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Una historia secreta de la consciencia Juan Antonio Martínez de la Fe , 25/10/2016
Una historia secreta de la consciencia
Ficha Técnica

Título: Una historia secreta de la consciencia
Autor: Gary Lachman
Edita: Ediciones Atalanta, Girona, 2016, 2ª edición
Traducción: Isabel Margelí
Encuadernación: Cartoné, con guardas ilustradas
Número de páginas: 466
ISBN: 978-84-945231-5-1
Precio: 27 euros

La primera edición original de esta obra apareció en 2003. Han pasado, pues, trece años hasta que la Editorial Atalanta nos diera la oportunidad de acceder a ella en nuestro idioma. Hecho que podemos considerar de afortunado acierto, ya que se trata de una interesante manera de exponernos cómo ha evolucionado en la historia ese concepto tan lábil que llamamos consciencia.

El impulso que empuja al autor para el desarrollo de su propuesta es el debate que se ha suscitado acerca de la esencia, del modo de ser, de la constitución de la consciencia. ¿Se trata únicamente del producto de una serie de operaciones de nuestro cerebro, circunscrito, por tanto, a un principio físico? ¿O, por el contrario, se trata de algo que va más allá de lo puramente cerebral?

Lachman, desde las primeras páginas y para que no exista duda, deja meridianamente clara su postura: “siempre existirán individuos como yo, que consideren que todo el proyecto científico de explicar la consciencia está mal encaminado. Para nosotros, explicar la consciencia sería lo mismo que ‘explicar’ una cantata de Bach o Los Girasoles, de Van Gogh”.

Trata, pues, de dar respuesta a una corriente que sostiene la postura contraria y cuyo representante más influyente sea Daniel Dennet y su libro La consciencia explicada, editado en 1992, y a quien se han sumado otros científicos de la importancia de Nicholas Humphrey y John Searle, entre otros.

Pero no nos llamemos a engaño. Este libro no trata de explicar la conscienca ni es, en ningún sentido, una explicación científica del cerebro o de nuestro mundo interior. Esa tarea corresponde a otros especialistas. Lo que pretende Lachman es exponer que el actual monopolio sobre la consciencia por parte de científicos y algunos filósofos académicos es infundado; estos, en sus explicaciones oficiales, excluyen toda una historia del pensamiento sobre la consciencia y su posible evolución.

¿Pretende, pues, el autor que es estéril el estudio científico de la consciencia y que, por ende, ha de ser abandonado? Ni mucho menos, ya que eso sería muy reduccionista a la par que absurdo; lo que defiende es la importancia de integrar lo que la ciencia nos cuenta sobre el cerebro y la mente en una perspectiva más amplia, en una imagen más grande de la historia de la humanidad y en una visión más extensa de su futuro.

Para ello, Lachman se centra en la tradición metafísica, espiritual y esotérica, sin temor a las suspicacias que puedan despertar algunos de tales términos, revestidos en ocasiones de un carácter peyorativo. Piensa que, en esa tradición, la consciencia, más que ser explicada, se convierte en la protagonista del drama. Lo que expresa así: “Para decirlo de forma resumida, si las actuales explicaciones científicas de la consciencia se basan en las moléculas y en las neuronas, en la contradicción es la propia consciencia la responsable de esas neuronas y moléculas”. Es claro: para los materialistas, la materia es lo primero y, para la tradición contraria, lo primero es la consciencia.

Y no una consciencia estática, producto finalizado e inmutable del cerebro, sino que se trata de una presencia viva y en evolución, cuyo desarrollo puede seguirse a lo largo de varios períodos históricos; un desarrollo que Lachman, con gran acierto, nos propone visitar a lo largo de las páginas de este libro.

Son claras sus palabras: “la idea primordial es que los seres humanos, tal como son, no constituyen el punto final de una evolución, y que su consciencia, tal como es, no es un estado definitivo alcanzado por casualidad. […] aún existe la posibilidad de que los seres humanos evolucionen hacia algo muy diferente y de que dicha diferencia adopte la forma de una consciencia nueva, más amplia y expansiva, que ya se ha manifestado en el pasado y continúa haciéndolo en el presente”. Ese es, pues, el objetivo de la presente obra: con la mirada puesta en el ayer más lejano de nuestro despertar consciente, prever qué podría ser exactamente tal consciencia nueva.

Desde la propia Introducción del libro, Lachman nos señala las características que conforman esa nueva consciencia y lo hace buscando el apoyo de autores como Danah Zohar, Wolf Singer, Denis Pare, Rodolfo Llinás o Yuri Moskvitin, algunos de ellos estudiados con más detenimiento en alguno de los capítulos.

El estudio y exploración de la consciencia, en contraposición al intento de explicarla cuenta ya con una larga historia, pues se presenta bajo la apariencia de prácticas religiosas y espirituales. Ahora bien, como búsqueda filosófica y científica vinculada a la idea de evolución, sus raíces apenas datan de finales del siglo XIX y principios del XX.

En busca de la consciencia cósmica

Y así da comienzo la trayectoria de la obra, con una primera parte: En busca de la consciencia cósmica, en la que Lachman aporta detalles de las ideas y el entorno cultural relacionados con aquellos primeros viajes de la mente.

