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El Ministerio de Defensa, a través del INTA, pondrá en órbita mini-satélites para participar en el control del cambio climático. De esta forma España dispondrá de herramientas espaciales para poder observar la incidencia del cambio climático en nuestro territorio.


El Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial ‘Esteban Terradas’ (INTA: http://www.inta.es/WEB/INTA/es/quienes-somos/), siendo el Organismo Público de Investigación (OPI), dependiente de la Secretaría de Estado de Defensa, y especializado en tecnología aeroespacial, ha iniciado la puesta en marcha de un programa de observación de la Tierra, con tres misiones de observación diferenciadas, para monitorizar los pantanos, y hacer mediciones atmosféricas.
Ya en febrero de 2018 puso en órbita un satélite de observación militar: PAZ (http://www.inta.es/WEB/paz-ciencia/en/).
Actualmente, el nuevo proyecto es lanzar al espacio constelaciones de varios mini-satélites, de un menor tamaño, que orbitarán a menor altura, y que tendrán aplicaciones de apoyo a la lucha contra el cambio climático.
 
ANSER, Advances Nanosatellites Systems for Earth observation Research, será la primera misión de observación y control de nuestro territorio, dentro del programa de Constelaciones de Pequeños Satélites que ha sido iniciado.
Dichos satélites no tendrán necesariamente, una misión, militar, pues servirán para vigilar y fiscalizar la calidad de las aguas continentales en la Península Ibérica, concretamente el agua de los embalses y pantanos de la España peninsular.
Consistirá en un equipo de cuatro satélites, un líder y tres seguidores, que operarán en distancias cercanas, con una separación máxima entre ellos de diez kilómetros, lo que se denomina Control de Vuelo en Formación.
Pero esta misión piloto, permitirá también adquirir más experiencia en la utilización de estas nuevas tecnologías de vigilancia aeroespacial, con el menor coste posible, y creando un Centro de Misión específico para el control y operación de una constelación de nano-satélites.
 
Se espera disponer de la misión ANSER de monitorización de embalses para 2021, y dos años después se iniciará el lanzamiento al espacio de la segunda misión: ANSAT.
Esta otra misión, a partir de 2023, operará otra constelación de pequeños satélites para la observación de la atmosfera, y realizar mediciones de gases atmosféricos, asociados al estudio de la calidad del aire, cambio climático y ozono polar.
 
Por último, la misión ANSAR, consistirá en la implementación de un Sistema de Observación SAR (Radar de Apertura Sintética) en una plataforma distribuida.
Estas plataformas, son satélites de reducido coste y dimensión, con un peso por debajo de los 10 kilogramos, que actualmente son objeto de experimentación en universidades e institutos tecnológicos, y que se están convirtiendo en una verdadera alternativa, a las tradicionales grandes misiones de satélites. Además, permiten reducir de forma drástica los tiempos y costes de desarrollo asociados a los sistemas espaciales.
 
Estos proyectos se basan en la utilización de una “constelación” de mini-satélites de pequeño tamaño, que operarían de forma coordinada, distribuyéndose las zonas de la superficie terrestre que cubren, como si fuesen un solo elemento espacial.
Inicialmente se utilizaran plataformas de sólo tres kilogramos de masa, en las que es difícil instalar un sistema de propulsión a bordo. Se intentará aprovechar la leve resistencia aerodinámica que existe en órbitas por debajo de 500 kilómetros, para mantener el control del vuelo en formación, con un reducido coste de explotación.
No obstante, se estima que los satélites posicionados en alturas iniciales por debajo de 500 kilómetros tienen como límite de duración tres años, y si llegan a orbitar por encima de 650 kilómetros, se convierten en basura espacial permanente si no disponen de un sistema de propulsión que lo precipite a tierra al final de su vida útil.
 
Posiblemente, el cambio climático constituye hoy el mayor reto medioambiental a la que se enfrenta la humanidad, por lo que conocer estos nuevos proyectos tecnológicos aeroespaciales, pueden generarnos cierto optimismo.
Otras agencias espaciales, como NASA han desarrollado ya numerosos proyectos en este ámbito. La NASA, en concreto, cuenta con más de una docena de satélites estudiando la Tierra, incluso ofrece un portal específico sobre el cambio climático:
https://climate.nasa.gov/
 
 

Gabriel Barceló
21/06/2019


Noticias de Ingeniería


El lunes 14 de enero de 2019, el Instituto de la Ingeniería de España convocó una jornada en homenaje a María Teresa Estevan Bolea, con ocasión de haber sido galardonada con EL PREMIO MUNDIAL DE INGENIERÍA, de la Federación Mundial de Organizaciones de Ingenieros.


La Federación Mundial de Organizaciones de Ingenieros (FMOI o WFEO), fue fundada bajo los auspicios de la UNESCO en 1968, por un grupo de organizaciones de ingeniería de todo el mundo. Es una organización internacional no gubernamental, en la que participan organizaciones de ingeniería de 90 países, representando a unos 15 millones de ingenieros de todo el mundo. La FMOI ha tenido dos Presidentes españoles, miembros del IIE: José Medem Sanjuán y Mª Jesús Prieto Laffargue.
Con ocasión de su cincuenta aniversario, la FMOI convocó un congreso: el Global Engineering Congress, y en la sede de la Institution of Civil Engineers de Londres, el 22 de octubre de 2017 se hizo entrega del galardón WFEO GREE WOMEN IN ENGINEERING AWARD, concedido por la Federación Mundial de Organizaciones de Ingenieros, a la Ingeniera Industrial Española Maria-Teresa Estevan Bolea.
En el acto de entrega del galardón, el Presidente del Comité de Adjudicación, el Ingeniero Eléctrico nigeriano Mr. Mustafa B. Shehu, destacó que, entre las 20 candidaturas mundiales que concursaron a esta primera edición del premio, se había adjudicado el premio a la ingeniera española María Teresa Estevan.
 
