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LITERARIA: Yaiza Martínez

Conferencia de Yaiza Martínez dictada el 21/1/2019 en el IES Juan de Aréjula de Lucena (Córdoba) en el marco del programa "Conocer a los clásicos" del Ministerio de Educación y Cultura.


Carmen de Burgos.
“Me crié en un lindo valle andaluz, oculto en las últimas estribaciones de la cordillera de Sierra Nevada, a la orilla del mar, frente a la costa africana. En esa tierra mora, en mi inolvidable Rodalquilar, se formó libremente mi espíritu y se desarrolló mi cuerpo. Nadie me habló de Dios ni de leyes; y yo me hice mis leyes y me pasé de Dios. Allí sentí la adoración al panteísmo, el ansia ruda de los efectos nobles, la repugnancia a la mentira y los convencionalismos”.

Con estas palabras describía Carmen de Burgos su infancia en Autobiografía, texto escrito en 1909 para la revista Prometeo. Nacida en Almería el 10 de diciembre de 1867 (sus biógrafos cuentan hasta qué punto fue difícil establecer esta fecha porque solía quitarse años), fue hija de José de Burgos Cañizares, vicecónsul de Portugal, y de Nicasia Seguí Nieto, heredera del cortijo La Unión, en Rodalquilar.

Este valle está situado en Níjar, en la provincia de Almería. Es hermoso y extenso y está cubierto por el cielo específico y brillante del Cabo de Gata. Al otro lado se encuentra un mar transparente, incluso ahora gracias a que la zona se conserva bien porque es Parque Natural. En este espacio que su madre heredara, decíamos, la niña Carmen de Burgos creció feliz y libre.

Ramón Gómez de la Serna, escritor y pareja de la autora durante veinte años, escribiría: “todo lo que después ha ido viendo ella por el mundo lo había visto ya en Rodalquilar” (en el prólogo a Confidencias de artistas, Carmen de Burgos, 1916). ¿Hasta qué punto, por tanto, pudo la autora ser conformada por aquel paisaje?

La verdad es que parece que la huella de Rodalquilar en ella fue profunda y permanente. Es como si aquella libertad que la escritora viviera en su primera infancia hubiese influido para siempre en su destino. De otro modo tal vez no podamos comprender cómo llegó a ser una persona tan sumamente libre, en un contexto tan represivo para las mujeres (y que tan bien fue plasmado por ella misma en sus novelas). En definitiva, Rodalquilar quizá nos ayude a entender las peripecias vitales de esta mujer asombrosa por su creatividad (escribió unos doscientos títulos) y por su autonomía, en un contexto en el que los convencionalismos sociales no dejaban ser a las mujeres más que lo que para ellas estaba estipulado.

Por otro lado, en lo literario encontraremos la prueba de la profunda huella que Rodalquilar dejó en Carmen de Burgos en el Ciclo de Rodalquilar, conjunto de relatos y novelas ambientadas en la Almería rural y urbana, que incluyó títulos como El último contrabandista (1917), Puñal de claveles (1931) o Los inadaptados (1909), obra que recientemente ha recuperado la editorial Cuadernos del Vigía, dentro de su colección “La mitad ignorada”, una colección con la que la editorial pretende recuperar textos literarios escritos por mujeres durante la Edad de Plata de la literatura española.

Pero antes de llegar a ser una mujer libre y construirse una biografía tan llamativa como la de las protagonistas de sus propias novelas, Carmen de Burgos tuvo que enfrentar un gran conflicto, un gran nudo.

En 1882, a los dieciséis años de edad, contrajo matrimonio con un artista y periodista, Arturo Álvarez Bustos, catorce años mayor que ella. Y es que, a pesar de haber sido criada en un ambiente de tolerancia y libertad como el descrito, la sociedad de la época dictaba una inercia hacia al matrimonio que Colombine no pudo esquivar. Encontraremos un trasunto de ese marido “mayor” en Puñal de claveles, novela corta en la que la protagonista, una jovencísima Pura, se va a casar también por inercia con un hombre maduro.

Carmen de Burgos fue muy desgraciada en su matrimonio. Por una parte, porque perdió tres hijos prematuramente. Solo uno de sus vástagos, su hija María, sobrevivió. En su novela La malcasada (1923) reflejaría este desgarro a través de las palabras de la protagonista, personaje alegóricamente llamado “Dolores”:

“Dos veces había dado a luz hijos muertos, uno de ellos abraquio y deforme. Se reprochaba no ser ella fuerte y sana para dar la vida a los hijos de su marido. Se consideraba culpable de robarle a su marido los goces de la paternidad (…) Ni por un momento le ocurrió la idea de que Antonio pudiese ser el causante de la amargura en que se desvanecía su ilusión de madre”.

Otra razón por la que Carmen de Burgos fue infeliz en su matrimonio fueron las infidelidades y la desatención de su marido. Sin embargo, “Colombine” luchó por reconquistar su libertad, la libertad que como huella le dejara el lugar en el que había crecido.

Lo hizo, por un lado, estudiando (algunas fuentes señalan que a escondidas) para tener una profesión y mantenerse a sí misma y a su hija (tampoco Dolores, en La malcasada, querrá que su marido la mantenga, una vez que decide dejarlo). De Burgos recuerda en esto a la autora británica Virginia Woolf, que escribió en su ensayo Un cuarto propio (1928): "una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir". Estudiando Carmen de Burgos consigue obtener además, en 1895, la Reválida de Maestra en Granada, según su biógrafa Concepción Núñez, lo que le permitiría ejercer durante seis cursos como directora del colegio de niñas pobres Santa Teresa de Almería.

