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EGIPTOLOGÍA: F. Martín y T. Bedman
Blog de Tendencias21 sobre el Antiguo Egipto

Artículos y comunicaciones

Martes, 4 de Septiembre 2012 - 12:34

La magia estuvo presente en el Antiguo Egipto desde sus comienzos como civilización. En realidad fue un fenómeno muy extendido entre toda la sociedad, desde el faraón a las clases más humildes.


Viñeta  que hace referencia a la aparición de Re, al amanecer.  Capítulo XVI del Libro de los Muertos.  Papiro de Hu-Nefer. (BM EA 9901/1)
Viñeta que hace referencia a la aparición de Re, al amanecer. Capítulo XVI del Libro de los Muertos. Papiro de Hu-Nefer. (BM EA 9901/1)

Todos trataban de actuar y de protegerse contra las adversidades normales de la vida cotidiana. Las enfermedades, las actuaciones de los enemigos, o los ataques de los animales dañinos, eran las preocupaciones más exigentes y perentorias a las que el hombre egipcio debía hacer frente.

Finalmente, la superación de la muerte y la posibilidad de regresar al mundo de los vivos desde el Más allá, eran otras de sus mayores obsesiones. Para estar protegidos, o para conseguir sus fines, los egipcios utilizaron la magia. Pero esta magia era algo derivado del mundo divino que había tenido su nacimiento en el propio origen de lo religioso, de su relación con la divinidad.

El mundo de la magia tuvo su origen en el de los dioses

En la lengua egipcia antigua el concepto de ‘dios’ se expresaba con el término Netcher. La aparente complejidad del panteón egipcio, que a nosotros se nos muestra como una lista interminable de divinidades mayores y menores, solo obedecía a la pretensión de mostrar, haciéndolas asequibles al pueblo, las distintas manifestaciones del poder divino, presentes en cada una de las fuerzas naturales y de los seres que rodeaban a los habitantes de las riberas del Nilo.

Ellos creían que, los Netcheru, o dioses, eran la manifestación de los diferentes elementos de una o varias funciones cósmicas que actuaban y se manifestaban por sí, y en virtud de su propio determinismo. Por ello, el egipcio siempre trató de ganarse a la divinidad correspondiente por medio de los actos rituales que eran a sus ojos actos propiciatorios por medio de los cuales se conseguía influir en la esfera divina para conseguir lo deseado, o impedir lo temido.

Los antiguos egipcios procuraban asociar en las distintas composiciones plásticas que hoy podemos contemplar en las paredes de las tumbas, o en los muros de los templos, a especies animales y vegetales que tenían afinidades vitales entre sí.

Es así como nos demuestran que poseían un profundo conocimiento de las relaciones analógicas entre todos los seres y elementos de la creación, lo que les permitía vivir en una simbiosis perfecta.

Este conocimiento fue utilizado para crear un estado armonioso entre los hombres y las cosas, a través de un doble modo de actuación: en una vía positiva, y en otra negativa. La vía positiva consistía en atraer las influencias benéficas, mediante la actuación sobre la idea concreta de un ser animal o vegetal, o sobre un objeto, los cuales aportarían buenos resultados al agente actuante. La negativa, consistía en repeler las influencias perniciosas, actuando sobre elementos que tenían una naturaleza contraria o incompatible con esas fuerzas oscuras.

El mago y el uso de la palabra como instrumento mágico

En Egipto todos los rituales de la religión y de la magia estaban fundamentados sobre el conocimiento de los nombres de los dioses, las personas, los animales, y las cosas.

Por otra parte, el nombre constituía uno de los nueve elementos esenciales que, según ellos, componían el ser. En realidad los egipcios creían que el nombre de los diferentes seres y entidades era de alguna manera como la fórmula secreta que resumía en sí misma su esencia y su estructura.

Controlar el nombre de los seres equivalía a poseer poder sobre ellos. Pero, para que el acto de emitir el nombre de aquél sobre el que se quería actuar tuviera la fuerza creadora del Verbo, era necesario ser lo que los textos llamaban un Maa-Jeru, ‘Justo de Voz’; es decir, que el mago actuante, tenía que poseer una voz apropiada y en armonía con la naturaleza del objeto sobre el que el mago iba a actuar y adecuado al medio físico en el que se iban a realizar las actuaciones mágicas.

Se ha dicho que, en Egipto, el sacerdote suplicaba, mientras que el mago ordenaba.

El culto de los dioses se hacía por medio de fórmulas apaciguadoras que facilitaban la presencia divina en las capillas y sobre las imágenes que les servían de sede material. Por el contrario, el mago, conocedor de la naturaleza de los seres y de las cosas, ordenaba con el poder de su palabra, para conseguir la sumisión de aquéllos a su voluntad.

En Egipto, los magos recibían el nombre de Rej-ijet, ‘el conocedor del rito’ y la palabra magia se reconoce con el término Hekau.

El conocimiento, la iniciación, eran pues, esenciales para poder utilizar la fuerza de la magia por el uso del Verbo Creador. Los magos en Egipto tuvieron la consideración de una especie de oficiales públicos al servicio del rey, cooperadores con él en las funciones del mantenimiento del orden cosmológico. Ellos eran los encargados de ejercer la magia como sacerdotes, en sustitución del propio faraón, el mago por excelencia de todo Egipto, pues él poseía las Dos Coronas, la Roja y la Blanca, que eran los más poderosos instrumentos mágicos.

Estos profesionales de la magia, por así decirlo, ejercían sus funciones dentro de un marco oficial, como parte del sistema de orden y organización del cosmos y del mundo egipcio, y pertenecían a un estamento profesional formado en las Casas de la Vida de los templos.

La magia, conforme al pensamiento egipcio antiguo, consistía en la facultad de poseer el poder que ellos llamaban ‘Heka’. En realidad, todos los textos religiosos egipcios vienen a indicarnos que el ‘Heka’ era un atributo de los dioses y, por extensión, del rey, y, básicamente, consistía en el profundo conocimiento de la naturaleza del universo y de sus medios sensibles, condiciones que aseguraban su control en beneficio de la humanidad.

En definitiva, los magos egipcios no eran otra cosa que sacerdotes pertenecientes a un clero especial, el del dios Heka, aunque también solían formar parte al mismo tiempo de los cleros de otras divinidades. Ellos recibían su formación en unas instituciones, anejas a los templos, llamadas en los textos Per-anj, ‘Casa de la Vida’, en cuyo seno se practicaban y enseñaban todos los aspectos de la ciencia divina que los egipcios consideraban como parte del conocimiento o sabiduría.

Allí se estudiaba y se enseñaba muy especialmente la magia y se redactaban y conservaban libros considerados tratados mágicos. Ciertamente, las Casas de la Vida poseyeron especial fama a causa de sus bibliotecas. En ellas se recogían los textos teológicos, los himnos y los cantos sagrados, la tratados de astronomía, de medicina y de matemáticas. Era común que los escribas o los sacerdotes lectores de otros templos viajaran desde sus ciudades para consultar esas magníficas salas llenas de rollos de papiro, como debía ser el caso de la más célebre que, según la tradición se hallaba en el templo del dios Thot, en Hermópolis.

Las bibliotecas y los tratados de magia

Conocemos el contenido de alguna de estas misteriosas bibliotecas, como sucede con la del Templo del dios Horus, en Edfu, donde hay una sala que los textos llaman ‘La Cámara de los Escritos’. Sobre una de sus paredes existen dos listas de Libros que debían estar depositados allí para la consulta de los sacerdotes.

Entre otros, se nos dice que allí se encontraban los Libros y los grandes pergaminos de cuero puro que permiten abatir el demonio. Los Libros de rechazar al cocodrilo. Los Libros de protección de la hora. Los Libros de Protección de la Barca. El Libro de ‘Hacer salir al rey en procesión’. El Libro para capturar a los enemigos. El Libro de todos los escritos del combate mágico. El libro de ‘Apaciguar’ a Sejemet. El Libro de cazar al león, rechazar los cocodrilos y los reptiles. El Libro de conocer todos los Misterios del Laboratorio.

Para los egipcios, la fórmula mágica era el más antiguo y seguro de los instrumentos para operar sobre este especial y sutil mundo. La forma más acreditada era la prohibición, pero también estaban, la invitación con amenazas, si no se hacía lo deseado, y las alusiones mitológicas, comparando al personaje protegido o conjurado con ciertas entidades divinas.

Todas, eran formas alternativas de uso de los ensalmos utilizados. Existen muchas colecciones que han llegado hasta nosotros escritas en papiros, cuyos fines son tan amplios como la misma vida cotidiana de los habitantes del Valle del Nilo. Se trata de auténticos ‘Libros de Magia’, manuales de trabajo para los magos egipcios de los que, algunos, como el Papiro Mágico de Leyden, se han conservado milagrosamente hasta nuestros días.

Estos papiros, recogen una amplia serie de ensalmos, sin un orden aparente, que han sido cuidadosamente ordenados por el escriba que los copió y recopiló como un minucioso investigador que fuera tomando de aquí y de allá lo mejor de la ciencia mágica de cada época.

Las fórmulas a veces habían sido facilitadas por un colega; otras, la mayoría, escritas y recopiadas a partir de otros papiros más antiguos, probablemente escondidos en las bibliotecas de los templos. Los egipcios iniciados ansiaban poseer los libros mágicos que les darían el poder y la sabiduría; pues bien, este magnífico papiro, junto con otros documentos, tales como el Papiro Mágico Harris, o la Estela de Metternich, constituyen una apasionante colección, cuyo contenido, era aplicable a todas las necesidades cotidianas de la vida diaria.

El Papiro Mágico Harris, era, sin duda, el manual mágico por definición y excelencia. Debió ser redactado hacia la dinastía XX, (hacia el 1186-1069 a. de C.), durante el Imperio Nuevo. Primero, contiene una serie de oraciones propiciatorias para invocar el poder y la ayuda de los dioses primordiales de la creación del mundo. Sobre todo y principalmente se trata de himnos de adoración al dios Amon-Re.

En el Museo Egipcio de Turín se conserva otra interesantísima colección de papiros de magia que representan un conjunto de salvaguardas contra las picaduras de las serpientes y de los escorpiones. Datan de alrededor de la dinastía XX, durante el Imperio Nuevo egipcio, (hacia el 1186-1069 a. de C.).

La primera parte de estos papiros relata el mito del ciclo solar en el que la diosa Isis, por medio de la picadura de una serpiente que ella había creado con métodos mágicos, consiguió conocer todos los nombres, incluso el más secreto, del dios sol Re. El resto de los conjuros son fórmulas de uso cotidiano, aunque la leyenda de Isis y de Re también tenía fuerza mágica, pues sus frases se utilizaban con dichos fines en la creencia de que, tal como la diosa curó a Re de la picadura mortal de la serpiente mágica que ella le había enviado, así los mortales curarían de las picaduras de estos dañinos animales.

Otro ejemplo de libros de fórmulas mágicas está representado por el Papiro Mágico de Leyden.

Este manual de magia que se ha conservado, dividido en dos fragmentos, uno existente en el Museo Británico, (Papiro BM nº 10.070), y el otro en el Museo de Antigüedades de Leyden, (Papiro de Leyden J. 383), recoge una serie de fórmulas y encantamientos dirigidos a realizar prácticas de adivinación, por diversos medios.

Incluye también ensalmos para gozar del respeto de los iguales y el favor de los superiores, para obtener la curación y la salud, para controlar el conocimiento de las pociones y los venenos, para conseguir el amor de una mujer o de un hombre y dedica una parte sensible de su contenido al estudio de diversas plantas y sus usos medicinales.

Algunas fórmulas

Veamos, por ejemplo, una fórmula mágica utilizada para rechazar una enfermedad mortal:

‘¡Mujer que pasas tu tiempo haciendo ladrillos para tu padre Osiris.!. ¡Mujer que has conjurado a tu padre Osiris cuando se alimentaba de legumbres y de miel¡. ¡Sal fuera, asiática venida del desierto, negra venida de las tierras vacías!. ¿Eres una esclava?. ¡Entonces sal fuera por medio del vómito!. ¿Eres una dama de la nobleza?. ¡Entonces sal fuera por su orina!. ¡Sal fuera por las secreciones de su nariz!.¡Sal fuera en el sudor de su cuerpo!. Mis manos se posan sobre mi niño, y las manos de Isis están sobre él, igual que protegieron a su hijo, Horus.’ (Papiro Berlin nº 3.027).

Eran célebres las fórmulas para enamorar a una mujer.

¡Homenaje a ti, Ra Hor-Ajty, padre de los dioses!. ¡Homenaje a vosotras, las siete Hat-Hor que os vestís con tejido de lino rojo!. ¡Homenaje a vosotros, dioses, señores del cielo y de la tierra!. ¡Haced que la mujer N. nacida de N. vaya detrás de mí como una vaca va tras el pasto, como una niñera va tras sus niños, como un pastor va tras su rebaño.! ¡Si no conseguís que venga detrás de mí, Yo incendiaré Busiris y quemaré a Osiris!. (Ostracon D. El Medina BM 1057).

Había también Conjuros para proteger las casas:

‘…N.N. nacido de N.N. ha conjurado las crujías. El es el Señor de los Misterios. El ha conjurado el lugar que le pertenece, su habitación, su cama. El ha conjurado a las cuatro nobles Señoras en cuyas bocas está la llama y cuyo fuego va detrás de cualquier enemigo o enemiga, de cualquier muerto o muerta que esté en el cuerpo de N.N. nacido de N.N., para expulsarlos. Ellos no vendrán por él por la noche, por el día o en cualquier tiempo......’ (Papiro Chester Beatty III, rº, 10).

Hubo fórmulas para todos los problemas. Los egipcios trataron de resolver sus inquietudes vitales diarias tales como la salud, los amores, el poder o el ejercicio de la venganza por medio de la magia. Ellos creyeron que podían ser protegidos o atacados por fuerzas superiores y que, por tanto, debían controlarlas.

Los descubrimientos de todos estos conjuros son la prueba evidente de que la magia regía todos y cada uno de los sucesos diarios en el Valle del Nilo. Las gentes que lo poblaban sabían, aún no siendo magos profesionales, lo que las fuerzas sutiles podían hacer en su favor. Ciertamente, el abuso de esta manera de conseguir la seguridad en la vida diaria, llevó al mundo tardío egipcio a convertir una sociedad que había sido organizada bajo las reglas rectoras de mentes iniciadas, en un embrollado mundo de supersticiones. Esto debió suceder cuando los secretos de los antiguos magos fueron desvelados y comunicados sin control.

