, por extensión, del rey, y tenía por finalidad y fundamento el conocimiento de la naturaleza del universo y de los medios sensibles, para controlarlos en bien de la humanidad y de la creación.

Así pues, el primer y más importante propósito de la magia consistía en prestar la colaboración humana para facilitar el cumplimiento de los planes divinos; y su principal actuante, era el rey.
Si el rey, dotado ‘per se’ de Heka, tenía entre sus principales obligaciones el mantenimiento de la creación del primer día, como sucesor que era de los dioses sobre la tierra, su poder mágico estaba principalmente encaminado a garantizar que la vida diaria y cíclica en la tierra de Egipto estuviese permanentemente asegurada por la celebración de los ritos en los templos y por la fuerza de su propio poder.

El rey era el oficiante por excelencia. Él era el ‘Señor de los Ritos’ y el ‘Señor de las Coronas’. Estos eran los dos atributos de naturaleza especialmente mágica que se recogían en las titulaturas o nombres de los reyes.

La condición de ‘Señor de los Ritos’ equivalía a ser dueño, propietario, titular de todas las actuaciones mágicas. Él conocía todo lo necesario para mantener la vida; la noche y el día; el sol, las estrellas, la luna y los planetas.

Él tenía el poder para hacer crecer el Nilo en su tiempo. El faraón poseía el conocimiento de las actuaciones mágicas para neutralizar a los enemigos de los ‘Nueve Arcos’, las nueve naciones enemigas tradicionales de Egipto.

Como ‘Señor de los Ritos’, el rey ordenaba al cielo y a la tierra, porque había sido iniciado y sabía lo que había más allá de la vida terrena. El rey controlaba por la magia los vientos del sur y los vientos del norte. Ellos eran sus nodrizas. Respirando el viento del norte se beneficiaba de una abundancia vivificadora.

Tenía los medios para poseer los cuatro vientos celestes que no podían oponerse a su voluntad. Tenía la virtud de combatir las tormentas del cielo. Estaba facultado para dispersar las nubes cargadas de lluvia y, según los Textos de las Pirámides, subido sobre una nube podía llegar a alcanzar la luz divina.

Con su poder, el rey era capaz de vencer los elementos desencadenados y convertirse en un viajero cósmico, en el más allá.

Todo lo dicho era así porque él había sido concebido y puesto en el mundo, a partir de la energía primordial para gobernar todos los reinos o colinas primordiales. Los textos así lo indican: ¡Ve, oh rey! ¡Que puedas gobernar las colinas de Horus. Que puedas gobernar las colinas de Seth. Que puedas gobernar las colinas de Osiris!

Esto demuestra que el faraón era para el mundo egipcio el centro del Pensamiento Creador, era el medio a través del cual el universo creado se hacía visible y sensible a los ojos del resto de los mortales.

Engendrado por la tierra y el cielo, era el heredero del trono del dios Gueb, y el hijo de todas las potencias divinas que le permitían ser, a su vez, el padre alimenticio de toda la creación que de él dependía.

Como ‘Señor de las Coronas’, de la Corona Roja y de la Corona Blanca, él era el dueño de su poder mágico. Ellas eran su protección. El rey podía ordenar a la Corona Roja, terrible serpiente de fuego, para que se le aclamase como faraón, al igual que ella era aclamada.

Las dos coronas eran las madres del rey; la Corona Roja le amamantaba; la Corona Blanca le daba la posesión de la tierra. Cuando el rey colocaba la Corona Blanca sobre su cabeza, ella era como la cabeza del propio dios Ra. Cuando ceñía la Corona Roja, se abrían para él las puertas de las regiones luminosas, porque se había convertido en el dueño del ureo cuyo nombre era ‘la que es Grande de Magia’.

Esta terrible serpiente de fuego otorgaba al rey sus poderes mágicos. Nadie más podía poseerla porque solo él conocía las palabras mágicas que la aplacaban. Con su posesión el faraón podía obtener de la Corona que le temiesen como ella era temida; producir el terror como ella podía hacerlo; ser aclamado como a ella se la aclamaba y ser amado como ella era amada. Ella era quien entregaba al faraón los dos cetros, Heka y Nehaha, el poder mágico y la eternidad, para gobernar a los seres vivos y a todos los Aj, o seres luminosos.

La Corona Blanca, la diosa madre de Nejen, también tenía atribuidos poderes semejantes. Ella era la Grande que protege a Horus, en medio de las dos enéadas. Por ella, el faraón era como el mismo dios Ra.

Faraón aparecía en gloria ante los dioses provisto de la luz divina, y su aparición radiante bajo las Dos Coronas, le hacía, como a Ra al amanecer, Señor del Alto y del Bajo Egipto. El temor surgía en todos los corazones cuando el rey, el mago por excelencia, se mostraba revestido de todo su poder y toda su gloria.

De la obra Los magos del Antiguo Egipto. Madrid, 2002
Autor: Francisco J. Martín Valentín
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Noticias

Lunes, 19 de Mayo 2008 - 09:59

Un equipo de arqueólogos alemanes de la Universidad de Hamburgo ha conseguido acabar con uno de los mayores misterios de la Antigüedad al encontrar los restos del Palacio de la legendaria Reina de Saba en la ciudad santa de Axum, en el estado federado etíope de Tigray (norte). (Agencia EFE)


Barrio de casas de la guarnición judía en la Isla Elefantina. Copyright IEAE
Barrio de casas de la guarnición judía en la Isla Elefantina. Copyright IEAE




Arqueólogos alemanes encuentran en Etiopía los restos del palacio de la reina de Saba
Datado en el siglo X antes de nuestra era, ha sido localizado en la localidad de Axum

'En ese palacio pudo estar el Arca de la Alianza', dice la Universidad de Hamburgo.

Un equipo de arqueólogos alemanes de la Universidad de Hamburgo ha conseguido acabar con uno de los mayores misterios de la antigüedad al encontrar los restos del palacio de la legendaria reina de Saba, en la ciudad santa de Axum, en el estado federado etíope de Tigray (norte).

El profesor Helmut Ziegert, del Instituto de Arqueología de la Universidad de Hamburgo, que dirige el equipo, está además convencido de que en un altar levantado en el palacio y orientado hacia la constelación de Sirius reposó durante largo tiempo el Arca de la Alianza que contenía las Tablas de la Ley de Moisés.

"Todo cuadra. Los detalles, la datación y la orientación del edificio", ha explicado Ziegert, cuyo equipo realizó el descubrimiento durante la actual campaña de excavaciones de primavera, en la antigua capital de un imperio que abarcó desde Yemen hasta el este de Sudán, controlando el comercio entre África y Asia.

Datada hace unos 3.000 años, la residencia de la reina Makeda, como se llama a la reina de Saba en Etiopía, ha sido hallada bajo los muros del palacio de un antiguo rey cristiano en la capital de la iglesia ortodoxa etíope y la ciudad mas sagrada del país.

El mayor tesoro que albergaba el palacio de la legendaria reina era probablemente el Arca de la Alianza, un cofre de madera de acacia negra recubierto de oro en el que, según fuentes históricas y religiosas, se guardaban las tablas con los Diez Mandamientos que Moisés, según la Biblia, recibió de Dios en el monte Sinaí.

Ziegert ha subrayado que su equipo ha dedicado los últimos nueve años a investigar como llegó el judaísmo a Etiopía en el siglo X antes de nuestra era, a la vez que trata de localizar el emplazamiento actual del Arca de la Alianza.

"En ese palacio pudo estar custodiada durante un tiempo el Arca de la Alianza", donde, según fuentes históricas y religiosas, se guardaban las tablas con los Diez Mandamientos

Añadió que las investigaciones han revelado que el palacio original de la reina de Saba fue trasladado poco después de su construcción y levantado de nuevo orientado esta vez hacia la estrella de Sirius.

El equipo de científicos de Hamburgo presume que Menelik I, rey de Etiopía e hijo de la reina de Saba y del rey Salomón de Jerusalen, según la tradición de la iglesia ortodoxa etíope, fue quien ordenó levantar el palacio en su emplazamiento final.

Las numerosas ofrendas que los científicos germanos encontraron en torno al lugar donde debió de estar el altar han sido valoradas por los expertos como una clara señal de que la especial relevancia del lugar se ha transmitido a lo largo de los siglos.

Los últimos resultados de las investigaciones realizadas en Axum indican que, con el arca de la Alianza y el judaísmo, llegó a Etiopía el culto a Sothis, que se mantuvo hasta el siglo VI de nuestra era, explicó Ziegert.

Dicho culto, relacionado con la diosa egipcia Sopdet y la estrella Sirius, traía consigo que todos los edificios de culto se orientasen hacia el nacimiento de esa constelación.

