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RESEÑAS

Reseñas

Deja de intentar cambiar Canal bibliográfico de T21 , 30/11/2016
Deja de intentar cambiar
Ficha técnica

Título: 
DEJA DE INTENTAR CAMBIAR. Vive la vida como eres en vez de como deberías ser.
Autores: Rodrigo Martínez de Ubago y Mara Aznar Briones
Edita: Editorial Kolima, Madrid, 2016.
ISBN: 978-84-16364-79-4
 
"Deja de intentar cambiar" es un libro más profundo de lo que parece. Aunque es pequeño e intenta explicar de forma sencilla, trata conceptos que cuesta incorporar, ya que van en contra de todo lo que hemos oído desde pequeños (y desde hace siglos). Es un libro que habla de la naturaleza humana, tratando de transmitir lo que la ciencia va descubriendo al respecto y que en muchos casos está en clara contradicción con la creencia generalizada.
 
Desde pequeños hemos oído que tenemos que cambiar aspectos nuestros que los que nos rodeaban no consideraban "normales", que no les gustaban o hemos tenido que sufrir las presiones para ser "perfectos", en la familia, en el colegio, o en el trabajo.

Y han puesto a nuestra disposición infinidad de medios para conseguirlo: educación, profesores, formación, experiencias,... sin embargo, y a pesar de que queríamos, no podíamos. La sociedad dicta las normas sobre como hay que ser, pone los medios he intenta homogeneizarnos. Pero no tiene en cuenta que cada uno somos diferentes.

Los medios, métodos, estrategias,... son los mismos para todos. Pero todos somos diferentes. Y somos diferentes porque tenemos una personalidad única que es lo que mejor nos define, es nuestra "forma de ser". Y nuestra personalidad tiene una base genética con una estructura biológica demostrada que no es modificable. Esto hace que nos comportemos con mayor probabilidad de un modo antes que de otro en una situación concreta. Y que nuestras formas de aprender, relacionarnos, trabajar, amar y comportarnos sean diferentes para cada uno.

Esta presión social se traduce en que tenemos la sensación de que en determinados aspectos "estamos mal" (como individuos y como padres, profesores o jefes, que no conseguimos que los demás cambien), que tenemos que esforzarnos para cambiar y adaptarnos al entorno. La propuesta del libro es muy diferente: puesto que tu eres como eres, único, y tu personalidad no es modificable, estaría bien adaptar el entorno a ti y no al revés.
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30/11/2016 Comentarios




Reseñas

Justicia ecológica en la era del Antropoceno Juan Antonio Martínez de la Fe , 27/11/2016
Justicia ecológica en la era del Antropoceno
Ficha Técnica

Título: Justicia ecológica en la era del Antropoceno
Editora: Teresa Vicente Giménez
Autor: AA.VV.
Edita: Editorial Trotta, Madrid, 2016
Colección: Estructuras y Procesos
Serie: Derecho
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 214
ISBN: 978-84-9879-659-9
Precio: 20 euros

Cambio climático, ecología, calentamiento global, … son términos que ya nos son familiares. Organismos nacionales e internacionales, organizaciones no gubernamentales, currículos educativos, etc. contribuyen, afortunadamente, a crear una conciencia medioambiental que se extiende a lo largo y ancho de la sociedad. Como destacados acontecimientos recientes, se nos presentan los informes del Club de Roma, la COP21 y la inmediata COP22, junto a la encíclica del Papa Francisco Laudato si que constituyen avances en ese reto de cuidar la casa común. Pero junto a todo ello figuran quienes se sitúan en una posición negacionista del problema, en la que se inscriben algunos científicos y pensadores a los que se une el recientemente elegido presidente de los Estados Unidos, que ya amenaza con replantearse sus compromisos internacionales en este asunto, junto con una drástica reducción de los fondos que hasta ahora destinaba a evitar la catástrofe ecológica que se nos anuncia de no tomar las medidas correctores y urgentes que se precisan.

La aparición de este libro que comentamos no puede ser más oportuna. Cuando se habla de justicia ecológica no se habla de una cuestión opcional, sino de algo más profundo y necesario como es la reparación del daño. Y cuando se refiere a la era del antropoceno, nos coloca a los humanos en el centro del problema, pues es a nosotros a quienes se cita, a quienes se investiga, a quienes se les exige enmendar el camino seguido hasta ahora; porque, no cabe duda, somos los culpables y responsables de lo que acontece y de lo que acontecerá.

Esta obra nos ofrece un panorama, una causa de ese panorama y arbitra una solución.

Panorama: Nos encontramos con un modelo económico que considera el medio natural como un objeto inagotable para su explotación sin límites, lo que ha conducido, a lo largo de más de cuatro siglos, a la situación de emergencia social y ecológica que padecemos en la actualidad.

La causa: “Los grandes problemas ambientales a los que se enfrenta el mundo, como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la desertificación o la contaminación de las aguas, la atmósfera y el suelo tienen su causa en la conducta humana, en las formas de vida que ha impuesto a la humanidad el sistema económico dominante y el sistema jurídico-político que le sirve de apoyo y fundamento”.

Una solución: Nos encontramos con que ni el derecho ni la política poseen la radicalidad necesaria para enfrentarse al poder económico (que se defiende enérgicamente) que cada día es más abusivo. Se necesita de la fuerza vinculante de unos principios de justicia de contenido ecológico. La justicia climática forma parte de la justicia ecológica, que junto a la justicia social comparte el modelo de la justicia distributiva. El derecho debe permitir a los ciudadanos el acceso a la justicia ambiental y ofrecerles la posibilidad de que puedan obligar a sus gobiernos, pacíficamente, a cumplir con el deber de proteger el medio ambiente. Es llegado el momento de que la ciudadanía se ponga en pie y exija a sus dirigentes las medidas encaminadas a revertir la situación actual.

El libro no es de un solo autor. Se trata de una obra coral como corresponde a las especialidades que aborda en cada uno de sus seis apartados, firmados por auténticos especialistas que nos aportan un muy interesante y actualizado observatorio de la realidad que pretende describir.

Desarrollo ético-jurídico de la justicia ecológica

El primero de estos ensayos lleva por título El nuevo paradigma de la justicia ecológica y su desarrollo ético jurídico. Lo firma la editora de la obra, Teresa Vicente Giménez, profesora titular de Filosofía del Derecho en la Universidad de Murcia.

Inicia su exposición con un detallado análisis sobre Las raíces de la justicia ecológica, la conciencia ecológica y la ética ecológica, fruto de un clamor para dar al ser humano y a la naturaleza lo que les corresponde para su desarrollo y dignidad. Intenta dar una respuesta desde la teoría de la justicia para tratar de configurar el nuevo paradigma de la justicia ecológica, que busca sus raíces en el pensamiento, la conciencia y la reflexión ética de la humanidad, para ampliar el ámbito de la justicia a la ecología, y desde el reconocimiento de los límites del ecosistema, determinar la nueva medida de la conducta humana y el nuevo rumbo hacia una sociedad sustentable y duradera.

