Recomendar este blog Notificar al moderador
Menu
8.
 
 
 
Una vez creada, la criatura es libre
ha de hacerse a sí misma
construirse a partir de sí misma
desarrollar sus potencialidades sin coacción alguna
 
Creer en la criatura
es confiar en el espíritu que la nutre
no interferir en el camino donde se ha de encontrar.
Amar es dejar en libertad el proceso de la vida
 
Una vez cumplido el compromiso con la vida
soltar amarras es lo más conveniente
en ese soltar está la paz
en esa renuncia está el supremo amor
en esa entrega está la ley interna
 
Morir es el acto máximo de dar vida
 
 
 


Alicia Montesdeoca Rivero

Miércoles, 25 de Abril 2018


Ya partiste tía Juana
en silencio, sin aspavientos
resistiendo los avatares,
con la misma energía de siempre
 
Yo soy muy fuerte, como un hombre,
decías, mostrando tus músculos de mujer.
Eras fuerte de verdad
en tu silencio, el dolor lo viviste con dignidad
 
Tu fuerza no venía de tu cuerpo
tu fuerza estaba en tu alma
tu fuerza residía en tu corazón
tu fuerza se llamaba amor
 
Ahora, libre de las limitaciones carceleras
recuperadas tus facultades eternas
consciente de tu poder
ahora, te veo sonreír plenamente
 
Me guiñas un ojo desde tu cielo
¡Qué bien salió tu aventura!
Tu risa tiene sonidos de complicidad infantil
Cumpliste la misión a la perfección
 
A todos nos has dejado el corazón lleno de amor
 
 


Alicia Montesdeoca Rivero

Domingo, 22 de Abril 2018

7.
 
La naturaleza ecuánime.
Llegar a todos
estar para todos
ser de todos y de nadie
 
Estar para servir
prestarse para ser vehículo
sin pretender nada
aceptando la función y el anonimato
 
 


Alicia Montesdeoca Rivero

Viernes, 20 de Abril 2018


Para llegar a decir yo soy,
muchos eones se han sucedido
muchas circunstancias se han producido
muchas vivencias humanas han tenido que acontecer,
Y tú creyendo que acabas de amanecer.
 
Tus antepasados han encadenado infinidad de eslabones para llegar a ti,
Y tú creyendo que acabas de amanecer
 
Tu vitalidad está cimentada sobre la salud y la enfermedad de todos ellos,
Y tú creyendo que acabas de amanecer
 
El espacio en que has nacido
es el punto donde se reúnen todos los espacios recorridos por ellos
para entregártelos a ti,
Y tú creyendo que acabas de amanecer
 
Tu comprensión del mundo
es fruto de las experiencias y las vivencias de todos ellos
acumuladas para que tú las heredaras,
Y tú creyendo que acabas de amanecer
 
Lo que piensas y cómo lo piensas
es el producto de todos sus pensamientos
que se proyectaron hacia el futuro
pensando en ti,
Y tú creyendo que acabas de amanecer
 
Ahora que sientes como te han amado
ahora tú  puedes decir Yo Soy
 
Eres la mejor flor del jardín de todos tus antecesores
eres el amanecer permanente
eres el Sol que alumbra las esperanzas de los que están por venir
eres el Ser eterno
 
Somos la vasija en la que está depositada toda la experiencia humana
Somos el crisol que permite darle otra forma
al tesoro encontrado por los que nos precedieron,
Somos los porteadores del espíritu que alienta el devenir humano
Somos unidades de una misma especie
Somos la humanidad
 
Y, así, dejamos de creer que acabamos de amanecer.
 
 
 

pixabay.com
pixabay.com

 Debajo del pruno, que estaba en el jardín, tenía su casita, escondida en medio de las raíces, una pequeña y tímida oruga. Cada día, cuando salía el sol, y cuando todos los que vivían alrededor de aquel lugar se despertaban, con los trinos de los madrugadores pájaros, nuestra amiga asomaba su cabecita por un pequeño orificio hecho en la tierra y tapado con las hojas que del árbol se iban cayendo, unas hojas que alfombraban de rojo el suelo.
 
Nuestra amiga oruga, cada vez que se asomaba a la puertita de su casa descubría asombrada alguna cosa nueva que le hacía pensar que el mundo exterior era inmenso, y que estaba lleno de maravillas: le sorprendía los colores de las flores, las gotas de rocío que se acumulaban en las superficies de las hojas, los diferentes trinos de los pájaros, la laboriosidad de las hormigas.
 