El uso y el abuso de esta magia hasta convertirse en hechicería, lo que sucedió especialmente durante la época tardía, fue también el reflejo de una sociedad que ya no tenía seguridad en sus propios valores civilizadores. Por ello, los hombres debían asegurarse sus objetivos sin contar en exceso con la justicia divina o humana.

Este fue el final de la misma civilización egipcia.

Para saber más:

Andrews, C. Amulets of Ancient Egypt. Londres, 1994
Lexa, F. La magie dans l’Égypte antique. 3 Vol. París, 1925
Martín Valentín, F. J. Los magos del antiguo Egipto. Madrid, 2002
Pinch, G. Magic in Ancient Egypt. Londres, 1994

Francisco J. Martín Valentín
Egiptólogo
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Artículos y comunicaciones

Miércoles, 22 de Septiembre 2010 - 13:40

El próximo día 1 de octubre de 2010 se iniciará la Segunda Campaña de excavaciones en la tumba del Visir Amen-Hotep Huy (TA nº -28- en Asasif- Luxor occidental), llevada a cabo por equipos del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto, bajo la Dirección Científica del Dr. Francisco J. Martín Valentín, y la co-Dirección de Dª Teresa Bedman. Este es un buen momento para presentar estas pequeñas notas biográficas del personaje central de nuestras investigaciones, el dueño original de la tumba de mayores dimensiones en la necrópolis tebana, entre las pertenecientes a la dinastía XVIII (Imperio Nuevo), en la cual estamos trabajando.


El Visir Amen-Hotep Huy. TT 55 . Foto Propiedad del I.E.A.E.
El Visir Amen-Hotep Huy. TT 55 . Foto Propiedad del I.E.A.E.
El Visir Amen-Hotep, llamado Huy, fue un importante personaje del periodo de Amen-Hotep III del que, sin embargo, hoy conocemos muy poco. Los documentos y monumentos conocidos hasta el momento, relacionados con él, son escasos en comparación con los referidos a otros personajes del mismo tiempo. El motivo principal de esta oscuridad es, sin duda, el hecho de haber sido perseguida su memoria, y destruidos sus monumentos.

La exploración de su tumba, la TA28, identificada por primera vez por Andrew Gordon como la del Visir Amen-Hotep, Huy, no se ha llevado a cabo hasta el presente de un modo exhaustivo. Esta tumba se encuentra en la zona de Asasif sur, prácticamente inédita y sin excavar, está atribuida, como se ha dicho, al Visir Amen-Hotep, llamado Huy, y, según todas las evidencias que hasta ahora conocemos, inacabada.


LOS DOCUMENTOS
Los documentos conocidos, relacionados con el Visir Amen-Hotep, de los que disponemos, son los siguientes:

A) Dos improntas de sello de jarra encontradas en Malkata referidas al primer Heb-Sed de Amen-Hotep III (Año 30 del reinado):

Perfecta medida de ofrendas de comida y bebida hecha por el Visir Huy para este Heb-Sed

Aceite de moringa del Visir Huy para este Heb-Sed

En estas inscripciones queda patente que Amen-Hotep era ya, durante la celebración de este primer Jubileo de Amen-Hotep III, Visir, si bien, no podemos determinar con precisión a la vista de las mismas, si del Sur (Tebas), o del Norte (Menfis).

B) Una estela (BM 138) conteniendo una copia del Decreto de fundación del Templo funerario de Amen-Hotep, Hijo de Hapu (Año 31 del reinado).

Este documento, cuyo texto está datado el día 6 del cuarto mes de la estación de la inundación (Ajet) del año 31 de Amen-Hotep III, recoge el acto de la fundación del Templo funerario de Amen-Hotep, Hijo de Hapu, un relevante personaje del reinado de Amen-Hotep III que llegaría a ser divinizado durante la Baja Época. En el mismo se recoge la presencia del Visir Amen-Hotep en presencia del Rey para escuchar y refrendar la orden real en relación con dicho asunto. El texto ha sido objeto de múltiples comentarios para tratar de encontrar un motivo por el que, siendo Ra-Mose Visir del Sur en aquellos momentos, según todas las evidencias, tales como su tumba en Tebas (TT 55), no comparece en dicho acto y, en cambio sí lo hace Amen-Hotep Huy.

Una de las tesis propuestas es que Ra-Mose habría desaparecido a finales del año 30 y le habría sucedido en el cargo Amen-Hotep, quien era ya en aquel momento Visir del Norte. Otra propone reconocer en Amen-Hotep al auténtico Visir del Sur, mientras que Ra-Mose lo era del Norte, siendo su tumba (TT 55) un cenotafio construido en la necrópolis de Tebas, capital religiosa de Egipto en aquel momento.

C) Diversos restos de monumentos con inscripciones procedentes de las canteras del Guebel El Silsila.

C.1. La Capilla ‘A ‘
Se trata de una capilla excavada en la pared rocosa de la zona norte del Guebel El Silsila, situada algo al este de una estela de Amen-Hotep IV. En su interior tiene una estela esculpida.

C.2.- Dos estelas (B y C de G. Legrain)

C.2.2.- Estela C:
Debajo de la representación del Rey Amen-Hotep III junto a dos dioses cuyas imágenes han sido borradas.

C.3.- El naos ‘E’

Muy degradado. A ambos lados del mismo existen dos estelas. La del lado sur está completamente destruida.

C.4.- El naos ‘F’

Legrain encontró esta capilla partida en dos grandes trozos y arrancada de su base. En la parte superior estaban dispuestos un halcón tocado con la doble corona y un obelisco. La cámara interior estaba decorada en sus tres paredes.
En la pared B (interior) se ve la figura borrada de un personaje.

Los textos consisten en oraciones laudatorias a Sobek, a Amón-Ra y a la condición divina del Rey Amen-Hotep III como soberano poderoso que favorece y trae la crecida del Nilo, asociando al propio Amen-Hotep a la figura del Rey, como era tradicional, como fiel servidor que esperaba gozar del favor real a cambio de la lealtad y los servicios prestados al monarca.

La presencia de Amen-Hotep en el Guebel El Silsila en el año treinta y cinco del reinado tenía por fundamento la extracción de bloques de piedra de las canteras de arenisca para las construcciones que, al parecer, aún continuaban en los templo de Amón en el Ipet Sut y en el Ipet Reshut en Tebas , puesto que Georges Legrain descubrió muy cerca de las capillas los restos de esfinges criocéfalas del dios Amón, como las empleadas en las avenidas de esfinges de ambas construcciones.

Además es seguro que en ese tiempo también se estaba construyendo el magnífico templo funerario del Rey en la orilla occidental de Tebas en Kom el Heittan.

Los textos fueron casi completamente destruidos, probablemente por los seguidores de Aj-en-Aton y, por lo que atañe al Visir Amen-Hotep, todo parece indicar que cayó en desgracia y su memoria fue severamente perseguida, siendo borradas su nombre, su Ka y sus imágenes, llegando a cubrirse en alguna parte su efigie, ya martilleada con una capa de color anaranjado que hacía más completa la destrucción de la personalidad del Visir.

D) La carta EA71 del archivo de El Amarna.

La identificación del personaje a quien se dirige la misiva del príncipe Rib-Hadda con el Visir (Amen-Hotep) Huy ha sido aceptada por todos los especialistas.
En tal caso, parece que Amen-Hotep habría sido comisionado por el propio Rey Amen-Hotep III para hacer una gira de inspección en los lugares de influencia egipcia en Siria, concretamente a la zona de lo que más adelante sería Biblos.

E) Las estatuas CG 590 y BM 1068, procedentes de Bubastis.

El hallazgo de estas dos estatuas en Tell El Basta, en el templo, sugiere a los especialistas que Amen-Hotep fue enviado allí, bien para supervisar las obras que habrían de hacerse en los recintos religiosos del lugar con motivo de la celebración del Heb-Sed del año 30 de Amen-Hotep III, o en su camino hacia Biblos, para inspeccionar la situación en aquel punto de Siria. Sin embargo, en atención a la traducción de la estatua de El Cairo (CG 390), parece que su responsabilidad se atendría en ese momento solo a las obras del Bajo Egipto. Si se admite la interpretación de Gordon que traduce el título citado en esta estatua como Director de todas las obras de su Rey en el Alto y el Bajo Egipto, estaríamos en presencia de la posibilidad de admitir que Amen-Hotep no estaba vinculado solo al Norte del país en el ejercicio de sus funciones administrativas.

F) Un relieve en el Templo de Soleb.

En el ala Norte del pórtico Este del primer patio del Templo de Soleb figura una escena representativa de la ceremonia de la inauguración del Templo donde se divinizó Amen-Hotep III con motivo de su primera fiesta jubilar.

Allí se ven dos personajes delante del Rey cuyas inscripciones adjudican los títulos de Visir para ambos. El nombre del primero ha sido destruido, mientras que el del segundo se lee claramente: Ra-Mose. En base a ello se ha propuesto reconocer en el otro personaje a Amen-Hotep Huy, cuya memoria fue perseguida y su nombre destruido en los monumento

Nuestras excavaciones podrán aportar nuevas evidencias acerca de nuestro personaje y el periodo que le tocó vivir durante la revolución atoniana en Egipto.





Francisco J. Martín Valentín. Egiptólogo
Director Científico del Proyecto Visir Amen-Hotep Huy TA -28- (Asasif)
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Artículos y comunicaciones

Domingo, 25 de Abril 2010 - 20:59

Dos egiptólogos españoles recuperan la memoria del amante de la reina Hatshepsut


El templo de Hatshepsut en Deir El Bahari y el hipogeo TT353 del Mayordomo de Amón Sen-en-Mut
El templo de Hatshepsut en Deir El Bahari y el hipogeo TT353 del Mayordomo de Amón Sen-en-Mut
En Deir el-Bahari, a los pies del Dyeser-Dyeseru (el templo funerario o templo de millones de años mandado construir por la reina Hatshepsut), se encuentra la capilla subterránea que excavó el arquitecto Sen-en-Mut, valido y amante de la soberana. El mayordomo de Amón pertenecía a una familia media egipcia. Formó parte de las tropas de Tutmosis I que lucharon contra Nubia. Luego fue nombrado gobernador de la Casa de la hija del faraón, es decir, se convirtió en el maestro y preceptor de la princesa. Él tenía 35 años y ella 14. Llegó a poseer cerca de un centenar de títulos. No tuvo ni esposa ni hijos. Fue en todo fiel a Hatshepsut. Murió probablemente antes que ella. A partir de ese momento, la reina comenzó a perder todo su poder en favor de Tutmosis III, su sobrino. La reina gobernó Egipto durante 21 años (desde 1478 hasta 1458 antes de Cristo). La labor destructora de su memoria por parte del sucesor fue terrible. Incluso la hizo desaparecer de la lista de los faraones. ¿Asesinada? Probablemente no, pero sí apartada, relegada.
Sen-en-Mut siempre estuvo junto a Hatshepsut. Ella era hija de Tutmosis I (1524-1518). Cuentan que era tan bella como Nefertiti. Se casó con su hermanastro Tutmosis II, que reinó del 1518 al 1504 antes de Cristo. Enviudó muy pronto y, debido a la juventud de Tutmosis III (uno de los más grandes faraones de todas las dinastías egipcias), asumió la regencia. Tuvo dos hijas. La primera, Neferu-Ra, aparece muy representada junto a su supuesto padre Sen-en-Mut. Ambas hermanas -seguramente del mismo progenitor- se casaron con Tutmosis III. La segunda, tras morir la primera.
Entre las tinieblas
Los arqueólogos españoles Teresa Bedman y Francisco Martín han estado trabajando en este lugar durante los últimos años. Teresa decide esperarnos fuera, mientras Francisco inicia el descenso conmigo. La luz del día penetra hasta muy avanzada la caminata. Pisamos sobre una estructura escalonada de madera con pasamanos. De repente, las tinieblas. "Estoy entre las tinieblas, como ciego", diría Rilke. Pasos más abajo, la ingeniería del hombre moderno da paso a los viejos escalones térreos de los antiguos egipcios. Bajamos en silencio, y cuando estamos en el muro norte, a la altura del resbaladizo octavo escalón, antes de descender a la primera cámara, mi guía enfoca su linterna contra la pared. Surge entonces de improviso el rostro de un hombre. Nos mira fijamente. El autorretrato que lleva allí impertérrito desde hace más de tres milenios fue dibujado con tinta negra sobre una superficie estucada. Cuatro líneas rojas formando una cuadrícula lo enmarcan. Quizá el busto vigila la entrada. El anfitrión se presenta al huésped, al desconocido, al visitante del futuro y le pide que sea respetuoso con el lugar que guarda su memoria. Los jeroglíficos enfrentados al rostro reproducen el nombre de Sen-en-Mut y añaden uno de sus títulos más queridos, "mayordomo de Amón".
Pocos espacios me han causado tan profunda emoción. La cámara, según Francisco la va iluminando, es de una belleza inusitada. Allí nos dejamos acunar bajo el mismo cielo de otra época: estrellas, constelaciones, planetas, los círculos lunares que muestran los 12 meses del calendario egipcio. Inscripciones jeroglíficas, dibujos, textos religiosos. Además, hay diferentes referencias a Hatshepsut. Estamos bajo un techo astronómico, en una capilla que contiene el más antiguo mapa celeste. Con esta guía del cielo nocturno se fijan los momentos exactos para ser leídos los fragmentos de los textos religiosos de las paredes. Francisco se sitúa con la linterna en el centro de la sala como si fuera un sol oculto por las tinieblas. Yo doy vueltas como un planeta sin rumbo. Enumera pormenorizadamente todos los simbolismos y añade algo de nuevo emocionante. Las mediciones actualizadas han permitido comprobar que, según este plano, la Osa Mayor se encuentra situada en el exacto lugar o declinación que le correspondería en el cielo bajo el cual Sen-en-Mut vivió. ¡Qué privilegio encontrarnos bajo el amparo de ese mismo decorado que el arquitecto vio hace miles de años!
Probablemente Sen-en-Mut construyó este hipogeo para enterrarse. Luego no fue así, pues su verdadera tumba está cerca del templo de Dyeser-Dyeseru (aunque se desconoce, finalmente, dónde fue enterrado). Por las medidas del corredor y las estancias no parece que aquí pudiera caber un sarcófago del tamaño correspondiente a la importancia de este personaje. Teresa y Francisco piensan que, en realidad, lo que hizo Sen-en-Mut fue construir una capilla extraordinaria semejante a las de Dyeser-Dyeseru. Bajo el templo de Hatshepsut, el arquitecto y político más poderoso de su tiempo tenía un lugar secreto donde se transformaba en un igual a los faraones. Allí estaba su biografía, allí estaba representada la devoción hacia Hatshepsut y las plegarias para resucitar en el otro mundo.
Bajamos a la otra cámara. Esta estancia carece de decoración, aunque hay algunas marcas y grafitos. A pesar de que es un espacio desolado, produce una sensación aún más misteriosa, pues estamos ya en las profundidades. Desde la puerta de entrada habremos caminado unos 50 metros. El profundo silencio y la densa oscuridad se hacen cada vez más espesos. Sin embargo, no siento ni frío ni calor. Aún queda una tercera y última sala más hundida. Llegamos a ella descendiendo por una rampa. El mayordomo de Amón navegaba eternamente en la barca de Ra (el gran dios responsable del ciclo de la muerte y la resurrección) a través del firmamento simbolizado en la forma abovedada del techo. Aquí se termina la construcción. Es un callejón sin salida. Ahora estamos justo debajo de la primera terraza del templo de millones de años de Hatshepsut.
Herbert Winlock hizo este hallazgo en 1927. No le dio mucha importancia. Tampoco llegó a limpiarlo, restaurarlo, interpretarlo y ponerlo en valor como lo han hecho Teresa y Francisco. Winlock empaquetó alguno de los objetos que encontró y se los llevó al Museo Metropolitano de Nueva York.
Hemos llegado al final del viaje al Más allá y reemprendemos ahora la ascensión. "Darkness before, and danger's voice behind", es un verso de Wordsworth (con la oscuridad delante y la voz del peligro detrás). La rampa y escaleras se muestran resbaladizas como si no quisieran desprenderse de nosotros. Cada uno se emplea a fondo en esta escalada. Yo voy delante y me apresuro. Llego a la superficie jadeando. Teresa está de guardia sentada bajo una lona blanca. Al verme se levanta, se acerca nerviosa y me mira con expectación. Yo sonrío y la abrazo.
El trabajo de Teresa Bedman y Francisco Martín ha sido extraordinario. Dos conciudadanos han empleado parte de su vida en recomponer minuciosamente la memoria de dos grandes personajes y amantes a quienes quisieron borrar de la historia. Teresa, Francisco, Sen-en-Mut, Hatshepsut, todos contemporáneos en la tierra o en el más allá. Ellos vivos gracias a nuestros arqueólogos, los arqueólogos vivos gracias a su eternidad.


