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Blog de Tendencias21 sobre el Antiguo Egipto

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Miércoles, 27 de Junio 2007 - 16:30

El Profesor mafred Bietak en los Cursos de verano de El Escorial 2007
El Profesor mafred Bietak en los Cursos de verano de El Escorial 2007
Bajo el titulo El Egipto faraónico en su proyección Mediterránea: tres milenios de Historia, ha dado comienzo hoy el II Curso de Egiptología que la Cátedra de Egiptología y el Instituto de Estudios del Antiguo Egipto han organizado dentro de los Cursos de Verano que, la Fundación General de la Universidad Complutense organiza cada año, en el incomparable marco de San Lorenzo de El Escorial.

El acto arrancó con unas palabras de los directores del curso el profesor Dr. Federico Lara Peinado y el Dr. Francisco Martín Valentín que agradecieron a los asistentes su presencia.

A continuación el Profesor Manfred Bietak de la Universidad de Viena y Director de la Misión Austriaca que, desde hace mas de veinte años trabaja en la zona de Tell el Daba, en el Delta oriental de Egipto.

El Dr. Bietak sorprendió a todos los asistentes, con las valiosas aportaciones que este yacimiento está aportando para entender, el contexto cultural y comercial de Egipto hacia el siglo XVI a d. C.

Habló de los palacios de planta cuadrada, claramente no egipcios; de las tumbas de hombres que se hacían enterrar con un asno y una esclava; de los enterramientos de ejecutados in situ....,o de su brillante propuesta para determinar el lugar exacto de Peru-Nefer, el puerto comercial egipcio del que nos hablan los textos y que muchos egiptólogos habían situado en la proximidades de Menfis. Los descubrimientos del Profesor Bietak y su misión nos vienen a proponer que el mencionado puerto habría estado ubicado en Tell el Daba, en el Delta oriental, junto a la boca pelúsica del Nilo.

Todas ellas aportaciones muy interesantes, que abrieron un interesante coloquio por la tarde durante la mesa redonda, donde también participaron junto al Profesor Bietak, el Profesor. Lara Peinado como moderador, el Dr. Francisco Martín Valentín, D. Jesús Gil Fuensanta y Dª Teresa Bedman.

Medio centenar de alumnos procedentes de diversos puntos de la geografía española como Alicante, Palma de Mallorca, Las Palmas, Pontevedra y Madrid participan en este interesante curso.

Ya por la tarde-noche tuvo lugar el acto inaugural en el Aula Magna del Real Colegio Universitario Maria Cristina, donde el Excmo. Sr. Rector Magnífico de la Universidad Complutense de Madrid, Profesor Carlos Berzosa tuvo la amabilidad de dirigir a todos los asistentes, profesores y alumnos, unas palabras de bienvenida en el XX aniversario de la celebración de estos curso de Verano de El Escorial, decanos de los que se celebran en nuestro país durante los meses estivales. A continuación tomó la palabra D. Juan Ferrera como director de los mismos, que así mismo dio la bienvenida a todos los participantes. Seguidamente, el escritor D. Eduardo Mendoza con su humor característico y su buen verbo literario hizo pasar un rato agradable a todos los asistentes.

Cerró el acto el Sr. Presidente del Congreso de los Diputados, D. Manuel Marín.


Teresa Bedman
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Texto de la documentación entregada a los participantes en el Curso ‘EL EGIPTO FARAÓNICO EN SU PROYECCION MEDITERRANEA: TRES MILENIOS DE HISTORIA’, en el seno de los Cursos de Verano de la Universidad Complutense de Madrid celebrados en El Escorial, para la ponencia del día 26 de junio de 2007.


Coloso sur del templo funerario de Amen-Hotep III en Kom El Heittan
Coloso sur del templo funerario de Amen-Hotep III en Kom El Heittan
La naturaleza y extensión de las relaciones entre Egipto, Chipre, Anatolia, Creta, las islas del Egeo y el territorio continental de la futura Grecia no hicieron más que incrementarse desde la prehistoria tardía a la Edad de Bronce (hacia 3500-1070 a. C.). Los hallazgos arqueológicos producidos en el área de las diferentes islas del Egeo, sugieren que los habitantes de las islas de Chipre y Creta, así como los del Este de Anatolia actuaron siempre como intermediarios para introducir y transmitir mercancías y objetos procedentes del Valle del Nilo.

La segunda mitad de la dinastía XVIII, durante el Imperio Nuevo, fue la época de mayor expansión exterior del poder de Egipto. Su situación estratégica en el área geográfica del Oriente Medio y las campañas militares expansivas llevadas a cabo durante la primera mitad del Imperio Nuevo propiciaron que Egipto se convirtiera en la potencia más poderosa de aquel tiempo.

Durante el reinado de Amen-Hotep III se produjo un sustancial cambio cualitativo en el modo de establecer y mantener relaciones con los pueblos que rodeaban a Egipto, pasando del método de las campañas militares, al del envío de representantes del rey para concertar alianzas basadas en las uniones matrimoniales, y mantener contacto personal con los soberanos de los pueblos circundantes por medio del intercambio de correspondencia escrita así como de regalos y símbolos representativos del poder y el prestigio reales.
Por estas razones, y en este ambiente de incremento de la utilización de los métodos no bélicos en la práctica de las relaciones internacionales, el Mar Mediterráneo fue un marco especialmente activo.

En este concreto periodo se observa un incremento de las relaciones recíprocas, de modo que los elementos característicos culturales de los pueblos que habitaban el Mediterráneo oriental comienzan a hacerse muy presentes en el Valle del Nilo. De este modo se observa una influencia de doble dirección entre Egipto y los otros pueblos del Mediterráneo oriental.

Los reinados de los reyes Amen-Hotep II y Amen-Hotep III (hacia 1452-1382 a. C.)
coinciden con los siguientes periodos de los otros pueblos ribereños y habitantes del Mediterráneo: Chipriota Tardío IIA-B; Bronce Tardío 1B-2A; Minoico Tardío II-IIIA:1 y Heládico Tardío IIB-IIIA:1.

Chipre y Egipto: Se ha encontrado cerámica de la clase Chipriota Tardío I-II (p. ej. de base de anillo I-II y de engobe rojo lustroso). El análisis del interior de los vasos esféricos de base de anillo revelan una sustancia aceitosa (ungüentos o perfumes) y, posiblemente opio. Los estratos coincidentes con el contexto Chipriota Tardío IIA:2 revelan varios documentos egipcios en Chipre: calcita (alabastro), vasijas de vidrio y fayenza; joyería de bronce, oro y plata; y escarabeos. Estos niveles y otros posteriores revelan los nombres de Amen-Hotep III y/o la Reina Tiy en un anillo, un escarabeo y un escarabeo conmemorativo.

Anatolia y Egipto: Inscripciones en acádico, hitita, y egipcio recogen los nombres de regiones y pueblos anatolios: Arsawa (Sur de Anatolia), Jatti/ Jattusha (Anatolia central), Kashka (noreste de Anatolia), y Arusna (noroeste de Anatolia). Dos cartas citan el intercambio de regalos y mensajes entre Amen-Hotep III de Egipto y Tariundaradu de Arsawa: se promete a Amen-Hotep III en matrimonio una hija de este rey. En el cambio Amen-Hotep III discute la dote y envía un regalo de oro, 317 piezas de lino (vestidos, capas y otras piezas), 10 recipientes con aceite dulce, 13 sillones de ébano con incrustaciones de marfil y oro, y 100 piezas de oro. Muchas tumbas pertenecientes al periodo Heládico Tardío IIIA en Panastepe (Turquía), cerca de Troya, han entregado oro egipcio, un alasbastrón, un escarabeo de la dinastía XVIII y un escarabeo de Amen-Hotep III.

Creta y Egipto: La base (lista En de Edel) de la quinta estatua de Amen-Hotep III en Kom El Heittan contiene topónimos para Creta en general y ciertos lugares concretos de Creta: Keftiu (Creta) es descrita como un oscuro país septentrional cerca de Asia, con topónimos como Lyktos en el Este de Creta, Amnisos en el norte de Creta, Knossos en el centro de Creta, Kydonia en el Oeste de Creta, y Phaistos en el sur de Creta. Aunque la cerámica del periodo Minoica Tardío II no es conocida en Egipto, las pinturas egipcias revelan una gran influencia minoica y la presencia de muchos de sus productos.

Un ostracon (BM 5647) habla de un personaje llamado ‘el de Keftiu’.
Un papiro médico transcribe un remedio en lengua keftiu para curar ‘una enfermedad asiática’ (Pap. Lon. Med. 11, 4-6):
‘Encantamiento para la enfermedad de Asia (Tanet-Amu): consiste (en) lo que dicen en este caso los (habitantes) de Keftiu: Sa-an-ta-ka-pa (¿)-pi-ua-ya-’a –ya-ma(i, u-)ai, (u)n-ta-ra-ku-ka-ra. (Se dirá este encantamiento sobre estos y estos otros medicamentos’ ).

Pinturas murales en tumbas recogen barcos de keftiu en los astilleros reales egipcios.
Las tumbas tebanas muestran a gentes keftiu llevando vasijas labradas en metal (rythones con cabezas de animal, jarras, cántaros, vasos globulares), lingotes, curtidos y vestidos. Estos minoicos llevan el cabello largo, negro y con múltiples bucles y llevan faldas cortas (con dibujos multicolores, borlas y un cinturón), y, en ocasiones, botas o sandalias con cordones.

En la tumba del visir Rej-Mi-Ra el pintor ha reemplazado la falda keftiu por una falda lisa, que muchos estudiosos interpretan como el reflejo de las influencias micénicas en Creta y la sustitución de embajadores minoicos en Egipto. Las decoraciones existentes en las capillas de las tumbas egipcias probablemente estarían inspiradas en los diseños decorativos de los tejidos minoicos (representados en los frescos egeos) que eran importados en Egipto. La decoración minoica también aparece en una jarra para cosméticos hecha en madera, encontrada en Sakara.

En Creta, la influencia egipcia durante los periodos Minoico Tardío II y IIIA:1 están menos extendidos. Pero cuenta con 30 recipientes egipcios de alabastro, diorita, cerámica, frita, y profirita, un escarabeo de Amen-Hotep III y de la Reina Tiy, y cuentas de collar y amuletos de lapislázuli de estilo egipcio.

En un contexto más claramente vinculado con los periodos Minoico Tardío I-II y II-IIIA:1/A, se han encontrado 12 recipientes de alabastro, calcita y diorita en Knossos, mientras que la presencia de Amen-Hotep III y de la Reina Tiy está documentada por medio de escarabeos y un sello procedente de Khania, Knossos (Sellopoulo) y Aya Triadha.

Grecia y Egipto:
Los textos del Próximo Oriente utilizan numerosos nombres para referirse a Micenas y otros lugares situados en Grecia, y en el oeste de Anatolia.
Los textos hititas mencionan el reino de Ahhiyawa, en el oeste de Anatolia, probablemente los aqueos de Homero; también mencionan a una ciudad costera llamada Millawanda / Milawata (Mileto?), y un tratado firmado con Tarwisa (Troya?) y Aleksandu (Alejandro) de Wilusa (Ilion?).

