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Modelando con arena. Fuente: pixabay.com
Modelando con arena. Fuente: pixabay.com
Era verano y Jorge jugaba en una playa, a orillas del mar Atlántico, haciendo formas y castillos con la arena mojada.
 
Inclinado sobre la superficie arenosa, contemplaba las figuras que modelaban sus manos. Tan abstraído estaba que no vio acercarse a un enorme cangrejo, el cual, parándose ante él, miraba sorprendido a aquel ser  tan extraño de forma, pues sabrán que era la primera vez que aquel cangrejo veía a un niño.
 
De pronto, el pensamiento que tenía tan entretenida su cabeza de pelo rubio se interrumpió y dentro de ella Jorge oyó una voz que decía ¿qué cosa eres? ¿Yo?, respondió el niño, también desde el pensamiento, sí, tú el que me responde, volvió a sentir que le decían.
 
Soy un niño, dijo Jorge, sin darse cuenta que respondía, ni saber desde dónde llegaba la pregunta.
 
¿Un niño? Volvió a sentir que le decían ¿Qué es un niño?
 
 Jorge calló un momento, reflexionando sobre la respuesta que iba a dar. Un niño, dijo al fin, es el hijo de una mamá y un papá humanos
 
¿Mamá y papá humanos? ¿Qué es un humano? Siguió preguntando aquella voz
 
Sí, tengo una mamá y un papá. Ellos son como yo pero más grandes

El nuevo amigo de Jorge. Fuente: pixabay.com
El nuevo amigo de Jorge. Fuente: pixabay.com
Pero ¿Tú quién eres? Ahora el que preguntaba era Jorge. ¿Dónde estás?
 
Yo soy yo, le respondió la voz, y estoy aquí a tu lado.
 
Jorge miró en todas las direcciones, buscando a otra persona. Pero no había nadie, ni niño ni adulto que estuvieran lo suficientemente cerca para hablar con él.
 
No te veo, le dijo a la voz ¿Dónde estás?
 
Y la voz le volvió a decir: aquí a tu lado
 
De pronto Jorge descubrió un hermoso cangrejo que movía sus pinzas como haciéndole señas para que lo descubriese. ¡Ah! Exclamó Jorge, eres un cangrejo
 
¿Cómo que un cangrejo? Dijo el pequeño ser, a mí no me llames eso. Yo soy yo y vengo de aquel lugar en donde vivo, señalando, a la vez que hablaba, unas rocas llenas de pequeños orificios, que estaban siendo cubiertos por el mar cada vez que las olas se acercaban a la orilla.
 
¿En aquellas rocas? Le preguntó el niño
 
El cangrejo volvió a extrañarse ¿rocas? Por qué le llamas así al lugar de dónde vengo
 
En ese momento Jorge comprendió lo que pasaba. El cangrejo desconocía que todo tiene un nombre para ser llamado. Al darse cuenta de esto, decidió contarle a su nuevo amigo cómo los humanos denominaban cada una de las cosas que les rodeaban a los dos en aquel momento.  Así que le habló del mar, las gaviotas, la arena, el cielo azul, las nubes, la brisa, el sol, la luna...
 
Al cangrejo le divertía mucho el juego que se habían inventado los humanos para nombrar todo lo que existía a su alrededor. También le sorprendía el sonido diferente que emitía Jorge cada vez que indicaba un nombre distinto para denominar una nueva cosa.
 
Toda la tarde estuvieron los nuevos amigos compartiendo sus conocimientos. Al final, cuando al niño le llamaron para la cena, prometieron verse de nuevo al día siguiente y seguir profundizando sobre las distintas maneras de conocer el mismo mundo que compartían. 

Jorge, impresionado por su hallazgo, se alejó pensando cómo contar su extraña experiencia a sus amigos para que lo creyeran. El cangrejo, por su parte, decidió ponerle un nombre a los seres humanos. Pensó que el que mejor les iba era el de seres que tienen palabras, de esta manera él también comenzó a nombrar.
 