El jefe del equipo de arqueólogos y científicos alemanes ha subrayado que los restos encontrados en las excavaciones de sacrificios de reses vacunas son una característica también del culto a Sirius practicado por los descendientes de la reina de Saba.

El Antiguo Testamento habla de una reina de Saba, cuyo nombre propio omite, que visitó Israel y regaló grandes tesoros al rey Salomón, del que le impresionó su sabiduría y que le hizo convertirse al monoteísmo y ensalzar a Yahvéh.

La tradición religiosa etíope asegura que de la breve relación entre la reina de Saba y el rey Salomón nació un hijo, que posteriormente sería conocido como Menelik I, rey de Etiopía, quien presuntamente se llevó el Arca de la Alianza desde Israel a su país.

Dicha tradición asegura que el arca se encuentra actualmente en la Iglesia de Nuestra Señora de Sión en Axum, donde es custodiada por la única persona autorizada para verla o tocarla, un sacerdote descendiente directo de los levitas, la tribu de Israel responsable de su cuidado desde que fue construida para acoger los Diez Mandamientos. (Fuente: JUAN CARLOS BARRENA -EFE

Una propuesta de solución

Conocida la interesantísima noticia arqueológica que antecede, queda ahora ofrecer algún dato más respecto a la verosimilitud histórica de la presencia del judaísmo en Etiopía, así como su relación con los ecos míticos de la existencia del arca de la alianza en dicho lugar.

El asunto tiene cierta relación con la egiptología como se verá, puesto que el mundo antiguo estaba perfectamente intercomunicado y los rastros de toda esta historia pasan por la Isla Elefantina, en Egipto.

Elefantina es una isla egipcia situada enmedio del río Nilo, está junto a la primera catarata, frente a la moderna ciudad de Asuán. En ella se han descubierto restos arqueológicos que van desde las primeras épocas de formación de la civilización egipcia hasta la época romana.

En excavaciones llevadas a cabo en los años 1906, 1911 y 1953, fueron descubiertos en la isla numerosos papiros judíos escritos en arameo que fueron datados en el siglo V a.C.
Pertenecieron a una colonia de soldados mercenarios judíos que tuvieron su acuartelamiento y sus viviendas en la isla desde antes de la invasión de Egipto por el rey persa Cambises, (525-c 400 a.C.).

Según la documentación hallada, en la isla había un templo dedicado a Yahveh. Los soldados parece que también daban culto a otros dioses. Con motivo de la salida de los persas de Egipto, después de la primera invasión persa, se produjo la destrucción del templo hacia el 410 a. C.

Parece que los judíos de la isla Elefantina habrían conseguido autorización del Templo de Jerusalén para reconstruir el templo, pero a condición de no ofrecerse en él sacrificios con derramamiento de sangre. El sacrificio de sangre había sido erradicado del culto judaico después del destierro de Babilonia.

Uno de los papiros encontrados conservado recoge fragmentariamente un decreto del rey Darío II (419 a.C.) ordenando a los judíos de Elefantina celebrar la Pascua en armonía con la nueva reforma de la ley mosaica en esta materia, reformas que se llevaron a cabo en tiempos del rey judío Josías (640-609 a.C).

En cuanto al establecimiento de la comunidad judía en la isla, se sabe que ya había una importante población judía formada principalmente por soldados judíos y sus familias, a principios del siglo VII a.C y que se habían asentado en la isla Elefantina antes de que se produjeran las reformas de culto del rey Josías, siguiendo por tanto la religión mosaica con arreglo a los antiguos ritos hebreos.

También en tiempos del rey saíta Psammético II (hacia el 593 a.C ) se acogió en Egipto a judíos, no conformes con la reforma religiosa realizada en la Ley mosaica. El faraón los incorporó como mercenarios en su ejército, siendo destinados a guarnecer la Isla Elefantina para proteger la frontera sur del país contra las incursiones de los reyes de Napata y otras tribus de la Baja Nubia.

Los papiros de Elefantina nos informan que, entre los años 525 y 522 a. C. el rey persa Cambises decretó como represalia por las revueltas egipcias contra su gobierno, la destrucción de los templos egipcios de la isla Elefantina, mientras que el templo judío fue mantenido intacto, dado que las tropas acantonadas allí le eran leales.

Cuando los persas abandonaron Egipto expulsados por los egipcios, el templo judío fue destruido en venganza. Además, es claro que los sacrificios de corderos y carneros que los judíos de Elefantina hacían en su templo, como practicantes del rito hebraico antiguo de oblación de sangre no debieron agradar a sus convecinos egipcios, máxime que en la isla y su alrededores el dios principal, el Señor de la Catarata, era el dios criocéfalo Jenum. De modo que el sacrificio de los carneros se veía por los egipcios como un grave sacrilegio.

El problema parece que surgió, cuando, a partir de estos graves acontecimientos que trajeron consigo el asesinato de gran parte de la colonia judía de Elefantina y la expulsión del resto de la población hebrea, los supervivientes decidieron abandonar la isla. Este viaje lo debieron emprender hacia el Sur, Nilo arriba, puesto que en el Norte de Egipto serían recibidos como amigos de los persas y, por tanto aniquilados por los egipcios.

Además, aquellos judíos exiliados no podían regresar a Jerusalén porque allí eran considerados como blasfemos objeto de anatema, en definitiva apartados de la ley mosaica por su herejía que les hizo construir otro templo para Yahveh en Elefantina, cuando según el credo judío solo podía haber un templo: el de Jerusalén.

La propuesta lógica final es que los judíos de Elefantina con su Arca de la Alianza remontarían el Nilo y concluirían llegando al norte de Etiopía, donde se asentaron y aún permanecen.

¿La teoría confirmada?

El investigador británico Graham Hancock propuso hace años en su libro Símbolo y Señal una teoría bastante plausible que ahora cobra cuerpo con la noticia de los descubrimientos arqueológicos del equipo de la Universidad de Hamburgo en Axum.

Durante muchos años Hancock había investigado sobre el paradero del Arca de la Alianza. En 1983 Hancock oyó hablar de la leyenda de la posible presencia del Arca con Etiopía. Cuando él estuvo de corresponsal en Etiopía y visitó al Templo de Santa Maria de Sion, en la ciudad de Axum, conoció a quien afirmaba ser el Tabot o Guardián del Arca , quien le relató la leyenda del hijo de Salomón y de Belkis, la mítica reina de Saba.

La hipótesis de Hancock proponía que el Arca salió del Reino de Judá, en Israel, estuvo depositada en el templo judío de Elefantina (Egipto), y después llegó hasta el norte de Etiopía, donde se dice que permanece actualmente.

Francisco J. Martín Valentín. Egiptólogo
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Noticias

Jueves, 3 de Abril 2008 - 16:20

Madrid verá los 'Tesoros sumergidos de Egipto'
La muestra podrá visitarse en el Matadero de Legazpi desde el 16 de abril


Reúne 500 piezas, desde monedas y joyas hasta efigies de gran belleza


PILAR R. VEIGA (EFE)
MADRID.- El arqueólogo Franck Goddio, que consiguió localizar en los años 90 el mítico puerto de Alejandría, prepara en Madrid la exposición 'Tesoros sumergidos de Egipto', un resumen de 1.500 años de historia que, según explica, "nunca podríamos haber visto sin las últimas tecnologías".

La exposición, que podrá visitarse en el Matadero de Legazpi del 16 de abril al 28 de septiembre, reúne 500 piezas, desde monedas y joyas hasta efigies de gran belleza y varios metros de altura.

Vestido con una americana azul, unos vaqueros y un casco de obra, muy diferentes a su traje de buzo, Franck Goddio (Francia, 1947) ha confesado que no le gusta que le llamen el "Indiana Jones del mar" y se define "sólo" como "un arqueólogo que ahora dirige unas excavaciones bajo el mar en Egipto".

La modestia rivaliza en Goddio, presidente del Instituto Europeo de Arqueología Submarina, con un gran conocimiento de la historia, pero que nunca hubiera podido contrastar de cerca "sin la ayuda de las sofisticadas técnicas con magnetómetros nucleares".

Aunque se sumergió por primera vez en 1975, no sería hasta 10 años más tarde cuando decidió trabajar en la arqueología submarina, y tuvo que esperar hasta 1991, cuando el Centro Atómico francés desarrolló una nueva tecnología, para buscar los restos de la antigua Alejandría.

La importancia de los hallazgos incluye restos de las antiguas ciudades de Alejandría, Heraclion y Canopo, desaparecidas simultáneamente en el siglo VIII d.C. Su relevancia ha sido comparada con el descubrimiento de Pompeya, pero, para Goddio, "la importancia económica y religiosa de ellas es mucho mayor".