La lista de la base de estatua de Amen-Hotep III muestra a estos pueblos y lugares como topónimos asociados con Micenas. Estos lugares son descritos como oscuros países septentrionales.

Otros textos egipcios mencionan a unas islas (posiblemente las Cícladas) situadas en medio del “Gran Verde” (Mar Mediterráneo).

A pesar de que solo se han encontrado en Egipto muy pocas vasijas pertenecientes al periodo Heládico Tardío IIB, hay bastantes evidencias de los contactos de Egipto con Grecia. Se constatan temas similares entre el arte egipcio y el arte egeo, tales como escenas de ganado en los pantanos (Palacio de Amen-Hotep III en Malkata y temas decorativos en vasijas micénicas).

El contexto Heládico Tardío II y otros más tardíos en Micenas y Argivo Heraion muestran muchos documentos egipcios: un cántaro, un vaso globular, un alabastrón y jarras de alabastro y fayenza, seis fragmentos de placas con el nombre de Amen-Hotep III, escarabeos de la dinastía XVIII, un diseño de un caballo galopando decorando la hoja de una daga, y un huevo de avestruz montado en estilo minoico con oro y lapislázuli, quizás proveniente de Egipto. Otros restos encontrados incluyen los cartuchos de Amen-Hotep III y/o la Reina Tiy en la estatuilla de un mono, en un vaso de fayenza, y en escarabeos procedentes de Micenas, Ayios Elias e Ialysos (Rhodas), Camiros (Rhodas).

Sunion ha entregado escarabeos de Amen-Hotep III reutilizados durante la dinastía XXVI. En el Museo marítimo del Pireo (Ática) se exhibe un ancla egipcia de Imperio Nuevo de procedencia desconocida.


El reinado de Aj-en-Aton y sus sucesores hasta el final de la dinastía XVIII

El periodo de los reinados de Amen-Hotep IV (Aj-en-Aton) y Hor-em-Heb (hacia 1382-1323 a. C.) coincide con los periodos Chipriota Tardío IIB, Bronce Tardío 2B, y Heládico Tardío IIIA2-B1.

Egipto y Creta: El contacto entre Egipto y Creta continuó durante este periodo. La cerámica cretense y la heládica encontradas en Amarna apenas se distingue entre sí. La influencia egeo/minoica se muestra en los motivos decorativos utilizados en los suelos y muros de los palacios de Amen-Hotep III en Malkata y de Aj-en-Aton en Amarna. Al mismo tiempo, han aparecido en Creta múltiples objetos y productos egipcios de la época.

Egipto y Grecia: La cerámica del tipo Heládico Tardío (micénica) IIIA:2 es muy abundante en Amarna, Deir El Medina y Sakara. El arte de este periodo revela motivos y formas comunes en Egipto y Grecia.

Al mismo tiempo los niveles correspondientes al Heládico Tardío IIIA:2 de Grecia han entregado objetos egipcios de esta época. Se ha encontrado un papiro en una capilla para el rey situada en Tell El Amarna en el que se muestra una escena de batalla con la presencia de, al menos, dos soldados de posible origen micénico, a la vista de sus yelmos.

Egipto y Chipre: Los archivos del Amarna contienen correspondencia con el rey de Alasiya (Chipre), detallando regalos hechos a Egipto consistentes en lingotes de cobre, aceite, madera, caballos, y marfil.(Cartas EA 33-40). Alli se mencionan ataques contra Egipto por gentes de Lukka y algunos chipriotas (EA 38), así como peticiones para repatriar a chipriotas reclamados por el rey de Chipre. Otras se refieren a comerciantes chipriotas residentes en Egipto. Otro texto procedente de Ugarit habla de la construcción por chipriotas de barcos para los egipcios.

La cerámica importada en Egipto y hecha en talleres locales con influencia chipriota muestran vasos globulares, pequeños frascos y otras formas típicas chipriotas. Cartas enviadas desde Alasiya a Egipto hacen referencia a emisarios egipcios que residen en Chipre y hablan del retraso por tres años en el envío de un cargamento de cobre debido a la muerte probablemente por una plaga de los trabajadores del cobre.

Otras cartas chipriotas hacen mención de regalos egipcios como una cama de ébano, oro, plata, aceite de buena calidad, y un carro con sus caballos. El rey de Chipre aconseja al de Egipto acerca de la inconveniencia de formalizar un tratado de paz con los hititas, dado que son enemigos de Alasiya. En Chipre se han encontrado múltiples objetos egipcios: vidrio, fayenza, y una cuenta de collar del final de la dinastía XVIII con la forma de la cabeza de un nubio. También se ha encontrado un anillo de plata con el nombre de Aj-en-Aton.

Egipto y Anatolia: Los contactos entre Anatolia y Egipto se incrementaron en esta época y hay muchos hallazgos que lo demuestran. Múltiples cartas en los archivos de Amarna y del de Bogazkoy en Turquía, muestran un regular intercambio de mensajeros y correspondencia. El rey Shuppiluliuma de Jatti envía un regalo consistente en un rython de plata con la forma de las cabezas de un ciervo y un carnero y dos discos de plata.

Otros informes conocidos por las cartas hablan de otro príncipe hitita que envía un regalo de dieciséis hombres. Las correspondencias de ambos, egipcios e hititas, muestran el intercambio regular de emisarios y la reclamación al rey de Egipto para que envíe oro, una pieza de lapislázuli, estatuas de oro y plata y muebles.

En Anatolia se han encontrado objetos egipcios tales como vasos de alabastro egipcio en Bogazkoy y algún escarabeo de la dinastía XVIII en niveles Frigio Tardío y Fraktin en la Anatolia Central. Un pecio hallado en Ulu Burun, cerca del sur de Anatolia ha entregado objetos egipcios destinados al norte de Anatolia, Rhodas y Grecia.

Las relaciones entre Egipto y Hatti fueron amistosas al principio de este periodo. Una carta del archivo de Bogazkoy informa de que el rey Shuppilulima envió un emisario hitita con motivo del inusual requerimiento de una reina egipcia viuda (probablemente de Tut-Anj-Amon) para que la desposase un príncipe hitita. Las relaciones entre ambos reinos se deterioraron cuando la escolta egipcia probablemente asesinó al príncipe hitita en el camino hacia Egipto. Entonces, estalló la guerra entre ambos países por el control de Siria.


Francisco J. Martín Valentín


Bibliografía sumaria

Bietak, M. Avaris. The capital of the Hyksos. Recent excavations at Tell El Dab’a. Dorset, 1996.
Cabrol, A. Amenhotep III, le magnifique. Mónaco, 2000.
Cline, E. ‘Amenhotep III and the Aegean: A reassessment of Egypto-Aegean Relations in the 14th Century’. Or 56, 1987.
Cline, E. ‘Amenhotep III, the Aegean, and Anatolia’, en Amenhotep III. Perspectives on his Reign. Eds. O’Connor & Cline, 236-250. Ann Arbor, 1998.
Edel, E. Die Ortsnamenlisten aus dem Totentempel Amenophis III. Bonner Biblische Beiträge 25. Bonn, 1966.
Leclant, J. ‘L’Égypte et l’Égée au IIe millènaire’, en Atti e memorie del Secondo Congresso internazionale di Micenologia. Vol. II, 613-625. Roma, 1996.
Martín Valentín, F. J. Amen-Hotep III. El esplendor de Egipto. (Una tesis de reconstrucción histórica). Madrid, 1998.
Osing, J. ‘La liste des toponymes égéens au temple funéraire d’Aménophis III’, en Aspects de la culture pharaonique, MAIBL 12, 25-36. París, 1992.
Vercoutter, J. L’Égypte et le monde égéen préhellénique. IFAO, BdE XXII. El Cairo 1956.
Wachsman, Sh. Aegean in the Theban Tombs. OLA 20, 1987.
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Artículos y comunicaciones

Viernes, 22 de Junio 2007 - 22:31

Hasta no hace mucho tiempo se ha contemplado el periodo histórico de El Amarna como algo aislado, sin antecedentes ni, casi, consecuentes. En suma, como una suerte de “Seta de la Historia”. Sin embargo, el estudio en detalle de este especial momento de la historia de Egipto evidencia la existencia de una gran conjura. Hoy se puede seguir el plan urdido desde dentro de las estructuras de la familia reinante, planeado y ejecutado desde el corazón de la mismísima casa real para llevar a cabo lo que podría llamarse “golpe de Estado institucional”. Este conspiración político-religiosa dio paso a uno de los períodos más atractivos de la historia del antiguo Egipto: el amárnico, tiempo de herejía y turbulencias. Sin embargo, apenas fue un suspiro en la historia: se gestó, triunfó, llegó a su cénit y se desintegró en un lapso de tiempo de unos setenta y cinco años: hacia 1399-1325 a.C.


Amen-Hotep III. Museo de Arte Egipcio de Luxor
Amen-Hotep III. Museo de Arte Egipcio de Luxor


Días de esplendor

El Imperio Nuevo egipcio (1543-1080 a. C) conoció uno de los más brillantes momentos de la historia de aquélla civilización. La dinastía XVIII (1543-1292 a. C) fue, sin ningún género de dudas, la más importante de cuantas forman parte de aquel período. Sus reyes heredaron un país que había superado una gran guerra de liberación nacional frente a los invasores hicsos, gracias a la tutela y protección del gran dios Amón de Tebas.

La admirable combinación de madurez cultural y nuevas influencias asiáticas y mediterráneas, que en aquellos momentos florecieron de un modo especial, habían dado como resultado el nacimiento dentro de Egipto de un proceso civilizador sin parangón. Las actividades cultural, artística y económica, desarrolladas durante los primeros decenios de este período habían tenido su principal apoyo en dos pilares fundamentales: el poder religioso del dios Amón y las campañas militares llevadas a cabo por los soberanos guerreros de esta dinastía fuera de las fronteras de Egipto para crear zonas de seguridad, comercio y vasallaje. La actividad militar alcanzó su máximo desarrollo en el reinado de Thutmosis III (hacia 1479-1424 a.C).

Sin embargo, durante los reinados de sus sucesores, Amen-Hotep II y Thutmosis IV, el número de las expediciones militares exteriores fue decreciendo a media que se fueron asegurando los intereses egipcios en sus zonas de influencia. Los tratados de paz sustituyeron a los enfrentamientos bélicos. Comenzaron a establecerse alianzas de familia por medio de matrimonios del faraón con las hijas de los reyes de los principales estados que rodeaban al valle del Nilo.

La paz, la amplitud territorial, el progreso y la riqueza de Egipto llegaron a su cenit durante el reinado de Amen-Hotep III (hacia 1387-1348 a. C).

No había sido fácil: el rey era un niño cuando falleció su padre, Tutmosis IV, pero el país se mantuvo en paz y fue ejemplar la estabilidad política, gracias a los pactos establecidos entre las fuerzas solares del Atón y las del todo poderoso sacerdocio del dios Amón, dominador de Tebas.

