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ESPAÑA SIGLO XX: Santos Juliá
Blog de Tendencias21 sobre la historia reciente de España




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Si he prescindido del espíritu nacional […] es porque en la documentación de la época no hay nada que revele un estado de conciencia nacional, respondió Viicens a Rovira i Virgili. Y su respuesta no ha perdido ningún valor.


En su nueva misión como ilustre escudero de Josep Fontana, Borja de Riquer reitera de forma obsesiva los insultos a mí dirigidos como españolista de derechas, viejo lerrouxista, libelista y otras lindezas por el estilo, pero se va por las ramas y trampea con lo principal: ¿Qué diría de Riquer de un historiador que hubiera escrito que España fue el primer estado nación moderno de Europa y que la identidad española comenzó a forjarse en los tiempos de Racaredo, cuando no en los legendarios de Indibil  y Mandonio? Sin duda, que era un nacionalista romántico. Nadie se enfadaría ni sufriría ataques de histeria por eso: los historiadores nacionalistas románticos constituyeron una legión muy estimada en el siglo XIX y hasta en el primer tercio del XX –tardorromanticos, los llamaba Francisco Ayala-, por su decisiva contribución a la forja de las naciones y en muchas de ellas recibieron de las autoridades coronas de laureles y homenajes patrióticos, además de sabroso estipendios.

Pero leer hoy las mismas ensoñaciones solo puede suscitar, en el caso de Cataluña, una exclamación: ¡Ay, si Vicens Vives levantara la cabeza! ¿Por qué? Primero, porque quien tales cosas escribe recurre al alto magisterio de Vicens como prueba de legitimidad de origen de sus desatinos; y además, o sobre todo, porque la primera batalla historiográfica librada por Vicens, con apenas 25 años de edad, fue contra Antoni Rovira i Virgili cuando respondió a la acusación de que en sus primeros trabajos publicados no había mostrado “sensibilitat catalanesca”, diciéndole: “Si he prescindit de l’esperit nacional en analitzar el regnat de Ferran II és perquè a la documentació de l’època no hi ha res que ens revelés un estat de consciència nacional”. No tenía otro motivo mi evocación de Vicens al leer, escrito por Fontana, que la identidad catalana se remonta al arcano de los tiempos y que Cataluña fue el primer estado nación moderno de Europa. O sea, lo propio del nacionalismo romántico, un tipo de historiografía que Jaume Vicens volvió a someter a crítica en enero de 1960, último año de su vida, cuando escribió que la “coacción romántica” seguía planeando sobre “les produccions dels nostres més eminents historiadors, algun dels quals arribá a confondre història romàntica amb història nacional”. Este es el mismo Vicens que poco más de tres años antes, en diciembre de 1956, había dirigido a la Juventut de Catalunya una especie de manifiesto-llamada en el que, entre otras cosas de la misma enjundia, afirmaba que “el separatisme és una actitud de ressentiment col.lectiu incompatible amb tota missió universal”.

Y por lo demás, los insultos, sazonados por los miserables juicios de intención que Borja de Riquer atribuye a quienes han recordado a Jaume Vicens Vives con ocasión del último libro de Josep Fontana, son tan despreciables que no merecen respuesta.
                                                                                                                                                      Santos Juliá

Santos Juliá
Domingo, 27 de Septiembre 2015 13:51

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Editado por
Santos Juliá
Eduardo Martínez de la Fe
Santos Juliá es catedrático del Departamento de Historia social y del pensamiento politico en la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Durante las últimas décadas ha publicado numerosos trabajos de historia política, social y cultural de España en el siglo XX: República y guerra civil, socialismo, Madrid, intelectuales, Azaña, franquismo, transición y cuestiones de historiografía han sido los principales campos de su trabajo. Premio Nacional de Historia de España 2005 por su libro Historias de las dos Españas, ha editado recientemente las Obras Completas de Manuel Azaña en siete volúmenes y ha publicado Vida y tiempo de Manuel Azaña, 1880-1940. Escribe también, desde 1994, comentarios de política española en el diario El País.






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