Un etapa de Egipto 'muy perturbada'

El primer hallazgo de su equipo, formado por 50 personas, fue lo que se llamaba 'Portus Grande' o gran puerto de Alejandría. Pero el resto, menos conocido para el gran público, "Heraclion era una ciudad casi mítica, conocida sólo por textos", y Canopo tenía el templo dedicado al dios Serapis, que hacía milagros relacionados con la vista.

"Hemos encontrado la cara de la estatua principal de Serapis, ante la que miles de personas en la antigüedad venían para rezar esperando un milagro", dice. Franck Goddio añade con humor que el milagro ha sido "encontrar a este dios y verlo".

El arqueólogo ha afirmado que la exposición resume una etapa de la historia de Egipcio muy "perturbada", al incluir las últimas dinastías faraónicas, la llegada de Alejandro Magno, la dinastía Tolomeica, la colonización romana, cristiana, bizantina e islámica.

Los hallazgos incluyen restos de Alejandría, Heraclion y Canopo, desaparecidas en el siglo VIII d.C. Su relevancia ha sido comparada con el descubrimiento de Pompeya

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Goddio ha contado que la pieza que ha costado más esfuerzo subir a la superficie ha sido una estela de granito rosa, de 18 toneladas, perteneciente al templo de Amon, en Heraclion. En ella se dice que el faraón Tolomeo VIII concede al templo un derecho por el que los esclavos que entraban en él recuperaban la libertad.

Aunque no se han encontrado las tumbas de Alejandro Magno ni de Cleopatra, sí se han hallado monedas con sus efigies, entre ellas una de oro de este rey conduciendo un carruaje con cuatro elefantes.

Si se le pregunta por su pieza favorita, Goddio recuerda la estatua de una mujer, quizá la reina Arsinoé, con un vestido transparente y mojado, de piedra negra, del siglo III a. C., que "puede ser la más bella del mundo", afirma.

Franck Goddio, que huye de las preguntas relacionadas con las empresas cazatesoros, "es un mundo totalmente diferente a lo que yo hago", regresará a Madrid el próximo 16 de abril para inaugurar la exposición.

La muestra ya ha recorrido Berlín, Bonn y París, y ha sido en ésta última donde Goddio ha encontrado el máximo entusiasmo. "Había días con 15.000 visitantes y colas hasta las once de la noche", recuerda quien en mayo volverá a sumergirse en las aguas de Egipto.

Con su permanente sonrisa, Goddio se despide diciendo: "Aún me faltan muchos tesoros por encontrar, pero el mejor es aquél que no me espero".


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'Tesoros sumergidos de Egipto'. Matadero de Legazpi (Paseo de la Chopera, 10. Madrid). Del 16 de abril al 28 de septiembre.

Fuente: Agencia Efe en Diario 'El Mundo' 31-03-2008
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Artículos y comunicaciones

Jueves, 3 de Abril 2008 - 15:21

El próximo 16 de abril se abrirá al público, en las salas del Centro Cultural 'Matadero Madrid' de nuestra capital, la Exposición 'Los tesoros sumergidos de Egipto', bajo el patrocinio de la Fundación Hilti y la dirección técnica del arqueólogo submarino Franck Goddio. Se trata de un acontecimiento cultural de interés mundial. Las antiguas ciudades egipcias de Alejandría, Heraklion y Canopus podrán ser conocidas por los visitantes a través de la espléndida exposición de sus magníficos restos hallados bajo el mar por Frank Goddio y su equipo.


LOS TESOROS SUMERGIDOS DE EGIPTO
El año 2002 se dio a conocer el hallazgo realizado por el equipo de arqueólogos del Instituto Europeo de Arqueología Submarina de Franck Goddio en colaboración con el Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, en la bahía de Abukir consistente en los restos de dos importantes ciudades desaparecidas en el mar hace 1.200 años.

Se trataba de Canopus y una de sus barriadas, llamada Menuthis, y de otra destacada metrópoli conocida en los textos clásicos como Herakleion.

Según la opinión de técnicos de la Universidad de Stanford, estas ciudades fueron destruídas como consecuencia de una serie de terremotos y maremotos que asolaron las costas egipcias a causa del nacimiento de una grieta surgida en la falla marina que iba desde Sicilia hasta El Cairo.

El proceso de su desaparición no debió ser repentino, puesto que sabemos por las fuentes escritas que, al menos, hubo 34 terremotos en la zona del norte de Africa, entre el 320 y el 1303 de C., siendo el más riguroso de ellos el sufrido en el 365. Con el tiempo la costa se fue hundiendo y las ciudades existentes a lo largo de ella se fueron derrumbando y cayendo bajo el empuje de las olas, siendo gradualmente enterradas por el limo que todos los años depositaban las crecidas del Nilo.


No obstante, alguno de los hallazgos parecen indicar que, en el caso Herakleion, el abandono de la ciudad se llevó a cabo de modo precipitado.

De hecho, las más recientes investigaciones comunicadas en su día aclaran que, en realidad, la ciudad de Herakleion probablemente se hundió en el mar mucho antes que Canopus.

En todo caso sabemos que estas poblaciones estuvieron ubicadas en lo que una vez fue la desembocadura del brazo Canópico del Nilo, la cual desapareció a causa de repetidos fenómenos sísmicos.

La parte más importante de la destrucción de las ciudades pudo producirse, según la tesis más verosímil, hacia los siglos VII-VIII, es decir, después de la conquista de Egipto por los árabes, aunque entre los restos encontrados en Canopus hay monedas de oro del periodo Ayyubí (1117-1150 de C), lo que avalaría la idea de que el hundimiento completo de los restos de las ciudades y su abandono final debieron producirse bastante más tarde.


Las Leyendas de Canopus y Herakleion

La mitología griega cuenta que el rey espartano Menelao hizo alto en la ciudad de Herakleion cuando regresaba desde Troya con Helena. Entonces, Canopus, el timonel que gobernaba su barco, fue mordido por una serpiente venenosa y como consecuencia de ello se transformó en un ser divino.

Por tal razón Canopus y Menuthis, su esposa, fueron inmortalizados fundándose las poblaciones que llevaron sus nombres.

Por su parte, el viajero griego Heródoto escribió en su libro Euterpe cómo Helena y Paris, fugitivos de Troya fueron rechazados a las puertas de Egipto por un mítico personaje llamado Thonis, encargado de vigilar la entrada de los extranjeros por la llamada ‘Boca Canópica’ del Nilo.

Más tarde, Diodoro de Sicilia aclararía a la posteridad que este Thonis de Heródoto era, en realidad, el nombre del centro comercial egipcio que comunicaba en la Boca Canópica con el ‘mar de los griegos’ que, en la lengua de los faraones se denominó Ta-Hone. En realidad una población portuaria que, en el Decreto de Canopo recibía el nombre griego de Herakleion.

La mítica urbe contaba con un gran templo, relatan los textos, dedicado al dios Herakles (el Hércules latino). Para explicar la presencia de este monumento los cronistas clásicos nos contaron la historia a su modo.

Diodoro relata que en una ocasión en la que las aguas del Nilo crearon una gran ola que rompió todos los diques de contención, Hércules consiguió frenarla y conducir al río a su cauce por lo que, en gratitud, el pueblo le erigió en aquél lugar un templo y llamó a la ciudad Herakleion. Para ellos Amón era Zeus y Jonsu, Hércules.

Un poco de historia

Los reyes egipcios de la dinastía XXVI, saíta, habían autorizado, alrededor del 570 a. de C. asentamientos griegos de mercenarios milesios y carios en la zona del Delta, relativamente cerca del emplazamiento de la futura Alejandría. La capital de estas poblaciones fue Naukratis, cuyo nombre egipcio fue Na-Keredye.

La entrada a Egipto estaba en aquéllos tiempos absolutamente prohibida a los extranjeros y solo se permitían contactos regulares en puntos de tráfico comercial perfectamente establecidos por la administración faraónica. Dos de ellos fueron Canopus y Herakleion, cuyos nombres egipcios fueron Pe-Guti y Ta-Hone, respectivamente.

Ambas, situadas a poco más de cinco kilómetros de distancia entre sí, estuvieron ubicadas en el brazo canópico de la desembocadura del río Nilo, y, ambas, tuvieron sus orígenes en los tiempos del Imperio Nuevo (hacia el 1580 a. de C.).

Realmente fueron dos emporios comerciales, en el caso de Herakleion con importantes instalaciones portuarias, que estaban rodeados de numerosas casas y contaban con grandes santuarios.

En el caso de Canopus los templos se sabe que estuvieron dedicados a la diosa Isis, cuyo lugar sagrado estaba construido en un barrio de la ciudad llamado Menuthis, y los dioses Osiris y Serapis; en Herakleion se alzaban los dedicados al dios Amon-Guereb, que otorgaba la legitimidad al faraón para regir Las Dos Tierras y al dios Jonsu; ambos estaban dotados con estatuas y con los demás elementos habitualmente existentes en un recinto religioso egipcio.