Hasta ese momento, los reyes de la dinastía que habían precedido en el trono a Amen-Hotep III, habían oscilado en su relación con los poderes religiosos desde la sumisión a la tutela del dios Amón de Tebas, hasta la franca hostilidad y distanciamiento de este dios y de su clero amparándose en los antiguos cultos solares egipcios. Ese distanciamiento era ya palpable en época de Tutmosis IV y aumentaría durante el reinado de Amen-Hotep III. En este contexto se produjo el enfrentamiento entre los dos grandes poderes del momento: el del clero tebano de Amón y el de la casa real.


Un príncipe casi desahuciado

Amen-Hotep III, hijo y sucesor de Thutmosis IV, fue el noveno faraón de la XVIII dinastía. Estaba casado con Tiy, hija de Tuia, que llevó el título de Ornamento real, lo que implicaba una posible relación familiar con Thutmosis IV. Tiy, pues, quizá fue hija biológica de ese soberano y, por tanto, medio-hermana de su futuro esposo, Amen-Hotep III.

Oficialmente, sin embargo, los padres de la reina Tiy fueron la noble dama Tuia y Yuia, general de los carros del faraón. Este, según todas las evidencias, era de ascendencia extranjera, mientras que Tuia pertenecía a la nobleza del Egipto medio. Estas especiales características en los representantes de la dinastía debieron influir notablemente en las relaciones familiares y en la personalidad del futuro heredero del trono.

Amen-Hotep III y Tiy, primera gran esposa real, fueron los padres del príncipe Amen-Hotep, cuya fecha de nacimiento se ignora. De su niñez se conoce sólo un documento donde se le cita como príncipe: un tapón de jarra que lleva la inscripción “Dyeda (grasa) del dominio del Hijo Real Verdadero Amen-Hotep”. No es raro: las fuentes egipcias no solían ocuparse de vicisitudes de los príncipes reales antes de que alcanzaran la condición de herederos al trono. Es posible que naciera en el palacio real que entonces existía en las cercanías del actual Medinet Abu Ghurob. Otros opinan que nació en el palacio real de Malkata, en la orilla occidental de la ciudad de Tebas.

Es de suponer, a partir de las muchas imágenes que se han conservado de este personaje, que reinó como Amen-Hotep IV y, al final, como Aj-en-Atón, que fue un niño enfermizo y débil. Se ha supuesto que padecía el síndrome de Frölich, trastorno endocrino que altera las características sexuales de los individuos. Recientes investigaciones suponen, sin embargo, que la enfermedad congénita que delatan sus imágenes sería el síndrome de Marfan, lo que explicaría que sus descendientes también padecieran los mismo problemas deformantes tal como muestra en la iconografía de la familia real de Amarna.

Parece más lógico asumir la hipótesis de una tara física que la de una simple moda de representación estética para explicar el anormal aspecto físico de Aj-en-Atón. Así pues, y habida cuenta que la tasa de mortalidad infantil en el Egipto faraónico era muy elevada, la supervivencia de este príncipe debió de estar siempre en peligro. En cualquier caso, no era un asunto de estado relevante, pues el enfermizo príncipe Amen-Hotep no estaba destinado a ocupar el trono. En los planes de sucesión, el heredero era el príncipe Thutmosis, posiblemente fruto de la unión de Amen-Hotep III con Kilu-Hepa, hija del rey de Mitanni. La primogenitura de Thutmosis, junto con la poderosa influencia que los pactos de familia con Mitanni tenían en aquel momento, eran razones sobradas para que este príncipe fuese el llamado a ocupar el trono de Egipto.

Sin embargo, existe un detalle desconcertante: los nombres impuestos a los príncipes. Durante la dinastía XVIII, Thutmosis fue el patronímico tradicionalmente otorgado a los príncipes reales hijos de mujer que no era la primera gran esposa real. Amen-Hotep, por el contrario, parece haber sido el nombre impuesto a los príncipes que, por su ascendencia materna o por otras circunstancias, estaban destinados de antemano a la sucesión del trono.

Es curioso que, en este caso, se modificó la regla tradicional: el varón primogénito, aparentemente destinado a suceder a Amen-Hotep III, no era hijo de Tiy, la primera gran esposa, en tanto que el segundo hijo varón de Amen-Hotep III, a pesar de llevar el nombre de su padre y de ser hijo de la primera esposa real, no estaba destinado a ocupar el trono de Egipto.

¿Crimen de Estado?

Tiy, no debía encontrarse especialmente feliz, dado que no había podido dar al rey el primer hijo varón, aunque de ella había nacido la princesa real Sat-Amón, la primogénita de los hijos reales. El príncipe Thutmosis estorbaba sus planes... hasta que falleció. Esa muerte debió acontecer en torno al año 26 del reinado de su padre.
Muerto su hermano mayor, Amen-Hotep se convirtió en heredero del trono.

Por entonces, no se sabe si antes o después de esos acontecimientos, Amen-Hotep fue instruido en la ciudad santa de Heliópolis acerca de las antiquísimas doctrinas solares que hacían del dios Atum-Ra el creador del mundo. A la muerte de Thutmosis es probable que su hermanastro heredase todas las funciones y cargos que habían pertenecido al príncipe muerto.

Basándose en estas consideraciones se supone que Amen-Hotep habría ocupado también el puesto de Sumo Sacerdote del clero del dios Ptah de Menfis, lo que le otorgaba el título de “El más grande de los artesanos”, que le responsabilizaba del diseño o supervisión de trabajos artísticos de todo tipo. Durante su estancia en Heliópolis debió estar bajo la tutela de un cortesano de toda confianza, como era tradicional; éste pudo haber sido un tal May, escriba Superior de las Tropas e Inspector jefe del ganado del Templo de Ra.

Es obvio, por todo ello, que la muerte de Thutmosis desvió absolutamente la trayectoria de los acontecimientos políticos y religiosos de Egipto. El partido de la ortodoxia del dios Amon se quedó sin representante frente a los designios de la reina Tiy y su familia.

Atón se impone

Las investigaciones más recientes dejan claro que el acceso al trono del príncipe Amen-Hotep tuvo lugar en pleno incremento de la influencia de los cultos solares que habían comenzado a introducirse durante los dos reinados anteriores y estaban incidiendo profundamente sobre la situación religiosa. Amen-Hotep III y su entorno familiar habían otorgado, ya a partir de una iniciativa de su padres, un predominio al culto solar, en detrimento de los intereses del clero tebano del dios Amón.

Se estaban imponiendo, también, como política de Estado las ideas de universalidad y asimilación del rey con el propio dios Amón-Ra. Esta teología del poder, recogida en unas inscripciones existentes en la cara este del tercer pílono del templo de Karnak y denominada doctrina del Amón imperial, aumentó progresivamente durante el segundo decenio del reinado de Amen-Hotep III. Pero dentro de esa deificación faraónica, se constata la creciente importancia del Atón (o Disco Solar), como objeto de culto. Por ejemplo, el texto del escarabeo conmemorativo del undécimo año de Amen-Hotep III, consigna que “... Su Majestad celebró el Festival de la apertura de los lagos en el tercer mes de Ajet... (cuando) Su Majestad paseaba dentro de la barca solar Atón Resplandece”.

Para referirse a Amen-Hotep III, las inscripciones hablan de Neb-Maat-Ra: “El Disco (Atón) Solar Resplandeciente”. Incluso en el templo de Luxor, el rey se hacía llamar “Soberano como Atón, duradero como Atón es duradero, corredor veloz como Atón.” Esta divinización de Amen-Hotep III alcanzó su punto culminante con motivo de la celebración de su primera Fiesta Jubilar en el año 30 del reinado. A partir de ella se convirtió, definitivamente, en una nueva y poderosa divinidad: “el Atón Resplandeciente” o en “El Gran Atón Viviente, el que está en la Fiesta Sed”.

Esa era la situación cuando accedió al trono de Egipto Amen-Hotep IV, como corregente junto a su padre. No debía tener más de quince o dieciséis años cuando fue coronado en Hermonthis, la llamada “On del Sur”, ciudad solar del Alto Egipto, tal como parece indicar el contenido de su titulatura real: “Aquel que lleva puesta las Coronas en On del Sur” , que hace referencia a tal acontecimiento. En Hermonthis se rendía culto a Montu, dios guerrero tebano, que tenía en su conformación teológica grandes implicaciones solares. Obviamente, fue utilizado por la casa real en el desarrollo de su estrategia de aislamiento del dios Amón y de su clero.

La artífice de la conspiración parece haber sido la reina Tiy, que había infiltrado a sus parientes en todas las esferas del poder civil y religioso. Así logró que se designara a su hermano Aanen, que ya era Sumo Sacerdote del dios Montu, para ocupar el cargo de Segundo Sacerdote del dios Amón. Fue precisamente este Aanen el encargado de dirigir los oficios religiosos de la coronación de Amen-Hotep IV, en el templo del dios
Montu. Todo quedaba en la familia.

Al tiempo, su labor política respecto a Amon debió estar en abierta oposición a los intereses del clero de este dios, tanto que sería cesado en tales funciones sacerdotales muy poco después... La confrontación interna por el poder religioso y político hacía saltar chispas.

El poder absoluto

Con la coronación de su hijo, la conspiración en la que Tiy parecía mover los hilos (probablemente también otros poderes coordinaban sus movimientos desde las sombras) estaba a punto de lograr sus objetivos. No es demasiado complicado suponer como se había ido tejiendo silenciosa y lentamente el entramado de la revolución religiosa que, finalmente, estallaría de forma incontrolada.

Su desarrollo obedeció a un proyecto lógico y perfectamente coherente. Thutmosis IV, abuelo de Aj-en-Atón, había sido elegido por el dios solar Ra-Hor-Ajty para reinar, según el mismo declara en las inscripciones de sus monumentos. En consecuencia, su hijo Amen-Hotep III, procedía de la sangre de un elegido del dios sol y se convertía en el disco solar resplandeciente. En virtud de tal principio, podía divinizarse a sí mismo como imagen del sol. A su vez, su hijo y sucesor, el futuro Amen-Hotep IV -Aj-en-Atón, sería el hijo en la tierra del propio disco solar resplandeciente hecho hombre y, además, su Sumo Sacerdote.

Es seguro que la persona o personas que concibieron este diseño de estrategia político-religiosa para alcanzar el poder absoluto poseían una mentalidad divorciada con la tradición egipcia... Debe recordarse que por las venas de la reina Tiy corría sangre extranjera.

Jubileo antagónico

Con motivo del trigésimo aniversario del reinado de Amen-Hotep III, el clero de Amón decidió organizar la celebración de la primera fiesta jubilar del rey, su primer Heb-Sed. Con esa fiesta, dentro de la mejor tradición faraónica, se regeneraría mágicamente el poder y la vitalidad del viejo rey, para seguir rigiendo las Dos Tierras.