Se trata de una serie de páginas, densas de contenido y reflexión, que recorre los primeros momentos de ese movimiento a favor de la naturaleza hasta el actual, en que se impone ampliar el ámbito de la justicia al terreno de la ecología. Se detiene brevemente en autores como Teilhard de Chardin, quien desde los años cincuenta del siglo pasado, avanza constantes sugerencias a una conciencia ecológica, una conciencia trascendental e inmanente al proceso de hominización del cosmos, explicando de manera sucinta la tesis de la realidad física del pensador francés.

Capra y Boff son otros autores que aparecen a lo largo del itinerario propuesto, que, en este sentido de recorrer la historia de este movimiento, culmina con la encíclica Laudato si del Papa Francisco, de la que reconoce lo acertado de su diagnóstico, pero a la que reprocha que lo sobrenatural no es la vía para la solución del problema. Y aunque el Papa recoge importantes citas de pensadores, comenta que adolece de referencias al movimiento ecológico. Y, finalmente, pese a que trata bien el tema de la responsabilidad ambiental, elude la influencia del mensaje bíblico de dominio sobre la naturaleza en la imposición de un modelo de sumisión y saqueo de esta.

Aborda a continuación el tema de La justicia ecológica en la teoría de la justicia: la justicia pro futuro y la dimensión universal en la protección del medio ambiente. Es un apartado que se desarrolla en dos epígrafes, en los que nos hace reflexionar sobre la naturaleza como sujeto de derecho, no solo atribuyéndole un derecho concreto y específico propio del medio, sino mediante una responsabilidad del ser humano hacia la naturaleza en nombre de valores ecológicos conductores del obrar social, jurídico y político. Y ello no mirándonos a nosotros mismos únicamente, sino sabiéndonos responsables de su conservación para las futuras generaciones.

Trata, así mismo, sobre La proyección de la justicia ecológica en la política ambiental y en el derecho ambiental, tema al que dedica tres subepígrafes: La responsabilidad ecológica como obligación pública común, Los principios de justicia de contenido ecológico y Las funciones de la justicia ecológica. Recorre los principales eventos de carácter internacional relacionados con el medio ambiente y la ecología, de la mano de las Naciones Unidas. Explicita los principios que rigen la justicia ecológica: de conservación y previsión o prevención, de reparación o reconstrucción, de causación o de quien contamina paga, de carga común, de cooperación y solidaridad, de sostenibilidad, de participación pública o de democracia ambiental entre otros. En cuanto a las funciones de la justicia ecológica, analiza la de coordinación y crítica, la comparativa referencial y la heurística. En definitiva, “el ordenamiento jurídico del Estado, en especial en su sector de derecho público, como también los órganos internacionales con su contribución al desarrollo y la información de programas normativos objeto de la justicia ecológica, tendrán entre sus fines primarios: la conservación, el equilibrio y el desarrollo del medio ambiente con especial atención a la protección de la comunidad de los seres vivos, evitando las acciones que impliquen un daño o deterioro en el medio natural o su alteración profunda para el futuro del mismo, ponderando las acciones actuales incluso desde el punto de vista metahumano en la legalidad integral de los procesos ecológicos”.

Especial interés tiene el bloque siguiente del ensayo, La tiranía jurídica del capitalismo: desarrollo económico y deterioro de los derechos sociales y de los derechos ecológicos. Nos explica cómo, para lograr una sociedad sostenible, se precisa una estructura social basada en el desarrollo humano y ecológico; y no es eso lo que sucede, ya que el sistema económico capitalista impone, como principio rector, el mercado ilimitado y el crecimiento expansivo, incompatibles con el principio de desarrollo sostenible; así pues, la tiranía del capitalismo se expresa en la imposición de un modelo económico que impide el desarrollo social y ecológico de los pueblos y de los ciudadanos, por lo que propone que hay que deslegitimar el capitalismo, iniciando el proceso de someter el sistema económico al control del sistema jurídico democrático ciudadano, para lo que se necesita la fuerza y la movilización de estos.

Que es lo que aborda en el último bloque de su estudio: Los movimientos sociales como impulsores de la democracia socioecológica, en el que concluye que tales movimientos son eficaces grupos de acción social y política, pero que se necesita también de la acción jurídica de los ciudadanos para obligar a los gobiernos en materia de cambio climático y protección del medio ambiente, a través de operadores jurídicos, como abogados y jueces.

Capitalismo y justicia ecológica

Carlos Berzosa es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid y es el autor del segundo de los ensayos de esta obra, que titula Acumulación capitalista y justicia ecológica, y que desarrolla en cuatro epígrafes. El primero aborda Los pilares de la acumulación y el desarrollo desigual. De manera sucinta, expone la historia del capitalismo desde la revolución industrial hasta la actualidad, explicando cada uno de los pasos dados hasta llegar al actual proceso de acumulación, basado en el conflicto social, la competencia empresarial y la expansión del consumo, constatando las paradojas que encierra; hace hincapié en la existencia aún hoy día de países donde el hambre y la pobreza se siguen dando.

Aborda seguidamente La naturaleza cíclica del sistema. Lo explica resumidamente así: “El crecimiento económico no está exento de limitaciones y contradicciones y ello conduce a épocas de expansión, con unas ondas de crecimiento mayores que otras, pero también se producen fluctuaciones que provocan recesiones y crisis económicas. Una de las características del sistema es precisamente su naturaleza cíclica”. Así, nos describe las crisis de los años treinta del pasado siglo y la actual recesión, con especial acento en las teorías de Keynes.

Del nuevo orden económico internacional (NOEI) a la hegemonía comercial y financiera planetaria. Distingue tres fases en el proceso histórico del capitalismo; una primera abarca desde los orígenes de la Revolución Industrial hasta 1870, caracterizada por la internacionalización de las mercancías; una segunda fase iría desde 1870 a 1980, en la que la característica principal es la internacionalización del capital; finalmente, la tercera fase arranca en 1980 y perdura hasta nuestros días, caracterizándose por la internacionalización del capital monetario y financiero. En las páginas que componen este bloque, se detiene en la explicación de cada una de tales fases, concluyendo con las enormes desigualdades que padecemos en la sociedad actual.

El cuarto y último bloque de su aportación lo dedica a la Degradación ecológica y pobreza. La toma de conciencia sobre la justicia ecológica. Incide aquí en la capacidad del capitalismo de innovar y transformar para sobrevivir, teniendo como contrapartida que no tiene en cuenta el daño ecológico y social que produce, con un alto coste. Recorre la reciente historia, donde el capitalismo se va concentrando cada vez en menos manos, explotando la riqueza natural de muchos países a cuyos habitantes reduce a la pobreza; también nos anota la aparición de una creciente preocupación global por este problema.