 
Se volverán a encontrar mañana. Fuente: pixabay.com
Se volverán a encontrar mañana. Fuente: pixabay.com


Alicia Montesdeoca Rivero

Martes, 6 de Noviembre 2018

Recogida de la cosecha. Emile Claus. Wikipedia.com
Recogida de la cosecha. Emile Claus. Wikipedia.com
 
 Hace muchos, muchísimos años, tantos que mi memoria no recuerda cuando fue, en la tierra existían unos seres, casi invisibles, que cuidaban  de los árboles, las plantas, los insectos y todos los animales grandes y pequeños, alados y terrestres, de la tierra, el agua y el aire.
 
Durante mucho, mucho tiempo, la colaboración entre esos seres y los humanos fue muy estrecha. Esto posibilitó que sus conocimientos sobre la naturaleza fueran aprendidos por los hombres y las mujeres que habitaban nuestro planeta. De esta manera, gracias a sus enseñanzas, conocieron la forma de obtener los frutos que la tierra producía y que les regalaba para su sustento.
 
Para celebrar esta unión tan benéfica con los seres casi invisibles, los humanos decidieron  reunirse con ellos en unas fechas señaladas. Así, al comienzo y al final de cada una de las estaciones del año, se organizaban grandes fiesta para convocar a las energías benefactoras que aquellos seres casi invisibles atraían.
 
 Tras la ceremonia en la que se daba la bienvenida a todos los presentes, se agradecía a los seres casi invisibles los bienes recibidos con su ayuda, y se les rogaba que siguieran ayudando a los seres humanos en sus tareas en el campo, en la pesca y en la caza. Los humanos bailaban, cantaban, reían y comían ricos manjares. Era su forma de agradecer la presencia a sus benefactores y demostrarles lo contentos que estaban por ella.
 

 

Recopilación de conocimientos. pixers.es
Recopilación de conocimientos. pixers.es
Un buen día, alguien pensó que, para que no se les olvidasen tantas cosas como las que habían aprendido, sería bueno ponerlas por escrito. De esta manera se escribió en un libro enorme todas aquellos conocimientos que se habían adquirido de los seres casi invisibles y que, a través de las historias y de los cuentos, habían pasado de padres a hijos.
 
Esta idea tan estupenda permitió que todos los que lo necesitaran pudieran tener la información, aunque no conocieran la forma de ponerse en contacto con los seres casi invisibles.
 
Pero... sucedió que con el paso del tiempo los humanos se olvidaron del origen del conocimiento que estaba guardado en aquel libro tan grande y vivieron como si los seres casi invisibles no existieran.

 

Así, terminaron por pensar que sólo a través de los libros se puede acceder a ese conocimiento, e ignoran que hay un cordón invisible que une el conocimiento de los libros con aquellos seres que, desde el principio de la historia, acompañan a los humanos en su vida en la Tierra.
 
Por eso, cuando leemos un libro hay algo que se alegra en nuestro interior, es la energía que nos llega a través de ese cordón y que nos traslada a aquellos tiempos en que no había intermediarios entre el mundo humano  y ellos, los Casi Invisibles.
 
Aún hoy se siguen haciendo las fiestas cuando se recogen las cosechas, pero ya no se convocan a aquellos seres amigos. Sin embargo, el misterio de la fiesta  es que se sigue haciendo de la misma manera que entonces. Cuando se organiza una siempre es para celebrar algo, todo el mundo está contento y se baila, se ríe, se canta y se comen ricos manjares. Todos aquellos alimentos que sigue regalando la tierra a los seres humanos y que son el fruto de los esfuerzos que ellos hacen, pero también de los seres casi invisibles que aún siguen colaborando con las mujeres y con los hombres del planeta Tierra, a pesar de que no sean convocados ni reconocidos.
 
 

Las formas invisibles. pinterest.cl
Las formas invisibles. pinterest.cl
Pero, ¿quiénes son esos seres casi invisibles de los que hablo? Pues esos son aquellos personajes de los cuentos a los que llaman gnomos, hadas,  ondinas o ninfas, elfos,   etc. Los cuentos son los libros que se escribieron para que hoy los niños supieran de la existencia de ellos. La idea de escribirlos la tuvieron algunos abuelos y abuelas que querían transmitir las historias que les habían contado cuando eran pequeños. Aquellas historias que sus abuelos y sus padres les narraban y que explican cómo vivían esos seres entre los humanos y cuáles eran las tareas que realizaban.
 