En la misma fecha la familia real decretó la celebración de otro festival Sed, éste dedicado por el rey corregente, Amen-Hotep IV, a su nuevo dios y padre, el Atón viviente. Esta fiesta Sed era de una naturaleza especial, puesto que Amen-Hotep IV no había llegado, obviamente, al término de los treinta años en el trono que tradicionalmente se necesitaban para proceder a dicha celebración. Coincidiendo ella se acordó inscribir el nombre del nuevo dios Atón en un cartucho real: “El Viviente Ra Horus de los Horizontes que se regocija en el horizonte en su nombre de luz (Shu) que está en el disco (solar), el Viviente, el Grande, Aquél que está en Jubileo, el Señor del Cielo y de la Tierra”.

Dichas ceremonias se celebraron en la zona este del templo Karnak y en alguna otra edificación construida al efecto en las cercanías de aquél lugar. Con este motivo se ordenaron impuestos extraordinarios a todos los cultos y templos de Egipto para pagar los gastos de las fiestas.

Así pues, al mismo tiempo que viejo el rey era rejuvenecido y renovado por el oficial “sistema amoniano” para seguir reinando bajo la protección del dios tebano, la reina Tiy, su hijo y el resto de sus familiares y allegados organizaron una ceremonia paralela para consagrar al anciano rey como el propio dios Atón viviente, para sustraer al soberano del influjo de los sacerdotes del dios Amón.

El viejo Amen-Hotep III debía estar plenamente de acuerdo porque después de la celebración de este jubileo gustó autonombrarse como “Iten Tchehen” (El disco solar resplandeciente). El sería un dios y, por tanto, no necesitaría de la ayuda divina de ningún otro.

La confirmación de esta idea la proporcionó el hallazgo, a finales de enero de 1989, de una magnífica escultura de cuarcita roja en el ángulo sudoeste del patio solar del templo de Luxor. La estatua, datable en el primer jubileo del rey, muestra a Amen-Hotep III viviente y bajo el aspecto de dios solar Ra-Hor-Ajty-Atum. Es decir, al faraón convertido en el propio dios Ra.

A pesar de que el texto inscrito en la estatua está dirigido a honrar al dios Amón-Ra, puesto que fue elaborada, para alzarse en su templo de Luxor, todas sus características evidencian muy claramente la identificación del soberano con el dios solar en cada uno de sus diferentes aspectos teológicos.

La coexistencia de los dos mundos antagónicos, el de la reforma solar propiciada por la reina Tiy y su hijo Amen-Hotep IV, y el tradicional del dios Amón, que pujaban por obtener el monopolio del poder religioso de Egipto, no podría sostenerse por mucho más tiempo.

La consumación del golpe

Los conjurados ya estaban preparados para asestar el golpe de gracia a la estructura del poder amoniano. Para ello debían deshacerse de los servidores de Amen-Hotep III que se contaran entre los seguidores del dios tebano. En primer término había que eliminar al hombre clave: Amen-Hotep, hijo de Hapu, eminencia gris de aquel reinado, que representaba el poder de Amón frente a los designios de Tiy y su familia.

El día 26 del primer mes de la estación Ajet (inundación) del año 31 del rey (hacia finales de nuestro mes de agosto del años 1357 a.C), cuando aún no habían transcurrido tres meses desde el Jubileo de Amen-Hotep III, una trágica noticia sacudió Tebas y todo Egipto: el sabio Amen-Hotep, hijo de Hapu, ojos y oídos del faraón, corazón latiente de la Tierra Negra, había muerto.

Desaparecido el sabio Amen-Hotep hijo de Hapu, el país del Nilo iba a cambiar de rumbo. Con él serían enterrados los poderes del clero de Amó y las posibilidades de impedir la ruptura entre el clero amoniano y la Casa Real, ya largamente anunciada. El propio rey debió asistir a las honras fúnebres de su leal consejero. Se sabe que presidió personalmente el solemne acto de dictar el decreto fundacional del templo funerario de
Amen-Hotep.

Nada mas morir Amen-Hotep comenzaron las persecuciones de algunos altos funcionarios de la corte. A partir de ese momento fueron cesados en sus puestos una serie de nobles cortesanos que habían estado unidos al viejo gobernante y que habían participado en la celebración del Festival Sed del faraón. Uno de ellos fue el visir del Sur, Ra-Mose.

Probablemente, ambos personajes estaban unidos por lazos de parentesco. La destitución de Ra-Mose debió producirse durante los mismos funerales de Amen-Hotep hijo de Hapu. De hecho, ya no era visir cuando se otorgó el decreto de la fundación funeraria de su protector y amigo. Su muerte debió producirse inmediatamente después.

Del estado de ejecución de su tumba en Gurnah (TT 55) se deduce que hubo de habilitarse rápidamente para su enterramiento, a pesar de estar sin concluir.

Otro importante personaje, también llamado Amen-Hotep, mayordomo del rey en Menfis, fue el siguiente en ser cesado en sus cargos. Era medio hermano de Ra-Mose. Se sabe que su hijo Ipy ocupaba sus puestos en la corte antes de que concluyera en el año 31, por tanto, debió fallecer casualmente entre los años 30 y 31 del reinado del faraón.

Durante la celebración del segundo y tercer jubileos de Amen-Hotep III, en los años 34 y 37 de su reinado, se sucedieron nuevas y terribles persecuciones de nobles tebanos. Sus tumbas fueron asaltadas, borrándose donde fueron hallados los nombres de los dioses Amón, Mut ,su esposa, y Jonsu, el hijo de ambos.

En el año 36 del reinado parece que el viejo Amen-Hotep III se encontraba muy enfermo y ya apartado de todo en sus aposentos, bajo la vigilancia de su esposa, la reina Tiy. Se le envió una imagen de la diosa Ishtar de Nínive con pretendidas propiedades curativas que no pudo obrar milagro alguno contra la verdaderas causas del mal que le aquejaba.

Amen-Hotep III murió, probablemente al inicio de su año 39 de reinado, coincidiendo con el duodécimo año del de su hijo, que ya para entonces había cambiado de nombre y se llamaba Aj-en-Atón “El espíritu luminoso de Atón”.

La conspiración había triunfado. La familia de Tiy, de evidente origen extranjero, se había instalado en el trono de Egipto. Desde esta atalaya había colocado a sus miembros en los más importantes puestos de la realeza, el clero, el ejército y la administración, llevando a cabo una auténtica purga en las estructuras de poder del dios Amón, a quien la dinastía debía las victorias sobre los extranjeros y su propia grandeza.

De esa manera se sustrajo al faraón del poder tutelar del dios y de su clero, poniendo el destino de la tierra de Egipto en manos de gentes ajenas al mundo egipcio.

Las consecuencias de la maniobra política descrita están a la vista: Tiy hizo casar a su hijo, Amen-Hotep IV - Aj-en-Atón con su sobrina Nefert-ity, que era, hija de otro hermano de la reina, el Padre Divino Ay. Este proceloso personaje pudo haber estado implicando en el posible asesinato del joven rey Tut-Anj-Amón, sucesor de los monarcas heréticos, y se apropió sin legitimidad alguna del trono de Egipto. El circulo estaba cerrado.

Se hizo necesaria la intervención de un general, el futuro faraón Hor-em-Heb, para restaurar el orden vulnerado de Egipto.

Como puede verse, ninguna cosa nueva bajo el sol.

Francisco J. Martín Valentín


Para saber más:

Martín Valentín, F. J. Amen-Hotep III, el esplendor de Egipto. Madrid, 1998.
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Artículos y comunicaciones

Miércoles, 13 de Junio 2007 - 13:39

Tradicionalmente se ha hablado de 'la ciudad del Horizonte del Disco' (Ajet Aton), para referirse de modo unívoco a la ciudad construida por el rey Aj-en-Aton (hacia 1352-1336 a. C.) en las planicies del lugar que hoy conocemos como Tell El Amarna. Los hallazgos que se continúan llevando a cabo en Egipto nos obligan a plantear si realmente hubo varias ciudades u 'Horizontes del Disco (Aton)' en diferentes partes de Egipto.


Estatua de Mery-Neith y su esposa. Museo Egipcio del Cairo.
Estatua de Mery-Neith y su esposa. Museo Egipcio del Cairo.
El reinado de Aj-en-Aton comenzó en el ejercicio de una probable corregencia con su padre, Amen-Hotep III. Los especialistas se dividen a propósito de si ésta fue larga o corta, o si, realmente, la misma nunca se produjo.

Se ha hablado de un ‘periodo tebano’ de Amen-Hotep IV, refiriéndose al lapso de los primeros cinco años de su reinado, por contraposición al periodo de tiempo del mismo que se desarrolló en la ciudad del Amarna, computable a partir del año sexto hasta el décimoséptimo, último del reinado respecto del que se han hallado datos del reinado de Aj-en-Aton.Hoy parece que sería más acertado empezar a hablar simplemente del periodo anterior a la fundación de la ciudad del Horizonte del Disco, Ajet-Aton, en Amarna.


Con independencia de la solución que se quiera dar a esta importante cuestión histórica es un hecho que, durante los cinco primeros años en el trono, Aj-en-Aton, entonces Amen-Hotep IV, estableció un programa de reinado que, pensando en la instauración de los cultos solares por encima de los demás existentes en Egipto, supuso el encumbramiento, sobre las demás divinidades, del dios Ra Hor-Ajty y, después, del dios Aton.



Las obras en Tebas

La primera gran obra ordenada en su reinado fue la construcción de un templo para el dios Ra Hor-Ajty en el mismo recinto del dios Amón en Karnak. El comienzo de las operaciones constructivas nos es conocido a partir de una inscripción existente en las canteras del Guebel El-Silsila, fechada en el año 1. Allí, Amen-Hotep IV, aunque aparece haciendo ofrendas al dios Amon, lleva ya el título de ‘Primer Profeta de Hor-Ajty que se alza en el cielo en su nombre de Shu (luz solar) que está en el Disco (Aton).’


Por otra parte, la primera representación conocida del disco solar con los brazos consta en un bloque existente en el Museo de Berlín, y probablemente procedente del templo que el rey comenzó a construir en Karnak a favor del dios Ra-Hor-Ajty, pero que no concluyó.


La otra representación, casi de la misma época, hacia el año 2 del reinado, se encuentra en la TT 55 de Ramose. Allí, en la mitad norte del muro oeste de la capilla están representados Amen-Hotep IV y Nefert-Ity en la Ventana de las Apariciones del Guemet-Pa-Iten de Karnak. Esta representación muestra parte del conjunto de templos que, a favor del nuevo dios solar, hizo construir el soberano en Tebas.


El ambiente religioso y político de las celebraciones del primer festival Sed de su padre, Amen-Hotep III, en su año 30 de reinado, facilitó el camino para los cambios religiosos previstos. La celebración del Jubileo de Aton del año dos supuso la puesta en marcha de un gran proceso constructivo en Tebas.


En efecto, poco después del inicio del reinado se ordenó construir al Este de Karnak un monumento decididamente diferente al templo de Ra Hor-Ajty: El Guemet-Pa-Iten.
En primer término se decidió la construcción del Guemet-pa-Iten, (‘El lugar donde se halla el Disco’) antecedente de la arquitectura religiosa de la futura ciudad de El Amarna.