CÉSAR ANTONIO MOLINA - 24/04/2010

» César Antonio Molina, ex ministro de Cultura, es autor de Lugares donde se calma el dolor.

Fuente: Diario El País. 24 de abril de 2010
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

‘Los primeros 5 años del reinado de Amen-Hotep IV ( hacia 1359-1354 a. C.) representan un hiato espantoso en nuestro conocimiento histórico. De tal modo se destruyeron los monumentos de este periodo durante los tiempos de El Amarna…..que muy poco (si no nada) quedó a la vista para las futuras generaciones…’. La misión arqueológica española en Asasif está investigando en la TA nº -28- para encontrar datos que permitan conocer mejor este momento de la historia de Egipto.


La Tumba del Visir Amen-Hotep, Huy en Asasif (nº -28-). (c) IEAE. Misión Arqueológica española en Asasif.
La Tumba del Visir Amen-Hotep, Huy en Asasif (nº -28-). (c) IEAE. Misión Arqueológica española en Asasif.
El periodo Tebano de Amen-Hotep IV no duró más que cinco años. Desde principios del año sexto de su reinado, una nueva capital entró en actividad, la ciudad que llevaría el nombre de Ajet-Aton.
La cronología de estos primeros cinco años descansa sobre la sucesión hipotética de las construcciones Reales de Karnak.

En efecto, existe un monumento decorado en estilo clásico tradicional, y después hay una serie de edificios construidos, según una técnica nueva y decorados según el estilo original que se llamará “Amarniense”.
Ningún monumento de este periodo está datado.

I.2.b Los datos

a) El primer documento datado con seguridad procede del año 3, 2º mes de Shemu.

Se trata de una pieza de tejido encontrada en la tumba de Tut-Anj-Amon (T1230/JE 62703), en la que se lee el nombre didáctico de Ra Hor-Ajty en dos cartuchos. Este documento prueba que Amen-Hotep IV ya reinaba desde hacía dos años y cinco meses, si su ascenso al trono tuvo lugar verdaderamente en el primer mes de Peret.

Habían bastado dos años para llevar a cabo una profunda revolución técnica, artística y religiosa.
En el momento de su ascensión al trono, Amen-Hotep IV había concebido ya todo su sistema de pensamiento que aparecería inmediatamente por escrito en la definición de Ra Hor-Ajty, y poco después, en el lenguaje plástico, el cual iría variando durante todo el reinado, pero sin perder nunca sus caracteres fundamentales.

Como hipótesis de trabajo se puede admitir que todo lo que no corresponde al nuevo sistema de construcción en bloques pequeños (talatat) y a la nueva visión de la figura humana en la decoración habría de ubicarse en el curso del Primer año del reinado.

b) En Karnak, en la puerta del III pilono se hizo representar en hueco relieve en la tradicional actitud del faraón masacrando a sus enemigos, pero este relieve no fue terminado.

c) En el templo de Soleb, las escenas que muestran a Amen-Hotep IV puede que solo sean simples usurpaciones de las hechas a nombre de su padre Amen-Hotep III.

d) Sobre la orilla izquierda de Tebas, los testimonios de este primer estilo artístico del reinado solo se encuentran en cuatro tumbas :

La TT 55 de Ra-Mose , la TT 192 de Jeruef y la TT 188 de Pa-Ren-Nefer y la TA nº -28- del Visir Amen-Hotep, Huy.

e) A este primer año pertenecen las primeras inscripciones oficiales del reinado.

Las estelas de Sernij y el Silsila.

Allí leemos la titulatura completa del rey. Él es especificamente “El de Las Dos altas Plumas”, epíteto típicamente amoniano; “El grande de realeza en Karnak”, “El que eleva Las coronas en Heliópolis del Sur” “Nefer-Jeperu-Ra, el Único en Ra” “Amen-Hotep”.

En Sernij adora a la diosa Nejebet. En Silsila, hace incluso una ofrenda a Amón, rey de los dioses, pero en la titulatura despues de los títulos de Rey del Alto y del Bajo Egipto, el rey es llamado “Primer Profeta de Hor Ajty que se alza en el cielo en su nombre de luz (Shu) que está en el Disco (Aton)”.

Se trata ya prácticamente del nombre didáctico, el cual aparece en su forma conclusa un poco más lejos en el texto. De la estela de Silsila se deduce que es la primera vez que el rey da sus instrucciones -una laguna del texto impide saber a quien- para reunir a todos los trabajadores desde Elefantina hasta Sema-Behedet, en el extremo norte del Delta.

Los Jefes del ejército harán una gran requisa de mano de Obra “…..para extraer piedra arenisca para construir (el templo) del Gran Ben-Ben de Ra Hor Ajty, en su nombre de luz que está en el Disco, en Ipet Sut (Karnak)”.

f) El Templo de Ra Hor Ajty

Este podría haber sido el primer acto oficial de Amen-Hotep IV. Como la intención expresada en este texto es construir un templo de Ra Hor-Ajty en Karnak, se impone deducir que se trata del edificio cuyos bloques fueron utilizados en el interior del décimo pilono y que es desde luego, el edificio más antiguo de Amen-Hotep IV del que hay trazas en Karnak. Se data antes del año 4.

Los bloques extraídos del Silsila en esta primera ocasión habrían sido de grandes dimensiones, conforme al uso tradicional.

Los relieves ejecutados sobre los grandes bloques encontrados en Karnak son muy tradicionales aunque sería muy forzado admitir que se trata de relieves del estilo de Amen-Hotep III pues se distinguen muy netamente por su espesor.

Uno de los bloques es ya conocido hace mucho tiempo puesto que fue llevado a Berlín por Lepsius . El estilo es tan poco amarniense que se pensó que se trataba de un monumento de Amen-Hotep III recuperado o continuado por su hijo, quien habría conservado la fisonomía paterna, pero adaptando la imagen y el nombre del dios a las nuevas ideas (Ra Hor-Ajty es aún antropomorfo con cabeza de Halcón ya acompañado de lo que sería su nombre didáctico, el cartucho del rey es todavía un ligero cordón, y los jeroglíficos están hechos en relieve y muy cuidados.)

Posteriormente se han identificado entre las ruinas de Karnak alrededor de otros 140 bloques de este mismo templo. En ellos el rostro del rey es muy parecido al que se ve en la tumba de Ra-Mose (TT 55).

Cuando se comenzó el templo de Ra Hor-Ajty en Karnak, el nombre didáctico aún no se había metido dentro de un cartucho, pero parece que durante la construcción, el pensamiento real evoluciona y, antes de concluir el trabajo, este nombre se empieza a inscribir dentro de dos cartuchos, y la imagen divina, antes medio hombre, medio halcón, se cambia por la del sol radiante, mientras que la persona del rey empieza a deformarse, signo precursor del estilo amarniense: Es el aspecto que ofrece un Bloque del templo existente en el Museo del Louvre.

Otro elemento para añadir al expediente del principio del reinado de Amen-Hotep IV es su único escarabeo conmemorativo conocido, del que existen dos ejemplares. Por la forma y las dimensiones se parecen mucho a los que mandó hacer Amen-Hotep III durante su reinado.

La primera línea dice: “El gran Aton Viviente, el que está en la Fiesta Sed”, seguido en la segunda línea del nombre didáctico del dios en dos grandes cartuchos.

Las seis líneas siguientes contienen la primera titulatura del rey (sin cambio del nombre Aj-en-Aton), en la que la expresión “el que vive de la Maat” es ya utilizado delante de cada cartucho, y en la que el Horus del primer nombre es un Horus-Ra; la última línea menciona a Nefert-Ity.

g) El Templo de Atón en Karnak

Poco después del inicio del reinado de Amen-Hotep IV se alzará al Este de Karnak un monumento decididamente diferente al tempo de Ra Hor-Ajty: El Guemet-Pa-Iten. La técnica de construcción es muy particular: los bloques son de un modelo estándar, llamados “talatat” y tienen unas dimensiones de alrededor de 52 x 26 x 24 cms.

Por medio de estos miles de talatats encontrados sobre el lugar del templo de Aton, en el de Amón de Karnak, en Medamud y, asiladamente, en otros lugares, se conocen las construcciones de Amen-Hotep IV realizadas en el nuevo estilo.

Se han identificado al menos ocho templos construidos según el nuevo procedimiento.
El orden de los edificios sería el siguiente:

1.- El Guem-Pa-Iten y el Hut Ben-Ben
2.- El Rudi Menu, y finalmente
3.- El Teni Menu

Existen restos de otros edificios todavía mal identificados como el Hay-em-Ajet y el Maru Septentrional de Aton.

Estos monumentos fueron construidos muy rápidamente y ninguno de ellos ha proporcionado fechas de datación hasta el presente momento. El llamado “estilo amarniense” aparece en las representaciones de estos edificios por lo qu sabemos que el estilo nace en Tebas .

I.2.c El reinado de Amen-Hotep IV en Tebas

El estudio de los talatats ha revelado que la parte tebana del reinado de Amen-Hotep IV tuvo una importancia considerable. Todos los principios del pensamiento y del arte habían encontrado ya su expresión definitiva desde este primera parte del reinado.

La Gran Esposa Real Nefert-Ity desempeñaba en estos momentos un papel muy importante, a juzgar por ciertas construcciones que, parece, le estaban reservadas solo a ella (por ejemplo el Henut Ben-Ben).

Fue en Tebas donde se completó el nombre de Nefert-Ity con la expresión “Nefer-Neferu-Aton” (Aton es la Belleza de las Bellezas, o la perfección de las Perfecciones).

Admitiendo que Amen-Hotep IV hubiera comenzado a reinar viviendo aún su padre, se ha propuesto que la Fiesta Sed celebrada en el Guemet Pa-Iten lo habría sido a imitación de la Grandiosa Fiesta Jubilar del año 30 de Amen-Hotep III, y paralelamente a ella.

Así pues, el año 2 de Amen-Hotep IV se correspondería con este gran acontecimiento del reinado de Amen-Hotep III.

La instalación en el Amarna en el año 6, se correspondería entonces con el año 34 de Amen-Hotep III, fecha de celebración del segund Festival Heb-Sed de este rey; en este momento Amen-Hotep IV cambió su nombre por el de Aj-en-Aton.

La modificación del ‘nombre didáctico’ del dios Ra Hor-Ajty, lo que sucedió entre los años 8 y 12 de su reinado, habría de ser ubicada con mayor precisión alrededor del año 9, momento en el que el rey Amen-Hotep III celebró su tercera fiesta Sed, la del año 37.

Si el viejo rey murió a principio de su año 39 de reinado, es decir alrededor del año 11 de Aj-en-Aton, la excepcional ceremonia del año 12 en Amarna, podría estar en relación con el comienzo del reinado de este último en solitario.


Francisco J. Martín Valentín. Egiptólogo
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

El Instituto de Estudios del Antiguo Egipto ha obtenido permisos para excavar una nueva tumba inédita, la Tumba nº 28 de Asasif (Luxor occidental), su dueño parece ser, según todos los indicios un personaje del que no se conoce demasiado actualmente. Su nombre fue Amen-Hotep, familiarmente llamado Huy.


El Visir Amen-Hotep, llamado Huy. 'Proyecto Visir Amen-Hotep ATT nº 28'. (www.visiramenhotep.com)
El Visir Amen-Hotep, llamado Huy, fue un personaje muy importante del periodo de Amen-Hotep III (hacia 1387-1348 a C.).

Sin embargo, los documentos y monumentos relacionados con él son escasos en comparación con los referidos a otros personajes del mismo tiempo. El motivo principal de esta oscuridad es, sin duda, el hecho de haber sido perseguida su memoria, y destruidos sus monumentos.

La exploración de su tumba, la Tumba Asasif nº 28, identificada por primera vez por Andrew Gordon como la del Visir Amen-Hotep, Huy, no se ha llevado a cabo hasta el presente de un modo exhaustivo.

Esta tumba se encuentra en la zona de Asasif sur, prácticamente inédita y sin excavar y, según todas las evidencias que hasta ahora conocemos, inacabada.

A la vista de los escasos documentos conocidos al respecto, podemos concluir que Amen-Hotep, llamado Huy, fue cortesano del rey Amen-Hotep III y ejerció el cargo de Visir, primero solo del Bajo Egipto, y en un momento determinado, asumió también el visirato del Sur, en Tebas.

Los documentos que conocemos le referencian con los años treinta, treinta y uno y treinta y cinco de Amen-Hotep III. Ello quiere decir que, al menos, tenemos constancia de que Amen-Hotep, Huy ejerció el visirato entre los años treinta al treinta y cinco del reinado.