El Antropoceno

El catedrático de Geografía Física en la Universidad de Murcia Francisco López Bermúdez es el autor del ensayo titulado Interacción humanidad-tierra: el antropoceno. Se trata de un muy documentado trabajo que nos pone al día acerca de la acción del hombre sobre el planeta y sus consecuencias. Parte de unas consideraciones generales en las que destaca cómo los cambios producidos en la tierra hasta ahora eran producto de su propia actividad o de agentes exteriores, pero que en los últimos tiempos es la actividad del hombre la que está provocando serios cambios en todos los niveles; esta es la razón por la que hay quienes defienden que nos hallamos ante una nueva era, el antropoceno que, aunque existen opiniones diferentes sobre el momento de su origen, todas coinciden en que se trata de un concepto que implica que los humanos hemos cambiado gran parte de la geología y de la naturaleza de la tierra hasta un punto que posiblemente una nueva época en la historia de nuestro planeta haya comenzado. Ante este panorama, lo que se necesita es una comprensión global de la simbiosis entre el sistema humano y el sistema geoecológico que aporte soluciones globales y coordinadas.

A continuación, el autor se refiere a El cambio global. Un fenómeno de alcande mundial y un reto de nuestro tiempo. Nos dice: “La intensificación en las últimas décadas de las actividades socioeconómicas para conseguir más bienes y servicios suministrados por los ecosistemas y el correlativo impacto que produce sobre los grandes ciclos de la naturaleza, está provocando una situación crítica en el planeta, que se caracteriza por una gran transformación de los ecosistemas y una alteración de los equilibrios de la biosfera”. Esto ha dado lugar a la aparición de la globalización, vocablo que designa a la vez mercados globales y calentamiento global, con una brutal y creciente división entre los ricos y los pobres y con una progresiva difusión de la preocupación ambiental. De donde se deriva el cambio global, un conjunto diversificado de cambios (ambientales, sociales, económicos, culturales, institucionales), de origen natural y humano que afectan a los procesos físicos, químicos, biológicos y socioeconómicos y a la forma como se interrelacionan en el ámbito local y regional. Se trata de un gran desafío para la humanidad cuya respuesta ha de venir de la mano de la ciencia y de la tecnología, por supuesto, pero, y muy importante, por el compromiso de los políticos para aplicar políticas de sostenibilidad que hagan de sus sitios de origen lugares perdurables.

Dentro de este cambio global, El cambio climático es el mayor desafío global que tiene la humanidad. No en vano se le considera la muestra más significativa del abuso humano sobre la tierra y que incide no solo en el terreno ambiental, sino también en el económico, el social, el político y el ético. El autor analiza las causas de ese calentamiento y sus consecuencias, detallando los diferentes impactos que produce en el planeta, especialmente en lo referido a los océanos. Destaca, así mismo, cómo este cambio climático no nos afecta a todos por igual, pues su incidencia es mucho mayor entre los pobres que entre los ricos, de lo que resulta una exigencia de justicia climática. También hace referencia a las alternativas a ese cambio climático, reclamando un cambio radical en nuestra escala de valores antes de que planeta nos resulte inhabitable, ofreciéndonos un panorama sobre el futuro que nos espera de no hacerlo.

Con excelente detalle nos habla de Las cumbres de las Naciones Unidas sobre el cambio climático: de Estocolmo a París. Se refiere a la Conferencia de Estocolmo de 1972, la de Ginebra en 1979, la de Río de Janeiro de 1992, al Procolo de Kioto de 1997, la Conferencia de Johannesburgo en 2002, de Copenhague en 2009, de Cancún en 2010, la Cumbre de París de 2015, de la que nos explica su arranque y contribuciones contra el cambio climático y analiza si se trató de un éxito o un fracaso.

Concluye que se puede constatar que los países más industrializados no tienen voluntad política ninguna para asumir compromisos vinculantes de reducción de los gases invernadero (cuando no amenazan con desdecirse de los acuerdos firmados, como sucede con el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump) y además procuran dividir a los países más afectados por el cambio climático. Y ante este panorama de tan grises pinceladas que nos describe, nos expone que “no se pretende sembrar el miedo entre la población, sino de dar información contrastada y razonada para que los ciudadanos entiendan la importancia del fenómeno, reaccionen con actitudes individuales y colectivas, y presionen a los gobiernos para que desarrollen y apliquen políticas que prevengan y mitiguen los efectos actuales y potenciales del cambio climático”.

Protección internacional del medio ambiente

La protección jurídica internacional del medio ambiente en el ámbito universal es el título del trabajo de Eva María Rubio Fernández, profesora de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad de Murcia.

Tres son los aspectos que contempla este trabajo: el cambio climático, la biodiversidad y la desertificación. En cada uno de ellos, comienza por una muy somera presentación del problema, para abordar seguidamente la actuación internacional. Comienza por Las Convenciones de Río como respuesta a los principales retos del desarrollo sostenible.

Ya dentro del apartado La emergencia frente al cambio climático: la evolución de la protección convencional y por lo que se refiere al cambio climático, analiza en detalle la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático y el Protocolo de Kioto, para seguir con los siguientes pasos principales acordados por la Conferencia de las Partes (Cancún, Bali, Doha y Varsovia, finalizando este bloque con el Acuerdo de París.

A continuación, aborda La indefectible e imperiosa protección de la biodiversidad, puesto que esta es fundamental y se impone la acción para su consecución. En primer lugar, analiza los hitos en la protección convencional: la Convención sobre la Diversidad Biológica y sus Protocolos para, seguidamente, estudiar el Plan Estratégico para la Biodiversidad (2011-2020), incluidas las Metas de Aichi para la Diversidad Biológica.

Por último, trata La acción frente al implacable avance de la desertificación, uno de los grandes problemas sociomedioambientales que presente la humanidad. Comienza con el análisis de la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, así como con el Marco y Plan Estratégico decenal para mejorar la aplicación de la Convención (2008-2018).

Cierra su estudio con un apartado para conclusiones, en el que avisa de que se necesitaría avanzar en el alcance de las obligaciones asumidas y en la garantía de su cumplimiento, aunque no parece que sea esa la tendencia predominante, pues los grandes lobbies económicos adormecen a la humanidad con los cantos de sirena del hedonismo consumista que exporta a los países en desarrollo. Piensa que aún hay cierto margen de rectificación, pero “la voluntad política para que se cumpla lo pactado se muestra esquiva. Corresponde, pues, a la ciudadanía reconducirla para la satisfacción del bien colectivo”.

Derecho ambiental y acceso a la justicia ecológica

La obra nos ofrece seguidamente el trabajo Derecho ambiental y acceso a la justicia ecológica, firmado por Eduardo Salazar Ortuño, abogado, ambientalista, profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Murcia, doctorando en Derecho Ambiental por la Universidad de Alicante y Magister Legum por la Universidad de Dresde.

Su trabajo se refiere al ordenamiento jurídico dedicado a la protección del medio ambiente en los ámbitos europeo y estatal y a cómo los caracteres y principios de la justicia ecológica se integran en normas positivas.