En la zona de Luxor se han identificado, no menos de ocho templos dedicados o relacionados con el culto atoniano. Además del Guemet-Pa-Iten se conocen el Hut Ben-Ben, el Rudi Menu, el Teni Menu, el Hay-em-Ajet y el Maru Septentrional de Aton.


El periodo en el que la corte de Amen-Hotep IV residió en esta gran capital del Sur de Egipto, vio el desarrollo de un proyecto teológico que, finalmente no prosperó, lo cual conocemos por el texto de la estela de Fundación de la nueva ciudad del Disco en la zona del Amarna.

Los proyectos arquitectónicos religiosos de Aj-en-Aton

El planteamiento de la orientación política asumida por el nuevo soberano era sutil y, a la vez, muy efectiva.


Como consecuencia de las ceremonias jubilares celebradas para Amen-Hotep III en Menfis, Malkata, Soleb y otros lugares de Egipto, la naturaleza humana del viejo monarca se transformaría hipostáticamente. Convertido en el dios Aton viviente, su hijo, el Primer Profeta de Ra Hor-Ajty, celebraría un Jubileo en honor de la nueva deidad y lo haría en el recién construido Guemet-pa-Iten.


La documentación de que disponemos deja entrever que Amen-Hotep IV concibió durante estos primeros años de reinado una tesis teológica, todavía por desentrañar completamente, que parece mostrar la voluntad de extender el nuevo culto solar por todo Egipto. En realidad, todo parece indicar que el rey había pensado que, tanto Menfis, en el norte, como Tebas, en el sur, serían, dada su condición de magnas urbes con una muy antigua tradición, las capitales religiosas de su nuevo dios.


Hasta el presente, esta idea se veía con cierta precaución dado que solo se conocían los datos de varias inscripciones, documentadas en diversos objetos hallados en la zona tebana. Tal, una silla perteneciente al obrero de Deir El Medina, Najy, que perteneció a la antigua colección Mansur y cuyo paradero hoy es desconocido. En la misma el personaje utiliza el título de ‘el Servidor en el Lugar de la Verdad sobre el occidente de Ajet-Aton, Najy’. Resulta evidente que, el Ajet-Aton al que la inscripción se refiere es Tebas, puesto que la ciudad obrera de Deir El Medina se encuentra en la orilla occidental de dicha ciudad, hoy Luxor.


Otros datos referidos al Horizonte del Disco o Ajet-Aton en Tebas se han hallado en varios altares procedentes de Karnak, siendo documentados por el gran egiptólogo que fue Labib Habachi.


Sin embargo, en febrero del año 2001, la misión egipcio-holandesa patrocinada por el Departamento de Egiptología de la Universidad de Leyden y el Museo Nacional de Antigüedades de la misma capital holandesa, cuyos Directores de Campo eran el Profesor Maarten J. Raven y el Dr. René Van Walsem descubrieron, al explorar una pequeña zona situada justo al Sur de la tumba de Hor-em-Heb, en Sakara, un gran hallazgo que cambiaría las concepciones hasta el momento existentes en cuanto a la estructura político-religiosa de los primeros años del reinado de Amen-hotep IV.

La tumba de Mery Neith

Si nos aproximamos dejando a nuestras espaldas la cara Sur de la pirámide escalonada de Dyeser, cruzando la calzada del rey Unas, detrás de una pequeña colina, llegaremos al lugar donde Raven y Van Walsem encontraron la tumba de un personaje llamado Mery-Aten. La existencia de dicha tumba era ya conocida a través de los fragmentos de relieves existentes en distintos museos que provenían de ella, pero se había perdido su localización exacta en el desierto de Sakara.


En los alrededores del lugar donde se hizo el descubrimiento, sólo había galerías subterráneas excavadas durante la Dinastía II, (hacia el 2800 a.C.), es decir, mucho más antiguas que la tumba descubierta. De hecho, todos los indicios apuntaban, en opinión de los arqueólogos, a que la tumba en cuestión sería un antiguo pozo funerario de época del Imperio Antiguo, reutilizado por nuestro personaje.


Lo sorprendente del hallazgo, aparte del nombre del dueño, es que, tanto los muros que rodeaban la entrada a la tumba, (hechos con ladrillo crudo y cubiertos con planchas de piedra caliza que contenían escenas de Mery-Aten y su familia adorando al disco solar), como las paredes de la cámara funeraria, (excavada al final de un pozo de 6 metros de profundidad, recubierta de planchas de calcita egipcia, con imágenes funerarias de ofrendas a favor de Mery-Aten y otras escenas de la vida cotidiana), están decorados con la iconografía y estilo típicos de la época de El Amarna.


Todo indicaba que la tumba, podría datarse dentro de los cinco primeros años del reinado, antes de que Aj-en-Aton abandonase Tebas para fundar su nueva capital. Así parece deducirse del estilo típico de transición, desde el inicio del reinado hasta la época amárnica, que muestran los relieves de la tumba.


Investigaciones posteriores han permitido deducir que el propietario fue originalmente un sacerdote de la diosa Neith, por lo que su nombre original fue el de Mery-Neith. Cuando se produjeron los cambios religiosos a favor del nuevo culto de Atón, Mery-Neith cambió su nombre por el de Mery-Aten.


Sin embargo, los investigadores opinan que Mery-Aten, que llevó el título de Gran sacerdote de Atón, nunca concluyó su tumba ni fue enterrado en ella. De hecho, se esperaba haber encontrado otra tumba suya en la necrópolis de la ciudad de Amarna.


La circunstancia de no haberse encontrado ningún resto de la momia, ha inducido a los excavadores a pensar que, o bien el dueño debió marchar a la nueva ciudad de El Amarna con su señor Aj-en-Aton, dejando abandonada su tumba en Sakara o, al término de la herejía amarniense, fue obligado a renegar del culto a Atón, siendo perseguido por ello.
De hecho, en uno de los relieves, se ha encontrado la imagen del disco solar Atón destruida probablemente al término del periodo amarniense por los restauradores de los cultos tradicionales.

El grupo escultórico de Mery-Neith y su esposa.

Otro hallazgo interesantísimo encontrado en la tumba es un grupo escultórico que representa a Mery-Neith y su esposa Iuy. Esculpida en un magnífico estilo, datable en el período final de la dinastía XVIII, representa a nuestro personaje y a su esposa, conservando gran parte de su policromía original. Hoy resulta ser una pieza maestra entre las muchas que se exhiben en el Museo Egipcio de El Cairo.


Lo más notorio del monumento se desprende de la inscripción dorsal, en la parte que se refiere a Mery-Neith. Allí se puede leer uno de los títulos que llevó nuestro personaje: ‘Escriba del templo de Atón, en el Ajet-Aton en Menfis’.


Esta evidencia documental viene a confirmar la idea expuesta más arriba de que, durante los primeros años del reinado de Amen-Hotep IV, se establecieron, al menos, dos Horizontes del Disco (Ajet-Aten), en Egipto; uno, en la orilla Este de la ciudad de Tebas; otro, en algún punto no conocido hasta ahora de la ciudad de Menfis. En dichos Horizontes del Disco se construyeron templos solares al dios Atón.


Con el cambio de su nombre, por parte de Amen-Hotep IV, para adoptar el de Aj-en-Aton, lo que sucedió durante el año 5 de su reinado, y con la decisión de abandonar Tebas y fundar una nueva ciudad en el lugar hoy conocido como El Amarna, se produjo el establecimiento del Ajet-Aten, por excelencia, el 'Horizonte del Disco en Amarna'.

¿Ajet-Aten o ‘los Ajet-Aten’?

La cuestión pues, está abierta.

Consta que hubo más templos dedicados al culto del dios Aton en Heliópolis, Luxor, Ashmunein, Assuán y Nubia. ¿Pudiera haber existido un Ajet-Aten en cada una de esas localidades?. Parece lógico pensar que así fuera, puesto que tal nombre haría referencia a un punto cardinal, no importa de qué ciudad, el Este del Horizonte, elevado a categoría teológica, por ser el lugar por donde, todas las mañanas, salía el Disco solar.


Producida la ruptura, Aj-en-Aton fundaría 'la ciudad del Horizonte del Disco' (Ajet-Aten) en El Amarna. Mientras tanto, los templos de Atón en las demás localidades de Egipto, probablemente seguirían funcionando, incluso después de la restauración de los antiguos dioses por Tut-Anj-Amon y Hor-em-Heb.


El papel preponderante de Menfis durante el periodo de El Amarna va quedando, día a día, más claro gracias a los descubrimientos realizados en las diferentes necrópolis del Imperio Nuevo en Sakara, basta recordar el hallazgo de la tumba de Aper-El en la zona del Bubasteion.

Todo ello nos obliga a reconsiderar muchos de los términos generalmente aceptados a la hora de estudiar este apasionante periodo de la historia de Egipto.

Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman
del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto
(Artículo publicado en Revista de Arqueología, nº 253. Año 2002, nº 23, págs. 38-43.)

Bibliografía:
Aldred, C. Akhenaten King of Egypt. Londres, 1988.
Martín Valentín, F. J. Amen-Hotep III el esplendor de Egipto. Una tesis de reconstrucción histórica. Madrid, 1998.
Redford, D. B. Akhenaten. The Heretic King. Princeton. Nueva Jersey, 1984.
The Akhenaten Temple Project. Warminster y Toronto, 1976-1994.
Reeves, N. Akhenaton, el falso Profeta de Egipto. Madrid, 2002.
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Artículos y comunicaciones

Martes, 12 de Junio 2007 - 12:05


La Uhem Mesut (Era del renacimiento) y la dinastía XXI (hacia 1.069-747 a. C.), trajeron cambios radicales de poder en Egipto que quedó dividido desde el punto de vista del ejercicio de la soberanía efectiva en dos partes netas: el Norte con capital en Tanis y el Sur, con capital en Tebas.


Una nota para la historiografía del antiguo Egipto
A finales de la dinastía XX se observa como el poder e influencia del Sumo Sacerdote de Amón sobre Tebas y el Alto Egipto en general se incrementó de manera notable. Los síntomas más claros aparecieron ya desde la época del Primer Sacerdote de Amón, Amen-Hotep. Este personaje, por ejemplo, se hizo representar en Karnak a la misma escala que el rey Ramsés IX.

Por otra parte, una serie de condicionantes sociales y económicos favorecieron que paulatinamente se llegase a la definitiva escisión entre el poder faraónico del Bajo Egipto y el sacerdotal en el Alto Egipto.

Los sacrilegios producidos durante la revuelta del General Pai-Nehesi hacia el año 1084 a.C., y la aparición en escena de nuevos hombres fuertes procedentes del estamento militar durante la Uhem Mesut (Era del renacimiento), darían el golpe definitivo para consumar esta ruptura.