En el acto celebrado el 14 de enero, el presidente del Instituto de la Ingeniería de España, Carlos del Álamo, recordó el reconocimiento internacional que supone ese premio mundial, a toda una vida de constante y duro trabajo.
Tras esas palabras de orgullo compartido y elogio, la homenajeada agradeció el reconocimiento que le otorgaba este premio, destacando que en su opinión, era una distinción para toda la Ingeniería Española, para todos aquellos ingenieros e ingenieras que gracias a su esfuerzo, trabajo y dedicación, han conseguido situar a la ingeniería española en la vanguardia mundial. También tuvo palabras de agradecimiento expresas para todos los que habían participado en su candidatura, destacando que la ingeniería española está muy bien valorada y posicionada a nivel mundial, gracias al esfuerzo, al trabajo y la constancia de todos los que cada día trabajamos por conseguir un mundo mejor mediante la ingeniería.
A continuación, la galardonada hizo una amplia exposición de los problemas medioambientales y energéticos con los que se enfrenta las sociedades. En relación con el cambio climático, destaco dos factores a tener en cuenta: la acción humana con emisiones constantes de CO2, pero también expresó que no pueden olvidarse también los desastres por cusas naturales.
Recordó la importancia del carbón y de la energía nuclear, considerando a esta como la más limpia, más segura y más barata. Para finalizar, quiso resaltar la dificultad que tienen las mujeres para alcanzar puestos directivos, afirmando que: …las mujeres tienen que trabajar tres veces más que los hombres y no pueden cometer ni un solo fallo. Felicitando a sus compañeras ingenieras presentes en el acto, al haber conseguido superar esas dificultades en su vida profesional.
 
 
Breve Biografía
 
María Teresa Estevan Bolea es Ingeniera Industrial por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Barcelona (1968), y Diplomada en Alta Especialización en Soldadura e Ingeniería Ambiental. Pertenece al Cuerpo de Ingenieros Industriales del Estado por ingreso mediante oposición. Ha trabajado en empresas de Ingeniería, de Construcción y de Montaje de fábricas de Cemento, Plantas Químicas, Refinerías, Centrales Térmicas, Oleoductos y Gasoductos.
2001-2006 Presidenta del Consejo de Seguridad Nuclear.
2000-2001 Consejera de la Comisión Nacional de Energía.
1999-2000 Presidenta del Consejo Superior de Industria y Energía. Ministerio de Industria y Energía.
1994-1999 Diputada del Parlamento Europeo. Miembro y Portavoz de las Comisiones de Energía, Investigación y Desarrollo Tecnológico, y Medio Ambiente.
1987-1993 Diputada por Madrid en el Congreso de los Diputados, durante dos legislaturas y miembro de la Comisión Mixta Congreso-Senado para la Igualdad de Oportunidades de la Mujer.
1983-1987 Ingeniera Jefe del Gabinete de Estudios del Consejo Superior del Ministerio de Industria y Energía.
1977-1982 Directora General del Medio Ambiente y Secretaria General de la Comisión Interministerial del Medio Ambiente, en el MOPU (1979- 1982) y Subdirectora General en el MOPU (1977-1978).
1976-1977 Coordinadora en el CIFCA.
1968-1975 Ha trabajado en la Dirección General de la Energía: Secciones de Hidrocarburos, Gas y Subdirección de Planificación Energética del Ministerio de Industria y Energía, y en la Secretaría General Técnica, Subdirección de Contaminación Industrial del Ministerio de Industria y Energía.
1962-2000 Directora Técnica de Proyectos, Inspecciones y Construcciones Metálicas, S.A. (1962-1967); Directora General de SITESA INGENIEROS, S.A. (1990-2000) y Consejera-Delegada de ECO CONSULT, Ingeniería del Medio Ambiente, S.A. (1988-1990). Directora de los Planes de Saneamiento Atmosférico de Madrid, Bilbao, Huelva y Avilés y del Inventario Nacional y Plan Director de Plantas Depuradoras de aguas residuales y municipales.
Ha sido autora de numerosas publicaciones relacionadas con el Medio Ambiente y con la Energía, Envase y Embalaje y Calderería.
Profesora en cursos de post-grado en materias medioambientales y de Energía en diversas Universidades e Instituciones españolas e iberoamericanas.
Es Miembro del Capítulo Español del Club de Roma, del Comité Español del Consejo Mundial de la Energía, del Colegio de Ingenieros de Madrid, de la que fue Decana (2013-2016), de la Asociación de Ingenieros Industriales de Madrid, de la que fue vocal de la Asociación (2010-2014), de la Fundación Europea de la Energía, del Foro de la Industria Nuclear, de ATEMA, Fundación Joaquín Costa, Fundación Cánovas del Castillo, FUNDES, Fundación Europea de la Energía y otras Instituciones.
 
María Teresa Estevan Bolea fue la tercera mujer en obtener el título de Ingeniera Industrial en España, en 1968, y la primera mujer en ingresar por oposición en el Cuerpo de Ingenieros Industriales del Estado.
El Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid en 2007 le otorgó la Mención Honorífica a su Trayectoria Profesional. Es gran amante de la música clásica, y confiesa que dedica gran parte de su tiempo a impartir clases de Matemáticas, Física y Química a sus nietos.
Más información puede encontrarse en:
https://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Teresa_Estevan_Bolea
 
 
Publicaciones
 
Además de publicar numerosos artículos, ponencias y estudios, ha editado los siguientes libros:
  • Aspectos [e] instrumentos económicos de la gestión ambiental. Master en gestión ambiental. Editor Instituto de Investigaciones Ecológicas, 38 pp. 1993.
  • Implicaciones económicas de la protección ambiental de la CEE: repercusiones en España. Volumen 9 de Informes del Instituto de Estudios de Prospectiva. 2ª edición ilustrada de Secretaría de Estado de Economía, Ministerio de Economía y Hacienda, 538 pp. 1991.
  • Evaluación del impacto ambiental. Editor MAPFRE, 609 pp. ISBN 8471001381; 1984.
  • Impacto ambiental de centrales nucleares. Volumen 6 de Cuadernos del Centro Internacional de Formación en Ciencias Ambientales (España). Editor CIFCA, 123 pp. 1978.
  • Las evaluaciones de impacto ambiental. Volumen 2 de Cuadernos del Centro Internacional de Formación en Ciencias Ambientales, Centro Internacional de Formación en Ciencias Ambientales. 2ª edición de CIFCA, 100 pp. 1977.
  • El medio ambiente y el sector forestal: (tiempo de actuar). Comisiones de Estudio de Alianza Popular. Editor Publicaciones de Alianza Popular, 270 pp. Coautora con Joaquín Siso Cruellas. 1984.
 
En una profesión, como es la ingeniería, en la que escasean las vocaciones femeninas, el hecho de que a nivel mundial, nuestra compañera María Teresa Estevan Bolea, haya sido galardonada con EL PREMIO MUNDIAL DE INGENIERÍA, de la Federación Mundial de Organizaciones de Ingenieros en 2018, es un honor y una satisfacción para la ingeniería y para todos los españoles.

María Teresa Estevan Bolea, recibe el PREMIO MUNDIAL DE INGENIERÍA, de la Federación Mundial de Organizaciones de Ingenieros en Londres.
María Teresa Estevan Bolea, recibe el PREMIO MUNDIAL DE INGENIERÍA, de la Federación Mundial de Organizaciones de Ingenieros en Londres.