Por otra parte, aún durante su matrimonio, Carmen de Burgos se va familiarizando con el periodismo y el proceso de la impresión, gracias a sus colaboraciones como redactora en una empresa tipográfica que tenía su suegro en la que se imprimían diversos diarios de la capital almeriense, como el Almería bufa o el Almería alegre. Esta sería la primera relación de Carmen de Burgos con el periodismo, una profesión que en adelante le abriría un horizonte seguramente impensable para ella en aquel momento.

Por fin, en 1901 obtiene por oposición una plaza en la Escuela normal de Maestras de Guadalajara. Abandona entonces a su marido y se va a Madrid con su hija María, que por aquel entonces tenía seis años. Carmen de Burgos tenía 33.

Periodista e intelectual en Madrid

Cuando llega a Madrid, se va a vivir provisionalmente a casa de su tío Agustín, pero este trató de sobrepasarse con ella, lo que provocó la salida de Colombine de la casa. Encontramos una escena en La malcasada que bien podría haberse inspirado en esta situación:

"—¡Con esa boquita de gloria! ¿Y me dirás que me quieres mucho?
—¡Tío!…
—No me llames tío, llámame Eduardo… Eduardito… tu Eduardo…
—¡Qué horror!
Quiso huir, pero el hombre la aprisionó entre sus brazos”.

En 1902 comienza a colaborar con los periódicos madrileños La Correspondencia de España y El Globo, y en enero de 1903 se convierte en la primera mujer redactora de un periódico, El Diario Universal, también de Madrid. Fue el director de este periódico, Augusto Suárez de Figueroa, quien puso a Carmen de Burgos el mote de “Colombine”. Este apodo procedía de la Commedia dell'Arte italiana, un tipo de teatro popular de origen renacentista que solía relatar las aventuras de una pareja de enamorados. El personaje femenino de Colombine o Colombina (“palomita”) era el más frecuente en estas comedias, y representaba a una criada pobre que aparecía sin máscara y que también hacía las veces de celestina. Al parecer, Suárez de Figueroa esperaba que, bajo este seudónimo, Carmen de Burgos escribiera textos ligeros, dirigidos a las mujeres. Sin embargo, la autora, haciendo una vez más alarde de la libertad aprendida en la infancia, aprovechó la visibilidad que le daban estas columnas para ir introduciendo paulatinamente otros temas más feministas, como los derechos de la mujer o el sufragio femenino.

Desde este mismo espacio realizaría también, en el año 1904, su “Encuesta sobre el divorcio”, una labor de investigación sobre la opinión de “hombres eminentes” y escritores, “adalides del progreso” (entre ellos estaban, por ejemplo, Azorín, Baroja o Unamuno); así como de las lectoras. Reuniendo las cartas recibidas, más adelante publicó el libro El divorcio en España, que resultó un revulsivo en un país constituido como Estado católico confesional.

En 1907 es admitida en la Asociación de la Prensa de Madrid y, dos años más tarde, se convierte en la primera mujer corresponsal de guerra de España. Corría el año 1909 y nuestro país se enfrentaba a los militares del Rif, cerca de la ciudad de Melilla. El 27 de julio se produjo el llamado “Desastre del Barranco del Lobo”, que supuso la derrota de las tropas españolas.

Sin dudarlo entonces, Carmen de Burgos se trasladó primero a Málaga y después a Melilla, para enviar información desde el mismo lugar de los acontecimientos sobre lo que allí estaba ocurriendo. Sus crónicas se publicarían en otro periódico, El Heraldo de Madrid, y mostrarían, además de una actualización diaria de las listas de enfermos y heridos del bando español en la zona, una perspectiva crítica sobre la guerra y el dolor que esta ocasiona. En septiembre escribiría en el Heraldo: ‘Nadie se mueve, la misa sigue (..) Tal vez en este mismo instante en que el sacerdote católico entona sus últimas preces, van a reunirse con Alá algunos sectarios de Mahoma, destrozados por nuestros proyectiles” o “El mundo civilizado pone el fusil en la mano del hombre, le da orden de matar, y si el hombre arroja el arma y rehúsa ser homicida, se le trata como delincuente”. Las vivencias de Carmen de Burgos en Melilla serían además recogidas y noveladas años después en En la guerra (1918), relato en el que la autora articuló una voz protagonista, la de “Alina”, a través de la que expresar lo absurdo y la crueldad del belicismo.

En el ámbito del periodismo, Colombine aún fue pionera en una cosa más: ser la primera mujer que dirigió una publicación en España, la revista literaria Crítica, que por cuestiones económicas solo duró ocho meses. Como curiosidad, la publicación llevaba el lema “Arte y Libertad”, perfecto resumen de la vida de la autora.

Escritora sumamente prolífica

Como escritora, encontramos en Carmen de Burgos a una autora sorprendentemente prolífica que llegó a publicar, como he dicho, unos doscientos títulos a lo largo de toda su vida.

En 1900 salió su primera obra, Ensayos literarios, y desde entonces no paró de escribir. Cultivó prácticamente todos los géneros. Escribió libros de viajes como Por Europa (1906), Cartas sin destinatario (1912) o Peregrinaciones (1916); manuales de usos prácticos creados a partir de los consejos que ella misma ofrecía en su columna diaria, como el Moderno tratado de labores (1904), Salud y belleza: secretos de higiene y tocador (1918) o La cocina moderna (1918).

Y, por supuesto, cultivó la narración. En 1909 aparece su primera novela larga, Los inadaptados (cuya reciente reedición ya hemos comentado), y en adelante otros títulos, como La rampa (1917), Los anticuarios (1919) o La mujer fantástica (1924). En total, entre novelas cortas y largas publicaría más de 70 títulos.