La nueva dinastía de sacerdotes tebanos se inició con el General Pai-Anji, que prosiguió su lucha contra Pai-Nehesi en Nubia. Tras éste siguió Heri-Hor, tal vez hermano suyo, quién, probablemente, llegó a coronarse en Tebas como rey a la muerte de Ramsés XI, en 1069 a.C., coincidiendo con el ascenso al trono de Tanis de Smendes.

Heri-Hor será el primer Primer Sacerdote de Amón que sin proceder de la casa real tomará los títulos de la realeza y toda la parafernalia real. Sin embargo, será Pai-Nedyem I, hijo de Pai-Anji, el que más lejos llegará en estas intenciones.

Durante su mandato como Primer Sacerdote de Amón, Pai-Nedyem I proseguirá con el desmantelamiento del Valle de los Reyes, al tiempo que su actividad en el Alto Egipto mostrará sus intenciones de erigirse, como Heri-Hor, con el título real.


A diferencia de este último, sin embargo, Pai-Nedyem I gozará de un amplio reconocimiento, pues incluso en Tanis se han hallado documentos en los que este personaje aparece con los títulos reales. Por otra parte, durante su reinado cederá el título de Primer Sacerdote de Amón, sucesivamente, a tres de sus hijos.

Por la documentación que ha llegado a nosotros es posible interpretar que el Sumo sacerdote de Amón Masaharta muriese tras una enfermedad, y su sucesor, Dyed-Jonsu-ef-Anj pudo haber sido asesinado durante una revuelta en Tebas en el año 25 de Smendes.


El pontificado de Men-Jeper-Ra fue el más largo, cerca de medio siglo que discurrió prácticamente contemporáneo al reinado de su hermano Psusennes I en Tanis. Su llegada a Tebas hacia 1044 a.C. queda claramente expresada en la Estela de los Desterrados, por la que llegamos a entender la difícil situación que vivía Tebas, dividida entre dos partidos opuestos.

Men-Jeper-Ra, a finales de su gobierno tebano hará uso del título real e incluso contabilizará los años de reinado como lo hacían los faraones. De igual modo, como sucedió con su padre, cederá el sumo pontificado del dios Amón de Tebas a dos de sus hijos, siendo el primero de éstos Nesu-Ba-Neb-Dyed, que apenas se mantuvo unos años en el poder.


Con Pai-Nedyem II y el último Primer Sacerdote de Amón de la dinastía XXI, Psusennes, se organizarán las principales Cachettes (enterramientos colectivos en tumbas ocultas) de la época, como la DB 320 y Bab el-Gasus. Será entonces cuando los principales faraones del Imperio Nuevo hallarán su último reposo, desprovistos ya de toda riqueza después de haber sido sistemáticamente despojados de sus ajuares funerarios y violadas sus tumbas.
José Lull
Del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto y
de la Universidad de Tübingen

Para saber más :

Lull, José. Los sumos sacerdotes de Amón tebanos de la Uhem Mesut y dinastía XXI. BAR (Oxford, 2006)


José Lull

Artículos y comunicaciones

Viernes, 8 de Junio 2007 - 17:24


Durante los trabajos de campo llevados a cabo durante las campañas de los años 2004 al 2006, en desarrollo del Proyecto Sen-en-Mut en la TT 353, hipogeo situado al pie del templo de la reina Hatshepsut en Deir El Bahari, se han descubierto interesantes datos que llevan al equipo de trabajo del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto a cuestionarse un nuevo enfoque de este magnífico monumento, altamente representativo del arte religioso de la dinastía XVIII, durante el Imperio Nuevo y, al mismo tiempo, lugar emblemático de la arqueología en Egipto.



Sen-en-Mut. Camára 'A'. Muro este, mitad sur. TT 353
Sen-en-Mut. Camára 'A'. Muro este, mitad sur. TT 353
Un poco de historia

En el mes de enero del año 1927 el arqueólogo norteamericano Herbert Winlock, director de la misión arqueológica del Metropolitan Museum of Art of New York en el área de Deir El Bahari, descubría, al proceder a la limpieza de una hondonada situada junto al ángulo noroeste de la primera terraza del templo de la reina Hatshepsut, una entrada excavada en una de las paredes del pequeño farallón, tapiada con doble murete hecho con mortero de adobe con cascotes que iniciaba un corredor descendente con escalones hasta una sala llena de lascas de caliza, casi hasta el techo.

La gran sorpresa del arqueólogo americano fue comprobar que los relieves que se podían contemplar en los muros de la sala donde desembocaba el estrecho pasadizo mostraban a uno de los hombres más misteriosos y, el mismo tiempo, significativos de la historia de Egipto. El Mayordomo de Amón Sen-en-Mut.

De este modo, la perplejidad del intrépido arqueólogo fue enorme al producirse el inesperado hallazgo del hipogeo excavado literalmente bajo el templo de la reina Hatshepsut. Después de las primeras investigaciones y al desescombrar pacientemente el monumento se reveló que la primera cámara, después de un descenso de ochenta y seis escalones, tenía dibujado en su techo un esplendente e increíble mapa del cielo. ¡Se trataba del techo astronómico más antiguo de la historia de la humanidad!. Los muros, estaban materialmente cubiertos de jeroglíficos deliciosamente tallados, desde el techo hasta el suelo.

Terminados los trabajos de excavación se comprobó que el monumento, dotado con tres cámaras comunicadas por un pasadizo, de las que solo la primera estaba decorada, profundizaba 90,00 metros en el corazón de la roca, llegando hasta 42,00 metros bajo la superficie, dentro del recinto del templo.

En la última habitación, la que parecía ser especial por su configuración arquitectónica, pues tenía su techo excavado en forma de bóveda simbolizando probablemente el firmamento, se hallaron, dentro de un pequeño pozo situado en el rincón noroeste, diversos objetos que aumentaron la sorpresa de los excavadores. Entre ellos, la tapa de un vaso canópico con forma de cabeza humana. Este detalle significaba para los arqueólogos que aquél lugar habría podido estar destinado a ser depósito de las vísceras momificadas de una eventual momia, quizás la del propio Sen-en-Mut.


El hecho es, que se sabía que Sen-en-Mut se había hecho construir su tumba casi en la cumbre de la colina de Gurnah, y que dicho monumento había sido visitado, entre otros, por el egiptólogo alemán Karl R. Lepsius a mediados del siglo XIX. Esto planteaba un enigma de difícil solución. Si, como era comúnmente admitido, la TT 71 fue la tumba de Sen-en-Mut, entonces ¿qué explicación y finalidad podía tener el hipogeo que acababa de descubrir?.


Con intención de encontrar la clave del misterio, Winlock excavó y limpió durante la campaña del año 1930-1931 la tumba número 71. Allí encontró, destruido en miles de fragmentos, el sarcófago de cuarcita amarilla que el poderoso Sen-en-Mut se había hecho labrar para acoger a su momia. Igualmente, descubrió bajo la entrada del monumento funerario otra pequeña cámara subterránea que albergaba, inviolada, los cuerpos momificados de sus padres, Ra-Mose y Hat-Nefer.


Todo ello llevó a pensar a los miembros del equipo norteamericano que la TT 353, junto a Deir El Bahari era, sin duda, la segunda tumba conocida de un mismo personaje: El Mayordomo de Amón Sen-en-Mut.


El asunto era realmente insólito. No se conocían casos anteriores en los que una misma persona de origen no real se hiciera construir dos tumbas para sí mismo.
El enigma se resolvió aceptando que la primera tumba (la nº 71 de Sheij Abd El Gurnah) habría sido comenzada al principio del periodo en el que el Mayordomo de Amón alcanzó sus mayores cotas de poder junto a la reina-faraón Hatshespsut.

Después, por razones no conocidas, Sen-en-Mut decidiría suspender la construcción de su antigua morada de eternidad, ordenando la excavación y decoración otra nueva: la TT 353.
De este modo, quedó admitido en el mundo de la egiptología que la TT 71 era la primera tumba de Sen-en-Mut, en tanto que la segunda, era la TT 353.

Las primeras sorpresas

En noviembre del año 2003 comenzó la primera campaña de trabajos de ejecución del Proyecto Sen-en-Mut de reexcavación, limpieza y estudio de la TT 353, encomendado por el SCA de Egipto al Instituto de Estudios del Antiguo Egipto.

Los trabajos de dicha campaña consistieron básicamente en la exploración detallada del lugar donde se encontraba situado el monumento, y en el interior del monumento mismo.
Una primera aproximación a la TT 353 y al área arqueológica circundante, abrió numerosos interrogantes acerca de la verdadera naturaleza del hipogeo. Tras las primeras comprobaciones y mediciones provisionales se hizo manifiesto que existían serias dificultades para introducir un sarcófago de las dimensiones de las del de Sen-en-Mut, reconstruido y exhibido en el Metropolitan Museum of Art de New York, por el estrecho pasadizo de descenso. Semejantes objeciones fueron formuladas por los arquitectos del equipo en cuanto a las posibilidades prácticas de manipular el sarcófago dentro del monumento con intención de depositarlo, como sería lo lógico, en la tercera de las cámaras del hipogeo.


En las jornadas dedicadas a la exploración del entorno arqueológico también se observó la peculiar disposición del la entrada de la TT 353 penetrando hacia las entrañas del templo de Hatshepsut. Desde el camino de los obreros de Deir El Medina hacia el Valle de los Reyes, en las alturas que sobrevuelan majestuosamente el conjunto de los templos reales excavados y construidos en el circo de Deir El Bahari, se hacía patente que la TT 353 era como una especie de capilla anexa secreta, no evidente, del templo construido en terrazas para la reina Hatshepsut.


Rápidamente, observando desde las alturas el extraordinario conjunto arquitectónico desplegado a nuestros pies reconstruimos en nuestra mente el que pudo haber sido el pensamiento de Sen-en-Mut antes de iniciar para su soberana la construcción del Esplendor de los Esplendores. Allí, albergados por el semicírculo formado por los farallones de la montaña tebana se podrían contemplar el templo funerario del gran rey Neb-Hepet-Ra Montu-Hotep, de la dinastía XI, con su pasadizo con cripta situado delante del edificio-santuario propiamente dicho y, algo a su izquierda, en el lugar que luego ocuparía la primera terraza del de Hatshespsut, el modesto templo funerario construido con adobe para Dyeser-Ka-Ra Amen-Hotep I, el segundo soberano de la dinastía XVIII.


Probablemente por razones políticas, Sen-en-Mut decidió elegir aquel lugar, justo enfrente del Gran Templo del dios Amón de Karnak, al otro lado del Nilo, para albergar el templo de su Señora. Desmontaría el templo funerario de Amen-Hotep I, y así, quedarían juntos dentro del espacio físico del magnífico circo, el templo del unificador de Egipto al término de la crisis del Primer Periodo Intermedio, y el de la reina y sus antepasados, con una especialísima presencia del dios Amón en su interior, padre carnal de Hatshepsut y protector de la realeza ejercida por la mujer-faraón.
¿Y él?. ¿Por qué no construirse para sí mismo una capilla con la que estar en contacto permanente con el área sagrada, lugar exclusivamente destinado a dar culto a los dioses y a sus hijos terrenales, los reyes de Egipto?.