La cuestión a debatir y aclarar es cual fue la secuencia de los acontecimientos en el ‘cursus honoris’ de Amen-Hotep. ¿Fue desde el principio de su nombramiento el Visir del Sur con residencia en Tebas?, o, alternativamente, ¿fue originariamente Visir del Norte y asumió, después de la desaparición de Ra-Mose, el visirato del Sur?.

En nuestra opinión, por el momento, esta segunda alternativa es la más plausible, a la espera de conocer nuevos datos sobre el personaje que pudieran sernos revelados, a partir de nuestras excavaciones en la TA 28 de Asasif.

Las inscripciones de jarra descubiertas en Malkata, el lugar donde se alzó la ciudad del rey Amen-Hotep III, solo evidencian la presencia de Amen-Hotep, como Visir (no precisan si del Sur o del Norte) en las primeras ceremonias jubilares (en el año treinta) de aquel soberano.

Por otra parte, es perfectamente lógico y coherente que el Visir del Norte estuviera presente en tan trascendentes ceremonias. Ra-Mose también estuvo presente en dicho jubileo como consta por sus propias etiquetas de jarra con su nombre halladas en Malkata .

Esta evidencia se confirma con la presencia conjunta de ambos Visires en la inauguración del Templo de Amen-Hotep III en Soleb. La representación en primer lugar de Amen-Hotep delante de Ra-Mose quizás tenga que ver más con una cuestión de antigüedad en el ejercicio del cargo de Visir que con una cuestión de protocolo en virtud de la cual la mención en las inscripciones y relieves del Alto Egipto debía anteceder siempre a la del Bajo Egipto.

Por otra parte, sabemos que con el antecesor de Ra-Mose y de Amen-Hotep en el ejercicio del visirato, en este caso de los del Alto y del Bajo Egipto conjuntamente, había sido el Sumo Sacerdote de Amón, Ptah-Mose.

Por ello es plausible pensar que al cese de Ptah-Hotep se nombraran dos Visires: uno para el Alto Egipto, Ra-Mose, y otro para el Bajo Egipto, Amen-Hotep.

La existencia de dos estatuas del personaje halladas en el siglo XIX por Edouard Naville en Bubastis, junto a restos de otra del Mayordomo de la Reina Tiy, Jeruef, solo evidencia que ambos personajes dejaron sus testimonios en el templo de Bastet con motivo, probablemente, de los preparativos del primer jubileo del Rey.

Aquí, Amen-Hotep se nos muestra como Visir ejerciendo sus funciones en el Norte, por tanto, como Visir del Norte. Sus títulos son típicos del funcionariado del Norte y muy parecidos a los de otros personajes del Norte.

Sin embargo, sí poseemos la evidencia de que en el año treinta y uno, Amen-Hotep comparece en Tebas en su calidad de Visir, en el acto de la fundación del Templo funerario de Amen-Hotep, Hijo de Hapu. En dicho momento no está presente Ra-Mose, luego hay que suponer que éste había cesado en su cargo como Visir del Sur, lo que debió suceder entre el año treinta y el año treinta y uno del reinado y, consecuentemente, que Amen-Hotep había asumido la función de Visir del Sur a partir del cese de aquél.

Sabemos que, en el año treinta y cinco del reinado, Amen-Hotep continuaba ejerciendo el cargo de Visir del Sur (quizás al mismo tiempo que del Norte tal como ya había sucedido en tiempos de Ptah-Mose) por sus textos inscritos en las canteras del Guebel el Silsila, luego, se nos abre un periodo desde el año treinta y uno al treinta y cinco, en el que Amen-Hotep habría sido indiscutiblemente el Visir del Sur y, probablemente y al mismo tiempo Visir del Norte, puesto que no conocemos a nadie que lleve este título durante dicho periodo del reinado.

Con toda verosimilitud fue durante este periodo de cuatro a cinco años cuando se realizaron las obras de excavación de su tumba en Tebas, en la zona del Asasif. Ordena que se excave en la misma zona de la necrópolis donde el Mayordomo de la Reina Tiy, otro prestigioso funcionario real, se había hecho construir la suya (TT192).

parece, pues, claro que Amen-Hotep se inspiró en la tumba de Jeruef para construir la suya y que, en razón del estado de ejecución de ambas, la excavación de la de Jeruef se habría iniciado cierto tiempo antes de que lo fuera la de la tumba de Amen-Hotep. Esto confirma que hubo un momento de coincidencia entre Jeruef y Amen-Hotep (los trabajos en Bubastis para el Jubileo real), en el que Amen-Hotep solo tenía el título de Visir del Norte.

Después del año treinta y cinco del reinado no volvemos a saber nada de Amen-Hotep.

Consecuentemente, su cese como Visir del Norte y del Sur, debió producirse después de tal momento. Sabemos que, como Visir del Sur, el siguiente llamado Najt , residió en Ajet-Aton (Amarna), mientras que en Menfis fue nombrado Visir del Norte Aper-El , quien ejerció tal función durante los dos o tres últimos años del reinado de Amen-Hotep III.

Dado el destruido estado de los monumentos y documentos relacionados con este personaje que han llegado hasta nosotros, hay que presuponer una persecución de la memoria de Amen-Hotep Huy por parte de los funcionarios de Aj-en-Aton.

También parece probable que la persecución de su memoria y la destrucción de su nombre, títulos e imágenes, se llevarían a cabo con motivo de su destitución y muerte, dado que se detecta una especial labor de destrucción de su personalidad y de su Ka.

Ello implica que Amen-Hotep Huy fuera quizás uno de los más encarnecidos adversarios de las nuevas corrientes religiosas y, desde luego, un hombre muy vinculado con los cultos tradicionales de los dioses egipcios cuyos cleros sufrirían duramente la implantación del dios único Atón.

Francisco J. Martín Valentín
Teresa Bedman
Egiptólogos

Para más información se puede acceder a la página web del Proyecto: www.visiramenhotep.com
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Artículos y comunicaciones

Miércoles, 23 de Septiembre 2009 - 23:01

La zona de Deir El Bahari, ‘el convento del norte’, en la orilla occidental del Nilo, frente a la actual población de Luxor, representa una de las áreas arqueológicas más interesantes de Egipto.


Restos de la 'casa antigua' (Taller para Pelucas). Deir El Bahari. (c) IEAE
Restos de la 'casa antigua' (Taller para Pelucas). Deir El Bahari. (c) IEAE

El circo rocoso de la montaña tebana recoge la presencia de importantes restos de templos que datan de la época de la dinastía XI hasta la dinastía XVIII. En general, el lugar parece haber estado especialmente vinculado con el culto de la diosa Hat-Hor, como señora del occidente.

La teología de la diosa Hat-Hor quería reconocer también en ella el aspecto vengativo y cruel del ‘Ojo de Ra’, la terrible leona sedienta de la sangre de los hombres que, desde Nubia, fue atraída por los dioses para que residiera en Egipto, por orden de su padre, Ra.

Los dioses Thot y Shu fueron los encargados de convencer a la diosa leona para que dejara de matar a los hombres y volviera a la Tierra Negra. Para ello, le hablaron de la perfección de la tierra amada y aseguraron a la diosa lejana que se elevarían templos en su favor.

Cuenta el mito solar en la parte que concierne al regreso a Egipto de ‘la diosa lejana’ que Thot dio a probar vino mezclado con hena a la leona y que, ella no pudo resistirse a los mensajeros divinos. Entonces, se formó un cortejo compuesto de monos y enanos grotescos presididos por Bes e Hitys, tocando el arpa y la flauta, y al llegar a los límites de Egipto, junto a Filé, la diosa fue apaciguada y recibida por mujeres con la cabeza coronada de flores que la recibieron a los sones de los sistros y los tambores, cantando y bailando, los sacerdotes colaboraban con ellas con el arpa y la flauta, llevando sobre su espalda gacelas, ofreciendo vasos de vino y cerveza, ramos y coronas de flores, mirra y otras esencias olorosas, quemadas en honor de la diosa.

La leona, purificada por el agua sagrada y el cumplimiento de los ritos de apaciguamiento, se convirtió entonces en la diosa del amor. Se transformó en una mujer de bello rostro, con cabellos peinados en forma de hermosos bucles, ojos resplandecientes, y pecho firme. Después, cuenta la leyenda del ciclo solar en esta parte de su relato que, llegada la diosa a la villa de Tphénis, en la cual se le ofreció el vaso menu, Ra la fijó a su frente, como su úreo, para defenderle.

Este aspecto de vigilante defensora de su padre contra los enemigos hizo de ella una diosa de doble rostro: terrible o afable según los ritos que se le dedicasen.

Los ecos de este mito se encuentran reflejados en los misterios de Hat-Hor celebrados en la Baja Época, en el curso de liturgias nocturnas que se llevaban a cabo en los propileos de los mammisis de los templos.

Los ritos incluían cánticos y música, y participaban en ellos sacerdotisas que llevaban nombres tan sugerentes como ‘las perfectas’, ‘las bellas’ y ‘las que llevan bucles’. La danza y la ebriedad formaban parte de estas ceremonias. Entre los numerosos epítetos que recibió la diosa Hat-Hor estaba el de ‘Señora de los Bucles’, sin duda relacionado con la celebración de estos rituales.

A través de otras informaciones sabemos que, en el Imperio Nuevo hubo muchas damas de rango elevado que debieron participar en estos ritos, en los que se utilizaban tres elementos básicos, el sistro, el collar menat, y las pelucas. La zona de Deir El Bahari, como decíamos más arriba, fue lugar especialmente vinculado a la diosa Hat-Hor.

La forma del circo montañoso evoca a los cuernos de la gran vaca sagrada que representaba a la diosa. La reina Hatshepsut hizo construir dentro del recinto de su templo de millones de años, y adosado en la parte sur del Dyeser-Dyeseru, un santuario dedicado a la diosa Hat-Hor y que no es otra que la propia Hatshepsut divinizada como Hat-Hor.

Probablemente, el culto a la diosa estuvo presente en el circo de Deir El Bahari, incluso desde la época de Montu-Hotep II. Pero, sin duda alguna, cobró auge especial durante los reinados de Hatshepsut y de Thutmosis III.

En Marzo de 1974 la Misión arqueológica Polaca que trabajaba en el templo de Hatshepsut bajo la dirección del Dr. Michalowski se encontraba realizando unas obras para prevenir posibles desprendimientos de la montaña sobre el templo de Montu-Hotep II, cuando localizó los cimientos y restos de dos construcciones en forma circular fabricados originalmente en piedra. Las mismas presentaban estructuras de adobe que conservaban restos de enlucido sobre mortero.

En el interior de las “casas” se produjo un sorprendente hallazgo al localizarse cuatro vasijas de alabastro repletas con restos de todos los materiales necesarios para fabricar pelucas.

Había mechones de pelo humano de varios tamaños, mallas vegetales en forma de casquete, con indicios de inicio de tejido de una peluca y cordones vegetales en forma de guirnalda, de los que colgaban hileras de mechones de pelo, trabajado en forma de rastas de pequeño tamaño; también había cuchillos de sílex, agujas para ayudar a tejer el cabello, adornos, y numerosas bandas de lino de diferentes tamaños.

Algunos de estos fragmentos de tela terminaban en flecos. El resto de los hallazgos consistían en restos de pigmentos, materiales jabonosos, y huesos de Balanites aegyptiaca perforados, cuyo aceite se utilizaba para ungir y perfumar el cabello. Entre los restos descubiertos destacaba una especie de maniquí cerámico, imitando la forma de una cabeza humana, sin duda, utilizable para manipular pelucas.

A la vista de todos estos hallazgos el Profesor Michalowski llegó a la conclusión de que se trataba de las dependencias de un taller para la fabricación de pelucas que debió haber estado funcionando al menos, desde la dinastía XII hasta el comienzo del reinado en solitario del Thutmosis III.

Dicho taller habría sido desmontado y removido de su lugar original cuando se despejó la zona a efectos de construir la plataforma artificial sobre la que iría parcialmente apoyado el templo funerario de Thutmosis III en Deir El Bahari, que recibiría el nombre de Dyeser-Ajet. Resulta obvio que el citado taller y sus manufacturas, las pelucas, estaban íntimamente vinculados con el culto que allí se daba a la diosa Hat-Hor. Su finalidad era proveer de pelucas a las sacerdotisas que practicaban los cultos hathóricos.

Los trabajos de la Misión arqueológica española en Deir El Bahari

Desde el año 2003, el Instituto de Estudios del Antiguo Egipto ha llevado a cabo, bajo la Dirección del Dr. Francisco J. Martín Valentín y mía, dentro de los trabajos del Proyecto Sen-en-Mut (TT 353), la excavación y restauración del área existente entre el talud oeste de la calzada de acceso al templo de Hatshepsut y el límite de la meseta que corona la pared occidental de la hondonada llamada ‘la cantera’, donde se abre el acceso al hipogeo de Sen-en-Mut (TT 353).

En dicho lugar se encuentran los restos de una construcción, llamada en los informes de Winlock, ‘la vieja casa’, cuya funcionalidad no estaba asignada hasta el presente momento.

Dentro del desarrollo de los trabajos de exploración del área objeto de nuestra concesión, correspondió durante la campaña del año 2007 abordar el sector noroeste de la meseta en el que se incluían los restos de la citada edificación.

Las tareas de excavación y remoción de materiales allí acumulados, necesarias para construir un muro de refuerzo perimetral del yacimiento que, a la vez estableciera una sólida protección de los restos del edificio, entregaron numerosos restos consistentes en semillas perforadas de la planta Balanites aegyptiaca, mechones de pelo, amuletos, numerosas cordones vegetales trenzados, así como numerosos restos de bandas de lino de muy buena calidad, así como otros materiales en todo semejantes a los descubiertos por el Profesor Michalowski en 1974 entre los restos del templo funerario de Thutmosis III en Deir El Bahari.

Después de la excavación de los restos de ‘la vieja casa’ de Winlock se pudo concluir que la misma había sufrido una modificación, a partir del estado original de su construcción, llevada a cabo de una sola vez, tal como lo demuestra la existencia de una plataforma única sobre la que se alzó el resto de la edificación.

La planta del edificio muestra que consta al menos, de tres habitaciones y un área central de distribución. La entrada de la vivienda, da paso a una habitación, dispuesta en la parte sur del edificio y que posee forma semicircular. El material de construcción consistente en bloques irregulares de piedra caliza, aparejados con mortero de barro y de yeso, indican en todo un marcado paralelismo con el edificio hallado por Michalowsky. En el exterior del dintel de acceso al recinto, y en otros de los paramentos interiores, se conservan restos de enlucido de mortero con estuco, idénticos a los de la construcción citada.