En un primer capítulo, el autor se detiene en analizar la vida y obra de Richard Maurice Bucke y su pensamiento principal: la humanidad está evolucionando hacia una forma de consciencia superior, que el Cosmos no es una materia muerta, sino una presencia viva. Este desarrollo de la consciencia, a modo darwiniano, tendría forma de pirámide invertida, en cuya base se situaría la mente perceptiva, desde la que se pasa a la mente receptiva y de esta a la mente conceptual para culminar en la consciencia cósmica, una consciencia del cosmos.

Curioso es el segundo capítulo, William James y la revelación anestésica, en el que traza unas breves pinceladas sobre este pintoresco filósofo, psicólogo y científico quien, reconociendo el valor del moderno método científico, no dudó en deplorar su tendencia a tachar de irreales los fenómenos y experiencias que escapaban a su metodología. Fraguó el concepto de “voluntad de creer”, que afirmaba que la efectividad de una creencia es un buen indicador de su valor como verdad, dando un validez a la experiencia como una fundamento más sólido que los sistemas metafísicos.

Más destacado es el personaje analizado en el capítulo tres, Henri Bergson y su élan vital. Lachman supera con mesurado acierto el condensar en unas pocas páginas el complejo pensamiento del autor que analiza, un autor, Bergson, interesado por los problemas de la consciencia, la evolución y los estados alterados del ser y que culminó su obra defendiendo una evolución creadora. Sostenía que los hechos psicológicos son cualitativamente diferentes de los físicos, por lo que la consciencia es un dato irreductible al determinismo científico, concluyendo que es la consciencia la que utiliza al cerebro y no es un producto de este. No compartía la idea determinista de la evolución, sino que propugnaba su pensamiento de un impulso creador, el élan vital, que penetra en la materia y conduce la evolución a formas de mayor complejidad y libertad. Finalmente, apuntaba que la consciencia cósmica es una percepción del mundo no limitada ni filtrada por el cerebro, tal como explica Lachman: “así pues, la consciencia invadió la materia con el fin de utilizarla para su propósito, que es incrementar la consciencia”.

Dicho esto, le toca el turno a El superhombre, tema que aborda el capítulo cuarto. Y, evidentemente, se trata de la propuesta de Nietszche. En este apartado, el autor no se detiene en explicar su teoría del superhombre, sino que, tras unas breves reflexiones, nos lleva a la conclusión de que su superhombre no enlazaba con la idea de una evolución de la consciencia, puesto que no creía en una realidad espiritual. Pero sí lo trae a colación como una consecuencia de la hipótesis que propugna que la evolución lleva a la humanidad a la aparición de un ser superior. Pero sí aprovecha Lachman para acercarnos al ocultismo; nos dice: “Un terreno en que coincidieron la doctrina biológica de la evolución, la figura visionaria del superhombre y la idea de que la humanidad se adentraba en una nueva forma de consciencia, fue el ocultismo”, un fenómeno que gozó de gran vitalidad en el siglo XIX y comienzos del XX. Así nos deja a las puertas del capítulo quinto, A.R. Orage y la New Age.

Gary Lachman se detiene en proponer una sucinta síntesis del pensamiento de Alfred Orage, a quien muchos inscriben dentro de la escuela esotérica Cuarto Camino. Unas líneas de su credo, expresado en el primer número de The New Age, del que fue coeditor, nos ayudarán a entender la esencia de su pensamiento: “Con la fe en que el objeto y propósito predilectos de la voluntad universal de vivir es la creación de una raza de seres suma y progresivamente inteligentes ...” Pensaba que poseemos diferentes formas de consciencia, así como que la humanidad entera evoluciona lentamente hacia un nuevo tipo de ser. Lachman expone, además, las relaciones de Orage con otros pensadores de su época, resultando este capítulo muy enriquecedor para el conocimiento de los movimientos de esta naturaleza producidos en los comienzos del siglo XX. Una de esas personas estrechamente vinculada con Orage fue Piotr Demiánovich Ouspenski , a quien dedica su sexto capítulo, con especial incidencia en su llamada Cuarta Dimensión.

El autor lo define como uno de los “hombres nuevos” de los que hablaba Orage y a estudiarlo con detenimiento se dedica en las páginas de este sexto capítulo con el que culmina la primera parte de su obra. Nos describe su biografía, su manera de proceder, sus inquietudes y sus experiencias, para culminar en un análisis más detenido de la quizás más importante obra de Ouspenski, Tertium Organum, un alarde de especulación metafísica, entusiasmo intelectual, penetración poética y optimismo evolucionista. Nos describe dos obsesiones de Ouspenski: la del déja vu, que le lleva al nieztscheano eterno retorno, y su convicción de que tras la fachada del mundo cotidiano yace otra realidad, una cuarta dimensión. Define Lachman como tema básico de Tertium Organum la necesidad de traspasar los límites artificiales del conocimiento impuestos por la inadecuada lógica de la ciencia positivista, para demostrar que nuestra consciencia cotidiana y normal es solo un modo de consciencia y que el mundo físico que percibimos a través de ella es su producto. Se trata de un importante capítulo dentro de esta primera parte de la obra.

La evolución esotérica

La Evolución esotérica constituye la segunda parte, que se abre con el capítulo El obispo y el bulldog, el séptimo del libro. Un capítulo de mera transición, en el que expone los comienzos de la teoría de Darwin, con sus antecedentes y posteriores pensadores, haciendo hincapié en que aquella teoría de la evolución, a su juicio, hacía innecesaria la mente para justificar la evolución de las especies. El título del capítulo está referido al debate celebrado en 1860 entre el arzobispo Wilberforce y el biólogo Huxley, conocido como el bulldog de Darwin.