También sacó tiempo para el género biográfico (la primera biografía que publica es la del poeta Giacomo Leopardi; y más adelante escribe otra sobre Larra que tuvo un gran éxito); e hizo numerosas traducciones del francés, el inglés y el italiano. Tradujo a entre otras obras, La guerra ruso-japonesa, de León Tolstoy; La conquista de un imperio, de Emilio Salgari o La deficiencia mental fisiológica de la mujer, de Paul Julius Moebius, libro cuyas tesis rebatirá más tarde, en el ensayo feminista La mujer moderna y sus derechos, publicado en 1920.

Su labor como periodista y escritora le supuso convertirse en la tercera mujer que ingresaba en el Ateneo de Madrid (tras Emilia Pardo Bazán y junto a Blanca de los Ríos), una institución cultural privada fundada en 1835 por la que han pasado seis presidentes de Gobierno y casi todos los Premios Nobel españoles. En 2017, y con motivo del 150 aniversario del nacimiento de la autora, el Ateneo le rindió homenaje con la conferencia “En busca de Carmen de Burgos”, dictada por Concepción Núñez Rey, una de sus biógrafas.

Pero, además, Carmen de Burgos se convirtió en una figura central de la intelectualidad madrileña de la época al fundar El Salón de Colombine, una tertulia literaria que se celebraba los miércoles y cuyo modelo la autora había aprendido de los salones literarios que visitara en sus primeros viajes por Europa. Escritores, pintores, poetas tan destacados como Rubén Darío fueron contertulios de este Salón, que activó la vida literaria de la capital. En La novela de un literato, Rafael Cansinos-Assens, amigo de Carmen de Burgos, describió este espacio como “cada día más animado” y a Colombine como paradigma del “éxito”, aunque a continuación también la definió como “una mujer hermosa, de una hermosura vulgar, pero atrayente, de jamona rezogante y con una leyenda de mujer fácil". Como vemos, las valoraciones sexistas no escaseaban en la época.

La relación con Gómez de la Serna

Gracias a El Salón de Colombine, Carmen de Burgos conoció al hombre que sería su pareja durante más de veinte años, el escritor Ramón Gómez de la Serna. A pesar de la diferencia de edad entre ambos (Gómez de la Serna era dos décadas más joven que Colombine), ambos se enamoraron y vivieron su amor en libertad, sin casarse. Esto les supuso algunos problemas, como que la tertulia de Carmen de Burgos tuviese que cerrar por las críticas que la autora recibió o que el padre del escritor, utilizando sus influencias, hiciera que nombrasen a su hijo Secretario de la Junta de Pensiones de París para intentar separarlo de la autora.

Estas dificultades no detuvieron su relación. Gómez de la Serna y Colombine pasaron años viajando juntos, compartiendo experiencias y creación literaria, y cultivando la complicidad y el compañerismo. Finalmente la pareja se rompió, quizá en la peor de las condiciones para Carmen de Burgos.

En 1929, la hija de la autora, María, había vuelto a España desde América tras divorciarse de su marido, el actor Guillermo Mancha. María tenía entonces un problema de adicción a las drogas y Carmen de Burgos intentó ayudarla como pudo.

La vuelta de la hija coincidió con el estreno teatral de una obra de Ramón Gómez de la Serna, Los medio seres, en la que se le dio un papel a María, que era actriz desde hacía años. Durante los ensayos, María y Gómez de la Serna terminan intimando y convirtiéndose en amantes. Carmen de Burgos descubre aquella doble traición, perpetrada por sus dos seres más queridos, y rompe definitivamente con Ramón Gómez de la Serna, que se retira a París. Después de este episodio, y pasado un tiempo, volverán a ser amigos a pesar de todo, pero jamás volverán a emparejarse.

Carmen de Burgos feminista

Otro aspecto de la personalidad de Carmen de Burgos es su implicación en la polis, en lo político. En esto también fue una pionera pues, por un lado, se convirtió en la primera mujer afiliada al Partido Republicano Radical Socialista (antes había militado en el PSOE y en Unión Republicana), y además sería una de las pioneras del feminismo en España.

Durante sus numerosos viajes, Carmen de Burgos había tenido la ocasión de conocer el movimiento internacional a favor del sufragio de la mujer; así como de entrar en contacto (en 1919, mientras vivía en Portugal con Ramón Gómez de la Serna), con Ana de Castro Osorio, presidenta de la Cruzada de Mujeres Portuguesas, que proclamó a Carmen como socia benemérita de dicha organización. Más tarde, en 1920, una visita de Ana de Castro a Madrid supondría el estímulo necesario para el nacimiento de la Cruzada de Mujeres Españolas, bajo la presidencia de Carmen de Burgos.

La Cruzada de Mujeres Españolas fue la primera organización feminista de nuestro país y, junto con la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Iberoamericanas a la que también pertenecía Carmen de Burgos, estuvo implicada en la primera manifestación de mujeres en la capital. En ella, las manifestantes repartieron panfletos en los que se pedía el sufragio femenino y se leyó un manifiesto ante las puertas del Congreso, para reclamar el derecho de la mujer al voto. El manifiesto fue firmado por millares de mujeres de todas las clases sociales, aristócratas, obreras y una gran mayoría de mujeres intelectuales, profesoras, estudiantes y artistas, según informó el Heraldo de Madrid¸ en aquellos días.