Gabriel Barceló
27/01/2019


Noticias de Ingeniería


La incorporación de España a la Comunidad Europea, pero especialmente, la reciente crisis económica y financiera, ha tenido un impacto muy negativo en el sector industrial, originando la desaparición de industrias y sectores que, lamentablemente, nunca regresarán a su situación anterior e, incluso en algún caso, podrían llegar a desaparecer.


Esta dinámica puede generar desasosiego y preocupación, pero no es comparable a la situación económica de la España de los años cincuenta. En aquel momento, comparativamente, no salíamos de una crisis, si no que estábamos inmersos y sumidos en un estado de subdesarrollo y pobreza.
Para los nuevos ingenieros que habían terminado su formación en los años sesenta del pasado siglo, las opciones de introducirse en un mundo industrial, en el que podrían participar y desarrollar su futuro, generaba anhelos e ilusiones de juventud.
Pensábamos en aquel momento en que tendríamos oportunidades de acción, en puestos de trabajo en los que nuestra responsabilidad se pudiera manifestar, con la capacidad de administrar y gestionar recursos, de producir y de vender esos productos, en un mercado competitivo, de un país todavía entonces, marcadamente agrícola y en desarrollo económico.
Actualmente, la incidencia de la crisis en los diferentes sectores productivos ha sido muy variable. Pero en la etapa anterior de bonanza, la construcción y las obras públicas, con la industria de sus productos afines, y los servicios, especialmente ligados al turismo o al ocio, habían venido desplazando a la industria convencional, que para mantener su posición competitiva, requería de un continuo proceso de mejora, formación, promoción comercial, investigación y desarrollo.
Por lo que, tras la crisis económica de 2008 a 2014, la incidencia de la industria en el PIB apenas llega al 15%, y son muchas las voces que proclaman como, de nuevo, es necesaria la puesta en marcha de medidas para una urgente reindustrialización del país.
El preámbulo de la referida Ley de 20 de julio de 1957, a la que nos hemos referido en textos anteriores, sobre ordenación de las enseñanzas técnicas expresaba: Un amplio programa de industrializacıón, y una adecuada ordenación económica y social, sitúan a nuestro país en una excepcional coyuntura de evolución y progreso y exigen, para su realización, el concurso de aquel número de técnicos dotados de la sólida formación profesional que el ejercicio de la moderna tecnología requiere.
Existía una clara convicción, en los años cincuenta del pasado siglo, de la necesidad de modernizar España por la vía de su industrialización, para lo que eran necesarios más ingenieros, y por tanto, un nuevo método de selección y formación de estos nuevos ingenieros.
Si el rol del ingeniero estaba valorizado en la sociedad española, esta nueva Ley inducia a pensar que esta profesión tendría muchas oportunidades laborales, y también, sociales.
 
OPORTUNIDADES DE TRABAJO
Nos proponemos realizar una descripción de las actividades individuales realizadas por los ingenieros de aquellas promociones del Plan 57, en los últimos cincuenta años. No vamos a seguir una metodología concreta, ni métodos definidos, sino una simple narrativa de experiencias.
Aunque la antropología es una ciencia que estudia al hombre en la sociedad, con un determinado entorno cultural, recordando a Ortega, es él y su circunstancia, por lo que no puede evitar ser el resultado de ambas. No intentaremos aquí un desarrollo científico de los distintos modos de adaptación y comportamiento social del ingeniero ante el mercado laboral, pero si recordar las oportunidades existentes en aquellos años.
La Praxeología es la unidad mínima de análisis del estudio de la estructura lógica de la actividad humana (praxis), mediante métodos como el individualismo metodológico y principios, como por ejemplo, suponer que el hombre es un ser de racionalidad perfecta, obteniendo, en consecuencia supuestos razonamientos elementales sobre ese comportamiento, que permiten analizar el proceso de la acción humana.
Por ejemplo, una aplicación de esta teoría, son las apreciaciones y aspiraciones del consumidor, quien actuaría conforme a sus necesidades, desagrados, y a su propia escala de valores. Combinando y entrelazando estas excitaciones, y las escalas de valores de todos los individuos de un mercado concreto, se generaría una pauta para conocer el comportamiento humano de la oferta y la demanda de ese mercado, incluso en el ámbito laboral.
Las instituciones, son las organizaciones sociales estables que enmarcan la actividad humana. En el caso de la ingeniería, han sido los Colegios profesionales y las Asociaciones quienes han representado a estas profesiones. No obstante, el devenir diario de los ingenieros se realiza gracias a otras instituciones que les facilitan los posibles recursos necesarios que ponen a su disposición. Estos recursos, materiales e intelectuales, han sido adquiridos, o se han venido produciendo previamente, a lo largo de los procesos de enfrentamiento a situaciones problemáticas, y en un marco de recursos escasos, hasta permitir afrontarlos y resolverlos con regularidad y eficacia.
 
Empleado público
La Administración Pública, en cualquiera de sus ámbitos, incluso en la enseñanza, ha sido una garantía de estabilidad para el empleado. En el caso de los ingenieros adscritos a la Administración, lógicamente los puestos son del mejor nivel laboral.
Pero el ser empleado público conlleva una serie de particularidades, que con el tiempo se han ido fortaleciendo, haciendo que estos trabajos se diferencien claramente de los de los empleados de una empresa privada.
Se ha sugerido que la Administración debe parecerse lo más posible a una empresa privada; lo cual es imposible por mucho interés que tenga el legislador, y por muchos intentos que haga el político de turno. En cualquier caso, quien prevalece en el tiempo es el funcionario, el político puede cambiar con cada legislatura o, incluso antes. Por ejemplo, se ha sugerido que:
1.     Que los sueldos de los funcionarios estén equiparados a los de la empresa privada. La realidad es que la evolución del mercado laboral no coincide con los niveles de retribución de la Administración Publica, generalmente deficitaria, pero en estos casos el empleado público sabe compensar esa diferencia.
 
2. Una mejor organización del trabajo administrativo, con cometidos claros y concretos.
 
3. Una reducción de la burocracia y eliminación de puestos de trabajo no claramente productivos. Pero los puestos de la administración no resultan de una necesidad productiva, normalmente se requieren por mandato legal, que obliga a la referida administración a realizar determinadas funciones que no pueden evaluarse por un valor añadido o una producción concreta
 
4. El sistema de acceso a la función administrativa es difícil de evaluar. En los últimos siglos se ha llegado al convencimiento de que el concurso-oposición es el sistema menos malo. En este procedimiento selectivo, varias personas concurren para ocupar una misma plaza, y un jurado independiente selecciona y decide, pudiendo evitar el nepotismo. Han sido ensayados otros sistemas, evitando costes adicionales a la administración, sin resultados evidentes.
 