Ambas ciudades fueron desbancadas por la esplendente Alejandría que, fundada en el 331 a. C., captó toda la riqueza comercial de los demás puertos egipcios del Mediterráneo.

Los hallazgos

Los restos encontrados en las dos campañas dadas a conocer hasta ahora han sido de suma importancia y han establecido la identificación sin género de dudas de las dos importantes ciudades egipcias de las que nos hablaban los viajeros grecorromanos.

El naos de los decanes

En los momentos iniciales el equipo de Franck Goddio halló en Canopus un importantísimo fragmento de un monumento que fue inmediatamente identificado. Se trataba de una capilla de granito negro llamada por los egiptólogos ‘el naos de los decanes’.

La parte superior fue hallada en la playa de la bahía de Abukir en 1776 por los integrantes de la Expedición francesa a Egipto y hoy se exhibe en el Museo del Louvre. Otra parte fue descubierta en 1934 y recuperada en 1940 por el arqueólogo turco, príncipe Omar Tusson, y hoy forma parte de los fondos del Museo Greco-Romano de Alejandría.

Finalmente, la nueva porción encontrada contiene numerosas inscripciones que facilitan gran información sobre los conocimientos que en materia de calendario y astrología poseían los egipcios.

La capilla, construida por orden del rey Nectanebo I (380-362 a. C.), llevaba textos e imágenes de las estrellas que gobernaban el cielo nocturno a lo largo del año egipcio. Con estas imágenes e inscripciones se representaba el calendario anual de 36 decanes o periodos de 10 días, la semana de los antiguos egipcios.

Estos periodos de diez días estaban marcados en su inicio y en su conclusión por la aparición y desaparición en el cielo nocturno de las estrellas conocidas como ‘los decanes’.

La ciudad de Canopus también entregó a los arqueólogos otros restos de gran importancia tales como un torso de una diosa Isis de tamaño natural vestida con una sugerente túnica de increíbles pliegues, una monumental cabeza de mármol del dios Serapis, o una magnífica cabeza de un faraón desconocido, quizá de época ptolemaica, esculpida en granito negro.

La Estela de Herakleion-Thonis.

Durante la campaña del 2000-2001 la misión arqueológica francesa de Goddio y el Servicio de Antigüedades de Egipto han dedicado sus trabajos preferentemente a la zona de Herakleion. De hecho, las prospecciones, concentradas en un área de unos 80.000 metros cuadrados, han entregado una enorme cantidad de hallazgos.

El más importante de ellos parece haber sido una gran estela prácticamente idéntica a la conocida como ‘Estela de Naukratis’, hoy en el Museo Egipcio de El Cairo, que fue encontrada durante la campaña de 1899 por el arqueólogo británico D. G. Hogarht en la localidad de Kom Gaif.

La ciudad de Naukratis estaba situada en la orilla este de la boca canópica del Nilo, a pocos kilómetros de la ciudad de Sais, y la estela estuvo erigida en el recinto del templo de Neith de dicha ciudad.

Esculpida en un bloque de granito negro, mide 1,58 m. de alto por 0.68 de ancho y en el cintro, bajo el disco solar alado, se ve representado al rey Nectanebo I ofreciendo en dos registros simétricos, a la diosa Neith entronizada, un collar de oro y alimentos.

El documento está fechado exactamente en el año 1, cuarto mes del verano, día trece del reinado de Nectanebo I (hacia el mes de noviembre del 380 a. C.) y recoge la creación del pago de un impuesto del diez por ciento del oro, plata y madera en bruto o trabajada que viniera del llamado ‘mar de los griegos’, así como de todas las cosas a favor del dominio del rey en la ciudad, y otro diez por ciento de los mismos artículos, salvo la madera, que se manufacturasen en Naukratis, a favor de la diosa Neith.
La ‘estela de Herakleion-Thonis’, difiere de la de Naukratis solamente en la mención del lugar al que cada ejemplar de este decreto real iba destinado para ser erigido.

Si la segunda se ordenaba fuera colocada en ‘Naukratis, en la orilla de Anu’ , la ahora encontrada refleja que debería ser erigida en ‘la entrada del mar de los griegos’, es decir, en el puerto de Herakleion.

El gran templo de Amon-Guereb y de Jonsu-Herakles.

Otro importante hallazgo llevado a cabo en Herakleion ha sido un magnífico naos hecho sobre un solo bloque de granito rosa, según todos los indicios epigráficos y en opinión del Profesor Jean Yoyotte, perteneciente al periodo ptolemaico, aunque su factura recuerda enormemente al naos del templo de Edfu, construido por orden de Nectanebo II.

El hallazgo, ubicado cerca del antiguo muelle, se encuentra entre los restos del gran templo de Ta-Hone dedicado principalmente al dios Zeus-Amon Guereb y a su hijo el dios Herakles-Jonsu, cuyo nombre era La-Casa-de-Amon-Guereb-en-la-boca-de-Ta-Hone.

Muy cerca se han hallado también, al menos, tres colosales estatuas de granito rosa que representan al dios Hapy, el Nilo divinizado, y a un rey y una reina, por el momento, no identificados.

Las futuras excavaciones del recinto del gran templo entregarán seguramente gran cantidad de restos de sumo interés puesto que, de momento, han librado a los arqueólogos gran cantidad de piezas tales como alcuzas de bronce, monedas de oro y numerosas piezas de joyería datables a finales del siglo I a. C.

Los restos de diez barcos hundidos posiblemente durante la época greco-egipcia, prueban como mudos testigos la gran actividad portuaria que Herakleion debió alcanzar antes de ser sustituida por la gran Alejandría.

En suma, las ciudades sumergidas de Herakleion y Canopus aún continuarán desvelándonos sus secretos en el futuro.

A pesar de ello, por el momento, todo invita a pensar en la existencia bajo el mar, en la costa mediterránea de Egipto, de más ciudades hundidas en el agua y en la bruma de los tiempos que todavía duermen a la espera de su descubridor.

Francisco Martín Valentín y Teresa Bedman
Egiptólogos


Para saber más:

Diodoro Sículo.- Bibliotheca Historica. Libro I.
Erman, A. y Wilcken, U. ‘ Die Naukratisstele’. ZÄS, 38 (1900), 127-135.
Goddio, F.- Project Abukir. Mission Reports Summary 1999-2001.
Heródoto.- Los Nueve libros de la Historia. Libro II, Euterpe.
Homero.- La Ilíada.
Lichtheim, M. Ancient Egyptian Literature. III, 86-89. 1980.


Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman


El egiptólogo Martín Valentín, uno de los cuatro españoles que dirige una misión en el valle del Nilo, dio una conferencia en el CERPA el pasado miércoles, 27 de febrero. Trabaja en lo que hasta ahora se creía era la segunda tumba de Sen-en-Mut. Pero sus investigaciones han echado por tierra las creencias de decenas de años. Lea la entrevista realizada a uno de los expertos que más sabe de Egipto.



Excavando en el interior de la TT 353
Excavando en el interior de la TT 353
Dicen los expertos que aún falta por descifrar más del 90% de la información que encierran las pirámides, tumbas y templos de Egipto. Los jeroglíficos y tumbas siguen revelando datos nuevos capaces de sepultar interpretaciones históricas. Es lo que ha sucedido con el investigador Francisco Martín Valentín (Segovia, 1951), que lleva cinco campañas en lo que hasta ahora se creía era la segunda tumba de Sen en Mut, arquitecto jefe de la reina faraón Hatshepsut y uno de los hombres más poderosos de Egipto en su tiempo, hacia el año 1.460 a.C.

El egiptólogo español ha demostrado que no se trata de una tumba, sino de un cenotafio o capilla vinculada ritualmente con un templo. El pasado miércoles 27 de febrero contó en Rivas las novedades de su descubrimiento.



La historia no siempre es como nos la cuentan. A veces, llega un egiptólogo, se adentra en una tumba ya investigada por otros -que luego resulta no ser una tumba-, entierra las teorías vigentes y propone otra nueva. Que se lo pregunten a Francisco Martín Valentín, doctor en Ciencias de las Religiones (Religión Egipcia) por la Facultad de Geografía e Historia. Es uno de los cuatro egiptólogos españoles que actualmente dirigen un equipo de excavación en el valle del Nilo.

Desde hace cinco años se pasa los inviernos en un monumento, de 98 metros de longitud y 48,5 de profundidad, consagrado a Sen en Mut, uno de los hombres más poderosos durante el reinado de Hatshepsut y Thutmosis III. Sen en Mut fue el responsable de numerosos diseños urbanísticos de la antigua Tebas, así como el impresionante templo que la reina faraón se mandó construir en el valle funerario de Deir el Bahari, convertido hoy en uno de los grandes epicentros turísticos de la zona. Sen en Mut, amante de Hatshepsut y hombre de su absoluta confianza, se hizo excavar también dos monumentos.