 

Carmen María (9 años).
Carmen María (9 años).

En fin, todo lo que su vista podía alcanzar a ver le atraía, le entusiasmaba, y le hacía pensar que había mucho más que ella no podría conocer nunca porque era pequeña y estaba pegada al suelo, pues su cuerpo sólo lo podía levantar unos centímetros cuando se apoyaba en sus patas traseras.
 
Celia, que así le llamaban sus amigas, sentía en su interior una gran inquietud, un fuerte cosquilleo, una impaciencia porque su vida fuera diferente. ¡Cuánto le gustaría a ella ser un pájaro! Por eso, la oruguita, a pesar de vivir en un lugar tan especial, y tener una casa tan acogedora, muchas veces tenía ganas de llorar porque no podía acercarse a las flores para sentir la suavidad de sus pétalos o percibir de cerca su aroma, y otras, deseaba ser una hoja seca para que el viento la arrastrase y poder así viajar a lugares lejanos.
 
Así se sentía nuestra amiga, hasta que un buen día decidió que ya no iba a lamentarse más: se preparó un pequeño hatillo con algo de comida y decidió salir a conocer el mundo. Abrió la puerta de su casa  y dirigió sus pasos hacia el campo que parecía llamarle.
 
Pero la verdad es que de pronto se paró en seco, la voz de su abuela le resonó en su cabecita: ¿a dónde vas tan deprisa?, oyó que le decía la voz familiar. Aquella pregunta le hizo recordar a Celia lo que un día le había dicho su abuela: “Cuándo vayas a emprender un camino no lo hagas a la ligera, no elijas el primero que se te ocurra, tómate un tiempo para pensar qué es lo que quieres, qué es lo que buscas”.

Carmen María (9 años).
Carmen María (9 años).

Así que se volvió para atrás y se metió en su pequeña casita a planear mejor su aventura. Sintió frío, un frío muy intenso, pensó que no era normal, así que se acercó al arcón donde guardaba todo lo que había heredado de sus abuelas y encontró un enorme y hermoso chal blanco que sus antepasadas habían tejido con un bello hilo de seda. ¡Qué calentita estaba! También se sentía muy segura dentro de aquel precioso abrigo. Así que gozando de las sensaciones que le producía, se puso a pensar mejor su proyecto y se quedó dormida sin darse cuenta.
 
Cuando se despertó sintió una necesidad irrefrenable de estirarse. ¿Tanto tiempo había estado dormida? Sacó su cabecita de entre los pliegues del chal y vio que estaba amaneciendo. Poco a poco se fue liberando de la envoltura blanca y pudo salir completamente al exterior.

pixabay.com
pixabay.com

Una extraña sensación le recorría su cuerpo, algo pasaba. De pronto sintió que al estirarse unos largos y flacos pies surgieron por arte de magia desde su cuerpo que ya no era verde.   ¿Qué me sucede? Se preguntó con sorpresa por lo que veía y sentía. Su cuerpo había cambiado, se había transformado y no lo reconocía. Al mirarse en el agua del charco, que había dejado el rocío en la puerta de su casita, dio un fuerte grito, de sus costados salían, además, unas enormes alas multicolores que se movían sin parar.
 
 ¿Qué había pasado?
 
Durante el sueño, Celia se había transformado en una mariposa, como las que ella veía desde la ventanita de su hogar. No era un pájaro, como alguna vez deseó, sino una hermosísima mariposa. Pensó que la transformación que había experimentado era una realidad mejor que la que ella  había soñado. Sus alas eran de colores, de los colores de las flores del jardín donde estaba su pruno, y como era una soñadora incansable imaginó que se había convertido en una flor que volaba.
 
 
FIN

1 2 3 4 5 » ... 8
Editado por
Alicia Montesdeoca Rivero
Eduardo Martínez de la Fe
Licenciada en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, Alicia Montesdeoca Rivero es consultora e investigadora, así como periodista científico. Coeditora de Tendencias21, es responsable asimismo de la sección "La Razón Sensible" de Tendencias21. Este blog está dedicado a sus creaciones literarias.



Últimas entradas
El pedigüeño 10/06/2019
La nada es el todo 10/06/2019
Para Marisa 05/06/2019
En círculo 05/06/2019
Así es 24/01/2019
Búsqueda 24/01/2019
Emergencia 13/11/2018
Monte 17/10/2018

Enlaces