La abuela Alicia sabe que esos seres existen. Por eso les habla de ellos, para que cuando crezcan puedan pedir ayuda a los benefactores invisibles que todos los humanos tenemos alrededor. Si cuentan con ellos siempre los tendrán de su parte. Y... cuando celebren algún acontecimiento importante no olviden de invitarlos, son muy alegres y divertidos y les encanta asistir a una fiesta


Alicia Montesdeoca Rivero

Miércoles, 26 de Septiembre 2018

pixabay.com
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 Debajo del pruno, que estaba en el jardín, tenía su casita, escondida en medio de las raíces, una pequeña y tímida oruga. Cada día, cuando salía el sol, y cuando todos los que vivían alrededor de aquel lugar se despertaban, con los trinos de los madrugadores pájaros, nuestra amiga asomaba su cabecita por un pequeño orificio hecho en la tierra y tapado con las hojas que del árbol se iban cayendo, unas hojas que alfombraban de rojo el suelo.
 
Nuestra amiga oruga, cada vez que se asomaba a la puertita de su casa descubría asombrada alguna cosa nueva que le hacía pensar que el mundo exterior era inmenso, y que estaba lleno de maravillas: le sorprendía los colores de las flores, las gotas de rocío que se acumulaban en las superficies de las hojas, los diferentes trinos de los pájaros, la laboriosidad de las hormigas.
 
 

Carmen María (9 años).
Carmen María (9 años).

En fin, todo lo que su vista podía alcanzar a ver le atraía, le entusiasmaba, y le hacía pensar que había mucho más que ella no podría conocer nunca porque era pequeña y estaba pegada al suelo, pues su cuerpo sólo lo podía levantar unos centímetros cuando se apoyaba en sus patas traseras.
 
Celia, que así le llamaban sus amigas, sentía en su interior una gran inquietud, un fuerte cosquilleo, una impaciencia porque su vida fuera diferente. ¡Cuánto le gustaría a ella ser un pájaro! Por eso, la oruguita, a pesar de vivir en un lugar tan especial, y tener una casa tan acogedora, muchas veces tenía ganas de llorar porque no podía acercarse a las flores para sentir la suavidad de sus pétalos o percibir de cerca su aroma, y otras, deseaba ser una hoja seca para que el viento la arrastrase y poder así viajar a lugares lejanos.
 
Así se sentía nuestra amiga, hasta que un buen día decidió que ya no iba a lamentarse más: se preparó un pequeño hatillo con algo de comida y decidió salir a conocer el mundo. Abrió la puerta de su casa  y dirigió sus pasos hacia el campo que parecía llamarle.
 
Pero la verdad es que de pronto se paró en seco, la voz de su abuela le resonó en su cabecita: ¿a dónde vas tan deprisa?, oyó que le decía la voz familiar. Aquella pregunta le hizo recordar a Celia lo que un día le había dicho su abuela: “Cuándo vayas a emprender un camino no lo hagas a la ligera, no elijas el primero que se te ocurra, tómate un tiempo para pensar qué es lo que quieres, qué es lo que buscas”.

Carmen María (9 años).
Carmen María (9 años).

Así que se volvió para atrás y se metió en su pequeña casita a planear mejor su aventura. Sintió frío, un frío muy intenso, pensó que no era normal, así que se acercó al arcón donde guardaba todo lo que había heredado de sus abuelas y encontró un enorme y hermoso chal blanco que sus antepasadas habían tejido con un bello hilo de seda. ¡Qué calentita estaba! También se sentía muy segura dentro de aquel precioso abrigo. Así que gozando de las sensaciones que le producía, se puso a pensar mejor su proyecto y se quedó dormida sin darse cuenta.
 