La aplicación de las normas ambientales se evidencia en la actuación de los tribunales, provocada por el acceso público a la justicia para exigir su cumplimiento o para reparar los daños ocasionados por no ser cumplidas. Propone un cambio del paradigma ecológico desde la ciudadanía, cuestionando decisiones o actuaciones insostenibles de las autoridades y de otros particulares, o que ponen en riesgo o dañan el ecosistema.

La cuestión es, pues, cómo actuar en defensa del ecosistema y de qué modo acceden los conflictos ambientales a los tribunales. Reclama que la naturaleza sea poseedora de su propio derecho, cuya protección esté garantizada por un juzgado que reaccione ante la violación de tal derecho. A tal fin y dado que para ello se precisan órganos jurisdiccionales capacitados, propone la creación de tales órganos que faciliten las acciones colectivas de los afectados.

Seguidamente y concretando, propone un análisis amplio y bien documentado sobre La protección del medio ambiente en el derecho europeo, comenzando por la génesis y evolución del derecho ambiental en la Unión Europea para, a continuación, explicar la jurisprudencia ambiental en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Le sigue La protección del medio ambiente en el ordenamiento jurídico español, estudiándolo en el derecho sustantivo y analizando las vías jurisdiccionales para la protección del medio ambiente.

Interesante y mucho es su reflexión sobre El acceso a la justicia ecológica y las oportunidades del Convenio de Aarhus, a la que dedica varias páginas. Y cierra su ensayo con unas Conclusiones y propuestas. Así, solicita el reconocimiento pleno e incardinación del derecho al medio ambiente saludable como un derecho humano y fundamental; la creación de una sala medioambiental en la Corte Internacional de Justicia o de un Tribunal Internacional Ambiental, con acceso abierto a los ciudadanos y sus organizaciones; el fomento de la aplicación del derecho ambiental comunitario mediante un mayor y más transparente control de la Comisión Europea del cumplimiento de los estados miembros; el acercamiento del régimen procesal de las acciones judiciales en defensa del medio ambiente a los principios de la justicia ecológica; la ampliación y fomento por parte de los estados del acceso a la justicia mediante el establecimiento de medidas dirigidas a disminuir o eliminar las trabas para las acciones judiciales ambientales; o la creación de una jurisprudencia europea y estatal basada en la defensa de los principios y obligaciones del Convenio de Aarhus. Unas propuestas que esperemos no tarden en ser aceptadas y puestas en práctica.

Injusticia ecológica

Es el ingeniero, periodista y doctor en Ciencias Políticas y Sociología, Pedro Costa Morata, el autor del último apartado de esta más que interesante obra: Destrucción e injusticia ecológica: el caso de América Latina.

Trata de la confrontación del mundo indígena campesino con el modelo occidental productivista de crecimiento económico; es “un choque drástico entre la cosmovisión indígena tradicional y la tradición judeocristiana, estructura básica de lo que entendemos por civilización occidental y que, a la hora de la verdad, se expresa por una explotación inmisericorde de la naturaleza y sus recursos”. Hay, pues, un enfrentamiento entre una creciente reivindicación indígena y las oleadas de inversiones depredadoras; hecho especialmente relevante en América Latina y que estudia el autor, con especial atención al caso de Guatemala.

Aborda inicialmente el tema de América Latina ante el extractivismo minero, que resume en los siguientes puntos: 1) Un modelo de explotación económica calificado de neoextractivismo o neodesarrollismo, de características generalmente negativas; 2) Impulso a la reprimerización de economías que consideraban haber superado ya la primerización, con un nuevo boom en actividades mineras, agroindustriales, forestales, etc.; 3) Supeditación de las políticas públicas a las inversiones en estos sectores; 4) Consolidación de la pobreza en áreas de predominio campesino o indígena; 5) Deterioro de la consideración como patrimonio esencial, social o moral de recursos hasta ahora considerados de protección especial, económica y jurídica; y 6) Deterioro de la gestión económica de bienes que de cualquier forma poseen el carácter de comunales. Este conjunto de consecuencias deviene, inevitablemente, en conflictividad social.

Trata, a continuación, de El proceso de desarrollo y las exigencias de justicia ecológica: contradicciones entre modo productivo de saqueo y el modelo indígena-campesino de integración en la naturaleza. Palabras del autor resumen el contenido de este epígrafe, que desglosa con precisión a lo largo de varias páginas, con escuetas y certeras concreciones: “Las contradicciones de fondo y forma entre las sociedades desarrolladas y las sociedades que llamamos tradicionales, concretamente las indígenas de América, son muy numeras e importantes: corresponden a cosmovisiones y culturas diferentes y generalmente enfrentadas, y se fundamentan en relatos y evoluciones históricas construidos sobre bases mentales e incluso materiales bien distintas”. En este apartado, basa su argumentación sobre todo en los trabajos de Jerry Mander. Y dedica una especial atención al caso guatematelco.

Nos propone luego un análisis sobre La Cumbre de Cochabamba: denuncia del sistema imperante, ofensiva por la madre tierra y nos hace ver su importancia objetiva ya que en ella, por primera vez, se produjo la proclamación solemne, oficial y oficiosa, popular y multitudinaria de los derechos de la Tierra, a instancias de los pueblos del mundo. Y posteriormente nos presenta las coincidencias entre indigenismo y ecologismo, que resume en que ambos plantean una enmienda a la totalidad al modelo económico predominante y que ambos critican el antropocentrismo, que coloca al hombre como dueño y señor de la naturaleza, y el eurocentrismo, que marca la superioridad de la cultura productivista y de génesis occidental sobre cualquier otra.

Cierra su colaboración con un apartado dedicado a Conclusiones y perspectivas, donde compendia su exposición de páginas precedentes.

Concluyendo

Este libro no debería de pasar desapercibido. Por varios motivos. Por ejemplo, por la importancia de la materia que aborda; una importancia que deriva de la imperiosa necesidad que tiene la humanidad de encontrar soluciones al deterioro a que sometemos a nuestra casa común, con gravísimas consecuencias económicas, sociales, de salud, ambientales, etc. También por la categoría de los autores que firman los trabajos que componen la obra. Por sus enfoques reivindicativos de la necesidad de considerar a la naturaleza como sujeto de derecho y por urgir a la acción ciudadana para alcanzar estos objetivos. Por constituir un excelente compendio de la situación actual en esta materia en el ámbito internacional y, de modo más local en el estatal.

Una enumeración de motivos que no es exhaustiva, pero que supone una invitación a tener presente esta iniciativa editorial.