Pero, además de su activismo, Carmen de Burgos se convirtió en pionera en la construcción teórica del feminismo en España, con un sorprendente libro titulado La mujer moderna y sus derechos. Publicado en 1927 (22 años antes que el famoso “Segundo sexo” de Simone de Beauvoir) y considerado por algunos especialistas como la “Biblia del feminismo español”, este libro destaca por su extensa documentación y la diversidad de perspectivas desde las que defiende el derecho de las mujeres a ser consideradas seres humanos plenos: entre ellas, la perspectiva biológica (de Burgos demuestra aquí, contra las tesis de Moebius y otros, que la inferioridad cerebral de las mujeres es falsa desde un punto de vista científico), la legal (considera en este sentido lo que denomina la inmoralidad patrocinada por el Estado contra las mujeres); la perspectiva histórica y cultural (hace un alegato del derecho a las mujeres a ser reconocidas y a instruirse), la perspectiva laboral (analiza en este sentido la situación de las obreras en nuestro país) o la perspectiva del matrimonio y las posibilidades de la mujer de elegir –de nuevo libremente- si precisa o no divorciarse.

Otra vía de activismo feminista que siguió Carmen de Burgos fue la difundir los planteamientos del feminismo a través de conferencias. “Misión social de la mujer” o “La mujer en España” son algunos de los títulos de estas intervenciones, que Colombine dio en lugares tan diversos como la Sociedad El Sitio de Bilbao (1911) o la Asociación de la Prensa Italiana en Roma (1906).

La muerte la sorprendió en una de estas intervenciones públicas. Durante años había estado enferma del corazón, pero el ocho de octubre de 1932 su corazón se paró definitivamente. Participaba en aquel momento en una mesa redonda del Círculo Radical Socialista sobre educación sexual. El contexto histórico de entonces parecía prometedor para las mujeres: con la Segunda República, se había logrado el sufragio femenino en España y también la primera Ley del Divorcio, objetivos por los que Colombine había luchado. Dicen que sus últimas palabras fueron: “Muero contenta, porque muero republicana ¡Viva la República! Les ruego a ustedes que digan conmigo ¡Viva la República!” Las crónicas de su entierro en el cementerio civil de Madrid fueron recogidas en muchos países, lo que da cuenta de lo conocida que era entonces.

Por suerte para ella, Carmen de Burgos no tuvo que ver lo que vino después. En el 36 estalla la Guerra Civil y a partir del 39 se instaura el régimen dictatorial del franquismo en España. Además de los costes sociales que esto supuso para hombres y mujeres, el franquismo trajo el descrédito para la vida personal de Carmen de Burgos: redujo su libertad a sucio libertinaje por su divorcio y su vida en pareja con Ramón Gómez de la Serna fuera del matrimonio. Recordemos que el régimen de Franco hizo lo que pudo por eliminar la libertad de las mujeres. A esto hay que añadir que no le gustaban las mujeres cultivadas, por lo que tenían de pensantes. Por ejemplo, tras la Guerra Civil, en el mismo sitio de Madrid donde estaba la sede del Liceo Femenino Club –punto de encuentro de las intelectuales de la capital y otras partes de España–, el franquismo instaló la Sección Femenina, fábrica de mujeres como ángeles del hogar sumisos.

Por otro lado, la obra literaria de Colombine fue censurada por el régimen, eliminada de bibliotecas y librerías. Así, además de no haber sido valorada por sus contemporáneos, durante el franquismo ese reconocimiento tampoco pudo llegar.

Afortunadamente, en las últimas décadas esto ha ido cambiando un poco, y han ido apareciendo perfiles de la autora, como en Debes conocerlas (Marifé Santiago y Mercedes Gómez, editorial Huso) y reediciones de algunas de sus obras, como Ellas y Ellos o Ellos y Ellas. Novelas cortas de Carmen de Burgos (Huso, 2016), La malcasada (Renacimiento, 2016), Mis viajes por Europa (Libros de la Catarata, 2012) o Puñal de claveles (Instituto de Estudios Almerienses, 2000).

Asimismo, en los últimos años se han publicado biografías sobre la autora, como Memorias de Colombine, de Federico Utrera (Hijos de Muley Rubio, 1998); Carmen de Burgos, Colombine, en la Edad de Plata de la literatura española, de Concepción Núñez Rey (Fundación José Manuel Lara, 2005) y Carmen de Burgos. Contra el silencio, de Blanca Bravo Cela (Espasa, 2003).

De este modo, aunque Carmen de Burgos aún siga siendo un personaje desconocido para el gran público, su memoria se va recuperando. Hace poco, por ejemplo, se ha dado su nombre a un colegio público de Cabra en el que, casualmente, han estudiado mis tres hijos. Ojalá que el acto simbólico de ese nombramiento suponga para ellos (y para todos los niños y niñas de la escuela) una herencia de esa libertad que la autora practicara durante toda su existencia. Al fin y al cabo, el cielo de Rodalquilar tampoco nos queda tan lejos a ninguno de nosotros. Muchas gracias.
Yaiza Martínez
Lunes, 28 de Enero 2019

Imagen: Társila JIménez.
Thu, 22 Nov

C/ José Hierro 7, 28905 Getafe, Madrid
19:30
Ciclo Panorama Literario
Auditorio del Centro, 19:30
Presenta: Esther Ramón



"En Tratado de las mariposas confluyen cuerpo, Tierra, una simbologÍa. Una prueba de cura a través de la palabra naturaleza y de sus múltiples significados. Un ruego de perdón por el daño infligido al planeta. Por el lenguaje, un regreso a la casa común. En Tratado de las mariposas confluyen otros y otras por amistad, por sangre, por terrestres, por humanos. Todos ellos persisten como lo sutil, con su voz y su fuerza".


Kallima inachus
Sobre la heredad
de los meandros de supervivencia


El vuelo errático de la anciana
evita tras el golpe su caída

en la jaula candente de los alambres

la mancha oculta la ciudad,

y todo te ha tocado




Yaiza Martínez (Las Palmas de Gran Canaria, España, 1973). Es narradora y poeta. Licenciada en Filología Hispánica por la UCM en 1997, se dedicó durante más de una década al periodismo de divulgación científica, como Directora de Tendencias21. En la actualidad, es profesora de escritura creativa y periodista freelance.

