Tendencias 21

   




Espacio de diálogo de los socios y lectores de T21

De la ciencia a la metafísica: el “ajuste fino” del universo y el significado de la realidad

 Pedro Rubal
Miércoles, 28 de Enero 2015

Nota Versión impresa
[Ignorar]
La excelencia de este trabajo del Dr. Iáñez me pone en el aprieto de esquivar la pedantería por el hecho de atreverme a calificar lo que no domino; pero es inevitable si he de manifestar la gran satisfacción que me ha producido su lectura, no sólo por el contenido, sino porque no es para mí autor desconocido.
En primer lugar, quiero resaltar aquí que 64 notas bibliográficas, utilizadas con pertinencia, acusan el alcance de su documentación, y, al mismo tiempo, pueden entenderse como una invitación a revisar nuestras modestísimas bibliotecas particualres.
No me considero capacitado para profundizar en lo mucho que nos ofrece en su colaboración, en una materia tan apasionante y de especial interés cultural: Investigar las posibilidades de encontrar, con garantías epistemológicas, un cierto "propósito cósmico", con base en los datos que tiene suministrados la ciencia hasta el día de hoy, manejados por D. Enrique con una admirable ponderación crítica. Y justamente por esto me voy a limitar a unas puntualizaciones.
Empiezo por destacar que me llamó la atención el uso que hace de los términos "racional" y "razonable", precisamente para marcar importantes matices epistemológicos en el contenido de su trabajo. En mi opinión, con mucho acierto, algo que no suele siempre encontrarse.
También me parece relevante la diferenciación que hace entre "origen" y "creación", ya que suelen ser objeto de una incorrecta sinonimia, que suele llevar a fundamentar sofísticas argumentaciones.
Confundir la demostración de la existencia de Dios con el planteamiento de una hipótesis teísta RAZONABLE es, sin duda, algo que indiscutiblemente debe ser evitado, puesto que arrastra a posturas inconsecuentes, que comportan apasionadas e inútiles discusiones entre creyentes y no creyentes. En ello reparó D. Enrique.
Una prueba de que fue muy consciente de la necesidad e hilar fino en las cuestiones abordadas en su trabajo, quiero encontrarla en una referencia que hace a J. Leach, relativa a la "creencia en la consistencia". Afirma que se trata de una presunción metafísica, sin valor racional ni teológico: Consistencia tampoco es demostración.
Dice G. Ellis que el Universo está creado de tal manera que surja la libertad y la responsabilidad de los seres inteligentes, y, aunque este aserto se contextualiza en la temática del trabajo, se me ocurre pensar que sería oportuno extrapolarlo a los comportamientos sociales en general. Discúlpenme la digresión.
También se habla de que está diseñado de manera que se pueda acceder a Dios. Esto me hace a recordar el planteamiento zubiriano (¡no puedo evitar esta alusión!), cuando aborda como la realidad física del Mundo nos lleva a esbozar o postular la existencia de una realidad transcendente al mismo, en un artículo titulado "Transcendencia y física", que, según parece, no fue bien interpretado.
Dicho todo esto, quisiera apuntar como una tendencia del siglo XXI la exigencia al teólogo de conocimientos de la física de partículas, que Weinberg entiende como una disciplina que debe combinar la relatividad general, la cosmología física y, por supuesto, la misma física de partículas, porque, a estas alturas de nuestro tiempo, la teología no es bueno que esté distanciada de la ciencia. Este trabajo que comento es un buen ejemplo de ello.
Aprovecho para felicitar al Dr. Iáñez por tan iluminador trabajo y para saludarle cordialmente.
 Gustavo Gómez Rial
Jueves, 29 de Enero 2015

Nota Versión impresa
[Ignorar]
Nada más proponer una especulación que desconozco si ya ha sido planteada: Dios podría ser el resultado de la interacción entre infinitos protouniversos (¿endouniversos?), devenido en Creador de este Universo lleno de singularidades y constantes.
Admito que puede ser una idea absurda, pero no por simple y poco fundada menos carente de sentido que teorías más complejas que escapan a la verificación.
La idea de un Dios ordenador (y preordenador) se deja entrever en todas esas constantes expresadas en el presente artículo, así como muchos otros números y constantes presentes en la naturaleza desde el microcosmos al macrocosmos.
Pero esa armonía observable empíricamente también está presente en nuestro lenguaje, en sus ritmos, en su música. Nada escapa a su orden.
 Enrique Iañez
Jueves, 29 de Enero 2015

Nota Versión impresa
[Ignorar]
Quiero agradecer al Profesor Rubal sus comentarios, por los que me siento honrado, más viniendo de una autoridad como él, de la que siempre se puede aprender y expandir los horizontes de comprensión de la realidad. Tengo que confesar que, aunque en algún foro he podido marcar mis diferencias (más bien de matiz) con sus posturas, siempre he salido enormemente enriquecido de su sabiduría y de su talante acogedor, dentro de una tradición, la zubiriana, que para mí supone un plus de exigencia y de compromiso. De hecho, algunas de las cosas positivas que pondera en mi colaboración, se deben en buena parte a mi pequeño pero decisivo contacto con la filosofía de Xabier Zubiri.