La habitación central así como la habitación C estaban dotadas con huecos para ventanas, situados aproximadamente a 60 cm del suelo. En el suelo del espacio de distribución interior se muestran los restos de un hueco para albergar la basa de una pequeña columna central.

Junto a la habitación semicircular, existen los restos de un hueco excavado en el suelo, de forma redondeada quizás destinado a servir de acomodo para una gran vasija donde depositar líquidos, análogo a los que existen en las casas de Deir el Medina.

Englutido en la edificación de la casa y utilizado como soporte para la construcción del muro en su parte oeste, destaca el resto de un gran fragmento de estatuaria, encastrado en el suelo. Winlock lo calificó como el probable resto de alguna estatua de Hatshepsut, entre los muchos fragmentos arrojados a la cantera durante la persecución de la memoria de la reina, después de la finalización de su reinado, a partir del año 40 del de Thutmosis III.

Este dato nos informaría acerca de la cronología de la edificación que, por tal razón, y por estar su muro oeste situado prácticamente sobre el depósito de fundación nº 2 de la TT 353, habría de ser datada como posterior al reinado de Hatshepsut.

Si poseemos la fecha aproximada ‘post quem’, el año 22 de Thutmosis III, el último en que se cita a Hatshepsut en los documentos, y sabemos que la ‘ante quem’ debió ser en los años de los preparativos del Dyeser-Ajet de Thutmosis III, lo que sabemos sucedió durante el año 43 del rey, tenemos la certidumbre de que la vieja casa se edificó entre dichas fechas.

La razón para construir este edificio, de características prácticamente idénticas a las de los encontrados por Michalowsky entre las ruinas del templo de Thutmosis III, no habría sido otra que dotar al clero que debía seguir desarrollando el culto a la diosa Hat-Hor en aquel lugar, del edificio que albergase el taller de pelucas que se había desmantelado para obtener espacio para la construcción del Dyeser-Ajet.

Los restos de los materiales necesarios para elaborar las pelucas, hallados en nuestras excavaciones, prácticamente junto a la casa y en los niveles más inferiores de los sedimentos removidos, prácticamente a la altura de la misma, confirman los indicios de la funcionalidad del edificio. Por otra parte la escasa distancia de la ‘casa’ respecto de la zona sagrada de Hat-Hor, unos trescientos metros, hace muy verosímil tal asignación, desde un punto de vista logístico.


Teresa Bedman
Co-Directora del Proyecto Sen-en-Mut (TT 353)




















Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Concluidos los trabajos de campo del Proyecto Sen-en-Mut (TT 353) es el momento de rendir en forma de pequeño informe los resultados obtenidos por la Misión Arqueológica del IEAE.


Panorámica de Deir El Bahari. En primer término la TT 353 de Sen-en-Mut
Panorámica de Deir El Bahari. En primer término la TT 353 de Sen-en-Mut
El Proyecto Sen-en-Mut (TT 353), ha sido desarrollado por el Instituto de Estudios del Antiguo Egipto de Madrid, bajo la dirección conjunta del Dr. Francisco J. Martín Valentín y de Dª Teresa Bedman, y cuenta, desde su inicio, con el soporte económico del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General de Política e Industrias Culturales, (antes Dirección General de Comunicación y Cooperación Cultural), y con el del propio Instituto de Estudios del Antiguo Egipto.

Antecedentes y contenido del Proyecto.

En el año 2001 el Instituto de Estudios del Antiguo Egipto (IEAE), fue requerido por las autoridades responsables del Supreme Council of Antiquities of Egypt (SCAE) en la orilla occidental en Luxor, para hacerse cargo de la elaboración, propuesta y ejecución de diversos trabajos, en relación con la TT 353 de Senenmut, en Deir El Bahari, y su área circundante, incluida la llamada “casa de piedra” que se halla en las inmediaciones del hipogeo.

Las prioridades de las autoridades egipcias eran reexcavar y limpiar de restos el interior del hipogeo, depositados allí por las inundaciones sufridas en la zona a causa de las tormentas de lluvia caídas en el año 1997; hacer los pertinentes trabajos de restauración y consolidación del monumento, y dotarle de elementos funcionales que protegieran sus partes más delicadas (escalones de descenso, grafito de Sen-en-Mut en el muro norte del corredor ‘a’, etc…) y facilitasen el acceso de los especialistas a su interior.

También era interés de las autoridades egipcias conseguir la consolidación y limpieza del área y aledaños de la entrada a la TT 353, dada la especial y frágil naturaleza del terreno constituido básicamente por la roca fragmentable y arcillosa llamada Tafla; también se propuso la ejecución de obra civil alrededor del hipogeo para su debida protección contra posibles futuras arribadas de agua pluvial y/o desprendimientos de rocas procedentes de la montaña.

Con tales premisas el Instituto de Estudios del Antiguo Egipto procedió a elaborar un proyecto que contemplaba las siguientes líneas de actuación:

a) Reexcavación y restauración de la TT 353;
b) Estudio y documentación egiptológica, arqueológica y arquitectónica del monumento;
c) Ejecución de obra civil exterior, alrededor de la TT 353, para establecer protecciones contra el agua de lluvia y los desprendimientos de rocas;
d) Instalación en el interior de la TT 353 de rampas de descenso y elementos de iluminación, acordes con las necesidades y exigencias museísticas más adecuadas a la naturaleza del monumento y su conservación;
e) Remoción de materiales acumulados por las sucesivas excavaciones del Templo de Hatshepsut en Deir El Bahari y, consecuente excavación en el área de la meseta existente en la parte oeste, sobre la entrada del monumento, incluida la excavación, consolidación, y consiguiente documentación de la llamada “casa de piedra”, existente en dicho lugar;
f) Realización de una copia facsímil de la llamada cámara ‘A’ del monumento en la que se encuentra el ‘techo astronómico’, para su exhibición al público en un pabellón instalado en los alrededores del hipogeo.

Aceptado el proyecto del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto (IEAE) por el Comité Permanente del SCAE se inició la primera campaña de trabajo en octubre del año 2003. Se continuaron las sucesivas campañas durante los años 2004, 2005, 2006, 2007 y 2008.

La TT 353 y el área de Deir El Bahari.

La TT 353 es un hipogeo descubierto por Herbert Winlock en Enero de 1927. Se ordenó su excavación por el Mayordomo de Amón, Senenmut y está datado alrededor del año dieciséis de Thutmosis III y Hatshepsut (1479-1425 a.C.).

Se encuentra situado en el extremo oeste de una profunda hondonada, denominada por los arqueólogos ‘la cantera’, que se desarrolla de modo paralelo al término de la calzada del templo de Hatshepsut en Deir El Bahari.

Está excavado en un macizo rocoso de composición compleja (Cuarzo, calcita, yeso y otros componentes), y tiene 97,36 metros de longitud, y 41,93 metros de profundidad máxima, desde la superficie.

Consta de un acceso, un corredor (corredor ‘a’) dotado con ochenta y dos peldaños hasta la primera cámara (cámara ‘A’), otro corredor (corredor ‘b’) con cuarenta y dos peldaños hasta la segunda cámara (cámara ‘B’), y un tercero, (corredor ‘c’), excavado en rampa con una longitud de 9,20 metros, que desemboca en la tercera cámara (cámara ‘C’).

En el muro sur del corredor ‘a’, a la altura del escalón número sesenta y ocho, se abre una pequeña cámara de 3,39 m. de largo x 1,57 m. de alto x 2,26 m. de ancho, anepigráfa. En el muro norte, a la altura del escalón setenta y cuatro, hay un grafito que muestra el busto del dueño del monumento, su nombre, Senenmut, y el título de ‘Mayordomo de Amón’, trazados con tinta negra sobre una superficie estucada y pulida de 0,80 m. de alto, por 0,52 m. de ancho.

La cámara ‘A’ está completamente decorada y en sus muros están esculpidos en relieve inciso, en general en columnas verticales, textos seleccionados de los Textos de las Pirámides, Textos de los Féretros (o Sarcógafos), Libro de los Muertos, y otros especialmente redactados para ser inscritos en este monumento.

En el muro oeste hay esculpida una estela de falsa puerta.

La cámara posee dibujado en el techo con tintas negra y roja un mapa celeste que muestra las constelaciones septentrionales y meridionales, los decanes, ciertas estrellas y cuatro planetas, así como la representación de los doce meses lunares del calendario egipcio.

Se trata del techo astronómico más antiguo del mundo, que se conoce. La cámara ‘B’ carece de decoración alguna. La cámara ‘C’ posee el techo abovedado y tiene excavado en el suelo de su rincón noreste un pozo de 1,43 m. de profundidad x 0,94 m. de largo x 1,12 m. de ancho.

En la jamba sur de la puerta de acceso existen dos grafitos esculpidos de los que hemos traducido el segundo, hasta ahora inédito. El eje del hipogeo está orientado hacia el oeste. El eje de la cámara ‘A’, coincide con el vertical de la ‘falsa puerta’, y, a su vez, está orientado en relación a la cámara interior de la capilla de Hathor en el recinto del templo de Hatshepsut en Deir El Bahari.

A partir de los diversos trabajos realizados por el equipo del IEAE durante las sucesivas campañas de trabajo se ha concluido que el hipogeo TT 353 forma parte del conjunto del templo de Hatshepsut en Deir El Bahari, como cripta subterránea, cuya cámara ‘A’ queda fuera del recinto del templo, mientras que las ‘B’ y ‘C’ se encuentran dentro del mismo, excavadas bajo su primera terraza.

El hipogeo parece tener innegables paralelos con la parte subterránea excavada en la montaña del monumento funerario del rey Mentu-Hotep II (Neb-hepet-re), (2055-2004 a.C.), en Deir El Bahari (TT 281).

Desarrollo del Proyecto (Campañas años 2003-2008).

Los trabajos de la primera campaña consistieron en la realización de las labores de documentación fotográfica interior del hipogeo TT 353 antes de dar comienzo a los trabajos de excavación y limpieza.

También se procedió a documentar el área externa circundante, objeto de nuestra concesión. Se establecieron los límites físicos de la misma y se fijaron las parcelas de actuación para realizar los necesarios trabajos de excavación y chequeo para reconocer el terreno, a efectos de la ejecución de las obras de protección contra las arribadas de agua pluvial y los desprendimientos de la montaña.

Los trabajos fueron acompañados de la necesaria toma de datos topográficos para elaborar la correspondiente planimetría geofísica del yacimiento exterior a la TT 353. En el año 2004 se procedió en su interior, excavando, consolidando y documentando desde el acceso, hasta la cámara ‘A’, inclusive.


Con carácter provisional y de urgencia se hizo una zanja alrededor de la entrada a la TT 353 de 0,50 m. de ancho por 0,60 m. de profundidad para proveer de un sistema de drenado de aguas pluviales provisional en caso de tormenta y evitar que las mismas se introduzcan en su interior.

Esta excavación produjo restos arqueológicos de diversa naturaleza entre los que destacan un fragmento de posible dintel de calcita (alabastro), quebrado en dos partes con el signo nsw (Gardiner M23) de 0,45 m. de alto por 0,20 de ancho. Se hallaron también restos de vendajes de lino y diversos fragmentos cerámicos de los que, alguno coincidía con la tipología y decoración de las piezas halladas en el interior de la tumba de los padres de Sen-en-Mut en la colina de Sheikh Abd el Gurnah.

Se realizó la medición del área inmediata a la TT 353 para elaborar posteriormente un plano de situación topográfica de la misma. Dentro del monumento, se llevó a cabo una completa toma de datos, para la elaboración de una nueva planimetría.


También se realizaron numerosas comprobaciones por medio de instrumentos de precisión (estación total topográfica con auxilio de GPS) de las orientaciones del monumento en relación con el Templo de Deir el Bahari y la TT 71, en Sheij Abd El Gurnah. Igualmente se procedió a documentar los restos arqueológicos hallados durante las labores de extracción de los materiales sedimentados en el interior del monumento y los obtenidos en la excavación de la zona exterior al mismo. Durante la campaña del año 2005 se concluyó la extracción de restos materiales de la cámara ‘B’, del corredor ‘b’, de la rampa de acceso, del corredor ‘c’, y de la cámara ‘C’, incluido el pozo existente en ella.


Con el fin de establecer zonas para acopio de materiales se procedió a excavar en superficie en las zonas A, B, C, D, E y G en la ‘cantera’, que constan en el plano que se acompaña, con el resultado del hallazgo de numerosas piezas cerámicas del tipo llamado de ‘dedos’, con la base perforada, muy semejantes al encontrado por Winlock en el depósito de fundación número 2 del hipogeo y otros fragmentos cerámicos, así como múltiples restos de tejido de lino, todo ello en un ámbito descontextualizado.

En la zona denominada D, se hallaron una serie de adobes con el cartucho de la reina Ahmose Nefertary , probablemente procedente de los depósitos, resto del Templo de Amen-Hotep I (1525-1504 a.C.) en Deir El Bahari, hallados por Winlock al excavar la ‘cantera’ en 1927.

Se realizaron ampliaciones de los canales de drenaje de aguas (zona B y C) junto a la fábrica de ladrillo de la entrada al hipogeo, limpiándolas de nuevo y ampliándolas ligeramente. Se han instalado sistemas de control de temperatura y humedad, a efectos de elaborar futuros informes para la vigilancia de la estabilidad ambiental en el interior.

Los trabajos de epigrafía y traducción de los textos revelaron que los grafitos hieráticos inscritos en diferentes partes de los muros de la cámara ‘A’, que consignan el día veintinueve (referido a su medianoche, dando paso al día treinta) del cuarto mes de Ajet (estación de la inundación), se refieren exactamente al día anterior al del inicio del Jubileo de la reina Maat-Ka-Ra Hatshepsut (1473-1458 a.C.).

Durante la campaña del año 2006, entre las actuaciones llevadas a cabo en la parte exterior al monumento, y con la finalidad de acotar un área disponible para la futura construcción de un Centro de Visitantes con la réplica de la cámara ‘A’ en su interior, se decidió iniciar labor de limpieza y excavación de las zonas numeradas 1, 2 y 3 en el plano número 1.

En la ejecución de dicho trabajo se excavó el talud de restos situado al oeste, sobre la meseta de la ‘cantera’. Fueron extraídos aproximadamente 300 m3 de materiales diversos depositados en el talud de soporte de la vía de acceso al templo de Hatshepsut, junto a la meseta donde están los restos de la antigua casa documentada por Winlonck como “casa de piedra”.