5. Absentismo. En lo que muy poco se ha adelantado es en un sistema riguroso para impedir el absentismo o la falta de productividad del empleado público. En este asunto, los funcionarios siempre se han comportado como un sindicato celoso de sus derechos.
No deberían existir garantías de que el derecho a un puesto de trabajo sea vitalicio en la administración; incluso protocolos definidos de la perdida de la condición de empleado público, simplemente por no disponer de los niveles suficientes de resultados, por falta de productividad, por no asistencia o por incumplimiento de objetivos. Pero, incluso esta opción, ha sido imposible de aplicar en la práctica,
 
6. Otra cuestión es la carrera personal del funcionario. En los antiguos cuerpos se definían escalas con derechos diferenciados, y los ascensos se producían automáticamente por antigüedad. En el caso de los Notarios, caso muy específico e interesante, desde hace muchos años, existía una opción alternativa de examen u oposición para acceder a vacantes por la vía de oposiciones restringidas.  
Es impracticable un procedimiento que permita el ascenso como premio arbitrario o que pierda su nivel mediante un simple expediente. En la carrera judicial se han regulado estos procedimientos, pero con un carácter extraordinario, y en ciertos casos, han sido aplicados indebidamente por razones políticas.
Es para todos un deseo el conseguir una Administración profesionalizada, pero la función pública española, aunque muchos no lo crean, es merecedora de nuestro agradecimiento, y de un nivel de seriedad y eficacia encomiable, preferentemente gracias a su sentido de la honestidad personal.
Muchas veces, las críticas se deben más a un claro desconocimiento de la función del empleado público, y de las características y peculiaridades de esa función. El hecho es que con la crisis se ha exigido la necesaria reforma de la Administración, pero poco se ha realizado y poco se ha cambiado, a pesar de que estábamos en una clara situación de crisis.
 


Gabriel Barceló
21/12/2018


Vamos a continuar con la crónica de la promoción 108 de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid. Terminamos los estudios en 1964, siendo la primera promoción del Plan 57, por lo que cumplimos nuestro cincuenta aniversario como ingenieros en 2.014.


 
Aunque el preámbulo de la Ley de 20 de julio de 1957, sobre ordenación de las enseñanzas técnicas, por la que fue aprobado El Plan 57 de selección y acceso a las escuelas de ingeniería, establecía que: Ello obliga a revisar la organización y los métodos de enseñanza, con el fin de lograr que un número mayor de técnicos pueda incorporarse en plazo breve a sus puestos de trabajo, para rendir allí el máximo esfuerzo para el bien común.
El hecho es que los programas lectivos en la Escuela no variaron sustancialmente, y los mismos profesores daban las mismas asignaturas a las dos promociones que simultáneamente cursábamos la carrera de ingeniero. Lo único que realmente había cambiado en aquel curso, fue el sistema de acceso a la escuela de ingeniería.
Como anécdota, y en prueba de lo expresado, podemos recordar que un catedrático, nos comunicó, tras un examen parcial, que había suspendido a toda la clase, menos a un alumno, por lo que era un aviso por nuestra falta de interés en la asignatura, que tendría muy en cuenta para el examen final….
Pidió la palabra un compañero, que solicitó al profesor nos indicase cual era la pregunta que todos, menos uno, habíamos fallado, a lo que este contesto, leyendo un pequeño párrafo de su libro de texto, e indicando que esa respuesta, que era la única correcta, estaba en la página tal de su libro, aunque solo la había dado correctamente el compañero no suspendido. Recordó además, que ya a principio de curso había expresado que no aprobaría quien no respondiese conforme a su libro, que era esencial adquirirlo para aprobar esa asignatura. Otro compañero se levantó, y le expreso al profesor que ese párrafo que había leído no se encontraba escrito en la página que había indicado, de su libro, que todos y cada uno de nosotros habíamos comprado y estudiado. El profesor, confuso, dijo que eso no podía ser, ya que había podido aprobar a un alumno, que tenía la contestación correcta. El alumno aprobado, después de ver su texto, comento que en su libro, si estaba redactado el párrafo, conforme a como lo había leído el profesor. La cuestión era extraña, pues en los demás libros se podía comprobar que no existía tal respuesta. La cuestión planteada se resolvió cuando el compañero aprobado se levantó, y confesó que él no había comprado el libro, que había utilizado un ejemplar de un primo suyo: ¡que había cursado esa asignatura tres años antes!
Quedó confirmado que en la edición que habíamos comprado, por error ese párrafo había sido omitido. Las notas de este examen fueron anuladas, quedando constatado también que el profesor no había revisado las galeradas de la reedición de su libro, que habíamos adquirido, y que el programa lectivo no había sido modificado, a pesar de la intención de la nueva ley.
El preámbulo de la referida ley seguía expresando que Una estructura concebida para el mejor aprovechamiento del valioso potencial humano, que aspire a participar en esta importante tarea y con la suficiente flexibilidad, para que pueda adaptarse a la rápida e incesante evolución de la técnica, constituye uno de los propósitos de esta Ley.
No obstante, la estructura administrativa no varió, aunque alguno nuevos profesores, como D: Juan José Scala en Mecánica, habían desarrollado nuevos programas lectivos concebidos para este nuevo periodo. El Catedrático Scala había aprobado la oposición a su cátedra de Mecánica, y en 1960 inicio su primer curso como catedrático. Preparó un programa, en mi opinión  innovador, en que la teoría se acompañaba de múltiples supuestos y problemas matemáticos, con el fin de que no perdiéramos la agilidad de cálculo y raciocinio que el antiguo método de selección inculcaba en los alumnos. De esta forma, quiso aunar las directrices de la Ley, con lo que él entendía eran ventajas del antiguo sistema de selección de ingenieros.
Aunque la nueva Ley establecía La importancia  que debe concederse…a la realización de prácticas en talleres y laboratorios, y en la necesidad· de intensificar la formación cultural y humana de quienes, por imperativo de su profesión, habrán de ejercer a menudo funciones rectoras en amplios sectores sociales. El hecho es que en la carrera tuvimos muy pocas clase de prácticas y talleres, la enseñanza seguía siendo teórica, salvo el dibujo. En los dos primeros cursos, por supuesto no hubo ninguna práctica, y posteriormente, en la carrera, existían clases prácticas, por ejemplo, de estadística o matemáticas.
Analizar el contenido de las materias impartidas en un plan de estudios, o incluso, la tasa de conocimientos matemáticos en contextos de ingeniería, es muy complejo pues exige una gran cantidad de conocimientos conexos, pero resulta un objetivo deseable si se desea adaptar la formación del ingeniero a las necesidades de una práctica profesional que evoluciona de forma vertiginosa.
 