Estoy de acuerdo con las tesis zubirianas sobre la posibilidad de acceso a la trascendencia a partir de la estructura del mundo, un acceso que no se impone ni obliga, pero que está ahí, abierto a todos, y del que tenemos cumplida cuenta en miles de expresiones culturales ("religiosas") desde el Paleolítico.

Uno de los temas que personalmente me fascina es precisamente este de la presencia (no aplastante) de los trascendente en la historia humana, y en la experiencia individual.
Hay una posibilidad, reconocida (aunque a veces a regañadientes) por las religiones, de acceder a una experiencia íntima de contacto con lo Trascendente, a "lo más íntimo que mi propia intimidad". Por ello, últimamente estoy interesado en el amplio y proteiforme mundo de las las experiencias de tipo "místico" (a falta de otro nombre). ¿Qué son estas experiencias y a qué apuntan? ¿Cómo se modulan personalmente y en función del sustrato histórico y religioso concreto del individuo que las vive? Ahí he aprendido mucho de lo escrito por el prof. Juan Martín Velasco y de otros autores muy diversos interesados en la fenomenología del acceso a lo "sagrado", incluyendo antropólogos y estudiosos de los intrigantes mundos chamánicos (sin despreciar las experiencias inducidas por ciertos rituales o sustancias). ¿Existe un sustrato común a todas las experiencias religiosas de la humanidad, un mínimo común denominador que exprese la idea de Homo sapiens como capax Dei?

Y estoy de acuerdo totalmente con Don Pedro cuando viene a decir que el teólogo del siglo XXI tiene que estar al tanto de los avances científicos, para poder expresar en lenguaje actual los mensajes que pretende transmitir. Y en este sitio web de Tendencias21 tenemos numerosos ejemplos de tal actitud. Igualmente, y como decía Georges Lemaître, padre de la idea del Big Bang, se le puede pedir al científico creyente, que sus conceptos teológicos estén a la altura de sus conocimientos científicos.
 Joaquín González .Alvarez
Jueves, 29 de Enero 2015

Nota Versión impresa
[Ignorar]
Aunque no poseo ni por asomo la maestría del Dr. Rubal para escribir su comentario 1, puedo decir que coincido con todos sus argumentos, sólo quiero apuntar que a la lista de conocimientos necesarios a un teólogo del Tercer Milenio debe añadirse la MECÁNICA CUÁNTICA, pero BIEN APRENDIDA Y ENTENDIDA, , no sólo citada para tratar de valorar alguno que otro disparate. Felicito a D.Pedro.









bi[
 Pedro Rubal
Jueves, 29 de Enero 2015

Nota Versión impresa
[Ignorar]
No quiero convertir este espacio de comentarios en un lugar de lisonjas. Mi edad y los vaivenes de la vida me han dotado de suficientes defensas contra ellas. Pero también me han enseñado algo que no veo que se prodigue en nuestros tiempos: El empleo de la educación, el agradecimiento y la deferencia con las personas que son acreedoras a ellas, pienso que tiene un valor muy superior a la taciturnidad pedantesca, y es fermento de las actitudes dialógicas, muy necesarias en estos menesteres intelectuales.
Justamente por esto, quiero manifestar aquí mi sincero agradecimiento al Dr. Iáñez y al Dr. González por las palabras de aprecio que me dedican en los respectivos comentarios, y sobre todo sabiendo que proceden de dos intelectuales serios y amantes del saber, que me superan en talento y formación, lo que les inmuniza contra cualquier ligereza.
Cordialmente.
P. Rubal.
 clean
Domingo, 1 de Febrero 2015

Nota Versión impresa
[Ignorar]
Tanto sé que sé que no sé nada. https://www.youtube.com/watch?v=RxrWnN0H4Sg

Con el Espíritu Santo y conciencia pura se trasciende en el campo magnetico Universal
Rezar, rezar y rezar. . .?
 Alfonso Sáenz Lorenzo
Domingo, 1 de Febrero 2015