Que entre Madame es el título del capítulo octavo. Por supuesto, esta madame no puede ser otra que Helena Petrova Blavatsky, personaje muy controvertido en su época y no muy apreciada en la actualidad. Pero si Lachman la hace aparecer en escena es porque considera que fue la primera persona que defendió con energía un elemento transfísico en la evolución, presentado un esquema de la evolución cósmica y humana considerablemente distinto del ofrecido por la ciencia moderna. Justifica lo llamativo de su aparición en el panorama del siglo XIX por el advenimiento de la segunda ley de la termodinámica de Clausius, que ofrecía un futuro pesimista al cosmos y a la humanidad, a la que Blavatsky contraponía algún tipo de esperanza con sus teorías. Lógicamente, no defiende el autor a la extravagante médium, pero sí expone lo acertado de algunas de sus propuestas, como son la de la unidad fundamental de toda la existencia; la idea, corolario de la anterior, de que el universo está vivo; la de que el ser humano es un microcosmos que comprende en sí todas las fuerzas que operan en el universo, etc. Quizás, este capítulo sería prescindible, salvo como anécdota o como introductor del personaje que aparece en el siguiente: El doctor Steiner, supongo.

En este capítulo, el noveno, se limita el autor a presentarnos a Rudolf Steiner, comentando algo de su biografía y de quienes influyeron en su pensamiento: Goethe, Euclides, Kant, … junto a otras personas a las que la historia prácticamente desconoce. Serán los capítulos diez y once los que nos abran las puertas a sus propuestas, que Lachman analiza en detalle.

En el capítulo 10, De la ciencia de Goethe a la sabiduría del ser humano, el autor comienza con estas líneas: “Steiner combinó su sensibilidad psíquica, sus conocimientos sobre la cosmovisión de Goethe y el marco evolutivo de La doctrina secreta para elaborar una versión extraordinaria de la evolución humana y cósmica. Puso a su enseñanza el nombre de antroposofía”. Y lo hacía en un momento en que el cientificismo se había establecido como garante oficial de la verdad, a lo que Steiner contraponía que la ciencia tiene que combatirse con la ciencia, asunto al que se dedicó de lleno. En el fondo, lo que se proponía era una investigación rigurosa y la exploración de la consciencia, es decir, entender cómo nuestra consciencia llegó a ser lo que es en la actualidad. O lo que es lo mismo, la consciencia en evolución: “El hombre no solo está ahí para formarse una imagen de un mundo concluido; no: él mismo coopera en la existencia efectiva del mundo”.

Y Lachman continúa su análisis en el capítulo siguiente, La evolución cósmica. Aquí recoge y sintetiza la doctrina de Steiner sobre la evolución de nuestro sistema solar hasta llegar a la materialización actual de la tierra, previendo nuevas fases de una creciente espiritualización, un proceso que viene guiado por las jerarquías espirituales; todo un sistema que elaboró tras la lectura de los registros akáshicos. También Lachman se refiere a los estados de consciencia que propuso Steiner, recogidos en la serie de conferencias disponibles bajo el título La teosofía del rosacruz. Pese a la complejidad del tema, el autor nos ofrece una buena síntesis del pensamiento de la antroposofía.

Esta segunda parte de la obra, dedicada a la evolución esotérica, se cierra con La hipnagogia, término relativamente reciente, poco conocido hasta los planteamientos del profesor de la universidad de Brunel, Andreas Mavromatis, quien publicó la primera obra exhaustiva sobre ese estado de consciencia excepcional entre la vigilia y el sueño; unos estados que, pese a no saber cómo reconocerlos, nos son habituales diariamente. El autor dedica este bloque a explicar la relación del cerebro con la hipnagogia, apuntando que coincide tal situación de la consciencia con los planteamientos de Rudolf Steiner, lo que viene a confirmar su carácter evolutivo y que da pie a pensar que existen muchas realidades y que lo que llamamos estado de vigilia es solo una de ellas. Finaliza con las siguientes palabras: “si esta evolución de la consciencia puede verse en la propia estructura del cerebro […] la pregunta siguiente es: ¿ha dejado dicha evolución alguna otra huella? […] ¿existe algún registro fósil de la mente?”. Justamente lo que trata en la tercera parte del libro, con el apropiado título La arqueología de la consciencia.

La arqueología de la consciencia

En ella, el autor examina las pruebas que demuestran qué tipo de consciencia pudieron experimentar nuestros antepasados antiguos y prehistóricos; si la consciencia ha evolucionado, no cabe duda de que hemos llegado al punto actual a través de etapas previas.

La mente invisible es el primer bloque de esta nueva parte de la obra. Y esto es así porque, cuando pretendemos estudiar la historia de la consciencia, nos enfrentamos al hecho de que no existen restos fósiles, por el simple hecho de que no es material, es libre respecto a la materialidad. Hoy solo disponemos de nuestra propia consciencia que, en contra del cientificismo, no se constriñe a nuestro cerebro. Y algo más: nuestra consciencia, nuestro verdadero yo, nos es realmente invisible, no es asible por nuestros medios, se nos escapa. Y, siendo esto así, ¿cómo podemos saber que ha evolucionado? Pues porque aunque no sea material, no carece de relación con la materia; podemos ver cómo la penetra y la desarrolla desde sus estadios más tempranos hasta cuerpos cada vez más refinados y complejos. Y es ahí donde pensadores como Bergson o Teilhard de Chardin pueden dibujar el movimiento evolutivo de la consciencia a través de la materia. Llegados a este punto, la meta ya no es el control directo de esa materia, sino que la consciencia se centra en el desarrollo y crecimiento del mundo interior, estableciendo nuevas maneras de interactuar y relacionarse con aquella. ¿Cómo? A través del arte, la ciencia y la religión, en una palabra, de la cultura.