La formación como acceso social
Durante casi ochocientos años, desde que existen las universidades, se ha dado por supuesto que el estudio de una carrera universitaria al término de la pubertad, era una requisito para poder acceder a posiciones de liderazgo o de mejores condiciones sociales y económicas, en definitiva, para situarte en la vida.
En una sociedad basada en la disposición generalizada de riqueza y recursos, pero con grandes tasas de paro, parece que esta ecuación ya no se cumple, y el disponer de uno o varios títulos académicos no es garantía de un puesto de trabajo o de un estatus social concreto.
En muchos casos, el estudiante concibe hoy al mundo universitario como un simple expedidor de títulos, pero no como el lugar donde puede formarse y adquirir   conocimientos. Es bien cierto que en un mundo globalizado y con Internet, la adquisición de conocimientos sobre los procedimientos y procesos industriales puede plantearse mediante otras muchas opciones, y no digamos en el caso de ciencias puras y matemáticas.
Pero como en otras actividades humanas, aceptamos la presunción de que un programa académico es una selección institucional de los conocimientos necesarios, y también que su interpretación por un profesor seleccionado por esa institución, nos aportara los conocimientos y usos necesarios que necesitaremos en nuestra actividad profesional. Incluso cuando, en muchos casos son impartidos mediante una vía coactiva o hasta disciplinaria. El alumno asume que el profesor es su prescriptor, sin poder valorar si este procedimiento será realmente valido en su vida profesional, o incluso, sin poder constatar que las soluciones virtuales que le propone el profesor son, realmente, las herramientas futuras de su trabajo personal.
No obstante, la preparación adquirida en unos estudios universitarios no solamente no es perjudicial, sino que, constituye una fuerte base para afrontar el devenir de la vida y conseguir con mejor éxito, cualquier tarea que se quiera emprender, incluso aunque a veces, esa formación reglada no nos parezca la más idónea o la más deseada.
Desde una perspectiva amplia, el dedicar cinco o seis años de la juventud a realizar unos estudios regulados y metódicos no puede ser perjudicial para el futuro. Por tanto, tiene plenamente  sentido el gran esfuerzo que, sin duda, tiene que realizar el joven estudiante, para finalizar su carrera universitaria. Incluso en esta época, en que se escuchan comentarios, como que ‹‹La universidad es una fábrica de parados››, o que tras la carrera, se tiene que presentar uno a oposiciones de guardias municipales para obtener un puesto de trabajo, el estudiar nunca será un perjuicio, y si un mérito, aunque cada vez, ese esfuerzo tenga menos reconocimiento.
Son muchas veces reales las críticas a la enseñanza reglada y a la mala preparación que pueden llegar a adquirir los estudiantes. Todo es susceptible de crítica y de mejora. Pero esa crítica no debe suponer el no abordar los retos personales adquiridos, o abandonar los estudios.
Aquellos que dispongan de un proyecto muy concreto, pueden iniciar su actividad emprendedora sin esperar a este paréntesis de estudios iniciales. También pueden existir otros cuyas características personales les impida acceder a las aulas, o consideren que es una pérdida de tiempo.
Pero en un país en que la enseñanza está subvencionada por el estado, y que el precio o tasa de obtener un título académico, no corresponde al verdadero coste de esa formación, es irracional el perder esta oportunidad. Mientras la enseñanza universitaria, apoyada además en becas y sistemas de acceso, tenga los costes actuales para el alumno, el perder ese derecho no tiene sentido.
Además, el estudio, como tantas otras características de la condición humana, puede llegar a ser un hábito, por lo que ir superando cotas de conocimiento, sin gran esfuerzo, o incluso disfrutando de ese estudio, puede ser fácil a la larga. Es muy difícil, casi imposible, llegar a ser asesor, consultor o prescriptor en una materia, si no se han realizado previamente los estudios correspondientes. Muchas personas, y no solo las cabezas privilegiadas, pueden llegar a ser líderes en algún campo del saber, con perseverancia y continuidad, fundamentalmente por haber pasado por la universidad.
 
Matemáticas en la formación
En todas las carreras de ingeniería, en todos los países, las matemáticas han constituido la pieza clave en la selección y en la formación de futuros ingenieros dese las primeras escuelas, como es el caso de la Escuela Politécnica francesa en 1794.
En España, hubo un modelo, aplicado por los arquitectos que exigía como acceso previo a su carrera, el disponer del título de la facultad de matemáticas.
En los primeros modelos de formación en ingeniería se buscaba el ideal enciclopedista, con una posible alianza entre las ciencias puras y las aplicadas, pero dando un peso disuasorio a la incapacidad del alumno en la resolución de problemas matemáticos. No obstante, la organización del saber que debe ser impartido en una carrera y su contenido concreto, es un tema controvertido y de constante discusión.
Por ello, esos modelos iniciales fueron evolucionando en favor de un aprendizaje de tecnologías concretas, del desarrollo del análisis matemático y su implementación en varias disciplinas de ciencias aplicadas, y en el estudio y desarrollo de programas computacionales y el cálculo computacional. Por tanto, se ha mantenido el requerimiento de unos fundados conocimientos matemáticos.
Pero, simultáneamente, la evolución de la tecnología ha exigido el aumento de especializaciones ingenieriles, la ampliación de los campos científicos, incluso de las matemáticas.
Puede hacerse la consideración a este respecto que los abogados, a pesar de una evolución equivalente en su especialización profesional, han mantenido una única carrera de derecho, y no han tenido la ingenuidad de trocearla a nivel académico, manteniendo así una posición diferenciada en la sociedad.
Todo ello unido al incremento del número de estudiantes que ingresan en las carreras de ingeniería, que pudiera entenderse que exigen esa especialización, y si cabe, una simplificación de su formación, como por ejemplo, una reducción del contenido en matemáticas, o la sustitución de esta por la incorporación de la tecnología informática, como herramienta para el ingeniero. Evidentemente la reducción de las ambiciones matemáticas permite una más fácil generalización de la carrera y una más fácil adaptación de los estudiantes a esta formación. Simultáneamente, la utilización de programas computacionales, sin ser requerido su análisis, permite concebir unos ingenieros prácticos, sin fundamentos científicos, que puedan enfrentarse a las tareas requeridas en la práctica.
No obstante, en España las escuelas de ingeniería no han querido prescindir de una formación científica y rigurosa para los ingenieros superiores, reservando a los ingenieros técnicos esas capacidades prácticas.
Incluso se ha llegado a comentar que la pérdida del nivel tecnológico de la Gran Bretaña fue debida a una laxitud en la formación de los ingenieros, que en un momento dado decidieron reforzar sus conocimientos con disciplinas humanistas, en detrimento de las matemáticas, las ciencia o la tecnología. Un ejemplo es la industria del automóvil, que siendo los británicos líderes en sus comienzos, actualmente han perdido gran parte de su capacidad creativa e industrial en este sector.
Los ingenieros calculistas usan la computadora para diseñar, construir y controlar los cálculos necesarios para construir puentes, carreteras, plantas químicas etc. Pero tiene que haber otros ingenieros que sean los que conciben y desarrollan esos programas, y para ello necesitan, además de saber programar, conocer la complejidad del análisis previo a la programación, la tecnología, e incluso las fuentes científicas de las que se nutre esa tecnología.
La formación matemática de los ingenieros evoluciona constantemente, en la medida que también cambian las propias matemáticas, sus modelos y el cálculo computacional y, en conexión estrecha con la evolución de las tecnologías. Que hoy día adelantan que es una barbaridad…
Es un reto definir la formación requerida para dotar de las herramientas necesarias a los futuros ingenieros, incluso de conocimientos científicos y tecnológicos, o de la compresión matemática necesaria.
 