Nota Versión impresa
[Ignorar]
Ante el amplio y documentado trabajo que nos ofrece el profesor Enrique Iánez sobre el apasionante tema del "ajuste fino del Universo" y obligado por ese espíritu de diálogo a que nos anima tan amablemente Pedro Rubal, voy a realizar algunas reflexiones sobre un tema que a mí personalmente me apasiona desde hace ya unos años.
1.-En primer lugar, hay que agradecer el esfuerzo de síntesis realizado por el autor en el trabajo pues, como se puede apreciar en su lectura, el tema es uno de los "de moda" en el ámbito de la ciencia y sigue siendo ampliamente tratado por físicos teóricos y cosmólogos de todo el mundo, de tal manera que, como bien recoge el trabajo en sus notas de referencias, para la revista "Investigación y Ciencia", edición española de la "Scientific American", es el tema estrella de los últimos años. Y es un acierto del autor el recoger notas abundantes de la citada revista, pues sus trabajos son asequibles para no especialistas y van firmados por autores de primera línea científica, tratando los temas de máxima actualidad.
Sin embargo, en sus abundantes notas bibliográficas, así como el aspecto filosófico y teológico de la cuestión está bien cubierto, echo en falta autores clásicos en la divulgación de la cosmología como Roger Penrose, Michio Kaku, Brian Green, Kip S. Torne, Adane Frank, Sean Carroll o Martin Rees, por citar solo los traducidos al castellano y, entre nosotros, además de Eduardo Battaner que sí es citado, Cayetano López, Juan Pérez Mercader o el mismo David Jou, y, cómo no, a la figura señera de la Física Teórica española, mi admirado profesor de Mecánica Cuántica Alberto Galindo Texaire, que, entre muchas otras cosas, tiene publicado un excelente artículo sobre la nueva Cosmología en la Revista del R.A. de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, muy científico y poco especulativo pero, como todo lo suyo, muy riguroso y clarificador sobre el principio y fin del Universo que recomiendo y está al alcance de todos en Wikipedia.
2.- Junto a la amplitud de cuestiones y enfoques tratados en el trabajo, es de justicia resaltar también su corrección desde el punto de vista científico, lo que no es poco dada la variedad y extensión de los temas que toca y que, precisamente por ello, adolece de cierta estructura, aunque básicamente su argumentación y sus conclusiones son perfectamente inteligibles y asumibles. En definitiva, en mi opinión, se puede suscribir sin reservas la afirmación de John Polkinghorne, recogida en las conclusiones del trabajo, de que "el Universo que conocemos es consistente con la idea de un creador inmanentemente activo". Idea que posiblemente no comparten bastantes de los autores que he citado como ausentes en el apartado anterior pues, aunque Stephen Hawking sea el más importante, no está solo en su afirmación de la autosuficiencia de nuestro Universo. Precisamente por ello, me parece imprescindible incorporar todos los puntos de vista de los especialistas en un debate de esta naturaleza, aunque no compartamos sus tesis. Los argumentos así se fortalecen.
Y, a título anecdótico, se dice en el trabajo que la cosmología física tiene dificultades añadidas extraordinarias pues cuenta solo con un solo ejemplar, y esto es cierto, pero no se dice que en compensación tiene una ventaja sobre todas ellas y es que con sus potentes telescopios de todo tipo observa directamente el pasado hasta casi el mismo origen del Universo, cosa que no pueden hacer las otras disciplinas. Contempla, por así decir, la historia pasada en presente, por eso, y alguna cosa más, es tan apasionante, y provoca tanta envidia en los físicos de otras especialidades. "El rostro de Dios" se dijo cuando se contempló la primera imagen del fondo cósmico de microondas.
3.- Dicho lo anterior, me gustaría aportar algunas reflexiones personales en todo caso destinadas a fortalecer los argumentos que apoyan la tesis del trabajo, y empezaría por la cuestión del valor de las constantes, diecinueve en la mecánica cuántica, ajustadas en sus valores precisos para la existencia de vida, como bien se dice en el texto. En esta cuestión resaltaría, no solo que tienen un valor preciso de libre especificación, sino que entre ellas son independientes, es decir, que no se pueden deducir unas de otras. De tal manera que el ajuste es así mucho más improbable y sorprendente.
Igualmente, en mi opinión, habría que resaltar con mayor énfasis la idea, recogida un tanto de pasada en el trabajo, de que para que aparezca la vida es preciso que el Universo tenga un gran edad y una descomunal dimensión, como la que tiene, pues, efectivamente, este dato echa por tierra la idea de la insignificancia de nuestra tierra y de los seres que habitamos en ella ante la inmensidad del Universo. Si a este dato, de por si relevante pues la edad y el tamaño parecen también tener ajuste fino, añadimos que la aparición de la vida es altamente improbable, y en la hipótesis de que solo en el planeta tierra hubiera surgido, como científicos de primera línea hoy defienden, la cosmología moderna nos devolvería al planeta azul y a sus moradores al centro del Universo que, desde Copérnico, Kepler y Galileo, habíamos perdido. Y si eso fuera así, el dato tendría sin duda trascendencia filosófica y teológica.
Con relación al tema de los multiversos merece ser más resaltado el argumento de Paul Davies, recogido textualmente en el trabajo, de "la contradicción de la teoría de la selección cósmica que necesita un número infinito de universos invisibles solo para explicar el que vemos", entrando poco menos que en el delirio especulativo que cita Eduardo Bataner, y que, en mi opinión, debería conectarse más directamente con "la Navaja de Ockham", ejercicio de parsimonia que ha sido respetado siempre en la investigación científica y, en este caso curiosamente, es olvidado sin piedad por los partidarios de los multiversos.
Y, por último, en el apartado donde se recogen la argumentación de las posturas interpretativas del ajuste fino, resaltar que en punto a) dice Enrique Iáñez : "dotar a las leyes físicas de una existencia platónica y una necesidad metafísica separadas de su plasmación en el mundo real es decir demasiado". Y posiblemente sea decir demasiado a no ser que se sea platónico convencido, como es el caso de Roger Penrouse, en su caso de forma explícita y en el caso de los que ponen por delante las leyes físicas como explicación suficiente, de forma implícita. Los científicos en general, dice textualmente Alan F. Chamlmers en su imprescindible librito "¿Qué es esa cosa llamada ciencia", "no son particularmente expertos en distanciarse de su trabajo y describir y caracterizar la naturaleza de dicho trabajo". En definitiva, le suelen tener pavor a la filosofía y eso se nota mucho en estos debates.
4.- Decir como conclusión que este tipo de trabajos interdisciplinares, tan concienzudos e informados como el que nos presenta el profesor Iánez y muchos otros similares publicados en esta interesante sección de Tendencias 21, son imprescindibles en el momento actual pues abordan sin complejos los temas filosóficos y teológicos que hoy nos plantea en toda su crudeza la ciencia. Teniendo en cuenta además lo reacios que, como comentaba en el punto anterior, son los científicos profesionales a entrar en este tipo de cuestiones y lo incómodos que se sienten igualmente los filósofos y teólogos con el lenguaje de la ciencia, resulta más meritorio. La provisionalidad eterna de la ciencia y la incertidumbre sustancial de la filosofía y la teología no deberían ser impedimento para practicarlas a fondo y con todas las consecuencias. Felicidades pues, y a esperar la próxima entrega.
 Enrique Iañez
Lunes, 2 de Febrero 2015