Pero, ¿cuándo empezó exactamente la mente a dejar su huella en el mundo físico? No se conoce la respuesta ni, probablemente, se conocerá nunca, aunque Lachman sugiere que sí ha dejado algún rastro que se sitúa en los mitos, una etapa de preconsciencia. Alude al ejemplo de los niños que, hasta los dos años, no rompen el cascarón de su estado urobórico, en el que no distinguen ninguna ruptura entre ellos y el mundo exterior y trae como ejemplo el mito de la expulsión del edén que, opina, “es el trauma que experimenta cada ser humano al salir del cascarón urobórico de la infancia”. En cualquier caso, sugiere que la aparición de la autoconsciencia es relativamente reciente, situándola en el comienzo de un registro escrito, la historia, el nacimiento de la civilización.

Seguidamente, Gary Lachman dedica un extenso capítulo, el quince, a El mundo perdido. En él recorre diversas teorías que, aunque no probadas científicamente pero basadas en determinados hallazgos, permiten especular con cierta racionalidad y fundamento. Nos habla de Marija Gimbutas y su civilización matriarcal, muy desarrollada, anterior incluso a la egipcia, y que desapareció aplastada por otras más burdas. Aporta los trabajos de Stan Gooch sobre los conocimientos de los neandertales, que no eran tan primitivos como se admite habitualmente y que hoy perviven apresados dentro de nuestro cerebro. También Richard Rudgley, quien defiende las pruebas de la existencia de una lengua paleolítica o unas matemáticas de la edad de piedra. Finalmente, los trabajos de Paul Devereux acerca de la afición primitiva por los estados alterados de consciencia y la aparición de un talento astronómico aparecido en una edad muy temprana. Trae a colación inexplicables hallazgos de anomalías evolutivas, como la presencia de fósiles anatómicamente modernos en épocas arcaicas. Todo ello para concluir que “estas anomalías dan a entender que la pulcra y metódica versión de la ‘ascensión del hombre’ desde los simiescos ancestros primitivos hasta nosotros no es tan evidente como quieren afirmar los expertos”. Esto es lo que Lachman afirma.

En un paso más, el autor dedica un capítulo a La consciencia no cerebral. Propone que la consciencia de nuestros antepasados prehistóricos fue muy diferente a la nuestra y no debía de diferir mucho de la de los animales. Se trataba de una consciencia con un conocimiento, no por aprendizaje, sino por una captación irreflexiva e inmediata de las leyes fundamentales de la existencia. Pero, con la explosión cerebral esto cambió. Sin embargo, parece que la física cuántica y la relatividad abren la puerta a un universo más concordante con la cosmología de los antiguos. En apoyo de su teoría, realiza un estudio de la obra de Réné Schwaller y sus investigaciones sobre la esfinge y otros monumentos del antiguo Egipto que abundan en la idea de la existencia de una civilización muy anterior a la histórica que conocemos, dotada de ese conocimiento inmediato, de intuición, y que vendría a estar confirmada por hallazgos arqueológicos cuya datación no se corresponde con la admitida por la arqueología convencional.

Pese a ello, en un momento dado, mejor, a lo largo de un período largo, se produjo una escisión en nuestro cerebro, por la que perdimos esa manera de conocer inmediata e intuitiva. Una escisión, por otro lado, necesaria para que se produjera la evolución. Nuestros ancestros no tenían necesidad de de explorar el cosmos, lo tenían ahí, estaban como en casa; gozaban de una consciencia comunal y la escisión comienza, precisamente, cuando se toma consciencia de la individualidad. En tal sentido, apunta, citando a otros autores, que nuestra mente lineal proviene de nuestra ascendencia cromañoide, mientras las cualidades místicas e intuitivas son herencia de los neandertales. Un signo importante del inicio de esa escisión es la aparición del alfabeto, fruto de un esfuerzo abstracto y lineal, que dominará a la parte intuitiva del cerebro. En la actualidad, con la aparición de internet, parece que nos podemos estar alejando de ese pensamiento lineal para volver al renacimiento de la imagen. Shlain, Gooch, Julian Jaynes y Wilson Van Dusen, son algunos de los autores que cimientan los planteamientos de Lachman. Y con ellos cierra la tercera parte del libro para adentrarnos en la cuarta, dedicada a la Epistemología participativa.

Epistemología participativa

En ella, trata de cómo pudo ser la consciencia antes de aquella escisión y sobre cómo podría ser en el futuro. Se apoya en tres autores, Owen Barfield (que nos muestra cuánto puede decirnos la historia del lenguaje sobre la evolución de la consciencia), Yuri Moskvitin (que trató sobre nuestros mecanismos de percepción y la relación de la consciencia con el mundo exterior como un todo) y Colin Wilson (quien habla de nuestra capacidad para traspasar los límites del presente y experimentar otras épocas y lugares).