Cuando se despertó sintió una necesidad irrefrenable de estirarse. ¿Tanto tiempo había estado dormida? Sacó su cabecita de entre los pliegues del chal y vio que estaba amaneciendo. Poco a poco se fue liberando de la envoltura blanca y pudo salir completamente al exterior.

pixabay.com
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Una extraña sensación le recorría su cuerpo, algo pasaba. De pronto sintió que al estirarse unos largos y flacos pies surgieron por arte de magia desde su cuerpo que ya no era verde.   ¿Qué me sucede? Se preguntó con sorpresa por lo que veía y sentía. Su cuerpo había cambiado, se había transformado y no lo reconocía. Al mirarse en el agua del charco, que había dejado el rocío en la puerta de su casita, dio un fuerte grito, de sus costados salían, además, unas enormes alas multicolores que se movían sin parar.
 
 ¿Qué había pasado?
 
Durante el sueño, Celia se había transformado en una mariposa, como las que ella veía desde la ventanita de su hogar. No era un pájaro, como alguna vez deseó, sino una hermosísima mariposa. Pensó que la transformación que había experimentado era una realidad mejor que la que ella  había soñado. Sus alas eran de colores, de los colores de las flores del jardín donde estaba su pruno, y como era una soñadora incansable imaginó que se había convertido en una flor que volaba.
 
 
FIN

Fuente: pxhere.com
Fuente: pxhere.com
 
 La vieja subía la cuesta agarrándose las faldas para no tropezar. Su pecho cansado por aquella caminata respiraba agitadamente, bajo el sol del medio día.
 
Aquella mañana había decidido preparar, en un cesto de mimbre, su pequeño almuerzo e írselo a tomar a la sombra de su amiga la Encina. Desde que amaneció la idea le estaba rondando la cabeza, hacía días que sentía que ella,  también, la llamaba a su lado.
 
La enorme presencia de Kaerquez, así llamaban los antiguos celtas a los árboles de su especie, remataba el sendero que conducía hasta el valle detrás de su casa. María contemplaba a su amiga cada mañana cuando a la salida del sol abría las ventanas, para que el aire fresco renovara el ambiente de su hogar y le trajera los olores y los sonidos del campo.
 
La amistad entre las dos se remontaba a la época en que ella contrajo matrimonio con Miguel, y juntos se fueron a vivir a aquella casa heredada de sus suegros. Allí habían nacido todos sus hijos, y allí ella se quedó después de que Miguel partiera para el otro mundo y que los hijos de ambos se fueran a vivir a la ciudad con sus familias. A pesar de que todos se habían ido, jamás se sintió sola, allí estaba la Encina para acompañarla, tal como hizo siempre en cada uno de los momentos de su vida.
 
Esta poderosa compañera había sido la consejera de su larga existencia, a ella le había contado todos sus secretos y le había hecho partícipe de todos sus sentimientos. Nunca la defraudó, siempre tuvo una reflexión que hacerle, un consejo que darle, una enseñanza que transmitirle. Porque, su amiga, la Encina Centenaria, poseía toda la sabiduría que los seres humanos habían acumulado a través de la historia, y que no eran capaces de recordar. Pero su humildad le hacía repetir, con mucha frecuencia, “yo sólo soy una de las guardianas de la experiencia en La Tierra. Si los hombres y las mujeres me preguntaran, yo les podría transmitir tanto, tanto como sé. Ese es uno de los requisitos para adquirir el conocimiento guardado, el otro es que se acerquen hasta aquí, a mí la Madre Naturaleza me impide desplazarme”... Recordando todo esto, María llegó hasta los pies del gran árbol, se descargó el cesto de la comida y puso sus arrugadas manos sobre la piel, también arrugada, de su amiga.
 
 ¡Hola compañera! Le dijo.
 
La antigua Encina pareció estremecerse con este contacto, y con el sonido de aquella voz tan conocida y, a pesar de su naturaleza vegetal, supo transmitirle, a la mujer que así se le comunicaba, la vibración de su leñoso corazón.
 
¡Cuánto has tardado! Pensé que ya no volvería a sentirte. Fue su respuesta.
 