Nota Versión impresa
[Ignorar]
Me gustaría responder a algunos de los comentarios realizados posteriormente a mi primera intervención.
En primer lugar, quiero agradecer el de Joaquín González (nº 4) y el segundo del Profesor Rubal (nº 5 de esta serie). Estoy de acuerdo con don Pedro en su aprecio de los valores... "no epistémicos" a la hora de intervenir en estos foros. Y precisamente él es un ejemplo de cómo hacer compatible la mejor reflexión con algo tan necesario en nuestro mundo como la amabilidad y la empatía. Razón con corazón (razón cordial).

En segundo lugar, expreso mi agradecimiento más sincero a Alfonso Sáenz por sus acotaciones, comentarios y sugerencias, de las que tomo nota para mejorar ulteriores versiones de este artículo. Me siento muy honrado por todo lo que dice y cómo lo dice. Brevemente intento corresponderle con esta respuesta:
- En efecto, en mi artículo no aparecen ciertos autores relevantes para este tema, aunque sí he citado en algún momento a Roger Penrose. Curiosamente, Adam Frank, al que tenía citado en una versión anterior de mi manuscrito (aludiendo a su estupendo libro El fin del Principio , ed. Ariel), debió desaparecer en alguna de las "podas" que hice para la versión publicada. Y esto último (que no es una justificación) explica igualmente la ausencia de otros autores, como Brian Greene (La realidad oculta). De los españoles ausentes, sí quiero aprovechar aquí para recomendar la lectura de los estupendos libros de David Jou (Introducción Al Mundo Cuántico; El laberinto del tiempo). Además, me siento muy identificado (y siempre aprendo) con el talante interdisciplinar del prof. Jou y sus intentos de "dar razón de la fe" sin dejar en ningún momento de ser un buen científico. Para mí es un ejemplo de lo que recomendaba Georges Lemaïtre, padre del Big Bang, a los científicos creyentes: tener una fe religiosa a la altura de su ciencia. A este respecto, recomiendo leer los dos capítulos del prof. Jou en el libro colectivo MARLÉS, E., coord. (2014): Trininidad, universo, persona. Teología en cosmovisión evolutiva. Editorial Verbo Divino, Estella, que cito en la última nota de mi artículo (por lo tanto, Jou sí estaba citado, aunque de modo implícito).

- En su punto 2, don Alfonso Sáenz alude a las ventajas que tiene la cosmología física respecto de otras ciencias históricas de poder ver el pasado directamente desde nuestro presente. Subrayo lo de "directamente" porque eso no está tan claro. En primer lugar, como en todas las demás ciencias maduras, nuestros sentidos no captan directamente la realidad externa, sino que esta nos llega mediatizada por artefactos y máquinas registradoras de la información, basados a su vez en ramas científicas con sus propios supuestos, teorías y limitaciones. Y en segundo lugar, porque los mismos datos de observación, "cargados ya de teoría", tienen que ser interpretados a la luz de nuevos supuestos tanto científicos como (llegado el caso) metafísicos. Y en eso es en lo que insistía mi tesis, amparada en buena parte en las de George Ellis y Javier Monserrat. Y aprovecho para reconocer la gran labor del profesor Manuel García Doncel, que lleva lustros contribuyendo a un diálogo ciencia-fe de gran altura, y que ya está dejando poso en la vida académica española e iberoamericana.

- De su punto 3 tomo nota de lo que me dice sobre acentuar la relevancia de ciertos datos antrópicos del ajuste fino, y de cómo parecen ir "anticopernicanamente" a favor de una relevancia de lo humano. Es lo que dicen de un modo u otro gente tan diversa como Teilhard, Schmitz-Moormann, George Ellis o Hans Jonas.