Consecuencia de dichos trabajos de excavación se encontraron numerosos adobes con el cartucho de la reina Ahmose Nefertary, el de coronación de Amenhotep I, Djeserkare, (1525-1504 a.C.) y algunos de la dinastía XI (2055-1985 a.C.), procedentes de los hallazgos removidos por Winlock, y abundantes restos cerámicos de épocas diversas.

Entre los hallazgos destaca un amuleto del ‘Horus Sanador’ consistente en una pieza de barro crudo con impronta mostrando a Horus y siete cordones saliendo del mismo. Se constató la existencia de niveles de escombros desde la época de los trabajos de Edouard Naville en adelante, que entregaron gran cantidad de materiales de deshecho, arrojados en dicho lugar como consecuencia de los trabajos llevados a cabo en el Templo de Hatshepsut a lo largo de mas de cien años.

Para sujetar los taludes excavados se hizo construir un muro perimetral de dieciocho metros delimitando el área de construcción futura. Se excavó el extremo noreste de la antigua “casa de piedra” para determinar el límite de los restos de la misma.

En la exploración arqueológica llevada a cabo, se constató el estado de total destrucción de los muros de piedra y adobe documentados en su día por Winlock. Se levantó un nuevo plano arqueológico del área para obtener una precisa documentación de dichos restos, procediendo posteriormente a cubrir la zona excavada con tierra de diferente color al del suelo original.

Los trabajos de documentación y traducción de los textos mostraron especialidades filológicas respecto de las formas tradicionales en ciertos fragmentos de los textos funerarios religiosos de la cámara ‘A’. Durante la campaña del año 2007 se concluyeron las labores de excavación del extremos noroeste del talud sobre la meseta de la ‘cantera’ y de la llamada “casa de piedra”, existente en el mismo punto.


En consecuencia, se procedió a retirar aproximadamente otros 200 m3 de restos de cascotes y arena depositados en el talud de soporte de la meseta por donde discurre la vía de acceso al templo de Hatshepsut. Se trabajó en el interior de la citada casa, consolidando los restos existentes de sus paramentos enlucidos y con resto de pintura blanca. Los trabajos realizados permitieron constatar sus límites y precisar la ubicación del depósito de fundación nº 2 de la TT 353 descubierto por Winlock y situado ligeramente más al norte de lo reflejado en su documentación.

Se comprobó también el buen estado de la cimentación de la casa. La plataforma sobre la que se alza muestra que el edificio se construyó de una sola vez, dotándolo de cuatro estancias, la central presenta indicios de la existencia de una columna para sujeción del techado. Tiene su entrada por el oeste, a un vestíbulo con muro semicircular.

En la estancia noreste se observan restos de huecos para sendas ventanas en sus muros norte y este. Es notoria la pérdida de elementos de piedra en los muros, en relación con la anterior documentación gráfica de la casa. Estas mermas se observan especialmente en la esquina sureste del edificio. Se elaboró un nuevo plano arqueológico documentando el estado preciso de sus muros. Se observaron añadidos posteriores datables en diferentes épocas.

Finalizados los trabajos se cubrieron los pavimentos interiores con geotextil, para protegerlo contra posibles agresiones y daños por agentes externos, tapando todo ello con tierra de diferente color al del suelo original. En el interior de la TT 353 se realizaron los últimos ajustes en la instalación del sistema de iluminación de la cámara ‘A’, así como trabajos para consolidar pequeños elementos rocosos con peligro de desprendimiento en el túnel de acceso y en ciertas partes de la entrada a la cámara ‘C’.

Se continuó la documentación fotográfica de precisión en 3D y la epigráfica para la lectura y traducción de los textos de la cámara ‘A’, que habían sido iniciadas en campañas anteriores.

Resultados científicos de las campañas realizadas.

Los trabajos llevados a cabo por la misión arqueológica del IEAE, dentro del Proyecto Sen-en-Mut (TT 353) en Deir El Bahari, han permitido la elaboración de una nueva documentación arqueológica del área de la concesión, redefiniendo la funcionalidad religiosa de la TT 353 dentro del conjunto del ‘Templo de Millones de Años’ de Hatshepsut en Deir El Bahari, como parte integrante del mismo, dado que existe una perfecta alineación del eje de la cámara ‘A’ con la capilla interior del templo de Hathor en el templo de Hatshepsut. Además, se ha realizando un nuevo estudio epigráfico del monumento.


La documentación fotogramétrica del monumento, supone el aseguramiento fidedigno del estado actual del hipogeo para su consulta y estudio posteriores. La nueva traducción integrada de los textos de las paredes de la cámara ‘A’, permite comprender la funcionalidad religiosa del hipogeo, destinado a obtener la transformación espiritual de Senenmut.

Además, se ha constatado la vinculación de los grafitos hieráticos inscritos en los muros de la cámara ‘A’ y de los textos de dicha cámara con su ‘techo astronómico’.

Respecto de la llamada “casa de piedra”, estamos en situación de poder afirmar que la datación de la parte originaria de su construcción se corresponde con el reinado de Thutmosis III (1479-1425 a.C.), siendo su probable funcionalidad, un taller para pelucas, relacionado con el culto de la diosa Hathor.

Finalmente, los abundantes restos cerámicos de vasos tipo Tjefenet, hallados, muestran, entre otras cosas, la evidencia en Deir El Bahari del culto con cerveza durante las fiestas de la embriaguez en honor de la diosa Hathor.

Directores: Dr. Francisco J. Martín Valentín / Teresa Bedman
Instituto de Estudios del Antiguo Egipto (Madrid)
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Artículos y comunicaciones

Martes, 24 de Marzo 2009 - 16:37


Cuando nos referimos a la cultura egipcia antigua, más concretamente a lo que comúnmente llamamos civilización del ‘Egipto faraónico’, inmediatamente reconocemos en ella a una de las más prestigiosas, entre las anteriores al mundo clásico griego. Sin embargo, no podemos sustraernos a la idea de que el concepto de ‘lo antiguo’ resulta ser en nuestras cabezas sinónimo de ‘lo elemental’, ‘lo tosco’, ‘lo imperfecto’, o ‘lo primitivo’, en comparación con ‘lo actual’ o ‘lo moderno’, términos que identificamos con ‘lo perfeccionado’, ‘lo avanzado’, ‘lo superior a’, o ‘lo evolucionado’.


Capilla de la estatua de Hat-Hor. Deir El Bahari. Reinado de Thutmosis III (1479-1425 a. C.). Museo Egipcio de El Cairo
Capilla de la estatua de Hat-Hor. Deir El Bahari. Reinado de Thutmosis III (1479-1425 a. C.). Museo Egipcio de El Cairo
Esta reflexión, prácticamente automática, puede llevarnos a desconocer algunos de los activos y valores de esta gran civilización, circunstancia compartida con otras de su misma sincronía histórica, que, no obstante encontrarse muy separadas de nosotros en el tiempo, han aportado un gran acerbo de valores, conceptos y experiencias que tejen de un modo decisivo la urdimbre de la sociedad actual, sin que, en muchas ocasiones, apenas seamos conscientes de ello.

En cuanto a la civilización egipcia se refiere, rápidamente pensaremos en la originalidad de las formas piramidales que tanta atención han fijado, o en la fascinación producida por los descubrimientos de tesoros fabulosos que han jalonado la historia de la arqueología en el Valle del Nilo.

En suma, como máximo, enjuiciaremos al antiguo Egipto como algo exótico, atractivo; incluso curioso, pero lo suficientemente distante de nuestras vidas y problemas cotidianos, como para impedir que nos vinculemos de modo consciente con tan remoto mundo, pretendida expresión arquetípica del despotismo, la esclavitud y la falta de libertad, bajo el imperio de un sistema teocrático, en el que el faraón, ser divino viviente, resultaba ser, a los ojos de los griegos, el amo absoluto de todo Egipto y de cuanto en sus límites se encontraba.

Bajo esta visión enormemente simplificada, sin embargo, subyacen otras realidades que las corrientes investigadoras en egiptología no han subrayado adecuadamente (quizás por tratarse de cuestiones aparentemente solo aptas para sabios ensimismados en su pequeño universo, demasiado a menudo exclusivo y excluyente).

Es sobre algunos de estos elementos que configuran los perfiles de la cultura faraónica, que versará esta pequeña comunicación, con la intención de someterlos a vuestro conocimiento y a vuestra reflexión.

El vehículo de la ciencia egipcia fue la envoltura religiosa. En el mundo egipcio el mito envuelve al conocimiento científico para expresarlo de un modo oculto, solo comprensible para los iniciados, ver, los sacerdotes poseedores del conocimiento.

Sabemos como se imaginaban o explicaban la creación del mundo, del universo egipcio. A través del relato de la cosmogonía heliopolitana conocemos como Ra creó a Shu (el aire) y Tefnut (la humedad) y estos, a su vez a Gueb (la tierra) y Nut (la bóveda celeste), todos ellos expresiones parciales del universo físico bajo forma religiosa.

Otras Cosmogonías también explicaban otras maneras en las que se creó el universo, pero lo curioso es que los egipcios también sabían de algún modo que la duración del universo tendría un término y, que al mismo tiempo, era cíclica: Bajo un ropaje de texto religioso, en el capítulo 175 del Libro de los Muertos encontramos como el dios Osiris interroga al gran dios creador Atum sobre su tiempo de vida. Este es el diálogo:
¿Qué sucede con mi tiempo de vida, dice Osiris, y Atum le responde: ‘Tú vivirás por millones y millones de Años, un tiempo de millones de años. Sin embargo, yo destruiré todo lo que he creado. Esta tierra volverá al Nun, al agua primordial, tal y como fue en su comienzo…’

Los textos religiosos también describen de algún modo como se producirá esa desaparición del universo creado. Los Textos de las Pirámides, en su invocación 227-229 hablan de la actuación del pelícano sagrado Pesedyet que habita en el lugar por donde el sol sale y se pone diariamente, al borde del universo creado. Esta condición permitía al ave sagrada conocer todos los eventos que debían acontecer al final de los tiempos.

Dice el texto: ‘Entonces…la tierra no hablará más y Gueb (la tierra) no será capaz de protegerse a sí mismo y donde quiera que lo encuentre, yo lo devoraré gradualmente…el Grande se alzará y la eneáda comenzará a gritar, siendo la tierra completamente comprimida. Los límites se juntarán, las orillas se unirán, los caminos se volverán impracticables para los viajeros y las pendientes serán destruidas por aquellos que quieran huir…’.

¿Cabe duda de que se está describiendo el momento en el que el espacio, doblándose sobre sí mismo podría llegar a desaparecer?.

Por otra parte, el poeta alejandrino Claudiano, de principios del siglo V de Cristo, en su Homenaje a Estilicón, se refiere al antiquísimo conocimiento egipcio de un universo cíclico, al describir el Urobóros, la serpiente que se muerde la cola simbolizando la eternidad y los ciclos de creación/destrucción que fundamentan las leyes del universo.

Dice el texto: ‘Desconocida, lejana, inaccesible a nuestra raza, casi prohibida a los mismos dioses, existe una caverna, la de la inmensa eternidad, madre tenebrosa de los años, que produce las edades y las vuelve a llamar a su vasto seno. Una serpiente defiende el perímetro de esta gruta; devora todas las cosas con voluntad serena, y sus escamas permanecen eternamente jóvenes. Con la boca vuelta hacia atrás, devora su propia cola y, deslizándose en silencio, vuelve a pasar por el lugar donde ha comenzado’.

Resulta, así pues, que los egipcios consideraban el tiempo y el universo como conceptos cíclicos, no lineales. Cíclicos como el renacimiento del sol cada mañana por el horizonte oriental. Si antes de la creación, dicen los egipcios, existía el Nun, ‘lo inerte’, el océano primordial sin espacio ni límite, dicho estado finalizó con el acto creador que, repetido casi ilimitadamente, podía mantener el universo en vida y orden, aunque, realmente, ellos sabían que su duración estaba marcada de antemano.

Tal final, parecen indicarnos los textos, no era sino la vuelta al principio, a la oscuridad primigenia en la que la esencia del demiurgo permanecería siempre para reactivarse de un modo ignoto, volviendo a reproducir el día primero en que fueron creados los dioses y el mundo.

Para los egipcios el Creador era ‘aquel que viene a la existencia después del fin del tiempo cíclico y nunca desaparece…’. (Textos de Denderah).

De este modo, podemos concluir que el tiempo en la mentalidad egipcia antigua no era lineal, sino cíclico. Los egipcios no crearon eras con un año ‘0’ en su inicio. Los años se contaban como los del reinado del faraón. Esto significaba que todo comenzaba de nuevo con cada día que alumbraba y con cada nuevo ascenso al trono del sucesor del rey muerto.

No en balde fueron ellos quienes concibieron nuestro calendario.

Los astrónomos egipcios habían observado, desde la más remota antigüedad, que el año incierto de 365 días, partiendo de una aparición helíaca correcta, se encontraba, de año en año, en déficit de un cuarto de día respecto de Sothis (Sirio) y el sol. Al cabo de cuatro años esta pérdida era de un día, al cabo de ocho años, de dos días, y así sucesivamente. De este modo, tenían que transcurrir 1461 años del calendario para que la aparición correcta del sol se produjese, de nuevo, el día primero del año.

Ellos confeccionaron tablas que medían las diferencias entre el año calendárico y al año sotiaco/solar, que se reflejaron en ciertos monumentos, bajo la forma de ‘fechas dobles’ (el calendario de las fiestas religiosas de Elefantina de la época de Thutmosis III, recoge que la aparición helíaca de Sotis se produjo el día 28 del mes de Epifi, cuando debía haberlo hecho el día 1º del mes de Thot.

Según los cálculos actuales esta diferencia de días se produjo entre los años 1471 y 1474, antes de Cristo, periodo que, a la vista de esta inscripción, debió formar parte del reinado de Thutmosis III.

Actualmente, la moderna cronología otorga para este rey como periodo de reinado, el transcurrido entre los años 1479 al 1425 a. C.

De tal manera, los egipcios establecieron la división del año civil/solar en doce meses de treinta días cada uno de ellos, divididos en semanas de diez días. Es decir, 360 días. A ellos añadieron 5 días complementarios al final del año, llamados por los griegos días epagómenos, y por los egipcios, ‘días de completar el año’, y, aún más, un día extra cada cuatro años, configurando nuestro ‘año bisiesto’.

Para poder establecer estas divisiones en atención a conseguir la coincidencia entre Sothis/Sirio y el sol el día primero de su año nuevo, los científicos han calculado que, al menos, debió observarse todo ello dentro de varios ciclos o periodos sothiacos de 1461 años.

Poseemos certidumbre en cuanto al uso de este sistema de calendario desde la época protodinástica, hacia el 3100 a. C., en cuyo caso habría que retrotraer la instauración del calendario a tiempos muy anteriores a estas fechas, quizás a otros tres o cuatro mil años antes.