Uno es el que investiga Martín Valentín, descubierto en 1927 por Herbert Winlock. Éste dijo que se trataba de la segunda tumba de Sen en Mut. Y en 1991, otro egiptólogo, Peter F. Dorman corroboró tal suposición. Hasta hoy. Porque el egiptólogo español, toda una autoridad nacional que coordina un equipo de 22 profesionales, ha formulado otra propuesta.

P. Peter Dorman corroboró en 1991 las tesis de Winlock. ¿Qué información nueva aporta vuestro trabajo?
´
R. El monumento fue descubierto por Herbert Winlock en 1927. Él dijo que se trataba de la segunda tumba de Sen en Mut. Ya en 1991, Peter Dorman recogió toda la documentación inédita que llevó Wildock al Metropolitan de Nueva York y publicó un libro bajo el título de 'Las dos tumbas de Sen en Mut', donde hablaba de una tumba que tiene cerca y ésta otra.

Hemos descubierto que no es una tumba. Se trata de una cripta, un lugar secreto, oculto y no público destinado a hacer una serie de ritos a favor del arquitecto que construyó ese monumento, Sen en Mut. Y probablemente por su orientación y ubicación forma parte oculta del mismo templo de Hatshepsut de Deir el Bahari.

P. Se acaba así con la tesis de las dos tumbas de Sen en Mut.

R. Para que se entienda, una tumba tiene una estructura determinada: capilla funeraria, pozo y cámara. Cuando falta un elemento, estamos ante otra cosa. No vale decir que es una tumba porque es subterránea. En el siglo XIX, cuando Wildock la descubre, afirmó: "Segunda tumba de Sen en Mut". Y todo el mundo lo respetó. Pero hay que considerar que la TT 353 no tiene capilla.
Lo que dijo Dorman en 1991 es que la capilla funeraria es el otro monumento que se hizo excavar Sen en Mut, a un kilómetro de distancia, pero que la cámara funeraria con sarcófago es ésta.
Esta afirmación no se sujeta desde un punto de vista ritual. Este monumento es un cenotafio o falsa tumba donde Sen en Mut pretendía recibir culto divino como si fuera un rey. Ahora tengo que proponer esta tesis en una cumbre de egiptólogos en Rodas.

P. ¿Qué más novedades aporta el proyecto?

R. Deir el Bahari [valle occidental de la ribera del Nilo] es un circo rocoso con tres templos conocidos. Uno de ellos es el de Hatshepsut. Proponemos a la comunidad científica la reconsideración de Der el Bahari para ser estudiada en todo su conjunto, desde una perspectiva religiosa y funeraria.
No vale ya el estudio particularizado de cada monumento, aunque sea necesario. Y decimos que se trata de una zona sagrada donde reyes y particulares construyeron templos, y donde otros que vinieron después han querido poner allí sus tumbas-templos porque era un lugar especial.
Esto implica aceptar que el área está impregnada de una naturaleza sagrada de corte funerario utilizada por los egipcios durante 2.000 años. Y el eje que, probablemente, ayude a explicar esta teoría sea la TT 353, el monumento de Sen en Mut donde trabajamos. Deir el Bahari fue utilizada no como una simple necrópolis, sino de una manera distinta, espiritual, porque los egipcios eran un pueblo fundamentalmente espiritual y religioso.

P. También proponéis seguir el ejemplo de Altamira para la conservación del monumento.

R. Hemos realizado una propuesta novedosa para Egipto: la construcción de una réplica exacta del monumento para respetar el original. Queremos mover las conciencias, que se entienda que Egipto no puede ser exhibido como hasta ahora.

P. ¿El turismo pone en peligro el patrimonio egipcio?

R. O empiezan a enseñar Egipto de una manera limitada, como las cuevas de Altamira, o las tumbas se acaban en 20 años. Y las autoridades egipcias parecen convencidas. La degradación de los monumentos es impresionante. Y con nuestro proyecto pretendemos servir de ejemplo. El original, reservado para los estudiosos. Y un facsímil exacto, a disposición del público, que tiene derecho a conocer el monumento. Pero no puedes meter 5.000 personas al día en una tumba. Esta filosofía, que ya aplicamos en España, es revolucionaria en Egipto.

P. ¿Prestan las instituciones españolas la atención que se merece a la egiptología?

R. No podemos comparar nuestra tradición egiptológica con la de otros países como Francia. Sería comparar una hormiga con un elefante. La administración siempre va por detrás de los acontecimientos.
Si en este país no habido tradición de excavaciones en Egipto, difícilmente las autoridades están acostumbradas a pensar en proyectos en Egipto. Como no tenemos tradición, nos quejamos. Pero tenemos mucho, aunque es insuficiente, para la poca tradición existente.

Yo diría que sí hay sensibilidad en las autoridades. Y puede haber más si los investigadores hacemos un trabajo serio. Hay que ser profesional y ofrecer resultados. Se acabaron los Indiana Jones. No se puede pensar en el excavador del siglo XIX que iba con el dinero de un museo y se tiraba dos años en el terreno. Ahora es el tiempo de la reversión de la inversión.

Las autoridades que te patrocinan tienen que saber que el dinero que ponen les revierte de alguna manera. Si aparte de ser egiptólogos, estuviéramos dispuestos a gestionarnos subvenciones como si fuéramos empresarios recibiríamos mucho más dinero. Los franceses lo hacen. Acuden, por ejemplo, a compañías eléctricas o de gas con concesiones empresariales en Egipto.

P. Y en la universidad aún no existe especialidad en Egiptología. Hay que estudiarla en el extranjero.

R. Es histórico el alejamiento de España de la egiptología académica. Llevamos ya 200 años [con esta ciencia] y no hay un departamento universitario al uso donde se dé exclusivamente egiptología. Pero existe una demanda social. Se ha generado una expectativa y una exigencia de derecho natural de estar en el mismo lugar que otros países. Es la hora de la profesionalidad.

Hay universitarios a los que les interesa relativamente Grecia y Roma y prefieren hacer egiptología. ¿Por qué se tienen que ir fuera de España? Las autoridades educativas deben comprender que ya es posible crear una carrera de Egiptología. Tenemos presencia en Egipto. Tenemos profesores formados. Y tenemos la oportunidad social y la exigencia de hacerlo.

P. ¿Son los museos de Londres o Nueva York las "mejores embajadas de Egipto" o un recordatorio del expolio?

R. Son las mejores embajadas de Egipto. Rechazo la idea del expolio para hablar de los museos. Como dicen los egipcios, con la palabra se hace magia. Si en vez de expolio sistemático hablásemos de la presencia del objeto en un lugar donde está cuidado y bien conservado a lo mejor cambiaba la manera de pensar de la gente. ¿Cómo salieron estos objetos de Egipto, en qué momento?. En un momento en que históricamente era viable ese tipo de tráfico. Hoy, no. Hoy está prohibido, cada cosa en su sitio y nada más. Han variado las circunstancias políticas internacionales. Pero no podemos juzgar el criterio por el que un emperador romano se llevó un obelisco de Egipto. Estaríamos perdidos. Si lo tenemos en Roma, ¿lo puedes ver? Sí. ¿Está bien conservado? Sí.

P. No quedarán tumbas de Tutankámon por descubrir, pero sí mucha información histórica y artística.

R. Son 200 años excavando contra 3.500 de historia. Lo más aparente y notorio ya se ha retirado. Pero desde el punto de vista de documentación e investigación queda por descifrar mucho más del 90%. La prueba viva somos nosotros. Hemos tenido la oportunidad de trabajar cinco campañas en un monumento por el que habían pasado ya dos especialistas de primer nivel y hasta ahora nadie había caído en las tesis que apuntamos.

La egiptología es una ciencia todavía joven construida sobre unos principios sagrados con mucho miedo a removerlos.

P. ¿La existencia de mujeres faraón revela una forma más avanzada de entender la sociedad?

R. Egipto es único en este asunto. Se conocen cinco mujeres que obtuvieron por su propio derecho el título de faraón, rey del Alto y Bajo Egipto. Estas cinco mujeres lo consiguen en períodos históricos que no se consiguen en ningún rincón del mundo civilizado de entonces. Ni en Grecia. Es un índice indiscutible de la alta consideración que la mujer tenía en Egipto, con una gran autoridad y presencia en la sociedad.

Este dato no se conoce mucho porque la historia de Egipto la han escrito desde el siglo XIX egiptólogos que vienen incardinados una cultura, como por ejemplo la inglesa, de clara influencia victoriana, un mundo en el que la mujer no tenía reconocimiento público en la sociedad de la época. Pero, si vuelves a investigar sin prejuicios, empiezas a replantear cosas que no son como nos las han contado.