Uso de ordenadores
La tecnología ha sido considerada como un instrumento simplificador de necesidades matemáticas en la formación, o incluso una herramienta que economiza las necesidades de compresión matemática del futuro ingeniero.
El uso que hace el estudiante de herramientas matemáticas, como formulas, ábacos, conocimientos empíricos, maquetas, etc. se ha venido construyendo en base a una experiencia colectiva acumulada durante siglos, pero acelerada en los últimos cincuenta años.
En nuestros años de formación, además de las ecuaciones de la teoría y de los libros, solo disponíamos habitualmente de la regla de cálculo. Este era un instrumento de cálculo habitual en la ingeniería, equivalente a una computadora analógica, y basada en el cálculo logarítmico. Su origen es incierto, ya que se trata de un instrumento que se ha ido perfeccionando con el tiempo, y aunque en su historia se hace constante referencia a autores anglosajones, creo que debe recordarse al matemático portugués Pedro Nunes, o Petrus Nonius (Alcácer do Sal, Portugal, 1492 – Coímbra, 1577), pues fue quien en 1514 inventó el nonio, un dispositivo que permitía medir fracciones de una escala, mediante otra escala auxiliar. Posteriormente, el matemático francés Pierre Vernier (Ornans, 1580 – ibídem, 1637), desarrollo una escala más perfeccionada para medir longitudes con mejor precisión.
Hasta la introducción de los ordenadores para el cálculo tecnológico, y científico, fue la regla de cálculo la herramienta universalmente utilizada por los ingenieros. En los cursos de la escuela, nuestra promoción pudo acceder a cursos de programación de ordenadores en diversos lenguajes, empezando siempre con el álgebra de Boole y el lenguaje máquina. Pero estos cursos eran realmente teóricos, pues en aquellos años no se disponía todavía de ordenadores, ni del posible acceso a los mismos.
 
 
 

Gabriel Barceló
08/12/2018


En el años 2014, la promoción 108 de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid, cumplimos nuestro cincuenta aniversario como ingenieros. En aquel momento, tuve el atrevimiento de proponer redactar entre todos, una OBRA COLECTIVA DE LA PROMOCION 108 del PLAN 57 DE LA ETSII DE MADRID: 50 AÑOS de INGENIERÍA IDUSTRIAL en ESPAÑA. 1964-2014. Solo recibí el apoyo de mi compañero Joaquín del Castillo, por lo que la idea no prosperó. No obstante, preparamos un índice para este proyecto de crónica, y yo redacté diversos textos que hoy transcribo.



 
INTRODUCCIÓN
Antes de que el curso del tiempo debilite nuestros recuerdos, quiero evocar aquí hechos, anécdotas y experiencias profesionales de una promoción de ingenieros industriales, con más de cincuenta años de dedicación a España. Hemos sido testigos y partícipes del periodo de industrialización y crecimiento económico más largo y dinámico de nuestra historia, coincidiendo también con una etapa de estabilidad política y de integración en la Comunidad Europea.
En aquel tiempo, en el que los Ingenieros industriales de la promoción 108 del Pan 1957, terminamos nuestros estudios en el año 1964, nos incorporamos, con entusiasmo e ilusión, al mundo del trabajo, para participar en un esfuerzo común de impulso y desarrollo industrial de España. En este periodo trascurrido, de más de cincuenta años, nuestro país pasó, de un atraso secular, a ocupar el décimo puesto mundial, en términos de Producto Interior Bruto. Tras nuestro ingreso en la Unión Europea, nuestro país supo mantenerse, al margen de las crisis coyunturales, en el grupo de naciones más prósperas.
España tiene hoy modernas infraestructuras, trenes de alta velocidad, se encuentra entre las tres primeras industrias automovilísticas de Europa, dispone de un aprovechamiento integral de sus cuencas hidrográficas, al que se une la incorporación de nuevas tecnologías en producción eléctrica, una industria agroalimentaria moderna, empresas internacionales de la construcción, del refino del petróleo y de servicios. Además recibe al año más de ochenta millones de turistas.
Como estamos orgullosos de haber podido participar en esta tarea nacional, hemos querido también recordar aquí vivencias y experiencias personales en ese empeño común en busca de la prosperidad de nuestro país, y de sus ciudadanos.
Queremos presentar un testimonio colectivo de los ingenieros industriales que terminamos nuestra formación universitaria hace más de cincuenta años, exactamente en 1964, y que constituíamos la Promoción 108, como la primera promoción del Plan Nuevo de 1957, de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid.
El Plan 57, había sido aprobado por la Ley de 20 de julio de 1957 sobre ordenación de las enseñanzas técnicas. La mayoría de nosotros éramos muy jóvenes, habíamos empezando a estudiar el curso selectivo de la carrera en ese año 1957, con diez y siete años. Pero la situación era ciertamente peculiar: Nos matriculábamos en septiembre a ese nuevo curso selectivo, que comenzaría en octubre, sin antecedentes sobre el mismo, y que se fundamentaba en una nueva ley de enseñanza de la ingeniería, todavía sin aplicación práctica ni experiencia académica, sin conocer los planes de estudios lectivos previsibles, ni disponer de amigos, con mejor experiencia, que nos pudieran informar u orientar sobre nuestro futuro académico. Pero era una oportunidad que se nos ofrecía. E incluso algún compañero, con uno o dos años de intentos infructuosos por el plan antiguo, también opto por esta nueva vía de acceso a la formación de Ingeniero Industrial.
Las rápidas y profundas transformaciones del mundo actual, así como la reestructuración de los campos del saber, hacen cada vez más necesario contar con obras de referencia que permitan reflexionar críticamente sobre dichos cambios y disponer de nuevos marcos conceptuales para abordar el futuro de una manera creativa y optimista.
Para un joven estudiante puede ser de interés conocer la experiencia de sus predecesores y saber cómo ha venido evolucionando el marco sectorial y laboral de la ingeniería en estos últimos cincuenta años. Intentaremos volcar aquí nuestras experiencias personales. Este texto es un testimonio de una experiencia colectiva, en un largo periodo de la evolución económica de España.
Analizaremos las características de la formación del ingeniero que se iniciaba con el referido Plan 57, los trazos generales de lo que fue nuestra actividad profesional, incluso lo que llegó a ser nuestra labor diaria en la Administración Pública o privada, en el campo de la actividad científica o en otras actividades conexas con nuestra formación. También se plantean los cambios a que se vio sometida la ingeniería y los ingenieros en su necesaria adaptación a las trasformaciones sociales, económicas y ambientales a lo largo del último siglo.
 