Como es bien sabido, Julio César importó, después de su estancia egipcia, este sistema de calendario para su uso en Roma que se instauró allí en el 46 a.C. y, desde donde pasó a todo el orbe, después de los ajustes realizados bajo el papado de Gregorio XIII, en 1582.

Para llevar a cabo la implantación del citado sistema de medición del tiempo se hacen imprescindibles el conocimiento y el uso de unos serios principios matemáticos.

En efecto: “El sistema de cálculo de los egipcios, que, a primera vista, parece una extraordinaria mezcla de conceptos primitivos y cálculos asombrosamente difusos y complicados, se nos muestra, después de estudiado, como una construcción de coherencia y unidad perfectas… Puede, pues, decirse que las matemáticas egipcias son el único ejemplo que se haya conservado intacto de un sistema de cálculo muy avanzado en sus aplicaciones, cuya evolución no ha sufrido interrupción alguna y que, por el contrario, reposa realmente sobre la base más primitiva del cálculo, esto es, sobre la enumeración, y un concepto individual de la fracción.” (Otto Neugebauer)

Los métodos del trabajo de la piedra plantean problemas cuya solución aún no se ha encontrado, al menos de modo satisfactorio. ¿Cómo podían transportar desde las Canteras de Assuán hasta las cercanías del actual Cairo (alrededor de 900 kilómetros), bloques de granito con pesos que oscilaban desde las 38 a las 425 toneladas, como los del templo del Valle de Kefrén, en Guiza?.

Otro ejemplo son los sarcófagos de los toros Apis en Sakkara, el peso de alguno de alguno de los cuales se ha llegado a estimar en 60 toneladas.

La precisión en el trabajo de la piedra es también admirable. Ejemplos: el sarcófago de granito de Sesostris II presenta un error de 1/8 de milímetro en el plano de sus costados.

Otra comprobación realizada sobre una columna hecha de un solo bloque de granito rojo con una altura de 2,60 metros y un diámetro variable que disminuye, desde los 92,2 cm. hasta los 79,8 cm. arroja un error en relación con el diámetro medio de la pieza que no sobrepasa los 8 milímetros.

Pero si los ejemplos relacionados con el ámbito del mundo científico o técnico nos llaman la atención no es menor la impresión que puede producirnos el examen de los textos egipcios, repartidos en conjuntos que los egiptólogos han denominado como textos sapienciales, escépticos, literarios o, simplemente históricos.

Entre ellos existe un género llamado ‘escéptico’ representado, entre otras obras, por la llamada ‘La disputa de un hombre cansado de la vida con su Ba, o espíritu’ (Papiro de Berlín nº 3024) que, supone por sí solo un modelo de tratado filosófico, redactado mucho antes de que la Grecia clásica sentase los principios de la Filosofía.

Se trata de un autor anónimo que vivió probablemente en los tiempos turbulentos del Primer Periodo Intermedio (hacia el 2200 a C.).

La propia naturaleza de los problemas tratados en esta pieza literaria: los grandes problemas de la vida y de la muerte, el sentido dado al propio debate y su claro planteamiento dramático le confieren un valor extraordinario y un marcado sentido emotivo.

El protagonista es un egipcio cuya condición social no se determina pero probablemente perteneciente a la clase sacerdotal. Su interlocutor, que no interviene directamente, no es otro que el Ba, parte espiritual del ser humano cuya naturaleza podría ser semejante, aunque no idéntica, al concepto platónico del ‘alma’ o ‘psique’.

Nuestro hombre, cansado de la vida, se muestra decidido al suicidio por medio del fuego, algo que, sabemos aterrorizaba a los egipcios, dado que, creían, debían conservar el cuerpo para sobrevivir en el Más Allá.

Es el alma-Ba quien se rebela contra esta decisión y trata de convencer al presunto suicida para que desista y, en caso contrario, manifiesta su negativa a estar en su compañía en el momento del cumplimiento de tan fatal resolución. El desesperado reprocha al alma que ella se niegue a cumplir lo que la concierne: estar en el duelo del difunto y facilitarle su entrada en el Más Allá.

El alma insiste en que él no puede tomar la decisión de morir sin resolver el problema de la supervivencia tras la muerte. Sin embargo, el hombre responde planteando dudas sólidas respecto a la naturaleza del lugar adonde presuntamente se va tras la muerte, incluso dudas a propósito de si existe una segunda vida. El alma responde con lógica que, si no existe nada tras la muerte ¿por qué atormentarse?.

Es en este momento del relato cuando se introduce un fragmento poético en el mismo que hace referencia a la tristeza del momento en el que el difunto es depositado en la tumba y a la vanidad e inutilidad de las prácticas funerarias, con toda su sombría grandeza.

La dialéctica puesta en marcha por el alma no hace cambiar las decisiones del desesperado. La gran sorpresa surge cuando el alma, cambiando su posición, concluye analizando el suicidio, y en cierto modo, coincidiendo con la opinión el desesperado, de modo que se nos revela que estábamos en presencia del individúo y de una especie de su otro’yo’, lo que Saint Faire Garnot llama en este caso la personificación de la consciencia.

Por esta vía, el tema de la controversia acaba centrándose como el relato de una lucha interior: el suicida enfrentado contra sí mismo. Este texto es, así pues, un testimonio sugerente de lo que podría haber sido el primer ejemplo conocido de la capacidad de la introspección en el ser humano.

Francisco J. Martín Valentín.
Egiptólogo

(Comunicación realizada en la reunión de bloggers del 13 de marzo de 2009)
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Esta parte del rito del culto divino diario, esencial en todos los templos egipcios está también representada en la capilla de Adijalamani del Templo egipcio de Debod.


El faraón Adijalamani tocando los sistros. Capilla de Adijalamani. Muro Oeste, registro superior. Cuadro nº 2. Foto IEAE
El faraón Adijalamani tocando los sistros. Capilla de Adijalamani. Muro Oeste, registro superior. Cuadro nº 2. Foto IEAE
En Debod se puede ver al rey tocando los sistros ante la diosa Isis y el dios Osiris?, en el muro Oeste (mitad Sur) de la capilla del rey meroíta Adijalamani.

Los textos jeroglíficos existentes en dicho lugar dicen como sigue:

‘Hacer (sonar) los dos sistros para su madre (hacer la) protección para su cuello; hecho (para que) él sea dotado de vida’. .

El rito de 'la ofrenda de los sistros' está muy bien representado en el templo de Opet en Karnak:

'…Yo toco el sistro delante de ti con el Gran Ojo de Horus, yo canto himnos en tu presencia, yo salmodio para ti, yo doy alabanza a tu ka y adoro tu Majestad con alegría y aclamación'. (De Wit ITOK, III, 255, 113-114)

'Tocar los sistros ante tu bello rostro, haciendo celebraciones para ti en el cielo y en la tierra'. (De Wit ITOK, III, 255, 113-114)


También se muestra en el Templo de Opet al rey ofreciendo un sistro a la diosa Nut:

‘Toma para ti el sistro venerable smd, de electrum, que tu ka se regocije con su sonido. Cuando tú lo sacudes, emite un sonido y tú te regocijas con su ruido. Yo expulso tu mal humor, yo quito tu furor, yo pacifico tu corazón después de la cólera’. .(De Wit ITOK, III, 259, 116-117).

Los sistros eran utilizados para acompañar la celebración de ciertos ritos estando asociados frecuentemente al 'Menat'.

En el caso de Debod, la frase indica claramente que el rey tañe los sistros e impone a su madre el Collar Menat que protege la garganta y el cuello de la divinidad.

Se trata aquí de los ritos sehetep sejmet en los que los sistros estaban asociados con el uso del Menat.

Aparece pues, otra vez, una asimilación por vía ritual, de la Isis del Abatón con la diosa Sejmet, el terrible Ojo de Ra.

La idea era la creencia en la necesidad de apaciguar a la divinidad, en este caso la diosa Isis claramente vinculada con el mito del Ojo de Ra como Isis/Hat-Hor, que podría experimentar algún acceso de cólera.

El rito sehetep sejmet hace referencia a la leyenda del ciclo solar según la cual la diosa leona Tefnut, hija de Ra, vivía salvaje y furiosa en los desiertos del Sur. Pero Ra que la amaba y quería utilizar la fuerza de la diosa contra sus enemigos, envió a los dioses Shu y Thot para buscarla.

Ellos consiguieron apaciguarla y llevarla a Egipto. Entonces, Ra la fijó en su frente, donde bajo la forma de un úreus, ella abrasaba a su adversarios.

La diosa era festejada rememorando su recibimiento cuando retornó de la mano de los dos dioses. Se trataba de apaciguarla a lo largo y ancho de todo Egipto.

Para ello se organizaban cortejos y procesiones festivas para celebrar el festival llamado ella-es-traída (ini-tu-es), celebrado en el mes de Tybi. Aunque hay indicios de que estos ritos se celebraban desde el Imperio Antiguo, e incluso desde la prehistoria la documentación más abundante y clara data de las épocas griega (la misma de nuestra Capilla) y romana.

Como se observa en nuestra Capilla las identificaciones de la divinidad son complejas. Unas veces es Tefnut, otras Sejmet o Bastet, o Hat-Hor. Como complejas son las metáforas empleadas para manifestar su poder destructivo (el Ojo, la Cobra o la Llama).

Un mito análogo era el de La Vaca del Cielo.

En este caso, se contaba cómo los hombres habían ofendido al dios Ra, quien antes de renunciar a su reino terrestre y de retirarse sobre el lomo de la Vaca Celeste, envió a la diosa Sejmet para destruir a la humanidad que se había rebelado contra su creador.

Finalmente, Ra hizo emborrachar a la diosa sanguinaria con una mezcla de cerveza coloreada con alguna sustancia que daba el color rojo de la sangre, a fin de que cesase la carnicería. De aquí el rito de fabricar bebidas soporíferas durante las fiestas de Hat-Hor y de repartirlas entre sus fieles.

Para apaciguar a la diosa, se entonaban letanías, se hacían ofrendas y se practicaban los rituales que procuraban la restauración del orden del primer día, en el cual, el dios Ra creó todo lo que existe por medio de las siete palabras mágicas.

Estas siete palabras se correspondían con los siete emisarios de la diosa terrible, en forma de las llamadas ‘siete flechas del año’, que representaban las acciones más nefastas de las que podía ser capaz la ira de Sejmet.

Este ceremonial tenía por finalidad básica apaciguar la naturaleza peligrosa de la diosa, neutralizar su aspecto nefasto que se manifestaba bajo la forma de las epidemias y enfermedades que se abatían sobre Egipto durante el año, conjurar el ‘Iadet renpet’ o peste del año, durante la última parte de la estación seca que preludiaba la inundación del país con la ansiada crecida del río Nilo.

En definitiva, se trataba de impulsar a la diosa, conjurándola, a actuar como Maat, colaborando en el desarrollo de la armonía y el orden universales.

Desde este punto de vista, el rito realizado por los sacerdotes de Sejmet tenía su origen en los Mitos de La Diosa Lejana y de La Destrucción de los Hombres.

Consistía en una ceremonia en la que se degollaban y decapitaban cuatro ocas,cuatro gacelas y cuatro oryx blancos, y se presentaban jarras de cerveza o de vino a la diosa.

Estos sacrificios sangrientos eran sustituidos muy frecuentemente por las ofrendas de ciertos objetos tales como los sistros y los talismanes Menat, el Ojo Udyat, el cetro Sejem, la columna de papiro Uadye, la clepsidra unsheb y las jarras menu.

La ofrenda de las jarras de cerveza, mezclada con tinte rojo de Hena, y la ofrenda de las jarras de vino, evocaban la pacificación de la divinidad. La bebida sagrada era llamada ‘la roja’, y se consumía también por el pueblo en la Fiesta de la Embriaguez que Heródoto presenció y nos trasladó en sus relatos.

El festival al que se refiere el viajero griego se celebraba en la ciudad de Bubastis, con motivo de la aparición de la diosa Hat-Hor bajo la forma de Bastet, que era la misma diosa Sejmet, en su aspecto benéfico.

Heródoto nos relata lo siguiente en relación con la dicha Fiesta de la Embriaguez:

‘Así pues, cuando se dirigen a Bubastis, hacen lo que sigue. Navegan hombres y mujeres juntos, llevando cada barca gran número de personas de ambos sexos; algunas mujeres llevan castañuelas y las hacen sonar, algunos hombres tocan la flauta en todo el trayecto y el resto de las mujeres y hombres cantan y dan palmadas. Y, cada vez que en el curso de la navegación pasan por otra ciudad, acercan la barca a tierra y hacen lo siguiente: mientras algunas mujeres siguen haciendo lo que he dicho, otras gritan y hacen burla de las mujeres de aquella ciudad, y otras bailan, y otras, puestas en pie se desnudan. Esto hacen al pasar por cada una de las ciudades ribereñas. Y cuando llegan a Bubastis, celebran la fiesta ofreciendo grandes sacrificios, y se consume más vino de uva en esta fiesta que en todo el resto del año. Y el número de personas que allí se reúnen, hombres y mujeres sin contar los niños, alcanza hasta las setecientas mil, al decir de las gentes del lugar...’. (Herodoto Historias II, 60).

Con la práctica del rito y la entonación de las fórmulas mágicas en forma de letanías se conseguía el fin deseado: la Protección del mundo creado y de la humanidad toda.

'¡Oh Sejmet, la única grande, Señora de Isheru!¡Oh Shentit que resides en Busiris!...¡Oh glorioso Ojo de Ra, Señora de las Dos Tierrras, que gobiernas la Isla de Fuego!. Homenaje a vosotros,¡oh dioses, los que dais la muerte, que estáis en pie detrás de Sejmet, que habéis venido como mensajeros del Ojo de Ra, para lanzar vuestras flechas desde su boca.......! ¡Seguid vuestro camino, apartaos de mí.

No iré a ningún lugar con vosotros. No tenéis poder sobre mí. No me atacaréis con ninguna desgracia en este año. Porque Yo soy Ra, el que aparece en su Ojo. Yo aparezco como Sejmet, como Uadyet. Yo soy Atum apareciendo detrás de sus cabezas!....¡Horus, vástago de Sejmet. colócate detrás de mi cuerpo para salvarlo completamente para la vida!.