Índice

Introducción: Teresa Vicente Giménez

EL NUEVO PARADIGMA DE LA JUSTICIA ECOLÓGICA Y SU DESARROLLO ÉTICOJURIDICO, por Teresa Vicente Giménez
I. Las raíces de la justicia ecológica: conciencia ecológica y ética ecológica
II. La justicia ecológica en la teoría de la justicia: la Justicia pro Futuro y la dimensión universal en la protección del medio ambiente
1. La protección de la naturaleza desde su propio valor
2. Los derechos de las generaciones futuras
III. La proyección de la justicia ecológica en la política ambiental y en el Derecho ambiental
1. La responsabilidad ecológica como obligación pública común
2. Los principios de justicia de contenido ecológico
3. Las funciones de la justicia ecológica
IV. La tiranía jurídica del capitalismo: desarrollo económico y deterioro de los derechos sociales y de los derechos ecológicos
V. Los movimientos sociales como impulsores de la democracia socioecológica
Bibliografía

ACUMULACIÓN CAPITALISTA Y JUSTICIA ECOLÓGICA, por Carlos Berzosa
I. Los pilares de la acumulación y el desarrollo desigual
II. La naturaleza cíclica del sistema
III. Del nuevo orden económico internacional (noei) a la hegemonía comercial y financiera planetaria
IV. Degradación ecológica y pobreza. La toma de conciencia sobre la justica ecológica
Bibliografía

LA INTERACCIÓN HUMANIDAD-TIERRA: EL ANTROPOCENO, por Francisco López Bermúdez
I. Consideraciones generales
II. El cambio global, un fenómeno de alcance mundial y un reto de nuestro tiempo
III. El cambio climático, el mayor desafío global que tiene la humanidad
1. Causas del calentamiento climático y cambios observados
2. Vulnerabilidad y consecuencias del cambio climático
3. Cambio climático, cuanto más pobres, más amenazados: justicia climática
4. Alternativas al cambio climático
5. ¿Cómo evolucionará el clima en el futuro? ¿Hacia un clima de extremos?
IV. Las cumbres de las Naciones Unidas sobre el cambio climático.
De Estocolmo a París
1. La Conferencia de Estocolmo, 1972
2. La Conferencia de Ginebra, 1979
3. La Conferencia-Cumbre de Río de Janeiro, 1992
4. El Protocolo de Kioto, 1997
5. La Conferencia de Johannesburgo, 2002
6. La Conferencia de Copenhague, 2009
7. La Conferencia de Cancún, 2010
8. La Cumbre de París, 2015
9. Arranque y contribuciones del Acuerdo de París contra el Cambio Climático
10. La Cumbre de París ¿fue un éxito o un fracaso?
11. Conclusión
Bibliografía

LA PROTECCIÓN JURÍDICA INTERNACIONAL DEL MEDIO AMBIENTE EN EL ÁMBITO UNIVERSAL, por Eva María Rubio Fernández
I. Las Convenciones de Río como respuesta a los principales retos del desarrollo sostenible
II. La emergencia frente al cambio climático: la evolución de la protección convencional
1. La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático y el Protocolo de Kioto
2. Los siguientes pasos principales acordados por la Conferencia de las Partes (Cancún, Bali, Doha, Varsovia)
3. El Acuerdo de París
III. La indefectible e imperiosa protección de la biodiversidad
1. Los hitos en la protección convencional: la Convención sobre la Diversidad Biológica y sus Protocolos
2. El Plan Estratégico para la Biodiversidad (2011-2020), incluyendo las Metas de Aichi para la Diversidad Biológica
IV. La acción frente al implacable avance de la desertificación
1. La Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación
2. El Marco y Plan Estratégico decenal para mejorar la aplicación de la Convención (2008-2018)
V. Conclusiones
Bibliografía

DERECHO AMBIENTAL Y ACCESO A LA JUSTICIA ECOLÓGICA, por Eduardo Salazar Ortuño
I. La protección del medio ambiente en el Derecho europeo
1. Génesis y evolución del Derecho ambiental en la Unión Europea
2. La jurisprudencia ambiental en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos
II. La protección del medio ambiente en el ordenamiento jurídico español
1. La protección del medio ambiente en el derecho sustantivo
2. Las vías jurisdiccionales para la protección del medio ambiente
III. El acceso a la justicia ecológica y las oportunidades del Convenio
de Aarhus
IV. Conclusiones y propuestas
Bibliografía

DESTRUCCIÓN E INJUSTICIA ECOLÓGICA: EL CASO DE AMÉRICA LATINA, por Pedro Costa Morata
I. América Latina ante el extractivismo minero
II. El proceso de desarrollo y las exigencias de justicia ecológica: contradicciones entre modo productivo de saqueo y el modelo indígena-campesino de integración en la naturaleza. El caso maya-guatemalteco
III. La cumbre de Cochabamba: denuncia del sistema imperante, ofensiva por la Madre Tierra
IV. Coincidencias entre indigenismo y ecologismo
V. Conclusiones y perspectivas
Bibliografía

Nota biográfica de los autores

Índice

Juan Antonio Martínez de la Fe
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27/11/2016 Comentarios




Reseñas

La humanidad de Jesús Juan Antonio Martínez de la Fe , 12/11/2016
La humanidad de Jesús
Ficha Técnica

Título: La humanidad de Jesús
Autor: José M. Castillo
Edita: Editorial Trotta, Madrid, 2016
Colección: Estructuras y Procesos
Serie: Religión
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 144
ISBN: 978-84-9879-631-5
Precio: 14 euros

José María Castillo tiene un blog en el que va desgranando su pensamiento cuando se enfrenta a las realidades de cada día. Son mensajes cortos, pero muy clarificadores porque, con un lenguaje sencillo, no exento de rigor, nos presenta una forma novedosa de plantearnos cuestiones de enorme calado. Y este libro que presentamos viene a recoger una de sus líneas argumentales más frecuentes, ofreciéndonos un recorrido a modo de variaciones sobre el tema, de manera que, al finalizar su lectura, tenemos una idea muy clara de su propuesta y contamos con los argumentos necesarios para sostenerla.

Ya en la Introducción nos plantea su proposición. En primer lugar, que es erróneo pensar que, para exaltar lo divino, es necesario sacrificar lo humano; un pensamiento que ha traído como consecuencia que el asunto de Dios no haya tenido las mejores relaciones con las aspiraciones, apetencias y anhelos de los humanos.

En segundo lugar que, en los primeros siglos del cristianismo, la gran dificultad no estuvo en la aceptación de la divinidad de Jesús, sino en la aceptación de su humanidad. La cuestión que plantea en esta obra es que “solo es posible alcanzar la plenitud de lo divino en la medida en que nos empeñemos por lograr la plenitud de lo humano”. Y, puesto que ese empeño por alcanzar la plenitud de lo humano es algo que supera las posibilidades del ser humano, cuando nos encontramos a alguien profundamente humano, nos asombramos y desconcertamos.