Y, en efecto, en El impacto de la metáfora, se detiene Lachman en Owen Barfield. La idea esencial de este discípulo de Rudolf Steiner, la resume el autor: “Con el tiempo no solamente han evolucionado nuestras ideas sobre las cosas, sino también nuestra consciencia de ellas, y esa evolución queda registrada en el lenguaje. Y aunque la concepción estándar de la evolución supone una consciencia muy similar a la nuestra, confrontada con un mundo exterior preexistente compuesto por objetos distintos, independientes e impermeables, lo que queda registrado en el lenguaje […] es algo diferente”. A medida que retrocedemos en la historia, el lenguaje se vuelve más figurativo, más metafórico y más semejante al de la poesía de lo que es hoy. Para Barfield, los relatos sobre espíritus de la naturaleza, cuentos populares y mitos y leyendas, todo eso tiene su origen en la consciencia participativa de la que ya hemos hablado y que evoluciona al estadio actual.

Todavía muchas más páginas dedica Lachman a la obra de Barfield: el capítulo diecinueve, La mente participativa, y el veinte, El tapiz de la naturaleza. En el primero de estos dos, se concluye que, según Barfield, el mundo que vemos es como es porque nuestra consciencia es como es; si esta, nuestra consciencia, fuera distinta, el mundo también lo sería. Y en el siguiente, se refiere a que la historia del lenguaje es tan importante porque revela una consciencia y un mundo diferentes de los nuestros. Resultan muy interesantes estos capítulos dedicados a Barfield, que merecen una lectura reposada, recorriendo su pensamiento a través de sus principales obras.

Yuri Moskvitin es el protagonista de los dos capítulos siguientes del libro. Los titula Pensar el pensamiento: Yuri Moskvitin y la antroposfera y El agujero negro de la consciencia. En ellos Lachman nos ofrece un acertado resumen de los planteamientos de este autor danés que exige una lectura de estas páginas. Un pensamiento, el de Moskvitin, que se podría sintetizar, con todos los riesgos que se corre de comprimir tanto una teoría meditada y amplia, en su concepto de antroposfera: “nombre inusual con el que se refiere al mundo creado por la consciencia humana, que, a su entender, lo incluye todo, desde las pinturas rupestres a la teoría de la relatividad”; es decir, vivimos en un mundo que es mucho más humano que natural, que es, en definitiva, producto de la mente humana. Por lo que respecta a ese agujero negro de la consciencia, Lachman se refiere a la incapacidad de conocer nuestro yo más íntimo, ya que, al reflexionar sobre él, hay una petición de principio: quién observa al que observa, al que reflexiona. Como decimos, son dos capítulos de una lectura muy sugestiva.

Los dos siguientes capítulos, Otros tiempos y lugares y La facultad X, los dedica Lachman a Colin Wilson. Es difícil sintetizar el amplio resumen que hace de este autor. Mejor, utilizar para describirlo, las propias palabras de Lachman: “Uno de los escasos pensadores que han valorado las ideas de Moskvitin es Colin Wilson, que ha dedicado casi medio siglo a lidiar con el problema de la consciencia. Sus ideas sobre la Facultad X y nuestra capacidad para traspasar los límites del presente y experimentar otras épocas y lugares nos permiten entrever algunos poderes, hoy adormecidos pero quizá pronto activos, latentes en la mente humana”. Teorías ciertamente controvertidas pero que Lachman considera conveniente aportar en apoyo de su propuesta.

Presencia del origen

Llegamos, así, a la quinta parte de la obra, Presencia del origen, centrada en la obra de un solo pensador, el filósofo de la cultura Jean Gebser. Ciertamente, no se trata de un autor ampliamente conocido, pero sí lo es para quienes se interesan en las ideas sobre la evolución y la historia de la consciencia. Así, Lachman se detiene en la obra Origen y presente, que data de 1949, obra exigente e intimidadora. ¿Y por qué lo hace así Lachman? En primer lugar porque opina, quizás sin demasiada justificación, que sus ideas merecen ser mejor conocidas; pero también, en segundo lugar, porque tal vez constituya su obra la defensa más extensamente razonada y bien documentada que existe de la evolución de la consciencia. Pero, curándose en salud, Lachman afirma que no pretende decir que la argumentación de Gebser sea la correcta, sino que presenta unas pruebas muy convincentes. Y, como dedica muchas páginas a la vida de aquel filósofo, lo justifica en que su vida encarna un pensamiento clave: que la filosofía está para ser vivida y no meramente pensada.

Su análisis de Gebser lo desarrolla en cuatro capítulos. El primero de ellos lo titula La ascensión al Monte Veontoux, en alusión a la ascensión que hiciera Petrarca a esta cumbre sin una motivación pragmática, sino por el simple deseo de contemplar el panorama, algo inaudito hasta ese momento, y que le produjo una experiencia única. Lachman comenta la biografía de Gebser, haciendo hincapié en las cinco estructuras mentales que concibió y cómo la civilización occidental ha estado sumida en la agonía de la estructura vigente de su consciencia; y de cómo nos encaminamos precipitadamente hacia una nueva forma de consciencia que se manifestaría en una nueva experiencia del tiempo. Pensaba Gebser que la raza humana se dirigiría en las décadas venideras hacia una catástrofe global, una era de absoluto materialismo científico y desprovista de espíritu pero que se podría evitar con voluntad y capacidad de visión.