Entrevista: Nacho Abad Andújar
Fuente:Ayuntamiento de Rivas

Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Artículos y comunicaciones

Lunes, 25 de Febrero 2008 - 11:30

La determinación de la raza a la que pertenecieron los pobladores del antiguo Egipto constituye un tema muy estudiado como base de un más profundo conocimiento de la civilización faraónica


LA RAZA DINÁSTICA EGIPCIA: SUS COMPONENTES
I. La llamada ‘raza dinástica’

Desafortunadamente todas las cuestiones étnicas o antropológicas están siempre teñidas y contaminadas por el ‘utilitarismo político’ de turno. Por esa razón este tema ha sido deliberadamente manipulado a conveniencia de cada cual en según qué momento de nuestra historia más reciente. Las últimas corrientes investigadoras quieren ver en la civilización egipcia la expresión más elevada de una civilización africana negra.

La egiptología tiene, no obstante, la obligación científica de investigar objetivamente esta cuestión. Ello debe hacerse desde la prudencia, la independencia y el rigor. Se trata básicamente de reivindicar la auténtica naturaleza de la personalidad y esencia del antiguo pueblo egipcio, del cual es heredera toda la humanidad. Podemos afirmar que la aportación racial de los primitivos pobladores del valle del Nilo fue plural. Basta con examinar de modo somero la configuración de la geografía física de Egipto para entender la lógica de este planteamiento.

Egipto se desenvuelve desde siempre en torno y a lo largo de la arteria vital que constituye el río Nilo. Este río cuya longitud alcanza los 6741 kilómetros desde el corazón de la actual Uganda, en el centro de África, hasta el Mediterráneo, ha sido, y es, el camino de descenso hacia el mar, no sólo de los nutrientes limos inundatorios, sino de las sangres y las culturas africanas que han bajado desde el sur hacia el norte, a lo largo de sus orillas, desde el principio de los tiempos durante toda la historia de Egipto. Cada una de las dos orillas del río supuso, a su vez, una especie de ventana o puerta de acceso a otros dos mundos diferentes.

Por Occidente, en el desierto libio, y a lo largo de la ribera marítima del Mediterráneo una concurrencia de pueblos que se vieron acosados por la progresiva desecación del Sahara, vino a asentarse en oleadas sucesivas desde las altas mesetas rocosas hasta la misma orilla pantanosa del río.

De la parte de Oriente, se produjeron infiltraciones permanentes a través de dos vías básicas: el Delta oriental y la prolongación natural del pasillo sirio, a lo largo del Mediterráneo, puerta abierta a todas las razas y pueblos cuya procedencia última tendría su origen, de una parte, en el Asia central y las áreas mesopotámicas y, de otra, en las orillas ribereñas con el Mar Rojo a las que accedían gentes a través de la península del Sinaí, procedentes de la actual península Arábiga.

El valle y el delta fueron el crisol dónde todas estas aportaciones sanguíneas de origen Kamito-Tchadiano-Berebero-Semítico se amalgamaron formando un nuevo genotipo: la raza egipcia.

II. El nacimiento de la lengua y la escritura

En la mezcla resultante del encuentro de los grupos africanos, semíticos y beréberes, el grupo humano del Este, verosímilmente el más importante, parece que dio a la lengua egipcia una fuerte coloración semítica tanto en su estructura como en su vocabulario.

Sin embargo, la lengua egipcia también posee grandes elementos que la emparentan con lenguas africanas empleadas en el ámbito nilótico y sudanés, tales como el somalí, el gala, el saho o el afar. Si las razas se mezclaron en el valle, también lo hicieron sus lenguas, nada más natural. La creación del sistema jeroglífico no resultó como consecuencia de un proceso lineal. Se trató de un sistema que prevaleció sobre otros que se intentaron.

Sin duda este sistema es heredero de los pictogramas que se ven sobre ciertas cerámicas de la época prehistórica.

La escritura jeroglífica fue el soporte para integrar sólidamente entre sí, en una sola lengua, las diferentes aportaciones lingüísticas de los pueblos que acudieron a poblar el valle del Nilo. Una sola cultura, una sola escritura, un solo pueblo, eran las premisas de los reyes de la unificación. Las ausencia de las vocales en la escritura y la presencia de los determinativos permitían a cualquier escriba fuera oriundo del norte o del sur, descifrar un texto oficial.


III. Los aspectos históricos

Los testimonios de vida humana en el valle del Nilo se remontan al Paleolítico Inferior, como atestiguan los hallazgos de útiles de piedra.

Hacia el quinto milenio antes de Cristo aparecen en Egipto los primeros grupos de cultura neolítica que parecen haberse mezclado o superpuesto a los grupos ya existentes en el valle. Sólo esta posibilidad permitiría comprender los aspectos heterogéneos del neolítico egipcio.

En un proceso de colonización interna y de fusión de componentes culturales dispares surgió una cultura propia, realmente egipcia. En los umbrales del cuarto al tercer milenio se produjo la formación del estado faraónico y el surgimiento de la civilización egipcia.

El yacimiento de Merimde Beni-Salamé, en el Bajo Egipto, situado en el vértice sur del borde occidental del Delta del Nilo, constituye el más antiguo del neolítico egipcio. Su período cronológico abarca desde el sexto al quinto milenios a. de C.

Hay otros yacimientos en el Omarí y en Heluán, cerca de El Cairo que se corresponden con el período cronológico de Merimde. Los asentamientos de época más reciente en el Bajo Egipto se han encontrado en la localidad de Maadi, también al sudeste de El Cairo.

Los materiales hallados en Maadi, incluidos restos de material de cobre para uso cosmético, parecen indicar la posibilidad de un gran entramado comercial y político de esta zona con el sur de Palestina y el Oriente Próximo. Pero la gente de Maadi también se relacionaba con los habitantes del Sur del valle, en el Alto Egipto. Por ejemplo esto se nota en la cerámica roja, primero importada y luego fabricada y en las paletas de esquisto, también traídas del Alto Egipto.

Así pues, este lugar era un punto de tránsito en las relaciones comerciales entre el Alto Egipto y los pueblos del Oriente Medio. En el sur se daban en estos momentos (hacia el 4400 a. de C.) focos culturales representados básicamente por el Badariense, cuyos yacimientos se han encontrado en las inmediaciones de Assiut, en el Egipto medio. A la cultura de Badari le sucede, en el Alto Egipto la de Nagada, la más importante de las culturas prehistóricas en el sur.

Convencionalmente dividida en tres grandes fases (I a III) nos ofrece el hilo conductor que lleva directamente a la fundación del Estado Egipcio. Una característica decisiva de la cultura de Nagada es su dinámica geográfica. Partiendo de su foco geográfico situado en el meandro que el río hace a la altura de la actual ciudad de Kena, en principio se fue expandiendo hacia el norte hasta la actual Assiut, y hacia el sur, hasta más allá de la primera catarata.

Las distintas fases de la cultura nagadiense van mostrando la evolución cultural de sus integrantes. Asentamientos regulares, cementerios, útiles cerámicos rojos con boca negra, esculturas vinculadas con la fertilidad, paletas de esquisto con formas animales, vasijas de marga con representaciones de barcos que discurren por el ríos nos muestran el avance cultural de los pobladores del Alto Egipto. Se advierte la creación de una elite del período de Nagada II que funda ciudades amuralladas que controlan grandes superficies con asentamientos agrícolas.

También se han descubierto espacios ceremoniales que recuerdan a las primeras instalaciones dinásticas para la celebración de los festivales Sed. En Hierakonpolis, al sur de Luxor, se encontró una hermosa tumba pintada (la llamada Tumba nº 100), en la que se ven representadas escenas de navegación, caza y lucha entre hombres que proclaman abiertamente el anuncio de los tiempos históricos.

Este periodo es ahora identificado como la dinastía ‘00’ (desde Nagada II tardía a principios de Nagada III) y la dinastía ‘0’ (Nagada IIIB).

Desde el punto de vista de los antiguos egipcios este segmento cronológico representa lo que ellos identificaron como ‘la época legendaria’, que fue previa a la histórica y que constituye un banco nebuloso donde parece que arranca todo lo faraónico. Se trata de la idea del inicio mismo de la raza dinástica.

Los textos no cuentan nada y tampoco nos hablan de los Shemsu Hor (Seguidores de Horus) término que sirve para designar a los reyes que, al parecer, precedieron a las dinastías históricas. Se trata de relatos orales, transmitidos entre los sacerdotes que hablan acerca de que los primeros reyes de Egipto fueron los propios dioses, los creadores del mundo, conforme nos relata el ciclo heliopolitano.