Las religiones, tradicionalmente, han procurado el superar lo humano, divinizarlo en cierto sentido, por lo que no es raro encontrar en su seno personas profundamente religiosas y profundamente inhumanas. De esto tenemos ejemplos sobrados. Y no fue eso lo que pretendió Jesús, un hombre profundamente humano, comprometido con la humanidad representada en cada uno de aquellos que se acercaron a él. De ahí que lo que se pide a la Iglesia es que se acuerde del Maestro, que lo tenga presente de verdad, que asuma su proyecto de vida.

Dicho esto, el autor nos propone un recorrido a lo largo de nueve capítulos, que cierra con una conclusión. Y, tratándose de lo que aborda el libro, el punto de arranque es Lo humano.

Lo humano

Lo que nos plantea Castillo es que la gran realidad es que somos humanos, lo que nos lleva a manifestarnos siempre con ese condicionamiento, un condicionamiento que nos iguala. De ahí que pensar o admitir que hay quienes son más humanos que otros por el hecho de ostentar una dignidad, rompe la armonía social. Trasladado al terreno de lo religioso, aceptar que alguien tiene una superioridad en cuanto a lo humano por autodeclararse representante de Dios, nos lleva a anteponer la divinidad a lo humano; lo real, lo auténticamente real, es que somos humanos. Y “la penosa historia de la guerra de religión, de la Inquisición, de muchas privaciones o limitaciones de la libertad, de la resistencia a cualquier forma de ilustración, … todo eso no ha sido sino la penosa historia de las mil fracturas de la realidad que han brotado al romperse la homogeneidad de lo real”. Dios no deja de ser, por tanto, sino la torpe representación que los mortales nos hacemos del Trascendente; lo sagrado es una construcción humana y lo divino, por definición, no está a nuestro alcance.

Somos, pues, humanos con todas sus consecuencias. Pero, con toda naturalidad, surge la pregunta: ¿Qué es lo que nos hace humanos? Para dar respuesta a la cuestión, Castillo se apoya en hechos científicos suficientemente aceptados, recorriendo en rápidas pinceladas la historia de la evolución. Nos dice que la evolución humana no proviene únicamente de la selección natural y el azar, sino también y muy principalmente, de nuestra capacidad simbólica, que es la que nos diferencia realmente de los otros seres vivos. El crecimiento de nuestro cerebro nos lleva a desarrollar una doble inteligencia: la tecnológica y la social y fue esta segunda la que principalmente determinó ese crecimiento cerebral. Continúa explicándonos cómo la comunicación lingüística, destacado logro humano, nos ha servido para transmitir conocimientos, pero que la comunicación social es la que nos permite participar experiencias; y son estas experiencias de transmisión de tradiciones, costumbres, formas fundamentales de vida y gestión de las relaciones humanas junto a la convivencia en sus más variadas manifestaciones, las que nos realizan como entes humanos. Ahora bien: la evolución tecnológica y la social no se han desarrollado paralelamente; más bien se han ido separando, de manera que la primera ha producido progreso, un progreso que nos ha llevado al ahondamiento de las desigualdades sociales, económicas, a la jerarquía social vertical y al poder despótico; mientras que la segunda, apoyada en la comunicación simbólica, nos lleva a prestarnos a la relación, al encuentro, al agrado mutuo, la sensibilidad hacia lo que hace felices a los demás, ayuda a quienes la necesiten, el diálogo y la bondad. Concluye que hablar de la humanidad de Jesús equivale a hablar, no solo de su condición terrena, sino que se destaca su forma o estilo de vida, a todo lo que se opone a la dominación sobre la tierra.

Dios y lo humano

¿Podemos Encontrar a Dios en nuestra humanidad? Parte el autor de la premisa de que el hombre comenzó a ser religioso cuando sintió miedo; se encuentra ante un ser superior que lo domina y que lo trasciende. Pero, claro, todo lo que nosotros pensamos o decimos de Dios, lo hacemos desde nuestra humanidad, desde nuestra inmanencia, por lo que lo trascendente escapa de nuestra experiencia. Siendo esto así, surge la figura del intermediario entre Dios y nosotros, una persona que lo representa y exige del ser humano sumisión; y el poder de este intermediario se manifiesta en una serie de ritos y rituales protocolizados, porque se parte de la base de que a Dios no se le encuentra en la relación con lo humano, sino en el sometimiento a lo divino; lo que tiene su origen en la idea de que lo humano está viciado por el pecado, por lo que únicamente sometiendo nuestra humanidad podemos encontrar a Dios. Por lo que concluye que “Desde una teología que presenta así lo humano y nuestra relación con lo divino, se nos hace extremadamente difícil, más aún, imposible, enterarnos y sobre todo comprender lo que es el Evangelio, lo que nos enseña el Evangelio y lo que Jesús de Nazaret representa en nuestras vidas y en la vida, gobierno y actividad de la Iglesia”.

Aparece Pablo

Y ¿desde cuándo comenzó a ser esto así en la Iglesia? El problema empezó con Pablo. En efecto: los escritos iniciales que manejaron los primeros cristianos no fueron los Evangelios, sino las epístolas paulinas. Pablo no conoció al Jesús terrenal; tuvo él una visión del Señor resucitado y glorioso, planteando una religión basada en la redención para la otra vida y no en la forma de vivir de Jesús que nos narran los Evangelios, una religión centrada en esta vida, con la esperanza en la plenitud de la resurrección futura, pero siempre empezando por la humanización de este mundo. De esto se sigue que Pablo se tuvo que ver enormemente difucultado para entender a Jesús y, en última instancia, para entender a Dios, el Dios que nos dio a conocer Jesús. La fe y la salvación tal y como se presentan en los Evangelios, se relacionan sobre todo con problemas y preocupaciones propias de esta vida, concretamente y de modo especial, con el sufrimiento humano. Pese a ello, ha sido Pablo más determinante y ha marcado más a la Iglesia que el propio Jesús y, aunque el Vaticano II manifieste que la Iglesia tiene como centro los Evangelios, de nada sirve si no se aplican las consecuencias de tal aserto.

Parece, pues, que hay una especie de confrontación entre Jesús y Pablo. Castillo nos presenta tres cuestiones sobre las que existe discrepancia, al menos aparente, entre lo que defendieron ambos: la dignidad de la mujer, la homosexualidad y la esclavitud. En unas páginas densas, el autor hace un recorrido por la historia de estas tres cuestiones en la Iglesia. Pablo habla del sometimiento de la mujer al hombre, se refiere a la moral sexual y admite la esclavitud, lo que contrasta con lo que nos cuentan los Evangelios del trato que Jesús dispensa a las mujeres, su silencio cuasi total respecto a la moral sexual y el sentido de libertad. Sin embargo, bien a las claras está a cuál de estas dos actitudes sigue la Iglesia. ¿Por qué sigue teniendo más peso en la Iglesia Pablo que Jesús?