- Y con esto intento también responder en parte al comentario nº 8 (Miguel García Ferrer): es muy difícil sustraerse a extraer consecuencias del hecho obvio de que un universo supuestamente ciego haya generado en al menos uno de sus rincones una entidad autoconsciente y capaz de preguntarse por el sentido de todo. ¿Qué significa desde un punto de vista de cosmología "a lo grande" (como diría Ellis) que nosotros estemos aquí? Algo tenemos que decir, más allá de que "son cosas que pasan". El hecho de que el Universo genere seres dotados de inteligencia, conciencia reflexiva, capacidad estética, filosófica y religiosa, ¿es un mero epifenómeno? ¿Esto está dentro de la capacidad demostrativa de la ciencia? Para ser coherente con la tesis del Sr. García, la misma ciencia no dejaría igualmente de ser un mero epifenómeno, y ese razonamiento se socavaría a sí mismo.
¿O será más bien que ciertos fenómenos que la ciencia estudia pero cuyo significado está fuera de su alcance, nos obligan a replantear ciertas visiones metafísicas reduccionistas? Esas son las preguntas importantes, y no sirve de nada decretar dogmáticamente su irrelevancia.El hecho de que en un mundo en evolución, a partir de la materia haya surgido la consciencia y una ontología de la subjetividad y de lo cualitativo (de primera persona) no reducible a explicaciones de tercera persona ("objetivas" y "formalizables"... desde la propia experiencia (inter)subjetiva) obliga a una reflexión tranquila. Reflexión donde hay ciencia, pero donde todo no es ciencia.
 Enrique Iañez
Lunes, 2 de Febrero 2015

Nota Versión impresa
[Ignorar]
Gracias a Miguel García por su comentario, aunque no estoy de acuerdo con el fondo de lo que dice. Me gustaría preguntarle una cosa: ¿en dónde está escrito que la ciencia es atea por definición, si por tal entiende que la ciencia demuestra la inexistencia de Dios? No caigo ahora mismo en ningún experimento ni teoría científica que lo haya demostrado.
 Carlos Palacios
Martes, 3 de Febrero 2015

Nota Versión impresa
[Ignorar]
El artículo sobre el ajuste fino del Dr. Enrique Iáñez es lo mejor y más completo que he leído sobre este tema. Admito que soy más propenso a la crítica que al halago, pero esta vez debo reconocer que se trata de un gran aporte a la reflexión y a la información sobre esa materia.

Cuando dice que “…el universo tiene rasgos que NO PARECEN IMPUESTOS POR NINGUNA NECESIDAD FÍSICA PREVIA, gracias a los cuales es posible la vida inteligente…” está resumiendo de una manera estupenda lo que se puede razonablemente comentar sobre el principio antrópico.

Cuando dice que “El vacío cuántico no es la nada, sino otra entidad material más, descrita por las propias leyes cuánticas…” está ordenando y enriqueciendo el debate sobre la nada, más allá de que yo no soy quien para opinar sobre si el vacío cuántico es o no de carácter material, y solo puedo decir que, en cualquier caso, no es la nada absoluta.

Así mismo, de sus reflexiones sobre los modelos multiverso se desprende claramente que la finalidad de esos modelos es sortear la dificultad que presenta el postular la casualidad, el azar, el “porque sí”, en un modelo de un solo universo. Siempre me ha parecido que la idea del multiverso se basa más en el deseo de refutar que el fine tuning tenga un propósito, que en los méritos propios de una supuesta pluralidad de billones y billones de universos (¡uff!).

En suma, un excelente trabajo.

Saludos.
 Enrique Iañez
Lunes, 2 de Febrero 2015

Nota Versión impresa
[Ignorar]
Me gustaría responder a algunos de los comentarios realizados posteriormente a mi primera intervención.
En primer lugar, quiero agradecer el de Joaquín González (nº 4) y el segundo del Profesor Rubal (nº 5 de esta serie). Estoy de acuerdo con don Pedro en su aprecio de los valores... "no epistémicos" a la hora de intervenir en estos foros. Y precisamente él es un ejemplo de cómo hacer compatible la mejor reflexión con algo tan necesario en nuestro mundo como la amabilidad y la empatía. Razón con corazón (razón cordial).

En segundo lugar, expreso mi agradecimiento más sincero a Alfonso Sáenz por sus acotaciones, comentarios y sugerencias, de las que tomo nota para mejorar ulteriores versiones de este artículo. Me siento muy honrado por todo lo que dice y cómo lo dice. Brevemente intento corresponderle con esta respuesta:
- En efecto, en mi artículo no aparecen ciertos autores relevantes para este tema, aunque sí he citado en algún momento a Roger Penrose. Curiosamente, Adam Frank, al que tenía citado en una versión anterior de mi manuscrito (aludiendo a su estupendo libro El fin del Principio , ed. Ariel), debió desaparecer en alguna de las "podas" que hice para la versión publicada. Y esto último (que no es una justificación) explica igualmente la ausencia de otros autores, como Brian Greene (La realidad oculta). De los españoles ausentes, sí quiero aprovechar aquí para recomendar la lectura de los estupendos libros de David Jou (Introducción Al Mundo Cuántico; El laberinto del tiempo). Además, me siento muy identificado (y siempre aprendo) con el talante interdisciplinar del prof. Jou y sus intentos de "dar razón de la fe" sin dejar en ningún momento de ser un buen científico. Para mí es un ejemplo de lo que recomendaba Georges Lemaïtre, padre del Big Bang, a los científicos creyentes: tener una fe religiosa a la altura de su ciencia. A este respecto, recomiendo leer los dos capítulos del prof. Jou en el libro colectivo MARLÉS, E., coord. (2014): Trininidad, universo, persona. Teología en cosmovisión evolutiva. Editorial Verbo Divino, Estella, que cito en la última nota de mi artículo (por lo tanto, Jou sí estaba citado, aunque de modo implícito).