Estructuras de la consciencia, La estructura mental-racional y La estructura integral son los tres siguientes capítulos que Lachman dedica al estudio de la obra de Gebser. Y lo hace partiendo del análisis de su libro ya citado Origen y presente, un tomo de una seiscientas páginas de enseñanzas y sabidurías inmensas destinadas a un lector ya iniciado en ciertos aspectos de la historia de la cultura y de la civilización occidental, así como en los aspectos más esotéricos de la creatividad humana. Lachman explica con detalle las estructuras propuestas por Gebser: la arcaica, la mágica, la mítica, la mental-racional y la mental integral, teniendo siempre en cuenta que, según el propio Gebser, en esta evolución de las estructuras de la consciencia, las anteriores continúan activas y presentes en la nuestra.

Epílogo

Con esto, llegamos al Epílogo que Lachman titula Ganando tiempo, en alusión a esa nueva forma de consciencia manifestada, según Gebser, en una novedosa experiencia del tiempo. Es justamente el tiempo el eje central de este último apartado del libro. Nos encontramos en un mundo más frenético, más rápido, aunque hay quienes no están de acuerdo con la situación e impulsan movimientos desaceleradores que invitan a pisar el freno.
Pero hay más circunstancias: la opinión de que el pasado continúa existiendo y está presente a la consciencia, necesitando solo un reajuste para que nos sea accesible; la idea de que lo pictórico, el mundo de la imagen, que llena nuestra vida está sustituyendo al pensamiento racional-lineal; incluso, el mundo del libro, que nos invita a salir del aquí y ahora para penetrar pausadamente en otro espacio-tiempo, parece llamado a quebrarse; que el ego, nuestra consciencia del yo, en cuanto necesitado de trascendencia, no es algo que se pueda desestimar sin más; … Todo ello nos invita a pensar que la experiencia humana del tiempo está sufriendo una mutación fundamental; que asistimos a alguna transformación de las cosas; que la consciencia humana, al menos en el mundo occidental, se encamina hacia un cambio radical en su infraestructura mental o está ya en sus primeras fases y que este cambio comportará una nueva experiencia del tiempo. Se inclina Lachman por pensar que estamos ante una transformación de la consciencia misma y que disponemos del potencial necesario para llevarla a cabo. Y cierra citando esta frase de Gebser: “el mundo nunca será un paraíso. Si llegase a serlo, su existencia se volvería ilusoria. No nos engañemos ni sucumbamos a falsas esperanzas. El mundo no mejorará demasiado, tan solo será un poco distinto y tal vez sepa valorar un poco más las cosas que realmente importan”.

Concluyendo

Nos hallamos ante una historia de la consciencia, no de la única historia de la consciencia; hay muchas otras, según reconoce el autor, quien confía en que vaya saliendo a la luz el mayor número de ellas. Tampoco son únicas las ideas de la consciencia aquí expuestas, sino que, como dice el propio Lachman, son una fracción de las muchas que se han concebido y cuyas implicaciones y posibilidades enriquecen nuestra vida. E, igualmente, reconoce que sus preferencias e intereses son las que han guiado la selección de autores y de vericuetos por los que nos ha conducido en esta su historia secreta de la consciencia.

Aunque nos muestra sus preferencias y aquellas opiniones por las que se inclina, el autor es muy respetuoso con el lector. Le ofrece datos, argumentos, informaciones, para que pueda ir llegando, si acepta cuanto se le propone, a las conclusiones que pretende defender. Es un logro alcanzado.

En cualquier caso, el libro resulta sumamente ameno y de asequible lectura, pese a lo complejo del tema tratado. Evidentemente, en asunto tan complicado, la diversidad de opiniones es abundante. No las esconde Lachman, aunque corresponde al lector encontrar la suya propia y oponerla, razonadamente, a las por él expuestas.

En cuanto a la presentación del libro, es de destacar lo cuidado de la edición. Encuadernado en cartoné, con tipología gráfica muy clara y generosa distribución del texto, con guardas bellamente ilustradas. Las notas, por capítulos, se incluyen al final, haciendo así, más fácil la lectura. Aunque podría ampliar mucho la bibliografía, Gary Lachman se ha circunscrito a la más esencial a los efectos de su obra, una obra de recomendable lectura.

Índice

Introducción. La consciencia explicada

Primera parte. En busca de la consciencia cósmica
Capítulo 1. R.M. Bucke y el futuro de la humanidad
Capítulo 2. William James y la revelación anestésica
Capítulo 3. Henri Bergson y el élan vital
Capítulo 4. El superhombre
Capítulo 5. A.R. Orage y la New Age
Capítulo 6. La cuarta dimensión de Ouspensky

Segunda parte. Evolución esotérica
Capítulo 7. El obispo y el bulldog
Capítulo 8. Que entre Madame
Capítulo 9. El doctor Steiner, supongo
Capítulo 10. De la ciencia de Goethe a la sabiduría del ser humano
Capítulo 11. La evolución cósmica
Capítulo 12. La hipnagogia

Tercera parte. La arqueología de la consciencia
Capítulo 13. La mente invisible
Capítulo 14. Romper el cascarón
Capítulo 15. El mundo perdido
Capítulo 16. La consciencia no cerebral
Capítulo 17. La escisión

Cuarta parte. Epistemología participativa
Capítulo 18. El impacto de la metáfora
Capítulo 19. La mente participativa
Capítulo 20. El tapiz de la naturaleza
Capítulo 21. Pensar el pensamiento: Yuri Moskvitin y la antroposfera
Capítulo 22. El agujero negro de la consciencia
Capítulo 23. Otros tiempos y lugares
Capítulo 24. La facultad X

Quinta parte. La presencia del origen
Capítulo 25. La ascensión al monte Ventoux
Capítulo 26. Estructuras de la consciencia
Capítulo 27. La estructura mental-racional
Capítulo 28. La estructura integral

Epílogo. Ganando tiempo

Notas
Bibliografía selecta










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25/10/2016 Comentarios




Reseñas

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La Guía, distribuida por Axel Springer, se puede encontrar en más de 6.600 puntos de ventas de toda España y a través de Internet.