Después (siempre según los relatos egipcios) intervinieron los semi-dioses, hijos de los anteriores. Después de las dinastías divinas y las semi-divinas, se contabilizaban por los sacerdotes una serie de reyes no determinados que recogen los anales reales más antiguos
que conocemos. El Papiro de Turín varía ligeramente esta descripción.

En suma, para los egipcios el conjunto de los semi-dioses, los espíritus ancestrales y los hombres que reinaron antes de la dinastía I formaron el conjunto de los llamados ‘seguidores de Horus’.

El único documento preciso que se refiere al final del período legendario, la llamada ‘Piedra de Palermo’, representa a una serie de personajes que llevan la corona roja del Bajo Egipto de los que nos facilita los nombres que para nada se parecen a los nombres egipcios habituales, tales son Seka, Jaau, Tiu, Tchesh, Neheb, Uadyined y Mehe.

Quizás estos formaran parte de la lista manetoniana de los reyes menfitas y, en tal caso, los tinitas deberían ser identificados con algunos de los propietarios de los monumentos de Abidos que habitualmente han sido integrados dentro de la dinastía I, y que, en puridad, deberían ser considerados como los inmediatos antecesores de Menes, el unificador.

IV. Conclusiones

No se puede negar que la aportación de sangre extranjera a la población egipcia no cesó a lo largo de toda su historia, igual que hoy mismo sigue sucediendo. La afluencia de invasores, ya fueran estos asiáticos o negros del sur, siguió marcando las modificaciones genéticas del pueblo de los faraones, pero no se puede ignorar que aquellos rostros antiguos siguen poblando los días y las noches de Egipto.

Esto es válido tanto en el caso del actual pueblo copto, que se reputa ser el más directo descendiente de los antiguos egipcios, cuanto en el de la población campesina del valle y el delta. No es exagerado, pues, afirmar a guisa de conclusión final que el hombre egipcio no fue nada especialmente diferente del que, en rasgos generales, se puede ver hoy en día en Egipto.

Para hablar con propiedad se ha de considerar que Egipto está poblado hoy por una masa de coptos islamizados que, si bien ha soportado a lo largo de siglos, tras la invasión árabe, las mezclas con razas vecinas de Asia, África o el Mediterráneo, ha mantenido estable un prototipo de hombre que fue la materia prima con que se construyó una de las civilizaciones más esplendentes de la humanidad.

Ellos son los herederos de aquellos que descubrieron antes que nadie la inmortalidad y los dioses, los que inventaron la vida eterna a orillas del Nilo eterno.

Dr. Francisco J. Martín Valentín

Anexo

Estimación de la población del Egipto faraónico en las distintas épocas de su historia
(de Butzer, 1976, 83 y 85; fig. 13)

4000 a. de C. (Predinástico) 548.000
3000 a. de C. (Época Tinita) 866.000
2500 a. de C. (Imperio Antiguo) 1.614.000
1800 a. de C. (Imperio Medio) 1.900.000
1250 a. de C. (Imperio Nuevo) 2.850.000
130 a. de C. (Época Grecorromana) 4.322.000


Bibliografía básica de referencia

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Bernal, M. - Black Athena: The Afro-Asiatic roots of classical civilization.]i Dos volúmenes. Londres 1987-1991.
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Yurco, F. J.- 'Were the ancient Egyptians black or white ?.' BAR 15/5 (1989), 24-9, 58.
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

EL PRÓXIMO DÍA 27 DE OCTUBRE COMIENZA LA QUINTA CAMPAÑA (AÑO 2007) DEL PROYECTO SEN-EN-MUT TT 353, EN DEIR EL BAHARI, DURANTE LA CUAL SE ABORDARÁN DIFERENTES TRABAJOS DE EXCAVACIÓN Y ESTUDIOS SOBRE EL CITADO HIPOGEO QUE FUE EXCAVADO POR ORDEN DE MAYORDOMO DE AMÓN SEN-EN-MUT, DURANTE LA DINASTÍA XVIII, EN EL REINADO DE HATSHESPUT (hacia 1479-1457 a. C.)


Equipo español del proyecto en la campaña del año 2006
Equipo español del proyecto en la campaña del año 2006



El Instituto de Estudios del Antiguo Egipto, con el apoyo y la financión del Ministerio de Cultura de España, es la institución encargada de llevar a cabo los trabajos del Proyecto Sen-en-Mut realizados en el monumento catalogado como la TT 353 en Deir El Bahari.

En el mes de Abril de 2000 el responsable de las antigüedades del West Bank, Dr. Mohamed El Bialy, ofreció al Instituto de Estudios del Antiguo Egipto, la oportunidad de trabajar en el hipogeo TT 353 de Sen-en-Mut en Deir El Bahari, para lo cual, me sugirió la idea de presentar un proyecto para ser sometido al Comité Permanente del SCAE, en relación con dicho monumento.

Nuestro Proyecto está auspiciado por el Ministerio de Cultura de España, quien viene financiando los trabajos hasta ahora realizados.

Tras los trámites oportunos y la correspondiente aprobación del proyecto presentado, en el año 2003 se inició la primera campaña de trabajo sobre el terreno, hemos desarrollado hasta el momento cuatro campañas de trabajo en el interior del monumento y en el área que circunda al mismo.

El Proyecto Sen-en-Mut se integra en el marco del actual modo de entender la actuación en los monumentos y restos arqueológicos existentes en Egipto. Hoy se impone la preservación, restauración, y si es posible, el estudio lo más completo posible de los monumentos existentes y ya conocidos. No podremos avanzar en el camino de la adecuada conservación del patrimonio arqueológico e histórico de Egipto sin nuestro compromiso con la protección de los monumentos.

El SCAE nos sometió la idea de habilitar el acceso a la TT 353, seriamente dificultado por los restos depositados en su interior a causa de las lluvias torrenciales habidas en Luxor, especialmente la del año 1994.

Así pues, sometimos la posibilidad de excavar y habilitar dicho acceso con la instalación de un nuevo sistema de iluminación, al mismo tiempo que someter al monumento a un nuevo estudio en sus aspectos epigráficos y arquitectónicos, y sus especiales características en relación con otros monumentos relevantes del área de Deir El Bahari.

El hipogeo de Sen-en-Mut (TT 353), fue descubierto por Herbert Winlock en el mes de Enero de 1927, en el curso de una exploración de un antiguo vertedero situado en el rincón noreste del Templo de Hatshepsut en el Deir El Bahari. Ha sido objeto de publicación en cuanto a la documentación obrante en el MMANY por el Profesor Peter Dorman en 1991 (PMAEE, Vol. XXIV).

Se trata de un monumento único en su género que consta de un corredor que desemboca en una primera cámara (la única con decoración), la llamada cámara ‘A’, cuyo techo recoge el plano astronómico más antiguo de la humanidad.

En su muro oeste se puede ver una estela de falsa puerta, y el resto de sus paredes están cubiertas de hileras verticales de textos jeroglíficos que incluyen Textos Rituales y ciertas invocaciones de los Textos de las Pirámides, de los Textos de los Féretros o Sarcófagos así como ciertos capítulos del Libro de los Muertos.

Otro corredor con escaleras conduce a la segunda cámara, sin decoración, y desde allí, arranca una rampa descendente que conduce a la tercera cámara, también sin decorar y con el techo abovedado. Un pequeño pozo se abre en el rincón noreste de esta última.

La primera de las cámaras se halla situada bajo la parte exterior del témenos del Templo de Hatshepsut, mientras las dos restantes se encuentran bajo la primera terraza de dicho templo.

Nuestro proyecto consistió en ofrecer al SCAE la realización de los trabajos de excavación y adecuación necesarios en el interior del monumento para acondicionarlo para la visita solamente por parte de especialistas y estudiosos, no para los turistas.

También se incorporó al proyecto la ejecución de ciertas obras civiles en el entorno de la entrada al hipogeo, al efecto de protegerlo contra las posibles inundaciones procedentes del agua de las lluvias torrenciales que periódicamente se producen en la zona. Dichas obras civiles implicaron la neesidad de realizar excavaciones arqueológicas de limpieza previa del terreno afectado por aquéllas.

Al mismo tiempo, se consideró oportuno proponer la realización de una copia facsímil de los muros y techo de la cámara ‘A’ para proceder a su montaje exterior en un pabellón de visitantes, en las cercanías de la entrada al monumento.

La campaña del año 2003 consistió en el reconocimiento del terreno y el replanteo del diseño original. Durante las campañas 2004 y 2005 se llevaron a cabo todos los trabajos de excavación y limpieza en el interior del monumento, despejando y evacuando todos los materiales de sedimentación que habían entrado al interior del hipogeo durante las lluvias torrenciales del 1994. Al mismo tiempo se instaló una rampa de acceso, construida con madera de pino finlandés, con su barandilla, y un sistema de iluminación apropiado.