La religión

Tiene mucho que ver con la situación de Pablo y la religión. Hay quienes piensan que lo importante es la religión y que los Evangelios son una parte más de esta, de la religión, cuando la realidad es que Jesús vivió un enfrentamiento mortal con la establecida, aun siendo Él profundamente religioso. El tema de Dios es primordial en cualquier religión y Pablo creía en el Dios justiciero, que reclamaba víctimas rituales, haciendo al pecado el centro de su teología de salvación. Por el contrario, el Dios que nos presenta Jesús es un Dios que nos salva, sanando al que sufre, no sacrificando a la víctima. El Dios de Jesús es un dios que da vida, salud y felicidad; el Dios de Pablo odia al pecado, mientras que el de Jesús ama al pecador. Dice Castillo: “el centro de las preocupaciones del Dios de Pablo es el pecado, que rompe nuestra relación con lo divino, mientras que el centro de las preocupaciones del Dios de Jesús es el sufrimiento, que rompe nuestra relación (gratificante y positiva) con lo humano”. De lo que se deriva que la ética paulina lo es del pecado, mientras que la ética de Jesús lo es del delito en el más amplio sentido de la palabra, abarcando conceptos que, no constituyendo pecado en el sentido moral, sí infringen normas humanas y sociales.

Y fruto de esta manera de entender y enfocar sus planteamientos, nace la relación de Pablo y la Iglesia . En un capítulo corto, Castillo incide en las ideas ya expuestas, y nos hace reflexionar sobre el hecho de que las primeras iglesias, reuniones de cristianos, no conocieron a Jesús y, dado que la redacción de los evangelios es posterior a su existencia, tenían como guía las epístolas de Pablo, quien tampoco conoció al Jesús terrenal, sino que hace su teología a partir de su visión del Señor resucitado que se le apareció. Así, tenemos que los pilares de la teología cristiana se edificaron prescindiendo de la humanidad de Jesús, un hecho cuyas graves consecuencias aún no conocemos. De las creencias que tan profundamente vivió Pablo y de la religiosidad que practicó ¿qué iglesias podían brotar? Con toda seguridad Iglesias con más religión que humanidad.

Religión y humanidad

El autor nos ofrece una propuesta clara sobre el concepto de reino de Dios en Pablo y en Jesús; para el primero, este tema parece no haberle interesado mucho; para Jesús, era, ante todo, aliviar el sufrimiento humano, el amor sin límites de Dios a los menospreciados y marginados, a los pobres, las mujeres, los pecadores y los samaritanos. Para Pablo, lo central y determinante del Reino consiste en lo moralizador, no en lo que nos humaniza, en imponer obligaciones y deberes y no en remediar el sufrimiento de la gente. Influido por el estoicismo y el gnosticismo, en el dualismo que enfrenta a Dios y lo espiritual con la carne, Pablo se centra en regular la sexualidad, mientras que Jesús no habla de ella, situación que perdura aún en nuestros días en la Iglesia; Pablo condenó los pecados contra la castidad, pero no condenó las injusticias que se cometían con los esclavos, las mujeres, los niños. En cuanto al problema de Dios, reitera Castillo que Pablo era un judío creyente y fiel, rayando incluso en el fanatismo, por lo que su concepto de la divinidad era el del Antiguo Testamento: Dios de una religión en la que la relación con Él exige la suprema deshumanización; nada que ver con el Dios padre de bondad y amor que nos reveló Jesús. Este Dios paulino solo admite la redención a través del sacrificio de una víctima, un sacrificio ritualizado, de donde la Iglesia de Cristo tiene que ser una institución religiosa que, mediante su autoridad y el culto sagrado, es decir, una autoridad competente y unos ceremoniales religiosos controlados por dicha autoridad, hará efectiva la redención de todos los mortales. Dos términos fundamentales que caracterizan la actual Iglesia: autoridad y culto ritualizado, todo lo contrario de la propuesta de Jesús, quien no soportó las pretensiones de poder ni estableció ningún ritual paraentablar contacto con Dios: Dios quiere misericordia y no sacrificios. Los rituales sobre los que se detiene brevemente Castillo son el bautismo y la cena del Señor, mientras comenta que, con frecuencia, el seguimiento de los ritos produce un efecto adormecedor en la conciencia de los creyentes, que se piensan justificados en su inactividad ante la miseria y el dolor de los seres humanos.

Seguir a Jesús

De Jesús al descrédito humano. Es este el último capítulo de este más que interesante y profundo libro. En él, Castillo nos plantea una cuestión fundamental: el verdadero seguimiento de Jesús no se encuentra en el cumplimiento de unas normas morales y a través de unos rituales; ni siquiera en la preocupación o disquisiciones teológicas y filosóficas sobre Dios o sobre el mismo Jesús. El verdadero seguimiento de Jesús está en pasar del ser al hacer, es decir, en la acción, en llevar a la práctica en la vida el modelo que Él nos dio con su ejemplo. Estos párrafos del propio autor sintetizan su pensamiento: “se puede ser profundamente religioso. Pero religioso de otra forma. De una manera distinta. No porque queremos inventar. Sino porque queremos recuperar. Recuperar ¿qué? Nuestra propia humanidad. A partir del mandamiento que nos dio Jesús: Encontrarás a Dios en cada ser humano que te encuentres en la vida. […] Se comprende que tengas preguntas y oscuridades sobre Dios. Lo que no se comprende es que, por un puñado de dinero, de poder o de ridícula importancia, dejes en la cuneta del camino lo mejor y lo más importante que tenemos: ser humanos”. En otras palabras, escuchadas a otro filósofo y teólogo, Manuel Fraijó: hay que ser más testigo que técnico.

La obra se cierra con una Conclusión, que lleva por título Una pregunta apremiante. Tras dejar expresa constancia de que es un autor católico, que ama a la Iglesia, Castillo nos invita a una pregunta apremiante, pero que, a su vez, encierra un extenso elenco de cuestiones que invitan a la reflexión y a la meditación. Son preguntas que están en la calle, en nuestra sociedad, acerca de la Iglesia, de la cristología, del vivir cristiano. Él aventura hipótesis. En manos del lector está la reflexión, el aceptarlas o, quizás, proponer alternativas. Pero sin olvidar nunca el núcleo de su pensamiento: la importancia de ser humano.

Por supuesto, para plantear sus conclusiones el autor parte de unas premisas que no siempre son compartidas, con lo que los resultados a los que llega podrían ser otros si se admiten unos principios diferentes. Dicho esto, hay que destacar que, en todo momento, Castillo justifica de manera muy razonada y explicada las bases en las que se apoya. Bases ampliamente aceptadas y sólidamente fundamentadas en el rigor científico y filosófico.