De todas las observaciones realizadas y de los trabajos llevados a cabo se impuso que, además de las tareas de excavación y limpieza del interior de la TT 353, en las campañas siguientes habría que abordar el detallado estudio topográfico del área y la realización de precisas labores técnicas tendentes a determinar con exactitud la ubicación, orientación y dimensiones del monumento.


También se revelaron como tareas imprescindibles la exploración con toma de dimensiones y orientaciones de monumentos circundantes relacionados con la TT 353, principalmente la TT 71 y ciertas partes del interior del Templo de Hatshepsut.

Las dudas se convierten en certezas

Así las cosas, durante la campaña del año 2004 se llevaron a cabo los trabajos acordados por el equipo. Comprobadas las dimensiones de la entrada al monumento arrojaban entre 0,755 m. y 0,990 m. de anchura en los escalones exteriores a la entrada y en el hueco de acceso, propiamente dicho. El sarcófago poseía una anchura de 0,880 m. lo que hacía prácticamente imposible su acceso al interior del pasadizo, en el estado de excavación del mismo.

Mayores dificultades se planteaban en el interior del monumento. El pasadizo en su entrada a la cámara ‘A’ dio una dimensión de 0,650 m.; en el acceso a la segunda, la ‘B’, 0,675 m. y 0,800 m. para la tercera, la cámara ‘C’.


De esta manera se imponía descartar absolutamente la utilidad pura y exclusivamente funeraria de la TT 353. Nunca se pensó albergar el sarcófago de Sen-en-Mut en el interior del monumento.


La comprobación de la orientación del eje longitudinal del hipogeo arrojó nueva luz sobre nuestras investigaciones. Estableciendo como elemento principal de la primera cámara la estela de falsa puerta existente en el muro oeste, se observó y comprobó, con la alegría y alborozo propios de un importante descubrimiento que los dos ojos existentes en la parte superior de estela se encontraban perfectamente alineados con otros dos ojos, rodeados en sendos óvalos que se pueden ver esculpidos en la mitad norte de la fachada exterior de capilla de la diosa Hat-Hor, en el interior del recinto del templo. ¡Apenas una inapreciable desviación norte de 26,50 cms. separa el centro del par de ojos esculpidos en la pared de TT 353 y los existentes en el muro de la capilla de la diosa Hat-Hor, distantes entre sí 238 m.!. Esta línea continua por enmedio de otros dos ojos existentes en el segundo muro interior de la capilla de la diosa Hat-Hor.


Esta averiguación obligó a plantear la hipótesis de que la primera cámara del hipogeo estaba ‘conectada en su orientación’ con la capilla de Hat-Hor. Pero, y dentro de ese edificio sagrado, ¿adónde nos conducía la línea ideal que habíamos localizado?. Pues bien, se comprobó por los arquitectos del equipo con los instrumentos técnicos adecuados que dicha línea pasa exactamente por el lugar donde se muestra una efigie arrodillada de Sen-en-Mut, esculpida y, prácticamente escondida a la vista profana, en el muro de unas de las pequeñas capillas del interior del santuario.

Al propio tiempo, procediendo al examen epigráfico de la cámara ‘A’, en una primera lectura de los jeroglíficos allí inscritos se pudo comprobar que, en el muro sur, se habían incluido las invocaciones nº 220 a 222 de los Textos de las Pirámides.

Esto significaba que Sen-en-Mut se había procurado para su uso personal fórmulas cuyo contenido había estado tradicionalmente destinado a ser incluido en los muros de las salas del sarcófago existentes dentro de las pirámides construidas para los reyes del Imperio Antiguo.


Las invocaciones hablan de la capacidad que tiene el sujeto a cuyo nombre están inscritas para convertirse en el dueño de la Corona Roja, símbolo de la realeza del Bajo Egipto. En la mentalidad egipcia esto equivalía a la verdadera posibilidad de controlar el poder que se suponía que dicha corona otorgaba al rey.


La presencia de los nombres de Sen-en-Mut alineados en igual tamaño con los de sus padres y los de la propia reina-faraón Hatshepsut ofreció otra evidencia a propósito de la anomalía protocolaria y funcional que se recoge en la decoración del hipogeo. Un simple cortesano no podría incluir sus nombres al mismo tamaño que los de su reina que, al fin y al cabo, eran los de un ser de naturaleza divina, sin una razón de peso. Por otra parte, este tipo de inscripción era extraña a las utilizadas normalmente en las capillas funerarias de particulares.


Aún quedaba algo por comprobar. A todo el equipo le llamó la atención el hecho de que en el templo de la dinastía XI situado junto al de Hatshepsut existiera una galería excavada bajo el patio, en dirección al corazón del templo, con una longitud de 110 m.


Fue descubierta por Howard Carter en 1907 y, al final de la misma, se hallaba una cámara con el techo abovedado, (como el de la tercera cámara de la TT 353). En el interior de dicha cámara se descubrió una magnífica estatua del rey Neb-Hepet-Ra Montu-Hotep, (hoy exhibida en el Museo Egipcio de El Cairo), cubierta por un lienzo, ataviada con el vestido blanco de Jubileo real, y tocada con la Corona Roja, símbolo de la realeza del Bajo Egipto.


Rápidamente se impuso la necesidad de comprobar los datos de las mediciones y orientaciones de este otro hipogeo, construido para un rey que había derrotado a los monarcas heracleopolitanos, destruyendo la capital del Bajo Egipto y apoderándose por derecho de conquista de la Corona Roja, con lo que reunió en su persona la condición antigua de rey del Alto y del Bajo Egipto.

Tal monumento estaba claramente destinado a perpetuar el derecho de posesión y propiedad de la Corona Roja a favor del rey que, con su conquista guerrera había dado los primeros pasos para conseguir la reunificación de las Dos Tierras, después de la caída del Imperio Antiguo.

¿Quizás pretendió Sen-en-Mut emular de algún modo a aquel antiguo rey?.


Todas estas observaciones han abierto el camino para tratar de desentrañar la verdadera naturaleza del hipogeo TT 353 en el que sigue trabajando el equipo del IEAE de Madrid.


Hoy, nos encontramos en situación de poder afirmar que el templo de la reina Hatshepsut en Deir El Bahari tenía una dependencia oculta, pero que formaba parte ritual del mismo, excavada por orden y para el servicio religioso del Mayordomo de Amón, Sen-en-Mut.

Dicha dependencia es el hipogeo numerado como TT 353, y que, en consecuencia, el mismo no es la segunda tumba de Sen-en-Mut, puesto que solo tuvo una que conozcamos hasta el momento, y esta es la TT 71.

La campaña del año 2007, en el desarrollo de los trabajos del Proyecto Sen-en-Mut, que se iniciará en el próximo mes de octubre permitirá continuar las investigaciones científicas que concluyan tan apasionante investigación.

Francisco Martín Valentín
Director del Proyecto Sen-en-Mut


Más conocimiento sobre el tema se encontrará en:

http://www.institutoestudiosantiguoegipto.com/senenmut/es/presentacion.shtml

Bedman, T. y Martín Valentín, F. Sen-en-Mut. El hombre que pudo ser rey de Egipto. Ed. Oberon, Madrid, 2004.
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Artículos y comunicaciones

Viernes, 8 de Junio 2007 - 16:31


Los reyes egipcios del Imperio Nuevo hicieron incluir en los muros de sus tumbas excavadas en el Valle de los Reyes diferentes versiones de textos funerarios para su protección en la otra vida, después de la muerte. La KV 62 del rey Tut-Anj-Amon no contiene ninguno de estos textos habituales en las paredes de su cámara funeraria. Sin embargo, sí se inscribieron en las paredes de las capillas de madera que albergaban el sarcófago con la momia real....


Tut-Anj-Amon saliendo del loto primordial
Tut-Anj-Amon saliendo del loto primordial
El 4 de noviembre de 1922, el egiptólogo británico Howard Carter realizaba en el Valle de los Reyes el descubrimiento más importante acaecido hasta el día de hoy en la historia mundial de la arqueología.

Se trataba de la tumba de un, hasta aquel momento, casi desconocido rey de Egipto al que las inscripciones daban el nombre de Tut-Anj-Amon (la imagen viviente de Amón) que había sido protagonista de uno de los momentos más dramáticos de la dinastía XVIII, durante el Imperio Nuevo (hacia el 1339-1329 a C.).


El esplendor de los tesoros encontrados en el interior de las pequeñas cámaras que constituían la tumba que luego recibiría el número 62, entre las del Valle de los Reyes, era inimaginable.

La abundancia de objetos elaborados con oro y otros materiales preciosos era enorme. Hoy, es posible contemplar en el Museo Egipcio de El Cairo el conjunto de tales maravillas que aún nos asombran y, en cierto modo, nos estremecen.

¿Por qué se acumularon en las habitaciones de la tumba, alrededor del lugar donde reposaba la momia del faraón tal cantidad de objetos preciosos, muchos de los cuales se sabe que no habían sido originariamente fabricados para el pequeño rey?.

En la trama que se intuye cuando se estudia el conjunto del increíble hallazgo, se percibe que estamos en presencia de algo parecido a los restos de enorme un naufragio histórico, lo que realmente fue el término de la dinastía XVIII, después del reinado del herético Aj-en-Aton.


Sin embargo, además de los tesoros que albergaba la tumba número 62 del Valle de los Reyes, los egiptólogos que estudiaron el conjunto de los objetos y las representaciones de las paredes de la cámara del sarcófago.


Desde el propio Howard Carter hasta nuestros días, los investigadores se preguntaron cuáles habían sido las creencias religiosas funerarias dispuestas para garantizar la eternidad del rey, cuál era el destino que, se suponía, esperaba a Tut-Anj-Amon en el reino de los muertos, y por qué no aparecían en las paredes de la cámara funeraria los ricos y profusos textos religiosos funerarios que se encontraban habitualmente representados en las tumbas de sus antecesores en el trono de Egipto.


Tan solo se podía contemplar en la pared oeste de la cámara una representación de los doce babuinos de la primera hora del Libro de lo que hay en la Duat. Poco a poco, los misterios fueron revelándose. En principio se sabía que, tras el final del mundo amárnico, se habría retornado a las creencias tradicionales de modo que, una vez muerto el rey, éste se convertiría por medio de los ritos funerarios en el Osiris-rey Tut-Anj-Amon.


Así pues, sabemos que se dotaría al rey con los instrumentos religiosos necesarios para poder sobrevivir en el Más Allá. En realidad, los textos religiosos que el monarca debía utilizar en su viaje al reino de Osiris se encontraban primorosamente inscritos en las paredes de las cuatro capillas doradas que recogían en su interior el sarcófago de piedra con la momia del rey.


En las paredes interiores de la primera capilla los egiptólogos encontraron inscritos extractos de las fórmulas del Libro de los Muertos, concretamente de los capítulos 1, 134 y 141-142 y del Libro de la Vaca Sagrada, que se refería a la leyenda que nos habla de la destrucción de la humanidad por el dios Ra. En las paredes de la segunda Capilla se hallaban inscritos más fragmentos de los capítulos 1, 17, 26, 27 y 29 del Libro de los Muertos y un libro funerario criptográfico que tiene como tema el triunfo de la luz.