ESPAÑA EN LOS AÑOS CINCUENTA
Los años de nuestra infancia y juventud eran muy diferentes a los actuales. La mayoría habíamos nacido tras la guerra civil, y aunque ninguno la conoció siendo adulto, todos sufrimos sus consecuencias. Tras la guerra civil se creó un nuevo Estado, que intentaba la reconstrucción del país. Era una España oficialmente neutral ante la segunda guerra mundial, pero las penurias diarias y la falta de recursos de un país subdesarrollado se mantenían en aquellos años, en todas las familias.
Tras la terminación de esa nueva guerra, las potencias victoriosas no tenían ninguna predilección por el régimen político español, por lo que quedamos aislados internacionalmente, incluso produciéndose la salida de embajadores de los países victoriosos. Los desastres de las sucesivas guerras, el maquis, los presos políticos, el hambre y el estraperlo fueron las referencias de nuestra niñez. La represión política y un Estado Policial eran los escenarios de nuestra juventud. El fin del cerco internacional se inicia a partir de 1954, pero no es hasta la visita del presidente Eisenhower a Madrid en 1959, cuando se inicia una nueva etapa. La película de Berlanga, Bienvenido Míster Marshall, es una clara caricatura de nuestra vida cotidiana en aquella época.
En aquellos tiempos, en los que como jóvenes, teníamos que elegir nuestro futuro, España era un país agrícola subdesarrollado, con una fuerte población emigrante, por necesidad, escasa de recursos y sin una verdadera industria, salvo excepciones.
 