Básicamente luz azul fría, en forma de balizas centrales en la rampa. Se protegió el estuco que recoge la figura de Sen-en-Mut a la altura del escalón 08 desde la cámara ‘A’. y se dispuso una plataforma de madera limitada con barandilla para conducir a los visitantes hacia las escaleras, forradas de madera que bajan hacia la cámara ‘B’.

Durante el mes de abril de 2004 se detectaron unas graves humedades provocadas por un vertido masivo de agua limpia procedente de un tanque depositado en el ángulo suroeste de los servicios para turistas existentes junto al templo de Hatshepsut. Las citadas humedades se manifestaron en el rincón superior noreste de la cámara ‘A’, y los paramentos oeste y norte de la misma.

De este modo se vieron afectados, el techo astronómico, y los textos de los muros oeste y norte de la citada cámara. La pronta localización del origen de las aguas vertidas permitió clausurar los citados servicios y parar la afluencia de la inundación. Se produjeron serios daños en el techo astronómico que han sido objeto de control y observación por medio de los correspondientes lectores de humedades y alteraciones de temperatura debidamente depositados en las cámaras ‘A’ y ‘C’, y a la entrada del monumento.

Hoy las citadas humedades han cesado en su progreso, aunque han hecho presencia las sales que podrían perjudicar las partes del muro rellenadas con yeso en época faraónica. El proceso sigue en periodo de observación hasta contrastar la curación definitiva de dichas humedades.

Durante el desarrollo de las correspondientes campañas de trabajo en el proyecto se han llevado a cabo excavaciones puntuales en el área exterior adyacente a la entrada al hipogeo que han entregado importantes restos cerámicos policromados y restos fragmentarios de partes de edificios adyacentes originalmente construidos en el recinto del templo de Hatshepsut.

La idea final del proyecto consiste en proponer la creación de un nuevo espacio museístico en Deir El Bahari, con la explicación de la TT 353 en su auténtica naturaleza.

Durante las campañas pasadas se estableció una nueva planimetría del monumento por medio de lectura digital.

Realizando tal trabajo se encontró que el eje de la cámara ‘A’ que pasa por la exacta mitad de la estela de falsa puerta existente en el muro oeste de la cámara ‘A’, venía a conectar en su proyección ideal con el muro norte, cara este, del Templo de Hat-Hor, en el recinto del templo de Hatshepsut, en Deir El Bahari. Y, penetrando en su interior, con las capillas hathóricas donde está representado Sen-en-Mut arrodillado.

Esto quiere decir que, muy probablemente, la intención final de la excavación de la TT 353 en dicho lugar quizás fuera formar parte, de modo oculto y como un cenotafio o 'falsa tumba' para el Mayordomo de Amón Sen-en-Mut, del propio recinto sagrado del templo de la Reina Hatshepsut en Deir El Bahari.

La existencia en el área de Deir El Bahari de otros monumentos significativos, tal como el conjunto funerario del rey Neb-Hepet-Ra Montu-Hotep II, ha implicado la necesidad de una investigación más detallada de este monumento para encontrar posibles conexiones comparativas con la TT 353.

De hecho, el hallazgo por Howard Carter (Carter, H. ASAE 2 (1901), 201-205) de la estatua del rey llevando la Corona Roja hace pensar en la posibilidad de que Sen-en-Mut se inspirase en dicho soberano como dueño de la Corona Roja conquistada por derecho propio a los reyes heracleopolitanos de la capital del norte de Egipto.

La cuestión que rápidamente se planteó a nuestro equipo fue la reconsideración de la naturaleza utilitaria de la TT 353 como una tumba. Desde su descubrimiento por Winlock, nuestro monumento fue calificado como ‘la segunda tumba de Sen-en-Mut’, aunque existen muchos indicios para considerar que muy probablemente dicho monumento no fue nunca utilizado como una tumba, ni excavado para cumplir dicho fin.

En primer término, sabemos que la tumba conocida de Sen-en-Mut siempre fue la TT 71, situada en Sheij Abd El Gurnah. Su sarcófago fue hallado por Winlock en la ladera de la capilla de dicho monumento funerario durante las excavaciones del Metropolitan Museum of Art of New York del año 1938.

Las dimensiones del sarcófago, hoy reconstruido y exhibido en el MMANY, muestran la imposibilidad de que el mismo pudiera ser manejado en el interior de nuestro monumento (la existencia de escaleras y las estrechas dimensiones del corredor de entrada hacia la cámara ‘A’ no avalan la posibilidad de que el sarcófago estuviera destinado a ser depositado en la TT 353).

De otra parte, la consideración de la existencia de los depósitos de fundación hallados por Winlock a la entrada de la TT 353, y la clase de los objetos hallados en los mismos, muy similares a los encontrados en los del Templo de la reina Hatshepsut, en Deir El Bahari, descalifican al monumento como tumba privada, siendo más propio, por los paralelos conocidos hasta el momento, considerar a la TT 353 como una capilla-cenotafio dedicada a dar culto funerario a Sen-en-Mut en un nivel superior al de los personajes privados, no reales de la época.

El examen de los textos y de la epigrafía de la cámara ‘A’ deja entrever que Sen-en-Mut quiso para sí una especial condición de naturaleza cuasi-real. El uso del título de
Depositario del sello del Rey del Norte, utilizando para representarlo el jeroglífico de la corona Roja en lugar del de la avispa, es un buen indicio.

También es un excelente dato para llegar a esta conjetura la existencia en el muro sur de la cámara ‘A’ de las invocaciones nº 220-221 de los Textos de las Pirámides. Estos textos están dedicados a garantizar al rey la posesión de la Corona Roja del Bajo Egipto (Cabe pensar que Sen-en-Mut mismo pudo haber intentado disfrutar dicho privilegio, desde un punto de vista simbólico).

La presencia, en la banda central de los textos del techo de la cámara ‘A’, de los nombres de la reina seguidos por el de Sen-en-Mut y los de los padres de éste, todos en igual tamaño, también indica el excepcional nivel de familiaridad y confianza alcanzado por el Mayordomo de Amón Sen-en-Mut con Hatshepsut .

Otro dato de sumo interés obtenido a partir de las correspondientes observaciones arquitectónicas del monumento, muestra que el techo de la tercera cámara, abovedado, resulta ser el primer caso conocido de este tipo de disposición arquitectónica religiosa. La presencia de una creencia en el destino solar del difunto, para unirse con Ra en la navegación celeste nocturna y diurna sobre su barca, siempre fue un privilegio real no accesible a los particulares.

Este tipo de techo será común muy posteriormente en las cámaras del sarcófago de las tumbas reales de las dinastías XIX y XX, en el Valle de los Reyes.

El hallazgo realizado por Winlock en el pozo de la tercera cámara, consistente en una cabeza cerámica, es circunstancialmente muy positivo, en tanto que parece tratarse de una cabeza-tapadera de vaso canopo de la época, lo que nos daría la seguridad de entender que estamos en presencia de un lugar donde depositar las vísceras de Sen-en-Mut, mientras que su momia habría estado destinada a ser ubicada en una de las cámaras funerarias inacabadas de la TT 71.

El descubrimiento por Winlock del enterramiento intacto de los padres de Sen-en-Mut en la ladera de la colina de Sheij Abd El Gurnah, junto a la capilla de la TT 71, avala la idea de que Sen-en-Mut nunca debió pensar en hacerse enterrar en otro lugar.

El Proyecto Sen-en-Mut desarrollado por el Instituto de Estudios del Antiguo Egipto en la TT 353 tiene, pues, por objeto la recuperación completa del monumento, un exhaustivo estudio y documentación del mismo desde el punto de vista egiptológico y monumental, así como la elaboración de una propuesta para su comprensión total, su exacta documentación por medio de sistemas de reproducción digital, y su exhibición al gran público por medio de una copia facsímil que asegurará su conocimiento sin sufrir los eventuales daños causados por las masas de turistas en sus visitas.


Francisco J. Martín Valentín
Director del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto
Director del Proyecto Sen-en-Mut (TT 353)
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman
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Editado por
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman
Francisco  J. Martín Valentín y Teresa Bedman
Francisco J. Martín Valentín es egiptólogo. Director del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto. Director de la Misión Arqueológica Española en Asasif, (Luxor Occidental Egipto), desarrollando actualmente el “Proyecto Visir Amen-Hotep. TA 28". Director de la Cátedra de Egiptología ‘José Ramón Mélida’. Teresa Bedman es egiptóloga. Gerente del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto. Co-directora de la Misión Arqueológica Española en Asasif, (Luxor Occidental Egipto), desarrollando actualmente el “Proyecto Visir Amen-Hotep. TA 28”. Secretaria de la Cátedra de Egiptología ‘José Ramón Mélida’.






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