- En su punto 2, don Alfonso Sáenz alude a las ventajas que tiene la cosmología física respecto de otras ciencias históricas de poder ver el pasado directamente desde nuestro presente. Subrayo lo de "directamente" porque eso no está tan claro. En primer lugar, como en todas las demás ciencias maduras, nuestros sentidos no captan directamente la realidad externa, sino que esta nos llega mediatizada por artefactos y máquinas registradoras de la información, basados a su vez en ramas científicas con sus propios supuestos, teorías y limitaciones. Y en segundo lugar, porque los mismos datos de observación, "cargados ya de teoría", tienen que ser interpretados a la luz de nuevos supuestos tanto científicos como (llegado el caso) metafísicos. Y en eso es en lo que insistía mi tesis, amparada en buena parte en las de George Ellis y Javier Monserrat. Y aprovecho para reconocer la gran labor del profesor Manuel García Doncel, que lleva lustros contribuyendo a un diálogo ciencia-fe de gran altura, y que ya está dejando poso en la vida académica española e iberoamericana.

- De su punto 3 tomo nota de lo que me dice sobre acentuar la relevancia de ciertos datos antrópicos del ajuste fino, y de cómo parecen ir "anticopernicanamente" a favor de una relevancia de lo humano. Es lo que dicen de un modo u otro gente tan diversa como Teilhard, Schmitz-Moormann, George Ellis o Hans Jonas.

- Y con esto intento también responder en parte al comentario nº 8 (Miguel García Ferrer): es muy difícil sustraerse a extraer consecuencias del hecho obvio de que un universo supuestamente ciego haya generado en al menos uno de sus rincones una entidad autoconsciente y capaz de preguntarse por el sentido de todo. ¿Qué significa desde un punto de vista de cosmología "a lo grande" (como diría Ellis) que nosotros estemos aquí? Algo tenemos que decir, más allá de que "son cosas que pasan". El hecho de que el Universo genere seres dotados de inteligencia, conciencia reflexiva, capacidad estética, filosófica y religiosa, ¿es un mero epifenómeno? ¿Esto está dentro de la capacidad demostrativa de la ciencia? Para ser coherente con la tesis del Sr. García, la misma ciencia no dejaría igualmente de ser un mero epifenómeno, y ese razonamiento se socavaría a sí mismo.
¿O será más bien que ciertos fenómenos que la ciencia estudia pero cuyo significado está fuera de su alcance, nos obligan a replantear ciertas visiones metafísicas reduccionistas? Esas son las preguntas importantes, y no sirve de nada decretar dogmáticamente su irrelevancia.El hecho de que en un mundo en evolución, a partir de la materia haya surgido la consciencia y una ontología de la subjetividad y de lo cualitativo (de primera persona) no reducible a explicaciones de tercera persona ("objetivas" y "formalizables"... desde la propia experiencia (inter)subjetiva) obliga a una reflexión tranquila. Reflexión donde hay ciencia, pero donde todo no es ciencia.
 clean
Miércoles, 4 de Febrero 2015

Nota Versión impresa
[Ignorar]
Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche. 2 Pedro 3:10-13Reina-Valera 1960 (RVR1960). partículas fundamentales interactúan electromagnéticamente mediante el intercambio de fotones entre partículas cargadas. La electrodinámica cuántica.Qué fuerzas naturales pueden alterar la presión del sangre en la humanidad. Sol, tierra y agua viento.
 Enrique Iañez
Martes, 3 de Febrero 2015

Nota Versión impresa
[Ignorar]
Deseo expresar mi agradecimiento a Carlos Palacios (nº 11) por sus elogios, aunque me siento "sobrepasado" por ellos. Intento corresponder con este breve comentario.

Efectivamente, la clave del ajuste fino y del principio antrópico es que los parámetros básicos de la física y de la cosmología no pueden deducirse de ningún principio previo ni vienen impuestos por ninguna necesidad: son contingentes y podrían haber sido de otro modo, pero si no es por esas intrigantes coincidencias cósmicas, nosotros no estaríamos aquí. Una manera de salir de este carácter especial de nuestro universo, es adscribirse a los multiversos, con todos los inconvenientes a los que aludo en mi artículo. No se olvide que muchos físicos han declarado abiertamente su oposición a la moda de la especulación salvaje basada solo en modelos matemáticos, saltándose criterios básicos de lo que entendemos como ciencia (falsación popperiana, navaja de Ockham). ¿Vamos a crear una "ciencia" imposible de poner a prueba solo para que a través de un número infinito de universos imposibles de observar "jusifiquemos" el ajuste fino del único que vemos?