También había fragmentos de los Textos de las Pirámides presentes en el techo de la capilla, junto a la diosa Nut. La diosa celeste Nut, la madre de las madres, separada por el dios Ra de la tierra, el dios Gueb en el día de la creación, cuando el cielo y la tierra fueron separados, acogería amorosamente a su hijo Tut-Anj-Amon, protegiéndole con su cuerpo desnudo y permitiendo que, lo mismo que el dios sol recorría el interior de la diosa quien se tragaba el Disco por la mañana para darlo a la luz cada mañana, lo hiciera el propio Tut-Anj-Amon, asimilado, de este modo al mismísimo dios Ra.


Repartidos en las paredes de la segunda Capilla, ya citada, se podían leer más fragmentos de los capítulos 17,130,133,134,141-142,144 y 148 del Libro de los Muertos.
La tercera Capilla, recogía en sus paredes las divisiones Segunda y Sexta del Libro de lo que hay en la Duat, y ciertos fragmentos del capítulo 148 del Libro de los Muertos. La cuarta Capilla, un fragmento del capítulo 17 del Libro de los Muertos.


En conjunto, las fórmulas de las que se proveyó al pequeño soberano para que pudiera salir triunfante del Juicio de Osiris eran lo suficientemente poderosas como para que un rey después de la muerte fuera un Osiris-rey. Podría entonar las palabras necesarias el día de su llegada a la tumba, en la necrópolis, para entrar en el Más Allá después de abandonar la tierra. En tal condición diría: ¡Salve, oh Toro del Occidente, dice Thot al rey de la eternidad. Soy el más divino de los dioses protectores. He luchado por ti. Soy uno de los dioses del Tribunal que ha proclamado Justo a Osiris contra sus enemigos en el día del peso de las palabras....!.

Podría conocer los nombres de los dioses del cielo del sur y del cielo del norte, de los que habitan los infiernos y de los que ordenan en la Duat. Su corazón, el lugar donde residía su conciencia, lo que equivale a decir su individualidad, su personalidad única, estaría protegido positiva y negativamente. Por medio de los capítulos 26, 27 y 29 del libro de los Muertos su víscera cordial le sería devuelta al pasar el Juicio ante Osiris en la Sala de la Doble Justicia y nadie podría arrebatársela ni destruirla. El rey diría a los genios del Más Allá: ¡Que mi corazón esté conmigo en la Casa de los corazones!.¡Ojalá pueda tener mi corazón porque él está dichoso conmigo!. Esto equivalía a la garantía de la supervivencia eterna.


Usando aquellos textos mágicos el Osiris Tut-Anj-Amon podría salir a la luz del día desde el Más Allá bajo cualquier forma que pudiera desear. Proclamaría para sí lo siguiente: ¡Yo soy el ayer, el alba de hoy y el mañana, el Señor de los nacimientos, naturaleza misteriosa creadora de los dioses, que suministra alimentos a los habitantes de la Duat, en el occidente del Cielo...aquél cuyos rayos se pueden ver, Señor de los amaneceres que irrumpe desde el crepúsculo y cuyas formas de existencia se llevan a cabo en la mansión de la muerte!. Él podría ser, por medio de estas fórmulas, el propio sol que amanece todos los días.


Conocería todos los nombres del dios Osiris en todos los lugares en los quisiera estar. Estaría protegido contra todos sus enemigos, como el dios Ra lo estaba cuando navegaba por la noche en su barca por La Duat, la región de los muertos.


Una de las facultades que, se suponía, poseían los difuntos justificados, era la de retornar desde el Más Allá y volver de nuevo a dicho lugar. El joven rey podría hacerlo porque conocería los nombres secretos de las divinidades que abrían o cerraban el paso a los seres osirificados, como él mismo.


El justificado debía conocer los nombres de los terribles guardianes de las siete puertas que, según el capítulo 144 del Libro de los Muertos, separaban el mundo de los vivos de las regiones de la Luz eterna. Así su ‘Ba’ podría ir libremente de un lado al otro. Sus necesidades alimenticias estarían aseguradas por medio de las fórmulas del capítulo 148.

Tut-Anj-Amon rezaría al sol diciendo: ¡Salve oh tú, que brillas en tu Disco, alma viviente que sale del horizonte!. ¡El Osiris-rey Tut-Anj-Amon te conoce, conoce tu nombre y conoce el nombre de la siete vacas y el de su toro!.¡Vosotros que dais pan, cerveza y (todo) lo que es provechoso para las almas de los difuntos...dadme pan y cerveza, suministradme provisiones!.


En realidad, para que todas estas esperanzas en el más allá se pudieran materializar, era necesario que el cuerpo del rey fuese debidamente conservado. Por tal razón, nada más morir fue debidamente momificado.

Cuando Howard Carter intentó quitar la máscara a la momia, encontró grandes dificultades debido a que los ungüentos con los que se hicieron los ritos funerarios se habían solidificado, formando una pasta dura que, literalmente, había soldado la pesada máscara de oro a la cabeza del rey. Debido a ello, se dice que fue inevitable quebrar el cuello de la momia, separándose por tal razón la cabeza del cuerpo.

Con este desafortunado incidente, se materializó uno de los temores más marcados de los antiguos egipcios. Ellos tenían especiales conjuros recogidos en el Libro de los Muertos para impedir que su cabeza les fuera arrebatada o cortada en el otro mundo. Resultó, como consecuencia del desafortunado incidente, que Tut-Anj-Amon sufrió el daño que sus sacerdotes funerarios quisieron prevenir.


La inmortalidad era el deseo más anhelado por los antiguos egipcios. No volver a morir la segunda vez, es decir, pasado el Juicio de Osiris, era su mayor esperanza. Por esa razón todos los ritos funerarios de los particulares y especialmente de los reyes, como en el caso de Tut-Anj-Amon, iban dirigidos a obtener y garantizar el disfrute de la vida, en óptimas condiciones y para toda la eternidad.

La cuestión para nosotros, los seres humanos del siglo XXI es: ¿realmente la consiguió nuestro joven rey?. Desde luego, habría que considerar que, en cierto modo, así fue. La momia de Tut-Anj-Amon es la única, entre las descubiertas hasta el presente momento, que descansa deliberadamente en el interior de su tumba, en el Valle de los Reyes. Y, por otra parte, nadie podría dudar que, si hay alguien que vive en la historia y en la memoria de los vivos, es aquel cuyo nombre es repetido por aquellos.


El fenómeno ‘Tut-Anj-Amon’ que comenzó en el primer tercio del siglo XX, aún no ha cesado, ni probablemente lo haga en mucho tiempo, más del que podamos vivir quienes estamos interesados por comprenderlo mejor. Por todo ello, no cabe sino admitir que, en verdad, nuestro rey alcanzó la inmortalidad y, con ella, la naturaleza de la que solo se reviste a los dioses.

Francisco J. Martín Valentín
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Bitácora

Jueves, 7 de Junio 2007 - 15:14

El estudio riguroso de la civilización del antiguo Egipto ha tomado carta de naturaleza en los circulos culturales de nuestro país


Nicholas Reeves, Francisco J. Martin y Hans Schneider en el Museo de Leiden
Nicholas Reeves, Francisco J. Martin y Hans Schneider en el Museo de Leiden
España ha estado tradicionalmente alejada del mundo de la egiptología hasta no hace demasiado tiempo. Fue a partir de los años sesenta del, ya, siglo pasado, cuando nuestro país comenzó a moverse en los ámbitos internacionales, estando representado, y muy dignamente, por los arqueólogos españoles que fueron a trabajar a la Nubia egipcia dentro del Comité español para el salvamento de los templos de Nubia.

El responsable de aquella magna tarea fue el profesor D. Martín Almagro Basch. Fruto de todo aquel trabajo en lugares como Korosko, Kars Ibrim y otros, hoy bajo las aguas del gran lago artificial embalsado por la gran presa de Asuán, fue la donación a España del Templo de Debod.

Entre aquellos días y hoy, han transcurrido casi cincuenta años. Medio siglo para la reflexión y para la incorporación de la egiptología de cuño español a las tareas investigadoras y docentes de esta disciplina dentro y fuera de nuestras fronteras. Varias misiones arqueológicas españolas están trabajando en Egipto. Egiptólogos españoles están incorporados de facto a equipos de otras nacionalidades que también trabajan en Egipto.

Se puede afirmar que la presencia española es, generalmente respetada y aceptada en los ámbitos internacionales de la egiptología.

Solo quedaba la definitiva institucionalización de los estudios específicos de egiptología en nuestras universidades. Pero, incluso eso ha llegado. La cátedra de egiptología 'José Ramón Mélida' de la Fundación General de la UCM, instaurada con el apoyo del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto, está trabajando activamente en esta tarea.

El público culto e interesado sigue de cerca las noticias que sobre el antiguo Egipto saltan a las páginas de nuestros diarios, revistas y medios de comunicación en general. Realmente existe una enorme expectativa social ante este nuevo y robusto panorama dedicado al estudio y la extensión cultural en nuestros ambientes de la civilización egipcia antigua.

Este es un momento de excepción que en otros países de nuestra órbita cultural acaeció hace más de un siglo. Precisamente por ello es un gran privilegio poder tomar parte de lo que, sin duda, es una gran oportunidad histórica: la consolidación de la egiptología en nuestro país. En esta materia existe una clara convergencia entre lo que demanda la sociedad española y lo que se la puede ofrecer.

Este blog de reciente creación estará dedicado a colaborar de la manera más activa posible en la consecución de los objetivos que permitirán culminar esta tarea.

Desde aquí se ofrecerán, no solo noticias de relevancia en materia de egiptología, sino opiniones de prestigio sobre los principales problemas que nos afectan y comunicaciones científicas en la materia que nos concierne.

Ciertamente, no somos los primeros en salir a escena en el medio virtual por excelencia, pero sí aspiramos a ser un referente entre los más serios y respetados.

¡Que el trabajo que desarrollemos desde aquí ayude a la consolidación de la egiptología en nuestros ámbitos culturales!. Esa es nuestra principal meta.

Francisco J. Martín Valentín
Francisco Martin y Teresa Bedman
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Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman
Francisco  J. Martín Valentín y Teresa Bedman
Francisco J. Martín Valentín es egiptólogo. Director del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto. Director de la Misión Arqueológica Española en Asasif, (Luxor Occidental Egipto), desarrollando actualmente el “Proyecto Visir Amen-Hotep. TA 28". Director de la Cátedra de Egiptología ‘José Ramón Mélida’. Teresa Bedman es egiptóloga. Gerente del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto. Co-directora de la Misión Arqueológica Española en Asasif, (Luxor Occidental Egipto), desarrollando actualmente el “Proyecto Visir Amen-Hotep. TA 28”. Secretaria de la Cátedra de Egiptología ‘José Ramón Mélida’.






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