Comunidad de startups

El Referente, que edita esta Guía, es un medio digital fundado por el emprendedor José María Torrego en el año 2009. Tras posicionarlo como medio de referencia universitario y no encontrar un modelo de negocio estable en el sector, decidió pivotar la idea hacia un medio digital enfocado en startups y emprendedores en marzo de 2014. Al mismo tiempo lanzó la primera comunidad de startups española, denominada Referentes, un movimiento social emprendedor que impulsa y difunde las ideas más innovadoras de España. Después de dos años y medio la Comunidad está formada por más de 500 startups españolas entre las que se encuentran empresas de referencia nacional como Jobandtalent, Carto, Blablacar, Socialcar, We Are Knitters, Ticketbis, Crowdcube, Upplication o Startupxplore, entre otras. 
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25/10/2016 Comentarios




Reseñas

Politique étrangère: La decepción latinoamericana Canal bibliográfico de T21 , 19/10/2016
Politique étrangère: La decepción latinoamericana
América Latina encarnaba hace tiempo una democratización política imparable, una evolución de sus sociedades hacia la reducción de las grandes desigualdades y su inserción  en una economía mundializada. Pero este sueño ha terminado, señala Politique étrangère en su último número.

Politique étrangère es la revista del Instituto Francés de Relaciones Internacionales que incluye debates y análisis sobre las grandes cuestiones internacionales, ya sean políticas, como económicas o de seguridad.

Sobre América Latina, señala que en Brasil, la experiencia del Partido de los Trabajadores no ha alterado las desigualdades, ni conseguido tampoco el crecimiento económico esperado, al mismo tiempo que ha desacreditado al sistema político.

En Argentina, después de dos mandatos de los Kichners, difíciles de analizar, la incertidumbre rodea a la futura evolución del país. En Colombia y México, la violencia asociada a la rebelión y al narcotráfico es todavía compleja y peligrosa.

En consecuencia, parece que América Latina sólo presenta en este momento su diversidad y su fracaso provisional en el intento de consolidar las opciones democráticas, concluye la revista.

Crisis de Europa

La revista dedica asimismo un espacio a la crisis de Europa, tanto como continente como a la crisis de la construcción europea, abordando diversas cuestiones como el posible federalismo frente al reforzamiento de las naciones, así como las consecuencias del brexit.
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19/10/2016 Comentarios




Reseñas

¿Por qué solo nosotros? Canal bibliográfico de T21 , 17/10/2016

Evolución y lenguaje


¿Por qué solo nosotros?
Ficha Técnica
 
Título: ¿Por qué solo nosotros?
Autores: Robert C. Berwick y Noam Chomsky
Edita: Editorial Kairós.  Barcelona, octubre de 2016
Traducción: Fina Marfá Pagés
Colección: Ensayo
Materia: Evolución y lenguaje
Encuadernación: Rústica con solapas
Número de páginas: 224
ISBN: 978-84-9988-526-1
PVP: 16,00€
 
 
“Nacemos llorando, pero esos gritos anuncian los primeros latidos de la lengua. Más o menos un año después de haber nacido, los bebés dominan el sistema de sonidos de su lengua; unos pocos años más tarde, entablan conversaciones con quienes los atienden. Esta singular capacidad propia y específica de nuestra especie para adquirir cualquier lengua humana –la facultad del lenguaje- plantea importantes preguntas de orden biológico desde hace mucho tiempo, entre ellas las siguientes: ¿Cuál es la naturaleza del lenguaje ¿Cómo funciona? ¿Cómo ha evolucionado’.”
 
En ¿Por qué solo nosotros? Robert C. Berwick y Noam Chomsky abordan en profundidad el tema de la evolución del lenguaje redefiniendo por completo las teorías sobre su evolución. Esta extraordinaria facultad humana del lenguaje plantea importantes interrogantes biológicos que han despertado gran interés desde los comienzos de la gramática generativa a mediados del siglo XX.
 
Hasta hace poco no se podía plantear adecuadamente el tema de la evolución, porque ni siquiera sabíamos definir con propiedad el «lenguaje». Pero a partir del Programa Minimalista, desarrollado por Chomsky y otros, ahora conocemos los ingredientes clave del lenguaje humano y somos capaces de ofrecer una explicación de la evolución del lenguaje humano y de lo que nos distingue de los demás animales.
 
Berwick y Chomsky ahondan en la eficacia computacional del lenguaje en tanto que sistema de pensamiento y conocimiento; del conflicto entre la idea darwinista de cambio gradual y nuestro modo actual de ver el cambio evolutivo y el lenguaje; y de evidencias obtenidas en animales no humanos, especialmente en torno al aprendizaje de vocales en aves cantoras. El resultado es un hito en el abordaje biolingüístico del lenguaje.
 