Palabras que se dirán, sobre una pieza de tela de lino fino. Los dioses citados se dibujarán e ella y se sujetará con doce nudos. Se le ofrecerá pan y cerveza y se quemará incienso. Es un remedio para aplacar a los dioses en su séquito de Sejmet y de Thot. Palabras para ser dichas en el último día, desde el final del año hasta el primer día del principio del nuevo año, durante el festival Uag y en el primer día de la fiesta Ernutet’. (Papiro Leiden I, 1, 1-2, 5)

En el origen de estos relatos parece haber dos realidades profundas: una es de naturaleza astronómica. El Ojo del sol devora a los hombres y les envía sus epidemias por medio del calor abrasador. En efecto, tal como nos lo muestra el calendario de los Festivales de Esna la fiesta de ‘apaciguar a Sejmet’ se celebraba el día 30 de Paoni en la época malsana y calurosa del principio de nuestro mes de julio.

La otra realidad era, sin duda, de naturaleza psicológica. Hat-Hor la diosa del amor era, tanto, la gata dulce Bastet, como la terrible leona Sejmet. El rito de ‘apaciguar a Sejmet’ está conservado de modo completo en la ‘Biblioteca Litúrgica’ del Templo de Edfú.(Edfou VIII, 347, 13).

Y esto es lo que aquí nos interesa principalmente: para apaciguar a Hat-Hor/Isis se ofrecía un sistro y un amuleto Uadye. Se apaciguaba a la diosa con la música de los sistros, las danzas, la presentación de la clepsidra o la de la jarra menu.

Estas ceremonias tan especiales y particulares se celebraban para Hat-Hor e Isis, y para aquellas otras divinidades femeninas con las que se les asimilaba.


Francisco J. Martín Valentín.
Egiptólogo.


Bibliografía

De Wit, C. Les inscriptions du Temple d’Opet à Karnak. 3 vols. Bibliotheca Aegyptiaca XI-XIII. Bruselas, 1958-1968
Gutbub, A. ‘Un emprunt aux textes des pyramides dans l’hymne à Hathor, dame de l’ivresse’. En Mélanges Maspero, I Orient Ancient Quatriéme Fascicule. MIFAO. TOME LXVI El Cairo, 1961
Maystre, Ch. ‘Le Livre de la vache du ciel’. BIFAO 40 (1941)
Sethe, K. Zur Altägyptischen Sage vom Sonnenauge, das in der Fremde war. UGÄA 5, 3. Leipzig, 1912
West, S. ‘The Greek versión of tne legend of Tefnut’. JEA 55 (1969)
Zivie, Chr. 'Sistrum'. LÄ, V, 959, 960

Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Artículos y comunicaciones

Sábado, 10 de Enero 2009 - 23:05

Se ha visto cómo según las principales cosmogonías egipcias los dioses creadores del universo, utilizaron la magia para llevar a cabo su gran acto del génesis. Sus herramientas fueron el Pensamiento Volitivo, en el corazón; el Verbo Creador, en la lengua; la saliva, el semen, el barro y el nombre.


La diosa Maat. Tumba de Jeruef (TT 192). Asassif. Foto IEAE
La diosa Maat. Tumba de Jeruef (TT 192). Asassif. Foto IEAE


Éstos fueron los instrumentos de los dioses para crear y dar la vida, y éstas serían las herramientas básicas de los magos de Egipto para crear y proteger, a su vez, la vida, y obtener los efectos deseados sobre el medio que les rodeaba.

Generado el mundo, la vida debía renovarse diariamente. El sol, el dios Ra, salía al alba por el horizonte oriental y se ponía por el occidental. Cada día, la creación primigenia del mundo y de los seres vivos, se reproducía sin cesar. La magia seguía siendo necesaria para los dioses.

Para garantizar la pervivencia de este orden creado por la palabra divina, escrita o hablada, se hacía necesario concebir su necesario complemento. Para ello, los egipcios idearon las concepciones de la Verdad, la Justicia y el equilibrio cósmico.

Si el dios Thot era el dueño de las palabras mágicas creadoras, la diosa Maat, a la vez la hija y la madre de Ra, el dios que la había creado, sería su compañera por toda la eternidad.

La Verdad es lo contrario del error y de la mentira, por lo que su esencia es el conocimiento, la justicia y la razón. Esta diosa gozaba de la misma naturaleza que su creador, el dios Ra, y era el alimento diario del que se nutrían las divinidades en los templos para que la creación del primer día se repitiese sin cesar hasta el infinito.

Este, era el mayor acto de magia que cotidianamente se repetía, de manera constante, en todos los santuarios de Egipto.

El oficiante, ya fuese el rey o un sacerdote en su sustitución, en esencia, el Mago, decía esta invocación cuando hacía la ofrenda de Maat a los dioses: ‘He venido hasta ti, Yo soy Thot, vengo con mis dos manos juntas para traer la Maat. Maat ha venido para que esté contigo. Maat está en todo lugar donde tú estés para que te apoyes en ella.

He aquí que vienen los dioses y las diosas que están contigo llevando la Maat, saben que vives de ella.

Tu ojo derecho es Maat, tu ojo izquierdo es Maat, tus carnes y tus miembros son Maat, los vestidos de tu cuerpo son Maat, lo que comes es Maat, lo que bebes es Maat, los panes son Maat, tu cerveza es Maat...Tú existes porque Maat existe’.
(citas del Papiro de Berlín nº 3055, Cap. XLII)

Para asegurar la regeneración diaria de la obra de la creación, consistente en fenómenos tan aparentemente sencillos como el nacimiento del nuevo día, los egipcios acudían a la magia, en la creencia de que, gracias a ella, se garantizaba que todo seguiría estando en un orden adecuado.

Así pues, los egipcios pensaban que el sol, en el universo recién creado, navegaba por el cielo, sobre la espalda de una diosa que podía ser, según las épocas y las tradiciones locales, Nut, Hat-Hor o Isis.

El viaje se hacía, como en el Nilo terrestre, sobre una barca; el dios Ra disponía de dos, una para su periplo diurno, por el firmamento celeste, y la otra para su viaje nocturno, sobre el Nilo subterráneo, que los egipcios creían, existía, traspasado el horizonte occidental.

Nos lo dice el Libro de los Muertos en su Capítulo 133:

‘Ra surge en su horizonte: su Enéada le acompaña cuando el dios sale de su cámara secreta. Un estremecimiento se apodera del horizonte oriental del cielo a la voz de Nut, que despeja los caminos para Ra, en presencia del gran dios que hace su recorrido. ¡Elévate, Ra, que te hallas en tu aposento divino, a fin de que engullas los vientos, que aspires la brisa del Norte, que absorbas la médula espinal, que caces con el lazo el día, que respires Maat, que distribuyas tu séquito y que navegues en tu barca hacia el cielo inferior!.

Los grandes tiemblan, conmovidos ante tu voz: tú vuelves a poner en orden tus huesos, agrupas tus miembros y vuelves tu rostro hacia el bello Occidente.

Apareces renovado día tras día, señor del placer; tú eres esta imagen de oro que lleva el esplendor del Disco, y el cielo se estremece todo entero cuando tú vuelves, de nuevo, cada día. . El horizonte se regocija con ello, y los que están tirando de las cuerdas de tu barca, lanzan gritos de júbilo’.

El amanecer era, así pues, para los egipcios un renovado acto creador, fruto de la magia de los dioses. La tierra del primer día se abría de nuevo para todos los poderes bienhechores que vivían de la luz y hacían vivir a todos los seres vivos.

Existía una poderosa fórmula para garantizar esa renovación diaria, que también era aplicable a los difuntos; se trata de la consignada en el capítulo 130 del Libro de los Muertos:

‘El cielo se abre, la tierra se abre, el Occidente se abre, el Oriente se abre; se abren también las Dos Capillas del Alto y del Bajo Egipto; las hojas de las puertas se abren para él, cuando sale del horizonte. Las dos puertas de la barca de la noche se abren para él, mientras que se despliegan para él las dos hojas de la puerta de la barca diurna.
Él respira Maat, alienta a Shu y crea a Tefnut, mientras le siguen los que están en su séquito.’


El sol, una vez en el cielo, seguía su periplo sobre el río que, pensaban los egipcios, había allí, y atravesaba los campos, como si de la tierra se tratase.

Es ésta, evidentemente, una de las más importantes máximas de las enseñanzas herméticas que proclama que: ‘lo que está arriba, está abajo y de que, necesariamente, son las cosas existentes arriba las que han organizado en su conjunto y llenado de seres, la naturaleza entera, que está abajo’. (Corpus Hermeticum. Estobeo XXIII, 2, 5-7)

De nuevo, el Libro de los Muertos recoge en su capítulo 149 otra fórmula mágica de gran poder para evocar las moradas de la presencia divina del sol, bajo la forma sagrada del dios Horus de los Horizontes, Hor-Ajty:

‘Soy rico en todas las cosas cuando navego con Ra en los Campos de los Juncos.
Sus muros son de cobre y la altura de su cebada es de cinco codos; sus espigas miden dos codos y sus tallos, tres codos; su centeno, alcanza siete codos de alto, con espigas de tres codos y tallos de cuatro codos. Allí están los bienaventurados que miden nueve codos de alto, y cada uno de ellos siega ese centeno, al lado de Hor-Ajty.’


Cuando el sol desaparecía por el horizonte occidental, surgía un nuevo día en el mundo subterráneo para los difuntos, los cuales se acercaban a las orillas del río Nilo inferior, para ver pasar la barca del sol en su navegación nocturna. Entonces recibían, en su presencia, la luz y el hálito de vida.

Esta poderosa fórmula mágica, que permitiría al difunto, para quien fuera recitada, salir a la luz del día en cualquier transformación que desease, está recogida en el capitulo 14 del Libro de los Muertos:

‘¡Homenaje a ti, Ra-Atum, en tus hermosas apariciones!. Tras haber nacido por el Oriente, te has ocultado, pacíficamente, en el retiro del horizonte occidental, tu lugar de reposo, tu dominio que se halla en Manu , donde tu Úreus te rodea completamente. ¡Sé bienvenido!, el Ojo de Atum se une a ti y ejerce su protección sobre tu cuerpo, cuando recorres el cielo y cuando llegas a la tierra, después de haber dado escolta a la luz.

Las Dos Capillas se acercan a ti , respetuosamente inclinadas, y te tributan alabanzas todos los días; los dioses del Occidente aclaman tu belleza; aquéllos cuyas moradas están ocultas, te adoran; los que están en la Barca de la noche te transportan, y las Almas de Oriente te glorifican ante tu proximidad, diciendo: ¡Sé bienvenido, tú que vienes en paz!. ¡Alabanzas para ti, Señor del cielo, que gobiernas el Occidente!.’

El viaje solar nocturno tenía en su camino múltiples dificultades que había que superar. Las fuerzas del mal, propiciando el caos y el desorden, tratarían siempre de impedir que el nuevo día de la creación primigenia se reprodujera.

Estas fuerzas se encarnaban en la forma de una serpiente que atacaba sin cesar a la barca del sol.

Ella representaba el principio eterno del retorno a la no existencia, al caos anterior a la creación del mundo por los dioses.

Pero la magia acudiría de nuevo en ayuda del sol y de sus compañeros de viaje nocturno, entre los cuales, se encontraba el difunto que conociese las fórmulas adecuadas. El capítulo 108 del Libro de los Muertos recoge estas poderosas invocaciones:

‘La montaña de Baju, sobre la que reposa el cielo está formada por unas murallas que miden codos de siete palmos y medio, conforme a la medida de la Balanza de las Dos Tierras (Menfis); tiene trescientos codos de longitud y ciento cincuenta de ancho.

El dios cocodrilo Sobek, Señor de Baju, reside al Este de esta montaña. Su templo está construido con piedra herset (cornalina). Hay una serpiente en la cima de esta montaña, tiene treinta codos de largo; los primeros ocho codos de su cuerpo son de sílex.

Yo conozco el nombre de esta serpiente que mora sobre su montaña, su nombre es: ‘El que está sobre su montaña, el que está en su llama’.

Cuando el sol se para en el cenit, al mediodía, esta serpiente vuelve su mirada contra Ra y la navegación de la barca se detiene, produciéndose una gran confusión entre los que la conducen, porque la serpiente se traga siete codos de la corriente de agua. Entonces, el dios Seth arroja contra ella su lanza de cobre y la hace devolver todo lo que ha tragado.

Después Seth se coloca delante de ella y le dice bajo la forma de invocación de magia:

‘¡Que la punta de cobre que está en mi mano te haga retroceder. Yo me alzo delante de ti, a fin de que la navegación de la barca vuelva a ser armoniosa y justa.!. ¡ Oh Tú, que has mirado desde lejos y que ahora has vuelto a cerrar tu ojo: oculta ahora tu cabeza para que pueda navegar!. ¡Retrocede, pues yo soy el macho que cubre tu cabeza y vierte agua fría sobre tu boca (para apagar el fuego que sale de ella)!.¡Gracias a ello yo soy vigoroso y gozo de salud y fuerza!. ¡Soy el gran conocedor de las encantaciones mágicas, el hijo de Nut, y coloco frente a ti mi poderío eficaz!.

¿Qué te sucede, pues, ¡oh espíritu! que caminas sobre tu vientre, tu cola y tus vértebras?.

Mira: me alejo (de ti) ahora con tu fuerza en mi mano, pues yo soy quien tiene el poder. He venido, en el lugar de Ra, para adueñarme de las serpientes Akeru, para que Él esté en paz al caer la tarde, cuando termine su viaje por el cielo superior.
¡Ahora tú estás encadenada y sujeta.!


Esto es lo que, en prevención, se había ordenado contra ti. De esta manera Ra se ocultará en paz en su horizonte.’

Francisco J. Martín Valentín.
Egiptólogo

De la obra del autor Los Magos del Antiguo Egipto. Madrid, 2002

Bibliografia

Assmann, J. Ma’at: Gerechtigkeit und Unsterblichkeit im alten Ägypten. Munich, 1990
Moret, A. Le rituel du culte divin journalier en Ègypte. Paris, 1902
Festugière, A. J. Corpus Hermeticum. Paris 1983
Libro de los Muertos. Ed. de Federico Lara Peinado. Madrid, 1989
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman
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Editado por
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman
Francisco  J. Martín Valentín y Teresa Bedman
Francisco J. Martín Valentín es egiptólogo. Director del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto. Director de la Misión Arqueológica Española en Asasif, (Luxor Occidental Egipto), desarrollando actualmente el “Proyecto Visir Amen-Hotep. TA 28". Director de la Cátedra de Egiptología ‘José Ramón Mélida’. Teresa Bedman es egiptóloga. Gerente del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto. Co-directora de la Misión Arqueológica Española en Asasif, (Luxor Occidental Egipto), desarrollando actualmente el “Proyecto Visir Amen-Hotep. TA 28”. Secretaria de la Cátedra de Egiptología ‘José Ramón Mélida’.






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