Ha publicado los poemarios Rumia Lilith (Ateneo Obrero de Gijón, 2002), El hogar de los animales Ada (Devenir, 2007), Agua (Idea, 2008), Siete-Los perros del cielo (Leteo, 2010) y Caoscopia (Colección Once, Editorial Amargord, 2012); así como la plaquette El argumento de la realidad (2014), publicada en la Colección Poética y Peatonal. Ejemplar Único, que edita, con pinturas propias, el artista argentino Gabriel Viñals. Esta obra la publica también, en formato digital, en Tigres de Papel. En 2018 publica, en Tigres de Papel, Tratado de las mariposas.

También es autora de la novela Las mujeres solubles (Lulu.com, 2008) y de la novela Interbrain (Mandala, 2017). Ha sido incluida en la antología de poesía Poetas en blanco y negro. Contemporáneos (Abada Editores, 2006); en la antología de relato breve Tripulantes (Editorial Eclipsados, 2007); en la Antología de Poesía Iberoamericana Contemporánea en Griego de Vakxikon (2013), y en los libros conjuntos Por donde pasa la poesía (Baile del Sol, 2011), La voz de la ciencia (PIAS Spain, 2012) y Los colores del conocimiento (Lola Books, 2013). Parte de su obra ha sido traducida al inglés, al griego y al noruego, y ha aparecido publicada en diversos medios como ABC, El signo del gorrión, Vera, Los noveles, Sol Negro, Artes Hoy, Afterspot, etc.


Fuente de información: FCPJH
Cuaderno de campo vinculado a Tratado de las mariposas (blog).
FCPJH
Jueves, 18 de Octubre 2018

Yaiza Martínez, microtaller de poesía y ciencia en Granada
Llamamos “Granada es Literatura” al conjunto de actividades en colaboración entre Granada Ciudad de Literatura UNESCO y el Aula de Literatura de la Universidad de Granada.

Entre ellas, una serie de microtalleres gratuitos de escritura que tendrán lugar un viernes al mes, desde octubre de 2018 hasta mayo de 2019, en la Sala del Mural de La Madraza, Centro de Cultura Contemporánea de la Universidad de Granada, de 18:30 a 21 h.

Hay 15 plazas como máximo para cada taller, otorgadas por orden de llegada de las solicitudes. Los interesados en solicitar su participación deberán escribir un email a talleres@granadaciudaddeliteratura.com.

Taller de Ciencia y poesía — Profesora: Yaiza Martínez — Fecha: 19 de octubre de 2018 — Lugar: Sala del Mural de La Madraza, Centro de Cultura Contemporánea de la Universidad de Granada

Programa

1. Introducción: “Anótese todo lo que brilla” (entre la poética y el apunte astronómico)

2. Cosmovisión de la ciencia y relación con la poesía (centrado en tres aspectos):

● Influidos por la inmensidad (cosmología, biología, astrobiología).

● Una culpa y un miedo nuevos (ecología).

● Interconectados e hiperconectados (Internet, nuevas tecnologías de la comunicación).

3. Metaforia: ¿es el universo significativo?

4. Fractales y poesía

Yaiza Martínez (Las Palmas de Gran Canaria, 1973) es narradora y poeta. Licenciada en Filología Hispánica por la UCM en 1997, está especializada en periodismo de divulgación científica, labor que desempeñó durante más de una década como Directora de la revista Tendencias21, cuya sección literaria coordina en la actualidad. Ha publicado los poemarios Rumia Lilith (Ateneo Obrero de Gijón, 2002), El hogar de los animales Ada (Devenir, 2007), Agua (Idea, 2008), Siete-Los perros del cielo (Leteo, 2010), Caoscopia (Colección Once, Editorial Amargord, 2012), y La nada que parpadea (Colección eme, Ediciones La Palma, 2016); así como las plaquette El argumento de la realidad (2014), en la Colección Poética y Peatonal. Ejemplar Único, que edita, con pinturas propias, el artista argentino Gabriel Viñals. Esta plaquette fue reeditada en noviembre de 2014 por Ediciones Tigres de Papel (Madrid). En 2016, publicó la plaquette Cuando. También es autora de la novelas, Las mujeres solubles (Lulu.com, 2008) e Interbrain (Mandala Ediciones, 2017). Parte de su obra ha sido recogida en una decena de antología y libros conjuntos. Su último poemario, Tratado de las mariposas (Colección Poenomas, Ediciones Tigres de Papel, 2018) ha sido descrito como “lírica científica” (Ernesto García López, Nayagua), una definición que en realidad podría extenderse a gran parte de su obra.
Yaiza Martínez
Lunes, 8 de Octubre 2018

Por Ana Castro. Ocultalit.


TORREPOÉTICO: CUANDO LO LOCAL SE HACE ECO DE LA POESÍA PARA LLEGAR A TODOS
Esta es su primera edición como tal, pero Torrepoético, que se celebrará entre el 14 y el 16 de septiembre en Torrelodones bajo la dirección artística de la poeta Nuria Ruiz de Viñaspre y la actriz Paula Soldevila y con el apoyo del Ayuntamiento local, no es un festival poético más. De hecho, sólo podría tener lugar en un municipio como Torrelodones, situado a los escasos 30 km de la capital, que siempre ha sobresalido como un referente cultural de la zona Norte de Madrid.