María sonrió ante lo que le pareció una protesta, y a continuación añadió:
 
Mis pies ya no son lo que eran, están muy pesados para andar. A veces pienso que se están pareciendo a tus raíces, que buscan el corazón de la tierra. Y como había hecho siempre, se sentó entre dos de sus enormes tentáculos, que parecían salir del interior del mundo para abrazarla. A continuación, apoyó su espalda y su blanca cabeza en su fiel amiga, cerró los ojos y sintió que una gran ternura invadía su corazón humano. Así, ambas, la Antigua Encina y la Vieja Mujer se reencontraron, el hermoso lazo que vincula a todo lo que existe en el Universo les sirvió de abrazo.
 
Respetando este momento tan sublime que viven las dos, nosotras, las abuelas, nos retiramos por hoy en silencio. Más tarde volveremos a recoger las enseñanzas que la Vieja Encina nos quiere transmitir, con el compromiso de que éstas lleguen a vosotros, nuestros nietos.
 
 
 
 
FIN
 
 


Alicia Montesdeoca Rivero

Viernes, 6 de Abril 2018

Segunda parte


pixabay.com
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El día siguiente, al de la aventura con el hada revoltosa, era domingo, Jorge tenía previsto hacer una visita a su abuela. Se levantó más temprano que nunca, una idea le rondaba la cabeza: mi abuela sí que recordará algo de las hadas, y yo voy a pedirle que me cuente lo que sabe de ellas. Así pues, después de desayunar, se dirigió a su casa a la que llegó cuando la abuela regresaba de su paseo matutino.
 
Apenas se sentaron en el cuarto de estar, delante de una infusión calentita, la abuela lo miró sonriendo. Parece que te preocupa algo, le dijo. Creo, además, que no has venido solamente a verme. Cuéntame que es lo que te pasa hoy.
 
Jorge agradeció, en aquel instante, que su abuela fuera tan directa, que no esperase a que él pensase la forma de cómo encarar el tema. De esta manera comenzó el relato de lo sucedido el día anterior, cuando sin saber de qué forma su cuarto se transformó en un lugar desordenado, y le hablaron, por primera vez, de la existencia de las hadas.
 
La abuela no pareció extrañarse por lo que le contaba. Sólo suspiró y dijo: por fin, por fin vuelvo a oír hablar a alguien sobre las hadas. Éste es un hermoso momento que me llena de ilusión y esperanza. Quiere decir que han vuelto, que quieren entrar en contacto de nuevo con los seres humanos. Has tenido el privilegio, dijo con humor, de que una de ellas te pusiera “patas arriba” tu pequeñito y ordenado mundo.
 
Entonces Jorge empezó a soltar, de un golpe, todas las preguntas que vino haciéndose en el camino, entre su casa y la de su abuela. ¿Quiénes son las hadas? ¿Cómo son? ¿Cómo las puedo conocer?... Para, para, le dijo su abuela, hay que ir despacio para que no cojas una indigestión, con tanta información como demandas.
 
La historia de las hadas, comenzó su abuela, se pierde en los orígenes de los tiempos. No se sabe en qué momento surgieron, pero sí se sabe que están estrechamente ligadas a los seres humanos por innumerables e invisibles cordones de oro, los cuales atraviesan todos los mundos que existen, uniéndose así sus destinos al destino de nosotros, los habitantes del planeta Tierra.
 

pixabay.com
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 ¿Para qué y por qué existe este vínculo? Preguntó Jorge. Las hadas son la estela que va dejando, por el camino, el espíritu del niño cuando se está acercando al hogar de sus padres para ser engendrado. En esa estela se deposita, como polvillo de hada, la memoria del ser que va a tomar un cuerpo físico. Junto a su memoria, también se queda impregnado su carácter, su alegría, su humor... todo lo que es su personalidad. Con todo ese polvillo de hada se forma el Mundo de las Hadas. Así, que ya te puedes imaginar la cantidad de tipos de hadas que existen. Todas ellas guardan la memoria perdida de todos los humanos que han vivido, y que viven, en este planeta.
 
¿Y cuándo se vuelve a recuperar esa memoria? Cuando regresemos, de nuevo, a través de esa estela, a nuestro antiguo hogar que está en las estrellas. La esencia espiritual se recupera de la misma manera a cómo reacciona el imán cuando se le acerca un objeto metálico, lo que tú eres atrae por afinidad lo que tú ya fuiste.
 