LA SELECCIÓN PARA PODER SER INGENIERO
Bajo el lema "Saber es hacer" nació en la España de mediados del siglo XIX nuevas disciplinas científico-técnicas, que partían de la necesidad de una adecuada formación, para poder disponer de técnicos cualificados que permitiesen la industrialización del país.
Pero este proyecto nació desde la administración pública, con el fin de disponer de técnicos cualificados que pudiesen dirigir, organizar y participar en los proyectos de modernización de España desde las propias instituciones del Estado.
La carrera de Ingeniero Industrial fue aprobada por un Real Decreto promulgado en Septiembre de 1850, creándose para tal fin el Real Instituto Industrial, con Escuelas para su docencia en Madrid, Barcelona, Gijón, Sevilla, Valencia y Vergara. Pero este proyecto de industrialización fue efímero, pues en 1866 se suprimió el Real Instituto Industrial y se cerraron las escuelas, salvo la de Barcelona, pues continuo gracias a ser subvencionada por su Diputación Provincial. Esto permitió a Cataluña disponer una mejor disposición tecnológica.
Posteriormente fueron creadas nuevas Escuelas Superiores de Ingenieros Industriales en Bilbao primero (1899) y en Madrid (1901) para las enseñanzas profesionales correspondientes: durante muchos años del siglo XX se formaron Ingenieros Industriales únicamente en esas tres Escuelas de Madrid, Barcelona y Bilbao.
En Marzo de 1911, se crea por Real Decreto el Cuerpo Nacional de Ingenieros Industriales, con arreglo a un concepto marcadamente administrativo de la profesión, accediéndose al mismo mediante una oposición. En 1915 es creado el Cuerpo de Ingenieros Industriales al servicio de la Hacienda Pública, que es suprimido en 1977, por integración de sus miembros en el Cuerpo de Inspectores financieros y tributarios, posteriormente Inspectores de Finanzas y que hoy en día es el Cuerpo Superior de Inspectores de Hacienda del Estado.
Para todas las carreras de ingeniería, la cuestión que se planteaba era el determinar un procedimiento de acceso a la profesión que fuese objetivo e idóneo para seleccionar a los aspirantes. Se concibió, para este fin, unos exámenes de ingreso a la escuela superior, basados en supuestos y problemas, con específicos requisitos matemáticos, que tenían que ser resueltos en el referido examen, en un tiempo tasado.
Los aspirantes, normalmente tenían que pasar unos años realizando constantes prácticas con  enunciados de años anteriores, ejercitándose en el difícil arte de resolver problemas de ingeniería matemática. Una vez aprobado en su examen de ingreso, el aspirante accedía a una Escuela especial de ingeniería, con un plan lectivo de cinco o seis años. Esto hacía que, salvo contadas excepciones, se alcanzaba el título de Ingeniero Superior con más de treinta años, en una época en la que la vida media de las personas era más reducida.
Al terminar la enseñanza académica, se podía ingresar en un cuerpo de ingenieros superiores del Estado, debidamente reglamentado y estratificado, en un escalafón definido por distintas categorías, siendo el paso del tiempo la variable fundamental.
El esfuerzo presupuestario del estado, manteniendo las escuelas de ingeniería, tenía como fin principal disponer de técnicos al servicio de la administración pública, siendo muy pocos los que inicialmente buscaban su trabajo en actividades profesionales privadas. Era evidente de que existía una escasez de técnicos en el mercado laboral privado.
Todavía en los años cincuenta del siglo XX se mantenía este sistema de acceso al título de Ingeniero, y todavía, las escuelas dependían del ministerio al que dedicarían su labor los futuros ingenieros: Obras públicas, Industria, agricultura, defensa, etc… No obstante, ya el peso de la demanda privada era superior a la pública, y para acceder a los cuerpos del Estado era necesario esas oposiciones de ingreso ya referidas.
En los años cincuenta del siglo XX se realizaron análisis y estudios para promover el progreso del país, llegándose a la convicción de la necesidad de su industrialización. Estos estudios determinaron que tenía que ser la iniciativa privada la que realizase ese desarrollo tecnológico y económico, para lo que era necesaria disponer de más técnicos, y si cabe, mejor cualificados. En los años anteriores, como ya hemos expresado, la demanda de ingenieros era reducida, y estos terminaban sus estudios colocándose en las administraciones públicas, con un estatus social definido de por vida.
Sin posibilidad de analizar con detenimiento esta nueva opción de acceso, sin experiencia alguna propia o ajena sobre estos nuevos criterios de selección en la formación de los ingenieros, los jóvenes que terminamos el curso de preuniversitario en junio o septiembre de 1957, teníamos que tomar nuestras propias decisiones, para planificar nuestra futura titulación o nuestra vida, con escasos antecedentes, y sin conocer a que especialidades podríamos optar en un futuro en la carrera.
Aquella nueva Ley promovía una reestructuración de las enseñanzas de ingeniería, y trasladaba la dependencia administrativa de todas las escuelas al Ministerio de Educación, haciendo desaparecer la dependencia a los distintos ministerios afines. El preámbulo de la referida ley establecía que: Se mantienen las Escuelas que existen al promulgarse la Ley. Sin perjuicio de que se pueda crear o transformar en cada momento las que se consideren necesarias para el mejor cumplimiento de los fines de las mismas, pero todas ellas pasan a depender del Ministerio de Educación Nacional, debiendo ajustar sus denominaciones y organización administrativa a una norma común.
Lo único que estaba claro cuando nos teníamos que matricular, era que el nuevo sistema de acceso a la Escuela estaba constituido por dos cursos previos: selectivo e iniciación, el primero podía cursarse en la universidad, pero el curso de iniciación solo podía ser estudiado en la propia Escuela, aunque existía el rumor de que el número de alumnos era limitado, por lo que te podían impedir el acceso a la escuela, sin existir unas reglas definidas. Decía así el preámbulo de la referida Ley: El acceso a las Escuelas Técnicas se efectuará mediante cursos selectivos, sistema que sustituye a los tradicionales exámenes de ingreso. La eficacia de tales cursos se ha demostrado reiteradamente, tanto en la enseñanza universitaria, que los practica desde hace años, como en algunas Escuelas Técnicas Medias y Superiores, donde se han ensayado recientemente con resultado muy satisfactorio. Podrán concurrir a los cursos selectivos todos los aspirantes con vocación que posean un adecuado nivel de conocimientos recibidos, tanto a través de la Enseñanza Laboral, como de la Enseñanza Media o de estudios equivalentes.
Este nuevo sistema de acceso tenía la ventaja de que el primer curso era común para todos los alumnos de ingeniería superior y de las carreras de ciencias de la universidad, por lo que te permitía elegir la carrera en el segundo año, e incluso, en caso de cambiar o de desear cursar dos carreras, no tenías que repetir este curso. No obstante, se extendió la leyenda urbana de que las escuelas de ingeniería no iban a permitir la matricula en el curso de iniciación a los alumnos que procedían del curso selectivo de la universidad. Con lo cual, lo único que podías hacer era decidir si te preparabas para el ingreso antiguo. O por el contrario, te matriculabas en el nuevo plan de estudios, donde buenamente hubiese plaza, y ponerte a estudiar, estudiar, estudiar….
Ya en la carrera, existía un cuantioso grupo de compañeros, casi un 25%, que no eran tan jóvenes, pues siendo ya Peritos Industriales, querían acceder al título de Ingeniero. Precisamente la Ley había intentado terminar con la clara distinción que existía entre ingenieros y peritos, estableciendo también un acceso a los candidatos procedentes del sector laboral, a quienes se brında con ello el acceso a la Enseñanza Técnica en todos sus grados.
Eran estudiantes en situación laboral activa y la mayoría con familia. Aunque la nueva Ley permitía la enseñanza libre, sin asistencia a clase, nadie se fiaba de esa innovación, que no estaba reglada, por lo que todos se matricularon con exigencia presencial. Estos compañeros realmente tenían un gran mérito personal, pues además de trabajar diariamente, y mantener a su familia, la mayoría con varios hijos, tenían que asistir a clase regularmente, estudiar y presentarse a los exámenes...Era habitual que los profesores, al inicio de la clase, pasasen lista y anotasen las faltas de asistencia. Si para todos fue larga y dura una carrera de ingeniero con un mínimo de siete años lectivos, para ellos fue un esfuerzo de titanes, pero su valía era indiscutible, por lo que todos merecían nuestro respeto y admiración.
 
Consecuencias del cambio.
Hasta la ley de 1957, las dificultades para el ingreso en las escuelas de ingeniería y la formación académica posterior, determinaba que los nuevos ingenieros accediesen a su titulación, y por tanto, en la mayoría de los casos, a su acceso al mercado del trabajo como ingenieros, como ya hemos comentado, pasados los 30 años.
A partir de la nueva ley, las promociones de nuevos ingenieros ingresados conforme a las nuevas disposiciones, tenían una edad media mucho más reducida, y por tanto, podían aspirar a una vida profesional más larga. Por ejemplo, en la promoción de Ingenieros Industriales 108 de la ETSII de Madrid acabamos más de un 25% con 24 o 25 años, y por tanto, también nos casamos más jóvenes que las promociones anteriores.
Una vez terminada la carrera, en cuanto a la retribución, la procedencia de un plan de estudios o de otro, no parecía tener incidencia. La demanda de ingenieros del sector privado superaba a los que terminaban la carrera. En aquellos años, no existía paro en las carreras de ingeniería. Incluso se podía escoger el tipo de empleo o el sector económico de tu actividad laboral.
 

 

Gabriel Barceló
26/11/2018


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Editado por
Gabriel Barceló
Eduardo Martinez
Fundador y presidente de diversas empresas, de asociaciones no lucrativas y de fundaciones, actuando como presidente de las mismas, ex-Presidente de la Federación de Ingenieros Industriales de España y ex -Vicepresidente del Instituto de la Ingeniería de España, Gabriel Barceló ha sido consultor en ingeniería de la edificación y asesor fiscal. Desde hace más de treinta y seis años desarrolla un proyecto de investigación científica sobre dinámica rotacional. Autor de numerosos libros, el último de ellos “Nuevo paradigma en Física” (Editado en inglés y español), y ha publicado más de cien artículos.