 
Sumario
 
Agradecimientos
 
  1. ¿Por qué ahora?
  2. La biolingüística evoluciona
  3. La arquitectura del lenguaje y su importancia para la evolución
  4. Triángulos en el cerebro
 
Notas
Bibliografía
 
 
Datos de los autores
 
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17/10/2016 Comentarios




Reseñas

Puntero en la mano de Dios, de Frank Sobiech Leandro Sequeiros , 14/10/2016
Puntero en la mano de Dios, de Frank Sobiech
Ficha técnica

FRANK SOBIECH (2015) Puntero en la mano de Dios. Ética y bioética en la obra y en la recepción del anatomista Niels Stensen (1638-1686), con un prólogo del Cardenal Gerhard Ludwig Müller.
Editorial Nueva Patris, Santiago de Chile, 225 páginas.
ISBN: 978-956-246-812-1.
 

El anatomista danés Niels Stensen (1638-1686), más conocido en la literatura española como Nicolás Steno, hizo aportaciones esenciales a la Revolución Científica del siglo XVII. Steno ha sido considerado como el fundador de la Geología como ciencia. Sus estudios sobre los sedimentos de la Toscana le llevaron a publicar un texto (De solido intra solido naturaliter contento dissertationis Prodromus) que hoy se considera fundamental para entender las modernas ciencias de la Tierra.

En medicina, Steno  fue el primero en demostrar la función del ovario femenino, designado en aquel entonces todavía como testes.

En Copenhague, donde Steno colaboró bajo el título de «anatomista real» en el nuevo examen universitario para las matronas, coronó su carrera como científico con la disección demostrativa de un cadáver de mujer. Una escultura emplazada frente a la biblioteca de la Facultad de Ciencias Naturales y de la Salud de la Universidad de Copenhague recuerda desde 1963 este acontecimiento.

Steno, que en 1667 se había convertido en Florencia a la fe católica romana, fue ordenado sacerdote en 1675. En 1677 fue consagrado obispo y nombrado vicario apostólico de las misiones nórdicas. Este estudio histórico-médico y teológico hace por vez primera una exposición de la ética de Steno, de sus implicaciones para la ética médica y la teología así como de su recepción por parte de médicos y científicos de la naturaleza desde el siglo XVII.

Como escribe el Cardenal Müller en el prólogo, “Stensen, que antes de su ordenación sacerdotal había sido un pionero como investigador de la anatomía –por ejemplo, a través de la demostración anatómica de la existencia del ovario femenino en el ser humano -, convence por su imagen cristiana del hombre, imagen que él desarrollara en el camino de su vida primeramente como luterano, después como hombre en búsqueda y, tras su conversión, como católico”.

El presente volumen es el resumen de la tesis doctoral en teología de Frank Sobiech, nacido en 1972, graduado en Teología Católica y en Derecho por la Westfälische Wilhelms – Universität de Münster, así como en Historia y Latín por la Universidad de Tréveris.
El volumen está estructurado en cuatro extensos capítulos. El primero de ellos (“Fundamentación”) introduce al lector en el método utilizado en esta investigación, situando la figura de Steno en el contexto de la historia de la medicina y de la ética médica del siglo XVII, así como de la ética médica en relación con la teología católica y protestante.

El segundo capítulo (“Ética y bioética del anatomista Niels Stensen”) es el más extenso (un tercio del total del volumen) es el centro del trabajo. Lo ocupan cuestiones de bioética, sobre todo de la reproducción humana, de la ética sexual, del comienzo de la vida y de la animación del embrión así como un caso de plagio y cuestiones pastorales fronterizas. A pesar de la distancia temporal, la persona y la obra del científico Niels Stensen ofrece para las preguntas por la esencia de la ética profesional en la medicina como ciencia y en la práctica médica respuestas de sorprendente actualidad.

El tercer capítulo (“Semblanza de Niels Stensen en la historia (siglos XVII-XXI) describa de modo erudito el impacto de las ideas de Steno en las comunidades científicas de lo que llamaba “la república de los médicos” desde su época hasta la actualidad. Sorprende saber que muchos expertos en bioética médica han acudido a las ideas de Steno para justificar planteamientos actuales de las ciencias biomédicas.

El cuarto capítulo (“La permanente importancia de Niels Stensen”) tiene un carácter conclusivo: ¿qué puede aportar el anatomista Niels Stensen tanto en la investigación médica como también para reforzar el ejercicio práctico de la profesión médica en una ética que sirva y promueva la vida humana? Puede decirse que Stensen se caracteriza en su investigación por un alto nivel de autonomía y de capacidad de juzgar sin prejuicios así como de reflexión sobre sí mismo y de conciencia filosófico-científica, sobre todo en la propensión al error que es propia de las observaciones científicas, tanto ajenas como propias.

El volumen se completa con un extenso anexo con una relación de fuentes y bibliografía, así como un completo índice de citas bíblicas y de nombres citados en el texto.

Una cuidada edición que colabora, sin duda, a un mejor conocimiento de Niels Stensen (Nicolás Steno), un científico (médico anatomista y geólogo), filósofo de la naturaleza y de la ética, y teólogo que colaboró a la construcción de la ciencia moderna en el siglo XVII.
Leandro Sequeiros
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14/10/2016 Comentarios




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