En el artículo no aludo a otras coincidencias más a escala galáctica o de sistemas planetarios (y que en buena parte aún no podemos valorar). Las galaxias jóvenes seguramente no han tenido tiempo de generar vida, y en nuestra galaxia, que es más "madurita", solo una minoría de estrellas tienen la masa adecuada para durar el tiempo suficiente dando energía como para generar una zona teóricamente habitable en cierto margen de distancias orbitales. Pero no toda la galaxia es apta para la vida (no lo es cerca del centro, donde muchas galaxias tienen agujeros negros masivos que desgarran la estructura estelar a su alrededor). Si damos como (relativamente) probable que, de haber vida en otras partes del universo, esta deberá igualmente estar basada en química del carbono con agua como disolvente, en el momento actual desconocemos la probabilidad de que una estrella de tipo solar tenga planetas adecuados para la vida (a la distancia adecuada para mantener agua líquida, y una atmósfera permanente), pero seguramente nos movemos en el entorno de probabilidades de ganar el gordo de la lotería de navidad con un solo boleto.
Si usamos el único ejemplo conocido, nuestro planeta, resulta que los planetas potenciales semillas de vida deben cumplir otras condiciones "antrópicas": tener una corteza sólida que se mueva (deriva continental) por un magma interior, poseer un campo magnético que eluda las letales radiaciones cósmicas, que su eje de rotación no oscile demasiado (cosa que en el caso de la Tierra depende de la interacción con la Luna... pero a su vez la Luna procede de una colisión catastrófica entre un objeto del tamaño de Marte con la Tierra cuando el sistema solar aún se estaba constituyendo...). En fin, ya se va viendo la cascada de coincidencias. Pero insisto, nos faltan más muestras de lo que pasa por ahí fuera para generalizar sobre el fenómeno vital. Es posible que la nueva generación de observatorios nos permita detectar planetas extrasolares "adecuados" potencialmente para la vida. Y a partir de ahí, quizá nos podamos hacer una idea de si existe (y en qué proporción cósmica) la vida fuera de nuestro sistema. Por otro lado, con la misma vida nos pasa algo parecido que con el cosmos: que solo tenemos un ejemplar, y no podemos hacer "promedio" ni sacar generalizaciones, aunque sí algunas "predicciones" (o "retrodicciones") basadas en lo que sabemos de aquí, de termodinámica, de química, de biología, etc. Desde luego, de haber vida, será mucho más probable encontrar vida sencilla (no se descarta que pueda haberla en algún satélite de Júpiter y de Saturno) que vida inteligente. Pero no se nos puede olvidar que el universo en inimaginablemente grande,y no sería extraño que los procesos cósmicos que han llevado hasta la vida y la consciencia se hayan producido en otras partes, por minoritarias que sean a escala cósmica.

Y termino insistiendo, como el Sr. Palacios, en que no se confunda la nada ontológica con el vacío físico. Libros de divulgación pero con metafísica oculta como el titulado capciosamente "Un universo de la nada" solo confunden al público e introducen más ruido de fondo. Si alguien quiere leer algo realmente serio sobre cómo encarnar la idea teológica de creación a la altura de nuestros tiempos (asumiendo lo que nos dice la ciencia, pero sin mezclar ámbitos distintos de discurso), le recomiendo encarecidamente el capítulo 4 ("El concepto teológico de creación evolutiva"), por Manuel García Doncel, en MARLÉS, E., coord. (2014): Trininidad, universo, persona. Teología en cosmovisión evolutiva. Editorial Verbo Divino, Estella.
 Miguel GARCÍA FERRER
Euro
Martes, 3 de Febrero 2015

Nota Versión impresa
[Ignorar]
En respuesta a Enrique Lañez: Una lástima que no se haya podido mostrar mi anterior comentario en su totalidad, eSi algo define a la ciencia es su método, y si hay algo imprescindible para ella es la carga de prueba. Exigir evidencia de la no-existencia de algo es probatio diabolica, término jurídico de igual forma aplicable. Podríamos decir que un bebé es ateo, de mayor decidirá sus creencias, no hay bebés cristianos ni budistas, en el caso de la ciencia, es atea hasta que se demuestre lo contrario, pues considerar si quiera una idea sólo con la excusa de que no se ha podido demostrar su no-existencia... Por esa regla de tres puede existir cualquier cosa. No es muy difícil, es aplicar el sentido común, ¿quieres que considere la idea de dios? Pues por favor, le invito a que cargue con prueba sus consideraciones, pues yo podré seguir negándolas hasta que existan.
 Miguel GARCÍA FERRER
Euro
Domingo, 8 de Febrero 2015

Nota Versión impresa
[Ignorar]
Resulta difícil el debate si los mensajes anteriores son editados. Respecto a la referencia que se me hace en el comentario nº13:

En resumidas cuentas, que no sabemos cómo se ha podido dar la posibilidad de que existan seres autoconscientes, y lo que esto conlleva, en un universo ciego. He aquí el problema del idealista, que en vez de ser honesto con la realidad y decir "no lo sé", inventa argumentos que existen por sí mismos. El universo es demasiado grande, y vivimos ni un instante de lo que su vida sería, no sabemos cuan extrañas fueron las condiciones que se cumplieron para que haya surgido vida, en relación al resto de espacio. El problema es que la base de tu argumento es un criterio de complejidad, te parecemos lo suficientemente complejos como para que se necesite algo más que un universo sin diseño, y por ello buscas ajustes y planes. Como he dicho, no sabemos si han existido, coexisten, o existirán seres autoconscientes en el resto del inmenso universo, lo que planteas me resulta demasiado subjetivo. Y sí, la ciencia es un epifenómeno, pero funciona de tal forma que nos permite predicciones acertadas de la realidad, esos planteamientos metafísicos en absoluto. Hagamos ciencia y dejemos los juegos de palabras para el pasado.
 Beatriz BASENJI
Euro
Lunes, 9 de Febrero 2015

Nota Versión impresa
[Ignorar]
" En este universo el ser humano es libre ante un Dios que no se le impone. Para Ellis, el universo está diseñado para que surja la libertad y responsabilidad de seres inteligentes, y un requerimiento para ello es que la naturaleza de Dios y su actividad creadora queden ampliamente ocultos de modo que se haga posible dudar. "Nos ha ido dejando infinitas señales, para no extraviar el Sendero.Tenía razón Teilhard cuando menciona lo de " la complejidad y la consciencia" , porque es a través de esta última, que va unida a nuestro Espíritu superior, la que logra religarnos a esa Inteligencia Universal, de la que vamos plasmando en este plano de nuestra Humanidad tantos avances de la Ciencia.
 Alexander ARISTIZABAL VALENCIA
peso colombiano
Domingo, 3 de Mayo 2015

Nota Versión impresa
[Ignorar]
Sólo me queda felicitar al autor por lo bien argumentado y la solidez del trabajo hecho. También, dar algunos aportes desde mi perspectiva:
1. El azar no es sujeto, el azar es una intención, "uno decide si adelanta en curva" y por lo tanto proviene de un sujeto. El azar no es explicación de nada.
2. El Big Bang es una imposibilidad lógica desde las leyes de la física, pues para que haya una explosión debe primero haber calor, para que haya calor, debe haber movimiento, para que haya movimiento debe haber interacción. La teoría del Big Bang se resumiría sarcasticamente, como un cúmulo de energía que se mueve per se.
3 La cuántica es una chorrada cargada de intelectualismo cintífico, se mofan del filósofo porque hace metafísica, sin darse cuenta que la cuántica no es más que metafísica con números.
El problema no es con Dios.
Carpe Diem et Memento Mori
 Natalio Salto
peso colombiano
Martes, 20 de Marzo 2018

Nota Versión impresa
[Ignorar]
Agradecer al autor un artículo tan riguroso sobre la ciencia y la filosofía, y las pretensiones que sus protagonistas, los científicos y filósofos tienen y promulgan más allá de sus terrenos de juego.

Releído nuevamente después de tantos años, es especialmente esclarecedor ante el bombardeo sistemático que se ha producido por parte de los medios de comunicación ante la muerte de Stephen Hawking. Ante un tsunami de informaciones y teorías consideradas como verdades científicas, y que son meras hipótesis sin la comprobación empírica, uno siente la sensación de ahogarse entre tanto remolino de manipulaciones y nadando contracorriente de las aguas que cada cual se quiere llevar a su molino.

Gracias al asidero de conocimiento que nos aporta este estudio de Enrique Iáñez, de lo que supone el “ajuste fino” del universo y el significado para la ciencia y también para la metafísica, podemos ver como también existen ideologías a partir de la ciencia, que no son necesariamente ciencia y que son intentos de montar una especie de "ateología", que si bien es indiscutible la posibilidad de su desarrollo, es más que cuestionable que se intente arrogar el prestigio de veracidad que la ciencia tiene gracias a sus avances y lo que suponen para la humanidad.

Stephen Hawing es uno de los iconos cientificistas más importantes y adorado por los medios.

La ciencia para él tenía todas las respuestas y por ello hablaba e hizo popular la teoría del todo, que pronto dejaría sin espacio ni tiempo al más allá.

Paradójicamente con su gran intelecto para la física, y sus trabajos sobre las singularidades del universo, el principio del Big Bang y los agujeros negros, nos ayudó a asomarnos a realidades físicas que nos muestran como lo desconocido se multiplica por infinito cada vez que logramos rascar un poquito de ciencia a los misterios de la realidad.

Nunca un ateo nos acercó tanto a las maravillas de la Creación.
 daniel verón
peso colombiano
Jueves, 17 de Enero 2019

Nota Versión impresa
[Ignorar]
que tal? me interesaría saber cuáles son los metáfísicos actuales más importantes

Nombre :


Su correo electrónico :
 (no publicado)


Mensaje
Etiqueta integrada   Anular o
El vídeo aparecerá debajo de su entrada (post).