Jorge se quedó un rato pensativo, pero continuó con las preguntas. ¿Cómo sabes tú todo eso? ¿No te lo estarás inventando? No, le contestó su abuela, tras una carcajada que parecía indicar su comprensión por el esfuerzo que tenía que hacer su nieto para admitir aquella increíble historia, las abuelas no inventamos nada, respondió, sólo transmitimos lo que nos cuentan las hadas. Las abuelas somos la última generación que estuvo en contacto con ellas, y por eso nos han encargado traer sus mensajes que están cifrados en los cuentos.  Ellas dicen que las abuelas somos como las viejas encinas, que estamos al borde de los caminos de la vida para servir de sombra a todos los nietos del mundo, y, cuando ellos se sientan a nuestro lado, les contamos, poco a poco, los secretos de la vida  que hemos podido descifrar.
 

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Después de un silencio en que la abuela parecía encontrarse en otro lugar, continuó diciendo, los cuentos de hadas son la fórmula escogida para que los humanos no pierdan la memoria de lo que son: seres luminosos que han escogido una forma física para vivir experiencias humanas, y trabajar por la expansión de la consciencia, en todas las dimensiones del Ser. Esta fórmula estimula los juegos y los sueños con lo invisible.
 
¿Y esas historias que cuentan las hadas de dónde las toman? Todas las que conocemos, y las que están por conocerse, están escritas en unos viejos y polvorientos legajos guardados en los archivos arcanos del Universo. A esos archivos sólo se puede acceder con la intuición y con la imaginación.
 
En la actualidad, son pocos los que hablan de ellos porque la intuición y la imaginación han sido despreciadas, durante mucho tiempo, como formas de conocimiento. Por eso, cuando tú has venido y me has contado lo que te sucedió, he sentido una gran alegría, algo importante ha acontecido en algún lugar, para que, de nuevo, se haya abierto la senda que conduce al encuentro de nuestro mundo con el Mundo de las Hadas.
 
¿Y cómo se entra en contacto con el mundo de las hadas y con las hadas? Hay muchas, muchas maneras de hacerlo, sin darnos cuenta ya se produce, pero como no le damos ese valor nos pasan desapercibidas. Te voy a hacer una pequeña lista, verás cómo descubres lo hermoso que es el sistema que han ideado.
 

pxhere.com
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Ese contacto que buscas, puede darse al aspirar el olor de las flores; al contemplar el color de las alas de las mariposas; cuando nos deleitamos con los sonidos del agua al caer entre las rocas en el valle, con las sinfonías de los pájaros al amanecer o con el canto de los grillos en las noches de verano. También, cuando gozas con la brisa marina que te acaricia el rostro, o con el movimiento de las hojas de los árboles cuando las acaricia el viento..., todas las acciones de la naturaleza están inspiradas por el espíritu de las hadas, es su juego para mantener alerta el espíritu humano. Entonces, cuando éste percibe el mensaje que le viene del otro lado, lo traduce en emoción. Emoción que nosotros sentimos en nuestro pecho, y que nos lleva en ocasiones hasta las lágrimas.
 
Por lo que me cuentas que te ha sucedido, parece que pronto las historias que narren los seres humanos volverán a tener final feliz, porque se recuperará la esperanza en el futuro. Al  recobrarse la ilusión, viviremos contentos y felices para siempre, en este mundo tan maravilloso que es el planeta Tierra. Las hadas saben que existe esa fuerza creadora en nosotros, conocen muy bien las potencias del alma humana, concluyó la abuela de Jorge.
 

FIN  
 
 
 


Alicia Montesdeoca Rivero

Jueves, 15 de Marzo 2018

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Editado por
Alicia Montesdeoca Rivero
Eduardo Martínez de la Fe
Licenciada en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, Alicia Montesdeoca Rivero es consultora e investigadora, así como periodista científico. Coeditora de Tendencias21, es responsable asimismo de la sección "La Razón Sensible" de Tendencias21. Este blog está dedicado a sus creaciones literarias.



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