Y es que el germen de esta iniciativa que nos regala una programación de primera -recitales de referencias poéticas como Luis Alberto de Cuenca o Ana Rossetti, entre otros, la actuación del cantautor Luis Pastor, talleres y cuentacuentos para jóvenes y pequeños y jam sessions para abrir los micrófonos a todos los amantes de la poesía- hunde sus raíces en lo local y se expande la voz por las calles y plazas de este municipio para hacer de la poesía un asunto de todos.

Para entender cómo es posible una apuesta decidida y de calidad semejante hay que volver la vista un año más atrás, a una conversación informal entre amigos en uno de los locales que agitan la cultura en la localidad: Babel, un café que también es sala de cine, escenario de representaciones teatrales y recitales, talleres de gimnasia… y, en definitiva, un punto de encuentro imprescindible, que abrió sus puertas por primera vez en 2013. Allí, entre vinos, vio la luz FestiBabel, un festival poético-musical celebrado en junio de 2017 gracias a la voluntad e iniciativa individual en gran medida de Carlos López Abad, el dueño de Babel, que entiende su establecimiento como «centro de encuentro en el que haya cabida para todo lo referente a cultura».

«Nunca encontrábamos cómo hacer hueco en la programación a la poesía. Pensando y hablando con los clientes y amigos de Babel, estaban Nuria (Ruiz de VIñaspre) y Paula (Soldevila). Se me ocurrió comentarles la posibilidad de montar un pequeño Festival. Pensé en ellas porque en Babel siempre buscamos estar rodeados de gente que sea profesional en el tema. Así, empezó como algo muy pequeño, ya que no teníamos patrocinadores, pero queríamos hacerlo», sentencia López Abad.

Consiguieron que el Ayuntamiento diera una pequeña aportación y con esta, junto con lo recaudado en la taquilla de los distintos eventos de la programación, se pudo dar una modesta remuneración a los artistas. Por supuesto, Babel se alzó como el escenario principal de este recién nacido festival, por el que pasaron Juan Carlos Mestre, Luz Pichel, Noni Benegas, Vanessa Pérez-Sauquillo y las propias Nuria Ruiz de Viñaspre y Paula Soldevila. «Al ver que tuvo éxito, consideramos que era positivo presentar el proyecto al Ayuntamiento para que lo asumiera dentro de su programación cultural, pero siempre con la dirección de Paula y Nuria. Yo detrás apoyando, ayudando… El Ayuntamiento valoró que era una iniciativa novedosa para el pueblo y decidió apostar por él», añade López Abad.

Un año más tarde, gracias al esfuerzo de Ruiz de Viñaspre, Soldevila y Abad y a la firme colaboración del Ayuntamiento, FestiBabel ha crecido y ha embriagado todos y cada uno de los lugares de Torrelodones (pero especialmente el Teatro, la Biblioteca y la Plaza de la Constitución) y se ha transformado en Torrepoético.

La cita reúne a figuras poéticas imprescindibles como las ya mencionadas con poetas emergentes que ya cuentan con una voz sólida, como Ángela Segovia o Ana Castro, y poetas locales, residentes en la localidad, como José Luis Gómez Toré, María Cano o Maite Arsuaga. También participan la poeta argentina Viviana Paletta, el mexicano Óscar Pirot o la canaria Yaiza Martínez. Además, el festival se abre a otras disciplinas, volviendo la vista en esta ocasión a la música, con la inclusión del concierto del cantautor Luis Pastor en la programación del Festival.

Ruiz de Viñaspre y Soldevila explican: «Nuestra intención es acercar la poesía contemporánea a la gente. Cuántas veces parece que la poesía asusta y nos mantenemos alejados de ella. Queremos que el público le pierda el miedo a esta herramienta tan útil que recoge el latido social y que eleva y dignifica nuestro sentir. Queremos crear lugares de comunicación y encuentro sin olvidar a los más jóvenes con talleres y cuentacuentos». Por eso, el programa se completa con varios talleres y cuentacuentos para jóvenes y niños (con María G. Zambrano en talleres y Pep Bruno en cuentacuentos), entendiendo estas actividades como semillero de futuros lectores y escritores de poesía.

Desde el Ayuntamiento sostienen: «la finalidad de Torrepoético es la permanencia y hacer en la sierra un rincón más poético, más evocador, más inesperado, más único y más unido. En definitiva un mundo más solidario, más artístico, más pacífico y más colaborativo. Queremos sacar la poesía a la calle, queremos celebrar la poesía, que el festival se convierta en una fiesta comunitaria y comunicativa. Porque está concebido como un festival congregacional y celebratorio. Queremos unir distintas disciplinas artísticas que giren siempre en torno a la inspiración poética e interrelacionar los distintos tejidos culturales que ya existen en nuestro municipio.»

Además, cabe destacar como uno de los rasgos primigenios de este proyecto -tanto de Torrepoético como del anterior FestiBabel- la apuesta por la visibilidad y calidad de la poesía escrita por mujeres. Así, la nómina de autoras mujeres invitadas es significativamente más elevada que la de hombres. Por otro lado, Torrepoético abre la participación a todos aquellos amantes de la poesía que quieran recitar sus propias creaciones o las de sus autores favoritos en las Jam Sessions coordinadas por el Ateneo de Torrelodones.

Consigue tus entradas (libres hasta completar aforo):

RECITAL 1 – https://www.ticketea.com/entradas-festival-torrepoetico-recital-1-torrelodones/
RECITAL 2 – https://www.ticketea.com/entradas-festival-torrepoetico-recital-2-torrelodones/
CONCIERTO LUIS PASTOR – https://www.ticketea.com/entradas-festival-torrepoetico-luis-pastor-torrelodones/

Toda la programación en:
www.torrepoetico.wordpress.com



Fuente: Ocultalit
Ana Castro/Ocultalit
Martes, 11 de Septiembre 2018

CUATRO INVIERNOS, un relato de Teresa Garbí

“Alma se tiene a veces.
Nadie la posee sin pausa
y para siempre. (…)
A veces sólo en el arrobo
y los miedos de la infancia
anida por más tiempo.
A veces nada más en el asombro
de haber envejecido.”