Quizás, el siguiente texto, extraído de una reciente aportación en su blog, nos ayude a entender su preocupación y dedicación: “Se comprende, por todo esto, mi creciente interés, mi incontenible preocupación por la fe en lo humano. Y es que la gran paradoja que aquí descubrimos, consiste en que la mayor dificultad que arrastramos los mortales no es la resistencia para creer en “lo divino”, sino la pertinaz dureza y el insistente rechazo para aceptar “lo humano”. Esto, ni más ni menos, es lo que explica por qué tanta gente, si se trata de gente muy religiosa, es ese tipo de persona a la que no le gusta hablar de Jesús, sino que prefiere hablar siempre de Cristo, de Jesucristo, del Señor o incluso de Nuestro Señor Jesucristo. Y es que Jesús es el nombre humano de aquel sencillo artesano galileo de la humilde aldea de Nazaret. Eso nada más. Mientras que Cristo es el título del Mesías Salvador. Un título que se solemniza cuando (además) de él se dice que es el Señor o incluso Nuestro Señor. Aquí, ya no hablamos de lo humano, sino de lo más solemnemente divino. Lo que tanto les gusta a los clérigos en sus sermones. Y no digamos, a los obispos en sus solemnes misas pontificales, cuando parece que los fieles están casi tocando lo divino con sus manos”.

Concluyendo

Nos encontramos ante un libro que recoge el pensar y sentir de una persona que ha profundizado a lo largo de los años en los estudios especializados sobre la Iglesia y sobre la figura de Jesús y su significado. Su lectura nos parece no solo recomendable, sino casi necesaria para entender cómo el cristianismo en general y la Iglesia en particular ha llegado a la actual situación de alejamiento de la sociedad. Y, sobre todo, de la figura y las enseñanzas de Jesús.

El estilo de José María Castillo es muy directo y, especialmente, didáctico. Nos va llevando paso a paso, capítulo a capítulo, de manera muy pedagógica para alcanzar las conclusiones a las que él ha llegado. Al propio tiempo, nos va aportando documentadamente los entresijos de la historia y del pensamiento a través de los siglos que nos han llevado y traído a la actual situación.

Índice

Introducción

1. Lo humano como punto de partida
2. ¿Qué es lo que nos hace humanos?
3. Encontrar a Dios en nuestra humanidad
4. El problema empezó con Pablo
5. Jesús y Pablo
6. Pablo y la religión
7. Pablo y la Iglesia
8. Iglesias con más religión que humanidad
9. De Jesús al descrédito de “ser humano”

Conclusión. Una pregunta apremiante

Juan Antonio Martínez de la Fe
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12/11/2016 Comentarios




Reseñas

El corazón del mundo Canal bibliográfico de T21 , 02/11/2016

Una nueva historia universal


El corazón del mundo

Ficha Técnica
 
Título: El corazón del mundo
Autor: Peter Frankopan
Edita: Editorial Crítica. Barcelona, 2016
Traducción: Luis Noriega
Materia: Historia
Colección: Serie Mayor
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta
Número de páginas: 780
ISBN: 978-84-16771-16-5
PVP: 34,00€
Libro Electrónico: 14,99€
 
 
El corazón que ha movido la historia del mundo, nos dice Peter Frankopan, investigador de la Universidad de Oxford, se encuentra en las tierras de Eurasia que recorrían las rutas de la seda. Allí surgieron los grandes imperios de la antigüedad y las grandes religiones de alcance universal. Allí se han desarrollado las mayores batallas de la historia, desde las conquistas de Alejandro a las dos Guerras Mundiales, pasando por las Cruzadas. Allí se libra también, desde hace más de cien años, la gran guerra por el petróleo que desangra a Oriente Próximo.

Dominar este corazón del mundo era el sueño que perseguía Hitler y el que ha enfrentado, desde la guerra de Crimea hasta la actualidad, a Rusia con sus rivales.

Desde el inicio de los tiempos, el centro de Asia era el lugar en el que se forjaban los imperios. Las tierras bajas de aluvión de Mesopotamia, alimentadas por el Tigris y el Éufrates, proporcionaron la base para el nacimiento de la civilización, pues fue en esta región donde cobraron forma los primeros pueblos y ciudades. La agricultura sistemática se desarrolló en Mesopotamia y a lo largo del Creciente Fértil, una franja de tierra alta mente productiva con acceso a agua en abundancia que se extendía desde el golfo Pérsico hasta la costa del Mediterráneo. Fue aquí, hace casi cuatro mil años, cuando Hammurabi difundió algunas de las primeras leyes de las que se conservan registros, un código en el que el rey de Babilonia detallaba las obligaciones de sus súbditos y establecía los temibles castigos que conllevaba transgredirlas.

Aunque de este crisol surgieron muchos reinos e imperios, el mayor de todos fue el de los persas. En el siglo VI a. C. los persas se expandieron con rapidez desde su país de origen, en lo que hoy es el sur de Irán, y consiguieron dominar a sus vecinos: alcanzaron las orillas del Egeo, conquistaron Egipto y en su avance hacia el este llegaron hasta el Himalaya. A juzgar por lo que dice el historiador griego Heródoto, este éxito debía mucho a su capacidad de adaptación: «Los persas», escribió, «tienen una gran disposición a adoptar las costumbres extranjeras». No tenían inconveniente en cambiar su forma de vestir cuando llegaban a la conclusión de que la moda del rival derrotado era superior, lo que les llevó a tomar prestada la indumentaria utilizada tanto por los medos como por los egipcios.
 
Esta disposición de los persas a adoptar ideas y prácticas nuevas fue importante, pues les permitió construir un sistema administrativo capaz de dirigir con fluidez un imperio que incluía muchos pueblos diferentes.”…
 
 De esta manera comienza una obra que nos obliga a olvidarnos de la perspectiva eurocéntrica de la historia de la humanidad, para llevarnos muy lejos, hasta los primeros indicios de una especie, inteligentemente organizada, que se prepara para una larga marcha, hacia un destino lleno de incógnitas y de posibilidades.
 
En un libro original y provocador, basado en una extraordinaria erudición, Peter Frankopan nos propone una nueva visión de la historia, nos descubre relaciones insospechadas entre los  hechos del pasado y nos estimula a ver con una mirada distinta los acontecimientos del presente.

 
Índice
 
Nota sobre la transliteración
Prefacio
 
  1. La creación de la “ruta de la seda”
  2. La ruta de los credos
  3. La ruta del Oriente cristiano
  4. La ruta de la revolución
  5. La ruta de la concordia
  6. La ruta de las pieles
  7. La ruta de los esclavos
  8. La ruta del cielo
  9. La ruta del infierno
  10. La ruta de la muerte y de la destrucción
  11. La ruta del oro
  12. La ruta de la plata
  13. La ruta de la Europa septentrional
  14. La ruta del imperio
  15. La ruta de la crisis
  16. La ruta de la guerra
  17. La ruta del oro negro
  18. La ruta del arreglo
  19. La ruta del trigo
  20. La ruta del genocidio
  21. La ruta de la guerra fría
  22. La ruta de la seda estadounidense
  23. La ruta de la rivalidad entre las superpotencias
  24. La ruta de la catástrofe
  25. La ruta de la tragedia
  26. Conclusión: La nueva ruta de la seda
Notas
Agradecimientos
Índice alfabético

 
Datos del autor
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02/11/2016 Comentarios






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