Wislawa Szymborska


Es de noche. Se puede salir a la terraza y comprobar, a través de una brumosa miopía, que hay millones de luces sobre la tierra. Se siente la oscuridad de la noche alrededor. La noche húmeda, que eleva el agua fragante del río. De lejos, desde las estrellas, se ve un punto de luz rodeado de humedad.

Da igual que la noche respire y llegue hasta los abismos a los que nunca llegaremos. Es indiferente que la oscuridad propicie a los humanos un descanso como el de su respiración: irse, volver. El día y la noche; la vida y la muerte, sin pena, sin resistencia.

Hay un hombre y una mujer en una casa rodeada de la humedad del río, del croar de las ranas, del pálpito de las estrellas.

Brilla la luz en la habitación. El hombre está leyendo. La mujer ha pensado en salir a la terraza para ver la noche. Sabe que el ruido de la puerta, su presencia en el aire solitario, va a despertar a los perros que nunca duermen por completo y se preocupan cuando alguien irrumpe en la oscuridad. Casi ha notado, sin salir aún, el roce del aire fresco sobre la frente que le hace olvidar que ella no quiere volver a abrir la puerta de la terraza, volver a olvidar.

Pero hoy ha recordado eso: que no recuerda cuántas veces ha salido a ver las estrellas y cuántas veces ese rito la ha reconfortado hasta el extremo de comprender que aún no ha llegado su hora.

-Una luz en la oscuridad, piensa la mujer, mirando fijamente una de esas paredes vacías, blancas, en donde es posible dejar de existir; una luz es capaz de hacer comprensible esta vida: el horror, la violencia, la guerra. Una luz, repite. Y si no hay nada más que el aire negro, también es suficiente. Yo creo que es porque somos aire. Porque ponemos nombre a todo, pensamos que vivimos.

Esta mujer ha resistido el impulso de salir afuera. Pregunta al hombre:

-¿Cuántos años llevamos aquí?

-Cuatro inviernos, responde él.

-¿Cómo ha pasado tanto tiempo? ¿Qué hemos hecho durante cuatro inviernos?

-No sé. El hombre ha dejado de leer y mira, también, la pared vacía. Se concentra. El primer año creo que paseamos, no recuerdo por dónde. Tal vez por los mismos sitios que ahora. Tal vez eran paseos más cortos. El segundo, encontramos a unos perros vagabundos que se refugiaban en unos covachos y los íbamos a ver todos los días para darles de comer. Paseábamos hasta una badina en donde había peces y tú les echabas pan. Siempre hacíamos lo mismo.

-Cuatro inviernos, piensa la mujer. Cuatro años que no recuerdo ahora y que seguramente no han pasado del todo porque aún vamos al río y deben ser los mismos peces los que acuden y también ha crecido el número de perros abandonados. Cuando bajo las escaleras o paseamos por el mismo sitio y decimos tal vez las mismas palabras yo siento ese tiempo que no ha muerto aún porque también es como el aire y nos sostiene para que nada se rompa alrededor.

-Hubo una primavera, dice el hombre, de la que te acordarás porque subimos al Pico y también aquel otoño, el primero, cuando vimos bajar hacia nosotros una manada de rebecos.

-Recuerdo los colores, dice la mujer. Hemos vuelto a buscar a los rebecos en vano. ¿Por qué van a seguir en el mismo sitio, como nosotros? Ellos nos temen. Temen a los perros. Fueron una aparición. Tal vez nos recuerden o incluso nos crean también una aparición. Menos mal que podemos aferrarnos a ese color, a esas imágenes para recordar esos cuatro inviernos.

Se oye fuera el viento que arrastra la humedad, la duermevela de los perros, el rumor del río. Es un viento airado que agita las persianas, las nubes, el brillo de la noche.

-¿Por qué no intentamos saber qué hemos hecho durante estos cuatro inviernos?, pregunta la mujer.

Los dos se miran. Hacen un esfuerzo por ordenar los días, por resaltar las horas felices o terribles. Miran alrededor, en el cuarto, adonde no puede entrar el viento y en donde guardan cerámicas, piedras, algo con que poner peso a lo que ocurrió en esos cuatro inviernos. Se quedan callados.

-El primer año, aparte de ver a los rebecos, descubrimos restos de un castillo y eso nos mantuvo entretenidos, hurgando entre las ruinas, a la búsqueda de algo impredecible, dice ella.

-Estábamos pegados a la tierra y no veíamos nada más, recuerda el hombre. Había un gran desnivel entre el valle y lo alto del castillo. En el empinado terreno abancalado nos refugiamos del sol ardiente bajo olivos añosos y umbrías higueras. A lo lejos ladraban los perros, otros perros desconocidos, y tú, de vez en cuando, les hablabas para que no se sintieran tan solos. Solos estábamos nosotros, bajo el sol terrible, pero no nos importaba.

El primer año, a veces, el hombre y la mujer se detenían al inicio de un sendero o mucho más tarde, en una vertiente en donde ululaba el viento. Se abrazaban. Seguramente, no podían verse porque el vértigo se apoderaba de ellos y creían que nunca más serían capaces de seguir. Se oponían a esa corriente que desconocían con un terrible esfuerzo. Luchaban con la muerte los dos, abrazados. Otra vez, de nuevo, seguían andando, cuando su corazón había regresado al corazón del viento y todo: el paisaje, la tierra, les parecía inocente. Entonces habían vencido porque ya no se resistían a nada. Sabían en su carne, en la oscuridad de los ojos cerrados, que iban a morir y se encomendaban a la carne y a la oscuridad que los acogía. Nunca podrían verse antes de morir, como alguien los ve desde siempre; tampoco podrían descifrar sus palabras.

-Cuando llegamos aquí, ¿lo recuerdas?, nos dijimos: hemos vuelto a otros años, a la pobreza antigua. Paseábamos por entre los campos. Sonaba el rumor de las acequias y de un día para otro veíamos brotar las plantas. Los campesinos, viejos fantasmas de aquellos otros de la niñez, se inclinaban con sus azadas para romper la cizaña; quemaban los rastrojos, nos miraban lentamente

-El tercer año lo dedicamos a ver el campo, sí, lo recuerdo. Recorrimos los senderos, los bosques. Los habían plantado de repoblación. Habrían sido bosques siniestros, todos en fila, con sombras iguales, pero habían crecido profusamente y se mezclaban a las encinas, olivos y sabinas. El musgo suavizaba la corteza de la tierra. Los abrizones, las ruinas apresadas por la maleza, recordaban otro tiempo lleno de trabajos y de gentes que, de alguna manera, en las masías abandonadas, en los restos de cerámica, habían permanecido.

Era un empeño terrible: recorrer cada campo, hundirse en los caballones de tierra, rozar los árboles, acariciar el agua dulce de las acequias y luego caminar por un sendero empinado que se perdía entre aliagas, romperse la piel, sufrir y llegar sin aliento, junto a un árbol, una casa derruida, para otear el valle y las montañas enigmáticas. Esa emoción de la pérdida había ocurrido durante los cuatro años.

Los paseos podían transcurrir por el lecho del río, entre cañaverales y lentiscos que, de vez en cuando, atravesaba un animal furtivo. O en la cresta de una sierra, desde donde podía verse un pantano, del que emergían, fantasmales, las tierras de cultivo, la torre de la iglesia, casas y árboles de barro. Sobre todo, se veían ruinas, pueblos abandonados y siempre algo de nieve a lo lejos, fundiéndose con el cielo, en el desierto.

-Pero eso ocurrió en el tercer año. Recuerdo las visitas a los perros y a los peces como una obsesión, dice la mujer. Nos dimos cuenta de que ellos eran mucho más vulnerables que nosotros e hicimos de su vida nuestra vida. No lo sé. Tal vez eran un reflejo de nuestra desdicha y nos consolaban. En aquel momento en que sentimos todo el horror del mundo ellos nos ofrecieron compasión. Estaban a nuestro lado y temblaban si los acariciábamos. Nos hablaban de penurias. Eran como los pobres de antes, como nosotros cuando conocimos esa pobreza, recuérdalo, insiste la mujer.

-Claro que lo recuerdo, responde el hombre. Nosotros somos supervivientes. Éramos muy pobres; tú dormías sobre una piedra y yo velaba tu sueño. No había nada más en el mundo que yo pudiera hacer salvo velar tu sueño. Estoy seguro de que había nacido para eso. Alguien pasaba por el sendero y yo le hacía señas para que callase y no te despertara. Yo era exactamente igual a esos perros que nos compadecían con su mirada. Ya que nunca he podido convertirme en tu propio ser y que cuando muramos tal vez no volvamos a estar juntos nunca más, por lo menos sé lo hermoso que puede ser entregarme a alguien con la misma humildad que un perro y como él guardarte.

-Yo no dormía. Soñaba con escalas imposibles y amaba tu silencio con desesperación. No podía decírtelo. En esas escalas estabas también tú. No recuerdo cuándo empecé a sentir que siempre estabas a mi lado, como una sombra, primero; como un animal pequeño, después; como mi propia sombra, como un río silencioso. El día en que llegué a tenerte a mi lado como el susurro de un río que no suena, entendí que nos habíamos salvado.

-Cuando tú descansabas apoyada en la piedra, siempre se detenía alguien y dejaba una ofrenda: un pan, agua, alguna fruta. No pedíamos limosna. Era tu sueño, igual al de una niña, lo que les recordaba algo. Seguramente, ellos sabían mejor que yo cómo sufrías al no poder abrir los ojos y mostrar tus lágrimas. ¿De qué eran esas lágrimas? De tristeza, de plenitud, no lo sabré nunca. Al atardecer tú despertabas y preparábamos una cena frugal, cercados por la oscuridad y el fragor del campo.

-En aquellos tiempos recorríamos los senderos de noche, descalzos, entre abrojos y ruinas porque algo, alguien lo había destruido todo, dice ella. Venteábamos el humo de los incendios, pero también el frío del campo, esa indescriptible respiración del mundo.

-¿Qué ha sido de nosotros durante el cuarto invierno?, pregunta él.

-Ha habido hielo en el río. Los perros lo cruzaban olisqueando el agua que seguía su curso por debajo. Se cortaron los caminos por la nieve y se helaron los cultivos. Todo ha ennegrecido bajo la blancura de los copos cristalinos. Este invierno no hemos podido hacer nada. Hemos estado aquí, en la habitación, recordando. Pronto llegará la primavera.

Ha parado el viento y la mujer siente, de nuevo, deseos de salir a respirar la noche. La oscuridad, el brillo, el aire, el estruendo del hielo, que se deshace en las aguas del río, han llamado a la puerta.
Teresa Garbí
Jueves, 26 de Julio 2018


Editado por
Yaiza Martínez
Yaiza Martínez
© Mamis & Mimos
www.mamisymimos.es

"Parten los Viajeros hacia la restauración de la Frondosa"


Cuaderno de campo vinculado al poemario "Tratado de las mariposas", de Yaiza Martínez. Imagen: Eva Lí.









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